Descubro a la pequeña Lesly de 9 años mirando películas porno en plena madrugada.
Una nueva vecina con su pequeña sobrina de 9 años se mudan al edificio donde vivo. Una noche la pequeña Lesly está sola en casa y descubro que mira porno..
Hace años atrás, cuando apenas llevaba un año viviendo en esta casa de alquiler, conocí a la pequeña Lesly.
En ese tiempo yo estaba soltero y rentaba departamento en el segundo piso. Normalmente en las noches subía hasta la azotea del tercer piso para fumar. No tenía mujer aún, aunque algunas veces traía una puta de la calle para follar con ella en mi habitación, hasta que un día el dueño de la casa me prohibió dejar entrar a personas que no vivieran ahí.
Un mes después, pensando en lo aburridas que eran mis noches, divisé por la ventana de mi cuarto y vi que se mudaban nuevas personas. Calculé dónde podían alojarse porque recordando descubrí que la unica habitacion disponible era la del último piso en la azotea puesto que ya toda la pensión estaba alquilada. Haciendo otro calculo descubrí que aquella habitacion en la azotea no debiera ser tan grande como para una familia entera a menos de que se tratara de una persona soltera o hasta una pareja con un recién nacido. Grata fue mi sopresa cuando vi que se trataba de una señora medio gorda con una pequeña niña que le calcularía nueve años. Desde lejos la niña atrajo mi mirada, la veía bajar algunas cosas del camión de la mudanza. La vi vestida con una faldita corta, una playera de verano y unas sandalias rosadas. Verla así me puso la pinga dura. Hasta ese momento mis fantasias sexuales no habían incluído niñas tan jovenes, pero esta vez no resistí las ganas de masturbarme viendola desde la ventana. Cerré un poco las cortinas a pesar del calor de febrero que hacía y mientras la veía ir y venir desde la calle, haciendo entrar las cosas, comencé a sobarme la verga imaginando tenerla cabalgando sobre mí. En pocos minutos eyaculé a borbotones. Cuando terminé, descubrí que mi excitacion por la niña aún no había decrecido, entonces decidí acercarme lo más que podía a esa pequeñita ni bien tuviera la oportunidad.
Esa misma noche subí hasta la azotea, a fumar como de costumbre, y me encontré a la mujer que había llegado junto a la niña, que en efecto, vivía en la azotea según mi calculo.
– Buenas noches – dije – para romper el hielo.
– Buenas noches.
Luego me distraje viendo la calle y me dispuse a fumar, anduve tratando de ver de reojo a la niña, pero no había nadie en la azotea más que la mujer que limpiaba con un estropajo un viejo armario. Le hice la conversacion:
– Es nueva aquí ¿verdad?
La mujer sonrió un poco y respondió:
– Sí. Recién me he mudado hoy.
Entonces quise saber más sobre la niña:
– ¿Sola?
La mujer distrajo su mirada, tratando de inclinar levemente el armario:
– No. Con mi sobrina.
Me ofrecí ayudarle a inclinar el armario, lo que ella agradeció.
– ¿Ya ha cenado? – pregunté.
– No, aun no. No he podido cocinar nada todo el dia. Y hasta ahora no sé ni siquiera donde hay tiendas cercanas aquí.
– Ya son las ocho de la noche. Solo deben haber restaurantes abiertos.
La mujer pensó que no era buena idea gastar dinero comiendo en la calle. Descubrí que no traía mucho encima.
Entonces urdí mi plan:
– Yo he cocinado hoy. Puedo invitarle si usted gustaría.
La senora me quedó mirando. Pensé que no aceptaría, pero luego de meditarlo me aceptó la invitación.
Primero la ayudé a introducir el armario dentro de la habitación y fue ahí en medio del desorden de las cajas y cestas de ropa que vi a la pequeña Lesly. La señora le pidio a la niña que me saludara. Leslie que estaba sobre la cama, pintando con colores, se incorporó, se puso sus sandalias rosadas y me dio la mano. Sentir el tacto de ese pequeñita, que se veia mucho mas bonita de cerca, me despertó la verga, pero me contuve para evitar que se notara.
Una hora después, estábamos los tres sentados en la mesa de mi departamento, cenando. La señora me preguntó, que si yo sabía cocinar tan bien otros platos y me preguntó una barbaridad de cosas sobre mi vida. Le conté que venía de provincia, que trabajaba como obrero en la construccion pero que quería estudiar mas adelante.
– ¿Cuantos años tienes? – dijo ella.
– Veintidós – respondí.
– Más del doble de mi sobrina Lesly. Creo que tambien eres el doble de alto que ella.
En efecto, la pequeña tenia nueve años y si bien yo era alto, la pequeña ya me llegaba a la altura del pecho.
