De niño con la sirvienta
Mis aventuras y gusto por exhibirme comenzaron con la sirvienta..
A los trece años ya no era me sentía como un niño y las hormonas me tenían loco, me pasaba el día con el pilin duro y las bolas colgadas, buscando cualquier excusa para sacarme la leche, pero lo que más me gustaba no era solo hacerme la paja, sino exhibirme ante las mujeres, especialmente ante la Sra. María, la sirvienta que trabajaba en la casa.
La Sra. María era una señora mexicana gordita de unos cuarenta años, con cara redonda y un cuerpo suave que le caía por todos lados, la veía limpiando la casa y me excitaba imaginarla desnuda, pero esa tarde tenía una misión en mente.
Estaba en el baño tomando una ducha caliente, me frotaba el cuerpo bajo el agua y sabía que ella estaba afuera limpiando el suelo, me di cuenta que el chorro del agua me estaba mojando mi pene y me daban ganas de orinar, pero en lugar de hacerlo me detuve y abrí la cortina de la ducha.
La llamé.
—- Sra. Matilde, ¿podrías pasarme una toalla? —
Escuché sus pasos acercarse y entre la cortina salí con el cuerpo mojado, solo me cubría con una pequeña toalla que dejaba ver mis nalgas y mi pija dura apuntando al techo, me senté en el banquito de la ducha y abrí las piernas para que se me viera todo, ella entró y se detuvo, sus ojos se me quedaron en el pene y las bolas colgadas.
Matilde —- ¿Eué haces ahí así mi niño? —
Ella sonrió y me dio la toalla, pero yo no me cubrí.
—- Andaba caliente y quería mostrarme para que me ayudaras a secarme —
Le dije mirándola a los ojos, su cara se puso roja y bajó la vista a mi pilin, se me puso más duro sabiendo que me miraba, me agaché un poco para que se viera mejor.
—- ¿Te gusta lo que ves Mari? —
Ella no contestó pero no apartaba la mirada, se giró para irse, pero yo ya estaba decidido a que hiciera más.
Me di cuenta que el pene me punzaba y me bajé de la ducha sin cubrimiento, me senté en la cama de mi habitación, tenía ganas de orinar pero quería que ella me ayudara, me quite la toalla para que se notara mi cuerpo y la llamé de nuevo.
—- Mari, ven por favor —
Ella entró y me vio sentado en la cama con el pene duro, yo le sonreí y le señalé la cama mojada.
—- me oriné en la cama, ayúdame a limpiarla por favor —
Ella se acercó y me miró el charco de orines, después me miró a mí, sus manos temblando.
Mari —- ¿cómo te orinaste en la cama? —
—- me aguanté mucho tiempo y se me salió solo —
Mientras hablaba, me puse de pie y le dije que se acercara más, me puse frente a ella y le dije que se subiera a la cama, ella subió una pierna y yo me dejé ver desnudo, sus manos empezaron a tocar las sábanas mojadas, pero yo quería que me tocara a mí.
—- ¿me ayudas también? —
Le dije señalando mi pilin duro, ella se detuvo y me miró, luego bajó la vista a mi pene parado.
Mari —- no suelo tocar a los niños así, pero si quieres… —
Ella me dio un golpe en el hombro, pero sus manos se acercaron a mi pilin, las sentí frías y suaves, me daban cosquillas por todo el cuerpo.
—- ayúdame a limpiarme también Mari, tengo mucha leche dentro —
Le susurré al oído, sentí su respiración cálida en mi cuello, sus manos me tomaron el pene y empezaron a moverse, me sentía tan caliente que me agaché y le dije que necesitaba algo más.
—- ¿me pasas unos pañales? —
Mari —- ¿pañales? ¿qué vas a hacer? —
—- para que me los pongas y hacerme mis cosas —
Ella se rió un poco y dijo que sí, se fue a buscarlos y regresó con el paquete, ya no me importaba que me vieran, me puse de rodillas frente a ella y le dije que me ayudara.
Me sentí muy avergonzado pero excitado, ella abrió el paquete y sacó un pañal grande, me lo puso en la cintura y me abrió las piernas, sus manos gorditas me agarraron las nalgas y me presionaron el pañal, me daba una sensación muy rara y caliente, sentí que me iba a orinar en cualquier momento.
—- Mari, todavía tengo ganas siento que me hago pis—
Ella me miró mientras me sujetaba la pija, sentí el calor subir y empecé a soltar el choro, me puse muy caliente y sentí que el chorro salía fuerte y mojaba las manos de ella, salía y salía, sentía el calor de la orina en el pañal y en sus manos, al terminar ya no me podía mover por la excitación.
Mari —- ya te terminaste —
Ella se levantó y me dijo que me quitara el pañal mojado, pero yo no quería que se acabara, le dije que quería que me la tocara más, que quería sacararme la leche, ella lo pensó un momento y me dijo que me volviera a poner el pañal seco.
Cuando me volvió a poner el pañal, me sentí como un bebé, eso me excitó más, se me paró el pene otra vez y le dije que me lo jalara, ella me tomó el pilin con sus manos suaves y empezó a jalármelo, sentí las bolas colgadas y los testículos moviéndose, sus manos eran grandes y me abrazaban el pene, me movía rápido y me daba besos en la cabeza.
—- más fuerte Mari, ya quiero que me saques la leche —
Ella me jalaba cada vez más rápido y yo gozaba mucho, sentía el cuerpo temblando y me agarré de los muslos, el aire se me salía de la boca y sentí que mi pene iba a explotar, ya no podía más.
—- ya se me va a salir la leche —
Ella sonrió y me dijo que la sacara, sentí que el cuerpo se me estremecía y solté un grito, mi pene empezó a echar los chorros de leche, chorros grandes que salieron y cayeron sobre el pañal y sus manos, me sentía muy caliente y bien, estaba feliz y sabía que ella me había ayudado a sacarme la leche de la mejor forma.
Le pedí guardar el secretito, cosa que no dudaba que haría ya que la expresión que tenía en la cara y el hecho de haberse chupado los dedos, indicaban que le había encantado verme y tocarme.


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