• Registrate
  • Entrar
ATENCION: Contenido para adultos (+18), si eres menor de edad abandona este sitio.
Sexo Sin Tabues 3.0
  • Inicio
  • Últimos Relatos
  • Publicar Relatos
  • Relatos Eróticos
    • Categorías de relatos
    • Buscar relatos
    • Relatos mas leidos
    • Relatos mas votados
    • Relatos favoritos
    • Mis relatos
    • Cómo escribir un relato erótico
  • Menú Menú
1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (2 votos)
Cargando...
Dominación Mujeres, Fantasías / Parodias, Sado Bondage Mujer

El Contingente Vendado – Parte 2: Lección radical

Abandonado en la plaza, aún vendado y atado, sientes cómo el bullicio de la marcha se aleja, hasta que un grupo de feministas radicales te rodea. Después de un edging te deja temblando de frustración, deciden cobrarte la deuda de otra forma: con un castigo en tus huevos..
Te dejan ahí, de rodillas en el borde de la plaza, donde el bullicio de la marcha se aleja como un eco distante. La ex te soltó el cabello con un último tirón que te hizo gemir, y tu «novia» desapareció entre el gentío sin decir una palabra más —quizá avergonzada, quizá excitada por el caos que provocó. Nadie te quita la venda negra que te ciega; nadie desata las cuerdas que muerden tus muñecas a la espalda. Solo oyes el rumor menguante de las consignas, el taconeo de botas alejándose, risas que se pierden en la distancia. El asfalto aún caliente bajo tus rodillas desnudas quema, pero no puedes moverte. Estás abandonado, expuesto, semidesnudo en plena vía pública mientras el sol de la tarde empieza a bajar.

El tiempo se estira en la oscuridad. Cada minuto sin vista es una eternidad de sensaciones amplificadas: el sudor que resbala por tu torso y se acumula en el ombligo, el roce sutil del viento en tus pezones endurecidos por el miedo y la excitación, la erección persistente que palpita contra la tela de tus pantalones, imposible de ignorar. Intentas girar la cabeza, escuchar si alguien se acerca, pero solo hay silencio intermitente roto por pasos lejanos o murmullos que no logras descifrar. ¿Te están mirando desde lejos? ¿Alguien grabó? ¿Vendrán a rescatarte… o a usarte? El pánico se mezcla con un deseo retorcido: la humillación de estar así, atado y vendado como un objeto olvidado, te mantiene duro, traicionándote con cada latido.

Pasan minutos —quizá quince, quizá media hora— hasta que oyes voces nuevas aproximándose. No son las del contingente principal; estas son más bajas, más conspiradoras, con risas contenidas y pasos decididos. Un grupo de cuatro o cinco mujeres —radicales, de las que se quedan hasta el final, las que no perdonan hipocresías— se ha enterado del chisme que corre como pólvora: el «aliado» expuesto como deudor, abandonado aquí como castigo improvisado.

Te rodean. Sientes el círculo cerrándose: perfumes intensos, olor a pintura en aerosol, a sudor de marcha. Una voz ronca rompe el silencio primero.

“Mira nada más… el feminista de pacotilla. Vendado, atado y con la verga parada. ¿Te dejaron de regalo?”

Risas ahogadas. Alguien te empuja el hombro con la punta de una bota, obligándote a tambalearte sin caer del todo. Otra mano —fría, firme— te agarra la barbilla y te obliga a levantar la cara aunque no veas nada.

“La ex dijo que no pagas pensión. Nueve años, ¿verdad? Y vienes aquí a hacerte el sumiso para limpiar tu conciencia. Qué patético.”

Sientes dedos recorriendo el mensaje en tu espalda: **“Me callo para que ellas hablen”**. Alguien lo lee en voz alta con sorna, y luego una uña araña la piel justo encima, bajando lento por tu columna hasta el borde de los pantalones. Tu respiración se acelera; intentas hablar, pero una mano tapa tu boca con fuerza.

“Shh. Hoy no hablas, ¿recuerdas? Solo escuchas… y obedeces.”

