Mi Tía Lina
La ternura y la bestia.
Como lo dijera en el anterior relato, esta vez contare la situación con mi tía Lina, a quien en la ultima ocasión que viera, estaba de guardia afuera de la casa de sus padres mientras yo me entregaba al placer y la perversión con su hermana Brenda.
En un promedio de ocho años yo regreso a la ciudad entre tres y cuatro veces, y antes de iniciar déjenme poner contexto de la situación. A mediados de los años ochenta la ciudad fue protagonista de un desastre natural muy conocido en el mes de septiembre, las casas – cuartos de las vecindades ahí en el barrio sufrieron cuarteaduras y daños estructurales que las autoridades, al revisarlas, determinan que dichas construcciones es mas barato y fácil demoler que reparar, se comienzan a levantar las nuevas unidades habitacionales y locales comerciales con la promesa de que en una especie de sorteo se decidirá a quienes se beneficia con departamento, local o ambos. El viejo (Mi abuelo) es todo un zorro y huele los beneficios, se apunta y hace que se apunten sus hijos e hijas para ver si reciben un departamento o un local, él en su suerte recibe ambos y en total se adjudicara cuatro departamentos y cinco locales que a saberse se reparten de la siguiente manera, con departamentos quedan el viejo, Martina, Marcelo y un yerno del viejo, este ultimo al saberse afortunado se deslinda del viejo y paga su departamento con dinero propio, jugándole medianamente «chueco» al viejo; de los locales quedan el viejo, mi madre, mi tío Rubén (Hermano menor de mi madre, casi un verdadero padre para mi y compañero de aventuras de mi padre biológico) y mi tía Rita que es mamá de Franco (Sí, la mamá del papá de Ilse y hermana de mi madre) y como por arte de magia, mi papá, si mi padre el mantenido también corre con suerte (No me mal interpreten, mi padre tuvo el carisma suficiente para ligarse a mi mamá, pero después de casarse con ella sólo hizo lo suficiente para medio permanecer, sin embargo no es que yo no lo quisiera, yo estaba demasiado alienado y alineado con la postura familiar en aquella época), como el viejo dijera que él se encargará de pagar todo, cualquier decisión que se tome primero deberán de consultarlo con él y todo ello por que el viejo zorro les hace firmar un papel con notario, así es como termina amarrándoles las manos y abusando de cierta manera de su poder (No es que el viejo hubiera trabajado mucho, fue que precisamente jodiendo a mi tío Rubén se hizo de dinero, mi tío, con doce años se gasta sus ahorritos en un billete, no un cachito, un billete de lotería, y con tan mala suerte del chaval que le atina a un premio bastante gordo, y digo mala suerte por que al ser menor de edad, no puede cobrarlo, termina cobrándolo el viejo y dándole una especie de pensión vitalicia, más no la totalidad de su ganancia). Así las cosas creo que ya se entiende un poco de los «cómos» y los «por ques» de la situación familiar, el viejo queriendo regresar a su terruño, antes de dicho desastre ya estaba en provincia y nos lleva a algunos, Martina, Rubén, mi madre, mi padre y yo, con él; mi tío Federico, queriendo «agradar» y ser de utilidad al viejo, aparte de ver que tanto de la suerte de Rubén puede mamar, ya esta en el cuchitril cuidando y haciéndose cargo de las propiedades que el viejo ha ido comprando con el dinero de ese golpe de suerte. En fin, los locales que no usa la familia, cuatro en total, se rentan, el quinto local queda por la ubicación como comercio familiar que se supone debe de darle para mantenerse a Marcelo, de las rentas de los otros locales se destinan los ingresos para pasar una pensión a Rita, quien se obstina en permanecer en la ciudad y queda viviendo en el departamento que recibiera mi tía Martina (Los departamentos quedan con Marcelo viviendo en el suyo, Rita viviendo en el de Martina, el de mi tío político con sus hijos, de ellos no hablare, es el padre de Lulú, además; y el depa del viejo queda como casa en «Stand – by», ya que cada que hay que ir a la ciudad es donde nos quedamos).
