MI AMIGO LAZARO: Fin
Todo comenzó cuando mi amigo Lázaro me contó de la infidelidad de mi padre y sus deseos de follarse a mi madre .
UNA EXPERIENCIA QUE NO SE OLVIDARÁ.
Me aproximé al diván y arrimándome a la oreja de mamá le susurré.
- si, soy pajero y me gusta ver follar a las putas que pervierten a sus hijas por un cabrón que recién conocen.
Mamás se retorció de rabia queriendo separarse del tipo que continuaba martillándola.
- Detente, ya no tengo ganas —ladró intentando separase.
Pero el calvo no reaccionó, es más, le aprisionó con ímpetu, mi madre al verse retenida luchó para zafarse.
Un golpe seco retumbó como el chasquido de un látigo, mamá se llevó la mano al rostro con una expresión de pánico, el calvo le había cruzado la cara.
Tres hombres se aproximaron al diván, de unos treinta años, los tres aparentando vivir en el gimnasio. Dos de ellos tomaron a mi hermana y la llevaron a otra habitación, el tercero se arrimó junto a la cabeza mamá y le puso la verga frente a la boca. Mi mamá respiraba agitada, tal vez por la follada, tal vez porque por primera vez se daba cuenta que las cosa se le estaban yendo de las manos y eso que estaba muy aturdida por su situación, y no se percataba que su hija ya no estaba junto a ella.
Me aprontaba a seguir a Verónica cuando la rubia ingresó en el piso acompañada de tres negros enormes, los negros me miran y sonríen, la rubia se me acercó.
- Quédate, los hermanos Ndiaye le reventaran el culo a tu madre.
- Donde esta Evolet? —pregunté molesto.
- Allí —indicando un pasillo contrario a donde llevaron a Verónica.
Traté de caminar, de dirigirme al pasillo de Evolet cuando un chillido me interrumpió, era mi madre, los negros la levantaron en volandas y la dejaron caer sobre el centro de uno de los hermanos, empalándola con el obelisco de ébano, el enorme falo se introdujo con dificultad en el chorreante coño de mi madre.
- No, no, no, es muy grueso —voceo mamá— espera, despacio por favor.
Pero el negro no respondió y terminó por clavarle todo el volumen del pene para luego acostarse en el diván, dejando que la mujer lo monte, mi madre no se movió, tampoco era necesario. Un segundo negro, el más alto de todos, con un pene gordo de capullo enorme y con forma de hongo se le paró por detrás, inclinado a mi madre sobre el pecho de su hermano, este la envolvió en sus brazos aprisionándola, apretando las orondas tetas contra su torso.
- Que estas haciendo? —protestó mi madre al sentir la descomunal cabeza enfrentándose a su esfínter— no, no, por favor, por favor. NO!
El enérgico grito revelaba que el negro la había penetrado, era la segunda vez que le hacían una doble penetración pero la primera de este calibre.
Los ojos apretados, los dedos aferrándose al tapiz, el cuerpo tenso, labios contraídos y jadeos cortos como a punto de llorar, era una batalla y los negros estaban ganando.
- Es muy grande, son enormes, por favor ya, ya no más, me están reventando.
Pero ni caso, los hermanos, como una maquina bien coordinada el del culo entraba cuando el del coño salía y viceversa, se notaba que tenían experiencia en ello.
Nada podía hacer por mamá, le dejé allí, entre ruegos, gemidos y jadeos.
Caminé al rededor del diván y me dirigí otra vez al pasillo. El negro desocupado, con los brazos en jarra me miró con una sonrisa tan oscura como su color de piel.
Ya en el pasillo me encamine a las puertas de doble hoja semiabiertas al final del todo, al atravesarlas veo una cama enorme en el centro del cuarto rodeada de espejos.
