METAMORFOSIS 281
Rapaz.
Rápidamente entraron al cuarto, le abraza por detrás, le susurraba al oído “¡quita toda tu ropa, ven mi cielo, vamos a lavarte ese lindo culito que es mío!” le llevaba acariciándole el pelo bajando su mano a rozarle el cuello, dentro del baño movía la válvula de la ducha y con la manguera iba rozando la rajita y fue metiendo en el culito viéndose bien humedecido, el agua se deslizaba por esa piernas rellenitas con esos pies bien hermosos de dos alargados y empeine plano, brillaba su piel, le hizo acuclillarse lentamente y así teniéndole en su delante le acercaba su pene rozándole el glande en su boquita y se lo hacía rozar en esos labios humedecidos rosáceos, lentamente abrió su boca como también lentamente el glande a la mitad de capacidad entraba en esa boquita cuyo rostro relajado mostraba una expresión de gusto cuando empezaron esos labios a chupar delicadamente y luego lamer sutilmente ese glande amoratado, lo sentía duro y grueso para su boquita, lentamente le acostó en el piso de la ducha, entraban justo, y allí comenzaba a besar y acariciar todo el cuerpito de ese niño precioso, para ese momento ya estaba entregado por completo a él, el nene sentía que mientras le besaba llevaba una de sus manos a la rajita del traserito y con utilizaba crema de baño perfumada para ir metiendo despacito un dedo, primero lo metió hasta el fondo lo que al niño cusó molestia, después sintió el segundo dedo que aumentaba su rictus en el rostro, gemia, jadeaba, eran dedos gruesos, “¡quédate quieto!” “¡lo hago para que sientas rico después!” “¡calma!” “¡tranquilo, mi bebé!” el nene exclamaba “¡ya!”, “¡para!”, “¡ah!” “¡ah!” “¡me duele!” “¡ay!” “¡!” “¡me duele!”, “¡ya!”, “¡ya!” continuaba con sus dedos metidos en el ano que se iba dilatando a la acción de la crema puesta, así de esa forma lo iba abriendo hasta que sentía que intentaba con otro dedo, las piernas estaban bien abiertas, uno de los pies apoyados en el altillo de mortero junto a la pared por donde los dedos de los pies le rozaban, otro pie en alto rozaba la cortina de la ducha, se acuesta sobre el niño empezando a besarse, apoya su cabeza en el hombro y le besa ahora el cuello y tetillas “¡están bonitas!” “¡parecen de hembrita!” luego dobla las piernas del nene pegándose sus rodillas al pecho, así estaba levantando esos hermosos pies quedándose pegados al pecho, ahora el pene rozaba la entrada del ano e iba entrando, se notaba el rictus del pequeño que gemía y jadeaba en cada empuje de la pelvis con la que el pene entraba en el ano “¡ahora serás mío como siempre!” empujaba un poco sacándole al niño exclamaciones “¡ah!” “¡ah!” iba metiendo más y le preguntaba “¿te gusta así?”, “¿verdad?”, “¡te lo estoy haciendo con amor porque me gustas!” “¡eres mío!” el niño solo emitía gestos “¡ah!” “¡ah!”, dio un fuerte impulso de pelvis para que el pene entre más y fue en ese momento que el nene exclama “¡ay!” “¡ay!” “¡me duele!” “¡despacio!” “¡despacio!” ya para ese momento el glande entraba a medias, estaba dentro de ese culito dilatado, el glande sintió la tibieza de ese hoyito, de repente el glande sale como resorte del culito quedando encima del penecito erecto lampiño, entonces se rozaban entre sí los penes al movimiento de las pelvis, se notaba el vello púbico de aquella pelvis adulta que se rozaba con la pelvis lampiña, “¡me gusta estar así contigo, mi vida!” “¡sentirte así que te cojo!” el niño veía el rostro complaciente del adulto “¡así!”, mordía los labios “¡así!” unían las frentes “¡mi amor!” “¡mi amor!” las pelvis se rozaban más seguido y es así que sentían sus cuerpos sudorosos, el adulto se levanta estirando la mano para que el niño se ponga de pie, le marca al nene “¡vamos allá!” “¡quiero preñarte allí!” le llevaba marcado al salir del baño, le iba besando las mejillas “¡qué hermoso eres mi pequeño!” le sentaba en el extremo de la cama, se vio los pies descalzos agitados al viento en esa alta cama, vio su penecito erecto, sentía molestia en el culito dilatado, se acerca, le pone la mano al pecho haciéndole caer de espaldas en la cama lentamente, le vio encorvado en el extremo de la cama, le sonrió “¡así esta bien!”, se veía el penecito erecto como mástil, el adulto sonreía, acercó su cara al penecito abriendo la boca le succionaba haciéndole delirar, la cabeza se alzaba y bajaba rápidamente, ese penecito alcanzaba un brillo evidente por la saliva