• Registrate
  • Entrar
ATENCION: Contenido para adultos (+18), si eres menor de edad abandona este sitio.
Sexo Sin Tabues 3.0
  • Inicio
  • Últimos Relatos
  • Publicar Relatos
  • Relatos Eróticos
    • Categorías de relatos
    • Buscar relatos
    • Relatos mas leidos
    • Relatos mas votados
    • Relatos favoritos
    • Mis relatos
    • Cómo escribir un relato erótico
  • Menú Menú
1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (Ninguna valoración todavía)
Cargando...
Dominación Mujeres, Lesbiana, Masturbacion Femenina

El Orfanato Capítulo 2

Hoy tendríamos la llegada de 3 pequeña hermanitas que quedaron huérfanas recientemente. Ellas serían bienvenidas en este orfanato, pero antes debo hacerles una “revisión médica”, adoro mi trabajo. (Historia completamente ficticia, esto es solo una pequeña fantasía).
Hoy llegue al trabajo y me encontré con una agradable sorpresa, 3 nuevas niñas pequeñas habían llegado al edificio. Eran hermanas, sus padres habían fallecido hace un par de meses, estuvieron yendo de casa hogar en casa hogar, hasta que terminaron aquí. Una tenía tan solo 3 años y la otra era de 5 y la mayor de 9. Nuestro orfanato recibe niños desde los 2 años hasta los 18. Los chicos que terminan siendo mayores y aún no pueden mantenerse pasan a otro programa distinto o terminan trabajando en estas instalaciones. Aunque las mayores eran solo mujeres, los hombres casi siempre terminaban abandonado el orfanato o siendo transferidos, nuestro chico mayor era de a penas 13 años. 

Ya había programado la sita para las revisiones médicas de las 3. Iba a disfrutar de las pequeñas una por una. Primero comenzaría por la menor. A las 9 en punto una de las cuidadoras me la trajo. Yo le agradecí y la hice pasar.

—Hola mi amor ¿como te llamas?

—Soy Lila —dijo torpemente, su nombre era Linda.

—Oh, qué bonito nombre, yo soy la Doctora Amy. Voy a revisarte dulzura, veré que estes bien ¿ok?

—Ok.

Era una pequeña bastante alegre, la subí a la mesa y comencé el chequeo de rutina. A pesar de lo que le iba a hacer tenía que asegurarme de que la niña estuviera bien. Reportar cualquier anormalidad y dar algún tratamiento si así lo requería. Una vez terminada podía empezar a divertirme con la pequeña. Ya le había quitado toda su ropa, necesitaba revisar su cuerpo en busca de alguna lesión o anomalía, ella ya estaba lista para mi.

—Buen mi vida, voy a hacerte un último examen antes de que puedas regresar con tus hermanitas. 

—Si.

La acosté en la mesa, y me agaché a lamer sus pezones, iba a disfrutar a esta nena por años. Llegaría el momento en el que su pequeño pecho plano comenzará a abultarse y crecieran unos hermosos senos. Después de succionar sus pezones todo lo que quise, fui bajando hasta su abdomen, lamí su pequeño ombligo y seguí mi camino hasta su entrepierna. Comencé a lamer ahí abajo. Linda parecí algo confundida. Pero no hizo por quitarse, de hecho parecía que lo disfrutaba un poco. Me separé de ella, cambié de ángulo y me puse entre sus piernas. Las separé y ahí estaba, su diminuta rajita de 3 años. Separé sus labios todo lo que pude con un par de mis dedos. Podía ver todo de ella, su capucha que cubría por completo su botón de placer, su labios mayores regordetes y los menores de color rosa. También podía ver el pequeño hoyito de su vagina. Con mi dedo índice froté su capuchita con cuidado. Y con el meñique de mi otra mano empecé a aplicar algo de presión en la entrada de su vagina. Ella reaccionó en ese momento, trató de quitarse instintivamente.

—Tranquila mi amor, ya casi terminamos, ¿te gusta lo que te estoy haciendo?

—Se siente chistoso… —dijo inocentemente.

