Castigando A La Abuela De Carlitos
Una Abuela Hija De Puta Recibe Su Merecido.
En esta ocasión iba a relatar una de las muchas travesuras que hice en la papelería de mis tíos, pero se me atravesó el recuerdo de Carlitos y su abuela; mis tíos tenían su papelería cerca de tres escuelas y era paso para los chavales de otras dos así que estaba bien situada, aparte de las cosas normales de una papelería también vendían refrescos, jugos, frituras, dulces y cosas variadas de tipo golosinas. Carlitos, de aproximadamente unos 4 años, era un chavalín tímido, retraído, con semblante triste, que asistía al kinder que estaba a pocos metros; su abuela, Ana, era una mujer cuarentona, medianamente atractiva pero con cara de amargada.
La historia comienza durante una etapa en que mis tíos, por cuestiones de salud de mi tía, no podían atender su negocio en el horario regular de la mañana – tarde, de siete de la mañana a tres de la tarde aproximadamente, yo en ese momento estaba desempleado y prácticamente estaba viviendo a costa de mis pocos ahorros y de lo que me daba mi familia, con exceso de tiempo libre. Llega el día del primer procedimiento para mi tía (Quimioterapia) y llega también mi primer día de «trabajo de medio tiempo» en la papelería, así pasa casi un mes, mi tía con los estragos de los tratamientos, las medicinas y demás, se levanta tarde y mi tío (Fiel esposo hasta la muerte, de eso doy constancia) se vuelve su enfermero 24/7. Total que yo con casi un mes al frente del negocio en cuestión ya sabia como y que y a quien pedirlo y es cuando sucede la primera situación, llegan Carlitos y Ana, me piden unas hojas, unas crayolas y varias cosas más de material escolar, Ana le pregunta en un tono no muy amable a Carlitos que si quiere algo, Carlitos con voz trémula, denotando miedo, le dice que quiere unas frituras y un bote de refresquito (Frutsi); Ana, con voz casi histérica (Yo diría que con voz de bruja o arpía), lo apura a escoger; yo algo molesto por el tono de voz de la mujer les digo que si mientras él escoge yo puedo entrar a la parte de atrás de la papelería, Ana acepta, entro y cuando salgo, Carlitos esta llorando, apenas gimoteando, arrinconado contra el refrigerador con sus manitas en medio de sus piernas, como si estuviera protegiendo su pilincito y su abuela con una cara de mascara de demonio japones que casi da miedo, me paga y Carlitos se queda sin frituras y sin refresquito, y yo con cara de «What?» por el cambio tan brutal de la situación; no me quedo con la duda, voy al monitor (Mis tíos al haber sido asaltados ya cinco veces el año anterior decidieron invertir en un buen sistema de video vigilancia, de los primeros en grabar en un disco duro y con una resolución bastante buena) y busco el momento en la grabación, lo que veo en la pantalla me deja todavía más confundido, en cuanto yo prácticamente entre en el baño, Ana se abalanza sobre Carlitos y lo acorrala en el refrigerador, lo pellizca y lo jala de su pequeña verguita, lastimándolo con saña, diciéndole que es un niño inútil y llorón y varias lindezas más, en pocas palabras, la abuela odia a ese nieto, así se suceden unas cuatro semanas, donde a veces diario a veces cada tercer día, yo recibo la visita de Ana y Carlitos, a veces me quedo hasta que concretan sus compra (Casi siempre alguna golosina pequeña que no se ve que termine en las manos de Carlitos) y se van, a veces entro con el pretexto del baño y cuando salgo Carlitos esta arrinconado contra el refrigerador, con sus manitas cubriéndose la entrepierna y todo lloroso.
He de aclarar en este punto que no soy partidario de los niños, de hecho soy de los que no soportan gritos, chillidos y berrinches, incluso, como lo he dicho en los otros relatos – cuentos, me gusta usar a las nenas de entre siete y once años para mi gozo, pero una cosa es pervertirl@s (Pervertirlas en mi caso o pervertirlos en el caso de algunos otros) y otra muy distinta desquitar con ellos físicamente y sin razón cualquier frustración que uno tenga, así ya puesto el punto sobre la I, puedo decir que ver a esa arpía abusar de Carlitos me provoca enojo.