expuesta en su piel, se apartaba para verle así encorvado con el penecito humedecido que con sus manitas lo estiraba llevándose los dedos a la nariz oliendo eso dejado en su piel, el adulto agitaba su pene y no dejaba de verle, el nene empezó a reír y esa actitud era buena para las intenciones del adulto, él se acuesta boca arriba el niño ve ese pene velludo apuntando al techo, fue entonces que le dice al niño que vaya sentando sobre esa pene, la saliva estaba puesta en ese agujerito y que se sentía tibio, lentamente el niño va sentándose bien despacito y ve que él tiene los ojos cerrados mostrando placer, es en ese momento que me va colocando el pene adulto en la puerta de ese culito infantil, siente que el glande va calzando y entra la puntita y de golpe se va deslizando, el nene exclama con fuerza “¡ah!” mientras el pene va entrando “¡ah!” “¡tranquilo, así te lo hace Parcemón!” al escuchar eso el nene dejaba de gemir conteniendo su exclamación, la cara se ponía rojiza y las venas se notaban en las sienes por efecto de tanto puje contenido, “¡aguanta!” “¡ya lo vas a gozar!”, “¡aguanta!” “¡aguanta mi pequeño!” “¡recuerda la primera vez!” “¡nuestra primera vez!”, esa frase retumbaba en la mente del pequeño, en verdad, desde hace algunas semanas lo estaba haciendo de nuevo con quien lo desvirgó, ese pene era más grueso que el de su amiguito y de aquellos con los que le hacían ese “jueguito”, el niño aparentemente en parte hizo caso y se relajaba sentado y fue sintiendo que la cabeza del glande de ese prominente pene iba abriendo el esfínter y siente de un empujón que entra, de esa manera el nene aprieta con fuerza por inercia el culito que ya lo siente dentro, el niño precioso va sintiendo de a poco los estragos del pene en sus entrañas, se queda quieto, las lágrimas se deslizaban `por el rostro porque la verdad era que le dolía y sentía mucho malestar en su culito, le venía la angustia, pues el recordar esa acción parecida a lo que le hizo aquella primera vez le hacía agitar la respiración poniendo rictus en su rostro mordiendo los labios y cerrando los ojos, sentía que le estaba agrandando el hoyito dilatándole por dentro con ese gran pene adulto, mientras que el adulto con sus manos iba acariciándole el pecho y pasaba sus manos por las axilas, metía un dedo en la boca, lo sacaba le apretaba sutilmente las tetillas, tiempo después le sostiene de la cinturita y le fue deslizando un poco más para abajo, el nene mantenía los ojos cerrados y sentía que se iba deslizando aún más ese trozo de carne dentro del culito que aceptaba el paso del glande muy diferente a lo que pasó aquella primera vez en la que se resistía ser roto por ese pene de adulto, “¡tranquilo mi bebé!” “¡ya casi lo tienes todo adentro!” “¡tranquilo!” “¡aguanta!” “¡esa vez que te vi en el árbol cogiendo con Parcemón te tenía muchas ganas de comerme este culito!”, “¡se que te gusta mi pene!” “¡aguanta!” “¡me gusta abrirte tu culo!” “¡te rompí el virguito!” “¡este culito es mío!” “¡mío!”, así le movía más hacia abajo, se detuvo un momento, le acariciaba las caderas desnudas sintiendo la suavidad de la piel al paso de los dedos adultos, “¡ahora sentirás rico, ya verás!”, en ese momento le fue levantando y bajando bien despacio, sentía ese ardor que le calentaba, que le quemaba por dentro y cada vez que subía y bajaba iba entrando más su pene hasta que en uno de eso movimientos sentía que los pelitos iban rozándole los glúteos, le agarra la manito y le lleva a tocar su pija que estaba totalmente adentro de su ano, “¡toca!” “¡siente!” “¡lo tienes todo adentro!” los deditos del nene rozaban los vellos y los testículos rozando la piel de los glúteos de su culito, abrió los ojos, estaba temblando por el dolor, las lágrimas rozaban las mejillas deslizándose por su piel, en el fondo le estaba gustando al pequeño y así aguantaba esa penetración, siguieron quietos los dos, luego el adulto comenzó a besar y en lo que estaba quedándose quieto le chupaba y mordía suavemente el cuello y las orejas, luego de forma sutil pasaba su lengua por el cuello del pequeño y volvía a rozar sus labios en la boca, el niño sentía todo ese vendaval de caricias sintiendo ese pene metido hasta el fondo de su culito, “¡muévete, mi bien!” “¡así!” “¡así!” “¡despacio!” “¡despacio, tú solo!” “¡tú solo!” así el nene se movía bien despacito, lo iba haciendo cuando ya el adulto sacaba hasta