Conociendo la historia de mi mujer (1)
Relato sobre la sumisión de mi esposa por una venganza.
Ya tenemos mucho tiempo de casados más de 40 años, y ella tenía la necesidad obsesiva de contarme su pasado para quizás sentirse menos abrumada o ser más sincera conmigo. De verdad que nunca lo he entendido del todo.
Comenzaron las confesiones de su vida. Así como ustedes yo también me sorprendí.
Las primeras luces de su confección empezaron con lo sucedido a sus 14 años. Algo que quizás muchos de ustedes han vivido o han escuchado de parientes cercanos o amigos.
Ella, mi esposa amada, tiene una historia impresionante de sucesos que les voy a trasmitir según ella misma narra.
Estamos sentados con una manta a puesta en nuestras piernas, y me dice: necesito confesarte mi vida que no conoces. Y yo le interrogo: ¿cómo así? Y ella responde: mi amor yo he pasado de todo. Y necesito que lo sepas por amor y pureza de nuestra relación. Yo quedé atónito pues creía que la conocía por completo.
Ella me dijo las palabras más difíciles de escuchar: yo fui violada y sometida durante muchos años. Y comenzó el relato. Lo explico tal cual lo escuché.
Esto pasó cuando yo tenía 14 años. Era la mañana de un jueves. Salí 7 am como de costumbre llevada por el chofer de confianza de mi padre Gustavo. Iba rumbo al colegio, pero por algo Gustavo decidió pasar primero por la oficina de mi papá. No le mucha importancia pues como quedaba de camino no tomaría mucho tiempo. Llegamos al parqueo y me dijo que fuera con él para que le ayudara a buscar unas cosas de mi padre. De no muy buenas ganas acepté.
Estábamos frente a la puerta principal, Gustavo intentando abrir la puerta. Llegó alguien extraño y saludó a Gustavo. A mí no me gustó la mirada que me hizo ese tipo. Se quedó mirando mis piernas como si se las quisiera comer. Entiendo que por el uniforme del colegio que llevaba, una falda corta gris y una blusa blanca, con medias cortas y tenis.
Por fin Gustavo logró abrir y me dieron preferencia como caballeros para que yo de tonta entrara primero. Entramos y seguimos a la oficina de mi padre. Aquí inició un episodio salvaje. Gustavo se convirtió en un hombre agresivo, posesivo y humillante. Él me dijo: mira niña hoy te vamos a hacer mujer.
Ella comenzó a llorar y pedirle que no le hicieran daño, preguntaba qué porque él le hacía esto. Que él era un gran amigo de la familia. El le dijo: esto es una venganza que quiero que duela tanto como a mí me ha dolido. Ella sollozando lo miro y le dijo: ¿que yo te he hecho? Y él respondió: tú no me has hecho nada, pero tú pagarás lo que me han hecho.
No por favor rogaba ella, no lo hagas. Estaba pegada a la pared como una rata encerrada.
Los dos hombres la miraban, Gustavo con mucho desprecio y el otro con ganas de comérsela. Este le digo a Gustavo: oye cuando me dijiste de esto nunca imaginé que esta niñita iba a estar tan buena, mira esas piernas, mira qué cara tan bella es una maldita modelo.
Con cada una de esas palabras ella seguía rogando. Incluso le dijo a Gustavo que si quería dinero su padre le daría. Pero para Gustavo la venganza era su único propósito.
Ella seguía rogando que no lo hicieran y Gustavo más astuto le digo: vamos a llegar a un acuerdo. Quítate la blusa tu sola y muéstranos esas tetas tan ricas que tienes y no te haremos nada más. Ella ingenua y entre sollozos le creyó y prefirió eso a que la violaran.
Llorando fue desabotonando su blusa muy lento sabiendo que no quería hacerlo pero que era su única salida. Botón por botón fue abriéndose la blusa. Gustavo impaciente le dijo: vamos puta acaba de quitártela o yo te la arranco. Ella se desplomó en llanto. Era el primer hombre que verías sus senos y de qué manera.
Quítatela puta. Y ella sacó sus brazos quedando en su brasier. Pensó que con eso bastaría. Pero Gustavo le ordenó: ¡coño puta acaba de quitarte el brasier!
Ella lloraba con más intensidad pidiéndole clemencia. Pero lentamente fue desabrochando el brasier. Finalmente tuvo que hacerlo, descubrió sus bellos senos de pezones rodados. Dejo caer el brasier y tapó con sus manos aquellos erectos senos tamaño copa C, Redondos, parados y limpios.
Gustavo ordenó: ¡quítate esas manos enséñanos las tetas ya! Muestra esas tetas de puta que mostraras a todo el mundo. Ella quitó lentamente sus manos y mostró aquellos bellos senos. Los dos se pusieron como locos al ver tanta belleza.
Gustavo se le acercó y le dijo: ahora quítate la faldita y quédate en panty. Ella le dijo: tú me prometiste que si les enseñaba mis senos todo acabaría. Por favor ya no más.
Mira puta de mierda aquí tú haces lo que yo digo y si no obedeces tendrás consecuencias severas. Ella respondió con valor…. No me voy a desnudar, quizás tendría esta reacción porque ya entendía que de todas formas no podría controlar la situación.
Gustavo solo le respondió: pues ya verás. Y entre los dos la tomaron dominando los esfuerzos de ella, las patadas, los movimientos para salvarse. Y la tiraron sobre el escritorio de su padre, sobre esa madera dura mientras el segundo le agarraba los brazos y ponía su codo sobre su pecho para inmovilizarla. En eso Gustavo agarró su falda y la desplazó hasta sus pies. Quitándola del todo y tirándola al piso.
