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Dominación Mujeres, Incestos en Familia, Orgias

Mi sobrino

Una tarde con mi sobrino y su equipo de gaming.

llamarle al celular me dice que ha salido con mi hermano para una cita médica, pero que después van a ir a almorzar donde unos amigos que le han invitado, y que regresan por la tarde.  Me preparé un café y aproveché para organizar la cocina, el cuarto de ella, echarle agua a las plantas.  Estaba haciendo un calor tal, que ya me tenía sudando e incluso con un fuerte dolor de cabeza.  En ciudades como Cali, en este tiempo las temperaturas al medio día pueden alcanzar los 30 grados.  Me tomé dos ibuprofenos, y decidí darme un duchazo, por lo que subí al anterior cuarto de mi mamá que, ante la imposibilidad de subir escaleras, se había cambiado a una habitación del primer piso. Me metí a la ducha, y dejé que el agua fría cayera sobre mí refrescando mi cuerpo, casi durante veinte minutos. Al salir, me envolví en la toalla, y me senté en un sofá reclinable que había en el cuarto y tomando mi celular me puse a revisar mis redes, hasta que seguramente por el efecto de las pastillas me quedé completamente dormida.

En medio de la nebulosa de mi sueño, veía como mi marido postrado a los pies del mueble me tenía separada las piernas y sumergida su cabeza en mi coño, con su lengua mezclándose con la humedad ya existente, lamiendo mis labios mayores, jugando con ellos estirándolos y sorbiéndolos.  Su lengua se desenvolvía entre ellos con deleite y pasión, repartiendo su saliva y mis jugos por todo mi sexo. Su lengua encontró aquello que ansiaba, mi clítoris, aún estaba escondido bajo su piel; y presionándolo lo sorbia y lo lamia con frenesí hasta que estuvo fuera y tremendamente erecto y sensible.  Sus labios lo sujetaban con suavidad mientras su lengua jugaba con él.   Yo solo gemía constantemente, contrayendo mi vientre.  Que sueño maravilloso. Raúl empapé en saliva dos de sus dedos y mientras su boca se dedicaba a mi clítoris, me penetró con sus dos dedos, moviéndolos en círculos, tocando las paredes interiores de mi vagina.  Aumentó el ritmo de la penetración, sus dedos entraban y salían de mi vagina, mis gemidos aumentaban de tono, y de repente estallé, fue algo increíble, me corrí salpicándolo todo, parecía como si me hubiera orinado, fue un chorro largo, como si brotara de una fuente.  Cuando la fuente dejó de manar, volvió a acercar su boca a mi sexo y continúo chupándolo y lamiéndolo. Grité de placer, y abriendo los ojos, desperté para descubrir que no estaba soñando.  Agitada intente levantarme para encontrar que no podía mover mis brazos y que mis muñecas estaban atadas a la parte de atrás del sillón.  Unas fuertes manos sobre mis muslos, me tenían inmóvil mientras esa cabeza del desconocido seguía chupando con maestría mi coño.  Tenía miedo, mi corazón parecía salirse de mi cuerpo.  Me moví con fuerza agitando mis piernas, obligando a mi invasor a retirarse, para descubrir que era Juan mi sobrino.  Le pedí que me soltara, pero no dijo nada. Completamente desnudo, me dejaba admirar su complextura.  Siempre lo había mirado como un niño, como mi sobrinito; pero allí estaba como todo un hombre, con una tremenda verga erecta que me hipnotizaba.  Reaccionando, le grité de nuevo que me soltará; y sin mediar palabra, me dio una fuerte bofetada que me hizo girar el rostro.  Se trepó sobre mí, sentándose sobre mis pechos, dejando su enorme tranca frente a mi rostro.  Nuestros ojos se conectaron, y con el mismo silencio, mientras aún me ardía la mejilla del golpe, abrí mi boca.  Acercandome su polla, mis labios cubrieron su glande, y moviendo mi cabeza empecé a chupar y saborear su miembro. Le estaba chupando la verga a mi sobrino, y me encantaba. Con el poco margen de maniobra por tener mis manos atadas, engullia su polla hasta donde podía, y fue él quien empezó a empujar; me dedique a mamar, tragándomela toda, resistiendo las arcadas que me daban y dejando su verga bien empapada de mi espesa saliva que brotaba de mi garganta.  Cogiendo mi cabeza con sus manos, empujaba su polla, metiéndomela en la garganta hasta casi hacerme vomitar; sentía ponerme roja y mis ojos lagrimeaban, mientras me tragaba su fabulosa polla.  La metió completamente, hasta el punto que con mis labios podía tocar su pubis; me la había tragado completamente.  Se quedó quieto unos segundos, y después empezó un trajín de sacarla completamente y volverla a insertar.  Follaba mi boca apoyándose en mi cabeza, cada vez me penetraba más fácil, lubricada por la baba que brotaba de mi garganta; mientras sentía como sus testículos golpeaban mi barbilla.  Dando un bufido, sacó su polla y apuntándome soltó varias descargas de semen, que embadurnaron mi rostro, mi cabello y mis tetas.