Se llega pues mi cumpleaños dieciocho, y meses después de cumplirlos comienza el nuevo semestre y como me fuera mal en el anterior, me decido por darme de baja y recursar materias así que voy a tener casi un semestre completo para mi ocio y mi disfrute, por lo menos eso pienso yo, pero el viejo tiene otros planes, como ya soy mayor de edad me va a «dar» la confianza de ayudarle a Marcelo a administrar lo que hay en la ciudad, la realidad es que me va a mandar con dinero a levantarle el negocio y como empleado sin paga, me lo dice frente a mi madre y frente a Martina (Mi tío Rubén ya tiene tiempo de haber fallecido, pero hizo bien educándome y haciendo en parte lo que el profe de artes marciales inicio, hacer que piense por cuenta propia. Recuerdo que cuando comencé en el dojo me llevaron mi tío Rubén y mi padre y el encuentro provoco una amistad entre los tres y una rivalidad entre Rubén y Sensei en el ajedrez), me lo dice frente a ellas como acto coercitivo para que no me niegue, pero un cierto brillo y una mirada fugaz de mi padre me hacen declinar la oferta momentáneamente. Mi padre a la primera oportunidad me jala con él y me da el único buen – mal consejo que podía darme: «A veces la familia no lo merece todo, ni yo tu padre, te mandaría a mantener a esas víboras, Así que acepta ir si quieres ir, pero si vas, obtén algo a cambio, no seas igual de pendejo que yo.» lo dice con cierta amargura. Tiene poco tiempo para darme ese breve conocimiento así que me da ideas, me ayuda a planear, incluso me ofrece su ayuda, entre una cosa y otra, yo maquino una idea y es la que le expongo al viejo, iré a la ciudad a ayudar a Marcelo, con el dinero en una cuenta de banco a mi nombre, me va a pagar por ir a trabajar, Marcelo no puede dejarme a cargo del negocio (Como cuando viene en vacaciones y deja a sus cuñados), me dejara cobrar y administrar las rentas de los otros locales y me voy a quedar en la casa del viejo o en la de mi tía Rita, pero no en la casa de Marcelo; y si necesito ayuda yo elegiré a quien llamar o a quien pedirla, ninguno de esos puntos es negociable. El viejo pone cara de furia griega, voltea a ver a mi padre pero mi viejo esta platicando con mi madre de algo que a mi madre le esta provocando también bastante enojo pero no sabre de que hablan hasta después de mucho tiempo (Después de la muerte de mi tío Rubén mi padre quedo solo y muy mal acompañado, se separaría de mi madre con los años y fallecería un año y medio antes que mi abuelo, cuando la tía Rebeca, hermanastra de mi padre y quien terminara cuidándolo llamó para decirnos que había muerto, mi abuelo me tira un fajo gordo de billetes y me dice: «Manda una corona, con eso basta», mi respuesta fue tomar dicho fajo y salir a la ciudad, llegar a la funeraria y gastar lo del fajo en un excelente ataúd y llamar para pedir más por que no alcanzaba para sepultarlo, además de solicitarle el permiso por fax para que fuera enterrado con mi abuela, de la que decía mi padre había sido su segunda madre), ya con los puntos bien expuestos y sabiendo que no mantendré a Marcelo ni a su familia me da luz verde, así que un buen día llego a la ciudad con una maleta y una carta – contrato para Marcelo donde se detallan mis funciones, mis obligaciones y mis derechos, la tiene que firmar de lo contrario yo puedo pasar la noche en casa de tía Rita y regresarme al día siguiente con la cuenta de banco intacta y la promesa de que vendrá el viejo a poner orden, mi tío lee y relee la carta y se lo piensa, así que firma enseguida. Al día siguiente él se tendrá que levantar temprano, recibir la mercancía que entra antes de que empiece el alboroto mercantil del barrio y haremos inventario del negocio (Afortunada y desafortunadamente, no hay bodega). Yo, como «hijo del patrón», llego al negocio cuando ya hay bastante movimiento, comenzamos a hacer inventario (Mi intención era darle oportunidad de que la poca venta que tuviera por la mañana y hasta que llegara yo fuera un ultimo ingreso sin declarar, si lo aprovechó o no, fue su problema), con el poco material que hay arreglo anaqueles y dejo solamente diez piezas de cada producto que tenemos disponible, le pido que me acompañe a las bodegas para surtir las mercancías de las que no tenemos más de cinco en existencia y de paso pasar al banco a retirar efectivo para pagar dichas mercancías, no le queda de otra, y sí, soy un ogro, deja a cargo a uno de sus cuñados, uno de los cuates y salimos, regresamos con un «diablo» enorme (Una especie de montacargas) rebosante de mercancías, descargamos y rellenamos anaqueles, ha habido venta en las casi tres horas que salimos pero en la caja no hay efectivo, volteo a ver a Marcelo y sonrío lúgubremente, él hace una leve mueca y suelto la bomba: «Se lo pides amablemente tú o se lo pide amablemente el viejo, por que si se lo pido yo, no le va a gustar.» Mi «tío» ,el cuate, hace cara de sorpresa al no entender lo que digo y Marcelo tendrá que ponerse los pantalones por primera vez, le dice de que se trata y el cuñadito se pone a la defensiva y agresivo, no pasa nada, sólo se le pide que se retire y que es la ultima vez que se le deja a cargo, la idea es irlos sacando de a poco, en menos de una semana ya no hay a quien dejar a cargo, incluso mis dos primos mayores la han cagado y es cuando pido ayuda, llamo al viejo y le solicito me envié a mi papá.