Yo seguí estimulándola por otro rato, su vagina se iba abriendo poco a poco, pude meter una falange de mi meñique dentro con algo de esfuerzo y paciencia. Ella había aguantado como campeona, de momento hacia pequeñas muecas de dolor, pero no lloro en ningún momento. Lo dejaría aquí por hoy, ya me había tardado demasiado. Era importante no dejarse llevar. La vestí y la dejé regresar, ella no diría nada, ni siquiera había entendido lo que le acababa de pasar.

La siguiente era Fátima, la niña de 5. Pasó alegremente, tarareando una canción infantil.

—Hola preciosa, yo soy la Doctora Amy, puedes llamarme Doctora o señorita Amy, ¿cual es tu nombre? —le pregunté.

—Me llamó Fátima —dijo con entusiasmo—. Y tengo 5 años.

—Oh ya veo Fátima, ya casi eres una niña grande.

—Lo soy, voy a crecer como mi hermana mayor.

—Ya lo creo, pero para eso tenemos que asegurarnos de que estes sana, voy a revisar tu cuerpo, ¿de acuerdo?

—Esta bien.

Comencé con la revisión de rutina, su respiración, sus latidos y demás. Todo parecía en orden, ahora toca realizar una exploración de su cuerpo, como lo hice con la pequeña Linda. 

—Necesito revisar tu cuerpo Fati. Tengo que verificar que no haya nada malo por ningún lado, así que necesito quitar tu ropa.

—Ok —dijo Fátima, comenzó a desnudarse ella misma. 

Yo la ayude a quitarse todo, y luego empecé a revisar su cuerpo. Una vez que terminé pase a lo siguiente, era hora de disfrutar de ella. Fui hacia mi escritorio y saqué un pequeño vibrador, luego regresé donde estaba sentada Fati. 

—Acuéstate aquí Fati, voy a hacer una inspección de tu zona íntima mi amor, así que necesito quitar también tus braguitas. Esta bien por que soy doctora.

—Mmm, ok… —dijo, dudando un poco pero aceptando al final.

—Voy utilizar esto para verificar que no haya ningún problema —dije, enseñándole el vibrador—. Vas a sentir cosas extrañas, pero al final te va a gustar, ya verás.

—Esta bien…

Le quité sus panties, revelando su hermosa florecita. La abrí con mis dedos y empecé a jugar un poco con ella. Acariciaba sus labios, desde la entrada de su vagina hasta la punta donde se escondía su clítoris. Después de que la había toqueteado, pase a lo siguiente, acerqué el vibrador y lo encendí. Primero lo pegue a la capucha de su clítoris, para comenzar a excitarla. Ella intentó cerrar sus piernas y trató de quitar mis manos con las suyas.

—Ay, se siente raro —se quejó.

—Si mi amor, pero trata de relajarte, pronto te sentirás muy bien, te lo prometo.

Ella me hizo caso, intento relajarse abriendo sus piernas y bajando sus manos, también cerró sus ojitos. Yo volví a pegar el vibrador a su piel. Ella dio un pequeño espasmo cuando lo volvió a sentir, pero esta vez no intentó detenerme. Después de unos segundos de mantener el vibrador ahí, ella comenzó a disfrutar, pequeños gemidos escapaban de su boca. Si clítoris se estaba hinchando poco a poco. Una vez que su botoncito era visible, despegué por uno segundo el vibrador. Pelé su capuchita hacia atrás, revelando el pequeño pero excitado clítoris de Fátima. Acerqué el vibrador hacia este y lo encendí, ese fue un estímulo demasiado grande para una pequeña de 5 años. Ella inmediatamente reaccionó, tratando de escapar.

—Ay, ay se siente muy raro… no me gusta… —dijo, volviendo a cerrar sus piernas e intentando quitar mis manos de ese lugar.

—Aguanta un poco Fati —dije, presionando más el vibrador contra ella.

