MI PRIMERA EXPERIENCIA LESBICA, CON, MI MEJOR AMIGA
Fue rico.
Realmente no le hablaba a casi a nadie en la preparatoria, mi única amiga, y mi mejor amiga, era ella, digamos le Beatríz.
Desde que nos conocimos en primaria habíamos Sido inseparables, pero ya desde segundo de secundaria y sobre todo, en la prepa, las cosas se habían vuelto muy raras e intensas entre nosotras. inicialmente hablábamos de cosas que nos gustaban y teníamos en común, que eran bastantes.
Pero pronto pasamos de hablar de libros, o películas extrañas a, algo más. Beatriz desarrollo una fijación en mi trasero. No era raro que, mientras estábamos sentadas en la banca, yo sintiese una mano delicada y delgada invadiendo mi espalda, y descendiendo lentamente dejando tras de mi un hormigueo electrizante te que terminaba con ella apretándome el las nalgas mientras me decía «Tas bien nalgona» mientras se reía. Aparentemente, jugando. Claro, yo no era una santa paloma, también había desarrollado una fijación, en mi caso era con sus senos. Si yo era algo nalgona ella tenía un busto bastante desarrollado. Yo sé lo apretaba, como si jugará con un globo y le decía igualmente bromeando, «Y tu estás bien tetona».
En fin, solíamos hacer esos juegos extraños cuando no veíamos a nadie, Pero desde ahí ya se sentia una tensión intensa. Pero a veces, al yo contestarle jugando, ella se quedaba sería y no me hablaba el resto del día, aparentemente triste, o decepcionada.
Una tarde, nos pinteamos la clase. Beatriz me había dicho que quería mostrarme algo, yo ya estaba segura que sería una cosa asquerosa o violenta. Pero cuando llegue, ella agitó su melena castaña rojiza con seguridad, camino hacia mi cruzando las piernas y dela mochila saco algo, era un hentai. Me dió bastante morbo, nunca había estado ante uno en persona.
Nos metimos al baño para que no nos vieran y ella y yo fuimos viendolo. Era sobre dos chicas que, bueno, tenían sexo. Mi mano temblaba de emoción al igual que mi corazón María bastante fuerte. No aguante más y lleve mis dedos debajo de mi falda, a frotar mi clítoris. No me di cuenta que, a ese punto, ambas estábamos masturbandonos enfrente dela otra mientras veíamos como dos mujeres cogían en posición de tijera. Me di cuenta delo que estaba pasando, y, me incomode, saque deprisa mi mano porque preferí parar. Pero Beatriz tomo mi muñeca y la devolvió a mi feminidad mie tras me susurraba, con su aliento cálido en mi oreja, «No tenemos porque esconder esto ahora, nadie nos verá, disfruta». Antes de que pudiera llegar al orgasmo, quizás porque aún persistía mi incomodidad le dije, «Oye, mejor vámonos, ¿Que tal si nos cachan?».
Ella siguió el día completamente sería. Pero durante toda esa semana fue mucho peor. Prácticamente no me dirigía la palabra. Me sentía fatal, ¿Habla dicho algo que la hirió?.
No aguantaba mas verla así, sobre todo porque en más de una ocasión pude notar que sus ojos estaban rojos de tanto llorar. Incluso la habían regañado en más de una ocasión por no aguantarse las lágrimas. Queriendo ver si podíamos reparar esto juntas le dije en el recreo que si podíamos vernos en los baños y, extrañamente acepto un poco mejor que antes. Ya ahí, espere a que ella llegara, se había tardado unos minutos y por su aspecto suppuse el porque, se había arreglado, atado el cabello en una cola de caballo y perfumado.
Al principio se mantuvo sería, apoyada de brazos cruzados contra la pared del baño y sin decirme nada. Me acerque a ella para hablarle y entonces fui atrapada por sus brazos y me llevo directo a sus labios. Pude sentir la carne tierna y húmeda delos mismos contra los míos, acariciándose dulcemente, lo mejor era que su lengua sabía a fresa.
Ya no me importaba nada, simplemente me deje llevar, tenía los ojos cerrados con fuerza. Cuando finalmente me soltó, hizo la confesión que yo ya sabía desde antes. «Marion, me gustas…, ¿Sabes?», me quite los lentes de nerviosismo y asentí erraticamente, e igualmente respondí con la voz temblorosa, «T-Tu también me gustas…, mucho, me gustas mucho», Con dulzura acaricio mi rostro, y sus dedos subieron hasta mi cabello. Solo pude cerrar los ojos por la satisfacción. «¿Y porque siempre me lo habías ocultado?, ¿Porque crees que yo lloraba tanto?, pensé que… Que te daba asco». «No…» Le dije, «No sabía que era exactamente lo que sentía». Nuestros dedos se entrelazaron, y nuestras manos se apretaron. Nunca antes habíamos tenido nuestras narices tan pegadas.
Finalmente, nos dimos la libertad de llevar nuestras manos alo que más deseábamos dela otra.
«¿Te gusta mi culo?». Ella acaricio mi barbilla con delicadeza y beso mi mejilla. «Si, Pero es porque es parte de ti, tu eres la que me gusta…». «Y Tú a mí…».
Pasaron los días, en los que nos veiamos a escondidas en los baños para besarnos y acariciarnos. Nuestro deseo había aumentado tanto que acordamos que, para el viernes, nos veríamos en su casa. Esos días fueron tan largos, ambas estábamos ansiosas, y las horas se nos hacían eternas.