Al día siguiente de llamarlo, mi viejo ya esta en la puerta de Rita con su pequeña maleta al hombro, le platico la situación y me dice que lo ideal seria dejar a Marcelo en la tienda mientras nosotros vamos a las bodegas, en palabras de mi padre: «No lo creo tan pendejo para auto – robarse.» y si bien dije que no quedaba nadie, la única que no ha sido puesta a prueba es Lina, déjenme describirla: Igual que sus hermanas es una mujer menuda, no es muy alta, pelo obscuro lacio a media espalda (Curiosamente, no se lo pinta), ojos grandes del color de las avellanas maduras, con una nariz pequeña y respingada que curiosamente no tiene punta, es como si le hubieran cortado a plomo la punta dejándola bien planita y con forma de cuadrito, labios no muy carnosos pero se antoja besarlos, de tetas es la menos agraciada de sus hermanas, por lo menos las ropas no dejan ver que tenga tetas ni medianas (Descubriría que son medianas chicas y que tienen una condición bastante lujuriosa, para mi), cintura acentuada, vientre plano (Hace ejercicio), nalgas medianas y redondas que bien llenan un pantalón de mezclilla a la cadera, las piernas también se ven bastante definidas en esos pantalones estrechos y se le notan unos pies aún de niña cuando usa huarachitos, con dedos bien formados y limpios y estiraditos, a sus veintiseis años bien pasa por una muñequita de no más de veinte. Su trato es cálido, es una mujer tierna que le gustan las cosas bonitas o podríamos decirlo al revés, es una mujer bonita que le gustan las cosas tiernas, es algo así como una niñata en el cuerpo de una mujer, Lina llega a la tienda en calidad de clienta, si bien ya llevo ahí poco más de ocho días no se había dado el encuentro, en parte por que sé que se habla mal de mi en su casa debido a los sucesos de los días anteriores (Y se hablara aún más mal por el altercado con el enano de Brenda en días posteriores), en parte por que trabaja en un consultorio como recepcionista y en tiempo viaja casi dos horas de ida y de vuelta en autobús y metro cada día, si me ha visto no lo dice, yo no recuerdo haber visto a tan hermosa hembrita, de hecho y como ya lo dije, no aparenta veintiseis años.
Lina: ¡Hola, buenas tardes! (Es un domingo a media tarde y es su día de descanso)
Yo: ¡Hola! ¿Qué le puedo ayudar? (Como buen comerciante)
L: ¡Jijijijiji! ¡Qué serio, Dieguito!
Yo: (Reconociendo esa voz) ¡Tía Lina!
L: ¡La que viste y calza, corazón! ¡Oye, estas enorme!
Y: (Parándome erguido detrás del mostrador y extendiendo mis casi 1.90 Mts de altura) ¿Tú crees?
L: ¡Uf! Estas… Creciste… (Me mira con ojos muy abiertos, sin poder conectar sus palabras para decir lo que quiere decir).
Y: Nada más di un pequeño estironcito, no fue mucho.
L: ¡Jijijijijiji! ¿Estironcito?
Y: ¿Cómo has estado tía Lina?
L: (Con un tono algo coqueto) ¡Si quieres, ya no uses el tía, dime sólo Lina, Dieguito!
Y: O. K. Lina, pero igual, deja de decirme Dieguito y que quede en solamente Diego.
L: (Con cierto aire pícaro se acerca al mostrador y extendiendo su mano) ¡Hola! Mucho gusto, me llamo Lina AB
Y: (Tomando su manita suave y algo fría) Mucho gusto Lina, yo soy Diego CD, a tus ordenes.
L: ¡Uy, que formal!
Y: ¡Es modo comerciante!
Lina me compra unas latas de leches, un frasco de mermelada y varias cosas para hacer un pastel, promete traer un pedazo; Marcelo, con todo el dolor de su corazón me entrega las llaves de la casa del viejo, si bien mi padre se esta quedando con Rebeca y yo con Rita, no podemos estar siempre de arrimados, así que nos entregan las llaves del depa del viejo y lo ocupamos, también se esta acercando el fin de mes y voy a cobrar los ingresos de los cuatro locales, llegan el primer y segundo arrendador, no se oponen a pagarme a mi, ya que llevo orden de darles recibos (Resulta que Marcelo sólo cobraba pero no extendía recibos de arrendamiento), el tercero de los comerciantes me quiere dar vuelta con que no hay contrato de por medio y me amenaza con que si él quiere, denuncia y nos quitan el local, se le solicita que desaloje a la brevedad o habrá consecuéncias legales, no dio mucha batalla, a la primer visita del abogado y explicándole este el proceso y lo que iba a costarle da su brazo a torcer y desaloja, el problema es el cuarto arrendador, es el enano esposo de Brenda.
Javier: (Con un aire de suficiencia y pensando en que yo voy a ceder ante su arrogancia y su argumento) ¡Tu tío Marcelo y yo tenemos un acuerdo para esa renta, él me deja trabajar y yo lo apoyo cuando es necesario!
Y: ¿El acuerdo es con Marcelo o con mi abuelo?
J: ¡Si es con Marcelo, es con tu abuelo!
Y: (Tomando el teléfono de la sala de Marcelo y marcando al numero del negocio, donde sé que se encuentra el viejo) De eso el viejo a mi no me dijo nada, pero vamos preguntándole.
Marcelo ve con temor a Javier, Javier me mira desafiante a mi, pero ya no hay modo de echarse a atrás, ya me han descolgado del otro lado y ha contestado mi madre.
Y: (Al teléfono) Hola madre ¿Me comunicas con el viejo, por favor?
Mi madre: (Apartándose el aparato de la cara) ¡Apá, le habla Diego!
El viejo: ¿Qué pasa?
Y: Aquí que salió una situación con el concuño de mi tío Marcelo. Me dice que tiene un acuerdo con mi tío y el no paga renta del local por que así le ayuda mi tío y cuando Marcelo lo necesita, él le ayuda a Marcelo.
EV: (En un tono que denota que le cayo como bomba de acido la información) ¡PA-SA-ME-A-MAR-CE-LO!
