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Dominación Mujeres, Heterosexual, Incestos en Familia

Mi vida en incesto – Capítulo 1.2 – La religión de cogernos buscando placer extremo

Seguimos descubriendo el placer con mi hermano .
Mi vida en incesto – Capítulo 1.2 – La religión de cogernos buscando placer extremo

Durante los días siguientes fuimos descubriendo el placer que nos generaban las cogidas que nos dábamos con mi hermano, viviendo una doble vida.

Por un lado, cuando estábamos en casa con nuestro padre y en la escuela delante de los demás, éramos 2 hermanos que se acompañaban en todo y se ayudaban siempre. Pero cuando salíamos de la escuela, caminábamos apurados para ni bien cruzar la puerta y cerrarla con llave, matarnos a besos mientras nuestras manos recorrían nuestros cuerpos despojándonos de los uniformes escolares, hasta quedar completamente desnudos, besándonos, chupándonos y mordiéndonos en cada centímetro de nuestros cuerpos, centrándonos en las partes que comenzábamos a aprender que nos gustaba hacernos todo.

Por mi parte, además de volverme loca que chupara mi vagina y mordiera suave mis pezoncitos, disfrutaba muchísimo que pasara su lengua por mi pancita y mi cuello. Mientras que las mordidas, las prefería en los cachetes de mi culito y en mi espalda.

En cambio mi hermano, disfrutaba que besara su cuello y le dé pequeñas mordidas y, claramente, que me enfoque en su verga que me volvía loca chupar hasta que me dé su lechita. Y él también aprendió que cuando le chupaba su pija era hasta que me dé mi premio.

Por otro lado en la escuela, si bien comprendimos que era muy arriesgado encerrarnos en el aula “guarda todo”, a veces coordinábamos para pedir permiso y salir al mismo tiempo de nuestras aulas para encerrarnos en un baño y coger un ratito, haciendo un “rapidito” violento, donde volvía a los pocos minutos al aula con mi conchita llena del semen de mi hermanito, el cual se me escurría dejando mi bombacha toda mojada.

Pero en la escuela sabíamos que era arriesgado hacer algo, por lo que comenzamos a preferir esperar a llegar a nuestra casa donde teníamos desde las 12:30 del mediodía hasta las 19 horas, horario en que llegaba mi papá de su trabajo, para que mi hermano disfrute de su hermanita putita y yo disfrute de sentir la pija de mi hermano en todos mis agujeros llenándome de leche, y después por las noches en nuestra habitación, donde cogíamos desde que nos “íbamos a dormir” hasta altas horas de la madrugada, donde nos entregábamos al placer que aprendimos día a día a darnos. En fin… así pasaban nuestros días, disfrutando de coger en cada momento como si el mundo se fuera a acabar.

No sé como será en otros países, pero aquí en argentina aquellos que profesamos la religión católica, a los 8 años se toma la Primera Comunión y a los 12, la Confirmación, por lo que yo comencé a tomar mis clases para la comunión y mi hermano, para su confirmación.

Ya sé que me van a decir que no hay nada de católico en cogerse entre hermanos, pero bueno… nadie sabía que nosotros nos cogíamos. Así que debíamos cumplir con los mandatos de las tradiciones de la iglesia. Por eso los sábados, de 15 a 18, teníamos que ir a catequesis a la iglesia del barrio, Inmaculado Corazon de María en la calle Zelarrayán al 741. Eran 3 horas todos los sábados donde primero teníamos clases y desde las 17 hasta las 18 nos daban misa en una capilla auxiliar que tiene la escuela, separada de la iglesia principal. Éramos un grupo muy grande de chicos, cosa que nos facilitó poder escabullirnos con mi hermano después de la clase para estar juntos, una vez que pudimos aprender la dinámica de las catequesis.

Y nuestro escondite después de escaparnos, era precisamente la iglesia principal, metiéndonos normalmente en los confesionarios, donde, al no haber nadie en la iglesia en ese horario, podíamos matarnos a besos, chuparnos y cogernos sin que nadie nos moleste, sumado al morbo que nos generaba estar en bolas en donde el cura escuchaba las confesiones, donde mi hermano se sentaba en el banquito del sacerdote y yo me sentaba sobre su pija parada, enterrándomela hasta lo más profundo de mi útero, comenzando a mover mi vientre y mis caderas hasta extraer toda la lechita de mi hermanito, mientras nos comíamos a besos y él me agarraba de mi cola para ayudarme con mis movimientos. Realmente coger ahí era lo máximo.