Fati comenzó a moverse, tratando de escapar del vibrador. Yo lo mantuve firme, pegado a ella en todo momento. La desesperación empezó a notarse en su rostro, ella no aguantaba más. Aún así yo no le quité el vibrador de ahí. Luego de forcejear unos segundos más ella finalmente se rindió al no poder hacer nada. Se quedó quieta tratando de resistir la cruel estimulación que le estaba dando. De pronto pasó algo que ni yo esperaba, su cuerpo se tensó y puso los ojos en blanco y abrió la boca dando un fuerte gemido. Era increíble, había forzado un orgasmo en la pequeña Fati. Nada mal para su primera “revisión”. Su orgasmo duro varios segundos, después separé finalmente el vibrador de su clítoris, se merecía un descanso.

—Lo hiciste excelente Fati, eres realmente increíble —le dije—. ¿Te gusto lo que sentiste al final?

—Yo… no lo sé, fue muy extraño, sentí como si tuviera muchas ganas de hacer pipí, pero después algo más, me dio mucho miedo.

—Entiendo, poco a poco irás perdiendo ese miedo y aprenderá a disfrutar esto cariño, por hoy terminamos. 

—¿Ya puedo regresar con mis hermanas?

—Así es, pero antes debes prometerme algo, estas revisiones son privadas, no debes decirle a nadie lo qué pasa aquí si, ni siquiera a tus hermanitas. Si lo haces serás castigada, tendré que darte muchas nalgadas, ¿entendiste?

—No le diré a nadie, no quiero nalgadas —dijo algo asustada.

—Si eres buena niña no tendré que dártelas. Así que no te preocupes —le dije para tranquilizarla—. Ven, vamos a llevarte de regreso.

La llevé a la sala de espera, donde estaban sus dos hermanas. Ya solo me faltaba la mayor, con ella me divertiría de manera muy diferente. La mande a llamar, ella me acompañó hasta mi consultorio. Una vez dentro comencé como lo hice con sus hermanas.

—Hola preciosa, yo soy la Doctora del orfanato, la señorita Amy. ¿Cual es tu nombre?

—Me llamo Abril —dijo tímidamente.

Abril se veía más decaída que sus hermanas, tenía la edad suficiente para comprender lo que había pasado con sus padres y los cambios que había tenido su vida. Ella sabía lo duro que sería vivir en un orfanato, pero en realidad no se esperaba lo difícil que realmente sería a partir de hoy. Yo iba a ser mucho más dura con ella de lo que fui con sus hermanas, tenía que serlo. Por su edad, estaba en una zona complicada y no me dejaba más opción.

Teníamos una estrategia para empezar a jugar con las niñas dependiendo de su edad. Si es muy pequeña lo haríamos poco a poco, para que se fuera acostumbrado y sintiera el sexo como algo natural y normal en su vida diaria. 

Si era un poco más grande, como Fati, bastaba con amenazarla con ser castigada si decía algo, después podías jugar con ella sin mucho riesgo. Siempre y cuando no le provoques demasiado dolor, claro. 

Pero con pequeñas de 8 a 12 años era distinto, ellas no eran tan fáciles de manipular y había mucho riesgo de que buscaran ayuda de algún adulto. Así que las niñas de esa edad tenían que ser tratados de forma distinta, había que romperlas un poco para asegurar su silencio, hacerlas creer que no tienen forma de escapar y que si hablan solo sería peor para ellas. Además, que Abril tuviera dos hermanas más pequeñas nos iba a facilitar mucho el trabajo.

La cosa volvía a cambiar con las chicas de 13 a 17 años, en esa edad estaban bastante curiosas por su sexualidad, era la edad donde empezaba la calentura. Con ellas era fácil tratar, solo tenías que seducirlas un poco y ellas solas caían a tus pies, buscando tener cualquier encuentro sexual posible. 

Por otro lado, los varones era mucho más simples, no importa la edad, a ellos siempre les va a encantar que juegues con su pene. Y ellos siempre guardarían silencio con la esperanza de tener otro encuentro que los haga eyacular. Los chicos terminan siendo esclavos de su deseo sexual, así los controlábamos en este lugar.

Empecé a hacer mi revisión de rutina con la última hermana. Ella parecía más familiarizada con los chequeos médicos. Ahora quedaba ver cómo reaccionaba cuando le pidiera que me mostrara su cuerpo.