Se llega el día de la visita de mi tía a la clínica, pasara ahí casi un día y medio y yo tengo la opción de a las tres de la tarde cerrar la papelería, dan las doce, hora de la salida del kinder, llegan Ana y Carlitos, le digo que voy a entrar al baño, doy la vuelta, desparezco de su vista y comienzo a oír los jadeos y llantos entrecortados de Carlitos, salgo, veo a Ana, de espaldas a mi sobre él, la veo poner su mano encima del pantaloncito del niño, la veo como pellizca y jala con fuerza, lastimándolo, diciéndole que es un niño inútil, que si por ella fuera le arrancaría ese pellejo meón que le cuelga; yo, entre encabronado y ya sin mucho por pensar, tomo la decisión, con voz fría, tan calmada que casi parece amable, pregunto: «¿Que sucede?» Ana se da la vuelta con una rapidez que parece un rayo, con voz de pena me dice que Carlitos es un niño grosero y berrinchudo y que en lo que yo entre le falto al respeto.
Yo: ¿En serio? Por qué si vemos las grabaciones de semanas atrás, siempre que yo le digo que voy a entrar al baño usted se avalanza sobre el niño y lo lastima, tengo todas las grabaciones desde que usted comenzó a venir.
Ana: No, de verdad es un niño muy grosero y no me deja de otra que castigarlo.
Y: ¿Qué cree que pasaría si voy al kinder y entrego esas grabaciones?
A: ¡No, de verdad, no! No lo haga, ya no vuelvo a venir a su negocio, pero no lo haga.
Y: No es de que ya no vuelva a venir, dígame como me compra mi silencio, si no, yo llevo los videos al kinder y los hago llegar a las autoridades y al DIF.
A: ¡Nooooo! Usted dígame joven que quiere, lo que usted quiera, yo le pago, de verdad que le pago.
Y: La verdad es que mi silencio no se compra con dinero.
A: ¿Qué quiere? Dígame.
Me le acerco, llevo mi mano a su entrepierna y le doy un apretón fuerte, rudo.
A: ¡Noooo, por favor, eso no!
Y: Lo toma o lo deja.
A: Lo voy a denunciar por hacerme proposiciones indecentes.
Y: Yo entrego los videos y ¿A quien cree que le va a ir peor? ¿A mi por cogérmela o a usted por maltrato infantil? Ya sabe como se pusieron las leyes.
A: Esta bien, dígame donde nos vemos, cuando y a que hora y le juro que ahí voy a estar.
Y: Ahorita, aquí.
A: ¿Pero donde dejo a Carlos? No me va a hacer eso enfrente de un niño.
Y: (Dirigiéndome al niño que esta con cara de asustado) ¿Te llamas Carlos?
Carlitos: Sí.
Y: ¿Quieres ver la tele mientras te comes unas papitas con un refresco?
C: (Un poco calmado pero aún con cara de susto) ¡Sí!
Y: Tu abuelita y yo tenemos que hablar de cosas de mayores, así que pásate de este lado (En la parte de atrás de la papelería hay un sofá y una tele, donde mi tía se la pasa en las tardes cuando puede asistir al negocio).
Le pregunto de que frituras quiere, le doy opción de escoger dos y dos refresquitos Frutsi o un refresco grande, no es tonto, elige un refresco de PET de 600 ml, le pongo un canal de caricaturas y salgo, su abuela esta ahí, haciendo pucheros, sabe lo que viene; salgo, bajo la cortina, regreso a donde esta Carlitos y le digo que voy a cerrar esa puerta, que nosotros le hablamos cuando terminemos de platicar, cierro la puerta y la aseguro con una pequeña falleba que tiene.
