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Dominación Mujeres, Fantasías / Parodias, Heterosexual

La Catequista

Una leyenda urbana .
¡Hey, tú! ¡Sí, tú! Ven, te contare una historia que puede, más que ninguna otra que te haya contado, ser real o ser una fantasía, así es esta historia, puede ser una completa fantasía psicodélica o una realidad abrumadora y bizarra (Bizarra en su connotación y uso en ingles), es una historia de alguien que conoces, que has visto, que cumple el rol de madre, esposa, hija, hermana, tía o sobrina de alguien que conoces, incluso podría ser que es pariente tuyo, y sí, cumple con todos los roles especificados. Déjame decirte que no importa el físico, aunque te describiré a esta en especial; puede ser alta o chaparra, gorda o flaca, bonita o fea, aunque la que a mi me ocupa en este momento tiene unos rasgos bien definidos, te la describiré a detalle lo más posible, incluso ciertos detalles de quien o quienes la rodean, todo depende de que tan agotador sea para mi encontrar las palabras exactas para hacerlo, ya con esa introducción vamos a ello, amigo mío.

Ella es una mujer alta, de piel blanca y pálida, casi cérea, su pelo largo y de color castaño obscuro ya tiene un ligero entramado de canas en los costados, hilos de plata que acentúan su expresión seria, siempre el pelo peinado hacia atrás, dejando libre su frente, y siempre recogido en un chongo sujeto con una peineta obscura muy discreta o una redecilla igualmente negra, pocas veces porta una trenza que se nota hecha con cuidado extremo, cuidando la perfección en grado sumo de dicha trenza. Sus ojos del tono de las castañas miran con frialdad y severidad, tanta que aún sin haber hecho nada, sientes que te regañan en silencio si se posan en tu persona, no importa tu edad. Pocas veces, y en tu caso nunca, muestra su dentadura perfecta en una sonrisa, menos ríe en una carcajada suelta y destrampada, cuando ríe es como un pequeño chillido de ratón y cuando voltean a buscar quien esta riendo de esa manera, su mano tapa su boca en un gesto de mesura y decoro aprendido y agudizado con los años de practica, los que la tratan dicen que cuando sonríe es únicamente una ligera curvatura en su boca pero sus ojos no acompañan al gesto. La ropa no deja nada a la vista, blusas con cuello alto a veces lisas, a veces con gorgueras, y mangas largas con puños y olanes hasta las muñecas; faldas largas y amplias, con el dobladillo hasta los tobillos que no toca el piso por la elevación que le brinda el pequeño tacón de sus zapatos negros o de sus botines igualmente negros. Si usa zapatos con ese pequeño tacón, deja ver unos empeines enfundados en una medias de color café obscuro que siempre se mantienen lisas sin ninguna arruga (Y sí, son esas medias que sólo usan las ancianas que ya huelen a viejo y orín rezagado o las beatas). Pocas cosas adornan su fisonomía ya que el maquillaje es nulo, inexistente. Por bisutería únicamente unos aretitos con forma de bolita o unas pequeñas arracadas cuelgan de sus orejas, la alianza de oro en su dedo anular izquierdo y un pequeño reloj de caja redonda y de manillas con una correa de cuero negro impecable en su muñeca derecha, la cara del marcatiempo viendo hacia adentro. Casi siempre la veras con un pequeño crucifijo de plata sobre el pecho, y por abrigo suéteres ligeros de colores claros o blancos, con cuellos amplios en «V» para que no tapen el crucifijo cuando lo porta.

Hablemos de su esposo, casi siempre es un tipo severo, igual que ella, aunque hasta cierto punto bonachón, pero el de mi relato es específicamente un tipo nimio, un señor ya entrado en años, con rodete en la cabeza que dejan un casco desnudo de pelo, en el poco pelo que mantienen sus costados y su nuca ya hay canas bastante dispersas y que van ganando en numero contra el pelo negro del tipo. Es bajito, al menos es de menor altura que ella, y que si los mides a la par, la cabeza de él apenas llega al busto de ella. Esta tan minimizado por ella que apenas ahondare en su descripción, solamente añadiré que cuando ella lo mira severamente, él termina cerrando el pico y guardándose su opinión para si mismo.

