El Orfanato Capítulo 4
Seguimos con algunas de las revisiones y visitas a la enfermería de los niños del orfanato. Esta vez un par de hermanos gemelos y uno de los chicos mayores irán a revisión. (Historia completamente ficticia, esto es solo una pequeña fantasía).
Lo primero que tenía en mi lista de pendientes el día de hoy eran un par de hermanos gemelos. Una niña llamada Paulina y un niño llamado Diego. Tenían 7 años y eran muy unidos. Generalmente hacia las revisiones de los chicos con hermanos por separado. Pero ellos era un caso especial, por la cercanía que tenían, yo usualmente los llamaba juntos y nadie lo veía raro. Ellos ya llevaban un par de años en el orfanato y ya sabían a lo que venían a mi consultorio. Los dos chicos entraron, venían tomados de las manos.
—Hola pequeños, ¿están listos para divertirnos el día de hoy? —dije, tras cerrar la puerta después de que ellos pasaran, le puse el seguro.
—¡Si! —respondieron al unísono.
—Bueno, entonces ya saben, fuera ropas.
Los chicos empezaron a desnudarse. En realidad se parecían bastante, como aún no comenzaban su desarrollo eran casi iguales, solamente se diferenciaban por el cabello largo de Pau y sus rasgos un poco más femeninos. Bueno, y por la diferencia en sus genitales, claro. Yo me acerqué a ellos y me puse de rodillas, me incliné un poco y los jale hacia mi. Tenía uno a cada uno de mis lados. Comencé con Diego, metí su pene entero junto con sus pequeñas bolas a mi boca, el aún no estaba erecto. Con mis manos empecé a jugar con la vulva de su hermana. Poco a poco fui sintiendo como se ponía duro dentro de mi boca, oí algunos gemiditos de placer salir de él. Cuando lo sentí duro, me cambié de infante. Pase a lamer a Pau. Seguí estimulando el pene de Diego con mi mano mientras tenía la boca pegada a los labios inferiores de su hermana. Ella también había empezado a gemir. De pronto escuché un ruido distinto venir de arriba. Giré un poco mi cabeza para ver lo que estaba pasando. Pau y Diego habían comenzado a besarse intensamente. Estos hermanos eran demasiado amorosos, y pronto lo serían más, los llevaría al siguiente nivel en un momento. Cuando noté que ambos estaban muy excitados me levanté. Ellos se separaron al ver que haríamos otra cosa. Desabroche mi pantalón y me lo quité, también baje mis bragas y las dejé a un lado, había quedado desnuda de la parte de abajo.
—Muy bien chicos, ahora les toca a ustedes.
—Si señorita Amy… —dijeron al mismo tiempo.
Pau tomó mi parte delantera y su hermano la trasera, yo abrí las piernas para facilitar un poco su trabajo. Pau comenzó a lamer mi vulva con una maestría que no correspondía con alguien de su edad. No era ni de cerca tan buena como Fernanda, pero si que sabía defenderse. Diego en cambio me daba un beso negro, lamía al rededor de mi ano y metía su lengua en su interior. Ambos chicos lamían, chupaban y metían sus lenguas en mis agujeros. Lo más increíble era la sincronización que tenían. Parecía que era el trabajo de una sola persona con dos bocas, eso de que los gemelos están conectados era verdad. Después de unos minutos me sentía cerca, tomé la cabeza de ambos con mis manos y las apreté hacia mi. Ellos entendieron el mensaje y comenzaron a trabajar con mayor intensidad. Tuve un buen orgasmo, que dos gemelos de 7 años te realicen sexo oral de ambos lados era una de las mejores experiencias que alguien podría tener.
—Ufff, eso estuvo muy rico niños, muchas gracias.
—De nada señorita Amy —dijeron con sincronía.
—Bueno, creo que llegó el momento chicos, hoy van a perder la virginidad uno con el otro.
—¿Virginidad? —preguntó Pau.
—¿Que es eso? —preguntó Diego.
—Significa que van a tener sexo vaginal por primera vez, tú meterás tu pene en la entrada de Pau, Diego. Se van a sentir muy bien los dos juntos.
—Oooh —dijeron los dos. Era muy divertido hablar con estos niños.
