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Unas vacaciones en el infierno de una familia 1

Era solo el tercer día de nuestras vacaciones y ya estaba empezando a pensar que esto había sido una mala idea.

Era solo el tercer día de nuestras vacaciones y ya estaba empezando a pensar que esto había sido una mala idea.
El padre de mi esposa había fallecido el invierno pasado y su madre nos había dado su autocaravana casi sin usar, con tan solo dos años de antigüedad. No podía conducirla y tampoco la quería. Decía que le traía tristes recuerdos.
Mi esposa y yo habíamos hablado de comprar una, pero eso siempre se postergaba. Pensábamos que parecía una forma divertida de viajar.
Kim pensó que sería divertido para toda la familia y que eso nos acercaría y uniría más entre nosotros. También lo veíamos como una forma de romper la monotonía que teníamos en nuestro matrimonio.
A pesar que nos queríamos, nos dábamos cuenta que, si seguíamos así, solo nos uniría un pedazo de papel que indicaba que nos habíamos casado hacía 16 años.
La dejé embarazada muy joven, a los 16, y decidimos casarnos. Kim ahora tenía 31años y yo 38. Ella no hacía gimnasia ni dieta, pero siempre fue de cuerpo delgado así que con sus 1.62 que tenía de altura y 56 kilos de peso se mantenía bien. Sus tetas eran de un tamaño mediano cuando la conocí y ahora, luego de amamantarlos a los tres, habían quedados algo más grandes. Tenía una talla de 95 cm y yo sabía que eso hacía que muchos la miraran con deseo ahora.
Noté que a veces provocaba a otros con su ropa, pero no pasaba de ese límite. Creo que lo hacía para sentirse deseada.
La había conocido hacía pocos meses al momento que quedó embarazada, pero ya la amaba y el hecho ese solo hizo acelerar los planes de casamiento.
Luego de esos años juntos, podíamos decir que teníamos una buena vida, pero no había la complicidad íntima que debería haber en una pareja.
Ella estaba dedicada a la casa y yo tenía un pequeño negocio de administración y venta de propiedades y ya contaba con algunos empleados, así que eso me permitía tener más tiempo libre y generalmente lo ocupaba para mi ocio.
La autocaravana es grande y lujosa y está bien equipada. Si ahora estuviéramos solamente Kim y yo, habría sido muy divertida la idea del viaje. Pero también estábamos arreando y lidiando con tres adolescentes que estaban muy descontentos con estar abarrotados en esta pequeña caja metálica, separados de sus amigos y obligados a estar tan cerca el uno del otro.
La idea de hacer un viaje en familia, recorriendo varios lugares, durante dos meses ya no parecía genial. ¡Y tan solo iban 3 días!
Nuestras gemelas de quince años, Morgan y Megan, eran hoscas en general, mostrando todos los peores rasgos que podrías esperar de una pareja de adolescentes y había una especie de rivalidad entre ellas. Se querían, pero buscaban diferenciarse entre ellas.
Estaban locas por pasar tantas semanas fuera de sus amigos, en especialmente de sus novios.
Tengo que admitirlo, separarlas de sus novios por un tiempo largo fue uno de los motivos subyacentes que tuvimos Kim y yo para forzar que vengan con nosotros.
Su hermano menor, Mike, de catorce años, tampoco estaba muy contento por estar encerrado en una caja con sus dos hermanas y estaba haciendo todo lo que se le ocurría para mantener a ellas agitadas y molestas.
Ya era evidente que no volveríamos a mirar atrás en este viaje como las mejores vacaciones de nuestra familia.
Kim estaba casi lista para dejarlos a los tres en un autobús en alguna localidad cercana y enviarlos de regreso para que se queden con su abuela hasta que llegamos a casa en un par de meses. Ambos estábamos cansados ​​de gritarles.
Al momento de iniciar el viaje, mi esposa y yo, estábamos muy entusiasmados, pero ahora empezábamos a pensar que fue una pésima idea llevarlos.
En ese momento, ambos teníamos esperanza que este este viaje sacaría de la monotonía a la pareja y nos acercaría a cómo éramos, hacía ya tantos años atrás. Y como un plus, nos permitiría un acercamiento entre nosotros dos y nuestros hijos.
Kim, al conocerla y durante varios años después de casarnos, había sido muy fogosa en la cama, y eso se había perdido.
Nuestro sexo se había convertido no solamente en algo rutinario, si no que ya carecía de juegos íntimos.
Como la gasolina estaba muy cara ahora, habíamos planeado muchos viajes por caminos secundarios y muchas paradas en campamentos ubicados en áreas rurales desde los cuales, algunos algo aislados, desde donde podríamos recorrer los lugares de interés de los alrededores en un auto que remolcábamos detrás de nosotros, dejando la autocaravana en cada camping durante varios días seguidos.
Todo parecía genial, y una buena aventura para la familia.
Estábamos conduciendo por unas calles muy estrechas y con muchas curvas. Estábamos en camino a nuestro primer campamento y yo estaba bastante nervioso por manejar esta cosa en estos caminos estrechos. Era mi primera vez conduciendo este monstruo.
Estaba bien en la carretera principal, pero de repente parecía mucho más grande y más difícil maniobrar en las montañas.
Realmente estaba deseando estacionar esta cosa en el primer camping.
Kim estaba navegando, buscando rutas, y empezaba a parecer que había tomado un camino equivocado en alguna parte.
Puede que haya sido mi imaginación, pero parecía que los caminos se estaban poniendo más estrechos y las curvas más cerradas y me resultaba muy difícil creer que alguien coloque un campamento en algún lugar de este camino angosto y animar a la gente con autocaravanas para viajar hasta aquí.
Lo único bueno fue que los niños también estaban nerviosos y finalmente se callaron. También veían la que cosa no iba tan bien.
Justo cuando pensé que no podía empeorar mucho, vi a un policía en mi espejo retrovisor con su luz azul encendida.
Estaba entrando en pánico. ¡No había dónde estacionar esta maldita cosa!
La autocaravana ya no me parecía tan espectacular.
De vez en cuando me asomaba por la ventana para intentar hacerle saber al policía que estaba buscando algún lugar para detenerme. Pero definitivamente se estaba impacientando.
Kim también me exigía que parara y podía mucha preocupación en la cara de mis hijos.
El policía ya había encendido un par de veces su sirena por unos momentos. Eso no hizo nada por mis nervios ni los de Kim.
Por fin llegamos a un pequeño desvío y me detuve.
Salí del camino y apagué el motor. Respiré hondo, me levanté de mi asiento y les dije a todos que se quedaran quietos, en especial tú Kim, fueron mis indicaciones.
Salí por la puerta lateral y me dirigí a la parte trasera de la casa rodante mientras el policía estaba viniendo rápido hacia mí. Su cara estaba tan roja como creo que a nadie se la vi en mi vida.
Cuando me acerqué a él, me disculpé y le expliqué que estábamos perdidos y no había ningún lugar donde pudiera detenerme.
Me miró fijamente y tan pronto como estuvo a su alcance me agarró, me hizo girar y me golpeó violentamente contra la parte trasera de nuestra minivan, que era el vehículo que habíamos elegido para realizar nuestros viajes secundarios.
Me quedé sin aliento y antes de que pudiera recupérame, me agarro los brazos y en segundos me encontré con los brazos esposados ​​a la espalda.
Estaba demasiado sorprendido y demasiado aturdido para reaccionar. No entendía que pasaba.
El policía era enorme y musculoso, obviamente estaba furioso y estaba tratándome como un criminal violento o algo así.
Intenté tartamudear algún tipo de protesta, pero me empujó hacia su patrulla con mis pies y me estrelló contra el capó violentamente, obligándome a doblarme y dejar mis piernas abiertas.
Intenté razonar con él de nuevo, pero me agarró del cabello, echó mi cabeza hacia atrás y me ordenó casi con un grito, dominado por la ira, a callarme la boca.
Justo entonces mi hijo llegó corriendo por el costado de la autocaravana y comenzó a gritarle al policía que me dejara ir. Le grité a mi hijo que volviera a la autocaravana, pero él me ignoró y se abalanzó sobre el policía.
Antes que mi hijo se diera cuenta, este, que era un tipo grande y duro, de aproximadamente 1,93 m de altura y más de 90 kilos de peso, que además era muy ágil, ya lo tenía presionado contra su auto, metió la mano dentro su puerta y sacó otro juego de esposas.
Le supliqué que dejara ir a Mike, explicándole que él tenía solo catorce años y solo estaba tratando de protegerme, cómo cualquier hijo adolescente.
El policía me ignoró, le puso las esposas a Mike y lo arrojó junto a mí sobre el capó de su coche.
Él sacó mi billetera de mi bolsillo trasero y nos ordenó que no nos moviéramos. Luego se subió a su auto y vi que hablaba por su radio.
Habló con alguien en su código policial, usando números y códigos y no tenía ni idea de lo que decía.
Finalmente él salió de su auto nuevamente justo cuando mis dos hijas aparecieron a su vista, en la parte trasera de la autocaravana, mirándonos, y tratando de entender que sucedía.
Al verlas, volvió a su patrullero y sacó esposas de plástico estilo brida. Les colocó una a cada una y la llevó empujándolas hacia el patrullero y brutamente las casi estrelló con el costado del vehículo policial y les pateo fuerte las piernas para que las abrieran. Las dos dieron un grito, pero no protestaron.
Por suerte, mis dos hijas no se resistieron pero obviamente estaba muy asustadas ahora.
Kim, con todo lo vio que sucedía y cómo su familia estaba siendo tratada como criminales, se bajó de la autocaravana y venía hacia nosotros con paso acelerado y notablemente molesta.
Le dije que volviera a nuestro vehículo, pero el policía le gritó que se acercara a donde él estaba parado.
Era obvio que me iba a ignorar. Un policía estaba maltratando a su marido, a su hijo y sus hijas.
¡Ella no iba a tolerar eso!
A medida que se acercaba y veía con qué se estaba enfrentando, se suavizó considerablemente y en lugar de atacarlo, ella intentó razonar con él.
Yo tenía miedo que ella lo increpara de mal modo y eso no iba a facilitar nada y complicaría toda la situación aún más.
Él la dejó hablar por un momento y luego dijo:
«Ponga las manos atrás de su espalda y dese la vuelta. Coopere porque de lo contrario tendré que someterla»
Ella lo ignoró, y trató de hacerlo razonar y que nos quitara las esposas.
«Señora, haga lo que le digo. No le gustará que la requise»
Ella se quedó ofuscada con sus puños cerrados pegados a la cintura.
Intenté nuevamente averiguar por qué nos estaba haciendo esto. Que hasta donde yo sabía, no había infringido ninguna ley.
Lo único que yo había hecho mal fue girar donde mi esposa había dicho que gire. Y ¡Ciertamente no iba a exceso de velocidad!
Me había salido del camino tan pronto como vi su luz y como una oportunidad para estacionar a un costado.
El policía se negó a responder, salvo para ordenarme que callara otra vez. Todo estaba siendo un caos total.
Estábamos esperando que algo sucediera ahora, y a todos nos daba miedo hablar o movernos.
El policía le seguía ordenando a mi esposa que obedeciera y se diera vuelta y ella seguía molesta con él, pidiéndole explicaciones.
No tengo idea de donde salió, porque en medio de todo ese lío, no la vi. Pero apareció una camioneta grande que tenía las marcas de algún departamento de policía rural. Se detuvo y dos oficiales salieron del vehículo.
A mí, a mi hijo y mis dos hijas nos agarraron y bruscamente y a los gritos nos metieron adentro de esa camioneta, en la parte trasera.
Nos empujaron bruscamente hacia adentro.
Las gemelas estaban más asustadas que antes. Mike, lo venía llevando más o menos bien. Al menos, no estaba alterado y no se lo veía con miedo, pero si preocupado.  Varias veces me había preguntado que pasaba y que nos iba a suceder, y no le tenía respuesta a eso.
Cuando mi esposa nos vio a todos dentro de la camioneta y la forma en que nos trataron al hacernos subir se puso más alterada.
Ella siguió con su pedido su verborragia, encima, ahora ya levantó la voz y casi que le gritó al policía recriminando lo que nos hacía.
Antes de que ella supiera lo que estaba pasando y pudiera reaccionar, la hizo girar, le dobló un brazo hacia su espalda, la tomó del hombro, la llevó a los empujones y la puso de frente a la parte trasera de nuestra minivan que remolcábamos.
El policía que nos detuvo y la llevó a ella, le gritaba repetidamente. Mi esposa ahora estaba callada y asentía una y otra vez.
No se la veía alterada.
Estábamos a unos 15 metros de ella, lo que nos hacía ver con claridad lo que sucedía allí afuera, pero como los vidrios estaban subidos no podíamos oír nada.
Era evidente que el policía había perdido la paciencia.
Ella estaba con una blusa blanca que se había anudado y tenía los botones desprendidos. Debajo un brasier de algodón blanco no dejaba ver sus tetas.  Cómo la blusa la mantenía cerrada, no pasaba nada.
Junto a eso, debajo, una falda de tela de jean, que si bien no era lo que podía llamarse mini, estaba varios cm más arriba de la mitad de su muslo.
Eso, dentro de la autocaravana no era un problema, pero ahora no me gustaba nada.
Él, le gritó nuevamente, y se quedó parado frente a ella, con las manos en jarra a la cintura, como esperando algo.
Vimos cómo mi esposa, lentamente, movió las manos, desató el nudo de la blusa, y la abrió de par en par. Luego, soltó la blusa, se subió el brasier completamente, liberando sus tetas y volvió a abrirse la blusa, con ambas manos, mostrándole sus tetas.
Él le dijo algo, y Kim se giró un poco y se puso mirando hacia nosotros, con la blusa abierta de par en par, para que no tuviéramos dudas de lo que sucedía. Pudimos ver el brasier subido muy arriba de sus tetas libres.
Kim tenía la mirada hacia el suelo.
Él le dijo algo y mi esposa soltó la blusa y se subió la falda hasta mucho más arriba que la cintura.
Lo miró al policía porque volvió a decirle algo.
Kim soltó una mano de la falda y la llevó a su blusa para abrirla, y levantó la mirada hacia nosotros.
Así la hizo quedar, mirándonos de frente, durante más o menos un minuto.
Él levantó una mano y le manoseó descaradamente las tetas.
Vimos que mi esposa soltó su ropa y le recriminó.
El policía le grito y ella lentamente se subió la falda y abrió la blusa, igual que antes.
Cuando el policía la manoseó nuevamente, pellizcándole incluso los pezones, no se movió. Dejó que lo hiciera.
Luego él hizo que se apoyara contra nuestro vehículo, con las manos apoyada en la luneta trasera, y le pateo las piernas para que las abriera. Ella las abrió, pero parecía que no era suficiente para el policía, porque se las volvió a patear y volvió a gritarle. Supongo que ordenándole que las pusiera bien abiertas, porque eso fue lo que hizo mi esposa.
Sacó el palo de goma duro de su cinturón. Era negro, muy largo y grueso. Se parecía a una polla enorme, a un gran falo de goma.
Comenzó a caminar de un lado a otro, por detrás de ella.
Kim solo miraba el vidrio de la luneta trasera de nuestro vehículo.
Ya no gritaba. Ni siquiera hablaba. Estaba estática. Si estaba con miedo, tenía todo el motivo.
Su familia había sido encerrada en una camioneta policial, tres policías estaban con ella y la habían obligado a exhibirse frente a su familia.
Ella sabía que estaba sola en esto, desde ahora.
El que nos detuvo estaba a menos de un metro y los otros dos un poco más atrás, expectantes.
De pronto, sin decirle nada a Kim, se le puso al lado y le pego con el palo de goma en su estómago y le gritó.
Mi esposa bajó las manos por debajo del vidrio trasero y dobló un poco su cuerpo, sacando su culo hacia afuera. Eso hizo que este quedara parado.
Vimos como movía una mano delante de ella, manoseándole las tetas.
Mi esposa lo miró, le dijo algo, y él sonrió.
Kim se quedó mirándolo mientras el siguió con el manoseo por un rato.
Él habló y Kim movió negativamente la cabeza.
Él volvió a decirle algo, parecía algo molesto.
Mi esposa, se enderezó y se giró, colocándose de frente a nosotros, sosteniendo su blusa abierta, con sus dos manos.
El policía se puso detrás de ella, pasó sus manos por delante de ella y comenzó a manosearla otra vez, pero ahora podíamos ver lo que le hacía.
Con una mano le estrujaba una de las tetas y con la otra, subió su falda y metió el palo de goma dentro de su tanga, frotando su vagina.
En ningún momento dejó de mirar hacia donde estábamos, sonriéndonos, mientras se divertía con Kim. Ella también nos miraba.
Me extrañaba que ella no se resistiera en lo más mínimo.
Dentro de la camioneta fue todo un caos. Yo que gritaba ¿qué hacían a mi esposa?, las gemelas que lloraban y Mike, por un lado, gritaba, y por otro me preguntaba por qué le hacían eso a su mamá.
Las gemelas, en medio de sus llantos, me decían:
«¡Papá, están abusando de mamá!»
Nadie dejaba de mirar lo que sucedía.
Los otros dos policías, que miraban todo un poco más lejos, se dieron vuelta y se reían viendo el caos en que se había convertido dentro de la camioneta.
Busqué desesperadamente abrir la puerta, pero no tenían las manijas ni tampoco los levanta cristales. Estábamos encerrados.
Y, si nos escuchaban, nos ignoraban. Golpee el enrejado que comunicaba con la cabina de la camioneta con la intención de romperlo y salir por delante, pero fue imposible.
No podíamos hacer nada de nada. Solo observar.
Le dije a Mike que se calmara y a las gemelas que no lloraran. Que nada podíamos hacer para defender a mi esposa de estos brutos.
Solo nos quedaba mirar lo que le hacían.
No entendía como unos policías podían tratarnos de esa forma y abusar de mi esposa.
Cesaron los gritos dentro del vehículo y las gemelas ya no lloraban, pero si gimoteaban levemente.
Todos estábamos mirando hacia mi esposa.
Ahora, el policía, la había hecho colocar como estaba antes de esto último.
Ella, sin ninguna orden, apoyó las manos en nuestro vehículo, la minivan, doblándose, abrió las piernas y tiró el culo hacia atrás, levantándolo más que antes.
El policía del palo se puso pegado a Kim y le hablaba pegado al oído, mientras volvió a meter el palo bajo la falda y de nuevo a moverlo.
La falda estaba levantada y se podía ver que se lo frotaba por el culo.
Agarró su rubio cabello y lo tiró fuerte, obligando a mirarlo a la cara mientras ahora el palo lo pasaba por su vagina.
Mi esposa seguía con sus piernas bien abiertas y su culo parado. No se había movido.
El policía llevó la mano delante del cuerpo de Kim y vi como lo movía a todos lados. Era muy evidente que le estaba manoseando las tetas.
Mi esposa bajó la cabeza, no sé si para mirar la mano o en señal de derrota.
Uno de los otros dos policías fue hacia ellos y se puso del otro lado de Kim, y también vimos como puso la mano por delante y la movía, miró hacia nosotros y sonrió.
Kim era manoseaba abiertamente por ambos.
El que nos detuvo, ahora se paró atrás, se agachó, metió la mano bajo la falda, se la levantó y vimos como le manoseó toda la vagina y el culo, moviendo reiteradamente su mano, hacia adelante y atrás.
Ella seguía con la mirando al suelo.
Supongo que le ordenaron que se inclinara más porque se dobló casi en 90 grados. Eso hizo que la falda se le subiera y se viera bien como el de atrás se divertía con su vagina y el culo y sus tetas colgando libremente, manoseada por el segundo que fue.
Este, ahora tenía la cabeza debajo de sus tetas. Al tener su cuerpo doblado, pudimos ver cómo chupaba uno de sus pezones, metiéndose parte de su teta dentro de su boca.
Escuché un «¡Ohhhhhhh! ¡Miren!» dijo Morgan
El tercero, se dio vuelta y nos vio a todos mirando lo que sucedía y nos sonrió.
Se volvió a la camioneta y revisó las puertas si estaban aseguradas.
Otra vez el interior se llenó de gritos.
Megan gritó:
«Papá, mira cómo chupan las tetas y le manosean la vagina a mamá»
Y Morgan agregó:
«Y mamá no hace nada para evitarlo»
No sabía si decirles que no miren más. Y aunque se los dijera, no podía evitar que lo sigan haciendo.
Era evidente que estaban pendiente de lo que sucedía.
Mis hijas ya ni siquiera gimoteaban. Los miré detenidamente, y vi lo pendientes que estaban los tres, inclinados hacia adelante, como tratando de ver mejor.
Cuando el policía que vino a la camioneta se alejó para regresar a donde estaba antes, volvimos a mirar y en ese momento, el primer policía le habló a mi esposa. Ella movió la cabeza negativamente.
Le volvió a gritar y ella volvió a hacer lo mismo.
Entonces él le dijo algo al que tenía la cabeza por debajo chupando las tetas de mi esposa.
A los segundos ella pegó un grito y cayó de rodillas al suelo, haciendo perder el equilibrio al policía de abajo, que también cayó de espaldas al suelo.
El policía de abajo debió apretarle o morderle el pezón muy fuerte.
El otro volvió a gritarle.
Mi esposa se levantó despacio y se puso de frente a nosotros sin mirarnos.
Llevó sus manos a sus espaldas y desabrochó el brasier, sacándoselo.
El primer policía hizo señas con la mano hacia nosotros.
Entonces mi esposa levantó la cabeza para mirar hacia nosotros, estiró el brazo y dejó caer el brasier al suelo. Se bajó la tanga a las rodillas.
Vimos cómo, el que nos detuvo, primero manoseó abiertamente su vagina, y luego, cómo la follaba metiéndole dos dedos. Los sacó, los miró sonriendo, y se los mostró a mi esposa, quien bajó la mirada al suelo.
No lo sabíamos, pero allí le mostraba cómo sus dedos se habían mojado con el flujo que mi esposa ya tenía en su vagina.
Su cuerpo estaba reaccionando.
Luego, ella se dio vuelta volviendo a colocarse como estaba antes, bien doblada.
De nuevo el segundo policía metió la cabeza por debajo y agarró con la boca la otra teta y el pezón.
Megan dijo:
«Pobre mamá, lo que le están haciendo. Y no podemos hacer nada»
 
