• Registrate
  • Entrar
ATENCION: Contenido para adultos (+18), si eres menor de edad abandona este sitio.
Sexo Sin Tabues 3.0
  • Inicio
  • Últimos Relatos
  • Publicar Relatos
  • Relatos Eróticos
    • Categorías de relatos
    • Buscar relatos
    • Relatos mas leidos
    • Relatos mas votados
    • Relatos favoritos
    • Mis relatos
    • Cómo escribir un relato erótico
  • Menú Menú
1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (1 votos)
Cargando...
Dominación Mujeres, Fantasías / Parodias, Sado Bondage Hombre

El Contingente Vendado – Parte 3: cobrando la deuda FINAL

Tu ex irrumpe y reclama su venganza. Junto al grupo radical, te someten a un edging brutal mezclado con ballbusting salvaje, cobrando mes a mes la deuda. Luego te fuerzan a correrte por última vez… antes de castrarte con tenazas en un acto de “justicia”. La deuda se paga en sangre. Ya no eres hombre.
La voz de tu ex irrumpe como un trueno en el rincón oscuro, deteniendo en seco el asalto a tus bolas hinchadas y sensibles. Sientes el grupo de feministas congelarse a tu alrededor: manos que sueltan tus testículos palpitantes, rodillas que se apartan de tus muslos abiertos, respiraciones que se contienen. Estás jadeando, el cuerpo temblando de la frustración acumulada —erección goteando, huevos morados de tanto apretón y palmada, venda empapada en sudor que te mantiene ciego al caos.

“¿Qué mierda están haciendo con él? ¡Ese cabrón es mío para castigar!” grita ella, su tono furioso pero cargado de posesión. Oyes pasos rápidos acercándose, y luego su mano familiar agarrándote del cabello, tirando tu cabeza hacia atrás con fuerza. “Nueve años de deuda, y ¿piensas que unas palmadas en los huevos bastan? No, puto. Voy a cobrarte cada mes, cada día que mi hijo pasó sin tu mierda de apoyo.”

Las feministas no retroceden; al contrario, una risa baja surge de la líder. “¿Tuyo? Únete entonces. Nosotras ya lo preparamos para ti. Mira cómo tiembla… listo para pagar.”

Sientes el acuerdo silencioso en el aire: tu ex no lo hará sola. Ellas se quedan, convirtiéndose en sus aliadas extremas, un círculo de venganza femenina que te rodea como lobas. Te levantan entre varias —manos en tus brazos, en tu cintura expuesta—, y te arrastran unos metros más adentro, quizá a un callejón más oculto o un rincón abandonado de la plaza, donde el eco de la marcha ya es solo un rumor lejano. Te empujan al suelo sucio, de espaldas, con las manos atadas aún mordiendo tus muñecas. Tus pantalones se van del todo; estás completamente desnudo ahora, vulnerable bajo la noche que cae.

Tu ex se arrodilla a horcajadas sobre tu pecho, su peso presionándote contra el concreto frío. Sientes su calor, su olor familiar mezclado con el sudor de la marcha. “Nueve años, cabrón. Eso son 108 meses. Vamos a cobrarte uno por uno.” Su mano baja directo a tus bolas, agarrándolas con saña —un apretón brutal que te hace arquearte y gritar, el dolor explotando como fuego blanco. “Esto por el primer mes. ¿Duele? Bien. Imagina lo que duele criar un hijo sola.”

Las otras se suman salvajemente. Una feminista te abre las piernas con fuerza, exponiendo todo, y empieza con palmadas rápidas en tus testículos —slap, slap, slap— mientras tu ex aprieta y suelta rítmicamente, sincronizando el tormento. “¡Por el segundo mes!”, grita una voz. Otra mano se une: nudillos golpeando preciso, rodando tus huevos hinchados como si quisieran exprimir cada gota de culpa. El dolor es insoportable, náuseas subiendo por tu garganta, pero tu polla traicionera palpita más dura, goteando pre-semen que ellas usan para lubricar el edging que reinicia.

“No te corras aún”, ordena tu ex, bajando su mano a tu erección. Te masturba lento, torturándote al borde mientras las otras siguen con el ballbusting —apretones dobles, pisotones con la suela de una bota, dedos pellizcando la piel sensible—. “Cada mes que no pagaste, un golpe. Y si te corres sin permiso, duplicamos la deuda.” Una de las extremas se ríe y agrega: “O mejor, evitemos que hagas más hijos. Apretemos hasta que no quede nada.”

Turnos rotan, susurrando insultos al oído —“Por el mes 50… por el 80… por cada cumpleaños que ignoraste”—. Las otras aprietan tus huevos en sincronía, pellizcando, golpeando, rodando hasta que sientes que vas a romperte. El edging es interminable: te llevan al borde del orgasmo una y otra vez, deteniéndose para más ballbusting, riendo cuando gimes y suplicas bajo la venda.

El dolor es abrumador. Náuseas suben por tu garganta, lágrimas mojan la venda, pero tu erección no cede —al contrario, palpita más fuerte, traicionándote con cada golpe. Ellas lo notan y ríen.

“Mira cómo le gusta al deudor… le duele y se pone más duro. Qué patético.”

Tu ex se inclina sobre ti, su aliento caliente en tu oído mientras sigue follándote sin descanso.

“Ya casi terminamos el cobro. Pero antes… vas a correrte. Vas a disfrutar tu última corrida como hombre.”

Las palabras tardan un segundo en calar. Al principio crees que es más humillación verbal, otro juego sucio para romperte. Pero entonces ves —a través del borde suelto de la venda— cómo una de las extremas saca algo de su mochila: un instrumento metálico frío, brillante bajo la luz tenue de un farol lejano. No es un juguete. Es algo quirúrgico, afilado, real. Otra saca una cuerda más gruesa, como para atar o estrangular.