Juan se bajó de encima mío y salió del cuarto.  Mis pensamientos se golpeaban unos con otros.  Mi sobrino.  Me había gustado. No debía hacerlo.  Regresó con una maleta en la mano.  Le volví a decir que me soltara. Le exigí que me soltara, que recordara que yo era su tía.  Mirándome me dijo: hoy no eres mi tía, eres mi perra.  Esas palabras lejos de ofenderme, me arrechaban.  Pero le grité que parara, que me soltará.  Y para dar a entender quien mandaba me dio otra fuerte bofetada, en el otro cachete, que me obligó a guardar silencio.

De la maleta sacó otras cuerdas y amarrando mis tobillos con ellas a la parte trasera del sofá, quedé con las piernas completamente levantadas dejando expuestas y vulnerables mis partes íntimas en todo el borde del mueble.  Empecé a suplicarle que no siguiera, y ante mis reclamos, de la maleta sacó una mordaza de bola de silicona negra. Me ordené abrir la boca, y ante el susto de otra bofetada, la abrí; el sabor del látex y la pérdida de mi voz me hicieron temblar. Al ajustar la correa de cuero alrededor de mi cabeza, el silencio se instaló, total. Mi respiración se volvió sonora, un jadeo contenido y rápido contra la mordaza. Estaba inmovilizada, amordazada y silenciada. El control de mi sobrino era absoluto.

Se dirigió a la maleta, y sacó una paleta de azotes.  Horrorizada, vi cómo se acercó, y levantando su mano descargó un fuerte azote en una de mis nalgas, que quedó con el escozor y por el dolor arrancó lágrimas de mis ojos.  Mi grito quedo ahogado en la mordaza.  Repitió la operación en la otra nalga.  Tres veces más en cada nalga; con cada golpe me decía que por puta. El dolor es impresionante, pero me sorprende que estoy disfrutando de aquella tortura.  Más que el impacto físico en mi cuerpo es la sensación de estar dominada por mi sobrino.  Saber que es él. En esos instantes: todo pensamiento, preocupación y quebradero de cabeza; se desvanece, se esfuma y eso me gusta, es un tipo de emancipación de la realidad que a pesar del dolor me da tranquilidad.

Mi sobrino empezó a sobarme las tetas, magreándolas; comenzó a pellizcar la sensible carne de mis pezones con sus fuertes dedos mientras miraba fijamente mis ojos. Trabajó sobre ellos, uno cada vez, pellizcando y retorciendo miss pezones hasta que se pusieron involuntariamente duros.  Los pellizcos no eran muy dolorosos, pero era humillante para mi ver como mi sobrino usaba así mi cuerpo.  Cuando estuvo satisfecho con la erección de mis pezones; como si se tratara de la maleta de Barney, sacó de ella un par de pequeñas pinzas de metal unidas por una cadena. Las pinzas tenían los dientes serrados y un potente muelle. Puso una cuidadosamente en cada uno de mis pezones y entonces las soltó al mismo tiempo. Los afilados dientes se hundieron en la suave piel de mis pezones haciendo brotar pequeñas gotitas de sangre casi al instante. Grité dentro de mi mordaza cuando las pinzas se clavaron en mis pezones, el dolor me superaba, pero también me arrechaba pues los pezones son una de mis partes que más me excitan.