«No, no podemos hacer nada» le contesté.
Vimos cómo el que estaba atrás le bajó un poco más la tanga.
«Noooooo papá, van a cogerla» Enseguida acotó Megan.
No les dije nada, no había nada por decir. Era verdad que la iban a follar.
Pero lo que sucedió no lo esperaba. Estaba preparado para ver cómo el policía se bajaba el pantalón y cogía a mi esposa.
En cambio, lo que hizo, fue agarrar de nuevo el palo de goma y empezó a moverlo en la vagina de Kim.
Ella levantó la cabeza de golpe y vimos que gritaba. Se enderezó un poco y en seguida ese policía se incorporó y fue a su lado.
Le gritó algo, mi esposa bajando la cabeza, volvió a colocarse igual que antes.
El policía regresó atrás, colocando el palo de goma en la vagina, tratando de meterlo.
Recordé lo grueso que era y supe por qué Kim había gritado. Debió dolerle cuando empezó a meterlo.
Podíamos ver cómo mi esposa sacudía la cabeza de un lado a otro, con desesperación. Levantaba la cabeza y la dejaba caer.
Vimos que sacó el palo de abajo, lo escupía varias veces, pasó la mano de arriba abajo, mojándolo, y volvió a llevarlo a la vagina.
«Debe dolerle mucho» Dijo Morgan
Y Megan acotó: «La están violando con el palo. Le meten un palo grueso en la vagina. Papá, mira como violan a mamá y ella se deja» agregó la otra.
«No puede evitarlo Megan. Tiene que dejarse. Igual se lo van a meter» Le contesté yo.
Mike y mis hijas estaban con las caras pegadas al enrejado que separaba la parte trasera con la delantera.
Tenían la mirada expectantes.
No pudimos ver cuantos cm se lo metieron adentro, pero si que la mano del policía ahora subía y bajaba.
El tercer policía había ido allí y se puso debajo de Kim, al lado de su compañero. Ahora eran dos los que le chupaban los pezones a mi esposa, mientras el otro le metía la violaba con el palo de goma.
Kim miraba hacia abajo, pero no sacudía su cabeza. Vimos que le dijo algo a los dos que le chupaban. Ellos se movieron un poco y ella asintió.
El de atrás, se lo sacó, lo volvió a escupir, y se lo volvió a meter. Y esta vez sí se vio que debieron ser al menos 25 cm de un solo golpe y lo movía más rápidamente.
Ahora sí Kim levantó de golpe la cabeza y pego otro grito.
Durante varios minutos la folló con esa intensidad. Kim abrió todo lo que pudo sus piernas y se dejó coger por el policía.
Mi esposa tenía la boca abierta, y no supe si daba algunos gritos o eran gemidos.
El que se había metido primero bajo ella para chupar sus tetas, ahora se levantó y todos vimos como la besaba en la boca.
Kim, en ningún momento retiró la cabeza a un costado. Parecía que se lo devolvía.
Mi esposa ya no sacudía la cabeza, estaba quieta de nuevo, dejando que le hagan todo, delante de la familia.
Ninguno de nosotros dejábamos de mirar.
Mis hijas seguían pendientes de todo, se rozaban con las piernas, una a la otra, y algo se decían al oído en voz tan baja que no podía oír que era. Se miraban y asentían con la cabeza.
El otro de abajo se levantó y la besó largamente y el que la besaba primero regresó abajo a jugar con uno de sus pezones.
Mi esposa y el que la besaba ahora, se separaban, decían algo, y volvían a besarse.
Así la tuvieron durante 15 minutos.
Cuando el de atrás sacó el falo de goma definitivamente, mi esposa cayó de rodillas, mirando el suelo.
Los dos de abajo se enderezaron, uno la agarró de los cabellos, la obligó a levantarse, y la giró hacía nosotros.
El otro, tiró de su blusa, que cayó sobre sus brazos, dejando sus tetas completamente a la vista.
El que nos detuvo, que fue el que la violó, la llevó hacia la camioneta a los empujones.
Mi esposa caminaba con dificultad porque la tanga, que estaba abajo de sus rodillas, le impedía caminar bien.
La detuvo al frente del motor de la camioneta, le colocó los brazos sobre su cabeza y le subió la falda.
Le metió dos dedos en su vagina y la folló de esa forma durante otros minutos, mientras toqueteaba sus tetas y pellizcaba sus pezones, sin dejar de sonreírnos.
Pudimos ver bien las marcas de chupones que tenía en sus tetas.
Megan dijo: «Mira cómo tiene los pezones y cómo le han dejado marcas»
Era cierto, estaban marcados, rojos, se lo habían chupado con fuerza los dos policías.
«Porque se los han chupado mucho y fuerte» le contesté.
«No pá, eso lo sé. Pero los tiene duros, parados. ¿Acaso le gustó a mamá lo que le hicieron?» Agregó Megan
 
