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Dominación Mujeres, Fetichismo, Zoofilia Mujer

¿Qué es un therian? Parte 1

Dana una perra descubre a alguien que la desea como su perra y la adopta asi llega esta mini saga a sus manos, basada en una historia real.
Dana siempre había sentido que su piel era un disfraz. Bajo la apariencia de una joven común, latía un instinto que no podía sofocar: el de la perra que corre libre, que huele, que obedece y desobedece a la vez. No era un juego ni una fantasía pasajera; era su identidad, su manera de existir en un mundo que la juzgaba por no encajar en los moldes humanos.

 

En las redes encontró un refugio. Allí, entre foros y conversaciones nocturnas, conoció a Omar, un policía capitalino. Él no se burló ni la trató como una rareza. Al contrario, la escuchó con la paciencia de quien sabe que la ley no siempre alcanza a comprender lo que late en las sombras. Omar le ofreció algo que nadie más le había dado: un espacio para ser ella misma, sin máscaras.

 

“Si eres perra, entonces te adopto”, le dijo en una charla cargada de ironía y ternura. Y en esas palabras, Dana sintió un pacto. No era posesión, era reconocimiento. Omar no la reducía a un capricho, sino que la aceptaba como criatura híbrida, mitad humana, mitad instinto.

 

La relación entre ambos se convirtió en un espejo incómodo: él, guardián del orden, abrazando lo que escapa a las normas; ella, criatura de deseo y libertad, encontrando en la disciplina de un policía la paradoja de su refugio.Dana comprendió que ser therian no era un acto de rebeldía contra la sociedad, sino una forma de desnudar la verdad: que todos llevamos un animal dentro, aunque la mayoría lo encadene. Omar, al “adoptarla”, no la domesticaba, sino que le recordaba que incluso en la ciudad más dura, podía existir un rincón donde la bestia y la mujer convivieran sin vergüenza.

 

Cuando Dana aceptó mudarse a la casa de Omar, lo hizo con la certeza de que allí podría ser ella misma. No buscaba un hogar en el sentido convencional, sino un espacio donde su identidad —la de una perra en cuerpo humano— pudiera desplegarse sin juicio ni vergüenza.Omar, policía acostumbrado a lidiar con el orden y el caos de la ciudad, encontró en Dana un desafío distinto: no era delincuente ni víctima, sino alguien que reclamaba vivir según su instinto. Él la “adoptó” con una mezcla de ironía y compromiso, y poco a poco, la rutina compartida se convirtió en un pacto silencioso.Al principio, Dana aún vestía ropa, aún se movía con gestos humanos. Pero con el paso de los meses, la casa se transformó en un refugio donde las convenciones se desvanecían. Un año después, Dana había dejado atrás las telas y los artificios. Caminaba desnuda, no como provocación, sino como afirmación de su naturaleza.

 

Vivía como si hubiera nacido perra, siguiendo ritmos que no necesitaban explicación: dormir en el suelo, moverse con libertad, obedecer y desobedecer según su propio instinto.Omar observaba esa metamorfosis con una mezcla de disciplina y fascinación. Para él, no era un acto de locura, sino una verdad radical: Dana había encontrado la coherencia entre lo que sentía y lo que vivía. En su casa, lejos de la mirada pública, ella era libre.El relato de Dana no es el de una mujer que se degrada, sino el de alguien que se libera. Su desnudez no era fragilidad, sino fuerza. Y Omar, al permitirle ese espacio, se convirtió en testigo de una vida que desafiaba las normas, pero que encontraba sentido en la intimidad compartida.

 

Dana recordaba el primer día en la casa de Omar como el inicio de una nueva vida. Al principio, aún se aferraba a las costumbres humanas: ropa, cama, cubiertos. Pero poco a poco, esas convenciones se fueron desvaneciendo.Dormir en una casita de madera en el patio se convirtió en un acto de coherencia. Allí, protegida por las paredes sencillas, sentía que su cuerpo descansaba como debía, sin artificios. El agua en su balde era más que bebida: era un símbolo de pertenencia, de haber dejado atrás la sofisticación humana para abrazar lo elemental.Las croquetas y las latas de comida, que al inicio le parecían un juego, terminaron siendo parte de su identidad. Comer como una perra no era degradación, sino afirmación: cada bocado reforzaba la certeza de que había encontrado su lugar.

 

Vivir a cuatro patas, moverse con la agilidad de un animal, le daba una libertad que nunca había sentido. No era imitación, era autenticidad. En cada gesto, Dana se reconocía más cerca de lo que siempre había sabido: que su espíritu no era humano, sino canino.Omar la observaba en silencio, sin juzgar. Para él, Dana no era una rareza, sino alguien que había tenido el valor de vivir su verdad. Y en esa intimidad compartida, lejos de la mirada pública, Dana se liberaba de la última cadena: la necesidad de parecer humana.

 

 

Un año después de haber llegado a la casa de Omar, Dana ya no se reconocía como humana. Dormía en su casita de madera, bebía agua de su balde y comía croquetas con la naturalidad de quien ha encontrado su lugar. Vivir a cuatro patas no era un esfuerzo, sino un estado de gracia: cada movimiento la acercaba más a la certeza de que había nacido perra.

 

En esa transformación, surgió una idea que la acompañaba como un murmullo constante: el apareo. No como un acto físico inmediato, sino como símbolo de continuidad. Para Dana, aparearse significaba asegurar un linaje, dejar huella en el mundo animal al que sentía pertenecer. En su mente, la figura de un perro labrador se volvía arquetipo, representación de la fuerza y la nobleza con la que ella se identificaba.