Acostados en hilera seis sujetos hombro con hombro, los seis de espalda con las vergas tiesas apuntando al cielo, un séptimo, uno delgado, más joven que el resto sostenía a Evolet de las axilas clavándola sobre cada polla, dándole unos cuantos sentones la cambiaba de pene para luego continuar con el siguiente. Evolet, lo único que hacia era contraer el rostro, bufar y apretarse el vientre con las manos en señal de dolor.
Me quede allí, inmóvil, viendo como la gruta de mi hermanita pasaba de una polla a otra, a otra, a otra, para devuelta a comenzar. Di vuelta la cara, apreté el puño y me dirigí en busca de Verónica, pasé por el salón, continuaban con el dp solo que ahora era el otro hermano quien ocupaba el culo de mamá.
- Déjenme, solo déjenme por favor —bramaba mamá.
- No hasta que nos corramos —respondió el alto.
- Entonces córranse, por dios córranse.
El pasillo era un espejo del anterior, la puerta de doble hoja al final me espera con Verónica tras ella, de espalda sobre la cama, la rubia, con un arnés en la cintura le enterraba un consolador en culo mientras, un tipo gordo le metía la polla en la boca al tiempo que le abofeteaba el rostro, me sorprendió lo rojo que tenía las mejillas, no solo eso, las nalgas, el pubis y los pechos pequeños y puntiagudos también relucía un rojo escarlata. La habían golpeado, la seguían golpeando mientras la sodomizaba.
El gordo estampó la palma de su mano sobre el pezón izquierdo, mi hermana apretó los ojos escurriendo gotas de lágrimas por el pómulo.
El gordo gruñó enterrando su nabo profundo en la garganta de Verónica, soltando una descarga de lefa caliente que mi hermana tragó obligada.
Los dos franceses de la playa pasaron a mi lado, reclamaron a mi hermana para ellos, la rubia retiró el dildo para dar paso a la polla del hombre, la giró presionando la espalda de la niña contra su pecho y esperando que su amigo le penetre por el chocho.
No lo podía creer, y verónica tampoco, sus ojos como platos contemplaban sin dar crédito a lo que ocurría. El pene en su culo se acomodó para dar mejor cabida al que se le acercaba,
El palpitante capullo le penetró lentamente abriendo las paredes del coño, mi hermana gruñó y gritó al sentir como se ensanchaban sus cavidades pero el hombre no se detuvo hasta que sus huevos chocaran contra el perineo.
Ambas pollas se rozaron
- Se que te gusta, amor —susurró—, entrégate al placer.
Eso era todo, sabía que no la soltarían por un buen rato, no quería seguir viendo como le daban una doble follada, no quería seguir escuchando el crujir de la cama, el chillar de mi hermana ni el resoplar de los hombres.
Regresé al salón y me sorprendieron una serie de gritos ahogados, continuos, incesantes y lastimeros.
- Me destrozan, me están destrozando — bramaba—, córrete por favor.
El negro alto tomó un frasquito y soltó unas gotas de un líquido blanquecino en su pene rígido, lo esparció por el capullo, “retardarte” leí el estampado en ingles.
Retardarte, pobre, cuando se van a correr si se ponen retardarte en la polla, pensé.
El grito de mamá me sacó de mis pensamiento y lo que veo me empalidece.
Mamá, fuertemente sujeta por el negro bajo ella le mantenía la verga incrustada en el coño, el segundo encaramado a su espalda le metía el cipote en el culo y el tercer hermano, tras ellos, intentaba meterle un segundo pene en el ano.
Forzando la entrada, dilatando las paredes obligando a que el culo tragara el segundo capullo.
- Ya, no más —gritó mi madre al sentir como el glande estiraba sus carnes, ensanchando los pliegues del esfínter, como se introducía venciendo la resistencia de los músculos del recto, como se convertían dos descomunales penes en uno enorme—, ya no más, me esta ardiendo, me están rompiendo el culo, me están rompiendo el culo!. —lloró, hundiendo el rostro en el hombro del negro.