Le extiendo el aparato a mi tío y sólo lo escucho hablar en balbuceos, no pasan ni cinco minutos cuando le extiende el aparato al enano, quien de las maneras más pusilánimes trata de explicarse y me lanza unas miradas de odio en el proceso, al final, me va a pagar mientras yo este ahí.
A Lina la veo cuando estoy al cierre, siempre va acompañada de uno de sus hermanos, se ve linda en su falda de corte sastre, blusa blanca, saquito a tono con la falda y un bolso no muy grande, la van a recoger a la parada del autobús cada noche, y desde el día en que el viejo cago a Marcelo y puso en su lugar a Javier, ella llega, pasa por la tienda, se escapa del brazo de su hermano y se mete a comprar algo con una sonrisa radiante, sonrisa que hace que Marcelo se encoja y que mi padre se extasíe, de hecho, el apoyo de mi viejo será crucial más adelante: así, ella entra, compra alguna chuchería, paga y sale, su hermano sabe que no es bien recibido y se queda en el dintel esperando a que Lina salga y se contenta fulminándome con la mirada. se llega el sábado, la misma rutina de Lina cuando pasa por el negocio, esta vez entra a comprar latas de leche, otro frasco de mermelada y duraznos en almíbar, dice que hará otro pastel y que me llevara una rebanada grande grande, yo sólo le respondo gracias con una sonrisa que ella devuelve con más ganas, al día siguiente, domingo, efectivamente llega Lina a tocar la puerta, trae un platón con un considerable pedazo de pastel, con chantilly y duraznos por adorno, estamos mi padre y yo comiendo, esta vez mi viejo se ha lucido preparando una pasta con albóndigas (Por obvias razones no comemos con Marcelo y Natalia) y el pastel será el cierre perfecto, Lina pasa y deja el pastel en la mesa, la invitamos de nuestra pasta y ella acepta, mi viejo por alguna causa parece un adolescente enamorado mientras le sirve la pasta con albóndigas y se la lleva a su sitio, Lina toma su tenedor, lo maneja con maestría enredando los espaguetis y cortando un trozo de albóndiga, lo lleva a su boca y con una naturalidad hermosa lo degusta: «¡Esta mujer sabe como enamorar a un hombre con sus ademanes!» termina su pasta y pide un cuchillo para repartir el pastel, es casi, si no es que es la mitad perfecta del circulo que era, pone una rebanada generosa en cada plato y tomando su tenedor toma una porción de su rebanada y antes de meterla en su boca nos dice al viejo y a mi: «¡Con confianza! No esta envenenado, sólo sí trae mucho de «Quiéreme mucho» y de «Piensa en mi, siempre.» se ríe algo socarronamente de su chiste y degusta el pastel, nosotros nos reímos de su ocurrencia y nos abalanzamos sobre el pastel; quedamos saciados y es hora de ir a reabrir el negocio, mientras hacemos la sobremesa, mi viejo se ha llevado los platos y por alguna extraña causa los esta lavando en el lavadero de la ropa, en el pequeño patio que quedo para lavar y tender ropa, yo estoy algo amodorrado, con las manos sobre la mesa y casi acostado en ella, Lina se acerca con su silla a la mesa y mete sus manos en las mías.
L: ¿En que piensas, Diego?
Y: En que el pastel estuvo delicioso, no sabia que hacías delicias como esa.
L: Aprendí repostería en secundaria.
Y: Qué suerte tenían tus compañeros, claro, si es que les llegaste a convidar.
L: No, nunca les di, siempre me traía las cosas a casa y las comíamos aquí.
Y: ¡Egoísta!
L: ¡Y envidiosa también!
Y: ¿Por qué envidiosa?
L: ¡Por qué así soy!
Y: ¿A quien envidias?
L: A mucha gente, a mis hermanas, a ti, a mis primas.
Y: ¿Por qué las envidias?
L: A la gente por tener ciertas cosas que no cuidan, a ti por que dejaste este lugar y estas en un lugar mejor que este, aunque ahora estés aquí, solamente será por un corto periodo, que dijo Marcelo que venias castigado, pero todo indica que tu abuelo esta castigando a Marcelo; y a mis hermanas por…
Y: A tus hermanas ¿Por… ?
Lina me mira, sonríe, no dice más, mueve las manos en un ademan que indica que fue un desliz, en ese momento tocan a la puerta, me levanto, abro, es un maldito enano el que ha venido a interrumpir.
Y: ¿Qué se te ofrece?
J: ¡Vengo a buscar a Lina!
L: ¿Para qué?
J: ¿Qué haces en la casa de este pendejo? ¡Puta traidora!
El tipo realmente esta enojado, no huele a alcohol y no se ve dopado, y el simple hecho de que fuera a interrumpir el momento lindo ya me ha puesto de un humor más que negro.
Y: ¡Hey! En mi casa no insultes.
J: ¿Tu casa? Hasta donde sé es de tu abuelo. pinche viejo ojete también.
Y: Una palabra más y de verdad que no me culpes, pinche enano.
L: ¡Ya! ¡Paren los dos! No quiero problemas, mejor me retiro, Diego.
Y: O.K. Cualquier problema, estoy en el negocio.