Y: ¿Así que te gusta atormentar niños, pendeja? (Se lo digo así, crudo, estoy excitado, estoy enojado y solamente pienso en como cogerla y lastimarla)
A: No, de veras no. Es que es muy grosero (Ahora es ella la que tiene la voz tremula)
Y: Desde ahorita te digo que no va a ser sólo esta vez, vas a venir a preguntar si te quiero usar, pendeja, si un día no vienes, te aseguro que los videos llegan a quien tengan que llegar y ¿No sé si sepas lo que les hacen a las putas como tú en la cárcel?
A: No, de verdad, sí paso. pero borralos
Y: Los voy a borrar cuando me harte de ti, cuando ya me de asco cogerte.
A: No, voy a gritar para que me escuchen de allá afuera y vengan, les voy a decir que intentaste violarnos a mi y al niño (Se atrevió a decirlo, pero una buena bofetada la hizo entrar en razón, la hizo ver que no estaba jugando)
Y: (Después de la cachetada) A ver, hazlo. ¡Hazlo, puta! (Yo siseando en su oído) Me lo imagine, pinche perra.
La hice que se desnudara, nada sexy, sólo que se quitara la ropa, cuando quedo al descubierto su pecho, un par de tetas entre grandes y enormes, un bra de media copa apenas sujetandolas, dejando al descubierto una proporción grande de sus areolas enormes, al bajar su pantalón dejo al descubierto unas nalgas aún firmes, carnosas, con ciertas marcas ya de grasa y celulitis pero aún agarrables, manoseables. Conforme se iba desnudando la iba manoseando de manera grotesca, con fuerza, no me interesaba que ella sintiera excitación; le subí el bra para dejarle sueltas el par de tetazas, cayeron pesadas, con dos areolas enormes de color café con leche, muy llenas de puntitos y los pezones firmes, como puntas de lanza, le tome una de esas chiches y comencé a sobarla, a apretarla, ella gimiendo con disgusto, yo pellizcando y lastimando sus pezones, la otra teta me la comencé a devorar, la chupé con fuerza, ella pidiendo que no fuera tan brusco, yo hurgando con la otra mano en sus nalgas, pasando los dedos por la abertura de las piernas de sus calzones, tratando de sobar su raja y su ano (Siendo sinceros, aún estaba cogible, pero su cara de bruja era lo que no le ayudaba), después de un rato de sentir como la manoseaba y mamaba las chiches comenzó a dar pequeños bufidos, la tela del puente de su calzón mojada, encharcada, yo apretándola de las piernas y de las nalgas con fuerza, con avidez.
Y. ¿Te gusta, puta? ¿Eh? Dime ¿Te gusta como te estoy chingando?
A: Mmmmmm. No, no me gusta, Eres un pendejo, pinche violador.
Y: ¡Así culera, así! Si me dices ofensas más dura se me va a poner la verga, pendeja.
A: ¡Pinche violador culero! Sólo así se te ha de parar, hijo de la chingada.
Y: Si no te gusta ¿Por qué estas tan pinche mojada, pinche ramera?
A: Mmmmmmmmmm.
Y: Anda, dime.
A: Ya cógeme para poder irme
Y: Ya te dije que vas a venir diario a preguntar si te voy a usar, te voy a meter la verga hasta que ya no se me pare contigo.
A: Eres un pinche asqueroso.
Y: ¡Sí, así! Insúltame pendeja.
Le quito el calzón, aparece una rajada peluda, le meto los dedos sin miramientos, esta mojada como fuente, la comienzo a dedear, le sobo la vagina por dentro con fuerza, haciéndola abrir las piernas quedando como si estuviera montando un caballo, saco mis dedos mojados, se los muestro, ella comienza a boquear, como si quisiera que se los lleve a la boca, le digo que mientras chupa mis dedos comience a quitarme a mi la ropa, lo hace, me desabotona la camisa, me abre el pantalón, me baja la trusa y bota mi verga dura, muy parada, le digo que la tome, que la agarre y que la apriete como si estuviera bombeando, sólo le advierto que si me lastima lo va a pagar caro, le saco los dedos de la boca y solamente le empujo la cabeza para que se baje.
Y: Mamala.
