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Dominación Mujeres, Heterosexual, Incestos en Familia

Deyany es agredida por su papá

Deyany cumple sus retorcidas fantasías al ser usada por sus propios progenitores .
Hola a todos de nuevo.

 

Mí nombre es Deyany.

Aunque nací como Dolores Guadalupe.

 

Deyany es mi verdadero nombre.

El que siento más real.

Así me conocen y si me gritan en la calle sólo así respondo.

 

Es mi nombre de puta.

 

El otro ya ni siquiera en la familia me llaman así, saben de sobra a lo que me dedico y que estoy más que a gusto siendo una zorra.

 

En la vida he hecho muchas cosas estúpidas, no soy dada a pensar ni mucho menos a cuestionar.

 

La primera vez que quise armar un plan lamenté físicamente durante días el resultado.

 

Con la idea de ser usada por mi papá a mis tiernas nueve primaveras, pensé en provocar su enojo para que después me tomara sexualmente, tal como lo hacía con mi mamá después de pelear y ablandarla con algunos golpes bien dados.

 

Por eso reprobé clases a propósito.

Bien me decían que yo era una burra ignorante.

Yo en mi escasa visión y cerebro de cacahuate pensé en reprobar dos materias, pero mi inutilidad me hizo ignorar que era más que obvio que también iba a reprobar otras.

Al final, con cuatro clases reprobadas supe que era mi destino un castigo severo.

 

Mi mamá, como era de esperarse. Me dió una tunda y descubrió que eso me gustaba.

 

—La manzana no cae lejos del árbol.—

Me dijo cuando se dió cuenta que me excitaba la sumisión y el dolor, pues aprendí de ella que las relaciones sexuales más placenteras eran violentas por naturaleza.

 

Cuando ella regresó a mi habitación para ver que hacía yo después de la tunda que me dió, yo estaba desnuda y maltratada como la rana inmadura y sucia que era, mi cuerpo aún pedía sexo y mi habitación apestaba a eso.

 

Mi mamá era una tóxica, celaba a mi papá hasta porque le daban las gracias alguna cajera horrible.

En cambio solía ignorar lo que pasaba con mi abuela ó mis primas, mi papá al ser el macho que era también le llegaba a dar sus cogidotas a las demás hembras de la familia.

 

Mi abuelo también era igual de alcohólico, abusivo y acosador.

 

En la habitación, viendo mis temores y ansías de pija me dijo.

—¿Entiendes por qué te castigue Dolores?—

 

—Por puta idiota.— Le contesté todavía adolorida.

 

Mi mamá me dió un tremendo bofetón que resonó fuerte en la casa.

 

No reflexioné que mi respuesta podía tomarse como si la estuviera insultando a ella.

 

—¡Aqui sólo tu padre puede llamarme puta!—

 

—Lo siento mamá… no quise decirte a ti eso… me refería a mi misma.—

Le contesté con tono bajo y acariciándome la mejilla.

 

—Yo soy la puta… la idiota.—

Le dije.

 

—Si serás tonta…no te pegue por calenturienta… solamente …parte si…jaja…pero eso te gusta.—

Me dijo casi en tono burlón y acariciando mi recién golpeada mejilla.

 

—Te di unos buenos porque reprobaste en la escuela, esos te los mereces y vas a recibir todavía otros más.—

 

—Tu papá no va a estar para nada contento y vas a tener que responder por tus acciones.—

 

Me sentenció mi mamá ya sin reírse.

 

Me dió miedo la certeza con que lo dijo.

 

—Cariño.—

 

Me dijo mi mamá creo por primera vez en la vida, pues siempre ha sido tosca conmigo.

 

—Verga ibas a tener de todos modos.

¿Porque crees que cogemos delante de ti?—

 

 

—En familia se coge, es natural, nos mantiene más unidos y lima asperezas… Los hombres tienen que sacar esa agresividad y nosotras las hembras estamos para ayudarlos.—

 

—La familia es el único lugar donde puedes tener todo el sexo que quieras y no te juzgaremos por ello.—

 

Me dijo mientras me manoseaba mis piernas flacas de niña tonta.

 

—Tu papá y tu abuelo me dan miembro, ambos… juntos o separados.

Tu abuela coge con tú papá y obviamente tus abuelos todavía son muy activos entre ellos.—

 

Mi mamá me pellizcó mis nulos pezones y los jaló con fuerza.

—Incluso tú abuela y yo tenemos nuestros momentos.—

 

Mi mamá me jalo del cabello, exponiendo mi cuello hacia ella.

 

—Todos pueden hacerlo, todos con todos.—

Me dijo y me empezó a besar mi cuello con lujuria.

Yo empecé a gemir sintiendo la suavidad de su lengua desplazarse hasta mis subdesarrolladas tetas infantiles.

