Conociendo la historia de mi mujer (2)
Se trata de las confesiones de mi esposa sobre su pasado. .
Conociendo la historia de mi mujer (2)
Terminada la sección de limpieza, Gustavo le dice: lo has hecho bien. Ahora prepárate porque mi amigo va a hacer contigo lo que quiera. Para eso lo traje, para que te acostumbres a ser prostituida con quien yo quiera y donde yo lo ordene. Sino ya sabes las consecuencias y no solo contigo.
El amigo que nunca ella supo su nombre, le pidió a Gustavo que lo ayudara a atarla. Quería comenzar sin muchos movimientos para poder mostrarle su experiencia en sadomasoquismo. Entre los dos fueron atándola primero de sus 2 manos luego de sus tobillos, dejándola atada en forma de X sobre el escritorio. Ella no paraba de llorar, era demasiado lo que había pasado y veía que aún continuaría. El amigo cuando la vio finalmente inmóvil, comenzó a jugar con pellizcos fuertes sobre sus pezones. Ella gritaba con las fuerzas que le quedaban, pero él cada vez lo hacía más intenso y le alargaba los pezones más lejos. Para colmo el amigo tomó clip de sostener papeles y comenzó a forzar su entrada por el oyo de sus pezones. Agarró el primero y con presión comenzó a introducirlo. Ella chillaba pues, aunque por ahí hay un conducto es muy pequeño para que el clip pueda entrar. Aun así, ese bárbaro siguió presionando la entrada aun viendo que salían gotas de sangre. Logró meterle en ambos pezones los clips dejándolo puesto en cada uno.
Entonces vino lo peor, sacó un encendedor y comenzó a calentar el clip. Los gritos de ella retumbaron el cuarto, sus movimientos desesperados, estaba totalmente sudada. Así jugó con ambos pezones durante un rato. Ella tuvo quemaduras internas.
Culminada esa sección el amigo, decidió jugar con su parte inferior. Un triángulo bien cuidado y depilado formando un monte de venus precioso. En la posición amarrada como estaba su clítoris quedaba abierto, se veía irritado, con secreciones sanguinolentas, pero para él estaba en su mejor forma para atacarlo. Este señor sádico como ella lo llama, podía ver cómo desde esa posición se veían los 2 clips salir del interior de sus senos.
Comenzó a manosear su clítoris apretándolo, intentando pellizcarlo, hacer que el mismo se erecte para el poder manipularlo causando dolor. Se lo apretaba como pellizcándolo y estirándolo hacia afuera como si fuera una pequeña lengüeta. Ella lloraba por el dolor y eso lo hacía a él disfrutar. Luego comenzó un masaje intenso por sus labios inferiores siempre de manera ruda para causar dolor. Se concentró en su hueco. Introdujo un dedo lo más profundo que alcanza, con fuerza presionaba hacia dentro, lo movía circularmente y trataba de cerrarlo dentro. Luego pasó a hacerlo con dos dedos más fuerte y más doloroso para ella. Los mismos movimientos giratorios y buscando llegar más profundo. Repitió lo mismo con tres dedos y luego con cuatro dedos. Ella era un mar de lágrimas y gritos. El dolor de sentir 4 dedos queriendo penetrarla hasta sus entrañas era insoportable. Luego puso su mano en forma de cono para tratar de penetrarla con sus cinco dedos. Le presiono como si quisiera romperle su vagina. Los gritos eran infernales como alguien que estaba entrando al fuego.
El siguió penetrando sus cinco dedos buscando romperla. Fue tanto la presión que logró dilatar su vagina y penetrar todo su puño dentro de ella. Ella se desmayó. Él le dejó el puño dentro. Gustavo que veía con interés buscó agua y se la vertió sobre su cara para despertarla. Ella reaccionó y volvió a suplicar que no continuará con eso. Estaba sudada, mojada a merced de estos 2 hombres. El martirio continuo sacaba su mano y volvía a entrar sin importarle el dolor que causaba. Su parte estaba ancha y expandida. No solo había perdido su virginidad, sino que la habían anchado de manera extrema. Terminó de entrar la mano y pidió ayuda a su amigo Gustavo. Ven ayúdame a cambiarla de posición.
Le pidió a Gustavo que soltara sus piernas y que él la sostendría del vientre, pero ella no requería que la sujetarán estaba muerta de cansancio, ya no podía más. Entendía que no podía hacer nada en absoluto para evitar esta tragedia.
Le soltaron sus piernas que estaban atadas a cada pata del escritorio, y la voltearon boca abajo con sus manos atadas. Las cuerdas y sus brazos quedaron entrecruzados al cambiarla de posición de boca arriba a boca abajo. Volvieron a atarle las piernas a cada pata del escritorio. Estiran lo más que pudieron para abrirla por completo. Ahora quedaba su culito abierto para ellos jugar.