—Bueno, comencemos vamos a una cama. Tu acuéstate boca arriba Diego, Pau ira sobre ti.
Los niños me hicieron caso. Diego se acostó y espero a su hermana. Yo la ayude a subir y la sostenía para que no fuera a lastimar a Diego. Había tomado un pequeño vibrador para ayudar a Pau a sentirse bien. No creo que la fuera a lastimar, el pene de Diego aún era muy pequeño y yo ya había roto el himen de su hermana hace tiempo. En realidad me preocupaba un poco más que ella fuera a lastimar a Diego. Hubiera sido mejor que él fuera arriba, pero quería ver a Pau saltando sobre el falo de su hermano. La coloqué justo donde debía estar, la fui bajando poco a poco y acomode el pene de Diego en la entrada de su vagina. Después la terminé de bajar hasta la base, Diego había cambiado de expresión mientras esto sucedía, tenía una cara de placer y satisfacción muy tierna.
—¿Como se siente penetrar tu primera vagina Diego? —le pregunté.
—Se siente caliente, es muy rico…
—Y tú Pau, ¿que es lo que sientes? —ella también había puesto una cara de placer mientras la bajaba hasta que tocara la piel de su hermano.
—Puedo sentirlo dentro de mi, también se siente caliente… —dijo.
—Muy bien Pau, ahora voy a empezar a moverte, tú solo sigue mis movimientos y no vayas a hacer algo brusco, no queremos que diego salga lastimado.
—Ok.
Encendí el vibrador y lo puse en el clítoris de Pau, además comencé a subirla y bajarla. Empecé lento, pero con solo esos movimientos Diego ya estaba soltando bufidos de placer. Pau también se la estaba pasando bien, ella seguía el ritmo que él indicaba y disfrutaba del pene de su hermano y el vibrador que tenía en su clítoris. Poco a poco fui guiando a Pau, ella empezó a moverse más rápido, daba pequeños brinquitos sobre su hermano que lo estaban volviendo loco. La respiración de ambos aumentaba, pau comenzó a gemir algo fuerte, y Diego al oírla comenzó a imitarla, gimiendo como niña a punto de llegar al orgasmo. Una vez más me sorprendió la increíble sincronización que estos dos tenían. Ellos llegaron al órganos al mismo tiempo. Había ayudado a Pau un poco con el vibrador, pero aún así fue algo impresionante. Pau se había dejado caer sobre su hermano, ambos seguían muy agitados. Después de unos segundos buscaron la boca del otro y su fundieron en un intenso beso. Estos gemelos eran otra cosa.
Los dejé disfrutar de ellos un par de minutos más, luego los mandé a vestir. Ellos solo podían demostrar este amor que se tenían en esta enfermería. Fuera de aquí tenían prohibido cualquier contacto más allá de abrazos y tomarse de la mano, así que ellos aprovechaban todo lo posible. Pero nuestro tiempo ya se había alargado demasiado, sería mejor que los regresara a su clase en cuanto antes.
Luego de que los gemelos se fueron llame a mi siguiente paciente. Alan, un chico de 12 años, de los mayores que teníamos en el orfanato. Alan no tardo mucho en llegar, el joven estaba ansioso por ser ordeñado el día de hoy. Alan debía haber comenzado la pubertad, si no fuera por los bloqueadores que le daba. Aunque esto no funcionaría eternamente, tal vez un par de años como mucho y tendría que transferirlo. Él había estado casi desde que yo llegue al orfanato, entró tan solo dos años después, por lo que lo conocía desde los 6. Era un buen chico, pero a mi solo me gustan los niños, no los hombres adultos. Con las chicas no tenía ese problema, podía seguirlas disfrutando sin importar la edad. Aún tenía encuentros de vez en cuando con algunas de las que ya habían abandonado el orfanato por la edad.
Como sea, aún podía seguir disfrutando de Alan un par de años más, solo debía seguir con su tratamiento hormonal para mantenerlo sumiso y obediente. Cuando él entró me saludo muy cortésmente.
—Hola señorita Amy, como ha estado —dijo, haciendo una pequeña reverencia de sumisión en su saludo.
—Muy bien Alan, ¿y tú? ¿Como te ha ido con las chicas? —las chicas mayores eran bastante duras con los niños más grandes, probablemente Alan no lo esté pasando muy bien en este momento.