Allí me di cuenta que mi hija tenía razón. No miré eso. Los pezones de Kim estaban bien duros. ¿Era posible que lo disfrutara?
El policía le sacó los dedos de la vagina y se los metió en la boca.
Kim los chupó hasta que él se los volvió a meter bien adentro de su concha y siguió cogiéndola.
Le hizo eso en varias oportunidades, hacerlos chupar y meterlos.
Ninguna de las veces que chupó los dedos, mi esposa hizo algún gesto de desagrado ni dio vuelta la cara.
Los otros dos, estiraron sus manos y agarraron sus tetas, apretándolas.
«¡Ohhhhhhhhh! Mira hermana, mamá no tiene ni una lágrima. Le hacen chupar sus flujos, deja sus dedos limpios» Mencionó Megan
«No solo eso, tampoco desvía la mirada de nosotras. Nos mira a las dos» Agregó Morgan.
Era cierto eso, tenía la mirada fija en nuestras hijas. Estaba pendiente de ellas, no de mí. ¿Acaso estaba intentando algo con ellas?
Los que le manoseaban las tetas, ahora empezaron a chuparles cada uno un pezón.
Mi esposa tiró la cabeza atrás, abrió la boca y ahora si pudimos oír que largo un gemido.
«¡Le gustaaaaaaaaa!» Dijo Morgan.
«Siiiii hermana, le encanta lo que le hacen. Mamá lo está disfrutando. Pa, mamá se está comportando como una putita, ¿No?» Dijo Megan.
«Sí hija, lo está haciendo»
«¿Eso te hace cornudo pa?
«Tal vez sí. No ha chupado polla y ni la cogieron con una, pero le hicieron de todo. Así que diría que sí»
«¿Te gusta, pa? Porque veo que a ella sí»
Me quedé callado y no le contesté. No sabía que decirle. Y para ser sincero, tenía sentimientos y sensaciones encontrados, contradictorias.
Ese diálogo con Megan me había dejado confuso.
Estuve tan concentrado sobre el abuzo que le hicieron que no presté atención a Mike.
Solo escuchaba los comentarios que hacían mis dos hijas.
Él no perdía detalle, pero no decía nada. Estaba en silencio.
Lo miré mientas follaban a mi esposa con los dedos y noté el bulto en sus pantalones. ¡No podía creerlo!
Mi hijo se había excitado ver como violaban a su madre.
Pero, ¿Podía culparlo? Si creo que hasta a mis hijas les pasó eso, con todos esos comentarios que hacían. ¡Y las cosas que se deben habrán dicho al oído y no pude escuchar!
Iba a decirle algo, pero eso iba ponerlo en evidencia con las hermanas.
​​También era cierto que ellas dos estuvieron expectantes de todo lo que pasaba y pude notar en Megan que tenía los pezones marcados en su camiseta, a pesar del brasier que tenía puesto.
De Morgan no podía saberlo porque su top era holgado y no podía darme cuenta.
Yo por mi parte, había hecho a un lado toda reacción que podía llegar a tener.
De mis hijas no sabía si le había producido alguna excitación, de mi hijo sí no tenía dudas. Pero opté por no decirle nada.
El policía que la follaba con los dedos la llevó hacia el costado de la camioneta, del lado donde estaban mis hijas. Abrió la puerta, y nos gritó que nos quedáramos quietos. Le ordenó a mi esposa que apoyara las manos en el parante de la puerta, tirara las piernas hacia atrás.
Le sacó la tanga por los pies, dijo:
«Toma, dale tu tanga a tu esposo, ya no vas a necesitarla más desde ahora»
Ella obedeció inmediatamente. Cuando me la extendió la miré a los ojos y no puedo decir que tipo de mirada había. Pero definitivamente no había llanto, no tenía los ojos rojos. Comencé a dudar que haya llorado junto a nuestra minivan.
Quedé desconcertado. Y recordé la pregunta de mi hija si le había gustado la forma en que la trataron.
Allí si pudimos ver ser sus pezones como estaban.
El policía dijo:
«Vamos puta, ponte como recién. Lleva las piernas atrás todo lo que puedas y abrelas. Quiero todos vean cómo te entra mi bastón en esa concha que tienes»
Kim, mirándome, hizo lo que le ordenó.
Él se agachó, los pasó por su vagina, y dijo:
«No hace falta escupirlo, con solo pasarlo por tu concha se lubrica con tus jugos, puta»
Era cierto, mi esposa estaba empapada en sus flujos.
 
Mis hijas estaban pendientes de todo el movimiento.
Empezó a meterlo lentamente. Mi esposa cerró los ojos y los arrugó, abrió la boca, y aspiró profundamente. Pero no se quejó, no gritó.
El maldito llegó hasta unos 25 cm adentro y allí empezó a sacarlo y meterlo lentamente.
«Di de nuevo lo que dijiste allá, puta. Dile a tu familia lo que nos dijiste»
Sacudió la cabeza negativamente y se quedó callada.
Él levantó una mano y le retorció tan fuerte un pezón que Kim pegó un alarido. Ahora respiraba agitada.
«Dilo puta»
 
«Que se sentía mejor que la polla de mi marido»
«Eso no fue lo único, di todo»
Mi esposa me miró y balbuceó un «perdón».
«Dije que se sentía bien ser violada, que me alegraba que hiciéramos el viaje y nos metiéramos por este camino.
Que no me importaba si mis hijas estaban mirando»
Ahora Kim tenía la cabeza baja y su cara denotaba vergüenza por haber tenido que reconocer frente a su familia que lo disfrutó.
Todos sabíamos ahora que terminó gustándole.
«¿De verdad mamá disfrutas que te metan ese palo grande tan grande en la vagina?» Le preguntó Megan.
«¿Se siente bien mamá?» Agregó Morgan.
Ella miró a la dos y les dijo:
«Sí, lo disfruto hija. Y al principio dolió mucho, pero después que me acostumbre al tamaño, empezó a gustarme. Y créanme, una se acostumbra, duele al principio, pero luego disfrutas.
El tamaño, a veces si importa»
En ese último momento de la frase, me dirigió una mirada.
 
Fue como que me clavaran un puñal. Mis hijas me miraron inmediatamente. Mike también.
«Maldito, no había necesidad de obligarme a eso» dijo Kim.
Y el policía se hecho a reír, y mirándome dijo:
«Lástima que no puedo hacerte sacar la polla, me hubiera gustado ver porqué tu esposa dijo eso. Ya no debes satisfacerla» 
Y los tres policías se echaron a reír.
Él seguía metiendo y sacando ese falo de goma y a Kim se le escapó un gemido.
Sus tetas estaban a centímetros de Megan, y se movían de un lado a otro.
«¿Estás bien mamá?» preguntó Megan.
«Sí hija, estoy bien. No es tan malo» Contestó Kim.
«Te gusta porque tienes los pezones muy erguidos, mami» Agregó Megan.
Kim la miró, pero no le dijo nada, solo le sonrió levemente.
 
No conseguí que me mirara. Eso me sonó a que llegaba a gustarle. Mi polla al lado de ese falo era pequeña.
El policía debió cansarse o creyó que ya era suficiente o lo que fuera. Le sacó el falo de goma de repente y allí mi esposa dio un nuevo gemido y se mordió los labios. Pero no se movió de cómo estaba.
«Entra a la camioneta, puta»
«No hay lugar», le contestó mi esposa.
«Siéntate a horcajadas sobre la cadera de tu hijo»
«No me obligues a hacer eso, por favor. Es mi hijo»
«Mejor, por eso mismo te lo pido. Siéntate sobre su polla, seguro que le gustará tener a su madre sobre él»
 
Me di cuenta del grado de perversión que tenía el policía.
Mi esposa dudó, pero cuando vio la mano del policía que iba a agarrar su pezón nuevamente, se apresuró a moverse.
Con dificultad metió su cuerpo y se arrastró sobre nuestras hijas. Le pasó sus tetas muy cerca de sus caras.
Creí que iba a cerrarse la blusa antes de meterse, pero la dejó abierta.
Llegó a donde estaba Mike, que seguía con su bulto bien marcado. Vi que Kim también lo vio y me miró.
Solo pude levantarle una ceja, no le dije nada.
Mi esposa abrió bien la pierna derecha y la levantó, para pasarla sobre las de él. Se le subió la falda y pude notar el flujo que tenía. Su concha estaba bien mojada. Realmente debió disfrutar del falo de goma en cierta manera.
Se sentó sobre las piernas, no sobre la cadera.
«Te dije sobre la cadera, puta de mierda. No me hagas encabronar porque te sacó y te cogemos los tres. Aunque tal ves es lo que quieres, ¿no?»
 
Ella no contestó, se fue moviendo hasta que se puso justo encima de la polla dura de Mike. Él cerró los ojos.
Si se le había puesto dura la polla viendo a su madre siendo abusada, no quería pensar lo que sería esto para él ahora.
Mi esposa me miró. No pude descifrarla.
El policía miró como estaba y le ordenó: «Mueve tus caderas, friégate sobe tu hijo. Vamos puta, hazlo. Pasa tus manos por sobre sus hombros e inclínate sobre él. Que tus tetas rocen su cara»
Mi esposa cerró los ojos. Me di cuenta que obviamente no disfrutaba hacer eso, pero sabía muy bien que debía obedecerle.
Una cosa era dejarse abusar por los policías y disfrutarlo y otra, muy distinta, era comportarse como puta con su propio hijo.
Pasó los brazos sobre los hombros de él y los puso en la parte de atrás de los asientos, apoyó sus tetas en su cara cómo el policía le pidió que haga, y empezó a moverse, como si estuviera follando con mi hijo.
Kim tenía los ojos cerrados y los apretaba con fuerza.
Mis hijas no perdieron ningún detalle del todo el movimiento de la madre sobre su hermano. Le miraron la polla y pudieron notar el bulto también.
«¡Mike! ¡Cómo puedes! ¡Es mamá!» dijo Morgan.
«Está bien hija, no importa» le contestó Kim.
Debió ser un sufrimiento para Mike.
 