El sadista comenzó a realizarle el mismo proceso que anteriormente le había realizado en su vagina, pero ahora por su lindo culito que ya había sido penetrado vorazmente. Inicio igual un dedo primero, todavía su culito tenía los líquidos de Gustavo lo que le favorecía para la entrada de su dedo. Solo se escuchaba sus súplicas con una voz atenuada. De pronto Gustavo le dijo: vamos a acomodarla mejor. Tuvieron que soltar nueva vez sus piernas y Gustavo la halo por sus brazos hasta dejar su cabeza al aire fuera del escritorio. Halo las sogas, primero de un brazo para dejarla ajustada en la posición y luego la otra mano. El sádico hizo lo mismo con sus piernas, con técnicas de amarre que te permiten estirar con palanca de la misma soga como amarre de carga en vehículos pesados. Quedo muy estirada más que como estaba antes. El cansancio que sentía no le permitía levantar la cabeza que tenía al aire.
Y mientras el sádico inicia de nuevo la penetración del ano, Gustavo se posiciona delante de ella para penetrar su boca y su garganta. Ella sentía como el sádico la penetraba hasta el fondo sentía cada hueso de su dedo. Luego sintió dos dedos y el dolor volvía a ser tan fuerte como el que sintió con la penetración de Gustavo. El sádico la penetró con tres dedos, pero ella no podía gritar pues tenía el pedazo de pene de Gustavo dentro de su boca. En esta posición la penetración era directa y ella no podía levantar su cabeza para salvarse de que le entrara hasta la garganta. Las primeras penetraciones la causaron vómitos que no podía controlar no solo por las náuseas que le causaba ese olor fuerte de sus propias entrañas. Sino que también la penetración era tan profunda que tocaba parte de su garganta que le era imposible resistir el vómito.
Pero su mayor preocupación era cuanto la asfixiaba cuando Gustavo le dejaba toda su pieza totalmente adentro donde le era imposible respirar. Ella en esos momentos hacía movimiento de la cabeza de desesperación y se la sacaba para que pudiera tomar algo de aire para luego volver a lo mismo.
Por atrás ya tenía la dilatación de los cuatro dedos del sádico. Ella se imaginaba ya lo que él quería, penetrarla por detrás con su puño. Abandonó sus esfuerzos por detenerlos y dejó que hicieran lo que quisieran tratando de que fuera lo menos doloroso posible.
Sus ojos se sobresaltaron y se sacudió de dolor cuando la mano entera del sádico estaba dentro de sus intestinos. La había cortado, su culo se veía lleno de fisuras su elasticidad y dilatación no lo había logrado, tuvo que soportar el dolor del desgarro. Así continúo dándole el sádico sacando su mano y volviendo a entrar. Luego lo hacía con ambas manos primero una y luego la otra.
Mientras Gustavo disfrutaba de una boca que no podía negarse a sus embestidas era como tener una muñeca de hule que todo lo aguanta. Fue tanto la fricción en su boca que Gustavo inició un bombeo exagerado para finalmente llenarle su boca de toda su leche dejándole el miembro bien adentro para que se vea obligada a tragarla toda. Dejó su pene a su alcance para que con la boca lo limpiara. Así también el Sádico dejó sus penetraciones viendo como estaba de ancho el culo que había taladrado con sus manos.
Se puso en la misma posición de Gustavo para darle a ella por la boca. Le dijo: chúpala y ella no reaccionó, él le pegó un manotazo en su cara y le repitió chúpala. Ella abrió su boca para que él se acercara y tal como pasó con Gustavo ella sabía que tenía que dejarlo hacerlo. Él le tapaba la nariz para que solo pudiera respirar por la boca tratando de hacerlo entre cada penetración. Bajo esta condición la falta de aire la estaba haciendo desfallecer, pero cuando él veía que iba a perder la conciencia se la sacaba un poco para que abriendo su boca al máximo tomará una o dos bocanadas de aire. Así estuvo unos 10 minutos al borde del colapso entre querer sobrevivir y dejar que la penetrara. Hasta que por fin se vino en su boca con grandes chorros que la inundó, tragando toda esa leche que por segunda vez bebía.
Ambos quedaron satisfechos, la soltaron y la dejaron colocarse sus prendas de vestir, con la orden de que no podría limpiarse de ninguna manera hasta que Gustavo le diera la orden. Se cambió con la ropa toda estrujada y Gustavo le indicó que ahora iría al colegio así como estaba estrujada, rota, sucia y llena de sus líquidos que vertieron sobre ella.



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