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Dominación Mujeres, Infidelidad, Sexo con Madur@s

Unas vacaciones en el infierno de una familia 2

Al rato después de que se fueron, escuché a Morgan susurrarle a Kim: «Mamá, tengo que ir al baño» Había un baño en la celda. Estaba totalmente inmundo. Pero era la única opción que había. Kim solo gimió y yo no tenía idea de qué decirle a Morgan..

Quiero dar gracias a la personita que siempre fue importante en mi vida y ahora mucho más.
Con su revisión y aporte de algunas variaciones lo dejó mucho más entretenido.
El haber publicado el relato anterior nos llevó a re-descubrirnos.

Espero que en este, se respete el espaciado entre párrafos, pues el anterior, no sé el motivo, quedó sin espaciado y eso dificultó la lectura seguramente.

Al rato después de que se fueron, escuché a Morgan susurrarle a Kim:
«Mamá, tengo que ir al baño»
Había un baño en la celda. Estaba totalmente inmundo. Pero era la única opción que había.
Kim solo gimió y yo no tenía idea de qué decirle a Morgan.
Me incliné y susurré:
«¿No puedes aguantar?»
Morgan gimió y dijo: «Oh Dios, papá, lo he estado aguantando. Creo que me voy a hacer pis encima si no voy pronto»
Lo pensé por un minuto y dije:
«Tienes dos opciones. Te mojas encima, o tendrás que usar ese baño todo sucio que está allí contra la pared»

El baño no era otra cosa que un maloliente inodoro sin ningún tipo de privacidad.

Morgan se quedó en silencio por un par de minutos y luego dijo:
«No puedo evitarlo papá, tengo que ir al baño. Asegúrate de que ese pervertido de Mike no mire, por favor»
Hice que Mike se sentara al otro lado de mí, lejos de ese inodoro.

No dudé ni por un minuto que él conseguiría una visión si pudiera.

Kim se ofreció a ayudarle y Morgan aceptó. No es que le hiciera falta la ayuda pensé yo.
Las dos fueron hasta el rincón. Morgan se paró frente al inodoro y Kim le bajó primero el short y luego la tanga.
No sabía si mi esposa podría darse cuenta que mi hija estaba mojada.
Pero, si lo notó, no dijo nada en ese momento.
Kim le sostuvo las manos, y Morgan se agachó, sin tocar el inodoro, y empezó a hacer pis.
No tenía asiento, y aunque lo tuviera, estaría tan inmundo como estaba el artefacto.
Ella todavía estaba orinando cuando la puerta de la habitación se abrió y uno de los policías entró y se detuvo en nuestra celda, esbozando una sonrisa mientras veía.

Miraba lascivamente a Morgan y a Kim, que estaba casi desnuda, al lado de nuestra hija.

Sus piernas estaban anormalmente separadas, de modo que toda su vagina estaba a la vista, exhibiéndose.
Ella gimió humillada, pero no pudo detenerse. Continuó durante otro minuto antes de gotear.
Tenía lágrimas corriendo por sus mejillas por verse expuesta en esas circunstancias.
Luchó por ponerse de pie y Kim trabajó tan rápido como pudo.
Pasó los dedos por la vagina de nuestra hija, sacudiendo la mano luego para hacer caer las gotas de orina que tenía en ella. Repitió eso varias veces.
Eso debió darle mucho más morbo al policía. Que su propia madre estuviera tocándole la vagina y luego subiéndole la ropa.
Debe haberse preguntado, tal vez, ¿Por qué no se arregló la chica por su cuenta, si tenía las manos libres?

Cómo sea, vi que se tocaba el bulto sobre su pantalón.

Cuando Morgan ya había terminado, él se dio la vuelta y salió de la habitación sin decir una palabra.
Me di cuenta de que debían tener cámaras observándonos.
Debería haber sabido que había algo espiando.

Cuando él notó lo que iba a pasar, se apresuró a verlo de cerca y en persona.

Creo que, después de escuchar a Morgan orinar, el resto de nosotros también tuvimos ganas de orinar.
Yo ciertamente intenté desesperadamente pensar en cualquier otra cosa.
No quería darles la satisfacción que me humillara. No si podía evitarlo.
Mientras miraba a mi alrededor noté que Kim parecía ansiosa y también Mike.

En cuanto a Megan, sabiendo como son las chicas, que, si una va al baño, inmediatamente la otra también siente el mismo deseo, con seguridad quería orinar.

Ninguno de nosotros quería ser humillado como Morgan.

Así que todos nos paramos e hicimos como una muralla mientras uno de nosotros orinaba. Repetimos eso hasta que todos pudimos hacerlo.

Decidí que era hora de afrontar la realidad y preparar a Kim y las gemelas por lo que estaba seguro que iba a suceder en poco tiempo más.
Hice que se juntaran las tres, Megan, Morgan y Kim y les dije lo que pensaba:
«Todas vieron lo que le hicieron a esa joven de allá, a la novia del chico. No sé qué está pasando en este lugar malvado. 
No parece ser una estación de policía legítima, pero tampoco puedo estar seguro que no lo es. Lo que sí sé, es que ellos se sienten con todo el poder de imponerse. 
Todo eso me hace ver que no tenemos derecho a defendernos. Son varios y mucho más fuertes que nosotros.
Escucharon todo lo que le hicieron a la pareja desde que los detuvieron y vieron todo lo que pasó hoy. 
Hasta ahora no nos han hecho casi nada, ni siquiera a ti Kim, al lado de lo que le hicieron a esa chica, que desde que los detuvieron, la cogieron dentro del auto y le plantaron droga para acusarlos.
Pero estoy seguro que algo va a pasar y muy pronto. 
A ustedes tres las follarán y las violarán, y más de una vez. Y no podré defenderlas.
No sé si lo notaron, pero en su cinto llevaban picanas eléctricas. 
No me extrañaría que lleguen a usarlas si alguna se rehúsa a ser violada o abusada o hacer algo que pidan.
Así que, esto que diré suena terrible, pero deben dejarse hacer todo lo que ellos quieran.
Tampoco sé lo que le harán a Mike y a mí. Ya vieron lo que el chico ese tuvo que hacer y todas vieron el semen que caía de su culo cuando los trajeron del juzgado.
Lo mínimo que nos harán, en especial a ustedes, es violarnos»

Kim dijo que estaba segura que lo harán. Y las gemelas, al ver que no decían nada, era evidente que estaban de acuerdo en que pasaría.

Continué:
«Sé que esto suena horrible, pero para el propio bien de las tres, deben hacer todo lo que les digan. Obedecen sin protestar. 
Esas picanas son terribles y no podrán resistirlas cuando comiencen a usarlas en ustedes.
No quiero que las violen, pero más que eso, no quiero que las lastimen. 
Seamos honestos. Incluso si tuviera las manos libres, no habría forma de que pudiera defenderlas.
Pueden sobrevivir a una violación y cuando salgamos de aquí lo superarán. 
Por lo tanto, hay que concentrarse en sobrevivir en este lugar y salir de aquí. 
¡Y la única forma es haciendo todo lo que ellos pidan, por más humillante y degradante que sea!

¿Me entienden?»

Asintieron con desaliento. Me rompió el corazón.
Aquí estaba yo diciéndole a mi esposa y a mis hijas que se sometan a la violación.
No me hizo sentir como un gran hombre.
Tan horrible como suena, honestamente pensé que era la mejor alternativa.
Había visto la mirada de horror en los ojos de esa pobre pareja de novios y habían sido atormentados antes de que se rindieran.

Lo tendrían difícil sobreviviendo a esto con sus mentes intactas si hoy no hubieran aceptado la realidad y decidir entregarse y someterse a todos estos policías.

Uno de los agentes entró con un civil empujando un carro de metal. Llegaron a nuestra celda y se detuvieron y me di cuenta de que nos iban a alimentar. El agente le dijo al civil:
«Espere aquí. Déjeme ver qué quiere el jefe qué haga con ellos»
En un par de minutos él regresó y junto al civil se dirigió a la celda de la pareja y les dio la comida.
En pocos minutos, el jefe entró y se detuvo en nuestra celda. Nos miró fijamente durante un minuto y luego preguntó:
«¿Van a dar problemas o van a dejarse someter a lo que deseemos?»
Respondí tan tranquilo y calmadamente cómo la situación me lo permitía:

«Toda mi familia y yo haremos todo lo que nos pidan»

Nos observó durante un minuto y luego dijo:
«No verás al juez hasta mañana. Tuvo un día duro hoy con la loca esa y con la pareja de novios.
Dales de comer a esta familia.
Si no hacen lo que deben, la pasarán muy mal»

El agente se rio entre dientes ante eso y el jefe le dio una mirada cómplice. Luego se fue.

El agente vino a la celda y el civil empezó a llenar los cuencos con algún tipo de sopa aguada, pasándolos a través de una ranura en los barrotes.

Entregó cinco plásticos con sus cucharas y se fueron.

No habíamos comido desde el desayuno, pero no teníamos apetito abundante. La sopa aguada apenas era comestible.
Yo comí el mío y me aseguré de que todos los demás comieran el suyo.

Sospechaba que íbamos a necesitar nuestra fortaleza. Se los hice saber y lo entendieron.

Logramos comer nuestra cena y luego hice que todos vinieran a formar un semicírculo de espaldas al inodoro, tal como hicimos antes, dando una pequeña privacidad para cualquiera que lo use.
Uno por uno vaciamos nuestras vejigas.
Después, cada uno de nosotros se trasladó a una litera.
Sólo había cuatro catres para los cinco, así que las gemelas compartieron uno.
Probablemente lo habrían hecho de todos modos, ya que estuvieron muy unidas con todo lo que sucedió.
No había ventanas en la habitación y habíamos perdido toda noción del tiempo.

Nadie durmió de inmediato. Todos estábamos demasiado asustados para poder hacerlo.

Escuché a las gemelas susurrando entre ellas y yo preocupado por lo que les pasaría.
No lo sabía, de hecho, pero me sorprendería mucho si alguna de ellas aún era virgen.
Uno trataba de observar lo que hacían, pero pasaban tiempo fuera de casa y con sus novios. Así que había una gran posibilidad que no fueran vírgenes ya.

Eso no quería decir que fueran promiscuas.

Se quedaron en silencio después de un rato y creo que estaban finalmente dormidas.
Mike parecía que estaba durmiendo.
Finalmente se había relajado de todos modos. Todo estaba tranquilo en la habitación.

Miré a la pareja y ambos estaban acostados en una litera cada uno, tomados de la mano.

Kim se acercó y se sentó en el borde de mi catre y yo me deslicé hacia atrás y la jalé hacia mí.
Las camas eran pequeñas, pero eran fuertes y aunque no teníamos mucho espacio, se sentía bien estar cerca y la abracé.
Estábamos apretados y nos reconfortaba estar cerca.
Me miró fijamente y al fin me dijo:
«¿Me perdonas?»
«¿Porqué?» Le pregunté yo a su vez.
«Dije cosas a los policías en el camino que debieron herirte» Dijo al fin.
«No importa. Soy consciente que nuestro matrimonio no iba bien sexualmente. 
Estoy sospechando que harás cosas peores que haber dicho eso. Algunas ya las has hecho. Pero pienso que habrá peores que esas.
No solo te violarán, te harán hacer cosas. Veo que son muy perversos»  Le dije muy sinceramente.

Se arrimó, tomando mi rostro en sus manos, y me dio un suave y largo beso.

Casi me había quedado dormido cuando la puerta principal se abrió de golpe y entró el jefe con dos agentes, llevaban de nuevo esas picanas.
Caminaron con paso decidido y gritó:
«Está bien novios. De pie. Es hora de ir a trabajar»
Miró amenazadoramente a la joven pareja. Ellos estaban obviamente intimidados.
Los llevaron fuera de la habitación, sin saber a donde.
Las gemelas y Mike se despertaron y preguntaron que había pasado.
Kim les dijo:
«No sabemos, entraron y se llevaron a la parejita»
«Dijeron que a trabajar» Les aclaré yo.
«¿De noche? ¿Qué clase de trabajo es de noche?»
No supe que decirles.