Mientras la señora Mary, que así se llamaba, iba recogiendo los platos para lavarlos, yo veia a la pequeña Lesly que algo timida veia mi departamento mientras jugaba con sus sandalias.
Luego se fueron, y eso me dejó desconsolado. Ambas me agradecieron por la cena antes de irse, y la señora Mary me dijo: Si necesitas algo, puedes tocarme la puerta.
Así empecé a ganarme su confianza. Todas las noches subía a la azotea y fumaba como siempre, y muchas veces conversaba con la señora Mary o con su sobrina Lesly que no dejaba de provocarme tantas excitaciones. Estaba como loco por ella. Como era verano la pude ver vestida con shorts cortos o falditas, que dejaban desnudas sus tiernas piernitas. Y sobre todo podia ver sus ricos pies blanquitos como hechos de leche. Los tenía hermosos. Desde una carita dulce y blanca, el cabello lacio que se ajustaba con trenzas y el torso plano sin los pechos que aun no le nacían.
Un día descubrí que la pequeña se estaba quedando sola de noche, porque Lesly salió a la azotea, y le pregunté cómo estaba su tía:
– Ha salido – dijo.
A la siguiente noche cuando me quedé hasta la medianoche fumando y pensando, la vi salir hasta la azotea donde estaba el baño, y tímidamente me acerqué hasta la puerta. La escuché orinando y el ruido de sus sandalias al levantarse y subirse el calzon.
Cuando salió del baño, se asustó al verme.
– Tranquila Lesly – soy yo – dije.
La niña sonrió y me dejó pasar para entrar yo al baño. En ese momento mi verga estaba dura. Quise imaginar cualquier cosa para poder orinar tranquilo pero no pude, al final tuve que orinar sentado. Al salir del baño, vi a la niña, recostada al borde del muro que daba a la calle. Trate de no hacer ruido, pero mis sandalias de goma lanzaron un pequeño rechinar y la niña se dio cuenta:
– ¿Es tu cigarro? Preguntó.
Le dije que sí al ver la colilla apagada al borde del muro, y le pregunté por qué estaba despierta tan tarde.
– Mi tía no está. Y aprovecho para ver la televisión.
– ¿Tan tarde? No creo que haya algo que te interese en televisión a esta hora.
La niña se avergonzó.
En ese momento con la tenue luz de la calle vi su silueta, estaba con sus sandalias rosadas, donde se asomaban sus deditos blancos, y un polo que le quedaba muy largo que seguramente era de su tía. Practicamente el polo no le cubria la piernas. Eso me hizo calentarme a mil mientras mi pinga estaba lista para una vaceada. Me la acomodé delante de ella para ver si esa niña ya respondía a las compulsiones del sexo, pero apenas lanzó una mirada de reojo que me decepcionó. Entonces me dijo:
– Ya me voy a dormir.
La detuve antes de que se fuera:
– Espera.
– ¿Qué pasa? – dijo, asustada.
No supe qué agregar:
– Es que te quería pedir un favor.
Iba pensando qué más decir y encontré la solución:
– Disculpa Lesly, es que el otro dia cuando les ayudé conectando tu cocina al balon de gas, dejé mi reloj ahí.
La niña era un poco ingenua, pero a pesar de eso comenzó a dudar. Al final aceptó que entrara a buscar. Ella parece que recordó algo y trató de protestar pero yo ya estaba adentro de la habitación. Entonces me di con una gran sorpresa. En la habitacion estaba la televisión prendida con el volumen bajado al mínimo y estaban transmitiendo una pelicula erótica. Yo sabía que a esa hora de la noche pasaban peliculas eróticas en ese canal donde podía verse pechos y desnudos pero nunca la penetración en sí. Me alegré de saberlo y me senté ahí al borde la cama.
Lesly cerró rapidamente la puerta y me rogó que por favor no le contara nada a su tía.
– ¿Pero ella a qué hora viene? – le pregunté.
– No llega hasta mañana en la mañana – respondió.
Me contó que últimamente la señora Mary desaparecía de noche y se quedaba a dormir en otra parte. Supuse entonces que la señora seguramente estaba trabajando de puta en algun cabaret.
– Tranquila – le dije – yo tambien veo este canal a veces.
Eso le dio más tranquilidad a la niña pero también la avergonzó.
– ¡Vamos! Veamos juntos – le dije.
– ¿Y tu reloj? – preguntó.
– Después lo busco. Esto es más interesante. Además no hay tanta luz para buscar bien.
Entonces ambos nos sentamos al borde la cama. Ella con esa playera piyama que seguramente era una playera vieja de la tia Mary, y yo que estaba en short, vividí y sandalias negras.
Estaba deliciosa la condenada niña que con sorpresa observaba la pelicula hasta que otra vez comenzó una escena de sexo que me puso la pinga durísima.
– ¡Puta madre! Qué rica película Lesly. Me la puso dura.