la punta del glande y era allí que el pequeño travieso sentía un adecuado alivio, respiraba hondo, haciendo pausa, “¡ven!” “¡siéntate de nuevo!” con más saliva en el culo y en el pene luego el nene se volvía a sentar otra vez con un leve dolor percibido en su culito dilatado, en verdad ya se sentía bien, algo rico doloroso pero delicioso con el latido del culito, los movimientos eran hacia arriba y hacia abajo, eran tomadas sus manitas por las del adulto vecino, así se movía cabalgo a ojos cerrados “¡qué bien lo haces mi amor!” “¡sigue!” “¡continúa!” “¡continúa!” mordía los labios a ojos cerrados “¡así!” “¡así!”, de pronto le sostuvo de la cintura y rígidamente lo bajó sintiendo en su culo que todo el pene había entrado, se quedaron quietos expulsando la acelerada respiración, bufaban de gusto, sus cuerpos estaban sudorosos, lentamente se acostaron de perfil y así el pene salía del culo del niño bonito, el nene se coloca de cara a la sábana boca abajo, sintió encima el cuerpo del adulto, “¡ah!” exclamaba y era porque al sentir abiertos los glúteos el pene entraba en el ano, en esa posición se aprovechó de meter el pene profundamente por ese culito, lo metía ansiosamente, la pelvis chocaba con los glúteos hasta que de pronto sintió ese liquido dentro de su culo, estuvieron quietos por unos instantes, luego le lleva al baño y le limpian el cuerpo entrando a ducharse, “¡inauguramos el baño que hice en el cuarto!” los dedos pasaban por le culito, se notaba el agujerito rojo muy dilatándose, se notaba todavía que salía el semen de su culito ya dilatado, le pasaba las manos por las piernas rellenitas, “¡eres un niño muy lindo!”, se abrazaron bajo la caída del agua de la regadera, “¡ahora podemos hacerlo siempre aquí!” “¿verdad mi niño?” le mira a la cara para ver su respuesta, el niño asiente con cierta expresión de conformismo, tiempo después se despedían le besa con mucho cariño y le dijo que le iba a ayudar siempre en lo que se pueda y que él guarde secreto.
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El libro se abre ante la mirada de eso ojos cafés, la lectura empieza con una inquietud cada vez más en aumento, pensar que ese libro lo tuvo mucho tiempo en su poder sin poderlo abrir, en él se notaba la vida real del tío de Luis Izaguirre, la mirada se centra en su recorrido desde la primera línea de aquella página que tenía manchas de resto de fruta, “Estaba con Lastenio conversando en la bohardilla de mi tío Rodolfo Buonanote, me confesaba sus cosas picarescas: Le dije a Luis ¡Ven, vámonos a donde están abandonadas esos carretas!, por aquel lugar había también muchas tablas de madera apiladas junto con troncos, caminé con Luis llevándole de la mano, usted sabe René que Luis es un niño delicadito y tímido, lo llevé a un lado de una carreta destartalada pegada a la pila de madera, el lugar estaba muy oscuro además de que por la hora no habían ya peones al pasar, por eso estuve bien allí con Luisito, ya estando ahí dentro le dije que se quede quietecito, que mirase por la hendija, me puse frente a Luis y comencé a acariciarle las nalgas vestidas con más y más gusto, vi el rostro de Luisito y vi que ya empezaba a sentir deliciosamente el paso de mis manos mulatas por la tela de su pantaloncito corto, luego le beso el cuello a Luisito, vi que lo empezaba a excitar pues miré hacia abajo a su pantaloncito corto de cómo se ponía erecto el penecito vestido a través de la tela fina, estuve un rato más acariciándole la piel, diciéndole al oído palabras dulces y elogiosas que sé muy bien que a Luis le gusta escuchar de mis labios cuando le paso por las orejas y el cuello, así lo amanso a Luisito, mi mano derecha se metió por dentro del pantaloncito corto deslizándose por el trasero, le agarré esas suaves nalgas, vi que el pantalón estaba algo apretado y tenía dificultad en bajárselo, mejor me aparto un poco, me acuclillé delante bajándole la cremallera y desabotonando el pantaloncito corto y el cinturón viendo que se quedaron en los tobillos, Luis vio el descenso de su ropa quedando libre el penecito, me puse de pie tomándole de los hombros, pensé que el pequeño estaba asustado, pero vi que el nene se estiraba el pene moviendo sus caderas adelante y atrás con movimiento sexual en su pene tomado en su mano estirándolo, me dio tanto gusto ver su actitud que lo abrazo y le doy un beso en las mejillas cuello, la carita de Luis