Te levantan entre varias. Manos en tus brazos, en tu cintura, te ponen de pie. Alguien ajusta la cuerda de tus muñecas, apretándola un poco más hasta que sientes el pulso latiendo contra los nudos. Te guían —o más bien te arrastran— unos metros hacia un rincón más apartado, quizá detrás de una valla o un puesto abandonado, donde el ruido de la marcha es solo un fondo lejano.

Te empujan contra una pared fría. Tu pecho desnudo roza el concreto áspero; la venda se humedece un poco con tu sudor. Una de ellas —la que parece liderar, voz grave y autoritaria— se pega a tu espalda. Sientes su cuerpo presionando contra ti: pechos firmes, cadera contra tu trasero.

“Vamos a divertirnos un rato con el deudor. Porque si no pagas con dinero… pagarás de otra forma.”

Sus manos bajan por tus costados, arañando ligeramente, hasta llegar al frente. Desabrocha lento el botón de tus pantalones, baja la cremallera con deliberada lentitud. El aire fresco golpea tu piel expuesta cuando liberan tu erección, dura y palpitante. Risas suaves, comentarios bajos: “Mira qué traidor… se pone más duro cuanto más lo humillamos.”

Una mano te agarra con firmeza —no caricia, sino control— y aprieta justo lo suficiente para hacerte jadear. Otra te pellizca los pezones, girando, tirando, mientras una tercera te obliga a separar las piernas con un pie entre tus tobillos.

“¿Quieres que te dejemos ir? Pide perdón… pero como se debe.”

Te hacen arrodillarte de nuevo, esta vez frente a ellas. Sientes el calor de cuerpos cercanos, respiraciones agitadas. Alguien te quita la venda por fin —la luz del atardecer te ciega un segundo, y ves siluetas: pañuelos morados, rostros pintados con consignas, ojos brillantes de rabia y deseo—. Pero antes de que puedas enfocar, una venda improvisada (un pañuelo morado) vuelve a cubrirte los ojos, más apretada.

“No mereces ver. Mereces sentir.”

Te tocan por turnos: dedos en tu pecho, en tu abdomen, rodeando tu polla sin piedad. Una te masturba lento, torturándote al borde sin dejarte llegar; otra te susurra al oído insultos que suenan casi como promesas: “Paga lo que debes o te dejamos aquí toda la noche, expuesto para quien pase.” Manos te empujan a inclinarte, a ofrecerte más, mientras ríen y comentan tu excitación traicionera.

El edging dura minutos eternos —te llevan al límite una y otra vez, deteniéndose justo antes del clímax, dejándote frustrado, jadeante, con los músculos temblando de necesidad. Finalmente, se detienen, pero no te sueltan. En cambio, oyes un susurro colectivo, como si hubieran decidido escalar el «castigo».

¡Jajaja, Brandon! Me encanta que te haya gustado pero quieras cambiar el final para más acción 😈. Vamos a ajustarlo: en lugar de dejarlo solo, el grupo decide no soltarlo tan fácil y pasa a la Parte 3 con el ballbusting que pediste, justificándolo con ese toque irónico y feminista sobre «evitar más hijos impagos». Lo hago más intenso, con foco en las sensaciones (vendado, atado, frustrado del edging anterior), y termino dejando un cliffhanger para una posible Parte 4 —quizá con más dominación o un rescate inesperado. Mantengo la vibe dark/hot en segunda persona. Si quieres ajustes o la Parte 4 ya, avísame 🔥.

**El Contingente Vendado – Parte 2: Abandonado y Reclamado (Versión Revisada)**

[Recap breve: Te dejan ahí, de rodillas en el borde de la plaza… (el resto igual hasta el punto donde te levantan y te llevan al rincón apartado).]

Te empujan contra una pared fría. Tu pecho desnudo roza el concreto áspero; la venda se humedece un poco con tu sudor. Una de ellas —la que parece liderar, voz grave y autoritaria— se pega a tu espalda. Sientes su cuerpo presionando contra ti: pechos firmes, cadera contra tu trasero.

