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Fantasías / Parodias

Mi concha es la culpable

Les voy a contar la historia de parte de mi vida desde que me enteré de algunas cosas hasta el día de hoy en que soy madre de una pequeña niña de dos años llamada Morena. .
Mi nombre es Paulina tengo 18 años y soy hija única. Mi padre, Manuel, trabaja en el puerto, tiene un físico grande, un poco panzón, con brazos con músculos, su tarea es un poco bruta. Y él también lo es. Mi madre, Luisina, es una mujer gorda, pero tiene la particularidad que tiene excelentes formas en su físico, la salva que es de muy amplias caderas y enormes glúteos, lo que le achican la cintura, y todo se completa con unas tetas enormes también.

Mis padres se conocen desde muy jóvenes, ambos tenían 16 años, son del mismo barrio, aun vivimos hoy ahí, pero tuvieron y tienen una relación bastante irregular, con espacios de tiempo en el que estuvieron separados, pero al cabo de unos meses vuelven a retomar la relación. Y eso ocurre también desde cuando a los 30 años decidieron ir a vivir juntos.

Mi madre tuvo un pequeño problema ginecológico y tuvo que tomar unos medicamente y dejar de lado las pastillas anticonceptivas.

Por supuesto, mi padre se puso como un loco, y le dijo que no iba a estar dos meses sin ponérsela, ella le propuso que tuvieran relaciones de acuerdo a los días anteriores y posteriores de la regla. Al menos una vez a la semana mi padre le decía que iba a cenar con amigos, pero en realidad se marchaba con alguna puta amiga. De hecho, mi madre lo sabía y no decía nada.

Justamente en ese tiempo de dos meses fue concebida yo, cuando mi madre tenía 32 años. Mi padre no uso una buena cara, pero no tuvo otra opción que aceptar la responsabilidad, de hecho, esperaba a un niño, pero salió una niña por la cavidad vaginal de su pareja, novia, esposa, ya ni sé cómo llamarlos. Me pusieron de nombre Paulina.

Alrededor de los cuatro años me estaba dado una ducha y cuando pasé por mi pequeña ranura el jabón, sentí una linda sensación, con lo cual seguía con mi mano y dejé de lado el jabón. Hasta que pasado unos minutos me subió hasta el ombligo un cosquilleo que nunca había sentido. Con lo cual tomé la decisión de no dejar de hacerlo de cuando en cuando. Y siempre ocurría.

Lo que me hizo suponer que mis padres deberían tener las mismas sensaciones que yo, aunque no tenía la menor idea de qué era lo que hacían, aun cuando en la pieza escuchaba ciertos gemidos en ciertos momentos y algunos quejidos en otro. Lo que sí sabía es que mi padre le pegaba de vez en vez a mi madre, quien no se quedaba atrás, algunos manotazos le tiraban.

Así fue pasando el tiempo y me llegó la hora de ir al jardín y luego a la escuela primaria. Iba de mañana, en cierta ocasión tuve un fuerte retortijón en el estómago, estaba casi llegando a casa a la salida de la escuela, a eso de la una de la tarde, rápidamente fue al baño y me puse a hacer una caquita, que estaba muy dura al comienzo, pero luego se suavizó. Mientras me lavaba en el bidet me dije a mi misma que estuvo rico cuando salían mis fluidos de mi cuerpo por detrás, con lo cual me dije que también podría ser rico que entrara algo. Desde ese momento cada vez que jugaba con mi ranura que cada vez se mojaba más rápidamente, lo mismo hacía con el agujerito de mi pequeño culo y me metía un dedo en él, hasta que llegaban los cosquilleos.

Mi padre salía a las dos de la tarde, mi madre volvía a casa cerca de las seis, trabajaba como portera en la escuela del barrio y yo llegaba a la una de la tarde, como dije antes. Me hacía de comer, y luego le hacía el almuerzo a mi padre que volvía del trabajo y luego se iba a dormir una siesta, eso se repetía todos los días.

Cuando estaba en séptimo grado, llegué a casa como siempre me hice de almorzar y le dejé la comida a mi padre. Él llegó tipo dos de la tarde, almorzó y se fue a dormir la siesta de costumbre. Se levantó tipo cuatro de la tarde, se dio una ducha, y luego me la di yo. Al salir, eran más o menos casi las cinco de la tarde, mi padre estaba desnudo y su miembro un poco grande, aunque no erecto.