A: Pinche asquerosogggghhhhhhh (No la dejo terminar, le meto la verga en su boca a la fuerza).
Y: ¡Así, así, mamala como no se la mamas ni a tu esposo, mamala!
Me pone una mamada como autentica profesional, la chupa, la besa, la mete entera en su boca, me mira con odio desde abajo, pero me la mama como desesperada, como si hubiera deseado mamar una verga desde hace mucho, se la saca, la deja bien brillante de su saliva, sin decirle nada se baja a mis huevos, la jalo del pelo y con una mirada le advierto que no haga una pendejada, ella se mete uno de mis huevos, lo juega entre su lengua y su paladar, me hace ver estrellas, es una mamada de autentica puta. le ordeno que se levante y se recargue en el mostrador, levantando las nalgas; ella se acomoda como se lo pido, le ensarto mi verga de una sola ida, hasta el fondo, se desliza sin miramientos, la meto duro una, dos, tres veces, la saco de golpe, la acomodo a que quede mas tendida en el mostrador, sólo su cabeza apoyada, las chiches colgando en el aire, la vuelvo a ensartar, me le repego hasta el fondo, sus chiches bailan cuando pegan mis huevos en ella, la afianzo de sus chiches, una masa de carne en cada mano y comienzo a moverme adentro y afuera, golpeándola por dentro con la punta y en la entrada con mis huevos que ya se sienten llenos de leche.
Y: ¿No te gusta, pinche zorra?
A: No
Y: ¿Y porqué se te va tan rico hasta el fondo?
A: Eres un maldito hijo de puta (Me dice entre gimiendo y sollozando)
Y: Así culera, miéntamela si quieres, es más, si me la mientas, a lo mejor te dejo la leche más rápido.
Le saco la verga, no le aviso, solamente le escupo el ano y se la empujo, apenas me deja meter la punta cuando ella me dice que por ahí no, no le hago caso y sigo empujándola,
A: No, por ahí no, nunca me la han metido por el ano.
Y: Siempre hay una primera vez.
A: Esta sucio.
Y: Así déjamela, sucia, Déjame sacarte la mierda, puerca.
Empujo y se la ensarto en el culo, la siento como aprieta, como me lo muerde, siento el ardor en la base, señal de que estoy por vaciarme, me quedo quieto, respiro, le saco la verga, sale con un poco de su mierda de puta, la hago que me limpie con papel y su calzón, la pongo de frente a mi y la ensarto de nuevo en la verija, la cojo, la hago decir que es mi puta, la chingo mientras chupo con fuerza sus chichotas y ella jadea como perra callejera en celo, me hundo hasta el fondo y dejo salir mi leche en lo profundo, ella esta con cara de satisfacción total, tiene una expresión con menos cara de bruja, se la saco y le digo que se vista, así sin limpiarse ni secarse. Se viste rápido, me ve con ojos ya no tan de odio, se me acerca, me quiere besar, la alejo, le digo que sólo es una puta más para usar y que aprenda su lugar, termina de vestirse y le digo que la espero al día siguiente pero después de que deje al niño en el kinder, y si no cumple ya sabe que hare llegar los videos al kinder y a quien corresponda. Abro la puerta y Carlitos esta dormido en el sofá, se acabo sus papitas y casi todo el refresco, me acerco, lo sacudo del hombro, despierta y le digo que ya acabamos de platicar su abuelita y yo.
A Ana dure cogiéndola unos meses, un día llego con la novedad de que ya la había preñado, la cogí durante unas semanas más, mientras esperaba a que se le notara la barriga, cuando se hizo evidente que sí estaba embarazada le dije que podía hacer lo que quisiera, que para ese punto ya me daba asco cogérmela o que me mamara la verga, nunca la trate con cariño, era una perrita sumisa que conforme la cogí, me conto como había sido abusada por su tío, por un profesor y que su esposo era un tipo mediocre y falto de carácter; a Carlitos lo llegue a ver en varias ocasiones más, no sé si siguieron maltratándolo o ya no, pero por lo menos me dio el pretexto para usar a su abuela, Ana.


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