Lina se levanta, toma su suéter y sale, ¡Y todo se desboca!, al salir, Javier le da una cachetada mientras le espeta que es una puta traidora, yo salgo y le tomo la mano en el aire, la ha vuelto a levantar para darle otra bofetada, con su mano libre, el maldito enano me da una cachetada a mi y yo sin miramientos, respondo, poniendo mi mano completamente alineada con el brazo le suelto una bofetada que cae mi palma en su mandíbula y los dedos a la altura de sus orejas: ¡ASÍ PEGA UN HOMBRE, PINCHE ENANO MIERDA! (¿Han visto en las caricaturas como salen despedidos los personajes que reciben ese golpe? ¿Cómo si hicieran los giros de una rueda? ¡Casi!), el maldito enano queda en el piso con los ojos haciendo bizcos, Lina se aferra a mi mientras grita: ¡No Diego, no le pegues!, mi viejo salió corriendo al escucharme rugir y todos los habitantes de la vecindad que estaban en ese momento dentro de sus depas salen al chisme. Llegan sin saber como Marcelo, Natalia, los suegros de Marcelo, sus cuñados, Brenda, incluso y sin saber de donde, llegan mis primos (Los hermanos de Lulú), mi tía Rita y mi tiastra Rebeca, mis primos, mi padre, Rita y Rebeca se interponen entre Marcelo, que esta con cara de pendejo sin saber a donde hacerse, y su familia política, que parece jauría y Lina, que me abraza y yo, lamentablemente toque a un pendejo que tiene contactos con gente mala, así llega el peor escenario, se aparece un viejo ya en años, casi de la edad de mi abuelo, todos saben que no hay que faltarle al respeto, incluso mi abuelo mantenía distancia con ese tipo, mi viejo se eriza y me dice con la mirada que no la vaya a cagar, le entiendo a la primera, ya no es un juego. El tipo pregunta lo sucedido, los que menos vieron son los primeros en dar sus versiones, esto es, la familia política de Marcelo, les ordena callar y como sólo lo he visto con mi abuelo y sus hijos, todos se callan.
Padrino: (Démosle el nombre genérico) ¿Dónde se puede hablar?
Mi viejo: (Como si fuera película de sicilianos) ¡Aquí Padrino! (Señalándole la casa e invitándolo a entrar)
P: Primero voy a hablar con Javier (Nos quedamos mi viejo y yo con cara de ya valió madre, pero alguien le da la recomendación al viejo de que primero pase a Lina, es un cliente conocido ya por mi que siempre va por golosinas y que conversando conmigo resulto ser el cabecilla de la pandilla de mi niñez, es amigo de Franco y también del hermano más grande de Lulú y, además, es hijo del «Padrino»)
Se pasan el «Padrino» y Lina, conversan unos minutos, sale Lina y llama a mi padre, mi viejo entra y Lina se queda afuera, a mi lado, sale mi padre y después entra el jodido enano, sale y llaman a Marcelo, a mi me dejan al final.
P: Siéntate (La verdad, no es nada agradable que te inviten a sentarte en tu propia sala), Dime que sucedió (Procedo a explicarle mi parte, sin agregar sin quitar nada, se siente que no es un viejo que tolere las mentiras, por muy piadosas que sean), ¿A que has venido aquí? Según sé tu abuelo tiene un buen negocio en su pueblo (Le platico a que me enviaron y el por que de mi estancia en la ciudad) ¡Eres un buen nieto! ¡Vamos!
Salimos de la casa, y el señor da una orden, no pide, ordena, y él ordena que se me deje en paz, que no se haga chime del asunto y que, además, no quiere que acá en el cuchitril me genere problemas, prácticamente ordeno silencio, aparte advierte de que estoy haciendo un trabajo honrado y que mientras no me haga el gracioso tengo algo así como pase libre, así que de momento, tanto mi padre, como Rebeca, Rita, Lina y yo, respiramos aliviados, manda a todos los que se reunieron a seguir con su día, pero mi día esta lejos de acabar, salgo con mi viejo a abrir el negocio, Marcelo no se aparece, hay un drama mejor que una telenovela en ese lado, mi padre va a llamar a Marcelo y regresa corriendo, los padres de Lina la están echando de la casa, le están tirando sus cosas fuera y, según testigos, su padre le ha dado varios cintarazos que han ido a dar en sus nalgas y espalda, Lina grita que los odia y que prefiere irse antes de estar con ellos, Marcelo es un pocos huevos y en lugar de llevarse a Lina con ellos, se encierra con Natalia y sus hijos, sus hermanos también la están ofendiendo y Brenda la mira con odio, apenas íbamos a abrir y mi viejo me hace ir a ver el espectáculo.
Mi Viejo: ¿Eres un hombre o un niño, Diego?
Y: ¿Qué?
MV: Qué si eres hombre vayas por esa muchacha.
Y: ¡Si, pá!