Digamos qué, por circunstancias de la vida o el destino (Me da lo mismo a quien culpes), recibes a un familiar en desgracia en tu casa, la fortuna le ha jugado una mala pasada y ha quedado a la desventura; para fortuna de tu pariente… , digamos que es tu primo, así qué para fortuna de tu primo él es de los pocos que aun consideras familia y te sabe mal dejarlo a la deriva, lo recibes con la promesa de que será sólo por un tiempo que él espera que sea corto para no interferir tanto en tu rutina; a tu atmosfera llegan entonces cinco integrantes algo bulliciosos que meterán algo de color extra a tu vida, a saberse: Tu primo, su esposa y tres pequeños diablillos, un chaval de casi once años, una princesa de ocho y un pequeño torbellino de dos años que ya camina. Por las mismas circunstancias de la vida que a tu primo le metieron zancadilla, tú tienes un trabajo estable que te permite ser tu propio dueño y patrón así que trabajas en casa mientras tu primo y su esposa salen a trabajar (Afortunadamente encontraron los dos empleo medianamente bien pagado, pero esto te obliga a pasar por los dos más grandes a la escuela, el pequeño queda durante el día al cuidado de personas más capaces, tu hermana, otra prima, etc.) Un día de tantos te sugieren qué si es posible que por las tardes los lleves a una clase en la iglesia mayor de tu ciudad, así es, los inscribieron al catecismo, tú al tener la tarde y prácticamente todo el día libre aceptas, si bien es cierto que no te has parado en la iglesia por años, no le ves inconveniente en llevarlos, al final, no son tus hijos y cada quien los educa como quiere. Se llega el día, ellos van muy monos vestidos para dar una buena impresión en esa iglesia (Es si acaso, el único defecto de tu primo y de su esposa, son lo que se denomina «mochos», igual que toda esa rama de la familia, aunque algo bastante alivianados). Mientras caminas por las calles céntricas llevando a esos dos pillos te encuentras con gente conocida que hace la típica broma – cometario: «¿Son tus hijos? ¡Mira que guardaditos te los tenias! JAJAJAJAJA.» Explicas sin tanto detalle que son tus sobrinos y a donde los llevas, algunos de los personajes típicos y atípicos con quienes te encuentras te miran con cierta sorna y uno de ellos te da algo parecido a una advertencia – aviso: «Sólo cuídate de… «(Vaya, creo que le daremos un nombre algo común pero será un nombre de esos algo antiguos y que al mismo tiempo se escuchan como un nombre serio y digno) «Sólo cuídate de la señora Lorena A. B. De C.» Cuando preguntas por qué la advertencia, tu amigo solamente te guiña un ojo y te deja seguir tu camino, al final no terminas dándole importancia a sus palabras y llegas a tiempo. Por esta ocasión pasas con ellos, se presentan las catequistas, y en unos pocos minutos hacen el resumen de que tiempo estarán los pequeños demonios a su cuidado, así que tienes en promedio una hora ese día, una hora y media a partir de la siguiente semana para vagar en el cuadro principal del «pueblo», podrás ir a relajarte tomando un café o simplemente sentarte en una banca viendo pasar a la gente en el jardín o en la plaza principal. ¡Ah sí! Se me olvidaba mencionar que por no poner la suficiente atención a las indicaciones de la breve presentación al preguntarle a Lorena por tu duda te dirigiste a ella con un amigable «Doña Lorena» al cual ella contesto con su mirada más gélida: «¡Señora Lorena, por favor!», has experimentado por primera vez y de primera mano esa severidad que, después sabrás, es legendaria.

