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Dominación Mujeres, Orgias, Sexo con Madur@s

Las niñas no hablan con extraños Parte 8 “Cata “Preludio lo que vendrá”, se aproxima el desvirgamiento de Cata.

Anteriores capítulos. Las niñas no hablan con extraños Parte 1 , 2, 3, 4, 5, 6 y 7. En el último capítulo, dejamos a Cata y su amiga Rosario descubriendo el sexo, despertadas por primera vez a sus 10 años por el pervertido director del colegio. Cata, deseosa de recibir polla, vio truncada esa posibi.
En el último capítulo, dejamos a Cata y su amiga Rosario descubriendo el sexo, despertadas por primera vez a sus 10 años por el pervertido director del colegio. Cata, deseosa de recibir polla, vio truncada esa posibilidad por la interrupción del maestro Bernardino.

Al día siguiente, en el salón de clases y tras contarse mutuamente todo lo vivido con el profesor Álvaro, Catita subía de calentura ante la idea de sentir una buena polla en su apretado coño.

Ese día, Bernardino había preparado una clase para tener la oportunidad de arrimarse a las dos lolitas. Ellas ni imaginaban que el maestro las había visto salir de la dirección.

El salón de clases para esa materia estaba ordenado en mesas altas para tres alumnos. Era amplio, con mucho espacio entre las mesas de trabajo donde los alumnos podían caminar, banquetas altas y una altura significativa del piso. Como siempre, Cata y Rosario se sentaban al fondo para cotorrear y contarse sus secretos. Ese día, el maestro, muy astuto, quería pillar a esas dos polluelas, así que vino preparado.

Bernardino: Buenos días, alumnos. ¿Cómo estáis vosotros? Hoy os traigo una sorpresa: una película de la que espero que aprendáis… Así que pongamos el proyector, apaguemos las luces y prestad atención, porque luego pediré un resumen con nota.

El escenario estaba preparado. Al buen maestro se le caía la baba al ver esos dos culos cerca y a su merced. Con las luces apagadas y todos atentos a la película, sería el campo propicio para magrear a las dos lolitas. Así que comenzó el film y, con disimulo, el astuto maestro se encaminó hacia sus dos víctimas.

Se acercó muy disimuladamente a Cata, que lo veía de reojo sin perder la vista al frente. Como el fondo del salón era mucho más oscuro, el resto no veía absolutamente nada. El maestro se situó detrás de Cata con total desparpajo, pegándose al trasero de la niña. En ese momento, Cata sintió la polla caliente del educador amasándole el culo. Ella no se movía, sintiendo el bulto del maestro que se hundía en su culo. En esa posición, con el contacto, comenzaba a subirle por el coño ese calor intenso.

Como buena putita, le paraba más el culo y se dejaba hacer. El docente estaba en la gloria. Al lado, Rosario miraba la escena con total placer. Bernardino, descolocado, tenía a esa chiquilla en tal posición y, sabiendo que se dejaba hacer, solo los separaba la tela de la pollera de Cata. Bernardino se acercó a la oreja y, en voz baja, le susurró: “¿Así, putita? Te gusta, ¿eh? Veo que ese culazo quiere joder con una buena polla. ¡No, mi amorcito! Siente mejor mi carne en ese coñito”.

El maestro bajó el cierre del pantalón y liberó la herramienta caliente, echando líquido preseminal de una calentura de cojones. Le subió la pollera a Cata y se la colocó entre las piernas. Bernardino tenía una buena herramienta que las piernas de Catita supieron abrazar. Comenzó a entrar y salir entre las piernas de la niña, que bufaba como loba en celo, empapando las bragas. Hasta que, en un momento, no soportó más tanto castigo en su coño: se dobló de placer y, antes de largar un grito en semejante orgasmo, Bernardino percibió que se venía y le tapó la boca, ahogando el grito de la niña.

Ante tremenda calentura, el maestro no aguantó más y la polla empezó a tirar lechazos. No fueron unos, sino varios. Nunca antes ese viejo pirata había gozado tanto: había vaciado sus dos pelotas con un placer inmenso. Quedaron temblando la alumna y el maestro. Rosario, al lado, con una mano en el coño, contemplaba la escena con los ojos como platos. Bernardino, perplejo, miró a Rosario, le tomó la cabeza y le puso la polla en la boca. Como buena alumna, ella comenzó a limpiar y tragar la leche que quedaba. Cata se dio vuelta, vio a su amiga en esa posición y comenzó a lamer también con la lengua. Nuestro amigo suspiraba, a punto de salírsele el corazón por la boca.

Pero lo bueno dura poco. En ese momento llegó el final de la película. Bernardino volaba con los dedos para acomodar el miembro y cerrar la cremallera; las niñas se acomodaron rápidamente para que nadie sospechara lo que había pasado ahí.

Catita había quedado nuevamente con tremenda calentura. Bernardino se acercó a su oído y, mientras le pasaba la lengua, le decía: “No te preocupes, amor, ya te voy a romper el virguito”. El maestro ignoraba que a Catita la esperaba una orgía.

 

Intermedio: La iniciación de Verónica y la intrusa Catita

Marien, de 15 años, y Pilar, de 14, ya habían descubierto el éxtasis de una polla gruesa entre sus piernas tiernas, el sabor salado y cálido de la leche derramada en sus bocas ansiosas, y el placer profundo de ser folladas hasta el delirio. A su corta edad, habían acumulado experiencia suficiente para proclamarse unas putitas expertas, con coñitos siempre húmedos y listos para más.