Ya habían pasado varios sábados que nos escapábamos para coger en la iglesia y nadie aparecía en ese horario. Estábamos metidos en el confesionario que se encontraba justo al lado del Altar, y ni bien cerramos la puerta del confesionario, mi hermano comenzó a besarme metiendo su lengua en mi boca, enredándose con la mía, sintiendo el gusto de su saliva que se mezclaba con la mía. Realmente nuestros besos eran siempre muy húmedos conde quedábamos enchastrados con nuestra baba alrededor de nuestros labios. Sus manos se colaron por debajo de mi pantalón de jogging y mi bombacha alcanzando mi cola mientas las mías desprendieron el cinto de su pantalón y el botón y cierre, bajándoselo junto con su calzoncillo dejando su hermosa verga parada a mi disposición, la que no dudé en tragarme mientras empujé a Sebastián en el asientito quedando yo arrodillada subiendo y bajando con mi boca que se tragó ese falo que me llegaba hasta mi garganta. Realmente había aprendido a hacer y disfrutar de las gargantas profundas. Y cuando sentí que estaba por acabar, aceleré aún más mis embestidas bucales hasta que con un quejido que él ahogó con una de sus manos, acabó directamente en mi garganta, haciendo que me trague a nuestros hijitos, como tantas veces había ya hecho en ese acto caníbal.

Terminé de sacarme mi pantalón y bombacha y subiendo una de mis piernas sobre sus hombros, le dejé servida mi conchita para que me la devore sin piedad cómo él sabía hacer, comenzando a profanar mi vulva con su lengua, chupando cada gota de flujo lubricante que mi conchita destilaba cuando me sentía excitada cómo en ese instante. Aunque a decir verdad, desde que habíamos comenzado a coger, vivía con la concha mojada de lo caliente que estaba todo el día esperando que mi hermanito me coja como la putita en la que me había convertido. Así que me concentré en disfrutar de su lengua recorriendo cada centímetro de mi vulva, mis labios vaginales y más aún cuando se apoderó con su boca de mi clítoris, haciéndome explotar en el primer orgasmo que iba a tener esa tarde, haciendo que mis piernas se aflojaran y mi cuerpo quede temblando como gelatina.

Pero necesitaba sentir la pija de mi hermano llenando mi conchita, por lo que terminé de sacarme mi ropita y ya desnuda me senté a horcajadas y mientras me empalada con la verga de Sebastián, él me agarró fuerte de los cachetes de mi cola mientras y comenzó a chupar mis pequeñas tetitas que eran apenas perceptibles, comenzando yo a subir y bajar mi cuerpo haciendo que su verga comience a entrar y salir de mi interior. Realmente estábamos muy calientes y podía sentir como la cabeza de la chota de mi hermano rozaba el interior de mi canal vaginal, haciéndome sentir un placer único, hasta que sentí que abrió la puertita del habitáculo.

– ¿Qué hacés Sebi?

– Shhhhh… tranquila, no hay nadie y no va a venir nadie. Te quiero coger en un lugar especial

– No, no, para… nos van a descubrir…

– Tranquila Ani… esto te va a gustar

Y así como estaba empalada con su verga dentro de mi conchita, se levantó mientras yo lo envolví con mis piernas sobre su cintura como una serpiente se enreda en un árbol, hasta que llegamos al altar, bajándome y haciendo que me dé vuelta y apoye mis brazos sobre el mármol frío, mientras empinaba mi cola para que mi hermano me penetre desde atrás.

– Aaaaaaaah siiiiiii hermanitoooo… cogeme, cogeme fuerte. Cogeme como sabés que me gusta…

Plaf, plaf, plaf, plaf… resonaba en la iglesia el choque de sus bolas contra mis labios vaginales y su vientre contra mi cola.

– ¿Así te guste putita? ¿te gusta que tu hermanito te coja delante de la Cruz de Jesús y la estatua de María?

