No vuelvo a decirle a mi marido que nos divorciemos, sino quiero que me trate como a una puta cualquiera.
Una mujer que tenía la mala costumbre de amenazar al esposo con divorciarse aprende a las malas que no debe hacerlo, sino quiere terminar siendo tratada por su marido como una puta..
La mayoría de los matrimonios, ocasionalmente tienen algún tipo de discusión, pero en mi caso, con el pasar del tiempo, que me volví muy intolerante, y la mayoría de las veces, nuestras discusiones terminaban diciéndole a mi esposo. «Mejor nos divorciamos y cada quien por su lado.»
Mi esposo, la mayoría de las ocasiones, daba por terminada la discusión, o se ponía a ver televisión, o se iba a al bar a pasarla con sus amigos, pero él se cansó de eso, y en una ocasión que yo le dije esas mismas palabras, él simplemente se levantó de la butaca en la que veía la tele, se me quedó mirando fijamente y me dijo. «Está bien, mañana vamos donde un abogado para que comience los tramites del divorcio.»
Yo me quedé petrificada, sin saber que responderle, además agarró una cobija su almohada y se acostó en el sofá que teníamos en sala, me encerré en nuestra habitación, me la pasé gran parte de la noche pensando que hacer, que decirle, arrepentida de haber provocado esa tonta situación.
Sobre todo, a sabiendas de que yo había exagerado todo, al punto que, cansada de estar dando vueltas en la cama, lo único que se me ocurrió fue, desnudarme completamente, y salir a la sala a buscarlo.
Él por lo general duerme sin nada de ropa encima, a lo sumo una sábana o cobija, pero más nada, así que cuando llegué a su lado, él por lo visto dormía plácidamente.
Así que como ya les dije, lo único que se me ocurrió para llamar su atención, y despertarlo aparte de estar completamente desnuda, poco a poco retiré la sabana que cubría parcialmente su cuerpo, desde la cintura hasta los pies.
Una vez que hice eso, mi siguiente pasó, tras tirarme al piso al lado del sofá, le agarré delicadamente su miembro, y suavemente comencé a pasar mi lengua por su glande el que, en cosa de pocos segundos, todo su miembro se fue poniendo bien erecto.
De eso a ponerme a mamar su verga, fue cosa de corto tiempo, cosa que mi marido en infinidad de ocasiones me había solicitado, y yo en muy raras por no decir que en muy pocas ocasiones lo había complacido.
A medida que le fui mamando su miembro a mi esposo, se le fue poniendo más duro y erecto. Y al poco rato ya se encontraba bien despierto, disfrutando plenamente de lo que yo le estaba haciendo con mi boca.
Esa noche le mamé su verga, por las muchas veces que me había negado hacérselo, pero ni él ni yo contentos con eso, en el mismo sofá, yo me recosté a su lado dándole la espalda, y a los pocos segundos sentí su miembro como penetraba mi coño brusca y salvajemente, hasta que después de un buen rato, sin consideración alguna se vino, justo en el momento en que yo comenzaba a disfrutar.
Aunque en el fondo me sentí como una puta por lo que hice, me convencí a mí misma que era lo que más me convenía, ya que en realidad eso de amenazar con divorciarnos, en realidad siempre había sido tan solo eso una tonta amenaza de mi parte.
Al siguiente día ambos nos levantamos como si no hubiéramos discutido, y así pasamos un par de semanas, hasta que por algo sin ninguna importancia discutimos.
La discusión fue tomando cuerpo y también comenzamos a recordar y a sacarnos en cara, algunas tonterías que habíamos dicho o hecho, hasta que volví a caer en el mismo error de la otra vez, y amenacé a mi esposo con divorciarnos.
Casi de inmediato, pensé que él se iba a marchar de la casa, pero de golpe se detuvo y en lugar de eso, me dijo de lo más calmado. «Bueno dime cuando estés lista para que llame al taxi y te venga a buscar.» yo me quedé completamente confundida, fue cuando él me dijo, sonriendo.
«Acuérdate que esta es mi casa, así que dime cuando quieres que llame al taxi.» Yo me quedé sin saber que responderle, y fue cuando completamente asustada por la reacción de mi esposo, que sin pensarlo dos veces y tragándome mi tonto orgullo, me puse a llorar, y me tiré al piso y prácticamente arrodillada a sus pies, comencé a pedirle que me perdonase.
Sin dejar de ver como yo me humillaba a sus pies, me dijo. «Y ahora que mosca te pico, o es que te distes cuenta de que metiste la pata, pendeja.»
Yo en medio de todo, las ganas que tenía en ese instante era la de mandarlo al coño de su madre, pero ante el temor de realmente divorciarnos, me quedé en silencio.