“¿Pensaste que era broma? Nueve años de jodernos la vida. No más hijos tuyos. No más deudores como tú reproduciéndose. Vamos a asegurarnos de que esta sea la última vez que eyacules… antes de que te dejemos sin nada.”

El pánico te golpea como un balde de agua helada. El corazón te late en la garganta. Intentas forcejear, pero las manos que te sujetan son muchas y fuertes. La venda se desliza un poco más y ves sus rostros: no hay juego en sus ojos. Hay rabia genuina, decisión fría, y una determinación que te congela la sangre.

“¡No! ¡Por favor, no!” gritas, la voz quebrada, temblorosa. El placer se evapora de golpe; solo queda terror puro. Tu polla, que antes palpitaba de excitación, ahora se encoge por el miedo, pero ellas no paran.

Tu ex se inclina cerca de tu oído, “Nueve años, cabrón. Cada mes sin un peso para tu hijo. Cada cumpleaños ignorado. Cada noche que lloró por un padre ausente. Esto no es castigo… es justicia.”

La extremista con las tenazas se arrodilla entre tus piernas. Sientes el metal frío rozando la piel hinchada de tu escroto. Tu ex acelera la masturbación en tu polla con una mano experta —rápida, implacable—, forzando el orgasmo a pesar del horror. “Córrete. Disfrútalo. Porque cuando termines… adiós.”

El clímax te rompe. El placer traicionero explota en oleadas violentas: semen caliente salpicando tu abdomen mientras gritas de éxtasis mezclado con terror absoluto. Tu cuerpo se convulsiona, las bolas se contraen una última vez en un orgasmo forzado que dura segundos eternos. Ellas no paran: una aprieta fuerte la base de tu escroto con el elástico, cortando la circulación al instante. El dolor es inmediato, ardiente, como si te quemaran vivo.

“¡Última corrida completada!”, anuncia tu ex con voz triunfal. “Ahora… el cobro real.”

La venda se cae del todo —alguien la arranca para que veas. Ves sus rostros: rabia, satisfacción, poder. Ves el elástico apretado, tu escroto hinchado y morado por debajo. Ves las tenazas abriéndose, posicionándose justo en la base.

“No… por favor… ¡NO!”

El primer corte es preciso. Las tenazas cierran con un chasquido seco. El dolor es cegador —un fuego blanco que te atraviesa el cuerpo entero. Gritas hasta que la voz se quiebra. Sientes el tirón: la extremista jala fuerte, separando la carne. Sangre caliente corre por tus muslos. Otro corte, más profundo. El segundo testículo cede con un sonido húmedo, repulsivo. Tu ex lo sostiene en alto como trofeo, riendo mientras lo aprieta una última vez.

“Mira, deudor. Aquí están tus huevos. Los que usaste para crear una vida y abandonarla. Ahora son nuestros.”

El dolor te nubla la vista. Náuseas suben por tu garganta. Tu polla, aún goteando los restos del orgasmo, se encoge en agonía. Ellas trabajan rápido: cauterizan con algo improvisado, vendan lo que queda con tela rasgada. Te dejan ahí, tirado en el suelo sucio, sangrando, castrado, roto.

Tu ex se agacha una última vez, susurra al oído mientras te da una palmada final en lo que queda:

“La deuda está saldada… por ahora. Pero si vuelves a fallar, volvemos por lo que queda.”

Se van riendo, dejando tu cuerpo temblando en la oscuridad del callejón. El mundo se desvanece en dolor y vacío. Ya no eres el mismo. Ya no eres hombre.

26 Lecturas/11 abril, 2026/0 Comentarios/por Logan1
Etiquetas: culo, cumpleaños, hijo, orgasmo, padre, polla, puto, semen
Compartir esta entrada
  • Compartir en Facebook
  • Compartir en X
  • Share on X
  • Compartir en WhatsApp
  • Compartir por correo
Quizás te interese
Caricias Infantiles
Mi primer novio maduro
El chico del gimnasio
FANTASIAS DE LA INFANCIA: El profesor de natación.
El espiritista apenas me vio dirigiéndose a mí me dijo. Además de que estas maldecido, te tienen cruzado, y te vamos a tener clavado, para limpiarte.
mi pequeño sobrino (segundo dia)
0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir!

Deja una respuesta Cancelar la respuesta

Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.

Buscar relatos

Search Search

Categorías

  • Bisexual (1.440)
  • Dominación Hombres (4.407)
  • Dominación Mujeres (3.224)
  • Fantasías / Parodias (3.597)
  • Fetichismo (2.916)
  • Gays (22.731)
  • Heterosexual (8.746)
  • Incestos en Familia (19.057)
  • Infidelidad (4.666)
  • Intercambios / Trios (3.271)
  • Lesbiana (1.199)
  • Masturbacion Femenina (1.072)
  • Masturbacion Masculina (2.044)
  • Orgias (2.171)
  • Sado Bondage Hombre (475)
  • Sado Bondage Mujer (201)
  • Sexo con Madur@s (4.575)
  • Sexo Virtual (276)
  • Travestis / Transexuales (2.526)
  • Voyeur / Exhibicionismo (2.664)
  • Zoofilia Hombre (2.292)
  • Zoofilia Mujer (1.705)
© Copyright - Sexo Sin Tabues 3.0
  • Aviso Legal
  • Política de privacidad
  • Normas de la Comunidad
  • Contáctanos
Desplazarse hacia arriba Desplazarse hacia arriba Desplazarse hacia arriba