– Siiiiiiiii me encantaaaa… me encantaaaaa todo lo que me haces… cogeme más… no pareeees…

– No voy a parar hasta llénate de mi leche en tu conchita hermanita

Plaf, plaf, plaf, plaf… se seguía escuchando.

De repente mi hermano salió de adentro mío y me hizo subir sobre el Altar, acostándome, sintiendo el frío del mármol recorrer mi cuerpo de niña, desnuda, entregada a los placeres más oscuros de la vida, mientras él se ubicó entre mis piernas, abriéndolas nuevamente e inclinándose para volver a chupar mi vagina inundada de flujo.

Su lengua no dejaba centímetro por recorrer de mi cavidad vulvar. Era increíble como mi hermano ya sabía como me gustaba que me chupe mi concha de nena, donde presionar con su lengua, donde dar pequeñas mordiditas, donde succionar con sus labios y donde masajear con su lengua para hacerme explotar en tremendos orgasmos, tragándose todo el flujo que mi conchita destilaba constantemente.

– Asiiiiiiiii…. Asiiiiiiiii hermanito… chupaaaameeee maaaaaas miiiii coooonchitaaaaa poooor favooooor… no paaaaareeeees…

– ¿Te gusta putita? Porque a mí me encanta chuparte esta conchita hermosa que tenés

– Siiiiiii meee encaaaantaaaaa aaaaaaah… aaaaaaaaaah… asiiiiiiii… aaaaaaaaah… siiiiiiii

Y nuevamente volví a explotar en otro orgasmo que hizo que mi cuerpito convulsione arriba del altar.

Y tomando mis piernas, las puso en sus hombros y me volvió a penetrar, siendo nuevamente profanada, empotrada y perforada por la verga de mi hermano que no paraba de entrar y salir de mi vagina inundada por el flujo que destilaba, sintiéndolo como si con su ariete de carne quisiera romper mi matriz y depositar su esperma directamente en mis ovarios todavía infértiles por mi edad, lo que nos permitía coger sin tener la necesidad de cuidarnos de algún embarazo.

Vernos cogiendo con mi hermano en la iglesia, desnudos, sobre el altar, gimiendo y gozando con el placer que nos dábamos era la imagen viva de la lujuria, el deseo prohibido y el placer extremos que nos generaba nuestra relación incestuosa. Era la viva imagen del pecado reencarnado. Más aún, creo que mismo Satanás estaría alentándonos en ese momento para que consumemos nuestro acto sexual prohibido en un lugar tan santo como lo es el altar de una iglesia, donde la perversión que implicaba que dos hermanos estén cogiendo sobre el lugar donde se consagra “el cuerpo de Cristo”, denostando sin ninguna culpa las máximas creencias católicas y las más santas costumbres que Jesús nos ha dejado, entre los jadeos que me producía la pija de mi hermano entrando y saliendo del interior de mi conchita, sumado al peligro que implicaba que alguien entrara y nos encontrara desnudos sobre el Altar cogiendo como dos demonios lujuriosos.

– Date vuelta y ponete en cuatro que te voy a coger por tu culito

Rápidamente mi hermano salió de adentro mío y obedecí, poniéndome como una perrita deseosa de pija, levantando mi cola y apoyando mi pecho, cara y brazos en el mármol, mientras sentí como mi hermano me abrió mis nalgas exponiendo mi esfínter, escupiendo en él y apoyando su verga en la entrada de mi cola, me penetró lentamente, haciéndome sentir un placer inmenso mientras su verga se abría camino en mi recto para llegar en pocos segundos hasta mis intestinos, comenzando otra vez con su mete y saca.

– ¿Te gusta puta?

– Siiiiiiiiii…. Me encaaaaantaaaaa… meeee encaaaantaaaa seeentiiir tuuu vergaaaa coooomo entraaa y saaale de miii colaaaaa… aaaaaaah aaaaaaaah aaaaaaah siiiiiiiii maaaaas maaaaas noooo paaaaareeeees

Plaf, plaf, plaf, plaf… resonaba en toda la iglesia las envestidas que mi hermano me daba. Instintivamente, dejando mi cara apoyada en el mármol, con mis manos me agarre de los cachetes de mi cola y los abrí mientras Sebastian no dejaba de perforarme. En eso saca su pija de mi cola