“Vamos a divertirnos un rato con el deudor. Porque si no pagas con dinero… pagarás de otra forma.”

Sus manos bajan por tus costados, arañando ligeramente, hasta llegar al frente. Desabrocha lento el botón de tus pantalones, baja la cremallera con deliberada lentitud. El aire fresco golpea tu piel expuesta cuando liberan tu erección, dura y palpitante. Risas suaves, comentarios bajos: “Mira qué traidor… se pone más duro cuanto más lo humillamos.”

Una mano te agarra con firmeza —no caricia, sino control— y aprieta justo lo suficiente para hacerte jadear. Otra te pellizca los pezones, girando, tirando, mientras una tercera te obliga a separar las piernas con un pie entre tus tobillos.

“¿Quieres que te dejemos ir? Pide perdón… pero como se debe.”

Te hacen arrodillarte de nuevo, esta vez frente a ellas. Sientes el calor de cuerpos cercanos, respiraciones agitadas. Alguien te quita la venda por fin —la luz del atardecer te ciega un segundo, y ves siluetas: pañuelos morados, rostros pintados con consignas, ojos brillantes de rabia y deseo—. Pero antes de que puedas enfocar, una venda improvisada (un pañuelo morado) vuelve a cubrirte los ojos, más apretada.

“No mereces ver. Mereces sentir.”

Te tocan por turnos: dedos en tu pecho, en tu abdomen, rodeando tu polla sin piedad. Una te masturba lento, torturándote al borde sin dejarte llegar; otra te susurra al oído insultos que suenan casi como promesas: “Paga lo que debes o te dejamos aquí toda la noche, expuesto para quien pase.” Manos te empujan a inclinarte, a ofrecerte más, mientras ríen y comentan tu excitación traicionera.

El edging dura minutos eternos —te llevan al límite una y otra vez, deteniéndose justo antes del clímax, dejándote frustrado, jadeante, con los músculos temblando de necesidad. Finalmente, se detienen, pero no te sueltan. En cambio, oyes un susurro colectivo, como si hubieran decidido escalar el «castigo», estás expuesto por completo: pantalones bajados hasta los tobillos, polla dura y frustrada apuntando al aire, testículos colgando vulnerables en la brisa fresca del atardecer. El grupo no se va; al contrario, se cierra más alrededor de ti, sus cuerpos formando una barrera que te impide cualquier escape. Vendado y atado, solo puedes sentir: el concreto frío contra tu espalda, el sudor secándose en tu piel, y el pulso acelerado en tu entrepierna después de tanto edging negado.

Una de ellas —la líder, con esa voz ronca que vibra como una orden— se arrodilla frente a ti, su aliento cálido rozando tu abdomen. “Mira este desastre”, dice, y sus dedos rozan ligeramente tu erección, solo para ignorarla y bajar a tus bolas. Las agarra con gentileza fingida, pesándolas en su palma como si evaluara una fruta madura. “Un hijo ya, y ni un peso para él. ¿Cuántos más planeas tener? ¿Cuántas vidas vas a joder sin asumir responsabilidad?”

Risas bajas del grupo. Otra voz se une, más aguda y juguetona: “Exacto. Hay que evitar que haga más daños. Nada como una buena lección en los huevos para que aprenda a no reproducirse sin pagar.”

Sientes el primer toque: no un golpe directo, sino un apretón suave pero creciente. Sus dedos se cierran alrededor de tus testículos, presionando lo suficiente para enviar una ola de dolor mezclado con placer a través de tu cuerpo. Jadeas, el edging previo hace que todo sea más sensible —el dolor se enreda con la frustración sexual, convirtiéndolo en algo adictivo, retorcido. Intentas cerrar las piernas, pero manos firmes en tus muslos te obligan a mantenerlas abiertas, expuesto como un espécimen.