Se suceden la semanas, hay que llevar a los dos pillos al catecismo una vez por semana, tú aprovechas esa hora y media para respirar aire de afuera de tu casa y en esas semanas has reconectado con gente que tenias años sin ver, cuando platicas las primeras veces con quienes tuvieron hijos en ese templo tomando catecismo, uno de cada diez te dice en secreto: «Cuídate de Lorena A. B. De C.» Y al mismo tiempo, con el transcurrir de esas semanas, el trato de Lorena se ha ido suavizando un poco, no deja de mirarte severamente pero su tono de voz ya es más amable. Y se llega el día en que la encuentras en un local algo elegante, un restaurant y bar, ella sentada rígidamente junto a su nimio acompañante, el licenciado C  ¿O contador, o arquitecto, o maestro? (Me da igual su profesión), están sentados en una mesa donde hay reunidos varios personajes variopintos integrantes de la sociedad y alta alcurnia de la ciudad, hablando de proyectos, reformas, políticas y varios temas más de «Importancia Critica» para el desarrollo de la «Suciedad» local, tú en cambio estas ahí por qué al reconectar con ciertas personas han quedado en reunirse como en los viejos tiempos y ocupan una mesa en diferente sección de local, pero hay contacto visual entre ella y tú. Eres hasta cierto punto uno de las almas de la fiesta, estas acostumbrado al desparpajo y al desmadre, ella te mira a la distancia con severidad, pero hay algo más en su mirada, es un algo que aunque esta ahí esta indefinido y de momento no le tomas importancia; te levantas de tu mesa, vas al baño, tienes que pasar cerca, si no es que tienes que pasar junto a dicha mesa para ir a tu destino, caminas con paso seguro, con el aplomo de quien no tiene nada que ver con dichos desconocidos, pasas de largo pero has notado su mirada severa siguiéndote mientras te acercabas, llegas al baño y haces lo tuyo, te lavas las manos y sales, vuelves a pasar por un lado de dicha mesa y te encuentras con que uno de tus compañeros esta saludando a esa pequeña junta de rufianes enmascarados de buenas intensiones, y tiene que ser así puesto que por generaciones su familia también ha pertenecido a dicha camarilla, tu amigo te detiene y en un acto de buena fe te presenta a los ahí congregados (El licenciado, el contador, la doctora, los maestros, los… etc.), saludas y estrechas manos como acto y arte de cierto pulimiento social y finalmente te presenta al «¿? C» (Lo dicho, me da lo mismo su profesión), lo saludas como a los anteriores pero antes de que te presenten te diriges con un respetuoso: «Señora Lorena» (Incluso inclinas un poco la cabeza en señal que tienes educación y buenos modales), la intriga corre en los rostros de los ahí presentes y das una breve explicación de que la conoces por ser la catequista de tus sobrinos a los cuales llevas a tomar catecismo en la misma iglesia donde ella lo imparte, en realidad lo que hiciste por un lado fue dar una pequeña ayuda social a esos diablillos, ya qué en teoría, y en la practica también aunque no del todo, sólo los hijos de pudientes toman catecismo ahí, pero también por otro lado te acabas de poner bajo la mira de Lorena. Se suceden unas pocas semanas y la encuentras en la calle, hay un pequeño saludo de ella hacia ti, un simple «Hola» que contestas con cortesía; los diablillos te obligan a salir por las tardes, la verdad es que tu vida de encierro ha cambiado, sales en promedio tres veces por semana al centro con tu sobrino y tu sobrina después de que terminan sus deberes y han comido (Esa es una de las cosas que han cambiado en tu rutina, la esposa de tu primo prepara de comer para los cinco habitantes que no dependen de nadie para alimentarse de la casa, cosa además rentable para ellos, ya que al querer que se recuperen pronto, tú compras la comida y ella la prepara), los llevas al jardín principal a distraerse y en parte a socializar, van aprendiendo poco a poco los modos y costumbres del lugar, y tú aprovechas para desestresarte del caos que generan encerrados. Resulta que Lorena y tú van en la misma dirección, los dos diablillos ya la han saludado correctamente y tú también con un amable «Buenas tardes señora Lorena», van hacia el carrito que tiene años en una esquina del jardín, ella va por un paquete de pastillas refrescantes con mentol y tú vas por algunas pequeñas golosinas para tus sobrinos y tal vez un cigarrillo suelto, así que medianamente platican mientras los diablillos se adelantan al carrito, nada intimo, todo con decoro, Lorena te da un leve repaso del comportamiento de los niños en el catecismo y pregunta si tú también eres creyente, la respuesta la dejara con los ojos como platos pues eres declaradamente ATEO; le confirmas que sí, que fuiste criado dentro de la religión en cuestión, pero con el tiempo te fuiste alejando tanto de las reglas como de la asistencia al templo, ella intenta argumentar pero tú le rebates con el mismo «Buen Libro», si bien no eres un experto como ella si conoces el libro y sabes perfectamente por que te alejaste del rebaño, ella da intensiones de seguir pero las campanas de la iglesia anuncian que ya es la segunda llamada para la misa, se retira y tú sigues tu paseo con tus sobrinos.

