• Registrate
  • Entrar
ATENCION: Contenido para adultos (+18), si eres menor de edad abandona este sitio.
Sexo Sin Tabues 3.0
  • Inicio
  • Relatos Eróticos
    • Publicar un relato erótico
    • Últimos relatos
    • Categorías de relatos eróticos
    • Buscar relatos
    • Relatos mas leidos
    • Relatos mas votados
    • Relatos favoritos
    • Mis relatos
    • Cómo escribir un relato erótico
  • Publicar Relato
  • Menú Menú
1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (2 votos)
Cargando...
Dominación Mujeres, Incestos en Familia, Voyeur / Exhibicionismo

Madre acepta reto en la piscina

Un padre reta a su esposa a que no puede causarle una ereccion a uno de sus hijos durante el dia en la piscina.

Bethy y su esposo, Mark, habían planeado un día perfecto en la piscina del patio trasero de su casa suburbana. Era un sábado de verano abrasador, con el sol golpeando como un martillo sobre el agua cristalina que reflejaba el cielo azul. Sus dos hijos varones, Alex y Ben, ya adultos en sus veintitantos, habían venido de visita para pasar el fin de semana. Alex, el mayor, era el tipo extrovertido, musculoso de gimnasio, siempre bromeando y lanzándose al agua con bombas que salpicaban a todos. Ben, en cambio, era más reservado, con ese aire de intelectual que prefería leer un libro a la sombra antes de unirse al chapoteo, pero con un cuerpo atlético que delataba sus carreras matutinas. Bethy, a sus cuarenta y tantos, aún conservaba esa figura curvilínea que volvía locos a los hombres: caderas anchas, pechos generosos que desafiaban la gravedad, y una piel bronceada que brillaba bajo el sol. Llevaba un albornoz ligero sobre su bikini negro ajustado, con un top que apenas contenía sus curvas y un bottom que acentuaba su trasero redondo.

Todo empezó con una broma inocente durante el desayuno. Mark, con esa sonrisa pícara que solo Bethy conocía bien, le susurró al oído mientras los chicos comían: «Apuesto a que no puedes hacer que uno de ellos se ponga duro como una roca, sin quitarte nada, solo con lo que tienes puesto. Y que se note cuando salga del agua, sin poder esconderlo». Bethy levantó una ceja, sintiendo un cosquilleo travieso en el estómago. No era la primera vez que jugaban con fuego en sus apuestas privadas; su matrimonio se mantenía vivo con esa chispa de morbo. «Acepto», murmuró ella, mordiéndose el labio inferior. «Pero solo uso el bikini bajo el albornoz, y el aceite que traigo en la bolsa. Nada de desnudos». Mark asintió, excitado por la idea. «Elige bien tu presa, leona».

Bethy se levantó de la mesa con gracia felina, sintiendo los ojos de su familia sobre ella. Los chicos ya estaban en bañador, chapoteando en la piscina como niños grandes. Ella se dirigió al borde del agua, quitándose el albornoz lentamente, como si fuera un ritual. El bikini negro emergió, el top apretado contra sus pechos, dejando ver el contorno de sus pezones endurecidos por la brisa fresca. El bottom se ceñía a sus caderas, marcando esa línea tentadora donde la tela se perdía entre sus glúteos. Alex silbó juguetón: «¡Mamá, pareces una modelo de revista!». Ben, más callado, solo sonrió, pero Bethy notó cómo sus ojos se demoraban un segundo de más en sus curvas.

Se sentó en una tumbona al lado de la piscina, sacando el frasco de aceite bronceador de su bolsa. Era uno de esos aceites con brillo, que hacía que la piel reluciera como si estuviera untada en miel. Bethy empezó por sus piernas, extendiendo el líquido viscoso desde los tobillos hasta los muslos, masajeando con movimientos lentos y circulares. Sus dedos se deslizaban con facilidad, dejando un rastro brillante que capturaba la luz del sol. «Chicos, ¿quién me ayuda con la espalda? Este sol me va a quemar si no me unto bien», dijo con voz casual, como si fuera lo más normal del mundo. Alex se ofreció primero, saliendo del agua chorreando, pero Bethy lo rechazó con una risa: «No, tú eres demasiado bruto, mojarías todo. Ben, ven tú, que eres más delicado».

Ahí estaba su elección. Como una leona acechando en la sabana, Bethy había observado a sus hijos. Alex era el alfa, seguro de sí mismo, pero Ben… Ben era el vulnerable. Siempre había sido el más sensible, el que se sonrojaba con facilidad en conversaciones picantes, el que evitaba mirar directamente cuando ella se ponía ropa ajustada. Él sería el que caería primero, el que no podría controlar esa reacción primitiva. Ben salió del agua, con el bañador pegado a sus muslos, y se acercó tímidamente. «Claro, mamá», murmuró, tomando el frasco. Bethy se tumbó boca abajo en la tumbona, ajustando su posición para que su trasero quedara ligeramente elevado, el bikini hundido entre sus nalgas como una invitación sutil.

Ben vertió el aceite en sus manos, frotándolas para calentarlo, y empezó por los hombros de su madre. Sus dedos temblaban un poco al contacto con esa piel suave, caliente por el sol. Bethy suspiró exageradamente: «Mmm, así, más abajo, hijo. No seas tímido, cubre todo». Él descendió por su espalda, sintiendo la curva de su espina dorsal, el aceite haciendo que sus manos se deslizaran con facilidad. Mark observaba desde una silla lejana, fingiendo leer un libro, pero con una sonrisa oculta. Bethy arqueó la espalda un poco, justificándolo como un estiramiento: «Es que el agua me tensa los músculos, necesito que me masajees bien». Ben llegó a la parte baja de la espalda, justo donde el bikini empezaba, y sus dedos rozaron accidentalmente la tela, sintiendo el calor que emanaba de ahí.