Juan se acercó a una de mis manos colocándome su polla para que lo masturbara, a lo que accedí juiciosa.  Su potente tronco parecía vibrar por dentro, mientras lo masajeaba de arriba abajo; acariciaba su escroto, que envolvía sus potentes testículos.  No paraba de decirme que era una puta y que desde niño soñaba con follarme y darme por el culo.  Yo solo apretaba más su falo, como señal de lo excitada que me ponían sus palabras.  Se retiró, y de la maleta saco un plug anal de cola de zorro, y escupiendo saliva en sus dedos, masajeo mi ano, y sin miramientos me fue insertando el plug que no era nada pequeño.  Mi anillo anal se expandió permitiendo su ingreso con dolor.  Una vez adentro, y sacando su celular me tomo una foto diciendo que ahora si era toda una zorra.  De lo cachonda que estaba, sentía como de mi vulva brotaban mis fluidos que ya me escurrían hacia mis nalgas.  Literalmente mi vagina me palpitaba.   Con su polla en todo su esplendor, Juan se acercó y poniéndola en toda la entrada de mi coño, solo empujó, para deslizarse completamente dentro.  Su verga me llenó con facilidad.  Una vez dentro, se quedó quieto, mientras me miraba a los ojos.  Cogió la cadena y haló, provocándome un dolor en mis pezones que se estiraron; y mientras mantenía la cadena halada empezó un furioso mete y saca con su polla que me llenaba toda.  Como un jinete, cogienda las riendas de la cadena halaba a mas no poder mis pezones que completamente erectos se estiraban en toda su longitud, mientras que con su verga me bombeaba inmisericorde, desatando una oleada de placer que me recorría y me llevaba a un nuevo orgasmo. Sin correrse aún, saco su polla, y halando el plug sin ninguna contemplación, desocupó mi ano para llenar el vacío del plug con su verga, mientras seguía tirando de mis pezones. Sentí como su verga rozaba las paredes de mi intestino, expandiéndolo con cada embate en la culeada que me daba.  Cada embestida me arrancaba gemidos de placer; quería abrazarlo, pero no podía. Como un toro ensañado me penetró y me penetró con esa polla que parecía crecer aún más dentro de mí.  Mientras con su mano izquierda torturaba mis pezones halando la cadena, con la otra introdujo tres dedos en mi coño, como anclándose mientras seguía bombeando mi coño con diligencia y furia. Me sentía desfallecer, pero del placer que sentía, a pesar de la incomodidad de tener todo este tiempo las piernas levantadas.  Empezó a acelerar el vaivén, acompasado con sus mugidos, y pronto sentí como chorros de su semen me llenaban, arrancándome simultáneamente un nuevo orgasmo.  Sacando su pene ya relajado, me volvió a insertar el plug de cola de zorro que evitó que siguiera chorreando su semen.  Se acercó y mirándome muy cerca a los ojos, me dijo, tía sós mi perra, pero te amo.  Desabrochó la mordaza, y se lanzó sobre mi boca, besándome con pasión, introduciendo su lengua buscando la mía, que le respondió para fundirse en un apasionado beso.  No me aguante y le dí un mordisco en un labio, que lo hizo gritar; por lo que inmediatamente me volvió a poner la mordaza para pesar mío.

Mirando la hora, que ya iban a ser casi las dos de la tarde, me dijo que me tenía una sorpresa; y cogiendo la paleta, me dio un fuertísimo golpe en las nalgas, que me hicieron ver estrellas, advirtiéndome que eso era por el mordisco que le había dado.  Sonó el timbre de la casa y poniéndose un boxer bajó a abrir la puerta de la casa.  Escuche voces de personas que entraban, y el ruido al subir la escalera.

