ELVIS
En la noche de su programa número veinticinco mil, Elvis, una leyenda de la radio, recibe la llamada de un hombre que ha convertido el destino de Ruby, una niña de seis años, en el centro de una ceremonia oscura….
…
obligándolo en directo a participar con su voz en un ritual que puede destruir a dos familias y revelar secretos largamente enterrados
La noche era densa y pesada, como si el aire mismo estuviera cargado de secretos y deseos reprimidos. En el estudio de radio, Elvis, una leyenda con una voz que podía hacer temblar las paredes, se preparaba para su programa número veinticinco mil. Las luces brillaban con un resplandor artificial, creando un contraste marcado con la oscuridad que se cernía fuera. Elvis, con su cabello plateado y su presencia imponente, se sentó frente al micrófono, ajustando los auriculares con una calma que contrastaba con la electricidad que sentía en el ambiente.
«Buenas noches, queridos oyentes,» comenzó, su voz profunda y resonante llenando cada rincón del estudio. «Hoy, en esta noche especial, estamos a punto de vivir algo extraordinario. Pero primero, déjenme presentarme. Soy Elvis, su guía en este viaje nocturno, y esta noche, prometo que será inolvidable. Como es costumbre en nuestra celebración de programas especiales, hoy vamos a abrir las líneas para que ustedes, nuestros fieles oyentes, compartan con nosotros sus más profundos secretos. Así que, prepárense, porque este programa de hoy será de confesiones. Habilitaremos las llamadas de manera inmediata, y quiero que me cuenten sus más profundos secretos, amigos. Estoy aquí para escucharlos, para guiarlos a través de sus historias y, quién sabe, quizás descubramos algo que cambie nuestras vidas para siempre.»
Mientras hablaba, el teléfono del estudio sonó, un timbre agudo que cortó el aire como un cuchillo. Elvis frunció el ceño, pero respondió con su habitual profesionalismo. «Buenas noches, soy Elvis. ¿En qué puedo ayudarle?»
El hombre al otro lado de la línea tenía una voz grave y pausada, como si cada palabra fuera pesada y cargada de intención. «Buenas noches, Elvis. Soy alguien que ha estado esperando este momento. Tengo una historia que compartir, pero no es una historia ordinaria. Es sobre una niña llamada Ruby, de seis años, y el destino que ha sido tejido para ella.»
Elvis sintió un escalofrío recorrer su espalda, pero mantuvo su voz firme. «Estoy aquí para escuchar, señor. Por favor, continúe.»
El hombre hizo una pausa, y Elvis casi podía sentir la tensión aumentando. «Ruby ha sido elegida para algo más grande que ella. Su destino está entrelazado con un ritual antiguo, uno que puede cambiar el curso de muchas vidas. Esta noche, necesito su voz, Elvis. Necesito que participe en este ritual, que use su poder para guiar a Ruby a través de esta prueba.»
Elvis, con su experiencia y sabiduría, sabía que estaba entrando en un terreno peligroso. «Señor, ¿de qué ritual está hablando? ¿Y cómo puede una niña de seis años ser parte de algo así?»
El hombre ignoró la pregunta. «El ritual requiere tres voces. La mía, la de Ruby, y la suya, Elvis. Juntos, podemos abrir un portal a lo desconocido, revelar secretos que han estado enterrados durante generaciones. Pero para hacerlo, necesito que confíe en mí. Necesito que use su voz para guiar a Ruby a través de las palabras que le diré.»
Elvis miró alrededor del estudio, como si buscara respuestas en las sombras. «Señor, esto es muy serio. Necesito más información. ¿Qué secretos se revelarán? ¿Y quiénes son las familias que podrían ser destruidas?»
El hombre suspiró, y Elvis pudo sentir la presión en su voz. «Las familias son las de Ruby y la mía. Los secretos son antiguos. Pero es necesario, Elvis. Es el destino de Ruby, y el suyo también.»
Elvis cerró los ojos, sintiendo el peso de la decisión. «Muy bien, señor. Haré lo que pueda. Pero necesito que me guíe paso a paso. No puedo simplemente seguir instrucciones sin entender el propósito.»
El hombre asintió, aunque Elvis no podía verlo. «Lo entiendo, Elvis. Le guiaré. Pero primero, necesito que llame a Ruby. Ella debe estar lista para cuando comience el ritual.»
Elvis, con el corazón latiendo con fuerza, intentó mantener la calma. «Ruby, ¿puedes oírme? Soy Elvis. Estoy aquí para ayudarte.»
La voz de Ruby, temblorosa y llena de lágrimas, respondió. «Sí, puedo oírte. Tengo mucho frío, Elvis. No tengo mi ropa.»