«Muévete bien, puta. Gímele al oído. Sácate esa blusa y arrójala, que se vean tus tetas. Ya sabes lo que quiero que hagas con tu hijo. Si no lo logras en dos minutos, hago que el te folle y después te cogemos nosotros tres»
¡No solo era pervertido! ¡Era un maldito, un completo maldito!
Mi esposa se sacó la blusa, se la tiró al policía, fuera de la camioneta, pasó sus brazos por detrás del cuello de Mike, abrazándolo, y le comenzó a susurrar al oído, mientras le gemía. Mientras movía sus caderas, refregándose abiertamente sobre el bulto de Mike.
En medio de gemidos, que quiero pensar que eran fingidos, le dijo:
«Vamos hijo, córrete. No importa lo que dijo tu hermana, te entiendo. Viste a mamá desnuda y eso te excitó. No estoy enojada, más bien me enorgullece que yo te guste. Siente mi vagina sobre tu bulto»
Lo tomó de la cara, puso la suya rozando sus labios, y le gemía más.
Fuera del auto estaban los tres policías no solo disfrutando, sonreían y se pasaban una mano sobre sus bultos.
Debió ponerlos locos el espectáculo de mi esposa con nuestro hijo.
Kim tenía los pezones duros como nunca se lo vi en mucho tiempo.
No pude culpar a mis hijas, que también pude notar sus pezones que se notaban duros y parados, sobre la tela. A las dos en este momento. Se habían girado un poco, hacía donde yo estaba, para ver mejor. Una pasó una pierna sobre la otra y la movía.
¿Acaso estaba fregándola sobre la de su hermana?
Mike, empezó a gemir y gemir cada vez más fuerte. Kim lo alentaba y seguía rozando sus labios con los de su hijo. Ella también gemía al la misma intensidad que nuestro hijo.
Finalmente, Mike tuvo espasmos tras espasmos, dio sacudidas y se formó una gran mancha en su pantalón. En parte ya la tenía por los flujos de Kim, pero se hizo más notorio con su semen.
Mis hijas miraban asombradas.
Él apoyó, su cabeza en el hombro de su madre, y le pidió perdón.
«Perdón mamá, estuve mal, estoy avergonzado. No pude controlarme»
Kim lo miró a los ojos y le contestó: «Lo hiciste muy bien hijo, tienes algo lindo allí abajo. Hace varios años que no te la veo, pero pude sentirla ahora»
«Lo hiciste bien puta. Me hubiera gustado que no lo lograras así te obligaba a follar a tu hijo. Lástima. Quiero que te quedes así y pegues tus tetas sobre su cara. Abrázalo si es necesario» 
Y cerró la puerta de un portazo.
Mi esposa hizo lo que se le ordenó. Vi que Mike se esforzaba por no mirar sus tetas. Mantenía los ojos cerrados. Aunque ya el roce debió ser suficiente para estimularlo.
Kim estaba sentada directamente sobre su polla y no pude ver si tenía un nuevo bulto o no.
No fui el único que intentó verlo. Mis hijas hicieron lo mismo.
Tan pronto como pegó el portazo, uno de los oficiales se puso al volante del coche patrulla y se marchó, abriendo el camino.
Le seguimos con la camioneta, con otro de los policías, y el tercero se quedó con nuestra autocaravana, presumiblemente para llevarla a dondequiera que fuéramos.
Tan pronto como nos pusimos en movimiento traté de razonar con el conductor. Intenté explicarle que todo esto era solo un tipo de malentendido. No éramos criminales, solo una familia de vacaciones, buscando un camping.
Ni siquiera me miró.
Simplemente condujo por ese camino de montaña sinuoso y se desvió hacia un camino más pequeño y condujo durante al menos otra media hora o algo así.
Miré hacia los genitales de mi hijo y pude verle el bulto de nuevo. Con las sacudidas que daba la camioneta, mi esposa se fregaba contra él. Eso era real, ¿o mi esposa usaba esa excusa para moverse? Ya no sabía que pensar de ella y de todo esto.
Kim no era la única.
Megan seguía con una pierna sobre la de su hermana, y también se movía continuamente, produciendo un roce continuo.
Megan apoyó la cabeza sobre el hombro Morgan. Las dos iban sacudiéndose, con los ojos cerrados.
Pasó un momento y vi que Kim abrazaba a mi hijo del cuello y apretaba su cara contra su hombro. Entonces noté los espasmos de mi hijo, pero bien disimulados.
Se había corrido de nuevo, y mi esposa lo estaba cubriendo, que nadie se diera cuenta. Cuando terminó, se miraron, y Kim le esbozó una sonrisa.
O mi esposa no se dio cuenta que yo miraba, o, definitivamente me ignoró por completo.
En el trayecto nos topamos con autos que venían en sentido contrario.
En ese momento me di cuenta que no vi ningún otro móvil policial en todo el camino. Ni parado a un costado, ni yendo ni viniendo.
Me pareció muy sospechoso.
Por primera vez me pareció que esos hombres podrían no ser policías.
Pero me convencí de que lo eran.
Los vehículos, los uniformes, incluso la forma en que hablaban en la radio, era todo muy auténtico.
Por supuesto, mi única experiencia con la policía la tenía viendo por televisión.
Solo sabía que toda mi familia estaba siendo llevada sin razón aparente y conducido profundamente hacia las montañas.
Sin mencionar todo el abuso que le hicieron a Kim.
La camioneta tomó una curva cerrada y justo en frente de nosotros apareció una pequeña colección de edificios.
Dudo en llamarlo pueblo. No había oficina de correos, pero había un pequeño cartel que decía: «Bienvenido a Fin del camino».
Entre los edificios se encontraba uno que decía «Policía».
Vi una pequeña tienda de abarrotes, un pequeño restaurante, unas casas deterioradas y el edificio más grande, que era un bar.
Nos detuvimos rápidamente frente a la oficina de la Policía. La autocaravana con la minivan de arrastre vi que seguía de largo. Debían llevarla a otro lugar.
El policía que nos detuvo y el que manejaba la camioneta nos abrieron la puerta lateral y comenzaron a sacarnos bruscamente de la camioneta.
Miré a mi alrededor y vi una docena de toscos hombres, sentados en los porches, frente a la calle, y observando atentamente mientras nos sacaban de la camioneta.
Algunos se pusieron de pie para ver. Pero nadie vino, hacia nosotros.
La que recibió la mayor atención fue mi esposa. Mientras caminaba, sus tetas daban pequeños saltos y se sacudían.
Eso debió ser un espectáculo para esos hombres.
Me di cuenta de que nadie parecía sorprendido por lo que estaban viendo.
Nos llevaron dentro de la oficina y pasamos junto a otro policía sentado en un escritorio que observó con gran interés cómo nos guiaban, en especial a Kim. Nos hicieron entrar a todos a una habitación lateral.
El policía que nos detuvo me quitó el reloj, el de mi esposa, sus aros de oro y las joyas de mis hijas. Las puso todo en un sobre grande.
Luego nos ordenó salir por otra puerta y pasamos a una gran celda de detención.
Cuando mi esposa pasó frente a él, la detuvo, le manoseó abiertamente las dos tetas y le aseguró que vendría a visitarla, posiblemente otros también.
Con todo eso, ya estaba sumamente preocupado.
Me agarró, me hizo girar y me estrelló contra los barrotes de la celda y me dijo fuerte al oído:
«Si tengo que decirte que te calles una vez más…»
No terminó el pensamiento. No le hacía falta.
Su voz enojada, su comportamiento áspero, su figura grande y musculosa y todo lo sucedido, era suficiente para entenderlo.
Me sostuvo contra los barrotes por un momento más y luego salió de la celda y cerró la puerta de golpe, violentamente y salió de la habitación.
Miré a mi alrededor y vi que estábamos en un lugar sorprendentemente grande con una docena de celdas.
Parecían demasiadas celdas para el tamaño que vi del pueblo.
Dos de las celdas estaban ocupadas, una por una pareja muy joven y la otra por una mujer sola que parecía tener aproximadamente la edad de Kim.
Los tres parecían tan asustados como nosotros.
La única semi desnuda era mi esposa.
Estábamos en silencio. Imaginaba que esto iba a ponerse peor. La amenaza del policía hacia Kim, que vendría a visitarla no auguraba nada bueno.
No podía imaginar a nadie en este país, siendo tratado de esta manera en el siglo XXI
¡Dios mío! ¡No habíamos hecho nada malo!
Al principio todos nos quedamos parados esperando que alguien viniera en poco tiempo más.
Me daba cuenta de que todo esto fue un gran error.
Kim y mis hijos terminaron por sentarse en cuatro literas que cubrían las paredes de la celda.
Allí recordé lo que sucedió entre Mike y mi esposa y miré la entrepierna de mi hijo. Tenía una gran mancha en ese lugar.
Debe haberse descargado mucho. Seguramente fue su primera vez con una chica o mujer. ¡Y nada menos que con su madre! ¡Y delante de toda la familia!
Yo estaba de pie con la cabeza apoyada en los barrotes, mirando fijamente la puerta y esperando a que alguien al menos me explicara ¿Qué era lo que estaba pasando?
Después de no tengo idea de cuánto tiempo, finalmente me senté junto a mi esposa.
«¿Cómo estás?» Le pregunté.
 
«Bien ahora. Perdón querido, perdí el control allá. Fue demasiado y no pude controlarme. Los nervios, el miedo y las sensaciones me jugaron una mala pasada»
 
«Ya lo veo. Y hubo una segunda con Mike»
Me miró sorprendida.
«¿Te diste cuenta?»
 
«Sí, estabas tan pendiente de Mike que no lo notaste»
Enseguida se puso roja de vergüenza.
«¿Es cierto todo lo que dijiste sobre mi a los policías?»
 
«Perdón de nuevo» Dijo ella.
 
«¿Pero lo fue? ¿Se lo dijiste a ellos?»
Bajó la cabeza y dijo que sí.
«Entonces es cierto que te gustó que te abusaran»
Asintió con la cabeza.
«Sabes que volverá en algún momento. El que nos detuvo. ¿Qué harás cuando venga?»
 
«Obedecer supongo» Y se encogió de hombros.
 
«Tengo miedo por las gemelas» Le dije.
«También yo» Agregó ella.
 
Miré a mi alrededor de nuevo y esta vez me di cuenta que también había cuatro tipos, que parecían ser del pueblo, en una de las celdas. Miraban a mi esposa y a las gemelas, me vieron que los miraba y me sonrieron. Estaban sentados en una de las celdas, pero la puerta de su celda estaba abierta.
La otra pareja, el joven y la chica, él no debía tener más de unos 22 años y ella algunos menos, tal vez 19, estaban en una celda, al lado de estos cuatro tipos. Ella daba sollozos entrecortados.
Estaban vestidos pero desalineados, con sus cabellos como pegoteados y sucios.
Nos miraban de vez en cuando, pero parecían tan asustados como nosotros. Miraban a los cuatro que estaban al lado y bajaban la cabeza.
Una mujer solitaria estaba sentada en su catre, en otra celda y lloraba en silencio.
Intenté hacerle algunas preguntas a la joven pareja, pero cada vez que levantaban la vista y nuestras miradas se cruzaban, terminaban bajando la cabeza a los segundos. Era indudable que nos evitaban.
Intenté dos veces preguntarles dónde estábamos y qué estaba pasando, pero actuaron como si yo no les había hablado y se quedaron mirando al suelo, tomados de la mano.
Escuché un ruido en la puerta después de un rato y miré hacia arriba. Eran el policía que nos detuvo y uno de los ayudantes.
Ellos pasaron con paso decidido junto a nuestra celda, ignorándonos y se detuvo en la celda donde estaba la joven pareja.
Tan pronto como los vieron, se pusieron de pie de un salto y se movieron al centro de su celda y se aferraron fuertemente el uno al otro.
El que nos detuvo los miró fijamente por un momento y los cuatro lugareños que estaban sentados en la celda abierta del lado se pusieron de pie y se acercaron a mirar.
El policía que nos detuvo, parecía ser el jefe de la estación policíaca. Parecía ser el que comandaba.
¡Y justo ese nos vino a detener y fue el principal abusador de Kim!
Él les dijo:
«Volví para ver si ustedes dos no han aprendido nada todavía. Ambos están lerdos, pero pensé en darte otra oportunidad. 
Cuanto más demoren en aceptar la situación, peor será para los dos y en especial para tu novia»
Los miró fijamente por un momento y luego preguntó:
«Bueno, ¿ya han aprendido algo?»
Se había dirigido hacia la chica.
La joven pareja se miró y pude ver que se había calmado. Escuché al joven que dijo algo, pero habló tan bajo que no pude entenderlo.
El jefe, visiblemente alterado, dijo:
«¿Qué demonios dijiste? Deja de hablar susurrando, por el amor de Dios. Imagina que tienes un juego de pelotas y habla bien. Tu novia tiene más pelotas que tú»
El chico dijo, en voz un poco más alta:
«Sí, señor, Hemos aprendido la lección. Igual ya han abusado de ella y de mi»
El jefe parecía escéptico cuando dijo: «Ya veremos sobre eso. Prepárala entonces. Vamos a divertirnos con tu novia. No imaginas las ganas que tenemos. Yo especialmente que me dejaron caliente hace un rato. Y prepárate tu también.
Tomen dos pastillas de estas cada uno. Más vale que lo hagan, les ayudará»
La pareja las recibió, se las metieron en la boca y buscaron sus vasos plásticos con agua que tenían.
Estaba claro que esas pastillas eran drogas.
El policía miró hacia nuestra celda.
Allí entendí que lo del cabello era semen seco. Parecía que les habían hecho chupar pollas a los dos y se corrieron en ellos.
Las mellizas inmediatamente miraron hacia su madre. Pero ella pareció no inmutarse.
Me sorprendió lo que dijo el chico que habían abusado de él también.
Alcancé a escuchar que Megan le decía a su hermana algo sobre la droga, pero no pude entender bien a que se refería.
Sólo que Morgan hizo una mueca con la boca y Megan le esbozó una sonrisa.
¿Acaso ellas consumían o habían consumido algunas veces?
Al principio me quedé demasiado sorprendido para reaccionar cuando vi que el joven comenzó a desnudar a su novia. Pero más sorprendido quedé cuando vi que ella cooperaba, Tomaba toda la situación mucho mejor de lo que yo pensaba que sería.
Supuse, por lo que el jefe había dicho, ya habían pasado por abusos otras veces.
Y a juzgar por el semen seco en el cabello, los hicieron chupar pollas a los dos juntos.
La blusa de la chica estaba fuera del pantalón que tenía puesto y abierta, sin brasier por debajo, en menos de un minuto.
Miré a mi esposa, a las gemelas y a Mike y todos estaban mirando lo que sucedía con la parejita de novios.
Los cuatro miraban atentamente. No pude saber si estaban preocupados por lo que iban a hacerle a la chica, pero sí que no perdían detalle alguno.
En otras circunstancias es obvio que no hubiera aprobado que ellos vieran lo que sucedía en la otra celda, pero con todo lo que sucedió, ya poco importaba. Y dudaba que pudiera hacerles desistir en ver, en especial si su madre estaba igual de pendiente y tenía sus pezones duros otra vez.
No dudaba que Mike tendría su polla tiesa y que podía decir de las gemelas. Habían visto a su madre ser abusada y cometer casi un incesto con su hermano.
Así que volví a girar la cabeza y ver lo que sucedía.
Algo malo estaba ocurriendo aquí, en este pueblo, y sospechaba que ya estábamos enredados en ello.
El jefe vino a nuestra celda y vio que estábamos pendientes de todo, me miró y dijo:
«Veo que tanto tú como tu familia ven lo que sucede con la pareja esa. Bien echo, así comprenden mejor de que va esto.
Si les dejo libres las manos, ¿Van a dar problemas?»
Le aseguré que no, miré a mi familia y todos asintieron con la cabeza, de forma ansiosa.
«Bien, entonces colóquense de espalda a la reja, a medida que los libere, caminan hacia el fondo de la celda. Si alguien llega a hacer algo inapropiado, varios de nosotros entraremos a la celda y les aseguro que la pasaran muy mal. Todos, aunque uno solo sea quien reaccionó mal. 
No será solamente con tu esposa.
¡¿Entendido?!»
Todos dijimos que sí, entusiastas. Ya estábamos incómodos y muy molestos por tener las manos en las espaldas. Salvo mi esposa, que no la habían esposado.
Ella se quedó sentada en la litera.
Las gemelas, Mike y yo nos pusimos de espaldas, esperando que nos liberara.
Me sacó la esposa y sentí un gran alivio, me froté las muñecas y fui con mi esposa.
Luego liberó a Mike y el hizo lo mismo que yo, mientras caminaba a otra litera.
Antes de liberar a Morgan, metió sus manos por los barrotes, agarró sus tetas sobre la ropa y empezó a manosearla.
Mi hija dio un grito y nos miró, pidiendo que la ayudáramos, con la mirada.
Tenía miedo en los ojos, pero no se movió, no se atrevió.
Tensé los músculos. Kim se dio cuenta, me agarró del brazo con una mano y mi mano con la otra, apretándome y haciendo presión hacia abajo.
Me susurró un «No lo hagas, no reacciones. No empeores las cosas»
Mike me miraba, esperando ver que hacía yo.
Cerré los ojos, pero los abrí cuando escuché un pequeño grito de Morgan.
El desgraciado le pellizcaba un pezón.
Megan miraba a su hermana. También denotaba miedo en su mirada.
El jefe me miraba desafiándome, molestándome con su sonrisa. Esperaba que yo reaccionara.
Kim lo notó también y de nuevo me susurró «Recuerda lo que dijo, y lo que me han hecho. Nos lo harán a todos juntos. No hay nada que podamos hacer si deciden hacernos algo.
Te está provocando para que reacciones y tener un motivo para abusar de las gemelas también»
Tuve que desistir protestar o hacer algo. Solo me quedó mirar con impotencia.
Ahora le pellizcaba ambos pezones. Le levantó el top, y jugó poco más con sus tetas sobre su brasier.
Siguió por un momento más, luego sacó las manos fuera de la celda y le cortó el precinto plástico.
Morgan corrió a los brazos de su mamá y se largó a llorar.
Él me miraba fijamente y sonreía.
Era un maldito hijo de puta.
Megan estaba con los ojos cerrados, esperando. Sabía lo que iba suceder.
Se repitió todo otra vez. Solo que no nos tomó de sorpresa.
Megan aguantó lo mejor que pudo toda la humillación, ella la llevó peor porque sí le subió el brasier, liberando sus tetas y pellizcándole los pezones libremente.
Involuntariamente o no, se le pusieron duros los pezones.
Cuando se sintió libre, corrió también a una litera, acomodándose el brasier, y se sentó, sin llorar ni decir nada.
Antes de regresar a la otra celda, mirando a mi esposa, agregó:
«Lástima que no te puse un precinto a ti también. Hubiera sido lindo jugar con tus tetas otra vez. Allá en el camino te gustó, ¿No?»
Kim me miró, cerró los ojos y bajó la mirada al suelo, apretando fuerte mi mano.
Supongo que se arrepentía de lo sucedido.
La habitación quedó en silencio durante unos minutos. Solo se podía escuchar el pequeño sollozo de Morgan.
Lo seguimos con la mirada y vimos que el chico ya había desnudado a su novia y ella estaba parada al frente de la puerta de su celda.
Él estaba, también desnudo, parado atrás de ella. Ambos mirando el suelo.
Le presté más atención a él y vi que su cuerpo era muy delgado, con apenas las costillas marcadas, blanco como su novia, y su polla no era nada llamativa. Era bonito de cara. No era tan varonil.
Parecían la típica pareja de novios donde a los dos siempre les cayó todo del cielo gracias a sus padres adinerados.
Ella era muy bonita de cara, cabello castaño claro, igual de delgada, lo que hacía que sus tetas un poco más que medianas se destacaran más. Su culo era redondito, y más bien apenas desarrollado. Claro que tenía un rostro muy hermoso y delicado.
Parecían una pareja de una muy buena posición económica.
Bueno, sus padres, obvio que ellos no, pero eso no hacía la diferencia.
Oí al policía jefe decir:
«Bueno, parece que estás aprendiendo chico de que va esto. Ya veremos. «
 