se apoyó en mi pecho, le acaricié el pelo, le decía cuánto lo quería y que deberían demostrar su amor haciendo el jueguito que hacían secretamente, Luis miraba su erecto penecito, le dije si querían hacerlo, el “jueguito”, Luisito asintió con una sonrisa leve y yo comencé a sobarle las nalgas, le apretaba los glúteos diciéndole que eran míos, Luisita se reía, le dije que esos glúteos que le estaba agarrando son los que por vez primera por allí le hice el paso de mi pene por eso son míos, así que yo seguía sobándole las nalgas sin dejar de besarle el cuello, vi con mucho gusto que Luisito baja la mano y sobre mi pantalón empieza a frotarse el pene en un instante para luego hacerlo con sus dos manitos, le dije al nene que me desabroche el pantalón y sus manitos me saca el pene, esto me excitaba, con mi pene libre le rozaba el rostro de Luis pasándole por los labios, le ordené que abra la boca mientras le acariciaba el pelo, me reía viendo mi cabeza de pene mulato que contrastaba con el color rojizo de esos labios de piel blanca de Luisito, mi cabeza de tronco entraba poco a poco hasta que lo hacía toser al niño, era muy grueso para esa boquita, le hice lamer como ternero, después lo encorvé al niño mostrándome ese traserito rozagante, con uno de mis dedos trato de buscar la entrada del trasero de Luis que se dejaba y vi en su carita angelical que estaba sintiendo muy rico una vez que lo encontré empecé a metérselo sin mucho esfuerzo pero a poco se lo metía y se lo sacaba cada vez entrando más y más a fondo pero sin perforarle del todo, esa acción vi que a Luis le sacaba varios gemidos, Luis también hacia lo que le tocaba de estar quieto, pasivo, con la otra mano empecé a masturbarle el pene de Luis, a rato con más intensidad, con la misma intensidad que él le metía su dedo y se la jalaba, como si siguieran el mismo ritmo; le saqué el dedo del ano de una forma brusca que ahí sí que le dolió e incomodó un poco, sin perder tiempo le di la vuelta, mi pecho quedó a la espalda de Luisito y le jalo un poco hacia mi, le quito la camisa y le beso la espalda, le hice dar medio paso hacia atrás y lo reclino despacio y le digo a Luis que pusiera las manos en el borde de la carreta abandonada, me obedeció como de costumbre sabiendo lo que seguía, le ayudé a quitarse la ropa de los tobillos, yo también me quedo desnudo igual que Luis, nos vimos los cuerpos desnudos y nos reíamos, él me miraba muy atento mi pene grueso, me di cuenta viendo su rostro lo bien que estaba conmigo, le dije que sepa que este trozo de carne iba a jugar en su hoyito allí dentro, eso que le dije ya lo entendía pues ya lo habíamos hecho muchas veces en diferentes lugares de la estancia suya y en la de sus abuelos, así que le dije que ahora era el momento para sentirlo de nuevo, le acomodo mi pene con mi enorme cabeza de glande en la entrada de ese culito blanco, le empiezo a menear la cintura haciendo que se deslice por esa rajita, lo sostuve bien de las caderitas y allí sentí el perfume de su piel, así lo tuve debajo de mi por unos segundos, cuando le hice el siguiente movimiento de cadera Luis empiezo a sentir como lo presionaba hacia su cuerpo, mi deseo era que entre mi cabeza en ese agujerito, estaba muy caliente y decidido a hacerlo y por eso empujaba con la cadera y con la mano lo mantenía firme, estaba difícil, Luisito comenzó a gemir y a querer llorar,
Le dije que abra más las piernitas blancas y le hice que empuje hacia atrás su trasero le hice una leve fuerza , me angustiaba al no poder metérselo, Luisito era aún pequeño, me di cuenta que su traserito tenía el huequito cerradito y ajustado para soportar la cabeza del pene, ya sentía que la leche me iba a salir y mejor empecé a rozarle el traserito con el pene, pero después insistía, quería metérselo en el culito, lo tenía bien agarrado, así que ahora a veces entraba algo en ese hoyito punteándole algo, escuchaba a Luis que me decía que le dolía tanto, que ya no quería más porque tenía miedo, Luisito no gritaba pero se notaba en el rostro el dolor y me decía que ya no más, que pare eso, que le estaba doliendo mucho, yo no quería soltarle, sin moverme le dije que se tranquilice y lo tenía con fuerza de la cadera, quise que se tranquilice, pero Luisito me suplicaba al borde de chillar que se lo saque, yo le hice movimientos leves de cadera mientras insistiendo en querérmelo coger bien, le dije que se