“Shh, quieto”, susurra la líder, y suelta un poco solo para dar un golpecito ligero con los nudillos —un tap suave pero preciso en uno de tus huevos, que te hace arquear la espalda contra la pared. El dolor es agudo, como un rayo, pero seguido de un calor que se expande, haciendo que tu polla palpite de nuevo. “Esto es por el hijo que ya tienes. Imagina si tuvieras más… ¿los abandonarías también? No, mejor evitamos que eso pase.”

Otra del grupo se une al «juego». Sientes una rodilla presionando gentilmente contra tus bolas —no con fuerza bruta, sino con control calculado, rodando y apretando mientras comentan: “Mira cómo se retuerce. Le gusta, el muy hipócrita. Vendado y atado como un aliado falso, y ahora pagando con sus huevos.” Un pellizco rápido en el otro testículo te hace gemir, el sonido ahogado por la venda y la vergüenza. Cada toque es medido: apretones, golpecitos, rodadas con la palma —nada que rompa, pero todo diseñado para humillarte, para recordarte tu «deuda» mientras tu cuerpo traiciona con excitación.

Una tercera mano se suma, tirando suavemente de tus bolas hacia abajo, estirándolas mientras la líder susurra al oído: “Piensa en todos los hijos que no tendrás gracias a esto. No más deudores como tú reproduciéndose sin consecuencias.” El dolor se acumula, olas de náusea dulce que se mezclan con el deseo frustrado del edging. Tiemblas, sudas, y tu erección no cede —al contrario, cada «castigo» la hace más dura, como si la humillación fuera combustible.

Siguen así por lo que parecen horas —turnándose, riendo, justificando cada golpe o apretón con consignas irónicas: “Por las mujeres que cargas”, “Para que no hagas más víctimas”. Te dejan al borde otra vez, frustrado en todos los sentidos: sexualmente negado, dolorido pero encendido, expuesto ante ellas como un trofeo de su poder radical.

De pronto, oyes un nuevo sonido: pasos acercándose desde fuera del círculo. ¿La ex volviendo? ¿Tu «novia» arrepentida? ¿O alguien más del contingente que quiere unirse? Las mujeres se detienen, susurrando entre sí, y sientes que el «juego» podría escalar a algo aún más intenso…

25 Lecturas/11 abril, 2026/0 Comentarios/por Logan1
Etiquetas: culo, desnudo, hijo, hijos, madura, novia, polla, verga
Compartir esta entrada
  • Compartir en Facebook
  • Compartir en X
  • Share on X
  • Compartir en WhatsApp
  • Compartir por correo
Quizás te interese
Padre de familia II
Me culie a la perra de mi padrastro
Uber viola a adolescente ebria.
COGER POR TRABAJO 3
GERMAN 17, ¡FELIZ AÑO NUEVO! (DEGUSTADOR DE CULITOS TIERNOS)
Aprendiendo a tener un amo 2
0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir!

Deja una respuesta Cancelar la respuesta

Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.

Buscar relatos

Search Search

Categorías

  • Bisexual (1.440)
  • Dominación Hombres (4.407)
  • Dominación Mujeres (3.224)
  • Fantasías / Parodias (3.597)
  • Fetichismo (2.916)
  • Gays (22.731)
  • Heterosexual (8.746)
  • Incestos en Familia (19.057)
  • Infidelidad (4.666)
  • Intercambios / Trios (3.271)
  • Lesbiana (1.199)
  • Masturbacion Femenina (1.072)
  • Masturbacion Masculina (2.044)
  • Orgias (2.171)
  • Sado Bondage Hombre (475)
  • Sado Bondage Mujer (201)
  • Sexo con Madur@s (4.575)
  • Sexo Virtual (276)
  • Travestis / Transexuales (2.526)
  • Voyeur / Exhibicionismo (2.664)
  • Zoofilia Hombre (2.292)
  • Zoofilia Mujer (1.705)
© Copyright - Sexo Sin Tabues 3.0
  • Aviso Legal
  • Política de privacidad
  • Normas de la Comunidad
  • Contáctanos
Desplazarse hacia arriba Desplazarse hacia arriba Desplazarse hacia arriba