—Mmmmmh….ah.—

Me ardía la rajita de deseo.

 

—Los machos dan y las hembras reciben. Ése es nuestro lugar.—

 

Me dijo rompiendo sus besos.

 

—Que bueno que ya disfrutes un par de golpes, porque eso facilitará el aprendizaje, aunque pensábamos tú papito y yo que todavía te faltaban un par de años antes de querer chile en tu pepa.—

 

Sus manos me abrieron las piernitas escuálidas.

Me saboreó con la mirada.

 

—Doce añitos tenía yo cuando tú abuelo me empezó a dar y creíamos que sería parecido contigo.—

 

Ésta confesión si bien no me sorprendió porque ya sabía que mi abuelo era un depravado, no creía que mi mamá hubiera sido tan procaz y ansiosa como yo me estaba volviendo a tan escasa edad.

 

—Está bien que deseés a tu padre, es natural…Yo también llegué a rogar por el mío.—

 

Me confesó mientras su mano empezaba a introducir un dedo en mi rajita enferma.

 

—Lo que no está bien es que creas que puedes llegar a suplantarme, ni tu ni nadie y menos una zorra idiota de la calle puede tomar mi lugar.—

—Si le hago una escena de celos a tu padre es para marcar mi territorio, esa bola de furcias no podría satisfacer a un hombre como tú papá.—

 

 

Con una mano me dedeaba y con la otra tenía atenazado mi cuello… apretando.

 

—Yo soy la puta de tu padre, yo soy su hembra y ni tu ni nadie puede cambiar eso.—

 

Ahorcandome me empezó a abofetear la cara con la otra mano y supe sin duda que estaba excitandose, le vi esas muecas enfermas que hace cuando mi papá la ensarta como ramera.—

 

—¿Entiendes eso? mmh. Yo soy su perra alfa, la número uno…—

 

Me empezó a escupir en mi cara de burra y a legüetear todo.

 

—Ahora eres tu mi perra, tu papá va a estrenar tus hoyos y serás suya… pero siempre estaré yo primero… Yo soy su hembra, la que le baja la bragueta.—

 

Me decía morbosamente. Arrastró mi mano hasta su cuca y la usó para masturbarse.

 

—Saliste de aquí, eres mi propiedad y puedo hacer lo que se me antoje contigo.—

 

—Asi es…eres una hija de puta y vas a ser abusada por eso.— Me volvía a escupir.

 

—No eres más que un trozo de carne para violar… ese es tu lugar y punto… Que te quede claro.—

 

Sus palabras me erizaban la piel y hacían que me palpitara la pepa de deseo.

 

Me jalo del cabello hasta su pucha y empezó a tallonearme la cara contra ella.

Gemía como puerca degenerada.

 

—Saca la lengua perra.— Me ordenó.

 

Yo lo hice pronta mientras mi mamá, raspando toda su área en mi boca abierta, me agarraba de la nuca con fuerza y me golpeaba rítmicamente como si me estuviera metiendo el pito en la boca. Cogiéndome la cara.

Gemía super delicioso y su entrepierna ya olía a humedad y lubricación.

 

—Hija… de… puta…— repetía entre gemidos y restregándome su concha caliente.

Su minifalda ya estaba hasta la cintura y su tanga estaba toda empapada de sus jugos y mi saliva.

Se quitó la tanga y me la metió en el hocico.

 

—Disfruta eso perra.— Me dijo con desdén.

 

 

Mi mamá se veía riquísima con esa ropa ceñida al cuerpo que hacía que se notara su anatomía carnosa y super femenina.

 

Ella tenía razón, yo no era nada en comparación suya y mi escuálida silueta de niño era más de un perro flaco de la calle que de una exuberante dama de la vida nocturna, de esas que los hombres sólo piensan en coger.

 

Ella era la puta de mi papá, se vestía y comportaba como tal. Dispuesta a complacer a su macho tosco y alcohólico en lo que quisiera y eso incluía tener una hija a la cual entrenar para ser usada.

 

—Vístete estúpida.— me ordenó mi madre una vez que se aburrió de usarme para masturbarse.

 

—Ponte tu uniforme de la escuela.—

dijo saliendo de mi habitación.

 

En cuanto estuve vestida salí, todavía estaba adolorida de la tunda que me impuso mi mamá, sabía yo que mis deberes en la casa no se iban a detener y me apresuré a hacer mi parte.

 

Yo sudaba frío de imaginar lo que pasaría cuando mi papá se enterará de mis resultados escolares.

 

Por fin mi papá llegó a la casa. Tomado como siempre, inmediatamente empezó a gritarle a mi mamá porque si, motivos nunca le faltaban.

Mi mamá le respondió como siempre, lo cual ameritaba un par de cachetadas que mi papá no dudó en propinarle.

No podía yo dejar de mirarle el bulto a mi propio padre.