El espectáculo parecía entretener a los asistentes que rodearon el diván donde enculaban a mi madre, donde los tres negros la taladraban moviéndose en increíble coordinación. Yo que podía hacer, compadecerme y deleitarme.
Muchas oportunidades tuvieron antes de llegar a este punto, pero continúo dándole poder al perro de Lázaro, bueno, este es el resultado.
Las siguientes horas las pasé contemplando a los tres negro follando a mi madre, escuchando como ella gruñía, gemía y lloraba. Como los siete hombres se turnaban en el coño de Evolet y como follaban, abofeteaba y escupían a Verónica quienes, como muñeca de trapo la manipulaban a su antojo en las distintas posiciones que querían para penetrarla.
La “fiesta” se extendió hasta bien entrada la madrugada. Al final, los negros luego de un largo rato aporreando los agujeros de mi madre se descargaron dentro de ella y se retiraron satisfechos de su desempeño, eso no detuvo a que otros ocuparan sus lugares, metiendo pollas en ese culo tremendamente dilatado, comentando jocosamente como tenía los orificios como abrevadero de patos. Verónica y Evolet corrieron la misma suerte, conté dos más a parte de los siete en el coño de la pequeña y cuatro en Verónica.
Cuando todos se marcharon y la orgía parecía terminar, un sujeto, medico tal vez, revisó a mi madre y a las niñas, les aplico unos ungüentos y le dio a tomar unas capsulas, las dejo dormidas y luego se marcho.
Y ENTONCES, EMPIEZA EL DÍA DEL PERRO.
Me encontraba sentado, mirando por el ventanal hacía el profundo océano azul, una humeante tasa de té se sostenía de entre mis dedos, la puerta a mis espaldas se abrió.
- Ya era hora, pensé que no te dignarías a venir —dije.
- Me esperabas.
- Por supuesto, Magenta ¿Quieres té? Es de jazmín.
- Gracias —tomó la taza y se sentó frente a mí.
- Como sabias que estaba aquí?
- Magenta, Magenta, te vi.
Del otro lado una serie de casetas privadas similares a yurtas pero más pequeñas, haciendo de puerta una pesada tela, excelente para mirar sin ser notado.
Las dos primeras estaban vacías; la tercera había una chica joven durmiendo sobre una cama de sabanas blancas, realzando su cabello largo y negro como el carbón, me quedé mirándola unos instantes sumido en mis pensamientos ¿Qué hace Magenta aquí? Me pregunté.
Todo es una mentira, nada es lo que parece, todo es una mentira, todo es una mentira?
- Y entonces recordé —dije con una sonrisa soberbia—, “hijo, si lo que esta ocurriendo no te gusta, por favor ayúdame, envíame un mail, tengo un plan. Te amo, pequeño.” Mi padre nunca me llamó pequeño, no es cierto pequeño Luís?
- Mierda, muy listo, pequeño Luís.
- Gracias, fue entonces cuando medité: por eso me querías quieto, encubridor e instigador creo que era la idea ¿no?
- Algo así—dando un sobro del té.
- Pero para qué, cual era la trampa tras esto? Necesitaba saber, por lo que…
Sin prensarlo me dirigí a recepción y hablé con el encargado, lloré un poco y di algo de lástima, no es que tenga que mentir demasiado ya me doy lástima a mi mismo, me entregó una copia de la lleve, rápidamente regresé a nuestra habitación buscado alguna pista y la encontré.
- Sabes cual es el problema de los trajes de baño tipo sunga? —Pregunté mirándola a los ojos— son tan apretados que no te cabe el móvil y te ves obligado a dejarlo en la habitación. El móvil, cuando veas a tu padre dile que cambie la contraseña.
Magenta bufó y sorbió otro trago de té.