En ese momento me dijo, sin tapujos. «Bueno, bruta si no quieres que nos divorciemos, de ahora mismo en adelante, vas a tener que complacerme en todo lo que te ordene, y sin chistar.» Yo tras secarme las lágrimas con la manga de mi blusa, levanté mi rostro y aunque sin decir palabra, asenté con mi cabeza.
A lo que cesar me respondió. «Así me gusta, que no digas ni una sola palabra a menos que yo así te lo ordene. Veo que en realidad no eres tan bruta, después de todo.» Aunque cuando él iba diciendo esas palabras, yo por dentro en mi mente, me cagaba en su madre.
En ese instante, se me quedó viendo con cara de sádico, y me dijo. «Bueno ahora quiero que, de ahora mismo en adelante, mientras estés en casa, en todo momento andes desnuda, a menos que yo te ordene lo contrario. Pero ya sabes solo si yo te lo ordenó, te vistes.»
De lo más resignada, nuevamente asenté de manera afirmativa con mi cabeza, al mismo tiempo que comencé a quitarme toda la ropa frente a él en el medio de la sala, mientras que él continuó diciéndome.
«Cuando yo te ordene algo, lo haces sin discutir, y con una sonrisa en tu rostro, aunque por dentro te estés cagando en mi difunta madre. Como seguramente lo debes estar haciendo ahora mismo.»
Lo peor de todo es que mi marido me conoce tan y tan bien que estaba en lo cierto, por lo que yo mostrando una hipócrita sonrisa, sumisamente seguí afirmando con mi cabeza todo lo que él me decía.
Lo siguiente que me ordenó, fue que le preparase un trago, cosa que a mí me indigna hacer, pero después de recoger mi ropa del piso, y dejarla en nuestra habitación, hice lo que él me había ordenado, tras lo cual, no me dio ninguna otra orden, y yo tal como me encontraba me dispuse a calentar la cena, para los dos.
Él se puso a ver su televisión, y ocasionalmente me pedía uno que otro trago, fue cuando me di cuenta de que él estaba viendo una película o video porno, por lo que me retiré al cuarto, pero justo antes de entrar, me dijo desde la sala, a toda voz. «Preparar ese culo, que esta noche tengo ganas de comértelo.»
Lo cierto es que nunca en los muchos años de casados que llevábamos, yo lo había complacido en eso, para mí eso era una abominación, propia de animales, y las pocas veces que mi marido había tenido el valor de solicitármelo, a lo que yo bien molesta con él, le había dejado de hablar, y me negaba a tener sexo a menos que no me pidiera una disculpa.
Pero en esos momentos, entendí que de nada valía que me indignase, o me negase, ya que la única solución de evitar eso, era marcharme de casa, y la verdad es que no quería hacerlo, ni que me diera por el culo, ni marcharme de casa, pero de dos males una escoge el menor, así que resignada me comencé hacer a la idea de que más tarde él, me daría por el culo, aun en contra de mi voluntad.
Ya estaba dormida, cuando sentí sus manos sobre mis nalgas, y aunque no soy, o mejor dicho no era una experta en relaciones anales, en esos momentos, por lo menos atiné a ponerme algo de vaselina, entre mis nalgas, dentro y sobre mi esfínter, antes de acostarme.
Lo cierto es que vi el diablo, lo digo figurativamente, del fuerte dolor que sentí cuando, tras colocar su caliente y duro glande contra mi esfínter, sin compasión alguna, de un solo golpe me ha enterrado toda su verga.
Las lágrimas se me saltaron, y a su madre la maldije infinidad de veces a medida que él comenzó a meter y sacar su verga de mi culo, al tiempo que, dándome una fuerte y ardiente nalgada, me ordenó que moviera las nalgas.
Lo cierto es que después del fuerte y desesperante dolor que me produjo sentir su miembro atravesando mi culo, al poco rato yo movía mis nalgas de manera voluntaria, y hasta las restregaba contra su desnudo cuerpo, buscando sentir más y más dentro de mi culo su verga.
Yo estaba tan y tan excitada que a medida que él, con gran fuerza tomándome por las caderas me apretaba contra su cuerpo, que yo llevé una de mis manos directamente a mi coño, y al mismo tiempo introducía y sacaba mis dedos, cuando no era que con mis dedos índice y pulgar apretaba como una loca mi propio clítoris, hasta que disfruté de un tremendo orgasmo, eventualmente se vino dentro de mi culo, y no fue hasta la madrugada que sentí cuando retiró su pedazo de carne de mí.