Elvis sintió una punzada de dolor en el pecho. «Ruby, ¿dónde estás? ¿Puedes decirme quién está contigo?»
Ruby sollozó, y Elvis pudo escuchar sonidos guturales de fondo, como si alguien estuviera susurrando o haciendo ruidos extraños. «Estoy con él. El hombre me trajo aquí. Me dice que debo obedecer.»
Elvis intentó mantener su voz firme, pero podía sentir la rabia y la preocupación creciendo dentro de él. «Ruby, ¿puedes decirme cómo te trajo aquí? ¿Qué te hizo?»
Ruby hizo una pausa, y Elvis pudo escuchar su respiración entrecortada. «Me trajo en su coche. Me dijo que iba a ser especial. Pero ahora tengo miedo. Me hace hacer cosas raras. Me dice que ponga mi boca en su… su pipi. Y no me gusta, Elvis. Duele y me da asco.»
Elvis sintió náuseas, pero sabía que debía mantener la compostura. «Ruby, ¿dónde estás ahora? ¿Puedes ver algo a tu alrededor? ¿Alguna señal de dónde estás?»
Ruby lloró más fuerte, y Elvis pudo escuchar el hombre de fondo, susurrando algo que sonaba como un cántico. «No sé. Está oscuro. Solo hay velas»
Elvis cerró los ojos, intentando pensar con claridad. «Ruby, escúchame. Voy a ayudarte. Pero necesito que me digas todo lo que puedas. ¿Puedes ver algo que te indique dónde estás? ¿Alguna cosa que te sea familiar?»
Ruby sollozó, y Elvis pudo escuchar el hombre susurrando de nuevo. «No, Elvis. Él me dice que debo obedecer.»
Elvis sintió una mezcla de rabia y desesperación. «Ruby, voy a encontrarte. Pero necesito que te mantengas fuerte. ¿Puedes hacer eso por mí?»
Ruby asintió, aunque Elvis no podía verla. «Sí, Elvis. Intentaré ser fuerte. Pero tengo mucho miedo.»
Elvis tomó una respiración profunda, sabiendo que debía actuar rápido. «Ruby, escúchame. Voy a colgar ahora, pero voy a encontrar la manera de ayudarte. Quédate callada y haz lo que te digo. No le digas al hombre que hablamos. ¿Entiendes?»
Ruby sollozó de nuevo, pero respondió. «Sí, Elvis. Haré lo que me digas. Pero por favor, date prisa.»
Elvis colgó el teléfono, su mente corriendo a toda velocidad. Sabía que debía actuar rápido. La vida de Ruby dependía de ello.
Elvis escuchó, su curiosidad piquada. «¿De qué se trata?» preguntó, su voz llena de una mezcla de intriga y cautela.
«Es una ceremonia,» continuó la voz. «Una ceremonia que requiere tu participación. Necesito que uses tu voz para guiar a una niña de seis años a través de un ritual. Una niña llamada Ruby.»
Elvis se quedó en silencio por un momento, procesando las palabras. «Una niña,» repitió, su mente corriendo a toda velocidad. «¿Qué tipo de ritual?»
La voz al otro lado de la línea se volvió más intensa, casi hipnótica. «Es un ritual de iniciación. Ruby es especial, y esta noche, su destino se decidirá. Necesito que sigas mis instrucciones al pie de la letra. Tu voz será el catalizador.»
Elvis asintió, aunque sabía que el hombre no podía verlo. «Está bien,» dijo, su voz firme. «Estoy listo.»
Pero en su interior, una tormenta de emociones lo asaltaba. «¿En qué me he metido?» se preguntaba, su mente corriendo a toda velocidad. La idea de guiar a una niña de seis años a través de un ritual tan oscuro y perverso lo excitaba de una manera que no podía controlar. Su cuerpo respondía con una anticipación que era casi dolorosa, una mezcla de deseo y prohibición que lo dejaba sin aliento. Al mismo tiempo, una voz en su cabeza le gritaba que esto estaba mal, que estaba cruzando una línea de la que no había retorno. «¿Cómo puedo estar haciendo esto?» se cuestionaba, sintiendo una oleada de vergüenza y culpabilidad. Pero la excitación era demasiado fuerte, demasiado abrumadora, y se encontró incapaz de resistir.
«Excelente,» respondió la voz. «Primero, necesito que describas algo para nosotros. Algo que despierte los sentidos.»
Mientras la voz hablaba, la mente de Elvis se llenó de pensamientos oscuros y perversos. Imaginó a la niña, Ruby, y cómo su voz podría guiarla a través de un ritual que, en su mente, se tornaba cada vez más retorcido y prohibido. La idea de ser testigo, o incluso de participar indirectamente, en algo tan tabú y oscuro le excitaba de una manera que no podía controlar. Su mente divagaba entre la anticipación del placer prohibido y la repulsión por la aberración que estaba a punto de presenciar.