Pronto fueron entrando 4 muchachos amigos de Juan, que cada miércoles se reúnen para practicar gaming, razón por la cual en el cuarto había un gran televisor y un computador.  Me rodearon, y Juan les preguntó si recordaban a su tía.  Sin poder gesticular palabra, solo los observaba atemorizada, completamente abierta y disponible para ellos.  Juan solo dijo, es todo suya muchachos; y en seguida los 4 se desnudaron.  A un par de ellos, a Francisco y a Daniel, los reconocía desde pequeños, pero a los otros no.  Estos, quitándome las pinzas de mis pezones, los liberaron para apoderarse de ellos cada uno y chuparlos para delicia mía, como un refrigerio tras la tortura recibida, mientras amasaban cada uno una teta.  El tercero de ellos, un moreno bien puesto, de nombre David, no lo dudó y me inserto su tremenda verga en mi adolorido coño; entrando con resistencia pues mi vagina ya se había secado un poco.  Él lo tuvo que haber sentido, porque la sacó y escupiendo de su saliva en ella, cubrió su glande y me volvió a penetrar.  Era una polla más grande que la de mi sobrino, que me hizo cerrar los ojos del placer que estaba recibiendo.  Lo hacía despacio pero seguro.  Esa verga era verdaderamente gigante, sentía como si me llegara al útero; podía sentir su cabeza restregándose en mi interior.  Empezó a decir que los pelos de la cola de zorro del plug, le producían cosquillas cuando me clavaba su polla y sus testículos rozaban el plug.  Sacó su poderoso falo, y mirándome me preguntó si quería que parara, y solo pude mover mi cabeza de lado a lado para decirle que no.  Mientras los otros seguían mamándome las tetas, David se retiró y de la maleta de Juan saco un consolador tan gigante como su polla; y acercándose me lo metió donde antes estaba su aparato, introduciéndolo casi hasta la mitad, y fue allí cuando sacando el plug de mi culo, me insertó su polla, y empezó a bombear esta vez con fuerza; generándome un dolor aguantable que me quería.  Con cada embate con que me culeaba, con su pelvis empujaba el consolador; y así estuvimos muchos minutos, recibiendo las estocadas anales de David; mientras Juan sacando una video cámara, empezó a grabar la escena, que se empezó a reproducir en el televisor, en el que podía observarme tal cual estrella porno en su película más pervertida, lo que me arrechaba aún más.  David empezó a rugir dándome con toda su fuerza, como a violín prestado como dicen en mi tierra, chocando nuestros cuerpos sudorosos y sacando rápidamente su polla, descargo su leche en mis tetas y en mi rostro.  Su semen chorreaba por mis ojos, mi nariz, por todas partes; además del semen acumulado en mi ano que empezó a brotar en abundancia.

Ni bien David estaba terminando de rociarme con su leche, cuando el cuarto amigo de Juan, un flaco llamado Ezequiel, ocupo su lugar y empezó a penetrarme alternando ambos orificios, me lo clavaba en el coño y sacándolo me lo metia en el culo, y me repetia la dosis.  Su polla no era muy ancha pero si larga,  lo que era una delicia en cuanto a perforarme el culo.  Francisco y Daniel parados al lado, se masturbaban esperando su turno.  Despues de un buen rato, de darme como a cajón que no cierra mientras mis gemidos ahogados acompañaban cada embate de su larga polla, la sacó y al igual que su amigo descargó tres potentes chorros de semen en mi cara y en mi cabello.  Francisco y Daniel, con sus pollas como unos mástiles se acercaron, y primero Daniel insertó su verga en mi coño, y luego Francisco al otro lado, metio la suya, de forma que los dos al mismo tiempo, me empezaron a penetrar, hasta lograr tenerlas completamente dentro de mi vagina.  Se sentía apretado, me dolía, pero era muy lujurioso el sentir las dos pollas luchando por poseerme. Los amigos acompasaron sus embestidas, mientras sentia como un nuevo orgasmo me recorria, que exprese con un gemido que me tragaba por la mordaza que tenía puesta, mientras mis piernas temblaban aun amarradas a las sogas.  Ellos lejos de acabar, sacaron sus pollas y repitieron la operación insertándolas en mi ano, que las acogio con dolor pero estirándose a su máxima expresión; y cogiendo ritmo me bombeaban con potencia, mientras lagrimas brotaban de mis ojos.

David excitado por el espectaculo que aun se proyectaba en el televisor, se masturbaba su erecta verga, y acercándose me apuntó con ella al rostro y muy pronto descargo sendos chorros de semen sobre mi cara, que taparon las lagrimas que señalaban mi dolor por la culeada.  Mi sobrino al otro lado del sillón, meneando su polla copio a su amigo, y solto otro par de descargas de semen sobre mis tetas.  El flaco se habia parado para que yo lo masturbara con una de mis manos, lo que diligentemente hacia, sintiendo su dura polla como palpitaba de placer.  Pronto también vino a darme mi baño de semen mientras sus amigos no paraban de culearme.  Estos intensificaron el ritmo, y primero uno y en seguida el otro, me llenaron el culo con su leche, que la senti caliente al interior de mi intestino, mientras mi esfinter me ardia.