—Muy bien Abril, todo parece normal, pasaremos a lo siguiente. Necesito que te quites la ropa para verificar que no tienes ninguna herida o algo más en tu cuerpo —le dije. 

—Entiendo… —dijo, parecía que tenía algo de vergüenza, pero mi explicación la convenció.

Ella se quitó su ropa, solo quedándose con sus panties. Yo la revisé por todos lados, tenía un lindo cuerpo, todas las hermanas eran bastante bonitas, pero Abril fue la más beneficiada por la genética. Después de comprobar que no había nada extraño pase a lo que más me interesaba.

—Muy bien Abril, parece que todo está en orden, ya solo me falta tomarte la temperatura y algo más.

—¿Ya puedo vestirme? —preguntó con algo de vergüenza.

—Temo que aún no, de hecho voy a necesitar que te quites tus panties, te tomaré la temperatura con un termómetro rectal.

—¿Eh? ¿No hay otra forma?

—Es que solo así podré obtener una medida exacta de tu temperatura, de las otras formas no obtendré una buena medida —mentí.

—Está bien… —dijo, pero no parecía muy convencida.

Se bajo los panties y se acostó boca abajo en la mesa de revisión. Yo saqué un termómetro de mi escritorio y me acerqué a ella. También había tomado un poco de lubricante y unos guantes. Puse algo en el termómetro y le abrí sus nalgas un poco.

—Sentirás algo de frío, no vayas a moverte por favor —le dije.

—Ok —dijo nerviosa.

Metí el termómetro en su ano. Lo mantuve ahí un par de minutos. Esto solo lo había hecho para humillarla un poco. Empezar a destruir su autoestima era el primer paso. El principal problema con las niñas de esa edad es que ya se encontraban entre cuarto y sexto de primaria, ya habían empezado a ver temas de sexualidad en la escuela. Por lo que eran más conscientes de lo que pasaba con ellas. Y en el caso de Abril no sería diferente. Le saqué el termómetro y terminé de revisar su temperatura, después lo desinfecte muy bien y lo guardé. Antes de regresar con ella envié un mensaje a una de las encargadas, pidiendo que enviaran a Fernanda a mi consultorio. Después regresé con Abril.

—Vamos a realizar la última prueba Abril, voltéate y abre tus piernas, tengo que revisar tu vulva corazón —le pedí, como si fuera lo más normal del mundo.

—¿Mi que? ¿Usted quiere ver ahí abajo? ¿Esto es normal un una revisión? —pregunto, comenzando a sospechar que algo no estaba bien.

—Lo es cariño, no te preocupes, será rápido.

—… —Dudo un poco, pero finalmente aceptó—. Bueno… 

Se volteó y abrió sus piernas, yo me puse entre ellas, apreciando el manjar que tenía delante mío. Abrí sus labios, viendo el máximo esplendor de su preciosa flor. Con mis dedos comencé a frotar su clítoris un poco. Ella al principio se dejó, tal vez pensando que solo la estaba revisando, pero al no detener mis caricias, ella sintió que algo malo estaba sucediendo.

—¿Qué…? ¿Qué está haciendo?

—Tranquila, solo te estoy revisando —dije, mientras empujaba un poco mi dedo en su abertura vaginal.

—¡Ay! No. En la escuela nos dijeron que nadie nos debía tocar de esta forma… ni siquiera nuestro padres…

—Bueno, pero yo soy una doctora…

—No, déjeme ir ya —dijo, moviéndose hacia atrás, impidiéndome seguirla tocando.

—Vamos Abril, te aseguro que te va a gustar al final.

—No, aléjese de mi, le dire a la señorita que nos trajo que usted me estaba tocando.

Y ahí estaba, por eso hay que tener mano dura con estas chicas. Una lástima, tendré que hacerle mucho más daño hoy del que se hubiera llevado si cooperaba conmigo.

—Ok Abril, esta bien, cálmate un poco si.

—No, déjeme en paz —dijo enojada.

—Bueno, te voy a explicar una cosa Abril, me vas a dejar hacer lo que yo quiera de una u otra forma, te aseguro que será mejor que cooperes.