Elvis tragó saliva, su mente divagando entre la excitación y la repulsión. «Entiendo,» dijo, tratando de mantener la compostura. «¿Dónde están ustedes?»»Estamos en una habitación oscura, solo iluminada con unas velas de incienso. Nuestros cuerpos están desnudos y listos. Ruby está de rodillas, su pequeño cuerpo temblando de anticipación. Necesito que la guíes, que la prepares para lo que viene.»
Elvis, con una lucidez que contrastaba con la tormenta de emociones en su interior, se volvió hacia su equipo. «Chicos, pónganse en contacto con la policía. Digan que hay una posible situación de abuso en curso.»
Volviéndose hacia el teléfono, continuó: «Ruby, acuéstate en el suelo. Cierra los ojos y respira profundamente. Siente cómo tu cuerpo responde, cómo se prepara.»
Mientras Elvis hablaba, al otro lado del teléfono, la escena era una mezcla de tensión y perversión. La habitación, iluminada tenuemente por las velas, proyectaba sombras danzantes en las paredes, creando un ambiente irreal y casi onírico. Ruby, con sus seis años, estaba arrodillada en el suelo de madera, su pequeño cuerpo desnudo y vulnerable. Sus lágrimas corrían por sus mejillas, mezclándose con el moco que le salía de la nariz. Sus labios temblaban, y de vez en cuando, un sollozo escapaba de su garganta, un sonido desgarrador que contrastaba con la calma forzada del hombre a su lado.
El hombre, completamente desnudo, se cernía sobre ella, su cuerpo musculoso y cubierto de tatuajes. Su verga, ya dura y palpitante, se erguía orgullosa, lista para la penetración. Las venas prominentes recorrían su longitud, y la cabeza, brillante y húmeda, parecía apuntar directamente a Ruby como una acusación. El hombre, con una sonrisa perversa en su rostro, acariciaba su propio miembro, moviendo la mano lentamente, saboreando cada segundo de anticipación.
«Shh, pequeña,» susurró el hombre, su voz un ronroneo peligroso. «No llores. Esto será placentero, te lo prometo.» Pero sus palabras eran vacías, y Ruby lo sabía. Podía sentir el miedo corriendo por sus venas, mezclándose con una confusión que no podía comprender. Su pequeño cuerpo temblaba, no solo de frío, sino de un terror primario que le helaba la sangre.
Elvis no lo veía, pero el hombre había forzado a la niña para que adoptara la postura que había escuchado en el teléfono
El hombre se acercó más, hasta acostarse sobre ella. «Relájate, pequeña,» murmuró, su voz un susurro que era a la vez una orden y una súplica. «Siente cómo tu cuerpo se prepara, cómo se abre para mí.» Y con eso, el hombre agarró sus caderas con fuerza, sus dedos clavándose en su carne suave, y comenzó a empujar su verga contra su ano, una invasión que era a la vez dolorosa y humillante.
Ruby gritó, un sonido que se extendió por toda la cabina de radio, mientras el hombre la penetraba, centímetro a centímetro, llenándola de una manera que nunca había experimentado. El dolor era intenso. El hombre comenzó a moverse, sus embestidas rítmicas y profundas, cada una acompañada por un gemido que resonaba en sus oídos. Ruby, atrapada en una red de poder y sumisión, se encontró incapaz de moverse, incapaz de hacer nada más que aceptar la invasión.
Mientras escuchaba, Elvis sentía una mezcla de repulsión y fascinación. «¿Qué estoy haciendo?» se preguntaba, su mente divagando entre la excitación y la prohibición. La idea de que una niña tan pequeña estuviera involucrada en algo tan perverso lo horrorizaba, pero al mismo tiempo, no podía negar la intensidad de sus propias respuestas físicas. «Esto está mal,» se decía a sí mismo, pero su cuerpo traicionaba sus pensamientos, respondiendo con un deseo primario y desesperado. «Soy un monstruo,» se reprochaba, pero la voz en su cabeza que le gritaba que parara era cada vez más débil, ahogada por la marea de excitación que lo consumía.
«Excelente,» dijo la voz, su tono satisfecho. «Has hecho un excelente trabajo, Elvis. Esta noche, has sido parte de algo especial. Algo que cambiará el curso de dos familias y revelará secretos largamente enterrados.»Elvis colgó el teléfono, su mente un torbellino de pensamientos y emociones. Sabía que había cruzado una línea, que había participado en algo que nunca podría olvidar. Y mientras las luces del estudio se apagaban lentamente, se preguntó qué secretos se habían revelado y qué destino esperaba a Ruby y a las familias involucradas.


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