Después de aquel encuentro, Lorena ha sentido curiosidad por ese tipo que le dio respuestas tan apegadas al «Buen Libro» y que a pesar de conocer tal vez lo esencial se ha separado del «Buen Camino», así y después de intercambiar en algunas ocasiones algunas palabras al llevar o recoger a los diablillos o en encuentros posteriores de tus paseos esporádicos viene la invitación a una pequeña charla en algún café, claro es que sólo serán ella y tú. Quedas para cierto día y cierta hora, los diablillos han comenzado a socializar con otros chicos de la familia y te han quitado hasta cierto punto la obligación de estar al pendiente de ellos, tu ¿Hermana, prima, tía? ha aceptado recibirlos unas horas para que vayas a una ¿Cita?, se ríe con sorna tu familiar, llegas cinco minutos antes y ella se encuentra contigo a la hora exacta, no antes no después, el reloj de la iglesia ha dado la primera campanada de la serie que toca antes de comenzar el tañido que indica que hora es cuando ella aparece en el fondo de la calle, con cada tañido ella se acerca más y antes de que termine el conteo Lorena ya esta junto a ti, sugiere un café nuevo en la zona, al ser una ciudad mediana hay pocas novedades, mas no lo sugiere por la novedad, lo sugiere porqué no es de ninguno de sus conocidos; entran en el local y un mesero atento los lleva a una mesa alejada, ella se acerca a la silla pero no la mueve, lo entiendes en seguida, esta esperando a que retires la silla y se la acomodes para que siente, las buenas costumbres y la caballerosidad están siendo puestas a prueba, te sientas frente a ella que adopta una postura rígida desde que tomo asiento, no se ve pero sabes que esta con los pies bien y completamente plantados en el piso, las piernas cerradas y simétricamente alineadas, las rodillas juntas y apuntando al frente, la espalda recta y la cabeza erguida, apuntando a su interlocutor, el mesero pregunta que será su orden, atento a esas buenas costumbres le indicas a Lorena que pida, solicita lo que según la carta del local es un «Capuccino Doppio Di Nata» y tú pides un clásico «Espresso Doppio», además de un pequeño surtido de galletas caseras que vienen en la misma carta, mientras el mesero trae el encargo Lorena comienza el ataque evangelizador, preguntas normales para ese inicio: «¿Por qué te volviste ateo, cuando te volviste ateo, sólo eres ateo cuando te conviene?» Intentas poner un poco de humor en tu primera respuesta, pero la severidad de su mirada te indica que quiere respuestas serias así que contestas de la manera más educada y sincera posible sin caer en las respuestas que sabes provocan ira e indignación en personas como ella. Llegan las bebidas y el plato con galletitas, ella toma una y la lleva a su boca apenas separa los labios y da un pequeño mordisco, como un ratón, dejando una pequeña media luna en el cuerpo de la galleta, ahora da un sorbo al capuchino y le queda un simpático bigote de la crema doble, te das cuenta de que no es fea, es una mujer bastante atractiva, de bellas facciones, es sólo que la severidad de su peinado y su mirada la hacen parecer no tan atractiva, sonríes y le indicas discretamente del bigotillo blanco, ella toma una servilleta y con un movimiento de elegancia perfeccionado se limpia los labios, la platica continua en torno a querer que regreses al redil, pero tus respuestas siempre dan una negativa, finalmente ella termina su capuchino y en un movimiento involuntario comete la primera falta a su… ¿Rigidez, buenas maneras, estilo? Pega el vaso – copa del capuchino a sus labios, lo termina, pero antes de despegar el borde de su boca saca la lengua para hacerse con el resto de nata que ha quedado en el borde, es una lengua pequeña, sonrosada, se pega a la pared de vidrio de una manera que verla te provoca un pequeño pensamiento mórbido, salaz; al verla mover su lengua como una niña que cae en la gula sientes un pequeño punzón en la base de tu miembro, apenas una descarga eléctrica pero al fin y al cabo es una señal de deseo. Lorena deja el vaso – copa en la mesa, ha tomado solo un cuarto aproximado de la cantidad de galletas que había en el plato, tú únicamente comiste dos, demasiado empalagosas, ricas sí, pero empalagosas; pides la cuenta y en dos servilletas divides el restante de galletas, le ofreces una de ellas, Lorena declina pero insistes, le dices que la parte que te llevas la repartirás con los diablillos, así que toma su servilleta con galletas y hace la última pregunta: «¿Eres casado?» Le respondes que sigues soltero y que no le debes explicaciones a nadie en casa, mientras el mesero regresa con la cuenta, le pagas, y se marcha para traer el vuelto, Lorena te dice que ha sido entretenido conocerte, te pregunta si será posible otra salida a tomar un café, tú accedes y ella deja la duda en el aire de cuando sucederá esa próxima cita.

