Mami golpea a Deyany por puta
Deyany idea un plan para ser usada como una pieza de carne. .
Hola a todos de nuevo.
Mí nombre es Dolores Guadalupe.
Mi otro nombre, el de trabajo es Deyany que es como me conocen mis clientes, trabajo como puta.
Y lo hago por gusto y costumbre familiar.
Mi mamá era una sexoservidora en su juventud, al igual que mi abuela y mis primas.
Mi mamá se retiró cuando conoció a mi papá, que era un trabajador de la construcción, varonil, tosco y alcohólico.
Una copia de mi abuelo.
Dizque se enamoraron,.
En realidad estaban repitiendo los patrones que habían aprendido en la vida.
Los modos de una familia disfuncional y violenta.
Desde que eran novios mi papá llegaba tomado por ella y había peleas.
Terminaban entre golpes y sexo.
Siempre.
Eran los únicos canales de comunicación que tenían.
Mis abuelos maternos ni se inmutaban. «amor apache» le llamaba mi abuela, ó «cariñodio».
Mi mamá no era ninguna víctima por más que llorara, la muy zorra se hacía la pesada a propósito para ver qué clase de hombre era mi papá.
Hasta donde iba a llegar.
En el duro oficio de puta siempre te enfrentas con hombres verdaderamente sádicos y violentos.
Lo que quería mi madre era ver si mi padre se podía autocontrolar.
Porque mi madre en el fondo le gustaba que la maltrataran, pero temía que se le fuera a pasar la golpiza a mi papá y le causará verdadero daño.
Un par de golpes bien dados y amenazas no eran gran cosa y si servían para calmar y excitar a su hombre. Eran justo el precio que ella pagaba con gusto por entregarse a el.
Decía que era más intensa la cogida después, pues el cuerpo se le volvía más sensible al tacto.
—Un buen filete es más delicioso cuando se ablanda antes de comerlo.— decía mí mamá.
La muy enferma hasta se mordía los labios pensando en el castigo que le daban.
A mis nueve añitos estaba ya acostumbrada a ver esa escena repetirse constantemente.
Al principio nos creía víctimas, pero ya conforme maduré mentalmente, me di cuenta que éramos parte activa de las interacciones toscas en la casa.
Llegaban, gritos por ambas partes, golpes por aquí y por allá y luego finalmente el esperado reconcilio sexual.
Mi mamá ya domada era muy complaciente con mi papá.
Después de la cena/baile/show, le chupaba el chile ahí mismo en la mesa.
Casi como si quisiera antojarlo.
El único placer sexual que conocí por años era el que veía ahí.
Hasta que la comezón fue demasiada y comencé a darme dedo.
La manera en que copulaban como animales en la cocina me obsesionó.
Sabía que yo era un cero a la derecha, no valía ni la ropa que traía puesta y fuera de lo más necesario, mis papás me ignoraban como perro de la calle.
Al menos así me sentía la mayor parte del tiempo.
Deliberadamente me tardaba cada vez más en mis deberes para ver como cogían enfrente de mi.
Las embestidas que le propinaba a mi mamá eran tan rítmicas y sonoras que parecían marcadas por reloj.
Mi mamá se veía deliciosa como se arreglaba para provocar a mí papá.
El era una máquina de coger, además era tan varonil que también lo quería en mi.
Empecé a fantasear con tener sexo, pero me asustaba que fuera demasiado, pero el sexo y la violencia ya estaban entrelazados en mi cabecita enferma y quererlos separar era como arrancar las raices de dos árboles que crecieron juntos.
Imposible.
A escondidas y en soledad me masturbaba frenéticamente pensando en suplantar a mi mamá y ser cogida por mi papá.
Ansiaba su verga.
Sabía de sobra que la enorme erección de mi papá podría destrozar mi infantil anatomía, pues yo era plana y escuálida como niño de siete. Así que cada día me entrenaba con cuanta cosa podía.
Ensartarme solita mi escolar pepita fué mi adicción por meses.
En las noches, viendo el show que se montaban en la cocina terminaba super mojada y con ganas de recibir también verga, así que empecé a idear un plan.
Aprovechando que la escuela no era lo mío, deliberadamente baje mi rendimiento escolar lo suficiente para empezar a reprobar materias. Sólo quería una o dos, pero al final fueron cuatro.
Cuando entregaron calificaciones mi mamá estaba hecha una furia, me gritó todo el camino de regreso a casa.
—Eres una estúpida malagradecida…—
Mientras me arrastraba prácticamente del brazo.
—¡Si ya sabía yo que eras idiota…no sirves para nada… PARA NADA!—
Me detuvo en plena calle y me dió un bofetón, me señaló directo a la cara pero se le atascaron las palabras en la garganta, yo creo que de puro coraje.
Apenas y llegamos a casa me dió una tunda.
Cerró la puerta y quitándose una zapatilla me dió en las nalgas hasta que me ardía. Literalmente me aventó a mi cuarto y me declaró castigada hasta que llegara mi papá.
En mi cuarto solita, me quite la falda y mis calzones y pude apreciar las marcas de tacón que había en mi escaso culo.
Mi mamá no había tenido reparo en darme lo que me merecía.
Yo era una putita inútil que necesitaba una lección y bien que se encargó de ello.