Me meto entre el desmadre, se detienen los cinturonazos sobre Lina, la levanto y me la llevo a la casa, no tardan en llegar Rebeca y Rita preguntando qué pienso hacer, mi idea era que se fuera a vivir con alguna de ellas mientras se tranquiliza el asunto, pero Rebeca no puede recibirla y Rita no la quiere por obvias razones, así que siendo un hombre como dice mi padre, me la quedo. A través de la blusa se notan los verdugones que quedaron de los cinturonazos, mi padre y Rebeca salen a comprar ungüento y cosas así, Rita después de dar su negativa se ha marchado inmediatamente, así que Lina y yo nos quedamos solos, no sé que hacer, se ve angustiada, su cabeza baja, sentada en el sofá, no mira más que al piso, me siento junto a ella, la llamo, Lina no se mueve, me acerco, Lina tiembla, trato de abrazarla, intenta alejarse, cierro mis brazos al rededor suyo, al principio parece una pequeña temblorina, cuando me doy cuenta, Lina esta convulsionando, llorando como una niña pequeña, la abrazo, no dice nada, sólo llora, se abandona al abrazo, es el llanto de una niña desconsolada a la que le han roto su burbuja, siento sus brazos rodearme, voltea a mirarme y veo su cara, su expresión de angustia, sus dientes apretados, sus ojos cerrados con fuerza soltando lagrimas enormes y en ese temblor, se siente su desconsuelo. Cuando mi viejo y Rebeca regresan con el ungüento, algodón, alcanfor y sepa cuantos chuches más traen, Lina ya se ha calmado, se ha hecho un ovillo en el sofá y su cabeza esta en mis piernas, no hay morbo en ello, solo mi total admiración por alguien que en un chasquido ha perdido todo por seguir tratándome.
Rebeca: ¡Lina, niña! Vamos al cuarto a curarte esos verdugones, anda. (La dulzura en la voz de Rebeca es tal, que no la reconozco).
Y: (Dándole ligeros golpes en la coronilla con las yemas de mis dedos) ¡Tía Lina! La tía Rebeca te va a curar.
L: (Con un tono agrio, enojado, casi histérico) ¡No soy tu tía, no me digas tía, Diego! (Para sufrir un cambio brutal en menos de un segundo) ¡Perdóname mi niño, no es cierto, perdóname! (Llorando de nuevo desconsoladamente).
Entre mi viejo, Rebeca y yo la levantamos y la llevamos a la cama, Rebeca nos saca y se las arregla para quitarle la ropa y curarla, sólo se escuchan provenientes del cuarto los siseos, los ayes y los gimoteos de Lina mientras Rebeca pone los remedios en sus espalda, cuando salió nos dijo que tenia verdugones en espalda, nalgas y piernas, pero que solo eran verdugones, ninguno era herida abierta, Por ese día ya no abrimos el negocio, mi padre, siendo precavido, va con el cerrajero y cambia los candados de la cortina y pone el seguro doble de la cerradura, y un candado en la puerta, Rebeca se queda con nosotros sólo una horas más hasta que mi padre se la lleva, nos repartimos entonces de la siguiente manera, Lina la cama del cuarto, una cama Queen Size bastante agradable, mi padre en la cama matrimonial del otro cuarto y yo en la sala, en el sofá con una cobija, da la hora de la cena pero la realidad es que no tenemos hambre, así que cada quien se queda en el lugar asignado. Media noche, el reloj de la iglesia del barrio toca su acostumbrada melodía antes de dar sus doce campanadas, escucho ruido de pasos inseguros, es Lina que va al baño. prendo la luz y lamentablemente solo lleva sus pantaletas puestas, es hermosa, con su pelo cayendo y cubriendo sus pequeñas tetas, me levanto, corro a donde esta y la cubro con mi cobija, he visto las marcas de su espalda, una cinta roja, muy hinchada, del grueso del cinturón paterno cruzando por lo menos tres veces en su espalda, la ayudo a entrar en el baño, me sonríe y me da la cobija, cierra la puerta y me quedo afuera esperándola a que salga, cuando lo hace, la envuelvo en la cobija, al sentir la tela rozando los verdugones Lina sisea como gato erizado, se desfallece por el ardor y el dolor y me toca sostenerla, me pide que la vuelva a curar, yo en realidad no sé que le hizo Rebeca así que se lo digo, pero Lina me dice que ella si se fijo en que orden le puso las cosas, así, la llevo al cuarto, se recuesta, su espalda es preciosa y lo único que desentona son esos feos trazos gruesos de color rojo, tomo una bolita de algodón y la remojo con el liquido de olor perfumado y penetrante del primer frasco, paso a lo largo de las líneas rojas dando leves toques con el algodón humedecido, después tomo otra torunda de algodón y pongo abundante pasta del ungüento mentolado, deslizo despacio, cada roce en su piel de niña le provoca dolor y a mi excitación al sentir su piel de seda, finalmente con un ultimo algodón lo impregno de algo parecido al petrolato y lo deslizo por su espalda, me tocara hacer lo mismo en sus nalgas y en sus piernas, pero es tanto su dolor que cada que sisea o se queja de dolor me recuerda que debo de ser atento y concentrarme en mi cometido; dejo a Lina tendida boca abajo en la cama mientras recojo y cierro frascos y botecitos, ella se centra en la cama y con su mano palmea el colchón.
L: ¡Quédate Diego!
Y: No Lina, estas herida y necesitas descansar.
L: Prometo ser una niña buena y no hacerte nada, no te voy a morder, de verdad.
Y: No es eso Lina, es que el que no promete ser un niño bueno soy yo.