Del trío de amigas, solo faltaba Verónica, de 15 años —la hermana del alma de Marien, una belleza rubia de curvas incipientes y ojos que prometían pecados—. Ella aún no había probado una buena polla ni se había enredado en esta trama lujuriosa con los vejetes verdes. Marien le había contado todo con lujo de detalles eróticos: las embestidas salvajes, los gemidos ahogados y el orgasmo que las dejaba temblando. Ahora le suplicaba que la acompañara a otra fiestita, porque el bribón de don Pedro estaba loco de excitación por esa rubia virginal, imaginándola abierta de piernas bajo su cuerpo arrugado.

Lo que ignoraban era la llegada de un nuevo personaje: don Humberto Martins, un abuelo de 75 años, íntimo amigo de don Pedro y apodado «el Burro» por su herramienta monstruosa, venosa y siempre erecta. Pilar ya la había probado; por las noches, recordaba su grosor abriéndole el coñito con un hormigueo ardiente que la hacía mojar las bragas hasta empapar la sábana, anhelando que la llenara de nuevo con su semen espeso.

Pero la trama se complicaba con la irrupción de Catita, la hermana menor de Marien, una nena de 10 años precozmente inteligente y vivaz. Su cuerpito ya en desarrollo —gracias a los deportes y la genética familiar— era una tentación: cabello rubio como el de su hermana, 1,40 metros de estatura, tez blanca con un bronceado dorado que realzaba sus ojos celestes. Lucía un culito redondo y firme, piernas torneadas y largas, cadera estrecha con una cinturita de avispa, y tetitas puntiagudas que asomaban provocativas bajo cualquier prenda, endureciéndose con el roce de la tela. Nadie la tenía en planes, pero esta fisgona se colaría sola en la madeja de coños jugosos y pollas palpitantes.

Don Pedro estaba obsesionado con Verónica; esa mocosa lo tenía loco, con su imagen desnuda invadiendo sus fantasías nocturnas mientras se pajeaba furiosamente. Vicente, por su parte, convenció a Marien de llevarla al chalet con la excusa de una «fiesta de disfraces» —en realidad, una orgía de viejos verdes sedientos de carne joven—.

—Marien: Vamos, Vero, acompáñame, no seas malita. Lo pasarás genial. Esos viejitos cachondos nos cuidan como reinas, te llenarán de regalos caros y don Pedro será todo tuyo. Ese cabrón te lo pondrá durísimo y te follará hasta que grites de placer.

—Verónica: Marien, no sé… Me parece demasiado guarro. ¿Cómo me ves de dama de compañía con ese viejo verde?

—Marien: Tranquila, es un caballero, no te obligará hacer lo que no quieras. Además, estará Pilar, la zorrita ya se tragó la polla enorme de don Humberto hasta el fondo. Vamos, chula, acompáñame. Ponemos nuestros coñitos frescos y ellos se encargan del resto. ¡Jajajaja!

—Verónica: Bueno, está bien, iré. ¿Y los disfraces?

—Marien: No te preocupes, ellos lo preparan todo. Nosotras solo abrimos las piernas. ¡Jajajajaja!

Catita, la muy despierta, lo oyó todo. Sabía lo de su hermana con Vicente —cómo se la follaba hasta dejarla chorreando— y ardía en deseos de que alguien la desvirgara, de sentir una polla rompiéndole el coñito virgen. Esa noche, antes de dormir, se plantó frente a Marien con cara seria y la manipuló sin piedad.

—Catita: Necesito hablarte, hermanita.

—Marien: ¿Qué pasa, Cata? Dime.

—Catita: Sé lo de Vicente, cómo te folla como a una puta. Sé de la fiesta con esos viejos y tus amigas zorras. O me llevas, o se lo cuento a mamá y olvídate de tu vida.

Acorralada, Marien cedió. A sus 10 años, Catita manipulaba como una experta. Marien ató cabos: las miradas en el colegio, los susurros… Tenía una puta como ella por hermana. «Veremos qué hace esta guarrilla», pensó, excitada y temerosa.

Al día siguiente, llamó a Vicente: Verónica había aceptado y Catita se auto invitaba. Vicente se sobó la polla al oírlo —saltó como un resorte— y corrió a ver a su jefe.

Don Pedro no salía de su asombro y calentura. Llamó a su secretaria Eva, la dominatriz que lo manejaba todo.

—Don Pedro: Escucha, Eva, las niñas estarán listas para la fiestita. Prepara todo: bebida, música, disfraces de putas. A Catita la quiero de blanco, como novia virgen, el premio para cualquier cabrón. A Vero, de novia en negro para mí, pero con trajes bien zorras, que se les vean los pezones duros y los coños listos. ¡Y a Octavio lo disfrazas de sátiro! Jajajaja, con ese nabito pequeño es perfecto como mozo para servirnos pollas y coños. ¡Jajajaja!

—Vicente: jefe, Marien odia a Octavio.

—Don Pedro: No te preocupes, la puta lo aceptará. Cómprale algo caro, lisonjéala y listo. Eva, para mi Verónica un collar de perlas blancas; se lo pondré antes de desflorarla, mientras le como el coñito hasta que tiemble.

—Eva: Sí, jefe. No repararé en gastos, déjelo en mis manos.

Así, Eva —secretaria, dominatrix y esclava de don Pedro tenia todo listo para que el sábado por la tarde estallara la orgía con esas ricuras jóvenes y los vejetes insaciables.

Continúa en el Capítulo 9

11 Lecturas/14 enero, 2026/0 Comentarios/por escritorjon
Etiquetas: amiga, colegio, follar, hermana, hermanita, orgasmo, semen, sexo
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