—No lo haré, voy a decirle a todos lo que usted quería hacerme. 

—Bueno, te explicaré lo que pasará si lo haces. En primer lugar, nadie va a creerte, todos pensarán que solo eres una niña tratando de llamar la atención por que tus papis murieron.

—Eso es mentira —dijo, sus lágrimas empezaron a acumularse en sus ojos.

—Lo es, pero es lo que todos pensarán, además, yo controlo quien se queda y quien se va de este lugar. Para mi sería muy fácil enviarte lejos de tus hermanas. No podrás volver a verlas jamás. Yo en cambio, me voy a divertir mucho con ellas…

—¿Qué? No, no puede hacer eso… —dijo, comenzando a llorar.

—Por supuesto que puedo hacerlo, a menos que seas una buena niña, abras tus piernas para mi y mantengas tu boca cerrada.

—¿Si lo hago me dejará quedarme con mis hermanitas?

—Así es, dejaré que las tres se queden aquí, este es el mejor orfanato de la ciudad, no querrás que vayan a otro lugar donde ni siquiera puedan darles suficiente comida. Esta es su mejor opción, lo único que tienes que hacer es dejarme divertirme un poco con tu cuerpo…

—Esta bien, la dejaré tocarme ahí.

—Temo que ese tren ya partió Abril, ahora haré contigo algo más que solo tocarte…

En ese momento alguien tocó la puerta. Los ojos de Abril se iluminaron, ella pensó qué tal vez sería rescatada, pero solo era Fer, mi chica, la que me ayudaría a desflorarla en este consultorio. Fer había sido una buena niña, ella sí había cooperado desde que tenía 8 años, por eso era mi favorita. Cuando llegue a este lugar y comencé mis juegos, ella nunca opuso resistencia e incluso me ayudo a controlar a las demás niñas, junto con las chicas más grandes. Por eso ahora la tenía a ella a cargo de las demás, le había otorgado el puesto más alto en la jerarquía de la sociedad en la que vivían estos niño, solamente yo y la directora estábamos por encima de ella. Y hoy me ayudaría a demostrarle eso a la pobre Abril.

Continuará…

6 Lecturas/7 marzo, 2026/0 Comentarios/por Madie1208
Etiquetas: escuela, hermana, mayor, mayores, metro, orgasmo, sexo, vagina
Compartir esta entrada
  • Compartir en Facebook
  • Compartir en X
  • Share on X
  • Compartir en WhatsApp
  • Compartir por correo
Quizás te interese
La Pequeña María (parte 2)
Las nuevas aventuras de Jorgito el putito de su niñero capitulo 2 . Sumisión Black Alfa.
Papi mi primer y único hombre III
Violada por mis invitados 4 (Final)
La visita inesperada
Naomi y el sexo: La mirona
0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir!

Deja una respuesta Cancelar la respuesta

Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.

Buscar relatos

Search Search

Categorías

  • Bisexual (1.397)
  • Dominación Hombres (4.286)
  • Dominación Mujeres (3.152)
  • Fantasías / Parodias (3.458)
  • Fetichismo (2.838)
  • Gays (22.497)
  • Heterosexual (8.541)
  • Incestos en Familia (18.738)
  • Infidelidad (4.596)
  • Intercambios / Trios (3.206)
  • Lesbiana (1.179)
  • Masturbacion Femenina (1.044)
  • Masturbacion Masculina (1.996)
  • Orgias (2.135)
  • Sado Bondage Hombre (465)
  • Sado Bondage Mujer (196)
  • Sexo con Madur@s (4.496)
  • Sexo Virtual (272)
  • Travestis / Transexuales (2.484)
  • Voyeur / Exhibicionismo (2.608)
  • Zoofilia Hombre (2.263)
  • Zoofilia Mujer (1.684)
© Copyright - Sexo Sin Tabues 3.0
  • Aviso Legal
  • Política de privacidad
  • Normas de la Comunidad
  • Contáctanos
Desplazarse hacia arriba Desplazarse hacia arriba Desplazarse hacia arriba