«Ahora las piernas, Ben. No quiero quemarme», dijo ella, girándose ligeramente para mirarlo con ojos juguetones. Él se arrodilló al lado de la tumbona, untando aceite en sus pantorrillas, subiendo por los muslos. Bethy separó las piernas un poco más de lo necesario, «para que llegue bien el aceite», y Ben no pudo evitar notar cómo el bikini se tensaba contra su entrepierna, marcando sutilmente los labios mayores. El aroma del aceite, mezclado con el cloro de la piscina y el sudor ligero de Bethy, era embriagador. Sus manos subían y subían, rozando el interior de los muslos, y Bethy dejó escapar un gemido bajo: «Ay, qué rico, justo ahí». Ben sintió un tirón en su bañador; algo se estaba despertando, pero se obligó a ignorarlo.

Satisfecha con el cebo tendido, Bethy se levantó y se lanzó al agua con un chapoteo elegante. «¡Vengan, chicos! Hagamos una competencia de natación». Alex se unió de inmediato, pero Ben dudó, sintiendo ya una semi-erección que el agua fría podría calmar. Bethy nadó hacia él, emergiendo con el cabello pegado al rostro, gotas resbalando por su cuello hasta perderse en el escote del top. «Ben, ¿por qué no juegas? Vamos, te reto a una carrera». Para justificarlo, fingió un calambre: «Uy, me duele la pierna, ayúdame a estirarla en el agua». Ben se acercó, y ella se aferró a su hombro, levantando una pierna para que él la sostuviera. Sus cuerpos se pegaron bajo el agua, el aceite haciendo que su piel resbalara contra la de él. Bethy presionó su cadera contra la suya «sin querer», sintiendo ya el bulto creciente en el bañador de Ben.

Mark gritó desde el borde: «¡Yo apuesto por Bethy en la carrera!». Era su señal. Bethy intensificó el juego, salpicando a Ben en la cara, riendo mientras sus pechos rebotaban con cada movimiento. «¡Atrápame si puedes!», lo provocó, nadando cerca y rozando su pierna contra su entrepierna. Ben intentaba nadar, pero cada roce, cada vista de su madre emergiendo del agua con el bikini pegado como una segunda piel, lo traicionaba. El aceite hacía que su cuerpo brillara como una diosa húmeda, el top translúcido lo justo para insinuar los pezones erectos por el frío.

Finalmente, Bethy salió del agua primero, chorreando, el bikini ajustado delineando cada curva. «¡Tu turno, Ben! Sal y demuéstrame que puedes ganarme en seco!». Ben dudó, pero Alex lo animó: «¡Vamos, hermanito!». Al salir, el desastre fue inevitable. Su erección era descomunal, el bañador tensado al máximo, la tela delgada incapaz de ocultar el contorno grueso y palpitante que se extendía hacia un lado. El agua fría no había ayudado; al contrario, el contraste con el aire caliente lo hacía más notorio. Bethy lo miró con fingida sorpresa, pero sus ojos brillaban con victoria. «Vaya, hijo, parece que el sol te afectó más de lo que pensé». Ben se sonrojó hasta las orejas, intentando cubrirse con las manos, pero era inútil; esa verga dura como acero traicionaba sus instintos primitivos, expuesta para que todos vieran.

Mark soltó una carcajada disimulada: «Parece que perdí la apuesta, cariño». Bethy se acercó a Ben, envolviéndolo en una toalla «para secarlo», rozando sutilmente su mano contra el bulto. «No pasa nada, es natural», susurró, su aliento caliente en su oreja. En ese momento, la leona había cazado su presa, y el morbo familiar flotaba en el aire como el vapor de la piscina. El día apenas empezaba, pero la apuesta ya estaba ganada.

24 Lecturas/10 enero, 2026/0 Comentarios/por SoloUnCurioso
Etiquetas: esposa, hermanito, hijo, madre, mayor, mayores, padre, verga
Compartir esta entrada
  • Compartir en Facebook
  • Compartir en X
  • Share on X
  • Compartir en WhatsApp
  • Compartir por correo
Quizás te interese
Como conseguí tener a un verdadero hetero adentro mio
cuidando a mi sobrina
la madre de mi amiga
Disfrutando a papá
ME GUSTA LO MAS CERCANO Y QUE LLEVE AL EXTASIS
Hijo de puta capitulo 2
0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir!

Deja una respuesta Cancelar la respuesta

Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.

Buscar Relatos

Search Search

Categorías

  • Bisexual (1.348)
  • Dominación Hombres (4.061)
  • Dominación Mujeres (2.996)
  • Fantasías / Parodias (3.242)
  • Fetichismo (2.688)
  • Gays (22.056)
  • Heterosexual (8.200)
  • Incestos en Familia (18.179)
  • Infidelidad (4.502)
  • Intercambios / Trios (3.126)
  • Lesbiana (1.154)
  • Masturbacion Femenina (986)
  • Masturbacion Masculina (1.897)
  • Orgias (2.047)
  • Sado Bondage Hombre (447)
  • Sado Bondage Mujer (182)
  • Sexo con Madur@s (4.287)
  • Sexo Virtual (264)
  • Travestis / Transexuales (2.430)
  • Voyeur / Exhibicionismo (2.501)
  • Zoofilia Hombre (2.205)
  • Zoofilia Mujer (1.669)
© Copyright - Sexo Sin Tabues 3.0
  • Aviso Legal
  • Política de privacidad
  • Normas de la Comunidad
  • Contáctanos
Desplazarse hacia arriba Desplazarse hacia arriba Desplazarse hacia arriba