Nos quedamos solos en la gran habitación, pero estaba seguro de que estábamos siendo observados.

Finalmente nos quedamos dormidos.
Nos despertamos después de lo que parecía ser varias horas, desde que vinieron a buscarlos, cuando la puerta se abrió, trayendo de regreso a la pareja, devolviéndolos a sus celdas.
Nos sentamos en nuestras literas y nos quedamos impactados al ver que seguían desnudos, incluso el chico.
Parecían tener una mirada aturdida en sus rostros.
Estaban cojeando, sucios de semen y haciendo muecas a cada paso que daban.
El jefe no estaba allí. Solamente dos agentes los escoltaron hasta su celda. Pero no se fueron.

Vimos a los agentes desvestirse y cómo se follaban a la chica entre los dos juntos.

Ella estaba tirada en el suelo, si siquiera la pusieron sobre una colchoneta, con las piernas abiertas y los brazos a los costados. No se movía.
Uno la cogía por la vagina y el otro se subió a su cabeza y la follaba por la boca.
Se corrieron en ella, se vistieron, y se fueron. Sin decir absolutamente nada.
Tan pronto como salieron de la sala entraron dos agentes más y empezó todo de nuevo.
Los sonidos eran obscenos y la chica seguía sin moverse.

Dudo que hubiera podido. Por como caminaban cojeando era obvio que un grupo numeroso debieron cogerlos. Seguramente más a la chica que a al novio.

Megan miraba asombrada lo que sucedía. A Morgan le caían unas lágrimas, sentía pena por la chica y mi esposa, por su mirada, no podía dar crédito como se habían ensañado contra esa niña.
Mike, por otro lado, parecía estar tratando de mirar, sin que nadie se diera cuenta. Me enojó al principio, y tuve que recordarme que tenía solamente catorce años.

Probablemente yo hubiera hecho lo mismo a su edad.

Todo quedó en silencio después de que los agentes se fueron.
Solo escuchábamos al novio rogándole que se levantara y se acostara en un catre, pero ella seguía inmóvil, mirando el techo.
Yo no sabía que decirle a mi familia.
Solamente se me ocurrió:
«A esto me refería antes. Si ustedes fueran esa chica, yo no podría hacer nada para defenderlas y ustedes serían cogidas como se lo hicieron a ella»
Las tres asintieron
Kim las miró y agregó:
«Chicas, cuando pase, porque sé que va a pasar, hagan lo que su padre les dijo, no se resistan. ¿Les quedó claro?»

Las dos asintieron, mientras seguían mirando a la chica en el suelo.

Finalmente volvimos a dormir, pero nos despertamos nuevamente cuando otra pareja de agentes entró y violó a los dos.
Esta vez no fue solamente a la chica.
Cuando terminaron y salieron de la habitación, otro agente regresó y violó a la novia.

Supuse que ese era el turno de noche.

Finalmente volví a dormirme y solo me desperté una vez, cuando una de las gemelas tiró de la cadena.
No volví a despertarme hasta que llegaron con la comida, en un carrito y repartieron cuencos de lo que yo creí que era avena.
Estaba tibia y era horrible.
Ninguno pudo comerla.
También repartieron tazas de café negro fuerte y sabía horrible y nuestros hijos no bebían café. Pero era lo único que nos habían dado de beber.
Aún así, le di un sorbo, pero fui el único que lo hizo.

La pareja seguía en sus catres sin moverse. No podía decir si dormidos o despiertos.

Pasó algún tiempo antes de que algunos agentes entraran y los sacaron de sus celdas.
Todos estaban todavía desnudos y comprensiblemente cohibidos.
Se los llevaron sin decir nada.
Pude verle visibles marcas de mordidas en sus dos tetas y su nalga como si hubiera sido golpeada con algo.
Había varias marcas rojas y moradas. Fue con un cinto o alguna vara de madera pensé.

Mis hijas miraban asustadas.

Probablemente fue media hora después de eso cuando el jefe entró, se paró frente a nuestra celda y nos ordenó que nos pusiéramos de pie.
Nos miró y preguntó:
«Todos ustedes comparecerán ante el juez en unos minutos. ¿Se van a portar bien o necesitan que los espose?
Le prometí que nos comportaríamos y le pregunté si podría conseguir algo de agua para beber.
Puso los ojos en blanco como si esa fuera una especie de petición escandalosa.

Finalmente dijo que enviaría a un agente con agua en unos minutos.

Cinco minutos después, un agente regresó y recogió nuestros cuencos y tazas y nos entregó a cada uno un vaso de papel lleno de
agua.
Un cepillo de dientes también hubiera estado bien, o mejor aún, un baño con ducha y lavabo.

Así y todo, estábamos agradecidos por el agua.

Terminamos el agua y luego todos tuvieron que ir al baño otra vez.
Usamos nuestro sistema de ponernos de pie, de espaldas al inodoro.
Ni siquiera sabíamos dónde estaban las cámaras, así que no sabíamos lo efectivo que fueron nuestros esfuerzos.
Estaba pensando en que después de hoy, probablemente estaríamos mucho menos preocupados por la desnudez y las funciones corporales.

Tuve un muy mal presentimiento sobre lo que nos iba a pasar aquí, en especial a mi esposa y las gemelas.

El jefe regresó después de que todos habíamos usado el baño.
Él abrió la celda y Kim le pidió la camisa que tenía puesta cuando nos detuvieron o algo para ponerse porque estaba semi desnuda, con las tetas al descubierto.
Él levantó una mano pellizcándole ambos pezones. Fue un par de minutos, pero parecieron muchos más.
Mi esposa se dejó tocar los pezones y bajó la cabeza, mirando el suelo.
Todos veíamos cómo el policía mansoeaba mi esposa libremente.
Morgan me miró, creo que asombrada por cómo Kin no oponía resistencia alguna, y volvió a seguir mirando a su madre.
Finalmente, él dejó de hacerlo y le dijo:
«Así estás bien, no debes cubrir esas bellezas. ¡Vamos!» 
Cada vez me gustaba menos todo esto.

Comparecer ante un juez, con las tetas a la vista. ¡Dios!

Nos ordenó que lo siguiéramos.
Nos condujo a una pequeña sala que había sido habilitada como sala de audiencias.
Cuando entramos ya vi a tres mujeres y un hombre, sentados en bancos, frente al gran escritorio donde el juez se sentaría.
Obviamente habían estado allí por un tiempo y los cuatro estaban completamente desnudos.

Con Kim nos miramos y noté que tampoco le gustaba lo que sucedía en este juzgado.

Nos ordenaron sentarnos en un banco largo detrás de ellos cuatro.
Vi a Mike mirando fijamente hacia ellos.
Mi esposa trató que él no fuera tan descarado, con poco éxito. Las gemelas también miraban atentamente a ellos cuatro.
No había nada que pudiera hacer al respecto.
Entonces me recordé a mí mismo que realmente no importaba ya nada de eso.
Puse mi brazo alrededor de Kim y nos sentamos y esperamos a ver que sucedía en esa sala.
No se tranquilizó, pero lo terminó aceptando.
Finalmente, un hombre salió por una puerta lateral y el jefe dijo:

«Todos de pie. El Honorable Rick Cheney»

Nos pusimos de pie y un hombre regordete y calvo con una túnica larga y negra entró.
Parecía que se había tomado muy en serio todo. Se movió detrás del escritorio y dijo:

«El tribunal vendrán al orden, tomen asiento»

Todos nos sentamos, él miró algunos papeles en su escritorio por un minuto y luego nos miró.
Su mirada se detuvo en las gemelas, luego se volvió hacia el jefe y le asintió.
Él se adelantó y dijo:
«Su señoría, la prisionera Sandra Day ha sido recomendada para conmutación. 
Como saben, el viejo Ford murió hace unos días. Hace tiempo que tenía cáncer y ella lo cuidó muy bien, incluso cuando ya estaba postrado en la cama. 
Atendió todas sus necesidades, incluso las íntimas.

Así que en agradecimiento su familia recomendó que se conmutara su condena»

El juez miró los papeles que tenía sobre el escritorio durante un minuto, luego miró hacia arriba y dijo:
«Así lo ordeno. Señorita Day, sus posesiones le serán devueltas y usted podrá irse hoy, si lo desea. 
Puedes regresar en cualquier momento. 

Siguiente»

El jefe, entonces, dijo:

«Su señoría, Daniel y Maureen, los Peters, han cumplido tres cuartas partes de su condena, sin demasiados problemas y son  recomendables para libertad condicional»

El juez dijo:
«Así lo ordeno, sus pertenencias serán devueltas también y liberados hoy. 
Siguiente»

El juez no dejaba de mirar a las gemelas.

La mujer que quedaba, frente a nosotros, comenzó a sollozar en silencio y el jefe dijo:
«Su señoría, Carol Stein ha servido siete días de una condena de treinta días. Anoche ella rechazó una orden»
El juez miró fijamente a la mujer que había comenzado a llorar y le ordenó que se pusiera de pie.
Cuando estuvo de pie, él preguntó:
«¿Tiene algo que decir en su defensa, señorita Stein?»
Ella miró al juez y dijo:
«Su señoría, él … ¡Me ordenó follar con su perro!»
El juez continuó mirándola fijamente por un momento más y luego dijo:
«Treinta días más por desacato. La próxima vez, haga lo que se le ordene.

Próximo»

La mujer gritó:
«¡No! Oh Dios, no, su señoría, por favor. ¡Él quería que me follara a su perro y me decía que luego serían otros más!»
El jefe hizo un gesto con la mano y dos agentes la sacaron, mientras ella lloraba histéricamente.
Las gemelas se miraron asustadas por lo que veían. Se habían tomado de la mano.

Ahora era nuestro turno y después de escuchar lo que sucedió con Carol Stein, yo estaba aún más preocupado de lo que había estado antes.

Estábamos sentados en el segundo banco desde el frente.

Nos ordenaron que nos pusiéramos de pie y el jefe nos hizo pasar al primer banco, aproximadamente a unos dos metros del escritorio del juez.

Nos miró mientras el juez decía:
«Su señoría, Carlos Snow, Kim Snow, Morgan Snow, Megan Snow y Michael Snow, están acusados de obstruir la carretera, no detenerse ante una luz azul y una sirena, resistirse al arresto e intento de agresión a un agente de policía en el desempeño de sus funciones»
Cuando escuché todo eso sentí que mis rodillas se debilitaban.
El juez simplemente nos miró fijamente y luego me miró a mí y preguntó:

«¿Tiene algo que decir?»

Tenía la garganta tan seca que apenas podía hablar. Así y todo intenté defenderme:
«Su señoría, todo es sólo un malentendido. Puedo explicarlo»
Cuando intenté explicarle, me interrumpió:

«Te lo preguntaré. ¿Cómo se declara usted, señor Snow?»

«No culpable, señoría» Logré decir.

Él asintió y luego miró al jefe, quien le dijo:
«Lo que pasó ayer, desde su perspectiva distorsionada, él en realidad no dijo una mentira, solo manipuló la verdad un poco»
Cuando terminó, el juez se volvió hacia mí y me dijo:

«¿Es eso es lo que pasó, señor Snow?»

«Intenté explicarle. Intenté decirle que no me negué a detenerme. Solo había conducido hasta encontrar un lugar para salir y estacionar. Intenté explicarle que yo estaba en ese camino por error. Habíamos tomado un giro equivocado. 
Le expliqué que no me había resistido al arresto y qué Mike intentaba defenderme cuando salió corriendo para ayudarme.

Difícilmente podría constituirse un asalto a un oficial de la policía»

Sabía que todo era una pérdida de tiempo, aún así, lo intenté.
Me dejó hablar, pero me miró fijamente, como si yo estuviera insultando su inteligencia y solo era otro mentiroso criminal.
Me dejó terminar, luego levantó su mazo y dijo:

«¡Culpable!»

Golpeó el mazo y luego dijo:
«Todos están condenados a treinta días de servicio comunitario. Se los pondrá a trabajar en la taberna Fin del Camino o en cualquier otro lugar que el feje policial considere oportuno. 
Deberán cumplir cualquier orden que se les de, sin importar cual sea.
Todo eso hasta que se decida que han cumplido la sentencia, lo que se resolverá en su momento.