- Como sea pequeño Luis, no hay nada que puedas hacer, como te dije, mi padre siempre estará dos pasos delante de ti —rezongó molesta—, ahora, esto es lo que pasará, en treinta minutos unos amigos vendrán por tus putas y se las llevaran a dar un pequeño viaje a…
- No, pequeña Magenta, “mis putas” ya no están aquí y esto es lo que pasará —apreté la voz—, en —miré el reloj en mi muñeca de la manera más dramática como pude—, cinco minutos, tu padre será arrestado por la policía aeroportuaria por contrabando de polvo de hadas —reí—, debe ser terrible caer en una cárcel turca.
- De que estas hablando?
- El inquilino del yurta al lado tuyo…
En la quinta un hombre tirado sobre la orilla de la cama, su brazo colgaba lánguido, creí que estaría muerto o desmayado hasta que me percaté de las pequeñas bolsillas de polvo blanco regadas por el suelo, sonreí, entré sigilosamente y las recogí, eran muchas más de las que creía, unos doscientos gramos al menos, las tomé, sabía que en el futuro me servirían.
- Y estaba en lo cierto, después de leer el plan de tu padre idee el mió —me apoye en el respaldar del sofá y cruce las piernas—, corté un pliegue en el forro de la maleta y metí las bolsitas, esperaba que saliera huyendo al aeropuerto, tal como lo hizo, que cosas no?
- Hijo de puta.
- No seas así pequeña Magenta, tu papá sabrá arreglárselas, solo debe tener cuidado que se le caiga el jabón.
- Cabrón hijo de puta, tú… —intentó incorporarse pero se dejo caer en la cama.
- Magenta, no te muevas brusco, sabias que algunos retardadores de orgasmos, los ilegales, obviamente, contienen Burundanga —descrucé las piernas y me acerqué—, quien le hecha una droga para dormir a un brebaje como ese? Supongo que para adormecer la polla y para echarlas en, digamos, té de jazmín como el que te acabas de tomar.
- Maldito… —balbuceo.
- Esto es lo que pasará, tu padre ira a la cárcel por contrabando, yo y mis putas tomaremos el avión de las catorce horas de regreso a casa y tú —dije acercado mi rostro al suyo—, tú serás violada por mi, ahora y luego tomaras el lugar de mamá para pagar los gramos de coca que te esnifaste, descuida —dije abriéndole la blusa—, dejé lo suficiente para incriminarte.
De lo siguiente no estoy muy orgulloso. Le arranqué la ropa, hambriento por su cuerpo comencé a besarla; me arrastré por su cuello, pasando mi lengua, chupando su piel, bajando por su pecho hasta las tetas, lamiendo, chupando y mordisqueando sus pezones, mi polla palpitaba dentro de mi pantalón, masaje sus pechos mientras descendía por el vientre hasta el aterciopelado pubis.
Me hundí entre sus muslos lamiendo su vulva, salada y metálica, chupando sus jugos y clavando mi lengua en su interior, mi mente se nublaba, solo pensaba en una cosa; tomarla, debía ser mía por ultima vez, me arranco los pantalones, apunto la polla a su hendidura y la penetro, ella se retuerce, gime y jadea al compás de mis embestidas.
La follo con fuerza, con furia hasta vaciarme dentro suyo, pero no vasta, estoy tan excitado que el pene no baja, no pierde la dureza.
Esta vez la volteo, dejo su culo en posición, le abro las nalgas y escupo sobre su ano, me tomo la polla y froto los restos de lefa y jugos vaginales para lubricarla, apunto el capullo directo al agujerito y lo meto con fuerza hasta la mitad de volumen, me recuesto sobre ella y hundo el resto hasta los huevos, entierro las rodillas en el colchón y arranco un embiste recio, la cama se estremece y ella se sacude.
Cada vez más duro, cada vez más fuerte. Mi pene arde, duele; imagino su culo, ella jadea, bufa.
Dando un bramido me vuelvo a vaciar en su interior.