calme, pero Luisito me decía que ya no quería, al rato escuchaba el dolor y quejidos pero fue cambiando a jadeos y a leves pujidos de parte de Luisito, yo ya no aguanté más la presión, así que me vine en él, vi como resbalaba por sus piernas mi semen, me alejé, le dije que no se mueva, seguía en posición perrito, su piel blanca ahora era rojiza, sus cabellos alborotados, yo miraba mi leche que quedaba en los muslos del nene, sonreí y vi a mi alrededor, suspiré profundamente y cerré los ojos, me puse a recordar tiempo atrás con esos movimientos deliciosos de tus testículos, René, “¿te acuerdas de aquella vez, René?” esa vez en que iban rozando mis glúteos…”, ahora, Brunito hizo una pausa, en su lectura para estirarse y bostezar, fue hacia la ventana de su cuarto, desde allí miraba a la gente pasar, era una tarde lluviosa que ameritaba el acto de leer, estiró sus brazos, se tendió en la cama metiéndose la manos por dentro de su short que únicamente llevaba puesto, suspiraba repetidamente, cerraba los ojos exclamando la presencia de Luis, su aquel mentor, su protector, sus suspiros fueron largos con exclamaciones de deseo, cerraba los ojos pensando en esos momentos vividos con Luis Izaguirre en su cama, se preguntaba qué estaría haciendo ahora, siguió manoseándose el pene con placer, hizo una pausa viendo de la cama hacia la puerta, entendió que la lectura se volvía interesante, fue a la cocina a prepararse un emparedado y lo llevó al cuarto con una jarra de jugo de frutas, mientras comía observaba las hojas de ese ese escrito, siguió leyendo lo que decía Lastenio: “…recordaba ese glande tuyo. René, entrando al borde de mi esfínter, luego me lo hacías sentir con ese peludo, grueso y venoso tronco de tu pene, yo ya empezaba a sentir cada centímetro que me lo mandabas a guardar dentro de mí culo, lo sentía tan adentro y justamente cuando estaba a punto de que lo saques con sutileza, nuevamente sentía que me lo empujabas dentro de mis entrañas, hasta que finalmente siento esos fluidos seminales tuyos, habías terminado dentro de mi culo, sentía como me llenabas de tu leche; yo recordaba a ojos cerrados cómo sentía que recorría por dentro ese semen tuyo en mi culito, sentía mi trasero dilatado aún más por ese semen tuyo, así, que sentía ya ese bombeo de tu grueso pene engrosándose y presionando las paredes de mi recto hasta que te salía ese esperma por mi trasero mulato, sentí tu tibio líquido viscoso salido de la punta de tu pene, sentí que en cuanto terminaste de arrojar hasta lo última gota te movías más dentro de mí, yo sentía que tú con esos dos o tres espasmos dentro de mi culo luego me lo sacabas de golpe de mi trasero, después sentí en mi culo la forma en que me lo sacaste de inmediato, me acuerdo perfectamente que sentía ardor en mi trasero mulato, sentí además de una sensación como si tuviera ganas de defecar, René, te reías viendo mi cara, lo sé… pero bueno, ahora sigo con mi relato…” Bruno Sebastián deja a un lado la lectura poniendo el libro a buen recaudo, escuchó pasos que se dirigían a su habitación, la puerta se abre, era Jasmani, se presentaba con amplia sonrisa, se abrazaron dándose un potencial beso apasionado “¡te visto esta noche!”, las manos se metieron dentro d ela tela del short manoseando el voluminoso culo de Brunito “¡que lindo lo tienes!” le metió el dedo haciéndole gemir mientras sus penes vestidos erectos se rozaban, sacó la mano detrás del culo llevándose el dedo a la nariz y que antes estaba en la rajita rozándola, “¡qué rico huele!”, “¡ya vengo más tarde!” “¡para disfrutar de eso que es tan mío!” lo acercó con fuerza en fuerte abrazo mirándose a los ojos “¡mío!” dándose un fuerte beso, luego se apartan, Jasmani sale del cuarto, todavía tenía restos de olor de su culo impregnado en su nariz por el dedo de su protector, mientras comía, abría el libro ubicando su mirada en la página media en la que había quedado, con amplia sonrisa empieza a leer: “…te contaba René que Luis sabía qué hacer, aún estaba quieto en esa postura que lo dejé, por unos segundos me miraba a donde estaba arrimado a ojos cerrados con gusto de lo que a él yo le había hecho, Luis seguía así así hasta que vi que empezó a sentir como escurría por sus muslos mi leche que estaba en los glúteos, de inmediato vi a Luisito aún en esa posición, sonreí, de mi bolsillo saco papel limpiándole los restos de semen en su piel, le besé