¿Desea apelar la sentencia?»

Recordé a la pareja de novios y que estaban en esa celda haciéndolos recapacitar sobre su falta de aceptación de la situación. Entonces me di cuenta que todo era un juego malvado.
No era descabellado pensar que deseaban que apeláramos, para someternos de la misma forma en que abusaron a la pareja, siendo violados repetidamente.
Negué con la cabeza y dije en voz baja:

«No, señoría»

Mientras mi esposa y mis hijas lloraban en silencio a mi lado,
El juez dijo:

«Es hora de pagar las costas judiciales»

Mientras hablaba, miré alrededor y conté 8 ayudantes más el jefe de policía y todos estaban con la picana eléctrica.
Se habían movido para colocarse cerca de nosotros.
Me di cuenta que ya estaba empezando. Nos tocaba a nosotros.
El juez nos observó mientras decía:

«Jefe, proceda como siempre»

El sheriff se movió detrás de nosotros y dijo:
«Necesito que se desnuden ahora, por favor»
Sabía bien que ese «Por Favor» era puro teatro. Por dentro, ellos, estaban esperando que no cumpliéramos con algo para someternos violentamente.
Kim y las chicas me miraron, me giré hacia ellas y les dije:

«Recuerden bien lo que les dije. No hay alternativa»

Observé cómo Kim tomó la iniciativa. Lentamente se bajó la falda y la dejó caer al suelo. Se agachó, la levantó, y la acomodó en el banco, detrás de ella. Quedó desnuda inmediatamente porque era la única prenda que tenía puesta. La tanga se la había echo sacar el jefe en el camino.
Miró a las gemelas, y les dijo:
«Vamos chicas, desnúdense ambas, no empeoren las cosas»

Kim estaba completamente desnuda, mirando a las gemelas.

Para una madre de treinta y un años con tres hijos, Kim tenía un cuerpo extraordinario.
Se parecía mucho al de nuestras dos hijas de quince años.

Sus tetas eran un más grandes y tal vez no tan firmes como lo habían sido hace veinte años, pero ella todavía lucía genial y sabía que ella estaba orgullosa de su figura.

Mis hijas ahora gimoteaban, pero finalmente empezaron a obedecer.
Se quitaron la camiseta y el top y las pusieron en el banco.
Al juez y a todos los policías, parecía divertirles ver el sufrimiento de mis hijas al desnudarse.
Megan comenzó a bajarse el short y le dijo a su hermana:
«Vamos Morgan, debes desnudarte. Sabíamos que esto iba a ocurrir»
Ella asintió con la cabeza y empezó a bajarlos también.
El short de Megan ya estaba en el suelo. Se agachó, lo levantó y lo puso sobre el banco.
Supongo que no contribuía para ellas que todos en el juzgado, incluso nosotros, su propia familia, estaban mirándolas.

De reojo pude ver el bulto en Mike. Se había excitado viendo a sus hermanas desnudarse.

Enseguida Morgan estaba poniendo su short al lado del de su hermana.
Se escuchó la voz del jefe diciendo:
«Sería mas interesante si las dos hermanas se desnudan mutuamente»
Miraron a su madre quien les hizo señas con la cabeza que obedecieran.
Las gemelas se miraron una a la otra.

La que tomó la iniciativa fue Megan.

Pasó los brazos por debajo de los de su hermana, la atrajo hacia ella y los llevó a su espalda. Buscó el gancho del brasier de Morgan y lo desprendió.
Con suavidad y cuidado, lo sacó. Morgan se retiró para dar lugar a sacarlo de sus brazos.
Megan lo puso sobre el banco.
Los pezones de Morgan, sorprendentemente, estaban algo duros. Eso no quería decir que estuviera excitada, pero a la vista de todos ellos, debió darle placer verlos.

Sus tetas estaban bien desarrolladas. Debían tener unos 88 cm de tamaño.

«Vamos hermana, te toca a ti ahora. Sácame el brasier» Le dijo Megan, parecía que estaba decidida a dejarse llevar por el juego de estos pervertidos.
Morgan la miró y asintió en silencio.
Pasó los brazos por detrás de Megan, desprendió el brasier y bajó los brazos.
«No Morgan, debes sacármelo tú y ponerlo en el asiento» Le dijo Megan
Rápidamente Morgan obedeció a su hermana.

Las dos quedaron mirándose de frente. Los pezones de Megan estaban duros, y recordando los varios roces que ella provocó abrazando a Morgan en la celda, me hizo pensar que realmente estaba excitada con este juego.

Megan abrazó a su hermana, provocando que sus pezones se rocen libremente y le dijo algo al oído a Morgan, que asintió levemente con la cabeza.
Morgan se movió un poco, haciendo que sus pezones se rozaran varias veces. Enseguida los de Morgan se pusieron bien duros.
Se separaron un poco y Megan se fue agachando, hasta quedar arrodillada frente a su hermana.
La miró fijamente a los ojos, y le dijo que separara un poco las piernas, a lo que Morgan obedeció.
Ella fue bajando la tanga, despacio. Cuando llegó abajo de las rodillas, tomó uno de sus pies y lo levantó suavemente, tirando de la tanga para sacarla de ese pie.
Morgan se sostuvo de los hombros de su hermana.
Ese movimiento hizo que sus piernas se abrieran generosamente, dejando una espléndida vista de su vagina, en especial para el juez.

No había necesidad, pero Megan hizo el mismo movimiento con el otro pie.

Megan se levantó, tomó las manos de Morgan y le dijo:
«Ahora tú, sácame la tanga, tal como yo lo hice contigo»
Cuando le tocó levantar la pierna para que Morgan saque la tanga de ese pie, Megan misma se abrió exageradamente, y se detuvo unos segundos en esa posición.
Lo mismo hizo con el otro pie.
Todos estaban completamente absortos, mirándolas desnudarse.

Ni cuenta me había dado yo que los tres agentes que estaban cerca mío, al ver que yo no iba a provocar ningún problema, se habían alejado de mí para ver mejor a mis hijas desnudarse.

Finalmente, Megan y Morgan, se dieron vuelta y miraron al juez de frente, tomadas de la mano.
«¿Estuvo bien de esa forma, señor juez?»

Mi esposa fue al lado de ellas y tomó la mano de Megan, quien la miró y le dedicó una leve sonrisa.

 
El juez, el jefe y todos los 8 ayudantes ignoraron a Kim. Todos miraban, más bien debería decir que devoraban con la mirada, a las gemelas, ya desnudas.
Me di cuenta que yo también las miraba obsesivamente. Recordé a Mike, lo miré, y vi que estaba igual.
Se me había hecho un bulto enorme. Me había excitado mirando a mis hijas desvestirse, en especial la parte última.
Presté atención a Mike y vi su bulto también.
Supuse que iba a verlas desnudas por mucho tiempo en lo sucesivo.
Aunque las había visto en bikinis reveladores y varias prendas diminutas que usaron durante los últimos años, quedé asombrado por lo hermosas y sexys que eran.

Finalmente, miré al juez. Nadie notó que lo hice. Todos estaban absortos en mis hijas. Tuve que frotarme el bulto, sobre el pantalón, para calmar la tensión que sentía.

El juez ordenó a las tres acercarse. Cuando estaban justo frente a su escritorio, a poca distancia de él, nos ordenó a Mike y a mí que nos desvistiéramos. Pero no nos miró hacerlo.
Ordenó a mi esposa y a las gemelas que estiraran sus brazos, supongo que sintieran humillación, porque no tenía mucho sentido.
Luego le preguntó a Megan:

«Entiendo que tú y tu hermana tenéis quince años, ¿Eres virgen?»

Megan ya estaba tan roja como podía estarlo, estaba obviamente avergonzada por la pregunta.
Después de una breve vacilación, ella respondió:
«No, su señoría», y rápidamente miró a Kim.
Mi esposa, al escuchar la repuesta, cerró los ojos brevemente, y largó un suspiro.
Supongo que sintió alivio igual que yo.

Sabía que iban a violarla repetidas veces y si era virgen, iba a sufrir aún más.

«¿Cuando fue, con quien?» Preguntó nuevamente.
Megan volvió a mirar a Kim, quien le asintió.
Mi hija respiró hondo y suspiró. Finalmente dijo:
«Hace tres meses y fue con mis amigos, en la fiesta del cumpleaños de mi hermana y mío» Contestó ella, visiblemente avergonzada.
«Cuéntame cómo fue»  Indagó él nuevamente.
«¿Es necesario eso?» Preguntó Megan, como rogando que desistiera de la pregunta.
«Absolutamente sí. Quiero saber que tan puta eres, ya que no eres virgen.
Será mejor que no omitas nada, porque si descubro que lo has hecho, te vas a arrepentir de por vida» Le respondió, no dando lugar a escaparse con la repuesta.

Megan cerró los ojos, respiró profundamente, y comenzó a hablar.

 
«Estaba en la fiesta con mi novio, y él se molestó porque yo bailaba con mis amigos. Entonces comenzamos a discutir y él dijo que iba a irse de la fiesta. 
Le dije que lo hiciera, que no me importaba. Que yo tenía a mis amigos para divertirme. Y él se fue.
Yo quedé muy molesta con él. Así que fui con mis amigos, dispuesta a divertirme como sea.
Comencé a provocarlos, rozándome en sus cuerpos, abrazándolos, sonriéndoles, mientras bailaba. Ellos empezaron a hacer lo mismo. 
Mi familia no podía verme.
Empezaron a tocarme con las manos por mi cuerpo y me puse muy caliente. Abrieron el vestido y metieron las manos dentro. 
Yo misma los incité a que siguieran. Empecé a besarlos a todos. Incluso con lengua. 
Ellos metían sus manos bajo mi ropa y yo empecé a tocar sus pollas, primero sobre sus pantalones y después metí la mano dentro y los pajeaba, por momento uno y luego a otro y después a otro. Así a todos. Eran seis.
Atrás del salón había un muy gran parque, lleno de plantas bien tupidas. Me dijeron que fuéramos allí y acepté con una sonrisa.
Tenía la intención de chupárselas a todos. Ya se lo había hecho a mi novio algunas veces, pero nunca dejé que él me follara.
Me llevaron detrás de uno de esas plantas tupidas y se las fui chupando a cada uno. 
Ya dos habían acabado en mi boca, escupiendo el semen al pasto. Con mi novio tampoco lo había tragado.
Quisieron sacarme el vestido y dejé que lo hagan. Ya desnuda, me acostaron en el suelo, de espalda, y uno se subió encima, apoyó su polla en mi vagina y empujó fuerte.
Grité que no lo hicieran, que solo se las iba a chupar a todos. Él siguió empujando, y los chicos me agarraron de los brazos y sostuvieron mis piernas abiertas.
El chico empujó otra vez y la metió un poco, la sacó y volvió a meterla y allí me rompió y la metió hasta el fondo de mi vagina.
Le dije que me dolía, que la sacara, y no le importó.
Todos festejaron y yo sollozaba. El siguió cogiéndome, aunque yo gritara, hasta que se vino dentro de mí. 
Cuando la sacó, de mi vagina salió su semen y sangre. 
Yo estaba destruida, no era como pensaba perder mi virginidad.
Pensaba perderla con mi novio, pero quería que fuera un momento especial.
Inmediatamente su subió otro y empezó a cogerme violentamente, igual que el primero. Y uno se subió a mi cabeza y metió su polla en mi boca. 
Como no la chupaba, me retorcieron los pezones con fuerza y a decirme que debía chuparla. Empecé a hacerlo.
Me tuvieron así durante no sé qué tiempo, supongo que más de una hora, hasta que todos me follaron. 
Cuando terminaron y me vestí, me mostraron las fotos que habían sacado, haciéndome burla y diciéndome que eso me había pasado por calentarlos.
Regresaron a la fiesta. Yo me quedé allí, sentada en el suelo, llorisqueando. 
Finalmente me arreglé y también regresé a la fiesta.
Vi que varios estaban mirando sus celulares. Mientras iba a un grupo de chicas, vi que ellas también lo hacían. 
Los malnacidos estaban pasándose las fotos entre ellos, incluso con las chicas.
Muchas chicas se reían de mi, otras sentían lástima por lo que me habían hecho y trataban de consolarme.
Vino un grupo de chicos, parte de los otros y otros distintos, eran ocho, y me querían llevar a un rincón del enorme salón, en un recoveco que había allí.
No quería ir, pero me amenazaron con que las fotos iban a llegar a mi familia. 
De mala gana acepté que me llevaran.
Algunas chicas también habían ido, para ver lo que iban a hacerme.
Tuve que dejarme manosear y besar por cualquiera de ellos. Me desnudaron de nuevo. 
Metían sus dedos en mi vagina, pellizcaban mis pezones, me besaban entre todos, lengüeteaban mi cara.
Las chicas que habían ido a ver, se burlaban de mi.
Uno me empujó contra la pared, poniéndome de frente a ella, apoyada con mis manos. 
Me abrieron las piernas y de nuevo empezaron a cogerme. Algunos deben haberme cogido dos veces, porque sentí que fueron más de ocho veces. No sé cuantas, pero varias más sí.
Sentía como chorreaba por los muslos.
No solo me follaban, también maltrataban mis tetas y pezones.
Cuando uno terminaba, sentía como otro se ponía detrás de mi y me la metía.
Cuando terminaron, me dejaron tirada en el suelo. 
Sentía el semen salir de mi vagina y vi cómo caía al suelo, haciendo un charco.
Dos de las chicas que me consolaban antes, se arrimaron, me limpiaron con sus pañuelos, me vistieron, me llevaron al baño y me lavaron.
A los días tuve que verlos, porque me chantajearon con las fotos. Me hicieron subir a un auto y me llevaron a un descampado y me cogieron todos, eran cinco chicos. 
Eso se fue repitiendo varias veces hasta ahora.
He tenido que decirle a mi novio que no podía salir con él o que estaba cansada y no tenía ganas, para poder salir en el auto con los chicos.
A veces me llevaban a un departamento o casa donde esperaban otros más y me cogían entre todos juntos.
Cuatro veces tuve que mentir a mi novio y mis padres, porque ellos me llevaron a fiestas, donde tuve que consumir droga y alcohol, bailar y hacer cosas con otra chica, delante de todos, y luego me convirtieron en la puta de la noche de todos los chicos.
Tiraron un colchón al suelo y me cogían entre todos juntos. Si me lo pedían, en el medio tenía que enrollarme de nuevo con la chica.
Otras veces, íbamos en el auto, y debía besarme en todo el trayecto con alguna otra chica, mientras ellos me manoseaban.