Luego de desmontarla me visto, tiro las bolsillas a su alrededor y mancho su nariz con algo de polvo blanco.
Escondido veo llegar al tipo del yurta acompañado por otros dos con cara de pocos amigos. Y eso es todo, lo que pase después ya no me interesa.
Cuando llego al cuarto en donde escondo a mis putas ya estaban despiertas, vestidas y listas para partir, mis hermanas no mi miran, mi madre de soslayo cruzamos mirada y baja la vista. Nadie me habla en todo el viaje de regresó, nadie habla en todo el viaje.
Las semanas pasan y ni Lázaro ni Magenta regresan.
Un día mamá con rostro enrojecido y visiblemente apenada farfulló un triste “lo siento”
Lo siento, solo un, lo siento.
Fin.
EPILOGO.
Seis meses después de las vacaciones el divorcio de mis padres se concretó. La relación de mi madre con las chicas nunca volvió a ser la misma, el trauma de Verónica por ser follada doble, escupida y golpeada fue tanta que en los alegatos finales del divorcio pidió irse con papá, mamá no protestó, sabía que había arruinado su vida y las de sus hijos.
Papá no estaba mucho mejor, él entendió que destruyó a su familia por una mujer que lo abandonó a la primera de cambio.
Ambos estaban tan avergonzados que no pelearon en el divorcio y lo dejaron fluir en un extraño status quo.
Mamá trató de cuidar a Evolet lo mejor que pudo enfrentando sus propios traumas, sabía que si buscaba ayuda psicológica podría poner en riesgo la custodia de Evolet y su propia integridad judicial. Proyectó toda esa frustración y resentimiento en mí. Echándome la culpa de todos sus males y si, en parte soy el principal culpable, yo metí a Lázaro en nuestras vidas, yo organice su primer encuentro y yo guié al comienzo.
Pero ella siguió, ella era la adulta, ella tenía que mantenernos a salvo.
Eso ya no importa.
En el divorcio el piso se vendió y las ganancias se dividieron.
Abandonamos nuestro hogar y nos cambiamos a un departamento más pequeño y muy lejos de allí.
Al principio pude aguantar el silencio, el abuso, con el tiempo fue empeorando. Pasó de una leve molestia que yo estuviera junto a ellas a un odio total, pasó de la ley del hielo a los insultos diarios.
Al principio no discutí, me dejaba humillar. Después me defendí y peleábamos, los gritos se escuchaban en todo el edificio.
A los diecisiete años me largué.
Una vez que nos cambiamos de piso el contacto con Lázaro se perdió para siempre.
Cuatro años después no sabía si seguía en la cárcel o ya había salido y la verdad, no me importaba. Estaba mejor así, vivía solo, trabajaba y me hundía en la miseria
No volví a saber nada más de mi amigo Lázaro ni de su hija.
Eso hasta una noche en que salía de un tranquilo bar al que me gustaba frecuentar, las gráciles manos de una mujer me sostuvieron del hombro y en un susurro.
- Papá te manda saludos pequeño Luís.
La punta del estilete me perforó el costado, entrando por debajo de las costillas, perforando el riñón y todo a su paso, caí al suelo apoyado a la pared.
La sangre gotea formando un charco, intento gritar, pedir ayuda pero mis palabras no salen. Eso es lo que me gusta de este bar, es oscuro y solitario y el callejón por el que transito siempre se encuentra vació, nadie me encontrara hasta la mañana.
Alcanzo el móvil, lo desbloqueo y marco, pero, para qué?
Vivir para seguir viviendo.
Vivir con mis demonios para siempre.
Con la agonizante verdad de que yo, destruí a mi familia.
Suelto el móvil. Da un golpe seco en el suelo salpicando sangre.
- Por mis pecados.
Me dejo llevar.
La oscuridad me inunda.
Ya no hay remordimientos.
Ya no hay pesar.
Ya no hay dolor.
Mis ojos se cierran.
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