Llega la siguiente clase de los diablillos en el catecismo y Lorena, un poco más seria de lo normal se acerca a ti, recibe a tus sobrinos y mientras esta un poco pegada a ti ha deslizado un pequeño papel en el bolsillo externo de tu chamarra ligera, no lo veras hasta que llegues al jardín a comprar tu acostumbrado cigarrillo suelto, en el papelito solamente hay escrito un día y una hora, acudirás a esa y a las siguientes citas que se sucederán una vez a la semana y siempre serán en alguno de los cuatro días en los que ella no tenga que dar catequesis, tampoco sábado o domingo, y nunca serán el mismo día que la semana anterior, finalmente en la cuarta cita ella te hará ciertas preguntas personales con dos posibles respuestas, una respuesta picara y una respuesta seria, optas en un momento dado a dar una respuesta que combine las dos opciones y Lorena te dará el placer de ver una sonrisa autentica, la curvatura de sus labios acompañara a un pequeño atisbo de curvatura en sus ojos ¡Vaya que es linda cuando sonríe! Después de ese desliz de parte de ella se suceden las cosas de manera algo extravagantes llegando al punto en que cierta noche la encuentras nuevamente en aquel restaurant y bar, la ves dirigirse al baño, el baño de hombres y mujeres comparten un pasillo, dentro de cada baño hay un asistente, es alguien parecido a un mayordomo, pero el pasillo esta siempre desierto, pasan unos pocos minutos, tú calculas el tiempo y la suerte te sonríe, ella viene saliendo del baño de damas cuando tú entras al pasillo, la puerta del baño se cierra detrás de ella, Lorena camina decidida hacia ti, sabe que no harás ninguna locura, o al menos eso cree, ella te mira, su gesto serio, el de siempre, para ella eres un desconocido en ese lugar, haces el movimiento de pegarte a una pared y dejarla pasar, te vuelves, miras que son sólo ella y tú y la tomas por el hombro, ella voltea con cara de incertidumbre pero ya es tarde, la rodeas con un brazo, con la otra mano la sujetas de la nuca y le plantas un beso, ella hace ese sonido como de un pequeño ratón pero su boca esta comprimida por la tuya, trata de forcejear, de safarse, pero termina entregándose a ese beso pasional, es seguro que su esposo jamás la ha besado así, ni siquiera cuando eran novios o en la cama ya casados, es cierto que estas envalentonado por el alcohol que has consumido, pero no es tanto para alegar que no sabes lo que haces y de hecho no lo haces, cuando te despegas de Lorena su mirada severa te fulmina, pero no hay represalias, no te da la bofetada que esperas recibir por tu atrevimiento, ella simplemente se voltea y camina estirando un poco sus ropas acomodándolas.

A día siguiente hay sesión de catecismo de los diablillos, ella pasa junto de ti y deja la ya consabida nota, sales del templo al jardín para disfrutar de esa hora y media, de un cigarrillo y para poder leer la nota que sabes te han dejado en el bolsillo, esta vez es una pequeña hoja como de libreta pequeñita, esta muy arrugada, como si hubiera sido estrujada nerviosamente durante mucho tiempo, en ella sólo hay escrito un número telefónico celular y un «Llámame diez a las ocho.», pasa el tiempo, recoges a tus sobrinos y regresas a tu casa, ves la hora con algo de ansiedad, llegando la hora dicha la llamas.

Lorena: ¿Diga?

Tú: Hola, soy (Tu nombre) ¿Para que soy bueno?

L: Necesito hablar contigo de lo que hiciste en el restaurant ¿Sabes en que maldito problema me hubieras metido si nos hubieran visto?

T: Pero no nos vieron, si me dices que ya no quieres verme lo entenderé.

L: ¡No, no es eso! Es que no sé… no sé que pienso, no sé que siento. Mañana iré a… (La ciudad grande más cercana) a una revisión en el hospital XYZ a las 11:00 hrs.

T: ¿Iras en automóvil o en bus?

L: En bus, no sé manejar y mi esposo no me puede llevar, estará trabajando en su oficina.

T: Si gustas, te llevo y te traigo.

L: ¡No! Si nos ven no sabría que decir.

T: ¿Te alcanzo en el hospital?

L: No, hay mucha gente que va de aquí a ese hospital.

T: No te preocupes, seré discreto.

