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Fantasías / Parodias

EL MEJOR PADRE DEL MUNDO

Un padre como pocos.
EL MEJOR PADRE DEL MUNDO.

 

Eran las 12 del día y se llevaba a cabo el juicio entablado por Jennifer, de 10 años, contra Karen, su madre, por no cuidar de ella y abandonarla después de seis meses de vivir con ella a raíz de haber ganado un juicio por la patria potestad contra Robin, su ex marido, con el que la niña vivía desde que su madre los abandonó hacia cuatro años cuando ella tenía solo seis.

El juicio estaba en su momento álgido pues habían traído a la niña de la escuela para declarar y según parecía, ganaría la niña, ya que todos los testigos de cómo la trataba su padre eran vecinos de ellos y solo decían el gran hombre y padre que era Robin; como la cuidaba, la alimentaba, la llevaba a pasear y la complacía en muchas cosas, todos decían que era “el mejor padre del mundo”. Nada más entrar a la sala la niña se ganó las simpatías de todos con su angelical cara, sus rubios cabellos heredados de Karen y sus verde ojos, herencia de Robin. Aún traía su uniforme escolar, le pidieron que se sentara en el sillón y el abogado de Karen hizo algunas preguntas tratando de distraer, pero cuando le tocó a la abogada que el condado puso al servicio de Jennyfer, solo hizo una pregunta.

– ¿Por qué te quieres ir a vivir con tu padre?

La niña se concentró y luego contestó.

-el me cuida mucho, me alimenta bien, me lleva a pasear lo menos tres días a la semana, al parque de diversiones, al cine, a tomar un helado, me permite invitar a mis amigas. Está pendiente de mis tareas y de cómo voy en la escuela, las mamás de mis amigas lo quieren mucho…le coquetean, me compra ropa y me deja escoger la que me gusta…y muchas cosas más.

– ¿Y tu mamá como te trata?

-nunca está en la casa, no hace comida y me dice que coma galletas o pizza, toma mucho licor…se droga, lleva amigos a la casa, un día me dijo que debo ser amable con ellos… solo me deja ver a mi padre cada quince días que va por mí los viernes y me regreso el lunes, ya que ella usa esos días para irse de viaje con sus amigos.

Ni los jurados ni el juez aguantaron más, de inmediato se dio la sentencia mientras Karen ocultaba el rostro por la vergüenza. El veredicto fue unánime y Robin recuperó la patria potestad y además se dictó una orden para que Karen no se acercara a su hija a menos de cinco kilómetros. A las 13:00 horas se terminó el juicio y Robin invito a Diana, la abogada que defendió a su hija, a comer, pero antes los acompañó a casa de Karen a buscar tres maletas donde estaban las cosas de su hija. La comida fue sencilla mientras la abogada los estudio llegando a la conclusión de que Robin era algo extraordinario. Soltero, de 30 años, rico, muy guapo, muy tierno y consecuente con su hija, al pendiente de cualquier cosa que deseara, atento con ella, generoso…el hombre soñado por cualquier mujer. A las cuatro de la tarde dejaron a la abogada para que recogiera su vehículo y se retiraron a la mansión donde vivía Robin. Entraron y Jennyfer se fue a su recamara a reacomodar su ropa mientras su padre se iba a la suya y se ponía a leer un libro sentado en un sillón grande. Duro casi un par de horas acomodando su ropa y poniendo a trabajar sus aparatos como la tv, la pc y su consola de juegos, serian como las cinco y media cuando sacó debajo de su cama un veliz bastante grande, lo abrió y saco cierta ropa que desplegó sobre su cama, después su puso unas pequeñas medias blancas de muy fina seda rematadas en sus delgados muslos por una banda de encaje, unas pantaletas también de encaje y una especie de pequeño negligé color negro sujetado al frente sobre sus planos pechitos, un poco después se dirigió a la recamara de su padre, al verla entrar Robin sintió una punzada en el bajo vientre y  una inmediata erección de su pene. Jennyfer se acercó lentamente y lo abrazó besándolo en la boca, él la cargó y la colocó sobre sus piernas y la siguió besando, de pronto sintió su olor a sudor y le dijo.

-¿no te has bañado?

-si papito, sé que te gusta el olor de mi sudor.

-el olor y el sabor, es parecido al de tus líquidos vaginales.

