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Bisexual, Dominación Mujeres, Lesbiana

COGI CON MI MEJOR AMIGA EN LA PREPA

No aguantamos las ganas y lo hicimos.
Todo esto pasó cuando teníamos 15 y 16 respectivamente.

Realmente no tenía muchas amigas, bueno, no tenía mas allá de Ella. Nunca he podido ni me ha interesado mucho socializar, en ese entonces era mucho mas extremo y a excepción de ella, Beatriz, no hablaba con nadie. Podría decir que a veces nos tocábamos, pero era en plan de broma, ¿o quizás no?. Beatriz parecía tener una fijación muy extraña en mi trasero, (yo tampoco tenía la mente limpia, también sentía deseo, aunque era por sus tetas. Las tenía demasiado grandes), Cuando no hablábamos de alguna película extraña, o de un libro turbio, hacía que me sobresaltara por un suave hormigueo que descendía por mi espalda, hasta mis nalgas, que me apretaba fuertemente mientras podía sentir su aliento cálido en mi oreja y escuchaba sus palabras «Tas bien nalgona sabes…». Algunas veces, cuando me hacia eso en el recreo sin que nadie nos viera me daba algo de miedo o verguenza, tomaba su mano y la apartaba, incluso me alejaba un poco de ella, pero cada vez era mas raro que yo reaccionara así, simplemente respondia apretándole la Shee shee, creyendo que estábamos «bromeando» y respondía diciéndole «Y tu estas bieeen tetona». Bety y yo nos echábamos a reír, aunque yo ya notaba que ella medio fingía, se escuchaba un poco triste después, decepcionada.

Nuestros juegos raros fueron escalando hasta que un día nos pinteamos las clases para ir a los baños, ella me había dicho que tenía algo para mostrarme. Sacó algo de su mochila, y me dijo «metámonos, que no nos vean». Se trataba de un hentai, ¿de donde lo sacó?, ni idea, pero, se lo agradezco a día de hoy. Yo ya sospechaba, con un poco de miedo que me gustaban las chicas, y creo que ahí lo confirme. Ver esas escenas, en donde dos mujeres frotaban sus cuerpos, y sus vulvas me pareció insoportable, en el buen sentido, y mi mano estaba ansiosa y temblorosa de irse a mi clítoris, pero, lo reprimia porque ahí estaba ella. Pero entonces me dijo «¿Te gusta?», yo le respondi «Si…, me encanta». Sentí la frialdad tan cariñosa de su mano apretando la mía, entonces con mucha gentileza la guio debajo de mi falda y pude escucharla mientras seguía hipnotizada por el H «No tienes porque reprimir lo que te gusta, hazlo, nadie lo va a saber de todas formas». No me di cuenta hasta que ya era tarde, dulcemente tarde, pues nos estábamos tocando la una frente ala otra. Entonces yo puse mi mano en uno de sus pechos, y ella en mis nalgas. Al Notar eso me sonroje y preferí parar. «M-Mejor vámonos si…, ya deben andarnos buscando». Ese día, en el salón, no volvió a dirigirme la palabra, y de hecho, pude notar que sus ojos estaban rojos, había llorado, y mucho. Estuvo sin dirigirme la palabra durante una semana entera, y fue delos peores momentos que puedo recordar de esa etapa de mi vida. Me sentía culpable por haberla lastimado, así que intenté hablarle para que, nuevamente, nos viéramos en los baños y ver que podíamos hacer para solucionar esta crisis juntas. Yo llegue antes que ella, pero lo raro fue que se había echado perfume, y hasta el cabello se arregló, normalmente no hacia eso, le gustaba ponerse una coleta, pero ese día su cabello marrón rojizo estaba desatado, tanto, como sus impulsos, ¿o amor?. Al Principio seguía seria, y de brazos cruzados, apoyada ala puerta de uno delos baños, con los brazos cruzados y viendo al espejo. Creyendo que estaba enojada me acerque, y de pronto tomo mi mano y me jaló hacia ella, nunca antes mi nariz y la suya habían estado tan pegadas, y entonces, me dio un beso, un beso muy largo, en el que pude sentir el sabor a fresa de sus labios, su humedad, su dulce carne abrazando la mía y su lengua tocando la mía. No pude ver nada, simplemente cerré los ojos y me deje llevar. «Me gustas…». Quedó callada luego de decirme eso, al menos, por unos segundos, «No había sabido como decírtelo Marion, pero, solo me gustas…». Me quité los lentes, y decidí guardarlos, no eran necesarios en ese momento tan vulnerable. «¿Te gustan mis…?», «No, me gustas tu…, tus nalgas son tuyas, así que, por eso me gustan, porque la que me gusta eres tu». No sabía como sentirme, en el fondo, sabía que siempre le había gustado, simplemente me sobe el brazo y también le confese lo mío, «Tu.. tu igual me gustas, Beatriz…». Esta vez lo que acaricie fue su cara, no sus tetas, ella cerro los ojos, sonreía de disfrute, como si la estuviera premiando, y me respondió con lo mismo, e igualmente sonreí satisfecha. «Te deseo…, deseo estar contigo, quiero que estes, muy muy cerca de mi,…». «¿A-Aquí?». Claramente no iba a ser así, «No, aqui no, ¿pudes venir a mi casa?…». Entrelazamos los dedos, y nos vimos por un tiempo que se sintió como una eternidad donde solo estábamos la una para la otra. Y Se decidió, nos veríamos el viernes.