Esa noche le avisas a tus primos que te ha salido una pequeña urgencia para el día siguiente y que tendrás que salir a la ciudad en cuestión temprano y que tomando tiempos no crees alcanzar a llegar a tiempo para recoger a los diablillos al salir de la escuela, ellos se lo toman con pausa y llaman a la familiar que a veces los lleva a jugar con sus hijos y accede de buen grado a pasar por ellos, asunto arreglado. Al día siguiente sales temprano, llegas a la central de autobuses y tomas el primero con ese destino, llegas a la central de esa ciudad, tomas un taxi al hospital y llegas sobre las 11:15, sabes que los médicos nunca son puntuales para atender a los pacientes, pasa el tiempo de manera lenta mientras merodeas por las tiendas de artículos médicos de la zona, miras por el vidrio de una de ellas a la calle y miras una figura bastante familiar con un chongo sujeto por una pequeña peineta, la vestimenta es inequívoca, camina hacia el boulevard que esta a media cuadra del hospital, sales corriendo y la alcanzas discretamente, le dices que no voltee, que siga caminando, confirma que ya salió de la consulta y que se dirige a tomar un taxi a la central, llegan al boulevard, como si fueran dos extraños, ella levanta la mano llamando al taxi, llega el vehículo, abre la puerta trasera y se sube recorriéndose a quedar detrás del chofer, tú entras con celeridad y precisión detrás de ella, el conductor pregunta el destino y antes de que ella responda tú indicas por nombre un auto – hotel temático, a Lorena se le suben los colores al rostro, pero calla, el chofer intenta dar un vistazo a la mujer que va detrás de él pero no hay nada para mostrar, lleva su invariable falda larga obscura, una blusa con gorguera y mangas largas y un bonito cárdigan de color crema. El taxista no dice más, se enruta, Lorena va callada, tú comienzas a hablarle de cosas banales y ella responde con monosílabos y algunas expresiones, el color de sus mejillas aún no se ha ido. Al llegar el taxista espera a que le indiquen habitación, le indicas que pida una con cochera, la idea es que el meta el carro y les permita bajar sin que el personal del hotel los vea bien a bien, le indican una habitación con jacuzzi y enfila a dejarlos como se lo has pedido, Lorena se deja sacar del taxi con docilidad, se deja llevar dentro de la habitación y se sorprende al ver que toda la transacción con el motel se hace por medio de una especie de trampilla giratoria, el personal del lugar no tiene contacto con los usuarios.

L: ¿Por qué me trajiste aquí?

T: No sé, dijiste querer hablar y el único lugar privado que se me ocurrió fue la habitación de un hotel, supuse que no entrarías a ninguno de los hotelitos cercanos a la central, así que decidí traerte aquí, es un lugar limpio. (Lorena se ha mantenido de pie, sin atreverse a sentarse en la cama o en la salita que hay en la habitación). ¿Quieres algo de beber? Aunque seguro que no tienen «Capuccino Doppio Di Nata» (Ríe con esa risa de ratón y se lleva la mano a la boca, pero tú la detienes, con suavidad tomas sus manos para que no tape su boca)

L: (Con un rastro aun en sus labios de la risa anterior pero con ojos severos) ¡Menso!

T: Entonces ¿Qué es lo que querías hablar, Lorena? (Sí, te atreviste a quitar el Señora)

L: (Dejando de lado ya su papel de mujer recatada y dócil) ¡De las maneras obscenas que has estado imaginando para cogerme!

¡Hey! Te ha dejado en shock ¿No es cierto? Pero ya te dije que así es esta historia ¿Continuamos?

Te quedas shockeado por el uso de ese lenguaje, que no es nuevo para ti, pero que nunca imaginaste que pudiera usar la «Señora Lorena A. B. De C.» Ella camina hacia ti, se te pega a la boca, te invade con su lengua, y tú, un pobre gato que pensó en cazar un ratoncito, se termina dando cuenta de que ella ni siquiera es un perro, es una loba hambrienta; loba que comienza a desnudarte, mientras su boca chupa tu lengua, sí, estas reaccionando a su pasión por instinto, pero sabes que serás cazado y devorado como el antílope por la leona, ella toma con su mano tu verga a través del pantalón, se suelta el pelo, es una visión hermosa, su pelo suelto y largo, sacude la cabeza para dejarlo libre, intentas imponerte pero ella te lleva ventaja, sientes como abre tu bragueta, como su mano entra bajo el boxer y toma tu miembro entumecido, lo presiona, lo menea, la miras en toda su imponencia, te da la orden de desnudarla y comienzas a hacerlo, le quitas el cárdigan, le quitas la blusa, la desabotonas con dedos torpes, en parte por la sorpresa y en parte por la excitación, esa blusa ha guardado bien el secreto, unas bellas tetas redondas, blancas, contenidas en un sostén negro de media copa, de esos que traen listones que pasan por la teta completando la copa, la media copa deja ver parte de las areolas color rosa pálido, te toma de la cabeza y te baja a meter tu cara en medio del canalete de su busto, la abrazas tratando de afianzarte a lo poco de razonamiento que te queda, pero ella ya esta mascando y escupiendo tus huesos, amigo mío, tu verga esta en su mano, dura y goteando, te dice que quites su falda, corres el cierre y la desabotonas, la falda cae y deja al descubierto una pantaleta tipo cachetero también negra, de tela satinada y con dos listones que enmarcan el final de sus nalgas y el inicio de sus piernas, completando lo que seria una pantaleta (Lindos diseños los que hay en la lencería), es imposible resistirse mi amigo, sólo puedes dejarte llevar. Y sí, Lorena es hermosa, es un pedazo de deseo con un culo carnoso más no gordo, piernas sin marcas ni de estrías ni de celulitis, algo digno para una hembra de su edad, lo único que tiene excesivo aunque no masivo son esas deliciosas tetas.