Lesly me miró sorprendida:
– ¿Qué dices? No te entiendo.
Era lógico, en esas peliculas solo se veian los pechos de las mujeres pero nunca la ereccion del hombre. Entonces no resistí la tentación y procedí a mostrarle mi verga. Me bajé el short y mi pinga saltó. Ya estaba saliéndome una gotita de la punta.
Lesly me miró con terror. Era la primera vez que veia un verdadero pene delante de ella.
– ¡Oye! No – me dijo – Me da miedo.
– ¿Qué pasa? ¿Nunca has probado pinga, niña?
Yo trataba de hacerle entender que era lo más natural del mundo aquello que hacíamos. Entonces ella se relajó y comenzó a hablar de lo que sentía:
– No sé. Es que cuando veo estas películas me da cosquillas adentro y sudo un poco.
Así supe que ella estaba lista para recibir verga.
– Tranquila Lesly, es natural. Pero veo que aun eres virgen.
– ¿A qué te refieres?
– Que nunca te han metido verga adentro.
La niña dejó de ver la pelicula y me clavó con una mirada de suspenso. Yo seguí hablando:
– ¿No quisieras sentir lo mismo igual que en la pelicula?
Ella seguía pensando:
– No sé cómo se hace.
Acepté el reto:
– Yo te enseño.
La niña seguia avergonzada:
– No sé, me da miedo. ¿No se supone que solo los grandes hacen eso?
– Sí, pero ellos tambien empezaron desde tu edad.
La niña se relajó, y aceptó:
– Está bien. ¿Qué tengo que hacer?
– Acuéstate y solo mira la televisión y deja que yo hago todo.
La niña estaba paralizada, entonces le quité las sandalias y ella poco a poco se incorporó hasta echarse en la cama frente al televisor.
– Vamos a subir un poco el volumen ¿esta bien? Concéntrate en el sonido y en lo que hacen.
Y así comencé a desvestirla. Debajo de la playera grande no tenía calzon, lo que me puso a mil. Me quité mi poca ropa de prisa y mientras ella veía la television, comencé a abrirle los labios de la vagina y deslicé mi lengua por ahí. Ella lanzó un pequeño gemido y volteó a ver lo que yo hacía.
– Relájate, relájate. Solo mira la television.
Le chupe la vagina y sus tiernos labios, el sabor era delicioso, mi verga rozaba uno de sus pies y eso me excitó más:
– ¿Te gusta la pelicula Lesly?
– Mucho.
Las piernas de la pequeña niña habían dejado de estar tensas y se abrían con facilidad. Estuve varios minutos lamiendo hasta que metí uno de mis dedos. Ella se asustó.
– Me duele – dijo.
– Tranquila. Asi es siempre al principio.
Ella siguió viendo la television donde un hombre le hacia el amor de perrito a una mujer.
– ¿Vamos a hacer eso tambien? – me preguntó casi sin voz.
– Sí, mi pequeñita.
Entonces me subí sobre ella, y le di un beso en la boca. Ella me correspondió el beso y me abrazó. Aproveché para tocarle los pequenos pezones.
– ¿Me van a crecer así de grandes algun día?
– Si pequeñita. Así será. Pero te los tengo que chupar primero.
Procedí a chuparle los pezones y a meterle dos dedos en la raja de la vagina hasta que sentí la humedad de su interior “Ya está lista” pensé.
– Bien ahora viene lo bueno.
Puse sus piernas sobre mi hombro y la puntee con mi verga que ya estaba lubricada con varias gotas de esperma que se me habían salido. Tener sus pies al aire me hizo flotar en la excitación.
– Qué ricos y blanquitos pies tienes, Lesly.
Empecé a chupárselos y vi que eso le gustaba. Mi verga de tanto puntearle la raja, empezó a deslizarse. Aproveché y se la metí:
– ¡Ahhhh! Me duele.
– ¡Shhh! Tranquila, te van a escuchar.
Seguía quejándose y tuve que sacársela.
– Me duele mucho – dijo.
– Así es al principio. Mira cómo vas a aprender y despues lo haremos. Mira la pelicula y relajate.
Volví a metérsela y esta vez mi pinga se empezó a deslizar suave aunque sentía su vagina estrecha.
– Puta madre, qué rica que estas Lesly.
Me incliné para besarla y ella me correspondió otra vez.
– ¿Te sigue doliendo?
– Ya no mucho. Solo me aprieta.
– Ya no eres virgen ahora.
Entonces empecé a meter y sacar mi verga de esa vagina blanquita que se mojaba ante cada embestida mía. Lesly me hacia caso y veia la pelicula donde justamente habia una escena parecida a la pose que estábamos haciendo:
– Se siente rico ahora – me dijo.
– Así es pequeñita. Desde hoy sabes lo rico que es el sexo.