tiernamente, lo acosté boca arriba diciéndole que ahora iba a hacer lo que más le gusta, agité el penecito de Luis y me lo llevé a la boca lamiéndole y chupándole por unos cuantos minutos, me gustaba verle en esa deliciosa postura, vi que su rostro se componía, se le dibujaba el gusto por lo que le estaba haciendo, así como me enseñaste, René, hice que el roce de mi lenga se deslice por la piel de Luisito, así que eso hice, mi legua se deslizaba desde los testículos lampiños hasta que la punta de mi lengua se deslizaba desde la separación de los testículos hasta llegar a la punta del tronco del penecito de Luisito, debo decirte René que la punta de mi lengua rozaba el poco glande salido por ese prepucio infantil haciéndole movimientos circulares, Luisito gemía y daba a notar el deseo de espasmo y deseo de micciar que le provocaba con mi lengua, allí lo dejé mirando hacia arriba, estaba desnudo con su piel blanca que me gusta como la tuya René, allí estaba Luisito totalmente tendido en el suelo con sus piecitos descalzos apoyados en el suelo, sus piernas dobladas y su culito sobre el suelo, me miraba con cierta timidez y recelo, sin duda René, que tu sobrinito Luisito es un niño precioso, me acosté un rato junto a él acariciándole el penecito, el travieso de Luisito seguía suspirando, le enseñé a masturbarse a tu sobrinito, luego ya vimos el cielo, le dije que ya era el tiempo de irnos, después nos arreglamos la ropa sin ser vistos como de costumbre, le dije al niño que de favor no dijese nada a nadie de lo que “jugamos”, estaba acariciándole el pelo y también le limpiaba el culo, cuando le dije al niño que no se preocupe por lo del “juego” que hicimos, también le dije a Luisito que era un niño bueno y que me había gustado mucho jugar con él y que obvio no diga nada y que él también debe guardar ese secreto del “jueguito”, le abracé tiernamente felicitándole por lo bien que “juega”, fuimos en dirección a la casona, vi que Luis entró directo al baño, lo seguí, vi que se bajó el pantalón y el calzoncillo, se sentó en el inodoro, estaba pujando, me gustaba verle la carita de inocente al momento de pujar, me decía que le dolía, y eso que solo le metí la puntita de mi pene en el culo, me dijo que estaba sacando excremento, luego vimos los residuos de semen mezclados con el excremento que flotaban, algo de semen se había alojado en la entrada de su ano, me dijo que le latía al momento de pujar y defecar, vi que eso le llamó mucho la atención por unos instantes, me dijo que aun tenía algo adentro y ya estaba sentado en el inodoro vi en su rostro que Luisito recordaba aquellos momento vividos de forma excitante conmigo, me saqué el pene para rozarle los labios y algo me lo chupó, luego se puso en pie arreglándose el pantalón corto y el calzoncillo, se fue a su cuarto caminado pensativo rascándose el culito y estirándose su penecito vestido, me dio gusto verle al caminar, a lo lejos vi que Luisito dentro de su cuarto estaba arrimado junto a la ventana, sentía que me estaba mirando de lejos, estaba arrimado a un árbol, nuestras miradas se cruzaron, le sonreí poniéndome rápido a restregar mi pene vestido, le estaba mandando una señal de recordatorio de lo que habían “jugado” conmigo, me divertí mucho esa tarde…esa fue la aventura de Lastenio con mi sobrino Luis, me costó dos pesos sacarle la verdad, aquí la escribo para releerla, creo que ya es momento de ver qué hago con mi sobrinito,”; Bruno Sebastián tragaba saliva, fue al baño a ducharse, deseaba salir pronto para seguir leyendo, la tarde se prestaba para aquello, su pene estaba erecto, a sus catorce años estaba en la plenitud de su virilidad, la jabonadura en la ducha le estimulaba a masturbarse, a su mente llegaban esas ideadas imágenes de lo que había leído, se imaginaba la imagen de Luis siendo pequeño, recordaba esa fotografía en su velador siendo pequeño montado en un caballo del parque cuando tenía sólo cinc o años allá por año 1928 en aquellas fiestas del pueblo, a un año de que nazca su primito Gustavo Adolfo Pozzo Buonanote, aquel militar conocido por Brunito en los periódicos, se escucha el chirriar de la puerta, d pronto la cortina se abre, era él, “¡tranquilo!”, “¡podemos hacerlo ahora!”, “¡rápido!”, “¡ella salió a comprar!”, “¡aprovechemos ahora!” “¡bien sabes que salgo de viaje por unos días!” “¡no quisiera irme sin antes dejarte mi leche en tu culo!” “¡ven!”, así