L: ¿Qué pasa papito, te comió la lengua el ratón?

T: ¡N-n-noooo! Es que no espere que fueras tan ardiente.

L: ¿Te cuento por que soy así, papito?

T: Sí, cuéntame (Estas pensando en ver si hay algo que psicológicamente te de ventaja y te deje imponerte sobre ella, error ¡Mon Ami!)

L: Fui abusada a los nueve años por mi papá biológico, él decía que solamente un padre iba a tener el amor para desquintar a su princesa, además de que era el deber y derecho de todo padre hacerlo. Me usaba cada que se le antojaba, estuviera mi madre o no, de hecho hoy sé que mi madre sabia de lo nuestro. ¡Ay, papito! de acordarme me mojo, mete tu mano bajo la pantaleta, anda se un cabrón. (Mientras metes la mano y confirmas que esta mojada y ardiendo, Lorena continua con su relato) ¡Sí! Mi mamá se mojaba al saber que después de que mi papi la cogía a ella iba y me la metía a mi en mi boquita, y al revés, había veces en las que me cogía primero a mi y después ella le limpiaba mis juguitos de niña. ¡Ay papito, así, méteme los dedos y cógeme, dedéame, anda así! Mi papá duro chingándome duro hasta los doce, cuando empecé a menstruar y dijo que no se iba a arriesgar a preñarme y tener un hijo – nieto loco o deforme. De ahí intente coger con chicos de mi edad, o más o menos cercanos a mi edad, pero no sabían satisfacerme, yo necesitaba una verga de hombre no de niño, así que un día fui a buscar a uno de mis maestros, un viejo pervertido que nos veía a las alumnas con ganas de violarnos, se llevo una sorpresa cuando me le puse encuerada enfrente, ese viejo pervertido también era muy frecuentador de la iglesia y entre él, el padre Anselmo (El padre anciano que murió sirviendo en esa iglesia donde llevas a tus sobrinos) y varios «Hombres de Buena Fe» de la comunidad me enseñaron a ser una puta, pero lo que realmente soy hoy me lo enseño en diablo hace dos años.

T: ¿E-e-el diablo? (Desconcertado, preguntas, no es que le creas que se le apareció Satanás y se la cogió).

L: ¡Sí! Un cabrón ateo igual o peor que tú, decía que él era Lucifer.

T: (Tragando saliva y con cierta cara de susto) ¿Él decía que era quien?

L: LU-CI-FER

T: ¿Y que te enseño el diablo?

L: Me enseño a aceptarme como puta, me enseño a llamarlo de maneras ricas y obscenas y vulgares, y me enseño a ser una buena creyente.

Has estado escuchando su diatriba, no has encontrado de donde agarrarte pero poco necesitas ya, estas caliente, estas deseando ya coger a esa deliciosa puta, así que quitas su sostén, te pegas a mamarle una deliciosa teta, sientes sus pezones duros a más no poder en tu lengua, ella responde siseando y chaqueteándote con fuerza, tus dedos se hunden con fuerza en esa panocha que hace un rato confirmaste estaba mojadísima y que también esta depilada por completo, la tiene lisita como nena, ella te quita de su teta y te dice que eres un pecador incorregible, que es necesario que le reces a la virgen, te hace arrodillarte frente a ella, se quita el cachetero, te da la espalda y te dice que la lamas desde atrás, mientras con tus brazos la rodeas de las piernas abrazándola, tú no lo sabes pero mientras tu lames y chupas su culo y su panocha, ella ha juntado sus manos y mira al techo, o hace como que mira por que en realidad tiene los ojos cerrados, mientras tu haces esa adoración tus dedos recorren su raja, que esta cerrada y apretada por sus piernas, la escuchas gemir y gritar, sientes sus manos en las tuyas, quitándolas y abriendo tus brazos, se voltea a quedar de frente a ti y tomándote del pelo te hunde entre sus piernas para soltar un chorro de orina en tu boca ¡Qué delicia de puta te estas cogiendo, grandísimo cabrón suertudo!