Fue en ese momento, en que escuchamos que abrian la puerta de la casa y entraba gente. Guardaron silencio, y pude escuchar que era mi mama que habia llegado con mi hermano y mi cuñada.   Juan se puso unos boxers y una camiseta y bajo presuroso a decirles a los papás que estaba arriba con los amigos jugando gaming, y que iba atener cerrada la puerta del cuarto para que el ruido no les molestara.  Regresó y cerrando la puerta, se unio a su grupo de amigos que me sobaban restregando el semen que tenia encima por todo mi cuerpo.  Sentir todas esas manos sobre mi, restregandome, alborotaban aun más la lujuria que quedaba en mí.  Mi sobrino, acercándose, y untando sus dedos con los fluidos que brotaban de mi vulva adolorida, los insertó en mi ano, primero dos, luego tres, moviendolos en circulo y empujando, hasta tener cuatro dedos en mi culo, mientras con la otra mano, me acariciaba el clitoris, arrancandome suspiros de placer.  En una sacada de su mano, agregó el dedo gordo y empujando pudo meter toda su mano en mi culo.  El dolor como el extasis que sentia era enloquecedor.  Poco a poco me empezó a follar con su mano, que cada vez ingresaba más acariciando el interior, mientras ya mi cuerpo sudaba profusamente.  Mi sobrino empeñado sacaba y metia su mano, de forma que mi ano casi le llegaba a la tercera parte de su antebrazo.  Un nuevo orgasmo me hizo temblar poderosamente.

En eso sin que lo esperaramos, se abrio la puerta del cuarto y fue entrando mi cuñada que traia una bandeja con vasos con gaseosa, seguida de mi hermano, que traia una bandeja con sandwiches.  Un silencio aterrador se apodero del cuarto, tanto ellos como nosotros quedamos completamente quietos y callados. Dejando las bandejas sobre una mesa, y sin mediar palabra se empezaron a desnudar.  Mi cuñada se habia quitado la blusa y el sostén, y mi sobrino, su hijo, se abalanzó sobre una de sus tetas y se la empezó a chupar como desesperado, mientras el flaco se pegó de la otra teta.   Desde mi posición de esclava solo observaba como se desenvolvia la situación.  Mi hermano, descubriendome no dejaba de mirarme.  Su polla, grande y morcillosa, se empezaba a endurecer, viendo como le chupaban las tetas a su mujer, y viendo a su hermana completamente patiabierta y expuesta.

Mi hermano, acercándose a mi cabeza, me quitó la mordaza y acercó su hinchada verga, metiéndome en la boca su cabeza tan roja y brillante, estaba caliente y palpitaba, saboreé su sabor, un sabor salado y ligeramente ácido inundó mi boca, líquido preseminal salía por la punta y lo succioné con glotonería, me encantaba chupar esa enorme verga, la seguí mamando un largo rato, lo escuché gemir y succioné con mayor ímpetu. Me agarró la cabeza con sus grandes manos y comenzó a mover su cadera hacia atrás y adelante, la cabeza de su verga me llegaba a la campanilla, eso me provocaba arcadas y aguanté las ganas de vomitar, deseaba darle todo el placer que pudiera a mi hermano.  Respiraba con dificultad atragantada de su verga y llegó un momento que ya me dolían las mandíbulas, hasta que dando un golpe de cadera y dando un gruñido lanzó el primer chorro de su caliente y espeso semen directamente en mi garganta, era tan espeso que casi me atraganto, tuve que tirar mi cabeza hacia atrás para sacarme su verga de la boca para lograr tragarme su semen, los demás chorros se estrellaron en mi cara.  Usando la cabeza de su verga como cuchara, recogió los restos de su corrida y la metió nuevamente en mi boca, mirándolo a los ojos chupé los restos de semen y los degusté, dejándole la verga limpia y brillante.