Me dijo que me desnudara y fuéramos a la pieza. Fuimos, me hizo sentar desnuda al borde de la cama matrimonial y me dijo que le pasara la lengua y que le chupara el miembro sin que rocen mis dientes en él. Eso hice, comencé a succionar muy lentamente su verga, ya totalmente dura, lo hice durante varios minutos, no sé cuántos, pero le dije a mi padre que estaba por volver mami del trabajo, me dijo que me quedara tranquila y siguiera mamando, así que cumplí con su deseo.

Al rato se escucharon las llaves de la puerta de calle, mi madre había llegado a casa, preguntó por mi padre y por mí, ninguno de los dos le contestamos. Mi padre le dijo que estábamos en la pieza. Cuando entró quedó azorada al verme con la verga en la boca.

-¿Hijo de puta  te vas a coger a la nena, preguntó mi madre?

-Callate la boca, desnudate y vení para acá. Ordenó mi padre.

Ella hizo caso omiso y se fue hacia la cocina, mi padre saco la chota de mi boca, fue a buscar la a la cocina, se escucharon un par cachetadas que mi padre le había dado a mi madre y la trajo de los pelos literalmente hacia el dormitorio. Le dijo de nuevo que se desnudara. Mi madre esta vez le hizo caso. Quedó totalmente en bolas.

-Ponete al lado de Paulina, acostada, mi padre me hizo acostar a mí también. Me abrió las piernas y dejó mi ranura indefensa ante su lengua juguetona y ansiosa.

-Ponele la teta en la boca a la nena, quiero ver. Dijo mi padre.

Su lengua era verdaderamente voraz, yo entre tanto le chupaba el pezón a mi madre, luego me hizo colocar boca abajo y abrió mis glúteos y comenzó a hacer su trabajo con el agujerito de mi culo. Ya tenía cierta experiencia con ese agujero ya que yo me tocaba casi en forma permanente, pero siempre a escondidas de mis padres.

Volvió a ponerme boca arriba e introdujo la cabeza del pene en mi argolla, mi madre miraba con cierta gusto y desvergüenza, como que le gustaba verme penetrada por mi padre y ella mirar el hecho y estar desnuda a mi lado. Se la veía lujuriosa. Papá introdujo un poco más su chota en mi agujero y aseguro que me dieron unas cosquillas constantes que duraron varios segundos, yo gemía mientras mi madre me volvía a clocar el pezón en mi boca.

Luego mi padre me volvió a poner al costado de la cama y le dijo a mi mamá que se colocara a mi lado. Empezó a tocarse el pene, mi madre me dijo que se estaba masturbando, ya lo sabía porque las chicas de mi escuela no eran tan santas. En un momento determinado nos echó su semen en la cara a las dos, recibos algunas gotas cada una.

-Llevala al médico y decile que le de anticonceptivos que quiero acabarle adentro de la concha, le dijo a mi madre y la próxima es por culo, me advirtió mirándome fijamente.

Se fue de la pieza, nos dejó solas, mi madre me dijo:

-Pendejita ahora me vas a chupar la concha a mí, ya le chupaste la verga a tu padre, te crees que te vas a salvar de mí, empezá a chupar.

Mi madre había llegado del trabajo, ella tiene la concha muy peluda, cuando me arrime para pasarle la lengua el olor de su interior era bastante fuerte.

-Dale nena, que esperas, me dijo. Y agregó así huele la concha, es como le gusta a tu padre, la concha con olor a concha y el culo con olor a culo. Eso quiere el macho de su hembra. Comencé a lamerle la vagina a de mi madre que se retorcía en la cama, y cada tanto daba un pequeño grito, hasta que se puso en cuatro patas y me dijo que le pasara la lengua por el agujero del culo, estaba oloriento, pero lo hice no sin cierto placer, los aromas comenzaron a excitarme. Luego mi mami empezó su trabajo conmigo.

Cuando tenía 16 años me fui a un baile del club de m barrio y allí conocí a Hernán, un muchacho del gado alto, bien parecido, él tenía 23. Bailamos toda la noche y quedamos en vernos al día siguiente. Y así fue, nos encontramos en la plaza del barrio y nos fuimos a caminar un rato por ahí, charlábamos de cosas triviales. En un momento me invita a tomar algo, yo accedí y me dijo que me llevaría a su casa, que era pequeña pero muy acogedora. Al principio me pareció algo apurado, pero luego me dije: ¿Por qué no?