L: ¿Me das la comunión, papito?

T: ¡Eeeeeehhhh! ¿Qué?

L: ¡Sí, mira, así! Ponte de pie.

Lorena se hinca ahora, se arrodilla frente a ti, te quita el boxer, tu verga esta como cirio, ella pone su cara  frente a tu pedazo de miembro y se queda quieta.

L: ¡Dame la comunión, papacito! Hazme comulgar contigo.

T: ¿Cómo?

L: ¿No recuerdas cuando comulgabas?

T: ¡N-n-no!

L: ¿Recuerdas que te decía el padre antes de comulgar?

T: (Haciendo memoria a más de veinte años atrás) ¿E-e-el cuerpo y la sangre de Cristo?

L: ¡Amén!

La miras engullir tu verga con avidez, te hace una mamada de campeonato, su lengua pasa por la cabeza, el tronco, la mete hasta el fondo y la sientes inflar sus cachetes con todo tu trozo dentro, la escuchas gargarear al llegar a su garganta, cuando la saca da una arcada y ves como se bate su boca y su barbilla con su saliva, se para y se acerca a tu boca, no te pide permiso, te besa y comparte contigo esa baba, te dice que ya es tiempo de que le des tu leche, se acomoda en cuatro, la ensartas, ella te pide que la cojas con fuerza, que la hagas gemir, gritar, llorar, tanto de placer como de dolor, tú quedas de pie detrás de ella, Lorena siente como la penetras y en cuanto esta completamente enfundada tu verga, ella se eleva, te pide que la cojas mientras ella adopta una postura como si estuviera hincada en un reclinatorio (Esos simpáticos muebles de madera que ponen en las iglesias para que se arrodillen los novios en las bodas mientras apoyan los brazos en una especie de barandal, también acojinado), con sus manos juntas nuevamente como si estuviera orando.

L: Te daría mi culito, pero ese prometí que sólo se lo volvería a dar a Lucifer, así que cógeme así, anda, chíngame como puta, viólame como en mis primeros años ¡Chíngame y úsame cabrón, anda, no te detengas hijo de la chingada, así, mete y saca, hazme aullar pendejo, hazme aullar!

La escuchas gritar y gorgorear pero el sonido se detiene en seco, sí, se esta viniendo, se esta vaciando, sientes sus jugos en tu verga, la sientes bañarte, pero el sonido que escuchas amigo mío, es su voz rezando entre gemidos un padre nuestro y después un ave María.

Has venido a mi negocio amigo mío a contarme tu extraña aventura, te conozco desde el bachi y también fuimos compañeros de francés en «El Colegio De Lenguas», es por ello que te he escuchado con atención; me dices que sólo la cogiste esa ocasión, que desde entonces tu… ¿Hermana, prima, tía? es quien lleva a los diablillos al catecismo, incluso has ido un par de veces a misa, me hace una cierta gracia tu reacción, por que fui yo quien te advirtió primero que tuvieras cuidado con la «Señora Lorena A. B. De C.» Hace dos años yo tuve que llevar a mi sobrina al catecismo, hace dos años yo tuve que entender que el catecismo era su coto de caza de esa leona, de esa loba; la única diferencia es que hace dos años ella solamente buscaba quien la dejara satisfecha en su lujuria y deseo físico, al final se volvió la blasfema lujuriénta que te ha puesto los pelos de punta con solo una cogida y a la que yo no pienso volver a tocar pues mi trabajo ya esta hecho.

Solamente puedo decirte: C’est exact, mon ami, Je suis son Lucifer!

 

 

 

Espero les haya gustado este relato desde otra perspectiva, ya saben, se aceptan comentarios.

(La frase final queda así en español; «¡Así es mi amigo, yo soy su Lucifer! o sea, el Lucifer de Lorena)

639 Lecturas/6 marzo, 2026/0 Comentarios/por Lustin76
Etiquetas: colegio, hermana, hija, hijo, madre, mayor, padre, primos
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