Y empezó a lamerle el cuello y los hombros pues disfrutaba mucho del sabor de la piel de su hija cuando había sudado, esto le ponía la verga más dura y cuando la sentó de frente a él y le lamió su plano pechito Jennyfer se contorsionó de placer, la niña disfrutaba mucho lo que su padre le hacía. Robin liberó su pene que apareció en toda su extensión más de 9 pulgadas, acorde a su 1.85 de estatura, pensó en levantarla y deslizarla sobre su pene penetrando su vagina, pero ella se bajó de donde estaba, trajo una almohada y se hincó entre sus piernas, agarró su pene y empezó a sobarlo lentamente causándole mucho placer, de pronto abrió su boca y se introdujo la cabeza del pene y un par de pulgadas más pues era bastante gruesa, Robin solo esperaba y ella poco a poco empezó a “trabajar” con su boca y lengua. Lamia su cabeza y a lo largo del pene, le besaba y chupaba los huevos, se metía el glande en la boca y su lengua hacia maravillas, era toda una experta mamándosela. A los seis años comenzó a mamársela y se notaba su experiencia, tenía imaginación y además lo disfrutaba inmensamente. Robin poco a poco subía su excitación y sabía lo que iba a pasar, pero lo disfrutaba mucho, los dos tenían los ojos en blanco y parecían estar en el paraíso y de pronto ella se dio cuenta que su padre se vaciaría en su boca como siempre y entendió que al tener 15 días sin hacerlo expulsaría mucho semen, por lo que se preparó para recibirlo todo. Robin soltó un primer chorro que ella se tragó lo más rápido que pudo, tres segundos después vino el grueso de la descarga que le llenó la boca, pero aun así tragó lo que pudo haciendo lugar para un tercer chorro de semen que ya no pudo contener por completo, por lo que le escurrió esperma por la comisura de los labios que ella, con sus dedos, llevó a su boca. Los dos quedaron relajados, ella con su cara sobre la verga de su padre y el apoyado en el sillón, después de esto la levantó y la llevó a la cama donde continuaron con algo que los dos disfrutaban mucho: besarse y acariciarse después del coito.

Entre ellos no existía asco a nada, el metió su lengua en su boca con sabor a semen y con algo del mismo aun, sus lenguas se trenzaron trasegando saliva y lamiéndose la piel. Descansaron unos 10 minutos y no porque Robin lo necesitara puesto que su verga seguía igual de dura, sino para que ella disfrutara las caricias y terminara de mojarse. Entonces ella le dijo.

-papito, ya estoy lista, mi coño está muy mojado.

Él se bajó en la cama abriéndole las piernas y vio como su rajita estaba totalmente empapada de sus líquidos vaginales y no pudo aguantarse. Colocó su cara entre sus piernas y llevó su lengua a la entrada de la vagina lamiendo lo que escurría de ella, después, como era de lengua larga, le metió unos cinco centímetros dentro de ella, le gustaba sentir lo satinado de sus medias cuando ella rodeaba su cuello con sus piernas y de pronto sintió como fluían los viscosos líquidos del coño infantil, ella se volteó lentamente dejando  a la vista su culito hermoso y redondeado que tanto gustaban a su padre, Robin sin pensarlo mucho le abrió los globos de sus nalguitas y llevó su nariz al pequeño orificio anal. Le gustaba mucho oler el culito de su hija pues le excitaban todos sus olores, sacó la lengua, con sus manos separo un poco más las nalgas y el orificio se abrió un poco más, lo que le permitió meterle unos centímetros de lengua que la volvieron loca de placer, Robin depositó saliva a la entrada anal y cuando sintió que la niña estaba lista la levantó como una pluma y la puso boca abajo con las nalguitas levantadas, las abrió con sus manos y apuntó su verga al esfínter anal empujando suavemente. Tenían cuatro años haciéndolo y quince días antes lo había hecho por última vez, las paredes anales de su hija cedieron dejando pasar la verga paterna.

Robin siempre se maravillaba de la capacidad de su hija de aceptar verga por su culito, entre 4 y 5 pulgadas entraban por su conducto y tenían toda una técnica para disfrutar los dos. Ella ponía su mano apoyada en la cadera de él y controlaba la penetración cuando el iniciaba el mete y saca y siempre había un momento hacia el final que la temperatura subía de tono en los dos y aumentaban los envites de él provocando que entraran una o dos pulgadas más en el culito infantil, provocando el orgasmo familiar, y como siempre sucedió; el descargó una gran cantidad de semen en el culo filial y ella disfrutó sentir la tibia lava del semen paterno en sus entrañas.

Poco a poco Robin sacaba su pene que por lo general venia acompañado de algunas heces fecales que olían bastante, pero a ellos parecía excitarlos más los olores emanados. Ante sus ojos quedaba el ano infantil totalmente elongado dejando ver el depósito de semen unos centímetros adentro, él siempre se excitaba y terminaba lamiendo la circunferencia de la entrada del ano, lo que volvía loca a su hija hasta quedar casi desmayada, el terminaba su caricia dejándola reponerse un buen rato pues la niña quedaba con los ojos en blanco. Él se repuso poco a poco y esperó a que ella lo hiciera, ella empezó a reaccionar y apareció una sonrisa en su cara como era común cuando había disfrutado mucho; su gesto era entre pícaro, de mucho amor hacia su padre y también muy lascivo. Si, Robin reconocía que su hijita Jennyfer era muy puta, muy ardiente, muy degenerada, por eso la llamaba “mi adorable putita” en la intimidad, lo que a ella le gustaba mucho.

 

1281 Lecturas/19 diciembre, 2025/0 Comentarios/por verdolaga
Etiquetas: amigos, anal, hija, madre, orgasmo, padre, semen, viaje
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