Fuimos hasta su casa, entramos, era pequeña, comparada con la de mis padres, me ofreció una bebida espirituosa, le dije que sí. A los cinco minutos comenzó a desvestirme, me resistí, le dije que no quería hacer nada más que tomar algo, me pegó dos o tres cachetadas, me siguió desvistiendo, cuando quedé desnuda y con algunas lágrimas en los ojos comenzó a desnudarse, ya estaba erecto, entonces me penetró por todos los lados posibles y derramó su semen dentro de mi concha.

A pesar de todo, lo más extraño es que me gustó todo, desde los golpes que me dio hasta sus penetraciones violentas, verdaderamente tenía un pene bastante excitante. No tanto por lo grande, era más bien normal unos quince o dieciséis centímetros, pero sabía cómo usarlo, al igual que su lengua.

-¿Imagino que nos vamos a volver a ver? Me dijo con una sonrisa dibujada en su rostro.

-La concha de tu madre le dije, con cierta violencia, me violaste y querés verme de nuevo. ¿Sos tarado vos?

-Puede ser, me contestó, pero me gustas mucho, y darte en tanto te resistís me puso más excitado. Por otro lado, no te hagas la boba, bien que te gustó, tenías la argolla bien mojada. Putita.

Me había gustado, pero no podía decírselo, hubiera sido una estupidez de mi parte, ahora lo que tenía que hacer era esquivarlo para volverlo un poco loquito. Y siempre he sabido hacer esas cosas, principalmente con mis padres, que me tenían ganas dos o tres veces por semana. Tanto uno como la otra. Lo hacía para hacerme la interesante, no porque no me gustara, lo hacía para que cuando me agarraran se volvieran loco al tener sexo conmigo. Ahora le tocaba a este pibe. Lo que le oculté es lo que pasaba con mis padres, no era necesario que lo supiera.

Por supuesto que volvimos a vernos y la cosa se hizo más seguida, nos pusimos de novio, pero a los tres meses le dije que estaba embarazada, y era de él, porque con mi padre no había tenido relaciones porque estuvo como dos meses en otra terminar portuaria. La cosa era simple.

-Ni creerás que me vas a tener a tu lado, no me vas a atar con un pendejo, yo voy a atenderlo en todo lo que me pidas, pero desde hoy la relación se acabó. Nos vamos a ver siempre que me necesites, pero se relaciones con algo del pibe. Pero no esperes nada más de mí.

-Bien que te gustó hacerme la concha y el culo cutáneas veces se te ocurría, siempre estuve dispuesta, y ahora más salís con esto. Sos un hijo de mil putas. Le dije muy enojada.

Estábamos en la calle y me dio vuelta la cara de una cachetada, comenzó a salir sangre de mi nariz, me ofreció un pañuelo y me hizo poner con la cabeza hacia arriba. No me dijo nada y se fue. La cuestión fue que a los diez días se arrepintió y vino a pedirme disculpas y quería retomar la relación. Que yo le gustaba mucho y no sé cuántas cosas más. Volvimos.

Yo seguía con mis tareas habituales, tratar de terminar mis estudios y seguir la facultad, aunque no sabía todavía qué carrera elegir, mientras llevaba adelante mi embarazo.

Una tarde, de esto me enteré después, llegó a casa para verme a la salida del colegio, mi madre tenía franco, yo me retrasé haciendo un trabajo en casa de una amiga y le avisé a mi madre del retraso. La muy puta aprovecho el momento para lanzársele a Hernán.

-Paulina va a llegar tarde, querés esperarla en casa hasta que vuelva, me dijo que iba a tardar un poco.

-Si, dijo Hernán.

Mi madre lo hizo pasar, lo sentó en un sillón que tenemos en el comedor y le dijo que volvía en unos minutos, que iba a ducharse. Hernán le dijo que la esperaba.

Al rato mi madre sale del baño en vuelta en un toallón. Su enorme cuerpo no pasa inadvertido cuando está vestida ni me quiero imaginar la cara de Hernán al ver de ese modo.

-¿Te gusta mi hija? Preguntó mi madre.

-Por supuesto señora.

-No me digas señora, llámame por mi nombre, Luisina o como más te guste. Ni tampoco me trates de usted.