 

—¿Y tu que?— me preguntó mi papá tosco como siempre.

—Parece que viste un puto fantasma.—

 

Mi madre con todo el sadismo posible se paró junto a el y cruzando los brazos le dió las noticias escolares.

Juro que vi como saboreaba cada palabra y como le inyectaba veneno al oído de mi padre.

 

Ví sus ojos encolarizarse hasta niveles que sólo había visto escasas veces a mis mal vividos nueve años.

 

El momento de la verdad había llegado y yo estaba temblando de miedo, arrinconada de cuclillas junto al sillón, como si pudiera esconderme hasta ser pequeñita y meterme ahí.

 

—¡ME LLEVA LA PUTA MADRE!—

Gritó mi papá mientras se levantaba de la silla.

 

—SI SERAS ESTÚPIDA NIÑA MALCRIADA… TODO EL PUTO SACRIFICIO QUE HACEMOS Y ASÍ PAGAS…EEHH…EEHHH.—

 

Me decía mientras se quitaba el cinturón y yo me gire para irme a esconder a mi habitación pero mi papá me atrapó del tobillo y me regresó de un tirón, quedando yo de espaldas en el piso.

Me empezó a dar cinturonazos duro en mi inexistente trasero de rana fea y yo grité de dolor.

 

—!AAAAHHH!.. AAAYYY… AAAAAAYYYY… AAAAHHH…—

 

—!NO POR FAVOR… YA NO ME PEGUE… ME DUELE… PAPITO… NO!—

 

Gritaba yo con todas mis fuerzas clamando su perdón.

 

Mis lágrimas escurrian por mi rostro enrojecido por el castigo tan merecido que recibía en ese momento.

 

—MALDITA NIÑA ESTÚPIDA… DEBERÍA SACARTE DE LA ESCUELA Y PONERTE A TRABAJAR.—

 

Me gritaba mientras me recetaba otra andanada de cinturonazos que ahora se extendían hacia mi espalda, incluso alcanzando mis hombros.

 

—PP…OOR… FAVOR…YAAA NO… YA NO MÁS… PAPÁ… —

 

Me puse en posición fetal, cubriendo mi cara con piernas y brazos y llorando a moco tendido por el piso.

 

La puta de mi mamá llegó hasta mi y en vez de protegerme me desnudó, arrancándome mi uniforme escolar, dejándome sólo en calcetitas de tobillo blancas con olán y mis zapatitos de charol negro.

 

Me detuvo en el piso y le dijo.

 

—Ésta zorra no merece piedad.—

 

Mientras manoseaba mi trasero desnudo como si me untara el dolor que me inundaba.

 

—!ÉSTA PUTA LO HIZO A PROPÓSITO!—

Le gritó a mi progenitor, mientras me propinaba tremendas nalgadas en mi huesudo trasero.

Mi papá para nada contento me continuó gritando.

 

—¿QUE CLASE DE IDIOTA PERDEDORA ERES?—

 

Mi mamá estaba a mi cabeza, jalándome de los brazos para que no me pudiese levantar.

 

—¿Sabías que a la zorra de tu hija le gusta el dolor?—

 

Mi papá se quedó callado por un momento, asimilando lo que se acababa de enterar.

 

Al recordar su bulto enorme y masculino no pude evitar empezar a excitarme. El dolor multiplicaba mi necesidad de contacto sexual de sobra inapropiado para mi edad.

 

—Asi es… nuestra pequeña puta ya piensa en vergas…y quiere que la estrenes.—

 

Le dijo sin más mi mamá a mi papá quien obviamente ya estaba muy excitado.

 

—La puta de tu hija quiere tu verga, estrenando su rajita virgen.—

 

Le repitió a mi abusivo padre, quien empezó a sonreír perversamente.

 

 

Mi mamá se había hincado sobre mis antebrazos para que no me moviese, mi cabeza estaba bajo el dominio de su carnoso culo y yo lloraba como si me hubieran atropellado con el miedo a pleno galope por todas las veces que había visto como gritaba mi mamá mientras mi papá la envestida con su venudo pito.

 

Gritando a más no poder.

 

Jalándome de las caderas de niña prepuberta me hizo apoyarme en las rodillas, completamente sometida a su voluntad.

 

Las marcas de los merecidos cinturonazos hacían líneas rojas que recorrían mi infantil anatomía, desde los hombros hasta los muslos flacos que tenía.

 

Con las manos me abrió las nalgas, mostrándole a mi papá cuan golfa era yo al estar empezando a lubricar mi pepa para nada madura.

 

—Si eres una puta zorra Dolores, igual que la puta de tu madre.—

 

Me dijo mi papá con el ánimo de cazador que está por clavarle el diente a una presa tierna e indefensa.