Después de esa noche, me acostumbré andar sin nada de ropa puesta dentro de la casa, hasta incluso en nuestro patio trasero andaba desnuda, ya que los altos paredones no permitían que ningún vecino me viera.
También me acostumbre a que indistintamente me diera por el coño, el culo o hasta por mi boca, cuando a él así se le antojaba.
Pasaron unas cuantas semanas, cuando yo, me acuerdo qué por un comentario que él hizo, sobre mí cuerpo, estaba disgustada con él, la cosa es que mi marido se dio cuenta de eso, y me regaño.
Yo no me di cuenta de inmediato, del error que había cometido, pero comencé a discutir con mi marido, hasta que él me dijo. «Ahora si es verdad, que te vas pal carajo.»
Cuando lo escuché sumamente enfurecido, fue que caí en cuenta de que había metido, no una sino las dos patas de abajo, de inmediato me arrepentí de haber dicho lo que le dije, y tras tirarme a sus pies, le pedí perdón, llorando.
Mi marido me dijo, «Has aumentado de peso, no gran cosa, de hecho, hasta me gusta que te veas así, pero yo te lo hago notar de buena fe, y tú me sales con esa malacrianza. Es como cuando te pones esos vestidos súper cortos, para ir a trabajar, y yo por tu bien te lo digo, pero no tu por lo visto lo que quieres es que en la oficina te vean las nalgas y hasta el coño verdad.»
y no conforme con todo lo que me dijo continuó diciéndome. «O ¿es que estas buscando un macho en la calle? Respóndeme.» Yo lo cierto es que me quedé callada en silencio, ante el temor de que me botase de la casa.
Pero de inmediato continuó diciéndome. «Lo que tú quieres es provocar a otros hombres, que te vean desnuda y se acuesten contigo. Dime si es eso, que te puedo complacer ya mismo.»
Llorando me fui corriendo a nuestra habitación, por lo que él no me continuó jodiendo, se puso a ver otro video porno en la tv, y luego mucho más tarde se acostó, sin llegar a tocarme.
Al día siguiente, apenas nos levantamos de la cama, en lugar de darme los buenos días, lo primero que me dijo fue. «Depílate completamente todo el coño.» cosa a la que no estoy acostumbrada, pero que hice prácticamente frente a él en el baño.
Apenas terminamos de desayunar, después de que me vestí para ir al trabajo, asegurándome que no me había puesto nada muy revelador, antes de salir de la casa.
Cuando regresamos a la casa, de inmediato me dirigí al cuarto a desvestirme, y apenas quedé del todo desnuda me dirigí a la cocina a calentar la cena, en ese momento mi esposo me llamó a la sala, y mientras él se encontraba sentado en su sillón, sacando su verga del pantalón me ordenó mamársela.
Yo pensaba mandarlo al carajo, pero me abstuve, y en lugar de eso me agaché frente a él, y tal como me lo ordenó me dediqué a mamar su verga, cuando de momento me dijo que se le antojaba volver a darme por el culo.
Por lo que yo, a pesar del disgusto que eso me produce, me dediqué a complacerlo, sintiendo como su verga se iba abriendo paso entre mis nalgas, las que estuvo apretando con sus manos a medida que su verga entraba por mi culo.
No conforme con eso me ordenó a que se lo volviera a mamar, para de momento darme una ardiente nalgada y decirme que me fuera a duchar.
Cuando al final salí de la ducha, a pesar de lo mucho que me duché y lavé, me sentía sumamente sucia, y bien molesta conmigo misma, quizás por dejar que mi esposo me sometiera a todo eso.
Por comportarme como una puta barata, aunque en parte lo disfruté desde el punto de vista físico, pero no podía negar que había permitido que él hiciera conmigo lo que le dio la gana.
Así que bien resuelta, tomé la decisión de irme de la casa, no sin antes de darme el gusto de mandarlo a que se fuera a joder al coño de su madre.
Al salir del baño completamente desnuda y sin ponerme nada encima, tal como me encontraba, me dirigí a la sala donde él estaba, sentado viendo la TV. al verme sonriendo me dijo. «Espero que hayas aprendido la lección.»
Y sacando su verga nuevamente me hizo señas para que yo me pusiera a mamársela, lo cierto es que estuve a punto de mandarlo al carajo, pero una rápida mirada alrededor de toda la sala, me hizo cambiar de opinión, por lo que sumisamente, me agaché frente a él y me dediqué a mamar su verga.
Eso me enseñó que no debo amenazar a mi esposo, con divorciarme, o me arriesgo a que me trate como a una puta barata, otra vez.
a la mitad del relato lo he dejado.
tiene buena redacción pero poca «emoción»
Que caliente relato diosa