-Bueno, está bien respondió Hernán.

Mi mami empezó a hacerle mohines, se sentó a su lado, el toallón estaba cada vez más flojo hasta que quedó con las tetas al aire. Hernán no dijo nada, pero observó con atención esos pechos enormes y esos pezones erectos con sus aureolas gigantes. Ella comenzó a frotarle la mano por sobre el pantalón, comenzó por la rodilla y terminó en su bulto. Hernán ya estaba erecto, ella se quitó el toallón y comenzó a desnudarlo.

Mientras estaban en los juegos previos a Hernán le gustaba entre un juego y otro ingresar en los cuerpos de las mujeres, su suegra no fue la excepción, mientras le pasaba la lengua a el agujero muy peludo y gordo de mi madre, ella se sentó en el sillón y comenzó a mamarle el miembro súper erecto de mi novio, da la casualidad que en ese momento en que estaban en lo mejor del sexo, entré a casa y los vi, ambos en bolas y cogiendo y yo como una pelotuda que volvía de la escuela con mi enorme vientre.

-Sos un hijo de puta, la puta que te parió, la dije a Hernán, y vos puta podrías dejar alguna pija tranquila. Le dije a mi madre.

-Callate pendeja, me contestó mi mamá, que vos sos más puta que yo, así que cerrá el culo putita, que bien que tenés gastado los agujeros.

Estaba por cumplir mis diecisiete, por tener una beba y ya era cornuda. En realidad, me excitó que Hernán le diera a mi madre y más me gustó poder verlos a ambos, con las ganas con que se daban sexo, casi brutal, como es un hábito en Hernán y también en mi vieja, siempre le gustó el sexo rudo a la muy puta. Hernán no dijo nada, se quedó quieto y en bolas sentado en el sillón, me saqué el guardapolvo y comencé a mamarle la pija, se volvió a endurecer. Me desnudé y me senté arriba de su pene que ingresó rápidamente en mi culo, estaba toda abierta. Mi madre se había ido al baño y volvió al comedor y nos vio.

-Podés ir a coger a la pieza, pendeja de mierda, me ordenó.

La cosa siguió con Hernán, era la primera vez después que nos habíamos separado que no teníamos sexo, quise tenerlo con él para preguntarle si le había gustado estar con mi vieja, le dije que fuera sincero y me contestó afirmativamente. Yo le pregunté con quién le gustaba coger más, él me comentó que yo había llegado y ni siquiera la había probado del todo y que, encima, mi llegada no le permitió ni siquiera acabar, cosa que hizo mientras me estaba contando, escupió su verga toda la leche dentro de mi culo. Eso fue solo sexo anal. Debo reconocer que me causaba el mismo placer por delante que por detrás.

Por fin llegó el momento en que mi hija nació, su nombre es Miranda, me acompañó Hernán en el parto. Cuando me llevaron a la sala con la pequeña, me tomó de una mano y me dijo que al cabo de treinta días la iba a bautizar.

– ¿Bautizar?, le pregunté

-Ya vas a ver… me contestó.

-No te entiendo.

-Te vas a calentar como una hembra bien prostituta, tal como sos. Te lo aseguro. Bueno, estuve esperando con ansias lo que iba a hacer este lo que siempre tiene ideas un poco extravagentes. Dos días antes que se cumpliera el mes me llamó por el celular y me dijo si en dos días mis viejos iban a estar fuera de casa, le dije que sí, mi madre no tenía franco y mi padre trabajaba hasta casi las 14.30 horas. Me dijo que ese día no fuera a la escuela, le hice caso. Hasta que llegó el día.

-Hola, ¿cómo te va?, me dijo.

-Bien, le contesté.

-No tenés que darle de comer a Miranda.

-Sí, le contesté justo estaba en eso,

-Bueno, me dijo y me ordenó, desnudate y dale la teta. A la nena pone en bolas también, quiero que mis dos hembras estén sin ropa.

-Yo no soy tu hembra, conchudo, solo tenés una hija conmigo y nada más. Así que yo le doy mis huecos húmedos a quien quiero. Le dije con cierto enojo.

-Bueno, no seas mala, vas a ver que lo que voy a hacer te va a gustar y si no te gusta mala suerte, ¿entendiste pendeja? Porque si no te voy a cagar a trompadas.