El ayudante abrió la puerta y se puso al lado del jefe. Este ordenó.
«Tú (refiriéndose al ayudante), prepara a la chica. Y tu putito, ven y chúpame la polla, ponla dura para que encargue de tu novia»
 
Escuché pequeños murmullos que venían de mi familia. Los miré y vi que Kim a su vez me miraba, ella estaba asombrada igual que yo. Las gemelas se miraban con cara de sorpresa y los ojos abiertos. Y Mike era el único que parecía preocupado. Mike miraba al chico.
 
La pareja salió de la celda. La chica fue a donde estaba el ayudante y se quedó esperando.
Él empezó a manosearla por todo el cuerpo. Pellizcaba sus pezones, apretaba sus tetas. Luego bajó una mano y jugó con su vagina, frotando los dedos en ella.
El jefe miraba y le dijo a la chica:
«Será mejor que te mojes porque te follaremos igual y si no estás bien lubricada te aseguro que lo haremos sin importarnos y te va a ser doloroso. Coopera entonces, ya sabes lo que debes hacer. 
Si estás fría como una estatua me enojaré y no querrás eso. 
Dijeron que han aprendido. ¡Entonces, demuéstralo, maldita sea!»
Ella asintió en silencio.
Mirando a su novio, se abrazó del cuello del ayudante y empezó a besarlo, dándose ambos un morreo. Ella comenzó a jugar con su lengua en la boca del ayudante, mientras miraba al novio.
«Diablos, era igual a decirle, ‘Mira, estoy besándolo. ¿Te gusta que lo haga?'»
El chico miraba lo que ella hacía, se agachó, abrió el pantalón del jefe, sacó la polla y se la metió en la boca, empezando a chuparla. Puso empeño en lo que hacía. Al menos, eso es lo que parecía.
Miré a las gemelas y a Mike. Ellas miraban a la chica y me sorprendió que Mike mirara como el chico chupaba la polla.
El único sonido que había era el que el chico hacía al chupar la polla del jefe y los sonidos del ayudante y la chica besándose.
La chica miraba lo que su novio hacía mientras besaba al ayudante, quien había metido dos dedos en la chocha de ella y la follaba, sin prisa pero de forma continua, y jugaba con una de las tetas y el pezón.
El chico levantó la mirada, sin dejar de chupar la polla, para verla a su novia.
Ambos seguían con lo que hacían sin dejar de verse.
El jefe habló:
«Parece que sí lo han entendido al final. Están haciendo lo que deben, en especial mirarse uno al otro. 
Eso es chico, muéstrale a tu novia que aprendiste a chupar una polla. 
¿Ya asumiste tu papel de cornudo en la relación?»
Comprendí que parte del juego de los policías era la humillación y degradación.
«Si señor» dijo el chico y volvió a meterse la polla a la boca.
«Tienes lindos labios nene, haremos que tu novia te los pinte con un labial. Quedarás bonito»
 