– Ojalá pudieras ver como tenés abierta tu colita… es hermoso ver como tenés tu agujero dilatado

Y escupiendo en lo profundo de mi cola abierta, volvió a empotrarme con su pija dura, continuando con su perforación anal que tanto me hacía disfrutar

– Voy a acabar Ani…

– Llenaaaameeee de leeecheee miiii cooolaaaaaa

– No, no… esta leche te la vas a tomar mientras Jesús y María nos miran

Y saliendo rápido de mi cola se paró sobre el Altar para darme mi lechita mientras yo permanecí arrodillada como implorando porque ese semen caliente sea depositado en mi boca. Y tomando su verga con mi mano, comencé a succionarla para recibirla

– No la tragues todavía. Juntala en tu boca y antes de tragarla quiero que se la muestres a María y después a Jesús en la cruz… Aaaaaaah siiiiiiiii aaaaaah tomaaa puuutitaaaa tomateee miiiii lecheeee hermaniiiita

Y así lo hice. Junté el semen de mi hermano en mi boca y antes de tragarlo, le mostré a ambas imágenes el semen que había juntado.

– No te vas a tomar la sangre de Cristo hermanita, te vas a tomar algo más sagrado… el semen de tu hermano

Y mirándolo a los ojos, desnuda, arrodillada y recién cogida por mi conchita y mi cola sobre el Altar de nuestra iglesia, tragué ese líquido blanquecino, espeso y viscoso lleno de los espermatozoides de mi hermano.

Fue una de las mejores cogidas de mi vida, más que nada por el morbo de hacerlo en la iglesia, sobre el Altar y a la vista de Jesús y María, sumado al riesgo de que alguien escuche el quilombo que hicimos mientras cogimos, pero claramente en ese momento no teníamos conciencia del peligro que implicó coger ahí, es más, a mí ni se me cruzó por la cabeza algo de eso y dudo que mi hermano lo haya pensado. Sólo queríamos coger y disfrutar del momento.

Nos bajamos del Altar, agarramos nuestra ropa, nos vestimos y salimos de la iglesia por la puerta de atrás y volvimos a nuestra casa donde nuestro padre ya nos estaba esperando con la merienda, desconociendo de que yo ya había tomado mi leche.

Y aunque seguimos cogiendo casi todos los sábados cuando podíamos escaparnos después nuestras clases de catecismo, esa fue la única vez que tuvimos sexo de ese modo, quedándonos siempre en los distintos confesionarios ya que nos dimos cuenta del gran riesgo que corrimos esa vez y sumado a que un par de veces uno de los diáconos apareció en la iglesia para ir a la sacristía, por lo que en esos momentos nos quedamos haciendo el mayor silencio posible mientras la verga de mi hermano entraba en mi conchita o en mi culito hasta acabar y llenarme de su semen en lo más profundo de mi ser.

Otro recuerdo que tengo grabado en mi memoria es que al finalizar ese año, el día de tomar mi primera comunión y mi hermano su confirmación, Sebastián me cogió con mi vestido blanco puesto y me obligó a sacarme mi bombachita blanca y usarla como una colita del pelo, cuestión que pasó desapercibida por todos porque el blanco combinaba con mi vestido. Lo malo es que estuve durante toda la ceremonia chorreando su semen de mi vagina, y se escurrió por mis piernas dejándolas manchadas y mojadas durante toda la ceremonia y recién cuando llegué a mi casa pude limpiarme. Por suerte mi vestido llegaba hasta mis tobillos casi y tapó el semen de mi hermano escurrido.

En fin… este tipo de experiencias que comencé a vivir con mi hermano, donde no era suficiente solo tener sexo sino que buscábamos situaciones que le sumen adrenalina a nuestras cogidas, hacían que el sexo nos brinde un placer inigualable, lo que nos hizo cada vez más adictos a estas situaciones donde esta combinación de sexo incestuoso con el hecho de ser descubiertos, nos provocaba orgasmos super intensos.

Hasta aquí les cuento hoy. Voy a tratar de continuar subiendo más entregas pronto.

Hasta la próxima

37 Lecturas/29 agosto, 2025/0 Comentarios/por IncestAnalia1423
Etiquetas: anal, confesiones, hermanita, hermano, hermanos, incesto, mayor, sexo
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