entraba se quitaba la toalla que llevaba puesta lanzándola al piso, “¡ahora, ya!”, la cara y pecho de Brunito de catorce años se arrimaba en la fría pared de azulejos, empujaba de atrás, gemía, el pene estaba dentro, abría la boca al sentirlo, las manos se entrelazaban, el agua salida de la ducha recorría esos cuerpos desnudos siendo humedecidos al contacto de la pelvis de Jasmani en los glúteos de Brunito, la cara se Jasmani se apoya en esos cabellos humedecidos, “¡así me gusta cogerte!”, “¡alza la pierna!” se apega más al levantarla, su jeta bien y al zando y bajando el pene estaba en su mete y saca, los dos se movían al mismo tiempo a jos cerrados, “¡me gusta sentirte, así, así!” “¡me gustas Brunito!”, “¡me gustas!” el muchacho tenía rodeado de los hombros a Jasmani en señal de entrega, se besaron bajo el agua, de pronto siente que debe poner se en cuatro, así se encorva y el pene de Jasmani entra más furibundo en ese culito y es allí en esa postura que deja su semen dentro del ese voluminoso culito, “¡ya te preñé!” le decía con gusto “¡ya te preñé!” lo decía con seguridad, sutilmente se fue apartando del muchacho, juntos se ducharon, ve que Jasmani sale no sin antes darle un fuerte beso, “¡nos veremos en los próximos días!”, “¡cuídate… mi amor!”, esa frase significaba mucho, la había escuchado antes de otros hombres que habían pasado por su vida, esto para él era muy especial, lo vio salir, era su amante actual, salió del baño, pensativo, se sentó desnudo en el extremo de su cama, vio su pene erecto, se había quedado con las ganas de lo que le hizo Jasmani, se vistió y bajó a comer tiempo después, sólo comió con Elena, conversaron de la escuela y de otras actividades del pueblo, se acercaba navidad, estaban a principios de ese último mes de 1969, esperarían para esa fecha a Jasmani, fue a su cuarto con la intención de leer ese interesante libro doblemente pegado con historias escritas por Reniek e insertadas otras hojas por escritos de Luis, estaba acostado en la cama, de repente sintió un deseo inusitado de dormir, allí quedó tendido en la cama, el sueño le ganaba la partida en esta la avanzada noche, de pronto la puerta de su cuarto se abre en la penumbra, se ve la silueta de Elena vestida con un traje de lencería de la época, se para junto al borde de la cama, Brunito siente las caricias de las manos de ella en su pelo, en voz baja algo susurrante dice “¡qué bonito eres!”, siente que se acuesta a su lado, la sorpresa fue mayor al sentir el roce de la nariz en su cuello y pecho oliéndole la tela, se asombra más al sentir ahora aquel deslizamiento de esa mano femenina por dentro del pijama, más aun sorprendido cuando esa mano roza el pene, “¡ya tienes pelitos!”, el muchacho queda inmóvil, la mano sale del pijama, siente el deslizamiento de la nariz de Elena por su entrepierna, “¡huele rico!” siente el deslizamiento del pijama, llega a los muslos, él se hace el dormido, se muestra el pene algo flácido, el dedo índice de una mano de Elena se desliza por la piel del pene, “¡qué bonito!” “¡qué suave!” “¡me gusta!” “¡me gusta… mucho!” era la primera vez que lo tenía visto tan cerca, de nuevo pasa la nariz por esa piel de pene, lo toca sutilmente para ver los testículos del muchacho, “¡qué bellos son!”, “¡Brunito!” exclamó con susurro, el muchacho se contenía, pensaba en estar así pensando a donde quería llegar esa mujer, despacio le iba desplazando el prepucio, notó que el muchacho ya había tenido experiencia pero eso no quita el deseo de ahora pasarle la punta de la lengua, es allí que se escucha un leve gemido, fue cuando los labios de Elena chupaban el glande, “¡Brunito!” exclamó, se miraron en silencio, vieron ese pene erecto a plenitud, instintivamente el muchacho lo toca agitándole en señal de masturbarse, sin decirse palabra alguna ella lentamente se acuesta sobre él, sus labios se rozan, el silencio continúa al darse su primer beso apasionado, las manos de Brunito están a la altura de sus orejas sobre la almohada, las manos de Elena las entrelazan, la pelvis de ella se mueves casi circularmente, siente el pene erecto rozando su vagina, siguen besándose a ojos cerrados, el movimiento de pelvis sigue, el silencio se rompe al decir “¡siente!”, “¡siente… Brunito!” “¡Brunito!” ella apoya su cara en el hombro del muchacho, “¡no puedo evitarlo!”, “¡Brunito!”, “¡me gustas!”, “¡me gustas!”, le besa todo el rostro