—Bueno… —sus ojos se pusieron algo vidriosos y su voz se quebró un poco—. Hay una chica que se está metiendo conmigo… me golpea y pellizca mis testículos cuando Fer no está viendo… el otro día me obligó a masturbarme y luego me obligó a tomar mi propio semen del piso. También me ha hecho beber su orina y lamer su lugar especial.
—¿Quién es Alan?, puedes decírmelo.
—Ella me dijo que si lo hacía me iría peor…
—No te preocupes mi vida, te aseguro no dejaré que te haga más daño —le dije para tranquilizarlo.
—Es… es Paola, la chica de 15 años.
—Ya veo, Pao puede ser algo cruel a veces, hablaré con ella y dejará de molestarte mi cielo.
—Gracias doctora.
Esa chica a veces era un problema. Siempre se metía con los chicos más grandes. La dejaba que se divirtiera un poco, así mantenía a raya a los hombres, pero a veces tomaba un solo objetivo e iba demasiado lejos.
—Bueno Alan, ¿qué tal si ahora te hacemos sentir bien?
—Eso me encantaría señorita.
—Bueno, pues desnúdate y sube a la mesa de revisión Alan, ponte a cuatro patas.
—Como ordené.
Alan se desvistió y se puso como le indiqué. Yo fui por un frasco para almacenar el semen que saqué de el. También me puse unos guantes, iba a realizarle un masaje en la próstata. Tomé algo de lubricante y lo puse en mis manos, comencé a frotarlas como si me estuviera enjabonando los dedos. Después me acerqué a Alan.
—¿Estas listo mi niño? Voy a empezar, sentirás un poco de frío ahí detrás.
—Está bien.
Comencé a meter mis dedos en su ano, ya lo tenía bastante entrenado, por lo que no fue difícil. Busque su punto g masculino (también llamado punto p) y comencé a estimularlo. El de inmediato se puso muy erecto y comenzó a lanzar pequeños bufidos. Con mi otra mano tomé su pene y empecé a hacerle una paja. Cuando sentí que estaba cerca solté su pene y puse el frasco en la punta de este. Seguí estimulando su próstata hasta que se vino sin seguir tocando su pene. El casi llena el frasco entero de una sola eyaculación.
—Muy bien Alan, esa fue una buena carga. Veamos cuanto más podemos sacarte.
—Señorita Amy… ¿usted cree que yo…? ¿Que yo…? —dijo algo nervioso.
—¿Qué tú que Alan? —me imaginaba que me iba a pedir.
—Bueno… ya hace mucho que usted no hace el amor conmigo…
—Ya hemos hablado de esto Alan, ya me puedes dejar embarazada con tu semen. Ahora que esta más grande hay más riesgos, tendríamos que usar un condón y sabes que no me gustan.
Era una mentira, yo estaba bajo la píldora, no podía arriesgarme a que uno de los niños me dejara embarazada si se corre dentro, pero ya no me gustaba tanto Alan como cuando era pequeño. Aún así me daba algo de pena ese chico. Tal vez merecía una recompensa por su buen trabajo.
—Entiendo señorita, lamento haberle preguntado…
—Te dire que Alan, voy a dejar que te cojas a Paola el día de tu cumpleaños, será un buen castigo para ella.
—¿En serio? —dijo entusiasmado, el chico cumpliría 13 la próxima semana.
—Ajá, solo no le digas nada, si arruinas la sorpresa entonces cancelaré todo.
—No lo haré, lo prometo señorita Amy.
—Bueno, ahora sigamos con esto.
Seguí ordeñando a Alan, logre sacar otros 3 buenos chorros. Hubiera podido sacar un poco más si no hubiera sido por Paola, que había desperdiciado algo de él. Le diría a Fernanda que se encargue de disciplinarla.
Alan parecía muy satisfecho con la “revisión” del día de hoy. Se vistió y se fue muy contento. Yo había obtenido dos buenos frascos de espesa leche, también estaba bastante satisfecha. Después de quitarme los guantes y tirarlos tomé mi teléfono y pedí por el grupo del orfanato que enviaran a Fernanda a mi consultorio. Le hablaría sobre Alan y Paola y le preguntaría como le estaba llenado a Abril y sus hermanas.
Continuará…


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