De esas chicas, dos eran amigas y estaban en el cumpleaños»

 
Hubo un silencio. No sabíamos si había terminado. Megan miraba el suelo. Kim la tomó del brazo y ella sacudió la cabeza, negativamente. No quería mirarla.
El juez había abierto su túnica negra y se estaba masturbando despacio. Que pervertido era, debajo de la túnica estaba desnudo.

Morgan parecía estar al tanto de lo que hacía su hermana, porque no había asombro en ella. Mike sí lo estaba y me miraba.

Finalmente, el juez habló:
«Vaya, te convirtieron en una pequeña gran putita. O sea que, no puedes decir cuantas veces te han cogido desde que te rompieron la virginidad, ¿no es así?»
Megan sacudió negativamente la cabeza, mirando el suelo.
Luego balbuceó:
«No se cuantas veces lo han hecho en estos meses»
«¿El culo te lo han roto?» Él preguntó.
«Sí, pero no fueron tantas veces que me cogieron por atrás, cómo sí por la vagina» Dijo Megan.
«Que desperdicio nena, porque tienes un culo para romperlo mil veces»

Mientras le dijo eso, con una mano se pajeaba y con la otra manoseaba el culo de Megan, quien estaba quieta sin moverse ni hacer nada para evitarlo.

«Y tú pequeña, ¿Te hicieron lo mismo que a tu hermana? ¿También los amigos te cogieron en el cumpleaños?»
«No, a mi no. Solo he follado algunas veces con mi novio. Solo con él» Le contestó Morgan.
«Vaya, eres fiel a tu novio entonces. Habrá que cambiar eso sin dudas. Lo harás bien cornudo mientras estés acá. 
Quien sabe, a lo mejor, cuando finalmente regresen, vaya saber en cuanto tiempo, decidas dejarlo.
¿Te agrada la idea de prostituirte?
Porque eso es lo que harán las tres» Agregó el juez.
Las tres habían bajado las manos y Kim sostenía las de ambas. Cuando el juez dijo eso, noté que se las apretaba con fuerza.
Él metió dos dedos en la concha de mi esposa, los movió, y cuando los sacó, exclamó:
«¡Vaya! ¡Qué tenemos acá! Estás empapada, zorra. ¿Te excita tener una hija tan putita? ¿O te excita la idea de prostituirte?»
Kim no dijo nada. En ese momento miraba el suelo. Él la había puesto en evidencia.
No fue lo de prostituirse, si no, todo lo que le habían hecho a su hija e imaginarla así. Eso fue lo que excitó a Kim.

¡Y se sentía culpable por eso, por excitarse escuchando cómo su hija fue abusada y usada!

Él se quedó mirándonos fijamente, supongo que para ver mi reacción a lo que había dicho.
Nuestras pollas ya no estaban tan duras como hacía un momento. A ambos nos había afectado saber cómo Megan había sido abusada y violada tantas veces por los amigos y lo que dijo el juez recién de prostituirlas.
Me daba vergüenza estar desnudo, pero era aún peor porque ver a mi esposa y mis hijas desnudas había hecho que se me pusiera la polla bien dura, aunque ahora había disminuido.

Sé que suena horrible, pero como a Kim le gustaba decir siempre que me ponía así por alguna otra chica: «¡Sólo soy un hombre!»

Mike tenía el mismo problema. Teníamos nuestras manos sobre nuestros genitales.
El juez empujó su silla hacia atrás y dijo:

«Megan, ven aquí»

Megan miró a Kim, quien le hizo señas, moviendo la cabeza, que fuera y le soltó la mano.
Lentamente dio la vuelta al escritorio del juez y se paró frente a él.
El juez le ordenó que se diera la vuelta. Ella giró sobre sus talones, dando una vuelta.
Él la miró mientras giraba, le sonrió y le dijo:
«Tan hermosa que eres. Lo mejor que hizo tu padre es tomar ese camino. Vamos a disfrutar de este cuerpo que tienes. 
Yo seré el primero.
¿Cómo se llama tu novio, cariño?»
«Marco», dijo Megan, en voz casi audible.
Sin preaviso el juez levantó su mano y entrujó en sus dedos uno de los pezones de mi hija, que dio un alarido lastimoso de dolor, doblando sus piernas.
El juez bramó:
«Soy paciente, voy a domesticarte.
Si pregunto algo, me respondes bien, que te oigan todos»

«Marco, se llama Marco mi novio» Ahora sí dijo Megan en voz muy alta.

El juez volvió a levantar su mano y exploró sus tetas, manoseándola como quiso.
Cuando él lo hizo, vi a tres ayudantes del jefe, acercarse para vigilarme, por si yo decidía reaccionar.
Nos vigilaban a Mike y a mi, atentos a cualquier movimiento que hiciéramos.
Cuando estuvieron seguros que no haría nada, más que mirar como abusaban de ellas tres, volvieron a ver al juez molestar a Megan.
«¿Quieres llamar a tu novio y decirle que lo vas a hacer cornudo?» Dijo con burla él.
Megan sacudió negativamente la cabeza, y luego reaccionó, y contestó:
«No, por favor no me haga llamarle para eso»
«Es cierto, no es buena idea. Tal vez te pregunte donde estás en este momento. No, mejor no hacerlo.

¡Pero cuanto morbo daría hacerlo!» Agregó el juez.

El jugó con sus pezones hasta que se le pusieron totalmente erguidos, luego movió su mano hacia abajo, hasta su pequeño y claro mechón de vello púbico rubio. Pasó su manos a través de él y luego le indicó a Megan que se abriera de piernas.
Megan solo las separó un poco, entonces, rápidamente, él levantó una mano, agarró un pezón y se lo retorció y estiró hacia afuera.
Megan pegó un alarido fuerte y dobló sus piernas, sin caer al suelo.
Él, soltándola, le dijo:
«Mira, vamos a dejar algo en claro. Esta te la dejo pasar porque recién comenzamos contigo y con toda tu familia. Pero la próxima que no obedezcan una orden o no la cumplan adecuadamente, van a ser severamente castigados, y te aseguro que no le gustará a ninguno de ustedes. Uno solo que haga eso, y la paga toda la familia.

¿Les quedó claro?»

 
Algunos asentimos, y otros dijimos que si en voz baja.
Él de nuevo se mostró ofuscado, y volvió a hablar:
«Quiero oírlos a todos decir que sí, bien fuerte»
«¡Sí su señoría!» dijimos todos.
Bueno, algunos dijimos «Sí señor juez», pero es lo mismo.

Él volvió a indicarle a Megan que se abriera de piernas. Y esta vez, ella las separó bien, y movió su cadera un poco hacia adelante, ofreciéndole su vagina al juez, sollozando en silencio.

Observé cómo su mano se movió entre sus muslos y luego se deslizó hacia arriba y se movió a través de su vagina.
Metía y sacaba y metía dos dedos, follándola.
Ella jadeó levemente, mirando la mano como la follaba. Miraba a Kim y luego la mano del juez. Su respiración se hizo más agitada y mi esposa la tomó de la mano y se la apretó.
Megan la miró rápidamente y mi esposa apenas movió la cabeza afirmativamente. Supuse que le decía que se relajara.
Mi hija cerró los ojos, y al momento, largó un suspiro.

No solo que no se apartó ni un momento, si no que abrió más las piernas.

Su mano derecha continuó follándola, pero su mano izquierda abrió su túnica negra, dejándola caer a los costados de sus piernas.
Ya había visto su polla cuando se masturbaba mientras Megan relataba todo el abuso que sufrió en la fiesta de quince y después, pero no le había prestado debida atención.
Su tamaño era lo que podía decirse algo normal, de unos 18 cm, pero era bien gruesa.
No parecía tan grande porque su enorme barriga la ocultaba un poco.
Le dijo Megan:
«Dijiste que se la chupaste varias veces a tus amigos. Veamos que tal lo haces. Supongo que ya te gusta hacérselo a ellos, a escondidas de tu novio, ¿No es así?

Te están convirtiendo en una auténtica putita»

 
Parecía que Megan realmente no quería tener que responder ese tipo de preguntas delante de su familia. Pero también había aprendido que, en este momento, debía dejar eso de lado.
Ella evitó mirarnos y después de una pausa prolongada, pensó que podría salirse con la suya finalmente, solo asintiendo con la cabeza.
Él sonrió y preguntó:
«¿Te volviste buena en eso?»
Ella se encogió de hombros y luego dijo:
«Probablemente no Señor. Ellos aún dicen que debo aprender a hacerlo como las putas»
Él le sonrió y le dijo:
«Bueno, pequeña niña, ¿Por qué no me dejas ser el juez de eso?»
Separó aún más las piernas y la jaló de sus rubios cabellos hasta ponerla de rodillas.

Ella gimió de miedo y vergüenza, pero no se resistió ni peleó con él cuando él bajó su cabeza de forma bruta y le frotó la polla sobre sus labios.

Los mantenía apretados juntos por un momento, y luego los separó lentamente y empezó a chupar su gruesa.
Él miró a Kim y le dijo:
«Como buena madre, ¿No deberías ayudar a tu hija a relajarse?»
Mi esposa lo miró sin entender lo que debía hacer.
Él puso la mirada al techo, abrió los ojos grandes, y le dijo:
«Para haberte dejado hacer en el camino lo que me contaron, eres muy lerda acá.

¡Mastúrbala, mujer! ¡Que masturbes a tu hija así se excita más! ¡Dios! Me va a volver loco esta familia»

 
Kim se apresuró en arrodillarse al lado de Megan. Llevó una mano a la vagina de ella y empezó a frotarla.
Megan, bajó una mano, agarró dos dedos de Kim, se los metió en la vagina, y empezó a follarse ella misma.