Como todo eso había ocurrido el miércoles, los siguientes días se nos hicieron eternos, en un mal sentido. Estábamos ansiosas, muy expectantes. En el transcurso de esos días nos íbamos Alos baños para besarnos, y acariciarnos. Ahí mismo decidimos oficializar lo nuestro. Mientras le leía algo, y ella estaba recostada en mis muslos, me dijo «Marion», «¿Que?», dije, «¿Quieres ser mi novia?», yo solo le acaricie el cabello, tomé un largo mechón del mismo y me lo llevé ala nariz, olía a flores, y entonces le dije «Si…, ¿y tu?». «Igual».

Finalmente, el día que mas ansiábamos llegó.

Sus padres no estaban, y si bien le dije a mi abuela que sería solo para hacer la tarea, claramente nuestras intenciones eran otras.     Cuando me abrió la puerta, primero se fijó en la calle, y al ver que no habían moros ala costa, me tomó ambas mejillas con sus manos delgadas y finas, y me llevó directo a sus labios. De una patada cerramos la puerta mientras nos tocábamos la una ala otra, hasta que nos separamos, sonriéndonos. Beatriz me tomó dela mano, y me condujo a su cuarto, el cual cerramos con llave, al igual que pusimos la cortina mas densa posible para tapar la ventana. Era una cortina roja, que tiñó de ese color la habitación, parecía un vientre, su vientre, o el mío. Nadie podría interponérsenos ahora. Las manos nos temblaban de expectación, y los labios igualmente nos vibraban, mientras nos íbamos quitando el uniforme. Lo que mas deseábamos del cuerpo la una dela otra al fin quedó expuesto, y mucho mas, bajo esa luz escarlata, que dejaba pasar pocos rayos del sol de esa tarde. Ella tenía cintura, y era esbelta, sus piernas eran finas y gráciles, y juguetonamente acomodaba su larga melena hacia adelante mientras me daba una sonrisa que no sabía si era picara o cariñosa. Ella se quedó admirando mis formas, una mas de pera, no tenía un busto tan desarrollado como el suyo, solo era lo suficientemente grande como para no ser imperceptible, supongo que lo que mas se podría decir que resaltaba en mi, eran mis caderas, mis muslos algo grandes y mis nalgas, grandes, redondas, que en ese momento Beatriz acariciaba. Sus uñas largas me daban cosquillas, y placer, y yo le regalaba lo mismo. Sobaba sus pechos, y me inclinaba para lamerlos, para meterlos enteros en mi  boca, para saborearlos. Entonces caímos sobre la cama, y me di cuenta que yo estaba encima. Me planté recostarme, pero Beatriz atrapó mis brazos antes de que pudiera girarme, ella quería ser la dominada, quería ser dominada por mi. Así que decidí complacerla, me puse despaldas, y deje caer mi sexo sobre su boca. Mi sexo, y mi culo voluptuoso. Sentí una presión, y un llenado delicioso en mi vagina, como una vibración que iba creciendo alrededor de mis paredes, obviamente, era su lengua invadiéndome. Lo mas rico vino cuando tomó con fuerza mis nalgas, las acariciaba, las apretaba, y las recorría, me rasguñaba con sus blancas y alargadas uñas. Me desplomé sobre ella, no tuve que arrastrarme demasiado para poder acariciar su clítoris con mi lengua. Nuestros suspiros se convirtieron en gemidos, y nuevamente me giré. Esta vez, nos pusimos en posición de misionero. Sus manos se clavaron en mis hombros. Fue difícil ayar un buen ángulo, pero finalmente pudimos hacer que nuestros clítoris estuviesen enterrados en los labios, carnosos y mojados dela otra, y que a su vez se rozaran entre si.

En el momento que nos empezamos a frotar, puse los ojos en blanco, nunca, ni siquiera masturbandome o recibiendo lengüetazos había sentido algo similar. Sentí como mi botón se hinchaba, palpitaba, tenía pulso, y claramente no pude evitar gemir en ese instante. Su carne caliente, la carne caliente y mojada de sus labios lo envolvía, en una caricia que lo mojaba y calentaba, era una textura rugosa y ala vez jugosa, que solo hacia que esas punzadas se volvieran mas intensas, y que yo ya no gimiera, sino que gritara. Eran punzadas suaves, como una corriente eléctrica concentrada en ese punto tan pequeño, como si toda esa sangre acumulada ahí creciera y se comprimiera una y otra vez, se calentara e enfriara, sin contar lo húmedo que era, eso hacia que las descargas fuesen mas frecuentes, y mas suaves, como si me frotara contra un montón de seda.

No podía mantener nada de lucidez, y creo que Beatriz tampoco, habíamos entrado en un trance. Solo se que sus caricias y su amor lo hacían mucho mejor. Sentía sus manos sedosas recorrer mi espalda, clavarse en mis nalgas, las que tanto deseaba. Sentía su lengua en mi cuello. Su vientre contra el mío, y el roce de nuestros senos, que se sentían como olas que no paraban de subir en tamaño.

Quizás hayan sido minutos, pero lo sentimos como horas. Incluso luego de que nos corriéramos, seguimos haciéndolo.

TODA LA TARDE.

Lo ultimo que supe de ella, de mi primer amor, la primera mujer con la que estuve, es que sus padres la echaron dela casa, por alguna razón. A Día de hoy, sigo anhelando que nos podamos reencontrar.

7 Lecturas/10 abril, 2026/0 Comentarios/por Eri9999
Etiquetas: abuela, amiga, clases, culo, mujer, novia, sexo, vagina
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