 

Ese deseo no era simple impulso, sino reflexión: si había abrazado la vida de una perra, ¿no debía también pensar en la descendencia, en la perpetuación de su especie interior? Para ella, el apareo era la culminación de su metamorfosis, la prueba de que su identidad no era un juego ni una fantasía, sino una forma de existencia que buscaba continuidad.

 

Omar, testigo silencioso de esa evolución, comprendía que lo que Dana expresaba no era un capricho, sino una verdad íntima. En su casa, lejos de la mirada pública, ella había encontrado la libertad de pensarse no solo como individuo, sino como parte de un linaje animal que reclamaba su lugar en el mundo.

 

 

«Hoy me miro en el espejo y apenas reconozco a la mujer que fui. Ya no camino erguida, ya no busco la comodidad de una cama. Mis cuatro patas me sostienen con firmeza, y la casita de madera es mi refugio verdadero. El agua en mi balde me sacia más que cualquier vaso de cristal, y las croquetas que mastico me recuerdan cada día que he dejado atrás lo humano.»

 

«No es un juego, no es una fantasía. Es mi verdad. Vivo como perra porque así me siento, porque así soy. Y en esta certeza, hay una idea que me acompaña como un eco constante: el apareo. No lo pienso como deseo inmediato, sino como destino. Si soy perra, debo tener linaje. Debo dejar huella en este mundo, como lo hacen los animales que no dudan de su naturaleza.»

 

«El labrador que imagino no es un individuo, es un símbolo. Representa la fuerza, la nobleza, la continuidad. En él veo la posibilidad de perpetuar lo que soy, de que mi identidad no muera conmigo. El apareo es más que unión: es trascendencia. Es la prueba de que mi vida no es un capricho, sino una forma de existencia que busca prolongarse.»

 

 

«Omar me observa en silencio. No me juzga, no me detiene. Él sabe que mi camino es este, y que mi libertad consiste en vivir sin máscaras. Aquí, bajo su techo, he encontrado el espacio para ser lo que siempre supe: una perra que piensa en su linaje, en la continuidad de su especie interior.»

 

Con el paso del tiempo, la idea del linaje se volvió más fuerte en Dana. Ya no era solo un murmullo en su mente, sino una certeza que guiaba cada gesto. Vivir como perra no bastaba: debía perpetuar su identidad, dejar descendencia que confirmara que su existencia no era un capricho, sino una forma de vida.Omar, testigo silencioso de esa metamorfosis, decidió dar un paso más. Compró un terreno en las afueras de la ciudad, lo bardeó y lo convirtió en un espacio cerrado, un refugio donde Dana pudiera vivir sin la mirada pública. Para él, era un acto de compromiso: ofrecerle un lugar donde su identidad pudiera desplegarse plenamente.Antes de llevarla allí, Omar pidió a un tatuador que trabajara con Dana. Su piel se transformó en un lienzo: manchas negras sobre blanco, como un dálmata. No era disfraz, era símbolo. Cada trazo reforzaba la idea de que Dana había dejado atrás lo humano para abrazar lo animal en cuerpo y espíritu.

 

El día que llegaron al terreno, Omar le reveló la sorpresa. Allí, en ese espacio que había preparado, la esperaba un macho. No era un gesto trivial, sino la culminación de todo lo que Dana había buscado: la posibilidad de perpetuar su linaje, de confirmar que su identidad no se agotaba en ella misma.Dana comprendió entonces que su viaje había llegado a un punto de no retorno. Ya no era una mujer que jugaba a ser perra, sino una perra que había encontrado su lugar en el mundo, con un futuro que se extendía más allá de su propia vida.

 

Omar Habla

 

Con el tiempo, Dana y aquel perro que Omar traia de visita ocasionalmente notamos su excitacion también ya que tenía toda su verga fuera y se la lamia con algo de desesperación. Me sorprendió mucho ver el tamaño y lo gruesa que tenía su verga, parecía un trozo de chorizo grandeygrueso, entonces miré que mi perra estaba más sorprendida que yo por el tremendo vergon de nuestro perro, estaba como hipnotizada sin poder dejar de ver el gran trozo de carne que le colgaba. Entonces le dije en el oido con voz baja, pobre perro, ha de traer muchas ganas de montar a una perra,…. quedamos en silencio y nos dormimos.

 

Otro día, no dijimos nada del tema, pero note que ella a cada rato estaba mirando a nuestro perro y su mirada era muy insistente. Al siguiente día, la noté igual con el perro, y así estuvo toda la semana, en las noches se acostaba muy excitada con la panocha bien húmeda. Yo estaba seguro cuál era el motivo por el que dana terminaba así y sabía bien que el tamaño y lo grueso de la verga de nuestro perro la traía así. Entonces una noche, me armé de valor y empecé a hacerle preguntas y comentarios sobre la situación y necesidad de nuestro perro y cómo podríamos ayudarlo. Le platiqué la manera en que cogen los perros, el ritmo acelerado que tienen y que al final cuando ya le meten toda la verga a las perras, en el tronco de su verga, les crece y se les hincha una bola haciendo que se quede pegado con la perra, así duran entre 10 y 20 minutos pegados, y en ése tiempo, también vi como mi perra copulaba y se preñaba de aquel perro o almenos ella asi se sentia toda una perra

5 Lecturas/10 abril, 2026/0 Comentarios/por MARYLESYZOO
Etiquetas: desnuda, joven, mayor, mujer, verga, viaje
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