Kim le dijo que la dejara a ella hacerlo, y Megan soltó la mano, y se concentró en la polla del juez.

Él suspiró de placer mientras ella movía sus labios hacia arriba y hacia abajo, la sacaba con sus manos, la lamía de arriba a abajo, y la volvía a chupar. Se le hundían los cachetes de la fuerza que hacía al chuparla.
Pude ver cómo movía sus caderas, provocando que los dedos de Kim entraran más.
Si era deliberado o porque se había excitado con mi esposa, no lo sabía.
Pero todos entendimos que Megan estaba caliente en ese momento.
Los ojos del juez estuvieron cerrados por unos instantes.

Entonces los abrió y movió una mano hacia Morgan, haciéndole señas para que se acercara.

Morgan se movió poniéndose al lado, tratando de no ver lo que estaba haciendo su hermana gemela.
Se detuvo al lado del juez y miró fijamente la pared detrás de él.
Él pasó su mano sobre ella, tal como lo había hecho con Megan.
Cuando sus gruesos dedos se deslizaron por la pequeña y apretada vagina de Morgan, él sonrió, los sacó, mirándolos de cerca y dijo:

«Hmmm, ¿Qué es esto?»

Su dedo estaba húmedo y Morgan parecía querer meterse en un agujero y morir de vergüenza.
El jefe y todos los ayudantes se rieron entre dientes y el jefe le dijo al juez:
«Parece que tiene una buena oportunidad allí, juez. Resultó una pequeña zorra que se excita viendo a su hermana chupar su polla y a su madre coger a su hermana con sus dedos»
El juez se rio, y le dijo a Megan:
«¿De verdad te excito ver a tu hermana y a tu mamá así?»
Morgan asintió, afirmativamente, sin hablar.
A los segundos reaccionó y le contestó rápidamente, antes que sea tarde y recibir alguna nueva reprimenda.
«No pude evitarlo. He estado caliente desde que vi cómo abusaban a mamá en el camino»
Por suerte, no dijo nada de los toqueteos disimulados que Megan le hacía.

«Ábrete bien putita, agarra mis dedos, y fóllate»

Morgan agarró la mano del juez, tomó los dos dedos del medio y se los metió, empezando a follarse, cómo el pidió. Mientras él pellizcaba un pezón, fuertemente, con la otra mano.
Morgan no pudo evitar que se le escaparan varios gemidos, cada vez mas audibles y largos.
La obligó a mirar a Megan cómo chupaba su polla y cómo su mamá follaba a su hermana.
La estimulaba diciéndole lo putita que era su hermana y que mirara bien como la chupaba así aprendía de ella.
Eso fue demasiado para Morgan, que tuvo un corto pero gran orgasmo. Se corrió en la mano del juez, quien sonrió mientras le empapaba los dedos.
Sacó su mano y Morgan dio un largo suspiro.
Megan, había estado mirando en todo momento como su hermana gozaba con esa follada manual.
El juez miró a Megan, y con una enorme sonrisa, le dijo:
«Viste como tu hermana gozó hasta correrse en mis dedos. Todo porque se excitó mirándote chupar mi polla. 

¿No crees que deberías recompensarla y demostrarle tu aprecio y cariño chupándome los dedos impregnados en sus flujos?»

 
Cerró los ojos por segundos. Puede que haya pensado que no tenía otra opción que obedecer o puede que estuvo lidiando con sus enormes deseos de hacer lo que ahora le pedían. No lo sé.
Pero lo que si pasó, es que ella abrió los ojos, tomó la mano del juez con las suyas, y llevó esos dedos a su boca, chupándolos hasta dejarlos limpios de los jugos de su hermana, mientras la miraba a ella a sus ojos.
Parecía una mirada de cierta lujuria o de abierto deseo.

Cuando estuvieron limpios, soltó la mano, y sin dejar de mirar a Morgan, volvió a meterse la polla del juez en la boca y reanudó lo que estaba haciendo.

Se escucharon exclamaciones de todos los policías ante eso.
El juez, bruscamente apartó a Megan de su polla y juntó sus piernas. Luego, agarró a Morgan de sus también rubios cabellos y la jaló hacía él.
La hizo parar sobre sus piernas, con las suyas bien abiertas, de frente a nosotros, y le ordenó que no dejara de mirar a su madre, que había quedado sentada en el suelo, al frente del juez.
La volvió a jalar hacia sus piernas y una de sus manos manoseó sus tetas, pellizcando sus pezones y volvió a meterle dos dedos en su vagina, follándola otra vez más.
Esta vez, tiró de sus cabellos, obligándola a llevar su cabeza hacia atrás, y el buscó su boca, para besarla.
Al principio Morgan no se lo devolvió. Mantuvo sus labios cerrados, pero luego los abrió y recibió la lengua de él y vimos como ella buscaba meter la suya.
No podía creerlo, y creo que ninguno del resto de mi familia tampoco.
Morgan estaba besando de lengua a un casi viejo de unos 60 años, y no había señales de indicar que no le gustaba. Más bien, todo lo contrario. Lo disfrutaba.

¡Gemía! ¡Respiraba agitadamente! Buscaba enroscar la lengua del juez con la suya.

Él sacó sus dedos, impregnados en los jugos de mi hija, y los metió en la boca de ella, quien los recibió y los chupó, casi se diría que golosamente.
Supuse, que mi hija frecuentemente se masturbaba usando sus dedos y luego se los metía en la boca, saboreando sus propios flujos.
Mi esposa y Megan no dejaban de mirarla, asombradas.
Así estuvieron varios minutos, con todo ese juego. Yo ya volvía a tener mi polla dura. No quise mirar a Mike, pero daba por echo que el también la tendría así.
 El juez se giró hacia Kim y le ordenó que se acercara.
Ella temblaba, pero no dijo nada. Sabía que estábamos indefensos y que debíamos obedecer para no empeorar las cosas.
Fue y se paró frente al juez y trató de no ver lo que estaba haciendo Morgan.
Él le sonrió y le dijo:

«Kim, me voy a follar a tu hija ahora. Quiero que te agaches, agarres mi polla con tus manos y guíala hacia su concha»

Parecía como que a mi esposa le acabaran de dar un puñetazo en el estómago.
Pero al igual que pasó con Megan, reaccionó rápidamente, y acató la orden.
Después de una breve vacilación, se inclinó y envolvió su pequeña mano alrededor de su gorda polla y cuando el juez levantó a Morgan unos centímetros, ella alineó la polla con la raja de nuestra hija y metió la cabeza dentro mientras él la bajaba lentamente, metiendo toda su polla.
Morgan fue largando un largo gemido y suspiro.
Cuando su polla estaba enterrada en la concha de nuestra hija, ella se enderezó y se quedó quieta.

Mi esposa miraba atentamente cómo la polla del juez entraba en la concha de la hija. Inconscientemente, empezó a tocar las bolas de él.

Él sujetó a Morgan sobre su polla durante un minuto, disfrutando la sensación de su concha caliente, húmedo y joven, antes de ordenarle que empezara a follarse ella misma su polla.

Morgan se inclinó y colocó sus manos sobre las rodillas del juez y comenzó a deslizarse hacia arriba y hacia abajo sobre su polla, tal como él había ordenado que haga.
La miró a su madre, que la tenía a centímetros, y las dos miradas se cruzaron. Moviendo los labios, Kim le dijo «Disfruta» a lo que Morgan asintió.
No se reprimió y todos fuimos testigos de sus gemidos cada vez más fuertes y largos.
Por momentos tenía los ojos cerrados y por otros nos miraba a todos, sin ninguno en particular.
«Lo haces muy bien Morgan. Fóllate con mi polla, métela bien adentro, hasta tu útero. ¿Te gusta lo que haces?» El juez buscaba que ella sacara lo putita que tenía por dentro.
«Siiiiiiiiiii, me encantaaa» Dijo ella en medio de sus gemidos cada vez más fuertes.
«¿Que polla te gusta más? Esta o la de tu novio» Volvió a insistir el juez, buscando pervertirla.

«No sé cuál, esta me encanta. Se siente mucho mejor dentro de mi vagina, me llena mucho más»

Sin darse cuenta, Morgan estaba menospreciando la polla de su novio.
No debió ser gran cosa su polla y ahora mi hija podía comprobarlo.
«Te van a meter cientos de pollas en este pueblo, niña» Agregó el juez, en medio de una sonrisa, mirando a Kim y a mí.
Mi esposa me miró y noté resignación en ella. Yo estaba igual.
Ella tomó la mano de Megan y la llevó a la concha de la hermana y le dije que la frotara mientras él la follaba.
Megan la miró e hizo lo que la madre le pidió.

Morgan tenía los ojos cerrados. Cabalgaba saltando y metiéndose la polla hasta las mismas bolas, en medio de sonoros gemidos de placer.

Empezaba a tomar conciencia de lo que nos sucedería en este lugar.
En la sala resonaban los gritos que daba Morgan, quien ya había tenido tres orgasmos y se mezclaban con los sonidos de chapoteo que hacía la polla del juez en la vagina empapada de jugos de mi hija.

Era mi hija quien follaba al juez, no al revés.

Ella realmente disfrutaba lo que él le había ordenado que haga.
Intenté no mirar mientras cómo sus tetas comenzaban a rebotar violentamente en respuesta a sus movimientos, pero no pude evitarlo, y Mike ni siquiera lo intentó.
Ella había alcanzado un ritmo que a él le gustaba.
Ordenó que Megan se parará a un lado de él y mi esposa al otro.
Las dos lo hicieron, parándose con las piernas abiertas.
Mientras Morgan lo follaba, él empezó a deslizar sus dedos dentro y fuera de las vaginas de ellas dos.
Megan debió estar muy caliente, porque en cuanto sintió los dedos que entraban en su concha, ella largó un largo y sonoro gemido, tomó los dedos del juez, y se los metió dentro de su vagina de un solo golpe.

Mi esposa movía sus caderas, facilitando la entrada de esos dedos que la invadían.

Él, de vez en cuando abría los ojos para mirarlas, pero la mayor parte del tiempo estaba recostado con los ojos cerrados y sonriendo ampliamente.
Finalmente los abrió, miró al jefe de policía y le dijo:
«Te has ganado un aumento de sueldo como jefe de policía. No pudiste conseguir unas putitas mejor que estas. 
¡Cómo vamos a pervertir a esta familia!

Sé de tus gustos por los jovencitos, allí tienes uno para divertirte, quiero verte hacerlo»

«Con gusto. Gracias juez, deseaba hacerlo de verdad. Es muy bonito el chico» Le respondió el jefe.

Mike me miró asustado. Lo tomé del brazo y le di un fuerte y corto apretón. Solo le dije:
«Debes dejarte. Imaginaba que eso iba a pasar contigo también» Fue todo lo que pude decirle.
Kim me miró sorprendida y asustada, a la vez.
Estaba seguro que ella no se esperaba para nada que su hijo también sería violado.
Mike la miró y sacudió negativamente la cabeza, muy asustado.
El jefe, divertido y sonriente, le dijo:
«Ven acá chiquillo, desde que te vi en el camino que quiero cogerte el culo. ¿Cuántos años tienes, nene?» 
«Ca… ca… cator… ce» Realmente tenía miedo de lo que iba a pasarle.

«Dime, ¿Tienes novia, se la chupaste a algún chico, cogiste con alguna chica o chico?»  Preguntó todo morboso el jefe.

Mike me miró sin saber cómo seguir ahora. Finalmente lo miró al jefe y le respondió:
«N… no tengo… novia. Me gusta una chica. Soy … … v… virgen.
Nunca … nunca … chupe polla»
El jefe se había sentado en el primer banco, al lado de Mike, tenía los pantalones bajos a los tobillos y se masturbaba lentamente. Su gran y gorda polla ya estaba muy dura.
«Ven acá, siéntate a mi lado, no seas tímido. Terminará gustándote. Mira a tus hermanas. 