 

—Ya sabía yo que te gustaba mirar como me cojo a ti madre.—

—Te voy a coger…y no lo vas a disfrutar.—

Me oíste.

—!NO LO VAS A DISFRUTAR!—

Mi papá me pateó mis muslos para que abriera más las piernas y se bajó el pantalón.

 

Por la posición en que estaba sometida no podía ver nada más que los muslos de mi madre, que estaban calientes y con la humedad de su panocha mojando mi nuca, prisionera de su peso corporal.

 

Mi cuerpo temblaba como chivita recién parida, incapaz de sostener su propio cuerpo.

 

—Cógela cariño… vamos… es tuya.—

Le decía la pervertida de mi mamá a mi papá.

Mi madre empezó a tallonear su vulva contra mi cráneo infantil, revolviendo mi pelo con su tanga llena de fluidos.

 

Mis antebrazos me dolían enormemente porque el peso que los atenazaba y mis nalgas eran abiertas por las manos de mi madre.

 

—Vamos… !VIÓLALA! … !ESO QUIERE LA NIÑA!—

 

—La parí para ti.— le dijo mi mamá con la certeza de que era mi único propósito en la vida.

Ser reducida a una esclava sexual.

 

 

Mi papá se acomodo detrás de mi y pude sentir el glande enorme presionando contra mi rajita de nueve primaveras.

—!MALDITA FURCIA!— Me espetó mi propio padre y sin miramientos me dejó ir el miembro que tantas veces había soñado penetrando mi escasa carne escolar.

Yo grité tan duro como pude, pero el delicioso culo carnoso de mi mamá me tenía pegada al piso, impidiendo que fuera muy audible mis súplicas.

 

En ese momento di gracias por haber empezado a ensartarme solita con cuanta cosa encontré porque si así ardía el dolor que sentía, no quiero ni imaginar como sería de intenso al no haberlo practicado con anterioridad.

 

—NI CREAS QUE ESTO ME EXCITA DOLORES… NO ERES MAS QUE UN COSTAL DE HUESOS…UN PUTO HOYO.—

—!NO ERES NADA… NADA!—

 

Me decía y yo apenas podía escucharlo entre los muslos de mi madre y los gritos que yo daba.

No era como me lo imaginaba, era mucho más doloroso de lo que pensé.

Me lanzó un par de puñetazos en las costillas y me retorcí de dolor.

 

—!TE DEBERÍA TIRAR EN LA PUTA CARRETERA… ASÍ LOS PUTOS INDIGENTES TE VIOLEN HASTA QUE SE HARTEN!—

 

Cada palabra me quedó marcada en el cerebro a punta de penetraciones.

Como si su miembro erecto fuera una máquina de tatuajes y mi memoria fuera el lienzo donde se imprimían para siempre sus aberraciones y mis certezas.

 

Jamás olvidaré cuan mojada estaba mi cuca con tanto abuso y la manera en que se oía como entraba y salía embarrando toda mi vagina infantil.

 

Tuve un orgasmo mucho mayor que el que me produje la primera vez que me ensarté solita con la zanahoria unos meses atrás.

 

—AAHH…AAHHHH….AAAHH—

Grité mientras me corría, convulsiones me recorrían el cuerpo y mis padres lo notaron claramente.

 

—!MALDITA PUTA… MMAALLDITAA…PUUTAAA!—

 

Sin más estalló mi padre, llenándome de leche blanca mi raja abierta como flor.

Ahora rosada porque había tenido algún desgarro y mi sangre se mezclaba con su semen.

 

Mi papá se paró y le dió a mi mamá a chupar su verga.

 

—Vamos zorra, saborea la virginidad de tu puta hija.—

 

Mi madre obediente le mamó el miembro hasta borrar toda huella del acto incestuoso que se había cometido ahí.

 

Mi mamá se paró, liberando mi cuerpecito adolorido en el piso.

 

Ella se empezó a dar dedo mientras le festejaba a mi padre su abuso.

 

Empezó a orinar encima mío, bañando mi cuerpo infantil y cada una de las marcas que había dejado mi lección.

 

—Puta rana asquerosa… ten tu agüita para que nades.—

Me dijo y se burlaba de mi.

 

Yo sollozaba sin moverme ni atreverme a protestar.

 

Mi papá se unió y me dió su propia miada bañando mi cabeza y ahogando mis lloriqueos con su sonoro chorro que salpicaba todo.

 

Mi mamá me pateó un costado y dijo.

 

—Apúrate a limpiar el piso, que todavía falta la cena.—

 

Me aventó una cubeta en la espalda desnuda y me escupió.

 

—¿QUÉ ESPERAS?—

 

Fin

8 Lecturas/19 febrero, 2026/0 Comentarios/por YonPerverso
Etiquetas: hija, madre, madura, mayor, orgasmo, padre, semen, sexo
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