Me acaricié primero por el dolor, pero en verdad tenía la piel super sensible.
Mi concha empezó a palpitar y sin más empecé a dedearme admirando lo maltratado de mi derriere infantil.
—Ésto es lo que querías…puta cerda.— me dije sosteniendo mi mirada ante el espejo.
Mis juguitos prácticamente escurrían de mi cuerpo sin desarrollo.
Tomé uno de mis cepillos para cabello y empecé a darme castigo sin ningún reparo en disimular los gemidos que empecé a hacer.
Entraba y salía admirando lo mojado que estaba el mango de mi cepillo.
Gemía puercamente.
—aah…aaahh…aaahhhhh.—
Mi mamá entró por el escándalo y me encontró en plena faena, ensartandome lujuriosa el cepillo de cabello en mi vaina de nueve primaveras.
Quise cubrirme pero era obvio que me había visto.
La muy zorra me gritó.
Me llamó puta y jalándome del cabello me arrojó contra la cama.
—Pero si eres toda una puta ¿verdad? …te gusta que te golpeen…¿eh?—
—Contéstame, dime que tan puta eres.—
Me volvió a jalar del cabello y arrancándome el cepillo de las manos me recargó en sus piernas.
con la panza contra sus muslos y mis nalgas al aire.
Empezó a descargar golpe tras golpe en mi desnudo trasero con el cepillo.
—Si ya te habías tardado…maldita ramera…hija de puta.—
Yo gritaba de dolor y las lágrimas asomaban ya en mis ojos.
—ENFERMA…igual que todas…CERDA ASQUEROSA…—
Yo empecé a suplicar.
—Me duele…me duele…ya mamá…ya…por favor…por…favooor…—
—Furcia depravada.—
Me siguió insultando… jamás había escuchado tantas palabras para una sola persona.
Pero mis llantos parecían tener el efecto contrario, pues me soltó otra andanada de cepillazos bien dados.
Mi culo había pasado de estar sensible a estar verdaderamente rojo como tomate.
En verdad me estaba arrepintiendo del estúpido plan, pues no le veía fin a mi merecido castigo.
Mi madre se detuvo un momento, yo creo al notar como estaba de mojada mi panochita.
Y apoyando su codo contra mi espalda para que no me enderezara y con los brazos me abrió las piernas.
Yo respingué automáticamente, pero su codo encajado en mi pequeña espalda hizo que me fuera imposible enderezar.
Con la mano libre me empezó a manosear la cuca.
—Maldita perra…en verdad te gusta ¿no?…—
—Te gusta que te sometan…de seguro ya sueñas con vergas…¿No?—
—ajaaaahhh— dije más como un gemido que como palabra.
Porque la mano de mi mamá frotaba con avidez mi rajita jugosa.
—Lo traes en la sangre.—
—hija de puta…— lo repetía como un mantra, una y otra vez.
—hija de puta …hija dep…uttaa—
Por el espejo vi a mi mamá empezar a chupar el mango del cepillo que minutos antes me estaba perforando mi inexperta almejita.
Yo había dejado de llorar y nada más sollozaba caliente en las piernas de mi mamita.
Ella regreso el cepillo a mi entrada y empezó a machacarme la pepa.
Los jugos de mi entrepierna llegaron a sus piernas, dejando marcas sobre su ropa.
—Eres una puta… siempre espiando cuando me coge tú papá…—
me decía ya menos violenta.
Me nalgueo y volvió a acariciar mi conchita que ya volvía a estar jugosa.
—De seguro también quieres verga… ¿verdad puta?…¿eh?…dime…—
—¿Crees que te mereces un miembro de hombre?—
—¿Quieres quitarme a mi macho?… maldita zorra…¿eh?…—
Ese pensamiento la enloqueció.
Otros manazos bien puestos en mis nalgas.
—¡Aaaahhh!—
Grité tanto de dolor como por el hecho de que se diera cuenta que yo quería que mi papá me hiciera su hembra.
Me volvió a zarandear del cabello y me está vez me azotó contra la pared.
—Maldita zorra…si verga quieres, verga tendrás… pero de unos putos moretones no te vas a librar…—
—¿Me oíste perra?—
Mi mamá me escupió a la cara y me pateó.
Yo lloraba sin parar.
Su saliva me escurría por la cara.
Mi mamá me la embarró bruscamente y volteando mi cara hacia ella me obligó a abrir la boca.
Me escupió en ella e inmediatamente me cacheteó.
—Trágate eso puta —
Me dijo con enojo.
—Estúpida zorra…no sabes en lo que te metiste—
Me espetó y salió dejándome con la cara ardiendo del golpazo que me dió contra la pared.
Salió y me encerró con llave como si de un calabozo se tratase.
Quedé en shock por lo que me pareció una eternidad. En mi cabeza ideaba formas de escaparme, culpar a los maestros de mis calificaciones… cualquier cosa con tal de no enfrenta
r las consecuencias de mis actos.
Pero al final resonaban en mi cabeza las palabras de mi papá.
—A cada acción hay una reacción.—
La calentura me había hecho hacer cosas estúpidas he iba a pagar por ello.



Dejar un comentario
¿Quieres unirte a la conversación?Siéntete libre de contribuir!