Mi cuñada ya completamente desnuda y con la autorización de su hijo, con su boca bajó a mis tetas, las recorrió besando cada centímetro de mi piel, y chupando los restos de semen que me cubrían; el tibio aire de su respiración me hacía cosquillas, abrió su boca y empezó a succionar uno de mis pezones como una bebé, mis pezones se pusieron erectos al instante, siguió con mi otro pezón, lo lamió y mordisqueó un rato antes de succionarlo, mis pezones se hincharon, su saliva escurría por mis tetas.  Una de sus manos en mi entrepierna acariciaba suavemente mi clítoris y mi vagina seguía poniéndose tan mojada que ya chorreaba, recorrió mis labios vaginales, lubricando sus dedos con mis fluidos y apartando mis nalgas con sus manos, empezó a acariciar con la yema de uno de sus dedos mi apretado esfínter, no pude evitar dar un respingo al sentir la suave caricia en mi zona más íntima.  Mi cuñada me miró a los ojos con una sonrisa maliciosa y sin dejar de mirarme empujó su dedo y se fue introduciendo lentamente en mi interior, muy lento y suave, me llegó muy profundo y lancé un gemido ahogado, debí poner cara de placer, porque sonrió satisfecha, empezó a moverlo en círculos, besó mi vientre y fue bajando hasta llegar a mi sexo, con mis piernas completamente abiertas y hacia atrás, su lengua se hundió en mi coño, recorrió mi rajita hasta alcanzar el botoncito de mi clítoris y lo lamió pasando su lengua en forma circular, mordisqueándolo suavemente y succionándolo, sin dejar de mover su dedo dentro de mi culo.  Mis gemidos aumentaron de intensidad y mis fluidos ya escurrían, cerré mis ojos y en ese momento metió tres dedos en mi culo, me ardió ligeramente, pero pronto sentí placer, su boca se apoderó de mi vagina y empezó a succionar mis líquidos vaginales, ya no pude aguantar más, espasmos empezaron a recorrer mi cuerpo y me corrí dando un alarido de placer, fue un orgasmo larguísimo, mi esfínter se contraía apretando sus dedos y mis líquidos fluían abundantemente, los mismos que recogía con su boca y bebía golosamente, mi respiración se agitó y daba bocanadas de aire, me relajé en la posición en que estaba tratando de recuperar mi aliento.

En la misma posición por tanto tiempo, empecé a sentir calambres, por lo que le pedí a mi hermano que me soltara, quien aun en silencio soltó las amarras, y reclinando y extendiendo el sofa, me hizo acomodar a lo largo bocas arriba.  Le hizo señas a su mujer, que zafándose de quienes le chupaban las tetas, se subio en el sillon encima mío, sentandose practicamente sobre mi rostro, pero mirando hacia afuera.  Frente a mi tenía esa panocha peluda, de cuya raja ya brotaban fluidos, y solo abrí mi boca para con mi lengua empezar a lamerla y chuparla.  Recorria sus labios vaginales, y hurgaba lo mas que podia con mi lengua en su coño que me sabia delicioso.  David, con su pene completamente parado, se ubicó frente a mi cuñada, que echándole mano se lo empezó a mamar, tragándoselo lo más que podía.  El flaco y Francisco, haciendose a cada lado del sillón, colocaron sus pollas en mis manos, para que los masturbara, mientras les llegaba el turno para que rotándose mi cuñada se los mamara.

Mi hermano con su polla en su máximo esplendor, abriendo mis piernas y levantandolas, me empezó a culear magistralmente.  Recordé algún encuentro sexual que tuvimos en nuestra juventud.   Me penetraba firmemente, mientras yo seguia extasiada lamiendo el coño de su mujer.  Mi sobrino, subiendose sobre mí, se acomodo detrás de la mamá, y escupiendo sobre su polla, la empezó a penetrar analmente.  Por mi posición, podia ver como su verga penetraba a su mama apretandole el ano, mientras sus testículos en cada bamboleo me golpeaban en la barbilla.  Con mi lengua pasaba de lamer el coño de la mama, a lamer el tronco de la polla del hijo y las pelotas grandes y peludas que el colgaban.  David pronto eyaculó en el rostro de mi cuñada, rociando su semen sobre ella; retirándose, su boca fue llena con la verga del flaco, mientras yo seguia masturbando a Francisco y ahora a Daniel, que ocupaba el puesto vacante.  Mi cuñada, engolosinada con la polla del flaco, mientras su hijo mugia golpenado su culo con cada penetrada que le daba.  Mi hermano excitado de ver a su hijo culiarse a la mamá, me daba con mas fuerza, lo que me encantaba.  El flaco, ante la experticia de la mamada de mi cuñada, soltó unos grandes chorros de semen, que terminaron de inundar el rostro de ella.  Mi hermano y mi sobrino, parecian en una competencia del que se demorara más en correrse, porque ambos continuaban penetrando sin cesar, el culo mio y el de mi cuñada, respectivamente. No parecian cansarse.