Vas a ser tan putita como lo son ellas y tu mami»

 
Mike, lentamente, se sentó junto al jefe. Él tomo su delgada mano e hizo que agarrara su polla y empezó a moverla despacio.
Luego le dijo:
«Eso es niño, pajéame despacio, siente que caliente está mi polla. ¿No te gusta sentirla? Estoy seguro que le tomarás el gusto muy rápido. Más de lo que crees ahora»
Mike miraba esa polla que tenía en su mano, no levantaba la mirada.
El siguió hablándole:

«Así chico, lo haces muy bien. ¿Te está gustando? Apuesto a que sí. Mira a tu mami. Creo que está preocupada porque pueda gustarte las pollas. Te gustarán sentirlas, te lo aseguro. Hay muchos viejos lugareños que te cogerán con mucho gusto»

Mike, lo miraba a los ojos mientras él le hablaba. Luego miró a su mamá, que estaba siendo follada con los dedos del juez.
En la sala se mezclaban los gemidos de las gemelas, y los sonidos del chapoteo que producía Morgan al meterse la polla de él con cada salto que daba, enterrándola en su concha, y los sonidos que producían los dedos que follaban a Megan y a Kim.
Siiii, mi esposa también estaba muy mojada ya.
Megan movía la mano del juez, follándose ella misma con sus dedos, y Kim, movía sus caderas, provocando que esos dedos llegaran todo lo dentro de su vagina que fuera posible.
Yo, sin pensarlo y sin reprimirme, me estaba tocando, tratando que pasara desapercibido. Pero diablos, necesitaba desahogarme.

Todo esto era demasiado para no ponerme algo cachondo.

La mirada de mi hijo iba de la polla del jefe, ver a sus hermanas y a su mamá. Él seguía masturbando el jefe, que estaba con los ojos cerrados, disfrutando de mi hijo.
Lo miró a Mike y le dijo:
«Ven aquí, nene. Quiero que te arrimes a mí y me beses en la boca. Dijiste que nunca has besado a un chico, pues seré el primero que lo haga entonces. 
No tengas miedo, te gustará. No hace falta que seas gay, puedes ser bisexual también. Pero te aseguro que saldrás de aquí gustándote las pollas.
Cuanto menos te resistas, mejor será para ti. Puedo hacerlo por las malas si así lo deseas, pero prefiero que vengas y te entregues tu solo. Me gusta más cuando los nenes se entregan solos. Tú elijes.

Quiero probar esos labios carnosos y rojos por naturaleza»

Mike, miró a su mamá. Ella estaba en su propia nube. Ni siquiera estaba seguro que ella había escuchado lo que el jefe le había dicho.
Me miró a mí, que estaba a su lado.
Yo no podía más que mirar todo lo que sucedía con él. Ya lo había dicho antes, no iba a poder ayudarles en absoluto.
Aunque, cuando lo dije, me refería a las gemelas y a Kim. Que pasara algo con Mike, como le había pasado al novio de esa chica, lo veía algo remoto, estando las gemelas y mi esposa.
Pero, evidentemente, al jefe le gustaban mucho los chiquillos.
Él buscaba mi ayuda, y yo no podía dársela. Sacudí la cabeza negativamente y levanté las manos en señal que era mejor que cooperara. Miré a las gemelas y a mi esposa, indicándole que ellas lo habían hecho así. Solamente le dije:
«Mike, es mejor que hagas todo lo que él te pida»

Él mirándome, asintió con la cabeza.

Entonces, muy dubitativo, y muy lentamente, se fue arrimando a la boca del jefe, que lo esperaba como un cerdo perverso.
Realmente me resultaba repulsivo ver a mi hijo a punto de besar a un cerdo como él.
Cuando faltaba muy poco, él levantó una de sus manos, la puso en la nuca de mi hijo, y lo atrajo hacia él.
Empezó a besarlo. Vi como buscaba meter la lengua en la boca de Mike, pero el la mantenía cerrada.
Algo impaciente, el le dijo:
«Abre tu maldita boca, nene. Bésame como un putito. Resistiéndote, vas a conseguir que toda tu familia pague las consecuencias»
Ellas no podrían haber oído esto último. Ellas solo estaban pendientes de lo que Mike hacía. Las tres lo miraban detenidamente, mientras eran abusadas por el juez.
Pero yo sí lo había oído. Entonces, me arrimé solo un poco, y le dije en vos baja a Mike:
«No empeores las cosas Mike, bésalo como él quiere. Vas a tener que entregarte a él y a todos los que quieran. Cómo lo están haciendo tus hermanas y tu mamá ahora.
Esto no te hará gay, pero probablemente él tenga razón. Terminará por gustarte. 

Ten por seguro que él no será el único»

 
Vi que apretaba los ojos, y lentamente abrió los labios. El jefe no perdió el tiempo y metió su lengua. Podía ver como jugaba con ella dentro de la boca de mi hijo.
Miré a mi esposa y estaba mirando atentamente a Mike besarse con el jefe, en medio de sus gemidos.
De repente, algo pasó en Mike, porque él empezó a buscar también en meter su lengua en la boca del jefe.
El beso se transformó en un pequeño morreo. La respiración de mi hijo se hizo mas acelerada y su polla se puso dura como una roca.
El jefe se la estaba tocando.
Escuché algunos cortos y ahogados gemidos que mi hijo daba.
Miré a mi esposa para ver si estaba viendo esto, y ella estaba besando al juez. Más que besar, le comía la boca, ante la mirada atenta de nuestras hijas.
Lo que más me llamó la atención, es que ella tomaba la cara del juez, con sus manos, en gusto por demás afectivo.

Entendí que Kim había sucumbido totalmente a ese cerdo perverso.

Escuché una voz molesta que decía:
«¡Vamos, nene chúpala!»
Antes de girar la cabeza estaba mirando a mi esposa besarse con el juez. Ahora ella lo abrazaba tiernamente del cuello.
Me giré y vi que el jefe tenía su polla rozando los labios de mi hijo.
Él me miró y noté que no quería hacerlo, pero a la vez, no sabía si obedecer o no.
Con la cabeza le hice señas que tenía que hacerlo, que se la chupara.
Yo sabía que si no lo hacía voluntariamente, de alguna forma el jefe iba a terminar por conseguir que Mike le chupara la polla.
Miré a mi esposa y ella estaba mirando y viendo que sucedía. Ella también escuchó la orden del jefe e inmediatamente miró hacía nosotros.
Kim también le hacía señas a mi hijo que debía chupar esa polla.
Mike, a regañadientes, abrió la boca y el jefe inmediatamente se la metió, diciéndole:
«¡Chúpame la polla, putito! Verás como enseguida termina gustándote. Serás tan chupa polla como van a serlo tus hermanas y tu mami también»

En ese momento, recordé a la chica que estaba en la celda, a la novia, y supe que el jefe hablaba muy en serio.

El jefe me miró, y con una gran sonrisa en su boca, me ordenó:
«Ven acá. ¿Creías que tú ibas a salir airoso de todo esto? ¿Que solo tu familia iba a ser sometida y tu no?
Arrodíllate acá y chúpale la polla a tu hijo. Quiero que se corra en tu boca, así que hazlo muy bien.
Le dijiste a tu hijo que tenía que chuparme la polla, pues demuéstrale que estás dispuesto a chupársela a él y que a ti también te gusta

Más vale que lo hagas bien y lo hagas gozar»

Sentí la mirada de Kim, me giré y vi que estaba mirándome, sonriendo.
Supe que había escuchado todo lo que el jefe había dicho.
Estaba expectante a lo que hacía, mientras el juez la follaba con los dedos.
Sabía que no tenía ninguna opción.
Era cierto lo que el jefe dijo. Hice que mi hijo aceptara chupar su polla, ahora él me ordenaba que se lo hiciera a mi propio hijo.
Mike, de reojo me miraba, mientras el ya chupaba la polla del policía.
Él separó un poco las piernas, haciéndome lugar para que yo metiera mi cabeza.

¡Diablos! Mi hijo prácticamente me invitaba a que se la chupara.

Me arrodille y tomé la polla de Mike con mis manos y se la manosee un poco.
Fue, más que nada, para ganar algo de tiempo, mientras tomaba coraje para empezar y llevármela a la boca.
Mi hijo movió un poco uno de los brazos para darme lugar en que yo pudiera meter la cabeza sin problema.

Su polla seguía dura como una roca. Debía tener unos 17 cm y no era tan gorda. Sus testículos tenían un pequeño matorro de vellos rubios.

Con algo de repulsión, agaché mi cabeza y metí un poco de su polla en mi boca y empecé a chuparla.
«Si serás cabrón, hijo de puta. ¡Chupa bien la polla de tu hijo!» Dijo el jefe gritando y ofuscado.
Se escucharon risas de los agentes. Me sentí totalmente humillado.
Podía escuchar el sonido que hacía Mike chupando la otra polla. Giré la cabeza y lo miré.
Estaba con los ojos cerrados, metiéndose toda la polla en la boca, chupándola como lo hacía Megan hacía un momento.
Sentí que mi polla reaccionaba, se ponía dura completamente. Abrí más mi boca y metí la polla de mi hijo completamente en mi boca y se la empecé a chupar como debía.
El jefe le pegó el grito a mi esposa:
«Mira al puto de tu marido, como chupa la polla de tu hijo, mientras él chupa la mía»
No solo Kim nos miraba, mis hijas también. Ninguna de ellas dijo nada, pero resonaban las risas de todos ellos.

Si hubiera mirado a mis hijas, hubiera notado el morbo que había en sus ojos, mirando a su papá y a su hermano, chupar pollas.

Mike estaba arrodillado, con el culo parado, y yo estaba debajo de él, de espalda al suelo.
Veo unas piernas que se colocan detrás de mi hijo y al momento siento que él pega un alarido, y antes que yo reaccione, siento otro alarido más. Esas piernas que se mueven, y mi hijo vuelve a gritar, pero esta vez fue ahogado por la polla del jefe en su boca.
Lo escucho al jefe decir:
«Sigue chupando, nene. No te detengas. Solo te va a doler al comienzo, relaja ese culo y deja que mi amigo te rompa el culo.
Y tú, sigue chupándosela a tu hijo, ni se te ocurra levantarte y ver como se lo rompen a tu hijo»

No pude ver si Kim miraba, o las gemelas, pero estaba seguro que no perdían detalle como le desvirgaban el culo a Mike.

Mike comienza a moverse, por los embates que el otro policía producía empujando su polla dentro del culo de mi hijo.
En cada embate, su polla se metía dentro de mi boca. Él daba gritos ahogados por tener la otra polla en la garganta. Y yo trataba de llevar el ritmo, de adaptarme.
«Voy a correrme en tu boca, nene. Quiero que te tragues toda la leche, como hacen las putitas. ¿Lo entendiste bien?» Le advirtió el jefe.
Mike no respondió ni yo pude ver si obedecía. Pero por lo que dijo luego el jefe me di cuenta que si lo había hecho.

«Muy bien, muy bien nene. Vas a ser una buena putita, como tus hermanas y tu mama»

Estaba seguro que ellas habían visto todo. Yo solo podía oír los gemidos de ellas, no podía verlas.
Por todo lo que habíamos visto en la celda, en el camino y ahora en el juzgado, yo tenía en claro que nuestras vidas habían cambiado por completo. Y estaba seguro que el resto de mi familia pensaba igual.
Lo que no sabíamos, era hasta que punto iba a cambiar.

Cómo serían nuestras vidas una vez que pudiéramos retornar a nuestra casa. Cómo sería nuestra relación, de Kim conmigo. Cómo vivirían las gemelas y mi hijo.

Siento que alguien se mete mi polla adentro de su boca y empieza a chupármela con fuerza, con ganas.
Me muevo lo suficiente para ver quien fue.
¡Era Mike! ¡Era mi hijo que me chupaba la polla! Dios, que bien lo hacía, que bien se sentía. No solo chupaba, sentía como jugaba con la lengua en ella. Que placer me estaba dando.
Al mismo tiempo, ahora, podía ver como le cogían por el culo.

Sin aviso, Mike se vino dentro de mi boca. Me tomó por sorpresa completamente. Cómo pude, empecé a tragarlo.