Oí el ruido que hacía ahora el ayudante con sus dedos dentro de la chica. Esta se había mojado. Tenía los ojos cerrados y abrazaba al policía fuertemente, pegando su boca a la de él. El morreo se transformó en comerse la boca.
Podían oírse los gemidos ahogados.
Parecía increíble. ¿Sería posible que ella se hubiera excitado? ¿O era solo una reacción del cuerpo? Cómo sea, no parecía fingido.
La recordé a Kim en el camino y quedé aturdido, no sabía que pensar.
Ella les había dicho que el falo de goma se sentía mejor que mi polla.
¡Hasta Megan se había dado cuenta de cómo tenía sus pezones tan duros!
Busqué ver los pezones de la chica y se los vi igual de duros.
¡Dios mío! Esto iba a ser difícil de manejar.
Miré a Kim, vi sus pezones duros de nuevo, y toqué su brazo. Me miró y le pregunté:
«La chica parece excitada, ¿No es así?»
«Mmmm eso parece» dijo
«¿Y tú? Tienes los pezones como ella ahora»
Rápidamente mi esposa se los cubrió con cruzando sus brazos en ellos. No me respondió y volvió a mirar a la pareja.
No quise presionar más. Pero todo daba vuelta en mi cabeza.
Los sonidos que hacían llenaban la habitación. Era obvio que la pareja escuchaba como su otra parte estaba disfrutando. No hacía falta que se miraran.
La chica había metido la mano dentro del pantalón del policía y había agarrado su polla. O él la había obligado a que lo haga. No lo sabía, pero no vi la diferencia en ese momento. Parecía que la chica la movía de buen grado, apretándola firmemente.
Por la forma en se había pegado al cuerpo de él y como lo besaba no parecía algo fingido.
Era imperceptible casi, pero ella se movía levente contra él.
El jefe gemía. El chico debía chupársela bien para que él reaccione así.
No quise mirar en detalle a las gemelas y a Mike. Me negaba a aceptar que esto les gustaba.
Ya demasiado tenía con haber visto los pezones duros de mi esposa recién.
De reojo podía ver que ellos estaban expectantes. Incluso Megan se había parado para ver mejor. Morgan ya no lloraba.
El jefe por fin habló.
«Has hecho un buen trabajo nene. Te convertiste en un buen chupa polla. Tu novia estará orgullosa» Y largó una sonora carcajada.
«Ya está bien putito. Pon a tu novia en posición, vamos a cogerla con mi ayudante y tú mirarás todo y harás que ella te pajee»
El chico dejó la polla, corrió dentro de la celda, trajo dos colchonetas de las literas, las puso en el suelo y acomodó a su novia, arrodillada de manos y rodillas y le abrió bien las piernas.
La chica cooperó en todo momento.
Sabían todo lo que debían hacer, así que con seguridad lo habían hecho antes varias veces más.
El ayudante no demoró un segundo en meter su polla en su boca. Ella la recibió sin resistirse siquiera y empezó a chuparla.
Mejor dicho, la chupaba, la sacaba y la lamía, volvía a chuparla, miraba a su novio pajearse. La sacaba y la lamía sin desviar la mirada de él.
¿Era posible que ella disfrutara con provocar al novio comportándose como una verdadera putita?
¿La droga que tomaron, tenía algo que ver?
¿¡Diablos, y si mi esposa hizo eso mismo en el camino!?
Él jefe se había sacado los pantalones y se había puesto detrás de la chica. Tenía una muy buena polla. Más larga que la mía y más gruesa también.
Presté atención a Kim y vi que la miraba. No me resistí y miré a las gemelas. La que miraba esa polla era Megan. Morgan parecía estar interesada en ver lo que le hacían a la chica.
Kim había bajado los brazos y parecía tener los pezones más duros que antes. Parecía que no le importaba que toda su familia notara sus duros pezones.
Decidí no decirle nada. Solo iba a empeorar la situación con ella. La amaba y no quería perderla.
Ya veía que esto iba a ser muy difícil de manejar y afectaría a toda la familia.
El jefe se la metió de una sola estocada hasta el fondo de su útero. Ella dio un grito, ahogado por la polla en su boca del ayudante.
Debieron haberla cogido ya varias veces con seguridad porque esa polla entró sin dificultad y el grito de ella no fue de dolor.
El ayudante le había agarrado la cabeza de sus cabellos y la follaba en la boca, metiéndole toda su polla. No dudaba que le llegaba a la garganta.
Cuando la sacaba podía ver lo larga que era. Parecía algo menos gruesa que la del jefe, pero tenía un muy buen tamaño.
Empecé a sentirme acomplejado del tamaño de la mía.
Por suerte, no se veía.
Me sentía intimidado con esas pollas y eso no contribuyó en tener una erección.
Megan se había puesto atrás de Morgan y la abrazaba, pegando su cabeza a su hombro. Volvían a cuchichear en un susurro. Se miraban y asentían. Megan no dejaba de frotar su mano en uno de los brazos de su hermana y no dejaba de susurrarle al oído. La noté a Morgan nerviosa.
Ahora la chica daba gemidos ahogados. El jefe la cogía con fuerza, sacando su polla y metiéndola de un solo golpe.
En cada embestida ella daba un nuevo gemido. Ella también contribuía en que esa polla entrara hasta su útero. Seguía el ritmo del jefe, moviendo su propio cuerpo y empujando a su vez.
No había duda que lo disfrutaba. Eran muy audibles los gemidos ahogados por la polla que ella chupaba.
Miraba a su novio pajearse.
Ambos policías debieron estar muy calientes ya antes de entrar con seguridad.
Porque pocos minutos más, el ayudante enterró con fuerza su polla en la cabeza de ella y la sostuvo.
Ella cerró los ojos y se escuchaba la respiración agitada por la nariz. El policía dio varios espasmos y sacudidas.
La chica daba sonidos guturales. Estaba tragando el semen lo mejor que podía, mientras el jefe aumentó el ritmo, golpeando sus bolas en el culo de la chica, en cada golpe.
El policía se la sacó de la boca, y se la metió al novio. Que seguía pajeándose.
«Límpiala. Por Dios, que bien chupa tu novia» Le ordenó, y el chico obedeció inmediatamente.
Ella había caído con sus brazos tocando el suelo y dio algunas tosidas, cayendo semen que le había quedado en la garganta aún.
El jefe le ordenó que lamiera y limpiara el suelo.
Pensé que se iba a negar a hacerlo, pero movió su cabeza, sacó su lengua y lamió toda la leche que había caído. No dejando nada.
«Ohhhhhhhhhhhhhhhhhhh» la escuché decir a Megan. Le dijo algo a su hermana al oído, y Morgan le asintió. Megan abrazó a su hermana, pasando sus brazos sobre sus tetas.
Nunca las había visto tan unidas.
Ya estaba acostumbrado a la rivalidad entre ellas, creo que para intentar diferenciarse una a la otra y ahora, era como se hubieran vuelto íntimas las dos.
Kim vio que las miraba atentamente, y en voz muy baja me dijo:
«Cariño, déjalas en paz. Ellas también están lidiando con esto a su manera. No las intimides, deja que hagan lo que deseen. ¿O eres tan necio en suponer que no se han excitado en ver como cogen a esta chica?»
Dicho eso, ella regresó a ver a la pareja y yo quedé como chico que recibió una dura reprimenda.
El jefe se la enterró y comenzó a empujar una y otra y otra y otra vez, sin siquiera sacarla. Estaba vaciándose dentro de ella.
Se quedó pegada a ella por poco más de un minuto.
«¡Que bien coge esta putita! Debes estar orgulloso de tu novia» Dijo el hijo de puta, ¡Cómo le gustaba humillar!
La sacó de la concha de ella, y el semen empezó a caerle por los muslos.
Ella gemía despacio.
«Te dije que pajees a tu novio»
Ella rápidamente se movió, agarró la polla de él y empezó a moverla rápidamente.
«¿Cómo vas a hacer para gozar con esa pollita que él tiene cuando se puedan ir?»
La chica lo miró, pero no respondió nada. Lo miró al novio y movió negativamente la cabeza.
Parecía que le decía que no escuchara lo que el jefe decía.
El chico no tardó nada en correrse y ella buscó que lo hiciera sobre su cara.
Eso molestó al jefe, que pegó una fuerte cachetada en la cara a ella, que la hizo girar y caer al suelo.
Ella levantó una mano y la pasó por su cara, acariciándose. Tenía los ojos húmedos, pero no lloró.
«Dije que nada de disfrutar entre ustedes dos. Cuando lo pajees debe tirar su porquería de leche al suelo. ¿Entendiste puta?»
«Si señor, perdón, no volverá a suceder»
«Tú (refiriéndose al novio), limpia la concha de esta puta. Van a seguir cogiéndola. Cada vez que llenen la concha a tu novia con leche, vas a limpiársela para que el siguiente la folle otra vez. ¿Lo entendiste?»
«Sí señor»
Y el chico se apresuró a lamer, recoger y tragar toda la leche que puso sacar de su vagina, mientras su novia le acariciaba el cabello y le sonreía con tristeza, o tal vez con lástima, dándose cuenta en lo que ambos se habían convertido.
¿Que nos esperaba a Kim y a mi?
Los dos policías se vistieron y el jefe les dijo a los 4 locales que podían cogerlos, pero que no se tomaran mucho tiempo porque otros policías también querían disfrutar de ambos.
Allí entendí por qué estaban ellos en esa celda abierta. Y la pareja debió saberlo en todo momento.
Estaban esperando que les dieran permiso para cogerse a los novios.
Los dos policías pasaron al frente de nuestra celda, el jefe se detuvo, me miró con una sonrisa y burlonamente dijo:
«¡Que te pareció el show con los novios? ¿Te gustó? ¿Y a tu esposa, a tus hijas? Por cierto, tu hijo es bonito»
Y se fue de la habitación, junto al ayudante.
No había tensado los músculos esta vez, más bien escuché todo lo que dijo con resignación.
Igual mi esposa volvió a tomarme del brazo y de la mano, sosteniéndolas con firmeza.
La miré, y le hice saber que ya no iba a reaccionar más.
En vos muy baja me dijo:
«Haz visto cómo estos chicos se han entregado juntos. La chica lo terminó disfrutando y el novio también lo hizo, mirándola. Tal vez debamos aprender de ellos»
La miré, con sorpresa por lo que dijo, y ella simplemente se encogió de hombros. Y agregó:
«Mira, ahora siguen eso cuatro que estaban en la otra celda»
Y giró su cabeza para ver lo que iban a hacer. Mejor dicho, lo que le que iban a hacerle a la pareja. Porque se sabía que los cuatro iban a cogerlos.
Las gemelas se habían parado y estaban pegadas a las rejas de la celda, pendientes de todos, tomadas de la mano.
«Ahora siguen follándola, Morgan» le dijo Megan en un susurro ahora audible. Y Morgan asintió. Vi como Megan le apretaba la mano a su hermana.
Kim me vio mirarlas, pero no me dijo nada.
Rápidamente, dos de los lugareños pusieron en la chica como antes, y se acomodaron para cogerla por la boca y la concha. Cómo hicieron los dos policías recién.
Uno de los otros dos que quedaban le dijo al chico:
«Vamos chico, chúpanos la polla mientras estos dos se cogen a tu novia. Luego nos toca a nosotros. Tu novia va a salir muy puta de este pueblo.
«¿Que dirían los papitos de ambos si supieran lo que ustedes están haciendo?» Dijo uno de ellos dos.
«Los papis no sé, pero las mamis seguro se hacen putas también» Agregó el otro y ambos festejaron con una carcajada
«Vamos nene, chupa con ganas que sabemos que te gusta»
El chico puso todo su empeño en agradarles, ante la mirada de la chica que no perdía detalle de lo que su novio hacía.
Supe que Mike iba a estar en serios problemas. Ya el jefe dijo recién que era bonito.
Dos de los lugareños la ensartaron por la boca y la concha al mismo tiempo.
La chica los recibió sin oponerse. Casi me animaría a decir que les correspondió.
Porque levantó su cadera, abrió sus piernas y metió la mano por debajo para agarrar la polla y meterla.
Al tiempo que abría su boca y comenzaba una mamada más intensa que la que le dio al ayudante del jefe hacía un momento.
Si no la hubiera visto llorosa hacía un momento, y me decían que ella había estado acongojada al llegar los policías, no lo hubiera creído.
Lo mismo podría decir del novio.
Los gemidos y los sonidos que hacían los dos, él y ella, llenaban toda la habitación. No se cohibían para nada.
¿La droga que les dieron tuvo algo que ver en ese cambio de comportamiento?
Megan se había puesto detrás de su hermana y la había abrazado sobre sus pechos, como lo hizo antes.
Había secretos en ellas o eso parecía, porque se susurraban cosas.
Los lugareños decidieron cambiar de lugar y eso hizo protestar a los otros dos por lo que había dicho el jefe que no demoraran.
O se cansaron o no querían correrse en la boca del novio, porque sacaron sus pollas de su boca. Los dos la tenían duras y eran bastantes apreciables en tamaño.
Cuando el que le follaba la boca a la chica pasó atrás de ella, vio el culo parado y ofrecido libremente. Se la metió y bombeo varias veces en la concha, la sacó y la restregó sobre su ano. Repitió eso tres veces más y fue entonces que se la apoyó en el ano y se la metió de una estocada hasta la mitad.
Se notaba que a la chica ya la habían sodomizado con anterioridad, porque su grito fue más de sorpresa que de dolor.
Al segundo empuje el hombre se la metió completa, quedó unos segundos quietos y empezó a follarle el culo con fuerza.
La chica se sacó la polla de la boca y empezó a gemir y a mover el culo abiertamente.
El lugareño se enojó, agarró sus cabellos, le levantó la cabeza y metió su polla de nuevo en la boca de la chica que se la recibió con agrado.
Ambos le impusieron un ritmo feroz. La pobre chica era sacudida como una bolsa de trapos.
No demoraron mucho más en correrse.
Primero fue en su boca porque terminó antes, y luego el otro fue a tomar el culo cuando el que estaba le echo toda su leche dentro.
A la chica no la dejaron ni siquiera descansar.
Ni bien salieron, los otros dos tomaron lugar con ella.
Era igual que mirar una película porno. No quería pensar en cómo debían estar las gemelas y Mike de calientes, los tres.
A Mike podía verle el bulto como lo tenía.
De Kim ya lo sabía, podía ver sus pezones y su rostro.
Los que estaban primero se hicieron limpiar las pollas por el novio.
El nuevo dúo de lugareños no perdió el tiempo y la follaron rápidamente.
Se vinieron dentro de ella casi al mismo tiempo, con poco más de dos minutos de diferencia.
Los otros dos ya estaban vestidos, mirando a sus amigos como la cogían.
También ellos se hicieron limpiar las pollas por el novio, pero esta vez la chica vio como el novio lo hacía.
Cuando terminó, le dijeron que limpiara a la novia.
Ella apoyó la cabeza al suelo y paró bien el culo.
Pero los hombres le dijeron que primero la besara así sentía la leche que ella había recibido en la boca.
Lo tuvieron unos pocos minutos besando a la novia y luego le hicieron limpiar el culo.
Al pasar frente a nuestra celda, se detuvieron un momento.
Las comieron con la mirada a las gemelas y a Kim, sonrieron y se restregaron las pollas sobre el pantalón con las manos.
Y salieron de la habitación.
Ninguna de las tres dijo nada, ni yo ni Mike tampoco.
Quería intentarlo, pero realmente no había mucho para decir.
No pude. Estaba bastante seguro de que las tres iban a ser violada de distintas formas allí dentro.
Dios sabe lo que nos harían hacer con Mike y conmigo.
Y lo que le harían a Mike también. Ya había visto como habían abusado del novio.
Sabía que no importaba lo que todos ellos pensaban hacerle a mi familia.
Mi preocupación era que no iba a poder hacer nada para detenerlos, llegado el momento.
El chico, al notar que los dejaron solos, le susurró algo a la novia, ella asintió y juntos se tomaron de la mano y se levantaron.
Miraron a la chica que estaba en la otra celda, luego nos miraron a nosotros, y él dijo:
«Lo que nos hicieron no es la primera vez. Hace 3 días que nos tienen en esta celda y nos cogieron desde el momento en que nos detuvieron en el camino. 
Plantaron una droga dentro del auto y dijeron que era nuestra.
A mi novia, uno la violaba dentro del auto mientras a mí me tenían esposado afuera, mirando, custodiado por otro de ellos. Llegó otra patrulla con dos policías más. 
Los cuatro se iban turnando en violarla dentro de nuestro auto. 
Cuando terminaron, se sortearon entre ellos para ver en que patrulla nos hacían subir a cada uno de nosotros. Uno en cada auto. 
Nos trajeron a este pueblo chupándoles las pollas mientras manejaban.
Nos metieron dentro de esta celda e inmediatamente vinieron 5 policías más para violar a mi novia mientras me sostenían al lado de ella, mirando. Luego me obligaron a que yo la cogiera.
No queríamos ceder, pero nos cogían igual. Venían de a dos o de a tres. También vinieron lugareños, que son amigos de los policías. Se lo hacían a ella y a mí.
Una mujer policía, la única que hay acá, obligó a mi novia a estar con ella y la cogió con un arnés. Luego le dio el arnés a ella y le ordenó que me cogiera a mí por el culo.
Ya perdimos la cuenta de cuantas veces lo han hecho.
Por eso hoy ya no pudimos resistirnos más y aceptamos entregarnos. Cada vez lo hacían con más saña.
Ahora deberíamos ir al juzgado, al juicio. Allí pensamos decirle al juez lo que nos hicieron»
Supongo que pasó una media hora, o un poco más tal vez, cuando vimos entrar a una chica con el uniforme policíaco. Entendimos que debía tratarse de la chica policía que la pareja mencionó recién.
Vino caminando lentamente, mirando hacia nuestra celda.
Se paró y miró a Kim y a las gemelas. Y luego dijo:
«Me contaron de un matrimonio con hijas que detuvieron. Pensé en conocerlos. Veo que la madre y las hijas son hermosas»
Eso era una pésima señal. La chica acaba de decir que esta policía la había follado con un arnés.
Pasando un dedo por los barrotes y sonriendo a las gemelas siguió caminando hasta donde estaba la pareja de novios.
Megan y Morgan seguían mirándola. Luego Morgan estiró la mano hacia Kim y las dos se las tomaron.
Ninguna dijo algo. Tampoco había mucho que hablar.
La policía, mirando a la novia dijo:
«Vaya, te han cogido duro. Me contaron que decidieron entregarse y dejar de resistirse. Igual pasaba, ¿No es así?
Dime, ¿Disfrutaste conmigo?»
La chica, en voz baja, le respondió:
«Solo un poco, era mi primera vez con una chica»
«Vaya, fui afortunada en ser la primera chica entonces. Dijo la policía, sonriendo.
¿Te gustaría repetirlo?, puede que termine gustándote con chicas también. ¿Que dices?
Te doy la opción de elegir»
 
Ninguno creía que realmente le diera la opción. Estábamos seguros que era un juego pervertido de la chica policía.
Si la chica decía que no, entonces la tomaría a la fuerza, seguramente.
No sabíamos si aceptó porque quería repetirlo o porque sabía que no tenía elección.
La cosa, fue que la chica se paró y fue a la puerta de la celda.
La chica policía puso la llave para abrirla y se dio cuenta que estaba sin llave.
«Idiotas, dejaron la celda abierta. Ven cariño, sal y nos divertiremos frente a tu novio»
 
