Las ferias de mi pueblo
Ella ya sabían a lo que iban.
Hace mucho tiempo en las ferias de un pueblo pequeño salía a caminar con mis amigos durante los días de mayor aglomeración. Mis amigos eran unos pillos.
Uno de ellos contaba que se cogía a su hermana mientras ella dormía. Decía que le quitaba su calzón y le frotaba la riata encima de su panochita. Nos contó que lo hacía desde que él tenía 6 ó 7 años lo había hecho. Ella era dos años mayor que él. En aquel entonces él ya tenía 11 y medía 1.67m aproximadamente. Estábamos en primero de secundaria o séptimo grado, para los que no vivan México).
Salíamos al pueblo a tocar culos de las chicas que pudiéramos. Solíamos escoger los espacios más apretados entre la multitud para ir a meter mano entre el apretadero de gente. Era genial porque nos encontrábamos a las chicas que nos gustaban y las toqueteábamos bien rico!
Sé que han de pensar las y los puritanos que era una falta de respeto pero en mi salón había una chica que se metía con muchos y se sonreía cuando le tapaban los ojos para ir a tocarle las tetas. Y de la misma manera, muchas de las chicas disfrutaban ser tocadas por aquellas manos desconocidas. Ya sabían a lo que iban.
En otras ocasiones me tocó pasar rozando con mi brazo o con mi hombro los senos de alguna morrita de 13 años con tetas grandes y bien formaditas y era una delicia. En ocasiones pasaba tocando culazos bien trabajados porque las chicas caminaban distancias muy largas.
Qué tiempos aquellos.
Todas esas experiencias se convertían en buenas jaladas/pajas.
Recuerdo que en esos montones de gente había momentos en que uno iba caminando mirando hacia el frente mientras nuestras manos iban tocando culos ricos disimuladamente.
A mis primas les agarraron el culo más de una vez y a mi hermana también.
Entonces, yo no podía quedarme sin manosear. Toqué culitos de niñas de 9 hasta mujeres de 30 años. Qué deliciosos culitos. Yo apenas tenía 12 y disfrutaba esos culitos prohibidos en público.
Cuando estaba en la secundaria también me gustaba manosear las tetas de mis compañeras y sus traseros bien paraditos.
Ana Lilia era la más dejada. Durante el recreo la atrapábamos en su silla para taparle los ojos mientras le agarrábamos las tetas.
Durante los eventos de música regional popular o música electrónica también podía tocar culitos y tetas durante los bailes. La penumbra era un lugar ideal para frotar suavemente esas nalguitas paraditas.




Dejar un comentario
¿Quieres unirte a la conversación?Siéntete libre de contribuir!