No digo que me haya gustado, pero pude manejarlo. A la mitad, tuve alguna arcada, pero la controlé. Pude tragar la mayoría, el resto, cayó sobre mi cara.
Quedé tumbado en el suelo, con la polla goteando el resto de semen en mi cara, ahora podía ver bien la polla del policía que entraba y salía del culo de mi hijo. Pude ver la cara de placer que tenía Mike al chuparme la polla.
En ese momento, no tuve dudas que mi hijo se convertiría en una putita. Con suerte, me animaba a decir que sería bisexual.
Todo fue demasiado de manejar en mi mente.
Me vine en la boca de mi hijo. Alcancé a avisarle:
«¡Mike, voy a venirme!»
Él se metió toda la polla entera en su boca y la retuvo. Me pajeó con las manos y yo sentí cómo mi polla largaba toda esa leche, nada menos ¡que en la boca de mi hijo! Y luego el siguió pasándole la lengua, buscando los restos que podían quedar.

Salí de donde estaba, me separé un poco y tomé noción de todo.

El jefe, mirándome,  me dijo:
«Besa a tu hijo en la boca. No debo decirte cómo debes hacerlo. Y mira a tu esposa mientras lo besas. ¡Obedece!»
Y mirando a Kim, le dijo:
«Y tú, no pierdas de vista cómo tu marido y tu hijo se dan un morreo. Verás que pronto tu marido empezará a buscar jovencitos y no tan jovencitos para que lo cojan.

Cuando regresen, en tu casa verán como los dos se besan delante de cualquiera de ustedes»

 
No me resistí ni titubeé, no valía la pena. O me entregaba a mi hijo con ganas, o me lo hacían hacer a la fuerza.
Me acerqué a él y vi restos de mi semen en su boca.
Mike seguía sacudiéndose por las cogidas que le daba el policía en su culo.
Cuando estaba muy cerca, cerró los ojos y abrió su boca, esperando mi beso.
Pasó lo mismo que cuando chupé su polla. Mi primera reacción fue hacerlo con cierta repulsión. Pero a medida que seguía, me fui excitando.

No niego que en eso influyó que mi hijo buscaba darme placer con ese beso. Eso me llevó a hacer lo mismo.

Recordé que debía mirar a Kim, en ese momento la busqué. Ella estaba pendiente de nuestro beso.
Cuando vio que la miraba, me dedicó una sonrisa. No hacía falta decir más. A ella le gustaba lo que su marido y su hijo hacían.
Fue cuando me entregué completamente a disfrutar del beso con mi hijo.
Le mostré a Kim como buscaba meter mi lengua en su boca.
Lo escuché al jefe decir, burlándose de nosotros dos:
«Quien diría que padre e hijo iban a disfrutar de uno con otro sexualmente.

Ambos verán como les gustará»

 
Mirando a Kim, noté que el juez se había corrido dentro de Morgan y ella estaba parada a su lado, metiéndose los dedos, impregnándolos en sus flujos y la leche del juez, y se los llevaba a la boca para chuparlos.

En ese momento, sacaba los dedos que había metido en las chonchas de Megan y Kim. Ambas aún estaban con las piernas bien abiertas.

Él les sonrió y les dijo:
«Excelente señorita, eres un polvo fantástico. Tendremos que hacerlo otra vez, muy pronto sabrás de mí»
Luego se giró hacia Kim y la jaló hasta ponerla frente a él dijo:
«Tu hija me hizo una gran cogida, va a ser bien puta, pero realmente hizo un desastre y necesito que te arrodilles y me limpies esto»
¡No lo podía creer! ¡Y el hijo de puta sonaba jodidamente razonable cuando lo dijo!

Le ordenó hacerlo con voz tranquila, como si le estuviera pidiendo hacer alguna tarea cotidiana que era solo una de sus quehaceres.

Kim me miró. No nos hicimos ningún gesto ni nada. Solamente nos miramos.
Vi al jefe moverse hacia ella. Supe que, si mi esposa se resistía, sería obligada a cumplir la orden. Ella también lo vio caminar hacia ella.
Rápidamente se dejó caer al suelo, de rodillas y empezó a lamer toda la polla del juez, quien le ordenó:
«Mira a tus hijas, así ellas aprenden a como se debe limpiar una polla luego de una cogida»
Era indudable que la perversión y la humillación iba a ser moneda corriente con nosotros.
Ya lo había podido comprobar con Mike y conmigo.

Para diversión del juez, el jefe y sus compinches.

Hubo un gran y fuerte gemido detrás de Mike. El policía que lo follaba se estaba viniendo en su culo.
Mi hijo estaba por levantarse, pero enseguida otro policía le dijo que se quedara quieto, y se puso detrás de él, con la polla en la mano y pajeándose despacio.
La apoyó en el ano de Mike y la metió de un golpe. Él dio un grito y gemido a la vez. Sus ojos se abrieron, buscando mi mirada. Vi el placer que él sentía en ese momento.
Cerró los ojos y abrió su boca levemente. Sabía lo que él quería. Que lo besara de nuevo, y fue lo que hice.
Pegué mi boca a la suya, metí mi lengua y busqué la suya. Cómo siempre había hecho con mi esposa, solo que ahora, lo hacía con mi propio hijo, ante la mirada de Kim. Y de las gemelas, claro.

Escuché ruido detrás de nosotros y miré hacia atrás para ver que varios agentes tenían las pollas afuera de sus pantalones y se masturbaban lentamente. Parecían una jauría de lobos esperando atacar a sus víctimas.

El juez finalmente apartó a Kim y le dijo:
«Tendré que hacer esto de nuevo, Kim, solos nosotros dos. Si tu marido no se opone, claro. (Y largó una carcajada). Eres muy buena en esto. Tus hijas van a aprender mucho de ti»
Se levantó, acomodó su toga, y se fue de la sala.
Una vez que la puerta se cerró detrás del juez, el jefe les dijo a sus agentes:

«Bien, es hora de divertirnos como nos plazca»

Parecía ser la señal que todos estaban esperando.
Los había contado en un momento que vi que entraban algunos más. Ahora allí había 16 agentes y el jefe.
Se desnudaron completamente todos y se abalanzaron sobre las gemelas, Kim y Mike.
Me hicieron a un lado, empujándome, y uno le metió la polla en su boca, que él empezó a chupar complacidamente.
A mi me agarró el jefe un momento y me dijo:
«Si llegas a molestar, interferir, hablar o hacer algo que no me guste, voy a darte una descarga eléctrica con esta picana directamente en tus testículos y luego otra más en tu polla.
Te aseguro que no lo olvidarás nunca en tu vida, porque luego nos desquitaremos con tu familia.
Así que, siéntate en cualquier banco que se ocurra, y te quedas quieto.

Ahhhh, quiero que observes toda la diversión»

 
Ante esa amenaza, que sabía que la cumpliría, solo me quedó mirar.
Lo que siguió después fue una locura total.
Durante dos horas todos ellos fueron cogidos, abusados y violados de la forma que se les ocurriera a ellos.
Allí entendí bien porqué la parejita de novios llegaron con semen en todo su cuerpo, arrastrando los pies y cojeando mientras caminaban, luego del juicio de ellos y porqué la mujer lloraba histérica y gritaba.
Todos buscaban algún orificio donde meter sus pollas, pezones que torturar.
No podía decir cual de mis hijas o Kim o Mike gritaba más.
Les pegaban sin motivo alguno, solo por el placer de hacerlo.
Las tetas de las tres se sacudían con cada golpe que le daban.
Les retorcían los pezones y a Mike también.
Les chupaban las tetas y veía cómo se las mordían.
Pronto aparecieron marcas visibles en distintas partes de sus cuerpos, mordeduras en sus tetas y culos.
Sus cabellos empezaron a pegotearse, sus ojos cubiertos con semen.
A la primera que le hicieron triple penetración fue a Kim. Les metieron pollas por la boca, el culo y la concha.
No pasó mucho más que se lo hicieron a las gemelas.

A Mike, le salía semen de su ano y chorreaba al suelo. Su cara y su rubio cabello estaban cubiertos de semen.

Al comienzo, los cuatro buscaban seguir el ritmo de los abusos que les hacían.
Mike fue el primero en dejar de intentarlo. Rápidamente dejó que ellos lo manejaran a su antojo.
Fue tragando todo el semen que le echaban en su boca. Se abandonó en intentar seguir el ritmo de folladas en su culo. Los policías se iban turnando un rato cada uno, la sacaban y otro ocupaba su lugar. No había queja de su parte, solo gemidos.

No dudaba lo dilatado que iba quedar su ano.

Megan siguió a su hermano en abandonarse, pero duró más tiempo. Así y todo, media hora después que empezó todo el abuso con ellos, ella imitó a su hermano. Se dejó a que la manejen a su antojo.
Aparte de no mostrar nunca resistencia, desde allí ellos manejaron su cuerpo.
La pusieron arriba de un banco que no tenía respaldo y allí se turnaban en cogerla. Su cabeza caía en el extremo hacia atrás, que ellos sostenían con sus manos mientras violaban, siii violaban, su boca. Se la metían tan en la garganta que le producían arcadas y al sacarlas, le caía saliva muy espesa, mezclada con inicios de vómitos, por su cara, hacía el costado o hacia sus ojos y su cabello.

Pronto estuvo echa un asco.

Morgan, siguió aguantando el ritmo un poco más, hasta que uno la agarró de los cabellos, por el costado de su cabeza y le violó la boca, como lo hacían antes con Megan. Pero ella estaba sentada.
La soltaba e inmediatamente su boca era violada por otro. Mientras los otros le pegaban en su cara, en sus tetas, o donde sea. Todo lugar era válido. Le agarraban los pezones y se los retorcían.
A pesar de las arcadas que daba no le sacaban las pollas de las bocas y la obligaban a tener vómitos, que caía por su cuerpo.

La sala se empezó a llenar de un olor ácido.

Kim tampoco la pasaba mejor.
Al principio fueron violaciones follándola. Pero, casi junto a cuando se lo empezaron a hacer a Morgan, empezaron con ella.
Muchos se ensañaron con sus tetas. No se conformaron con pegarle y retorcerle los pezones a mansalva.
Veía como uno tras otro le mordía las tetas.
Mi esposa gritaba que pararan. En repuesta, ellos le pegaban cachetadas tras cachetadas, gritándole que era una puta y que se lo merecía.
Ahogaban sus gritos metiéndole las pollas en la boca. Como no lograban que vomitara, le metían los dedos en la garganta hasta que el vómito caía sobre ella.
Mi esposa se ahogaba y le salían por las fosas nasales, junto a sus mucosidad.
Le restregaban luego la cara en el suelo. Limpiaban el vómito que allí había con sus cabellos.

Alguno se desbocaba y le daba alguna patada en el estómago o en las tetas.

Las tres eran continuamente insultada y tratada como putas.
Luego de una hora, prácticamente los cuatro eran trapos. Ya no reaccionaban, solamente se dejaban abusar. Había algún quejido si el dolor era fuerte.
Allí fue que me hicieron arrodillar y poner las manos en el suelo, delante de mi esposa.
Uno por uno me fue cogiendo.
El primero fue el jefe. Sabía que iba a dolerme. En mi adolescencia, por simple curiosidad, me había dejado penetrar por dos chicos varias veces.
No sé por qué, pero no me había dolido, a pesar que ellos me rompieron el culo no menos de 20 veces.

Pero si estaba preparado para sentir un poco de dolor ahora.

La polla del jefe estaba tan sucia de semen y flujos que ya estaba lubricada. Eso ayudó bastante creo.
Bajé la cabeza contra las manos, pegadas al suelo, y esperé que me la metiera.
Sentí que la apoyaba en mi ano, y a los pocos segundos, que empujaba más y más. Hasta que entró.
Sí sentí dolor, pero muy poco. No me hizo gritar. El jefe notó que no hubo resistencia al entrar la polla.
Entonces me preguntó:

«¿Tienes el culo roto ya, puto? ¿Quién te coje? ¿Acaso tu esposa te mete un arnés?»