Sonriendo, la tomó de la mano, entrelazando los dedos, y caminaron hasta la celda que estaba a nuestro lado. La abrió e hizo entrar a la novia, para luego pasar ella misma. La llevó hasta los barrotes que dividían esa celda con la nuestra.
Kim, Mike y yo la teníamos a pocos metros. Las gemelas, estaban pegadas a los barrotes y se alejaron a no más de un metro cuando ellas entraron a esa celda. Así que, mis hijas estaban muy cerca.
No había que ser un mago para saber que la intención era provocar a Kim y a las gemelas.
«¿No deberías ser tú quien comience?» Le dijo la chica policía, con una sonrisa.
La novia la abrazó del cuello y puso sus labios, en un movimiento muy sensual, sobre los de la chica. Empezaron a besarse lentamente.
Fue la misma novia la que llevó el ritmo. Empezó a meter la lengua en la boca de ella y a jugar con ella.
Se escuchaban los sonidos que hacían al besarse.
No sabía decir quien estaba más pendiente de ellas dos.
Kim estaba con los ojos abiertos, pero visiblemente interesada en lo que sucedía frente a sus ojos.
Las gemelas no perdían detalles. Megan se mordía el labio y abrazó otra vez más a su hermana.
Ya notaba que ese abrazo, sobre sus pechos, debía esconder algo más que un simple gesto cariñoso de hermanas.
Mike, era evidente que estaba en el cielo, se apretaba la polla con las manos. Era un movimiento que trataba de disimular pero era muy torpe.
Le di un apriete al brazo de Kim, para susurrarle algo. Ella retiró su brazo, alejándolo de mi mano. Entendí que no deseaba ser molestada con ninguna estupidez mía. Bien, en ese momento debió ser así para ella.
Las dos gemelas se habían acercado un poco más.
La chica policía separó su boca de la novia, les sonrió a las gemelas y volvió a besar a la novia del chico, mientras jugaba con sus pezones, pellizcándolos.
La novia se notaba muy excitada y sus gemidos eran genuinos.
El novio fue ignorado completamente. Él solamente miraba lo que su novia hacía.
No hubo un solo momento en que la novia buscó mirarlo.
Parecía decidida a disfrutar con la policía.
La policía bajó su mano a la vagina de la novia, y metió sus dedos. Con señal de desagrado los sacó y dijo:
«Hombres de mierda, te dejaron llena de semen y sucia. Tendré que conformarme conque seas tú la que me chupes a mí»
Evidentemente, la policía era netamente lesbiana.
«¿Lo disfrutas realmente?» Le preguntó la policía.
«Eres la primera chica con la que estoy. Siempre rechacé la idea. Amigas mías me decían que probara, pero siempre me pareció algo totalmente obsceno. 
No sé si son las circunstancias, o los abusos y violaciones que he sufrido en este lugar, pero disfruto contigo» Le contestó la novia con sinceridad.
Y ambas se entregaron una a la otra.
Pero la chica policía solo podía ofrecerle un momento de placer sincero. Ella no tenía mando en el cuerpo policíaco. Y por otro lado, estaba siendo contaminada por toda la corrupción y violencia que había en sus compañeros de la fuerza policial.
Fue hacia la litera que estaba casi pegada a los barrotes de nuestra celda. Se sentó en el extremo próximo a ellos.
Miró a la novia y le dijo:
«Sabes lo que tienes que hacer ahora»
Ella asintió.
Se arrodilló, desprendió los pantalones del uniforme policial de ella, los bajó junto a la tanga que usaba, se los sacó despacio, abrió las piernas y hundió su cabeza.
Comenzó a lamer la vagina cubierta por vellos muy bien recortados de la policía. Los lamió con mucho esmero y dedicación. Luego abrió sus labios vaginales y buscó meter su lengua.
Hizo como una lanza con ella y buscó penetrarla, llegar a su clítoris. Lamía, la penetraba con la lengua y chupaba todos los jugos que la policía segregaba.
Ella tomó su cabeza, la hundió entre sus piernas y cruzó sus piernas sobre su espalda, evitando que se mueva.
Igual la novia no pensaba salir de allí. Estaba decidida a darle todo el placer que pudiera.
Lo hacía porque lo deseaba, porque le gustaba corresponderle a la policía, no lo hacía porque se sentía intimidada o amenazada.
Era indudable que todo despertaba curiosidad en las gemelas. Estaba llegando en su interior mucho más profundo de lo que yo imaginaba.
Creo que les pasaba lo mismo que le pasó a la novia.
En el contexto de violencia que vieron en su madre y en esta novia recién, verla disfrutar de forma sincera y sentir un gran placer con otra chica, les hacía pensar que no debía tan malo como suelen inculcar en varios ambientes, en especial, en el colegio católico al que ellas asistían.
No es que fueran mojigatas ni mucho menos. Pero su mente estaba contaminada por lo que le repitieron por años.
Que el lesbianismo era una enfermedad y delirio mental. Una mal deseo en el que no se debía caer.
Kim, por su parte, yo sabía que siempre había defendido a las chicas que tenían sexo entre sí. Hasta donde yo sabía, ella nunca lo había hecho, pero defendía fervorosamente a quienes lo hacían. Sin importar si eran bisexuales o lesbianas.
Para ella no había diferencia entre uno y otro.
Además, pude notar que se excitó viendo a la novia y a la policía, disfrutar entre si.
Tenía sus brazos cruzados sobre sus tetas y disimuladamente se tocaba los pezones con sus dedos.
La novia le arrancó dos intensos orgasmos a la policía. Bastante después del segundo, tomó su rostro con sus manos y le dio un tremendo morreo y le mordió el labio inferior, produciéndole un pequeño corte.
A continuación, le dedicó un buen tiempo a besarlos y lamer la zona de donde salía un pequeño hilo de sangre.
A las dos le pareció divertido.
Mis hijas, al ver eso, se miraron, abrieron grandes sus ojos y las dos se mordieron los labios y buscaron abrazarse nuevamente.
Miraban absortas, cómo las dos chicas disfrutaban del sexo lésbico.
Inconsciente o no, había un leve roce de los brazos de Megan sobre los pezones de su hermana al abrazarla.
Se lo mencioné a mi esposa y ella reaccionó no solo molesta si no que enojada también conmigo.
Se dio vuelta, me fulminó con la mirada, e hizo un gesto que la cortara, que dejara en paz a mis hijas.
Se levantó, y fue al lado de ellas.
Megan la vio llegar, la miró, Kim le sonrió, y Megan bajó una mano para tomar la de su madre, siguiendo abrazada a Morgan con el otro brazo.
Algo le dijo mi esposa a Megan que hizo que mi hija sonriera, asintiendo con la cabeza, mirándola.
«Quiero penetrarte, quiero cogerte. Sabes que no lo haré despacio. Es como deseo poseerte» Le dijo la policía, que al menos fue sincera con la chica.
«Hazme lo que desees, lo que quieras, no me importa contigo. Me han violado tantas veces, desde que nos detuvieron, que ya no me importa si quieren seguir haciéndolo.
Hoy logré llegar a disfrutarlo por primera vez, y creo que en parte fue por la droga que me dieron. 
No me opondré a que lo hagas. La vez anterior lo hiciste a la fuerza, hoy me estoy entregando por mí misma» Le respondió la novia.
La policía se levantó, buscó el arnés que llevaba, y se lo colocó, atándolo bien.
Kim y las gemelas no dejaban de mirarlo y de admirarlo. Nunca habían visto uno de cerca. Parecían estar maravilladas por lo que veían.
A Kim debió traerle algún recuerdo cercano cuando el jefe la folló con el falo de goma. Que por cierto, a ella le gustó.
La novia, que había quedado desnuda después de los abusos de los policías y los lugareños, se acostó en otra litera, con las piernas abiertas.
Pero la policía la tomó de la mano, y la llevó contra los barrotes. Estaba decidida a pervertir a las gemelas.
Cómo regalo, ahora también la tenía en la mira a Kim, la madre de las gemelas. Que parecía gustarle lo que veía.
Ella les sonrió a las tres mientras apoyaba a la novia contra los barrotes y le pateaba las piernas para que las abriera.
La novia obedeció sin resistirse, e incluso, sola paró el culo, sacándolo afuera.
«Puedes cogerme por donde quieras. Me desvirgaron el culo en el auto al detenernos» Le dijo la novia.
La policía hurgó en un bolsillo de su pantalón y sacó un pequeño pote plástico. Lo abrió y puso buena cantidad de lubricante sobre el falo de látex.
Este tenía su buen tamaño, unos 20 o 21 o 22 centímetros, y de un diámetro considerable, sin ser extremo.
Lo apoyó en la entrada de su culo, en el ano, y lo frotó, en círculos, por un momento.
La novia lo sintió, flexionó su cuerpo, parando más aún el culo.
«Mételo, me lo dilataron hace un momento. No va a dolerme. 
Pensar que nunca dejé que mi novio lo haga, a pesar que me lo pedía. 
Teníamos sexo, pero no lo dejaba siempre que me lo pedía por el culo. Y acá han hecho lo que ustedes quisieron conmigo. 
Ahora siento lástima y culpa por haberme negado a mi novio tantas veces» Le dijo la novia.
Lo fue metiendo despacio esta vez, pero sin detenerse. Al menos, entendí que la vez anterior había sido algo violento la chica policía con la novia.
La chica estaba agarrada a los barrotes, cuando entró completamente, ella levantó la cabeza y dio un largo y sonoro gemido.
«Esta vez disfruto tu follada. ¿Puedes hacerlo fuerte?»
La policía, sin decir nada, pero sonriendo, la sacó, dejando solamente la punta del falo dentro, y empujó con fuerza, metiendo el arnés de un solo golpe.
«¡Siiiiiiiiiii, de esa forma!» Y dio un largo gemido. Mirando a mis hijas dijo:
«Si ella las quiere coger, déjense, no se resistan»
Las dos asintieron.
Entonces la policía comenzó a cogerla con ritmo feroz, utilizando sus cabellos como un agarre firme, tirando su cabeza hacia atrás.
La chica no paraba de gemir.
«Me gusta Javier, me gustaaaaaaaaaa» Supuse que Javier debía ser el novio, quien no dijo nada a esto.
Por su cabeza debió pasar el cambio que debió haber experimentado su novia, desde la detención arbitraria de la policía de este pueblo.
La policía la estuvo follando por unos 15 o 20 minutos.
La novia tenía las tetas pegadas a los barrotes. Le conté con seguridad 3 orgasmos.
Cuando la policía se lo sacó del culo, ella se giró, la tomó del cuelo, abrazándola, y le plantó un largo morreo en la boca.
Al separarse, la miró y le dio las gracias.
La policía le acarició la cara, y la llevó a celda. Esta vez, ella sí puso llave.
Regresó hacia la puerta de salida de la habitación y, al pasar a nuestra celda, se detuvo, y le habló a mi esposa.
«Cómo te llamas»
«Kim»
La policía abrió la puerta de la celda y le dijo:
«Ven conmigo, debo procesarte a ti y a tu familia. Vas a darme todos sus datos»
No supe si eso era excusa para llevarla o era algo real.
Pero luego escuché a mi esposa dar algunos gritos y sabía que eran de dolor. Entonces supe que la había llevado para divertirse con ella.
No pude dejar de imaginarme a mi esposa siendo usada por la chica policía.
Estuvo mal, lo sé, pero tuve una erección pensándolo.
Siguieron otros gritos más, y otros más fuertes, y después vinieron gemidos y gritos, mezclados.
Megan se sentó a mi lado, me tomó de la mano, y dijo:
«La está cogiendo a mamá ahora. ¿No te importa que lo haga, papá?»
 
«No sé qué le hace hija, pero es evidente que se está divirtiendo con mamá. 
Sí me importa Megan, pero no se puede evitar. Viste todo lo que le han hecho a la chica esa, a la novia. 
Y todo lo que contó que le hicieron cuando los detuvieron.
Creo que hemos tenido suerte, al menos hasta ahora»
 
«!Tienes una erección papá¡ !Te excita saber que están abusando de mamá¡» Me había pillado, estaba mirando mi bulto.
«Noo ehhhh, es que …, no es …» 
No supe que decir, solo poner mis manos arriba, tratando de taparla.
Megan estiró su mano y agarró una de las mías, la apretó y la sostuvo. Pero en el movimiento ese, rozó mi polla. Entonces movió su mano, sosteniendo la mía, pero fue evidente que lo quería era sentir la polla.
La miré sin poder decirle nada. No saqué su mano de allí. Solamente la miré y sentí el movimiento.
Ella me esbozó una sonrisa y dijo:
«Está bien papá, no tienes que explicarme. También estoy caliente. Ver como follaban a la chica recién me puso muy caliente. Y más cuando lo hizo la chica policía»
 
En eso se escuchó un largo y fuerte gemido de Kim. Yo sabía que había sido un orgasmo de ella, y claro que mis hijas también lo supieron. Tal vez Mike no.
Megan me miró y dijo:
«Mamá la está pasando bien. ¿Crees que se ha besado con la chica?»
«Creo que le ha chupado la vagina también» le agregué yo.
«Siiiii seguro que lo hizo»
Siguieron los gemidos de mi esposa y Megan no contribuía con su plática en que disminuyera mi erección.
Ni con lo que decía, ni con sus roces en mi polla, porque, aun teniendo mi mano entrelazada con la mía, la bajó, y volvió a rozarla con sus movimientos. Pero ahora lo hacía con más presión.
Más que roce, estaba presionándola con el dorso de su mano.
 