Y continué follándola piernas al hombro. Luego le pedí que se subiera encima. Ella veía el televisor donde le daban de perrito a una chica. Me dijo que así quería hacerlo. Entonces le cumplí el deseo y la puse de perrito. Uff su ano y su labios abiertos eran una delicia. Le metí toda la verga hasta el fondo y ella lanzó un gemido fuerte:
– Shhh silencio pequeña, te van a escuchar los vecinos.
Seguí dándole de perrito sintiendo como sus nalgas suavecitas rozaban con mi cuerpo. Estaba bien estrecha pero ya se movia como la putita de nueve años que era:
– ¿Te gusta la pinga no Lesly?
– Sí. Sí me gusta – decia casi en susurros.
Al rato ella se subió sobre mi y así la iba haciendo saltar sobre mis huevos hasta que ya no pude más y le solté toda la leche adentro:
– ¿Puedo mojarte adentro amor?
– ¿Cómo? – dijo ella sorprendida.
– Sólo dime si quieres para que lo descubras, putita.
– Sí. Si quiero.
Entonces le hice dar unos saltos mas rápidos hasta que le llené la panocha con toda leche que me salió de las bolas. Esos ultimos instantes fueron deliciosos. La niña habia sentido mi verga hincharse y se quedó paralizada. Luego mi verga se hizo flacida y le pedí que se levantara.
– Creo que me oriné -dijo
– No es eso. Te he preñado amor.
– ¿Qué?
– Que te he echado mi leche.
Entonces ella se toco y abrió los labios de la vagina y vio cómo mi esperma se le escurría. Toco un poco y lo olió.
– Huele como pescados – dijo.
– Sí Lesly. Así es cuando los hombres les gusta mucho el sexo.
Ella se quedó pensando:
– ¿Entonces te gustó mi cuerpo?
– Mucho.
Pensó otra vez:
– ¿Entonces podemos hacerlo de nuevo?
– Si pequeñita, pero ahora no. Me tengo que recuperar. Estoy cansado.
Lesly aceptó que no podia volver a eyacularla de inmediato.
Para borrar la evidencia, le pedí que buscara una toalla y se pusiera sus sandalias.
– Vamos a bañarnos – dije.
– ¿A esta hora? – estaba sorprendida.
– No te puedes quedar con toda mi leche adentro, amor.
– ¿Por qué? A mí me gusta así.
Trate de engañarle, que iba a ser incomodo porque después se le mojaria el calzon, entonces ella aceptó.
El baño fue rapido, la tuve desnuda en la ducha unicamente con sus sandalias puestas y asi morboseamos un poco hasta que mi verga estuvo dura de nuevo.
– ¿Otra vez? – se asombró Lesly.
– Si amor. ¿Te molesta si te doy pinga aquí paraditos?
Ella aceptó y empezamos a cachar rico en plena madrugada. Hacía bastante calor como para tomar una ducha nocturna y para ahogar los gemidos de Lesly y mis embestidas, procedí a abrir un poco del chorro de agua.
Como ya le habia limpiado la raja sacándole mi esperma, no quise venirme otra vez adentro y le dije que se arrodillara frente a mi. Ahí le pedi que abriera la boca y sacara la lengua. Lo hizo sonriendo y otra vez le eyaculé.
Ella estaba feliz de recibir mi esperma en su cara. Todo empezaba a sumar para ella que acaba de descubrir del rico sexo conmigo.
Luego nos secamos mientras ella jugaba con la toalla.
Habíamos llegado a tener ese nivel de confianza en poco tiempo como dos novios.
Abrí la puerta del baño y vi si había alguien en la azotea. Felizmente estábamos solo y no habia nadie. La azotea apenas estaba iluminada por el poste de la calle. Fuimos hasta la habitacion. Le hice prometer que le daría pinga y buen sexo siempre que ella no le dijera nada a su tia. Me lo prometió.
Desde entonces cachamos rico en las madrugadas unas cuatro veces más hasta que me cambiaron de horario y ya no pude quedarme en las noches en casa. Luego acabó el verano y Lesly volvió a su pueblo natal en la selva donde empezó nuevamente su época escolar. Iba a hacer el último año de la primaria. Esperanzado la esperé siguiendo hablando con su tía Mary para que me contara sobre Lesly, pero me dijo que ya no volvería a Lima. Al poco tiempo la señora Mary se volvió a mudar y perdí todo contacto con Lesly. Un par de años despues conocí a una joven en un restaurante y la embaracé, y así formé una nueva familia de dos hijos. Aunque esta unión nunca me satisfizo tanto como las noches de amor junto a Lesly.
Hasta ahora la recuerdo cada noche cuando subo a fumar en la azotea para olvidar mis problemas y veo la habitacion vacía donde vivió ella junto a su tía, y que ya no está disponible para rentar porque funciona como depósito. Un depósito de sueños para mi.


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