 
Sentí una gran vergüenza frente a mi familia. Era un secreto que tenía guardado bajo 20 llaves. No se lo había dicho a nadie. A ese chico, luego de esas dos veces que me cogió no lo vi más. Y no volví a hacerlo con nadie más.
Tuve que contar lo que había pasado, porque toda mi familia me miraba asombrada, en especial Kim.
«Cuando tenía 13 dejé que dos chicos me rompieran el culo. Solo fueron unas 20 veces que lo hicieron. 

Después nadie más y eso fue algo que no conté nunca a nadie»

 
«Vaya, vaya, vaya. Vamos a tener que abrirte el culo de nuevo entonces.
Seguro que te gustó que lo hicieran.

¿Te obligaron o te dejaste?» Dijo el jefe.

«Les pedí que lo hicieran. Quería probar»
Kim, abrió los ojos grandemente, sorprendida, por mi confesión.
Movió su mano para tomar la mía, pero, por el frenesí en que me cogían el culo, me movieron y no pudo hacerlo.

A ella también le follaban el culo en ese momento.

Durante una hora estuvieron metiéndome sus pollas en el culo y mi boca. Se corrieron en ambos lugares.
Sentía que el semen salía de mi ano y bajaba por mis muslos.
Mientras seguían cogiendo o maltratando de toda forma a mi esposa, mis hijas y mi hijo.

Buscaba sus miradas y ellos la mía. En todos nosotros había resignación y aceptación a lo que deseaban hacernos.

En un momento, estaba con los ojos cerrados, sintiendo la polla que me estaba follando en ese momento.
No solo me había acostumbrado, me estaba gustando la sensación, sentía placer.
Siento que unos labios carnosos me besan primero, e inmediatamente siento la lengua que busca entrar en mi boca.
Abro los ojos, sorprendido y veo la cara de mi esposa.
Era ella. La habían llevado hacia mí y le habían dicho que debía besarme.
Estaba tan absorto en lo que me hacían y las nuevas sensaciones que experimentaba, que no había oído nada de eso.
En ese momento estaba metido en mi mundo. No prestaba atención a cómo mi familia seguía siendo follada, abusada y violada.
Abrí mi boca y recibí su lengua. Nos dimos un beso tan largo como ellos lo permitieron. Nuestras lenguas estaban enroscadas, impregnadas en semen de cualquiera de ellos. Tanto en su boca como en la mía.
Escuchábamos como se reían de nosotros y nos llamaban putitas a los dos. Solo nos importaba lo que sentíamos, ese beso en medio de todo ese caos de violencia hacia nosotros.
Nos costaba mantener el beso por momentos, por las sacudidas que nos daban al follarnos nuestros culos.
Cuando finalmente nos separamos, nos miramos, y ella me dedicó una leve sonrisa y murmuró:
«Te amo, no dejes de hacerlo tu también, por favor»

Que irreal que parecía todo. Mi esposa y yo estábamos siendo cogidos y abusados en ese mismo momento y nos profesábamos amor mutuo, mientras se burlaban de nosotros, en medio de gritos y gemidos de las gemelas y de Mike.

Cuando terminaron conmigo, pude ver que las tres y mi hijo, estaban tirados en el suelo, sin moverse, sucios con semen y vómito.
Entre varios nos llevaron a las celdas. Impregnados en todo eso y con fuerte olor a sexo encima del cuerpo.
A mi esposa y mis hijas, casi las llevaron a las rastras. No podían caminar prácticamente. Solo mi esposa lo intentó, con poco éxito.
A ellas tres la pusieron en la celda que teníamos antes, y a Mike y a mí, en la celda de al lado.
Las dejaron tiradas en el suelo.
El jefe se bajó los pantalones, puso a Megan de espaldas al suelo, le abrió las piernas, pateándoselas, y la violó nuevamente.
Megan ni se movió ni miró a nadie. Su mirada estaba perdida a la nada. No hubo quejido ni resistencia alguna. Tenía los brazos inertes, al costado del cuerpo.
Era como que el jefe violara a una muñeca.
Se vino dentro de ella, se levantó, subió el pantalón, y burlándose de mí, dijo:
«Los novios de tus hijas se van a llevar una sorpresa cuando vean a sus novias convertida en unas putas. 

Con su concha y su culo tan abierto»

 
Miró a los agentes que nos habían llevado a las celdas y les dijo:
Cojan a las hermanas y déjenlas solas luego. Solo son sacos de semen.
Vi como todos se desnudaban nuevamente. Eran 10 agentes.
Pusieron a las gemelas una al lado de la otra y empezaron a cogerlas, tal como había hecho el jefe recién.
Sus cuerpos se sacudían solo por inercia. Sus miradas estaban vacías. Ni gesto, ni dolor, ni nada. Solo absoluta resignación y entrega.
Solo se notaba que estaban vivas por su respiración.
Cuando se vaciaban y echaban su semen en sus vaginas y se levantaban, una masa de leche salía de ellas y caía al suelo.
Inmediatamente otro policía tomaba su lugar.
Uno a uno las fueron violando por última vez.

Luego, todos se fueron de la habitación.

Durante varias horas todos dormimos. Fui el primero en despertar. En el ambiente había un fuerte olor a sexo aún.
Miré a Mike, que estaba en la litera de al lado. Tenía el cabello hecho una maraña y pegoteado con semen. En su cara había mucho semen seco, y lo mismo podía decirse de su culo y sus muslos.
Me levanté y fue a la reja que separaba las dos celdas.
Megan y Morgan se habían levantado en algún momento y se recostaron en una litera cada una. Kim seguía en el suelo.
Me impresionó ver las marcas de mordeduras que tenía mi esposa en sus tetas, marcas de chupones, el culo estaba de un color rosado fuerte todavía. Restos de semen seco al igual que Mike.
De mis hijas no pude ver mucho, pero estaba seguro que debían estar igual que mi esposa.
Solo pude ver sus culos rosados y sus cabellos pegoteados con semen.

Nuestras vidas habían cambiado para siempre.

Me impresionó el tamaño de la fuerza policial en este pequeño pueblo.
Había al menos dieciséis oficiales en el turno de día esta mañana más el jefe de policía, y había habido al menos siete más en el turno noche.
¿Se necesitaron tantos policías para arrear a unos cuantos desnudos?

¿Acosar a las víctimas para poder violarlas?

Tampoco me agradaba la idea, pero la única opción que vi disponible para «sacarnos» de encima el olor a sexo y el semen seco era con el agua que había en el inodoro.
Fui hasta allí, pero al final no pude usarla. Estaba tan sucio, que al mirar el agua, simplemente pensé que debía estar contaminada.
Sabía que si la pedía, me sería negada.
Al rato de eso vi que mi esposa me miraba desde el suelo. Se había despertado, pero no se movió.
Me arrimé a las rejas y hablamos un poco.
Tenía dolorido el ano y los pezones. Las marcas de mordeduras no le molestaban demasiado. Pero se sentía terriblemente puta.
Dijo que entendía si yo quería el divorcio cuando saliéramos de allí.
Le aseguré que no iba a cambiar la forma en que yo la miraría. La amaba, y la iba a seguir amando.
Le pedí que se levantara, no era bueno que se quedara tirada en el suelo.

Le dije la idea del agua del inodoro. Ella también lo descartó inmediatamente.

El sonido de nuestras voces despertó a Mike.
Le dije que viniera y no quiso. Tuvo que pedirle Kim para que él acepte.
Le preguntamos como estaba.
Nos respondió que el culo le dolía y la garganta. También se sentía terriblemente humillado. Dijo que no quería ser gay.
No supimos que decirle a eso último.
Por último, casi juntas, se despertaron las gemelas.
Al vernos conversando, con dificultad y gestos de dolor, ellas se levantaron y vinieron con nosotros.
Se abrazaron a su madre por largo rato.
Megan solo estaba dolorida en el ano y Morgan también, pero a Morgan le dolía la garganta y los pezones.
Morgan había sido más maltratada que Megan, o, Megan estaba más acostumbrada al maltrato. No sabía cual de las dos era.

Morgan decía que con seguridad su novio iba a dejarla. Megan le contestó que no se preocupara por eso ahora y Kim apoyó a Megan.

Se abrió la puerta de la habitación y entró un agente con un lugareño, trayendo la comida.
Los dos se burlaron por el estado en que estábamos.
Nos pasaron los cuencos por los barrotes y los vasos con agua.
Le pedimos si nos podían un poco de agua en un recipiente para lavarnos aunque sea un poco.
Se fueron y regresaron con dos baldes con agua, pero lo hicieron seguidos por otros dos agentes más.
Dijeron que esa agua tenía un precio y que las gemelas y mi esposa debían pagar por ella.
Tenían que chuparles las pollas y tragarse toda la leche si querían tener los recipientes.
Kim suspiró y miró a las gemelas, que asintieron las dos.
Entonces uno de los agentes abrió la puerta de su celda y dijo:
«Están tan sucias que ni cogerlas se puede. Pero van a chuparnos las pollas y tragarse todo. 
Tú, maridito, mira como lo hacen.

Mastúrbate mientras ves cómo tu querida esposa e hijas nos chupan las pollas, que tu hijo también se masturbe»

Mike y yo obedecimos.
La primera en ser tomada fue mi esposa. El lugareño la hizo arrodillar, agarrándola de los cabellos y tironearlos hasta que ella cayó de rodillas.
Sin protestar, Kim abrió la boca y tomó la polla de ese hombre, quien inmediatamente empezó a follarla.
Las gemelas no tardaron ni segundos en seguir el mismo destino.
Las tres estaban siendo violadas oralmente. El tercer agente, que quedó relegado, se pajeaba mirando la escena, esperando tu turno.
Ese mismo agente me miró, y al vernos cómo me masturbaba junto a mi hijo, dijo:

«Que tu hijo te chupe la polla, ¡Vamos!»

 
Mike, inmediatamente se arrodilló, y dirigiéndome una rápida mirada a los ojos, la bajó, se metió mi polla en su boca y empezó a chuparla, casi diría que con devoción.
No supe si lo hacía así porque le estaba gustando, o era para darme algo de placer en medio de esta depravación.
Cómo sea, fue demasiado para mí. En pocos minutos estaba corriéndome en su boca, ante la atenta mirada que me dirigía mi esposa.

Mi hijo no la retiró hasta que se hubo tragado hasta el último chorro de mi semen. La chupó un poco más, y cuando la sacó, hizo un muy sonoro «Plop».

Allí fue cuando miré a Kim y noté que había estado mirando. Sacó la polla del lugareño, me dedicó una leve sonrisa, y volvió a meterla en su boca.
Uno de los agentes se corrió en la boca de Megan y el que estaba esperando, rápidamente tomó su lugar.
Poco más se vino el lugareño en Kim, y luego, el otro agente en Morgan.
Se quedaron esperando que el último se corriera en la boca de Megan.

Cuando lo hizo, les entregaron los baldes con agua, mofándose que ya podían usarla porque habían pagado por ella.

Ni bien salieron de la habitación, rápidamente Las gemelas y mi esposa, se refregaron el cuerpo con agua con sus propias manos, y se lavaron lo mejor que pudieron. Luego hicieron lo mismo con el cabello.
Al menos quedaron bastantes limpias.
Nos pidieron que nos acercáramos a las rejas y ellas nos lavaron a nosotros dos.
Kim me lavó a mí, y Megan y Morgan a Mike.
Mi hijo no pudo evitar que su polla se parara ante los toqueteos de sus hermanas al lavarlo, eso hizo que todos nos riéramos y lo llamáramos pequeño pervertido.
Esa situación hubiera sido totalmente inaceptable pensar en que hubiera sucedido hace solo unos días.
Recién luego de todo eso, nos devoramos lo que habían traído por comida.
No trajeron ningún utencillo para levantar la comida, así que tuvimos que usar las manos, como los cavernícolas.

Ninguno hablaba. Tampoco había mucho para decirnos. Todos, los cinco, fuimos abusados de todas formas.

¡Cuanto habían cambiado nuestras vidas!

Y lo que faltaba por cambiar y no sabíamos aún.

51 Lecturas/19 febrero, 2026/0 Comentarios/por alejandra95
Etiquetas: amigos, bisexual, cumpleaños, hermana, hermano, mayor, sexo, vacaciones
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