Mi suegro me da, lo que mi marido no se atreve a darme.
Una mujer que se encuentra con varios meses de embarazo, y madre de un niño de dos años, su esposo la lleva a vivir a casa del padre de él, el marido por miedo hacerle daño a la criatura, no la ha vuelto a tocar desde que supo que ella estaba preñada, el padre de él no tiene esas consideraciones…..
En el camino a casa de mi suegro, me enteré que mi esposo, comenzaría de nuevo a trabajar con su padre, manejando el camión, llevando mercancía de un lado a otro. Por lo menos hasta que apareciera algo mejor.
Mi suegro, nos acomodó en su casa, pero a los pocos días me di cuenta de la manera en que el padre de mi esposo me miraba, no me quitaba los ojos de encima, clavando su vista especialmente a la parte baja de mi vientre, por lo que pensé que se interesaba en la salud del bebe que pronto llegaría.
Al principio no le presté mucha atención, pero su manera insistente de mirarme me puso nerviosa, además cuando nos encontrábamos solos, ocasionalmente su tema de conversación favorito era sobre las relaciones sexuales durante el embarazo.
Cosa que mi marido, no ponía en práctica, por miedo a lastimarme a mí, o al hijo que estábamos esperando, como al mes de estar viviendo en casa de mi suegro, mi esposo tuvo que salir a llevar una mercancía, por lo que pasaría varios días en la carretera, lo que a mi realmente no me preocupo, hasta que me enteré que su viejo a diferencia de otras ocasiones no lo acompañaría.
Por lo general apenas me levantaba me daba una ducha, y por comodidad únicamente me ponía una bata casera encima, sin sostén ni pantis. Luego preparaba el desayuno, pero ese día Jacinto salió de madrugada, y cuando salí del baño completamente desnuda, después de ducharme, me estaba secando el cabello, cuando levanté la vista me encuentro con mi suegro observándome.
Al principio pensé que estaba observando mi redondo vientre, pero de inmediato me di cuenta de que estaba equivocada, ya que sus ojos los tenía clavados en mi peludo coño.
Yo la verdad es que, al verlo de pie frente a mí, viéndome de esa manera, me puse nerviosa, además a medida que se me fue acercando lo observé como se llevó una de sus manos a su entre piernas, acomodando su miembro dentro del pantalón, al tiempo que me decía. “No es por nada, pero me preguntaba cuanto tiempo tienes sin que el pendejo de mi hijo, te haga disfrutar de una buena revolcada.”
Lo cierto es que llevaba por lo menos dos o tres meses, sin tener relaciones con mi esposo, y quizás en otro momento o circunstancias, hubiera mandado bien largo al carajo a mi suegro.
Pero mientras me duchaba, como todas las mañanas, por uso y costumbre, acariciaba mi coño, y mis senos, soñando despierta, mientras apretaba mi clítoris, con que mi marido me acariciaba mi barriga, mis senos, y mi coño.
Pero la triste realidad para mí, es que eso hacía tiempo que no sucedía, por lo que cuando mi suegro, se me acercó y estiró su brazo, agarrándome suavemente mi vientre, y comenzó acariciarlo.
Yo me olvidé de que estaba casada con su hijo, y dejé que mi suegro continuase con sus caricias, sus manos siguieron acariciando todo mi cuerpo, en especial las grandes aureolas de mis senos, así como mis inflamados pezones.
Yo traté por breves segundos de controlarme, pero la verdad es que el sentir el calor de sus manos, sobre mi piel, y sabiendo que lo que mi suegro deseaba era lo mismo que yo, de inmediato sin decir nada, me recosté con mis piernas bien abiertas sobre la cama, mostrándole mi oscuro y peludo coño, deseando que rápidamente se colocara tras de mí, para penetrarme.
Pero en lugar de hacer lo que yo esperaba, sus manos siguieron acariciando todo mi coño, así como el resto de mi cuerpo, cuando sin que yo lo esperase comenzó a pasar su lengua por los labios de mi vulva, así como por mi clítoris.
Por un largo rato disfruté de ese tremendo placer que mi suegro me producía, sentía su cálido aliento dentro de mi coño, hasta el punto que hizo que yo me gozara un tremendo orgasmo, como hacía tiempo que no disfrutaba.
Tras lo cual el viejo, se bajó los pantalones, y dirigió su erecto miembro a mi caliente vulva, sentí como lo fue deslizando dentro de mí, al tiempo que sus brazos me apretaban con fuerza contra su cuerpo.
Yo estaba tan excitada que movía mis caderas una y otra vez restregándolas contra el cuerpo de él, sus manos me seguían acariciando todo mi cuerpo, apretando con sus dedos ya fuera mi clítoris, o mis sensibles pezones, arrancándome profundos gemidos de placer.
Mi suegro desde ese día, ha seguido haciendo lo que su hijo no quiere, produciéndome un gran placer la mayoría de las mañanas, siempre y cuando mi esposo se encuentre de viaje
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