Ella se ríe pero el temblor de su risa también le provoca dolor, me pide que me siente en el colchón, la obedezco más por escucharla, al parecer tiene ganas de mantener un charla desmadrugadora.
L: ¿A quien debo culpar Diego? ¿A mi papá por sádico, a Marcelo por dejarte hacerte cargo de todo, a Javier por impulsivo y loco o a mi por desobediente y buscarte cuando, desde que llegaste y corriste a mi hermano del negocio, me dijeron que no me acercara a ti?
Y: A mi Lina, por no controlar el impulso.
L: Estabas en tu derecho a defenderte, él te pego.
Y: No, Lina, me hubiera dado la cachetada o no, yo lo iba a golpear por haberte dado esa cachetada y decirte lo que te dijo.
L: Puta traidora, eso dijo, no me ofende.
Y: No es por la ofensa como tal y también es por lo mismo Lina ¿Por qué por tratarme como siempre me has tratado desde niño eso hoy te convierte en una… puta traidora?
L: (Estira su mano, me toma por la cintura y me jala, solicitándome que me recueste y me le acerque más) ¡Creciste como un hombre Diego! Del gordito chillón que llevábamos mis hermanas y yo a los baños, ya sólo queda el recuerdo.
Y: (Sin saber que contestar a su argumento) ( ° . ° )
L: Me gusta más el hombre que el niño.
Y: (Tratando de cambiar el tema sin saber que me hundiré por bocón) No me terminaste de decir ¿Por qué envidias a tus hermanas?
L: (Subiéndose un poco en la cama y comenzando a pasar su pequeña mano por mi pecho sobre mi playera con la que duermo) Por haber tenido a tan hermoso niño a su disposición y haberlo hecho hacer cosas tan depravadas (Sube a poner su cara a la altura de la mía, roza su nariz en mis labios y con mi nariz y me incita a darle un beso)
Y: ¡L-Li-Lina!
L: No me desprecies Diego, por favor, tú no.
Y: (Respondiendo de manera tierna al beso de esa hermosa mujer que es como una niña) No Lina, no te desprecio.
La tomo de sus axilas, la subo un poco, queda tendida encima mío, comienzo a besarla suave, despacio, con ternura, mis manos sólo acarician sus manos, sus antebrazos, sus brazos y sus hombros, ella tiembla, suspira, siento la tersura de sus piernas abrirse paso entre las mías, siento uno de mis muslos atrapado entre los dos de ella, la luz esta encendida y puedo verla como es, se desliza las pantaletas y la siento quedar encima mío desnuda completamente, me pide la playera, me la comienzo a quitar mientras ella tierna y tímida jala el elástico de mi trusa, quiero evitar acariciar su espalda y las zonas donde hay verdugones, al quitar mi trusa mi miembro erecto «campanea» y Lina se ríe como una chiquilla traviesa, se me sube, hace que su hermosa línea de su vagina se embarre en mi verga con un movimiento suave y lento, su cara esta frente a la mía, el mismo movimiento, su nariz se raspa en mis labios y mi nariz antes de que sus labios se peguen a los míos, la siento en su vaivén rozar con su abertura mi glande, se desliza y ella sola se penetra, la siento deslizarse en mi atrapándome en esa hermosa fundita, ella sola topa y se queda quieta, le recojo el pelo para poder apreciar sus pequeñas tetas y ¡Oh delicia! en donde deberían estar sus pezones hay una protuberancia hinchada, es como si todo su pezón fuera uno con su areola, se hincha una pequeña pelotita en la redondez de su teta, me ve tan fascinado lamiendo y chupando esas pelotitas que se ríe con la ternura de una niña, se desliza a quedar penetrada al fondo, toma mis manos, entrelaza sus dedos con los míos y comienza a moverse atrás y adelante, gime, suspira, la verdad es que según se ve, le importa un comino que en el cuarto de a lado este mi padre durmiendo, ella se arquea y se termina desplomando encima de mi, yo también me he vaciado dentro de ella, Lina se acomoda, su cabeza en mi pecho, sus manos buscan las mías y sus dedos se entrelazan con los míos, me da un tierno beso y se acomoda a dormir tomándome de colchón a mi.
A la mañana siguiente, me despierto sobre las 07:00 hrs, Lina duerme caída entre mi costado y mi brazo, aún me abraza, sin despertarla me salgo de la cama y trato de escabullirme al sofá, me paralizo como alcanzado por un rayo cuando veo a mi viejo acostado en el lugar que me corresponde, esta despierto y sonriente.
MV: ¿Qué tal dormiste, Don Juan?
Y: Ya viejo, no des lata.
MV: ¿Dulcinea sigue dormida?
Y: ¡Qué lo dejes, viejo!
MV: ¿Soy un mal padre por preocuparme por el bienestar de un niño consentido y llorón?
Y: ¡Qué ya!
MV: Jajajajajajajaja, ¡Suertudo!