Ella lloraba y gritaba, pero nadie la oía. Entonces ambos se detuvieron para admirar la belleza de esa niña. Solo quedaba su panty, un bikini blanco. Y Gustavo le dijo: eres más bella que lo que imaginé. Yo que te he visto crecer. Nunca imaginé la mujer que eres. Y así como nada tomó el panty y se lo quitó dejándola totalmente desnuda encima del escritorio.
Gustavo le dijo al otro. Agárrala que cuando yo esté encima de ella no podrá moverse. Y así lo hizo se subió al escritorio, abrió a la fuerza sus piernas y puso las suyas en el centro para que no pudiera cerrarlas. Y desnudó de la cintura para abajo fue acercándose a ella y colocándose en posición de penetración.
Ella lloraba y suplicaba que no lo hiciera, pero el inmune a sus súplicas se acercó y puso su miembro erecto casi al estallar en su hueco virgen y la agarró de los hombros para agarrarse y agarrarla a ella. Y se oyó un grito de desesperación cuando la bestia de Gustavo la penetró sin lubricación, sin consideración y sin lamentaciones.
Esa era su venganza, la había logrado y en cada embestida más satisfecho estaba. Sentía que se había ganado ese derecho y esta violación sería el inicio de la venganza con el padre de ella. Seguía cogiéndola como una bestia su placer era verla sufrir, verla llorar y verla suplicar.
En un momento de esta brutal cogida, Gustavo se detuvo. Se levantó aún con su miembro erecto y le dijo al otro: tráela para acá. Parémosla frente al escritorio. La pararon desnuda como estaba. Ya ella casi no hacía resistencia estaba cansada y solo lloraba. Gustavo la hizo recostar su estómago y pecho sobre el escritorio dejando sus piernas apoyadas en el suelo. Mientras el otro la sostenía, Gustavo sacó una soga y ató uno de sus tobillos y el otro extremo fue a dar a la pata derecha del escritorio. La tenso lo más que pudo. Luego hizo lo mismo con el otro tobillo y la pata del lado izquierdo del escritorio. Esta vez pudo estirar más para separar sus piernas al extremo. Quedó totalmente abierta de piernas. Su barriga y senos recostado al escritorio y el otro hombre la estiraba de los brazos prohibiendo así sus movimientos. Ella está exhausta, cansada y sin entender porque le hacían esto.
Gustavo se le pegó por detrás y se apoyó sobre su espalda y le dijo al oído: desde hoy serás mi puta y si no obedeces en tu familia ocurrirá una desgracia. Solo tú puedes evitarlo.
Cómo si nada se separó un poco para observar su presa. La vista para su venganza era ideal. Unas nalgas redondas bien formadas de tamaño mediano a grandes, bien separadas y a la vista su vagina con gotas de sangre y un culito rosadito solo para él. Se acercó de nuevo y puso su miembro en la periferia de su culo. Presiono un poco la entrada y ella emitió un chillido de dolor que parecía un animal herido.
Eso lo emocionó a él. Y forzó de la manera más dolorosa su entrada hasta traspasarla. Los gritos eran desesperados mucho más fuertes que la penetración vaginal. Y el disfrutaba. Mientras más gritaba ella más se excitaba Gustavo y mucho más duró le daba. Así con una penetración bestial Gustavo finalmente se vino en sus intestinos derramando toda su leche bien profunda dentro de ella. Callo sobre la espalda de ella resoplando con éxito el placer del inicio de su venganza.
El descanso sobre ella, se retiró, observo su trasero viendo hilos de sangre salir de él. Estaba extasiado. Luego le dijo al otro: suéltala déjala que se incorpore. Seguía observando la belleza que había hecho suya. Le soltó los tobillos y pudo incorporarse tapando con sus manos todas sus partes.
Pero el verdugo no había terminado quería humillarla más, le dijo: ponte de rodillas puta. Ella ya no comprendía nada y no hizo el mínimo gesto de hincarse. El la tomo de los brazos la volteo de nuevo y le entrego al socio sus manos. Este comprendido de inmediato que quería ponerla como estaba recientemente tumbada en el escritorio con sus pechos pegados al mismo. Y ella confundida no hizo resistencia.
Gustavo le dijo ahora veras como se trata una niña malcriada y desobediente. Ella de espalda a él no veía que hacía. Busco su correa y aprovechando la posición de ella soltó un primer correazo sobre sus nalgas. Se hoyo un grito sin fuerzas pues ella no podía más. Así replico 9 mas hasta completar los 10. Quedó bien marcada cada uno de los correazos estaba impreso en su piel. Ahora entiendes que no puedes desobedecer mis órdenes. Ella movió su cabeza asiendo un gesto de aceptación.
Bien dijo Gustavo. Ahora arrodíllate delante de mí. Y ello lo hizo. Él se acercó a su cara poniendo su miembro en sus labios y le dijo: chúpalo y límpialo bien. Ella sentía nauseas por los olores que emitía ese pene, pero sabía que desobedecer era peor. Abrió sus labios y dejo que ese pene sucio de sus partes intimas entrara a su boca. Gustavo le dijo: lámelo perrita. Y tuvo que por primera vez usar su boca para limpiarlo completamente.


(1 votos)
Dejar un comentario
¿Quieres unirte a la conversación?Siéntete libre de contribuir!