Francisco meneando su verga, se la ofreció a mi cuñada, que rapidamente se la engulló.  Mientras yo seguia masturbando a Daniel, con la mano liberada, mientras lamia el coño de mi cuñada, empecé a acariciar su clitoris, que ya estaba crecido y duro.  Allí estabamos. Mi hermano dándome por el culo, yo lamiendo el coño de mi cuñada y masturbando a Daniel. Mi sobrino culeando a la mamá, y ella mamándole la polla a Francisco.  Mi hermano tenia su polla como un pistón, como una maquina insaciable, y empezó a turnarse penetrando tanto mi ano como mi coño.  Francisco, sacando su polla de la boca de mi cuñada, y acercándose por un lado me la ofreció para recibir la descarga de su semen que trague lo más que pude.  Me supo delicioso.  Me concentré de nuevo en el cunnilingus a mi cuñada, quien con mis lamidas y la culeada de su hijo, empezó a gemir mientras le chupaba la polla a Daniel.  Este cogiendola con la manos de la cabeza, la empezá a follar con fuerza, penetrando su boca cada vez más profundo.  Con la polla en su garganta, solto su leche que la hizo atragantar, y al tiempo, ella empezó a descargar sus fluidos por su coño que presurosa empecé a chupar, tomándolos todos.  Mi sobrino, soltando un grito, sacó su verga del culo de la mamá, y de ella empezaron a brotar chorros de semen, que tambien cayó sobre mi rostro, aprovechando para tragarme lo que podia.  Como si se hubiera dado una orden simultanea, mi hermano soltó su semen en mi interior, que me inundo, provocandome un nuevo orgasmo en esta tarde lujuriosa.  Mi cuñada bajándose sobre el sillón, quedo de tal manera, que estando cara a cara, nos envolvimos en un beso fogoso beso, entrelazando nuestras lenguas, para terminar lamiendonos mutuamente los rastros de semen que  teniamos en la cara.

Estabamos allí, besandonos con lujuria y frenesí, cuando los 6 hombres rodeandonos, y con sus vergas en las manos, empezaron a orinarnos.  Las 6 pollas nos apuntaban a la cabeza y nos daban una lluvia dorada calida y deliciosa, que nos bañaban, y de la que tragabamos lo más que podiamos.  Completamente emparamadas del orin de nuestros amantes, nos besamos de nuevo.  David cogiendo a mi cuñada, la bajo del sillón, y acostándose en el piso la colocó sobre él, que sin dudarlo se insertó su polla en el coño empezando a cabalgarlo con entusiamo.    Mi hermano, haciendo lo mismo conmigo, se acostó paralelo e invertido a David, para que yo posándome sobre él me metiera su tranca hasta lo más profundo de mi ser. Estando en un frenetico sube y baja sobre su polla, sentí como mi sobrino, sin ningun miramiento me insertó su verga en el culo, lo que me dolió por lo seca que ya estaba.  El flaco, arrodillándose me ofrecio su falo, que empecé a mamar gustosa.  Francisco, culeaba a mi cuñada, mientras a la vez le mamaba la polla a Daniel.  Alli estabamos cada una, con una triple penetración.  Una triple penetración que tanto disfrutamos, que la hicimos seis veces; hasta que cada uno de los seis hombres, ocupo una de las tres posiciones para follarnos.  Finalizando la tarde, completamente exhausta, habiendo tragado litros de semen y con mis orificios irritados, pero totalmente feliz y arrecha, me duche y me despedí dandola un beso en la boca a mi sobrino, por la inolvidable tarde que me habia propiciado.  Le dije que la póxima vez que se reunieran auna tarde de gamming, me invitaran…

7 Lecturas/19 febrero, 2026/0 Comentarios/por Relator0817
Etiquetas: amigos, anal, hermana, hermano, mama, mayor, mayores, sexo
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