Justamente en ese transcurso decidimos oficializar lo nuestro. Ella estaba recostada en mis muslos, mientras to me leía su libro preferido, el lobo estepario. Ella sonreía sutilmente, y por mi regazo movia sutilmente sus dedos, haciéndolos caminar de forma juguetona. entonces, llena de ilusión me miró desde ahí abajo para decirme «Marion, ¿quieres, quieres ser mi novia?». Bese su cabello tras una suave caricia, y, «Si…, si quiero…».
Finalmente, el día llegó.
Le había dicho a mi abuela que iría a casa de Beatriz solo para hacer un examen, Pero nuestras intenciones eran otras.
Sus padres ese día justamente debían irse al cumpleaños de una tía lejana de mi amada. Pero ella fingió tener un dolor estomacal para quedarse conmigo.
Cuando llegue, primero se fijó en que no hubiese nadie en la calle, y entonces, nos besamos. Nos besamos por un buen rato antes de entrar y cerrar la puerta de un patadon. Beatriz tomo mi mano y me condujo a su habitacion. Y Además de que cerramos la puerta con seguro, pusimos las cortinas más densas que encontramos para tapar la ventana. Ahora, habíamos quedado bajo una luz escarlata, que solo dejaba pasar algunos rayos del sol de esa tarde. Sentíamos estar en el vientre dela otra en ese instante en el que no dejábamos de acariciarnos y besarnos. Solo paramos para quitarnos la ropa. Y en mi caso, los lentes. Finalmente, cuando el sonido dela tela escapándose de nuestros cuerpos atra vez de nuestras manos alzadas y de nuestras piernas extendidas se callo, quedamos completamente desnudas la una frente ala otra, bajo una luz carnal y maternal, menstrual, roja, que tenía nuestras formas delos colores del crepúsculo. Sus senos, que yo tanto deseaba al fin estaban totalmente expuestos, y no dude en apretarlos, en lamerlos y meterme los ala boca. Mientras, ella disfrutaba de acariciar, apretar y sobar mis nalgas.
Las dos estábamos fascinadas, hipnotizadas con la forma de nuestros cuerpos. Yo recorría su forma esbelta, y ella la mia, que tenía mas forma de pera. Realmente mis pechos no eran nada comparado con los de ella, eran lo suficientemente grandes como para no ser invisibles, aún así le encantaban, tanto como mis nalgas, grandes, redondas.
Sentia descargas, pequeños espasmos, cuando sus uñas blancuzcas y afiladas bajaban por mi espalda, o cuando su lengua tocaba mi cuello y me hacía apartarlo.
Ambas caímos sobre la cama, y casi como si leyera sus deseos, me arrastre como una gata hasta su boca, y, de espaldas, deje caer mi sexo sobre sus labios.
Pronto sentí una presión deliciosa en mi vagina, como si me estuviese llenando o abriendo, era su lengua invadiendo me, moviéndose como una lombriz en el lodo. De igual manera, sus manos agarraron mis nalgas. Era como si estuviese por arrancar mi carne Pero no lo consiguiera, o no quisiera. Las jalaba y las arrastraba, hasta dejarla roja, la bajaba y la subía, me dejaba con la sensación de tener un pie entumecido. Cai desplomada, para luego darme la vuelta y empezar a lamer su clítoris. Ese botón, que para mí solo era como un pequeño cereal minúsculo que se movía en mi lengua la hacía suspirar tanto como ella me hacía suspirar a mi. Estaba por girarme para así que ella me montara. Pero entonces, en mi nalga senti sus uñas clavándose nuevamente. Ella quería estar abajo, quería que yo la dominara, y si eso deseaba, se lo cumpliría, porque la amaba.
Fue un poco difícil encontrar el ángulo, si o si queríamos hacer tribadismo en posición de misionero. Pero finalmente lo conseguimos. Mi Clítoris quedó entre sus tiernos labios, entre las capas de carne húmeda y jugosa, y el suyo propio igualmente.
No habíamos ni comenzado, y yo ya estaba lagrimeando. Empeze a embestirla, o más bien, a frotarme contra ella. Hubo un rose de pieles, el gran sonido de una caricia enorme, seguido de un chasquido obsceno y mojado, y alaridos de lobas en celo.
Pronto ala electricidad dulce del roce de nuestros vientres y pezones de unio eso;
Toda la sangre de mi cuerpo se fue hacia mi botón. Sentí como se llenaba, como se inchaba. Cómo cada vez que era acariciando por la carne húmeda de su vulva, o directamente por su clítoris viscoso, caliente y resbaloso, una punzada concentrada en ese punto tan pequeño estallaba. Cómo si toda la sangre ahí acumulada se expandirse para contraerse, para luego expandirse otra vez, sin parar, palpitando. Sentia sus latidos, sus latidos ahí abajo, yo misma igual latía. Mientras me rozaba contra su suave piel. Mientras sentía el hormigueo bajando por mi espalda, como sus manos intentaban arrancar mis nalgas, y como las mismas rebotaban deliciosamente al escaparse de sus dedos. No podíamos parar de gemir, ni de soltar lágrimas, Que no eran por dolor. Mi vista estaba totalmente nublada, solo podía pensar en su amor, y solo podía pensar en mi clítoris creciendo y encogiéndose sin parar, como si quisiese reventar, como temblaba y recibía shocks intensos y salvajes.
Así estuvimos durante toda la tarde, más de una vez me desmaye.
Al Final, ella se recostó sobre mis pechos, y me envolvió con sus brazos, y el olor floral de su cabellera.
Fuimos novias bastante tiempo, y de hecho, hubo más historias morbosas y atrevidas.


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