«Escucha papá, mamá la está pasando genial. En el camino le gustó que ese policía le metiera el palo de goma ese y ahora con la chica policía también le gusta»
Entonces, lo que hizo me sorprendió. Soltó mi mano, y agarró mi polla sobre mi pantalón, y empezó a moverla.
Se mordía los labios y tenía fija la mirada en mis ojos. Respiraba agitadamente.
Vi que Morgan y Mike estaban mirándonos. Parecían sorprendidos también.
No quería que la soltara, me estaba gustando, pero sabía que estaba mal, y mis otros dos hijos estaban mirando.
Fue que agarré su mano con las mías, la retiré, sosteniéndola, y le dije:
«Hija, no podemos hacer esto. No debemos. Soy tu padre. Esto está mal»
 
«Estoy caliente papá, quiero sentirla. Y todo esto está mal. Mamá está allá disfrutando» fue lo que Megan adujo.
«Me encantaría poder hacerlo, pero no podemos cruzar ese límite. No puedo Megan»
 
En ese momento se abre la puerta y entra Kim, desnuda con la falda en la mano, mirando el suelo mientras caminaba.
Entró a la celda cuando la policía le abrió la puerta y se sentó a mi lado, sin decir nada. Miré sus ojos y no había rastro de lágrimas.
Mike y las gemelas también la miraban atentamente.
Ella miraba hacia los barrotes, viendo cómo la policía se alejaba.
Cuando ella salió, ya no pude más y le pregunté.
«¿Te cogió?»
«¿Qué crees?» me respondió, en un tono algo seco. Y luego agregó: «No fue lo único que hizo, …, lo único que me hizo hacer»
Decidí no averiguar más.
Megan la abrazó y Kim dio un pequeño grito cuando rozó sus pezones con sus brazos.
«¿Te duelen los pezones mamá?» Le preguntó. Morgan y Mike estaban atentos a lo que ella respondía.
«Sí cariño» Le respondió Kim.
«¿Que te hizo allí?» volvió a preguntar mi hija.
Kim la miró, dudando si responderle o no. Notaba que luchaba en contarle. Me miró a mí cómo buscando ayuda para poder zafar y no decir nada.
Pero me callé, no dije nada, y ella no tuvo más opción que decir, o al menos, contar algo. Si bien, no todo.
«Primero quiso que la besara como ella y la chica se besaron recién y lo hice, pero luego ella me retorció los pezones. Y empezó a hacerlo cada vez más fuerte. Me los chupó y los mordió al mismo tiempo. Volvió a besarme mientras seguía haciéndole cosas a los pezones. Y al último me cogió con ese arnés que ella tiene, …, por el culo»
«¿Te gustó, ma?» preguntó Megan.
Kim no respondió, pero asintió con la cabeza.
En ese momento se abrió la puerta y entraron el jefe con dos ayudantes, distintos al anterior. Nos ignoró de nuevo y caminó hacia la mujer que estaba sola en su celda. Le ordenó que se pusiera de pie y ella gimió lastimeramente y se puso de pie con dificultad.
Cuando ella estaba de pie, él dijo:
«El juez está listo para verte ahora» 
Abrió la puerta de su celda y dijo:
«Ven vamos, fuera de ahí, vámonos. Y más vale que te comportes adecuadamente allá»
La estaba mirando de reojo y ella casi se desplomó, pero un agente la agarró, fue arrastrada y la sacaron fuera de la habitación rápidamente.
Mientras era arrastrada por los dos ayudantes, sollozando, ella decía:
«Oh, por favor, no hice nada. Oh Dios, por favor ayúdame. No vuelvan a cogerme. Le diré todo al juez»
Estuvieron desaparecidos durante lo que pareció una hora antes de que volvieran a entrar.
Los agentes todavía estaban arrastrándola y ella estaba llorando histéricamente. Pero lo más angustioso fue que estaba desnuda.
Había señales de que la habían violado entre varios y bien duro.
¡¿En el mismo juzgado?!
La llevaron de vuelta a su celda y la arrojaron allí. Ella se desplomó en medio del suelo y se abrazó.
Se cubrió la cara con las manos y lloró lastimosamente. Cerraron la puerta y salieron de la habitación, ignorándonos.
Quise preguntarle que había sucedido, pero Kim me tomó del brazo y me hizo señas que la dejara tranquila.
La pareja también la miraban y había pena en ellos.
A los pocos minutos entraron dos nuevos ayudantes, abrieron la celda de la chica, y se la llevaron en medio de gritos y llantos de ella, diciéndole:
«Ya escuchaste al juez, durante 30 días deberás ir a esa granja a atender a los animales. Jajaja, ¿No querías que te follaran más hombres?
Te van a follar animales entonces, perros, caballos y cerdos.
Tú te buscaste esto. Eso te pasa por ser histérica y no dejarte coger con ganas, por resistirte, ahora lo veras»
¿Cuántos policías había en este pueblo?
«¿Dios, la van a hacer coger con todos esos animales?» Exclamó Megan cuando salieron de la habitación.
Mi esposa solo la tomó del brazo, asintió con la cabeza.
No pasó mucho más que volvieron a entrar los tres a la habitación. Esta vez fueron a la celda de la pareja.
«Les toca a ustedes, noviecitos. El juez los verá ahora»
La pareja, sin decir una palabra y tomados de la mano, caminaron hacia la puerta de la celda.
Antes de salir, el jefe cruzó el brazo, impidiéndoles seguir, tomó la cara de la chica con la otra mano, levantándosela, y le dijo:
«Espero que te comportes como recién. Y tu chico también. 
No querrán ir a esa granja a hacerle compañía a esta histérica, ¿No?»
Los dos asintieron. Entonces luego, los llevaron.
Antes habían dicho que en el juzgado iban a decir lo que les habían hecho.
Demoraron mucho más de una hora en traerlos de regreso. El jefe y otros 3 ayudantes entraron con ellos.
Arrastraban despacio los pies. Al pasar al frente de nuestra celda pudimos ver que ambos habían sido follados y abusados.
Tenían semen en la cara y cabello y restos en sus muslos que había chorreado de sus anos y de la concha de ella.
Me pregunté cuantos debieron haber sido para que estén en esas condiciones ambos.
No estaba seguro si les habían dado alguna otra droga nuevamente. Al menos a ella.
Abrieron la celda, la pareja entró y fueron despacio hasta una litera y se sentaron, mirando el suelo.
El jefe y los ayudantes se quedaron mirándolos, y el jefe exclamó:
«Que mierda, vamos a cogerla de nuevo»
Ella levantó la cabeza y apenas balbuceó
«Por favor, no»
No parecía importarles, porque seguían desnudándose los cuatro, mirándola y sonriendo todos.
«Tú noviecito, pon colchonetas en el suelo. Vamos a coger de nuevo a tu novia. Ya lo escucharon al juez. Fueron hallados culpables y están al menos 30 días en este pueblo.
Tu novia saldrá hecha toda una puta y tu un puto. Van a salir con el culo bien abierto. ¡Linda pareja van a hacer!»
 
Agarraron a la chica y la arrastraron hasta las colchonetas en el suelo. Ella se abrió de piernas y tomó la mano del chico.
No hubo un mínimo de disfrute esta vez. Ni de resistencia tampoco.
Allí me di cuenta que no le habían dado droga, estaban abatidos, quebrados por dentro, resignados a todo lo que les quisieran hacer.
El jefe inmediatamente se subió en ella y, sin miramiento alguno, se la metió de un golpe.
Ella solo dio un quejido y quedó mirando el techo. Creo que no tenía fuerzas ni para moverse.
Todos mirábamos a la chica.
La pobre chica estaba destruida moralmente y psíquicamente. Tenía los ojos cerrados y su novio sostenía su mano. Ella ni siquiera lo miraba a él.
El jefe seguía mete y saca con su polla y de vez en cuando pellizcaba sus pezones. Los quejidos de la chica se hicieron más frecuentes. Esta vez no eran gemidos.
Debieron cogerla muy fuerte y entre muchos en el juzgado.
El jefe pegó un grito, se la enterró hasta el útero y descargó su leche dentro de ella. Con movimientos cortos fue largando todo el semen que le quedaba.
Finalmente la sacó y le dijo a los 3 ayudantes:
«Cojan a esta puta cada uno de ustedes y que la puta de la otra celda les limpie la polla»
Al escuchar eso sabía lo que le iba a pasar ahora a mi esposa. Con «puta de la otra celda» se refería a Kim.
Mi esposa cerró los ojos, largó un suspiro audible, se levantó y fue hacia los barrotes del frente.
El jefe se había puesto los pantalones y venía caminando con ellos desprendidos, sostenidos con las manos par que no se les cayeran al suelo. Se paró al frente de nuestra celda. Kim ya estaba allí arrodillada, esperando.
Él la miró y le dijo:
«El juez terminó muy cansado. Así que no los verá a ustedes hoy, puede que sea mañana. Ahora, límpiame la polla, puta»
Mi esposa cumplió la orden sin resistirse.
Miré a Mike y vi un bulto enorme en su pantalón. Pobre chico, no tenía como desahogarse.
También yo tuve erección viendo a mi esposa limpiarle la polla.
Vi a las gemelas hablarse al oído. Megan se levantó y Morgan la siguió inmediatamente. Megan se sentó a mi derecha y Morgan lo hizo a mi izquierda.
Las dos me la agarraron sobre el pantalón y empezaron a frotarla con sus manos.
Entre la calentura que tenía viendo a mi esposa y ver a mis dos hijas hacerme eso, no duré mucho. A los pocos minutos me estaba corriendo en medio de espasmos.
Me contuve de largar algún gemido. Tenía mucho sentimiento de culpa, pero no pude evitarlo esta vez.
No quería que mi esposa lo supiera.
Las dos me sonrieron. Megan, al oído, me preguntó si me había gustado. No sabía cómo decirle que había sido una locura, pero me había fascinado. Fue la mejor paja que alguien me hizo.
La única novia que me hizo pajas de soltero, fue Kim, cuando éramos novios aún.
Kim terminó con lo que le pidió el jefe y él se fue.
Miré a la pareja, y en ese momento el primero de los ayudantes estaba llenándole la vagina con su leche. Él solo se había bajado el pantalón a los tobillos.
Se salió e inmediatamente el segundo de ellos ocupó su lugar y empezó a coger a la chica.
El que había terminado estaba viniendo hacia nuestra celda, con su pantalón abierto, mirando a mi esposa, sonriendo.
«Vamos, el jefe dijo que nos limpies las pollas» La metió por entre los barrotes, como hizo el jefe antes. Kim la agarró y se la metió a la boca y empezó a lamerla y a chupársela.
Limpiarla no le debe haber llevado más de 2 o 3 minutos, pero mi esposa, al igual que hizo con el jefe, la chupó por muchos más minutos.
Lo que no veíamos nosotros, era que Kim se masturbaba con un dedo mientras chupaba esas pollas.
Vi que Mike le hacía señas a sus hermanas, señalando su bulto.
Ellas me miraron, y les hice señas que sí, que le hicieran lo mismo. Él también tenía de desahogarse. Y las mellizas estaban dispuestas a calmar a su hermano.
Él tampoco duró mucho, a los minutos estaba sacudiéndose. Dio un gemido y Megan lo recriminó.
Que ilógico que era todo en ese momento. Cuidándonos que Kim se diera cuenta lo que hacíamos a su espalda, mientras ella chupaba pollas de los policías y sin saber nosotros, se masturbaba.
Ya ni prestaba atención a la chica. Solo vi que venía el segundo de ellos hacia nuestra celda, mirando a mi esposa.
Ella seguía masturbándose, mientras lo veía venir.
La metió por los barrotes y empezó a chupársela.
Para nosotros era una bendición que ella no se diera vuelta ni una sola vez para mirarnos.
Y ella no quería hacerlo para que no supiéramos cómo lo estaba disfrutando.
Le hice señas a mis hijas que vinieran a mi lado. Ellas también debían desahogarse.
Las hice sentar una a cada lado, y sin perder tiempo, metí una mano a cada una, en sus shorts, dentro de sus tangas, y empecé a frotarlas bien rápido.
Les hice señas que no gimieran y las dos asintieron.
Busqué sus clítoris y se los frotaba con mucha velocidad.
La primera en correrse fue Megan. Agarrando mi brazo fuertemente con sus manos, dio varios espasmos, mordiéndose los labios.
A los pocos minutos Morgan la siguió, de igual forma.
Saqué mis manos y les sonreí, y ellas a mí. Megan apoyó su cabeza en mi hombro y susurró: «Te amo, pa»
Kim ya estaba limpiándole la polla al tercero.
Terminó y se quedó allí arrodillada, frente a los barrotes, por algunos minutos más.
La chica quedó tirada en las colchonetas, con semen saliendo de su vagina. Los cuatro se habían corrido dentro de ella.
[email protected]
15 Lecturas/10 febrero, 2026/0 Comentarios/por alejandra95
Etiquetas: amigos, colegio, hermana, incesto, mayor, recuerdos, sexo, vacaciones
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