y pecho, el muchacho responde pasando las manos por la espadza con troces circulares, pasa los dedos por el cuello, “¡quiero sentirte Brunito!”, el muchacho responde con besos, “¡házmelo!”, “¡házmelo!”, giran acostándose de perfil viéndose el roce del pene en esa vagina depilada de Elena, le dice “¡mira Brunito!” le toma el pene “¡quiero que me lo metas!” “¡sé que lo has hecho antes!” y se notaba pues el pene estaba desforrado con el prepucio deslizado mostrándose el glande de ese pene erecto, lo que Elena desconocía que ese pene fue desvirgado por el culo de Luis Izaguirre quien también le desvirgó el culo a Brunito, se abrazaron así acostados de perfil tomándose las caderas para que ese pene roce la vagina, giraron y ahora Brunito acostado encima de Elena sorpresivamente tenía su pene a la entrada de la vagina, para el muchacho era la primera vez que lo hacía con una mujer, estaba inquieto, elena sintió que el pene se iba poniendo flácido, comprendió que seguramente era la sorpresa de su llegada, que el muchacho aun tenía recelo de ella, pero tan caliente estaba que lo gira al muchacho abriéndole de piernas, miraba las manos de Elena agitándole el pene para ponerlo erecto, “¡qué hermoso lo tienes!” “¡quiero sentirlo!” “¡quiero sentirte dentro de mi!” para sorpresa de Brunito Elena empezó a chupar y lamer el pene, “¡es tan lindo!” “¡es tan suave!” “¡qué rico… mi cielo!”, ya bien ensalivado el muchacho vio que su pene volvía a estar erecto, ella se sentaba en los muslos del muchacho, “¡ahora lo voy a sentir!” “¡quiero eso!” “¡sentirte mi Brunito!” sentada como estaba se alzaba de caderas, tomaba el pene erecto y se lo iba metiendo a la vagina, exclamaba ella “¡va a ser mío!” el pene iba entrando, el rictus de sorpresa del muchacho se transformaba en una expresión entre asombro y recelo “¡ya casi mi amor!” “¡ya!” estando ya totalmente adentro ella empieza a cabalgar haciendo que instintivamente el muchacho alce y baje el torso asimismo con sus manos se aferre a las caderas de ella, al principio era cierta molestia pero estaba descubriendo otro gustito muy distinto de cómo le penetraba el culo a Luis, la vagina de Elena mostraba sensaciones en el pene del muchacho, así que estaban muy compenetrados sintiendo mutuamente ese contacto que para Brunito se daba en sensaciones novedosas, Elena seguía moviéndose, se notaba su rostro relajado a ojos cerrados con mordida de labios “¡me gustas!” “¡me gustas!” “¡es tal como lo soñé!” “¡tal como lo soñé!”, la mujer se movía más el muchacho sentía más y más delicioso, ella sintió que las manos se aferraban más alas caderas, supo que el muchacho iba a eyacular, continuaba moviéndose aceleradamente “¡préñame!” “¡préñame!” se agitaban más y más su respiración aceleraba, hasta que ella en su movimiento sintió dentro el semen depositado por Brunito que para él fue sorpresa pues era la primera vez que tenía un acto sexual con una mujer, el liquido se alojaba en las entrañas de Elena, “¡sí!” “¡sí!” decía a ojos cerrados “¡préñame!”, “¡préñame!” exclamaba “¡soy… tuya!” “¡desde ahora!” “¡tuya!” seguía moviéndose sintiendo ese semen dentro “¡eres mío Brunito!” “¡eres mío!” seguía moviéndose hasta que se detuvo cayendo acostada encima del cuerpo del muchacho, hubo un corto silencio cortado por la voz de Elena “¡lo hiciste bien mi Brunito!”, se había generado un idilio entre benefactora y protegido. La cara de ella se posaba en el pecho del muchacho, “¡debemos guardar nuestro secreto!”, hubo un corto silencio, se besaban intensamente, “¡eres muy lindo Brunito!” “¡tanto como lo que tienes acá!” miraban el pene algo erecto, “¡desde ahora lo haremos muchas veces!” “¿verdad que sí… Brunito?” el muchacho sonreía asintiendo, ella estaba feliz con esa respuesta, “¡tenemos todo este tiempo para hacerlo juntos!”, esa noche pasaron haciéndose el amor en diferente formas de posturas, a lo lejos inocente de lo que sucedía con su mujer Jasmani viajaba pensativo en el bus, a su mente llegaba el cuerpo de Brunito, sin duda sentía angustia su ausencia, se molestaba en no haber tomado la decisión de que viaje con él, estaba consciente de que Brunito significaba mucho en su vida, sin duda Brunito se había convertido en su necesidad, su compañía, su bienestar emocional… se había enamorado grandemente de él.
FIN DEL DUCENTÉSIMO OCTOGÉSIMO PRIMER EPISODIO




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