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Dominación Mujeres, Sado Bondage Mujer, Zoofilia Mujer

Soy sarahi….

Sarahi cuenta su historia real y como se convirtió en un activo para su madre .
Me llamo Sarahí y tengo veinte años. Actualmente, en este 2026, vivo sola con mi madre. Mi padre se marchó hace tiempo con su otra familia, la que formó primero. Mi madre siempre fue una mujer implacable, educándome bajo una premisa binaria: si te portas bien, hay premio; si te portas mal, duermes en el patio de servicio, junto a la lavadora, bajo el frío de la noche. Así crecí, compitiendo por afecto con sus dos perros, Aluche e Ichiro, a quienes ama y trata como si fueran sus propios hijos.

​Todo comenzó a fracturarse cuando cumplí trece años. Mi desarrollo físico fue acelerado; a los quince, mis curvas ya eran muy marcadas. Mi madre, quien posee una naturaleza profundamente pervertida y una fijación por contenidos de dominación extrema y femdom, empezó a cruzar límites físicos. Solía levantarme la blusa o el brasier sin previo aviso en la cocina o el baño, bajo la excusa de un «juego». Con el tiempo, transformó mi identidad visual: me vestía con microfaldas y lencería de encaje, acostumbrándome a una hipersexualización que yo, en mi afán de agradarle, acepté como normal.

​El punto de quiebre ocurrió cuando sus perros entraron en celo. Mi madre, frustrada por no encontrar una hembra para ellos, decidió instrumentarme. Ella sabía que yo deseaba profundamente una laptop. Durante un almuerzo, lanzó el anzuelo:

​—Hija, ¿realmente quieres esa computadora? —me preguntó con frialdad.

—Sí, mamá —respondí.

—Entonces ve a tu cuarto y desvístete. Ahora subo.

​Era un ritual mensual; ella inspeccionaba mi cuerpo y me felicitaba por mis cambios físicos, algo que a mí, en mi vulnerabilidad, me hacía sentir validada. Sin embargo, esta vez fue distinto. Una vez en la habitación, me colocó un aparato para inmovilizarme en cuatro puntos y permitió la entrada de los animales.

​—Si quieres la laptop, tienes que aparearte con ellos —sentenció—. Para eso eres su perra.

—¿Qué dices? No puedo hacer eso, son animales —alcancé a balbucear.

—No te preocupes —respondió con su tono de psicóloga—, ya están educados para hacerlo con una mujer sin lastimarla.

​Cedí ante la presión y el deseo del objeto material. Fui tomada por ambos pastores alemanes. El dolor inicial dio paso a una confusión de sensaciones; perdí el conocimiento por momentos. Cuando desperté, mi madre me acomodaba para continuar. Al terminar, me abrazó con una felicidad perturbadora. Me confesó que, tras el abandono de mi padre, ella siempre había deseado criar a una «perrita», y que ese era el primer paso de mi transformación.

​Al día siguiente cumplió su promesa: me trajo la laptop. Consumida por la disociación, comencé a buscar relatos y videos similares en internet, tratando de normalizar mi situación. La sensación de ser utilizada despertó en mí una pulsión extraña; un día, estando sola, permití que Aluche e Ichiro me tomaran de nuevo hasta quedar exhausta.

​Cuando mi madre me encontró en el suelo, rodeada de los restos del acto, su alegría fue absoluta. Me trajo trajes de lencería temática —enfermera, cenicienta— y abrió una cuenta en «X» para comercializar mi imagen bajo el lema: «Novia para tus perros».

​El negocio escaló rápido. Empezó a traer perros callejeros y animales de pelea, cobrando por videos que enviaba a clientes en Veracruz y otros lugares. Me prometió la mitad de las ganancias, convirtiéndome en un centro de apareamiento humano. Pasaba días enteros siendo utilizada por turnos, hasta quedar destrozada, rasguñada y con la mente en blanco. Mi lado humano comenzaba a aborrecer el proceso, pero el condicionamiento era fuerte.

​Una noche, mientras intentaba recuperarme de la brutalidad de la jornada, confronté a mi madre. Le dije que no podía seguir con tantos animales a la vez. Ella, con la calma clínica que la caracteriza, me dio su veredicto final:

​—Como psicóloga, mi idea es convertirte en una perra y tratarte como tal. Y después de lo que has hecho, Sarahí, ya lo eres.

 

Para saber mas: escríbeme a [email protected]

16 Lecturas/11 abril, 2026/0 Comentarios/por Madresex
Etiquetas: baño, familia, hija, hijos, madre, mujer, novia, padre
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