Me vestí soportando las burlas de mi padre y salimos corriendo a recibir la mercancía que comúnmente recibía Marcelo, personaje al cual encontramos parado afuera del negocio ya que no pudo abrir ni la puerta ni la cortina al estar cambiados los candados, en la cortina había un hermoso grafitti dibujado con aerosol rojo con forma de miembro, dos enormes bolas con pelos en la base de la cortina y un glande bien definido en la parte alta, con un tronco grueso uniéndolos; Marcelo no sabia donde meterse, mi padre se río pero no dijo nada, yo sólo me limite a abrir y revisar, sólo el grafitti estaba como «daño» a la propiedad, recibimos refresco, cerveza, leche y pan industrial, pagamos y me lleve el dinero del día anterior a la casa, salí con Lina a avisarle al medico con quien trabajaba que no iba a poder trabajar en ese estado, de hecho le solicite al doctor que la revisara y que le diera algo que pudiera aliviar más rápido los verdugones, pasamos al banco a depositar dinero en la cuenta y nos pasamos una parte del día en el primer cuadro de la ciudad, regresamos al barrio poco antes de la hora de la comida y de paso, entre los puestos de ropa aprovechamos para comprarle ropa a Lina, ya que todas sus cosas habían sido rotas el día anterior por el loco de su padre, Lina se fue a la casa a prepararnos la comida a los tres y yo me fui al negocio para cerrarlo por dos horas, al bajar la cortina da la mala fortuna de que pasa el hijo del Padrino y mira el grafitti y se empieza a carcajear de lo lindo, yo sin nada que poder reclamarle, al final me había hecho un esquinazo impagable el día anterior, sólo me limite a sonreír, pero no iba a dejar pasar su oportunidad, con el desparpajo de quien se sabe intocable, se acerca, me pasa un brazo por el cuello y suelta la bomba que a más de uno le provoco acides estomacal, entre ellos la familia política de Marcelo y el maldito enano, llamémoslo Lucio y de cariño todos lo conocen con «Lucho».
Lucho: ¿Qué compadre, te pintaron algo bonito en la cortina?
Y: Pues sí, pero no sé como tomarlo ¿Cómo advertencia, amenaza, recomendación, solicitud? No sé, la verdad.
L: ¡Tómalo como un reconocimiento, compadre!
Y: ¡Ah cabrón! ¿Cómo que como reconocimiento?
L: ¡Sí compadre! ¡Te reconocen como que eres una verga! ¡MI COMPADRE ES LA MERA VERGA!
Ya no dije nada, me encogí de hombros y vi a los pendejos antes dichos poner cara de que algo les cayo mal en la comida, pase mi tiempo de castigo saneando el negocio y regresando al cuchitril con dinero extra en la cuenta, mi viejo acomodo y llego a un acuerdo con su inquilino para que le pagara su renta a Rebeca y Rebeca le diera integro el ingreso a Lina, con Lina cogí hasta el ultimo día que pase en el barrio, y sí, también la embarace, le ofrecí venirse a vivir conmigo al cuchitril, pero no acepto, lo dijo sin rodeos: «No quiero que tu madre, tu tía Martina, tu abuelo y los demás de tu familia quieran hacer de nuestro hijo o nuestra hija un activo en sus disputas, me quedo aquí.» del último mes no se anotaron completamente las ventas y mi padre logro hacer un colchón bastante choncho para mi, en caso de que me expulsaran de la casa si Lina decidía irse conmigo, como no quiso venirse conmigo, ese colchón se le quedo a ella, y sí, recuerdo aquellas palabras que me dijera cuando me vio salir la ultima vez que cogí a Brenda.
Y: ¿Lina, recuerdas cuando salí aquella vez de tu casa después de estar con Brenda?
L: (Haciendo una cara de disgusto al recordarle yo a su hermana y nuestro desliz de seis años atrás) Sí, sí me acuerdo ¿Por?
Y: Recuerdo que me dijiste: ¡Ya hablaremos, cabroncito! Y la verdad es que siempre me ha intrigado de que íbamos a hablar.
L: ¡Ah, eso! Pues si hablamos.
Y: ¿Cuándo?
L: Nos la hemos pasando hablando de eso desde el día que vivo contigo, Diego, desde la primera noche cuando me curaste hemos estado platicando y mira que lindo dialogo hemos mantenido (Lo dice mientras acaricia la pequeña pancita que ya denota su embarazo).
Y: Vente conmigo al cuchitril, si el viejo me corre no importa, allá tengo amigos y familia que me ayudaran a empezar de cero.
L: No, yo no voy a ser la culpable de que un viejo loco igual a mi padre termine no sólo corriéndote, si no que termine corriendo a tu madre y la repudien igual que a tu tía Rita, no.
Acepte su decisión, me regrese, ella quedo cuidada y cuidando a Rebeca, posteriormente cuidaría también de mi viejo hasta su muerte y de Rita; al final mi madre se entero de que tenia una nieta producto de ese castigo que me impusiera el viejo y si mi abuelo se entero o no, nunca dio muestras de saberlo.
Así termino este paseo por mis recuerdos, que he vivido más cosas, las he vivido, de que tengo más historias para contar, las tengo, lo que no sé es si las contare, puede que pasando la semana santa y la pascua me den ganas de escribir, no por santurrón, si no por que es el tiempo vacacional que dedico a Lina y a Sora (Cielo en japones), nuestra hija quien ya es toda una hermosa mujer de +30 años, no pienso especificar más de ella, bribones cachondos lectores míos.


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