-Me llegás a poner una mano encima y te pateo los huevos, la concha de tu madre, le dije aún más enojada.

Dale, te espero, andá a buscar a la nena.

Fue hasta la habitación Miranda ya estaba despierta y con ganas de empezar a chupar mi teta, que de hecho se habían puesto enormes y tenía una cantidad de leche que debía sacar y ponerla en la heladera porque me saltaba de los pezones.

Desnuda ambas, me senté en una silla y comencé a darle de mamar a la nena, Hernán miraba con atención toda la escena, comenzó a desnudarse, cuando se sacó el slip ya tenía la verga durísima, nunca lo había visto tan excitado. Se paró ante nosotras y comenzó a hacerse una paja.

-La voy a bautizar con leche, le voy a derramar mi carga a esta pendejita, voy a ser el primero y bañarla en leche, dijo con los ojos cerrados y seguía con su tarea muy concentrado.

-Verdaderamente sos un hijo de puta degenerado.

-Sin mirarme, me dijo: ¿no te gusta?

-Qué perverso que sos.

-No me contestaste, conchuda, me dijo.

-Sí, sabés que me encanta, que soy tan degenerada como vos, lo sabes hijo de puta, podés hacer lo que querés conmigo, sos un malparido que me gusta hasta que me pegues. Debo ser masoquista y todo por tu culpa la concha de tu madre. En ese momento comenzó a gotear leche su pene, la cabeza estaba colorada y grande, el seguía con los movimientos y todavía salían algunas gotas más. En ese momento me mojé toda, estaba lista para un polvo. Pero no fue así. Hernán se quedó un rato más y se fue.

Me tuve que hacer una paja con un juguete que me había comprado una semana después que Hernán me dijo que me dejaba. Seguía corriendo el tiempo, de cuando en cuando el padre de mi hija me echaba un polvo y también visitaba a mi madre y se la cogía. En ocasiones yo me quedaba mirando y en otras se quedaba mirando mi mami. Yo, por mi parte, seguía cogiendo con mi viejo. Cada día me fornicaba mejor ese hijo de puta.

Un día me llamó Hernán al celular y me dijo si el sábado podía ir con él a una fiesta con unos amigos, donde también iban a ir mujeres. Le pregunté de qué se trataba y quiénes eran los muchachos, yo conocía a dos o tres amigos de Hernán. Me dijo que ellos y también otros. Que iba a haber música y algunos juegos de varios tipos y que se podía o no participar de ellos. Me dijo que me pusiera más linda de lo que era. Era verdaderamente un halago, casi nunca tenía esos momentos de ternura.

Yo siempre fui para él una hembra a la que coger la mayor cantidad de veces, por todos lados, una puta que tenía que estar dispuesta en todo momento, sin hora, sin aviso y, en caso contrario, me tenía que comer un par de cachetazos. No puedo negar que todo eso me gustaba, me encanta ser un objeto sexual, me gusta ser usada y luego tirada, en bolas en una cama o que algún macho me diga que me tengo que cambiar porque se le había terminado el tiempo y si no llegaba a su casa, su esposa le iba a hacer una escena de celos.

De todas maneras, nunca dejé de tener mis asuntos ocultos por ahí, en el barrio había un par de maduros que me daban, al menos una vez a la semana, cada uno. En cierta oportunidad le dije a uno que si le parecía oportuno hacer un trío con otro amigo que tenía de una edad similar. Debo reconocer que ambos se comportaron como verdaderos machos, y eso me excita sobremanera, en esos casos me comporto de la peor manera posible, triplico o cuadruplico mi putismo innato.

Hasta que llegó el sábado tenía puesto un vestido negro ajustado, con la falda muy corta, no me puse sostén y debajo una mínima tanga que solo me tapaba la vulva.

-Que linda estas, me dijo Hernán con una sonrisa.

¿Te gusto? Le pregunté.

-Por supuesto, pero eso no indica que voy a estar atado a vos, te lo claro para que no te hagas sueños irrealizables conmigo.

-Ni te lo pedí ni lo pensé, acaso no te diste cuenta que hago mi vida con Miranda, sin prestar mucha atención a lo que vos hacés. Ni me importa le dije, devolviéndole la sonrisa.

-Perfecto, entonces. Vamos, me dijo.

Subimos a su coche, llegamos a una casa en las afueras del barrio hacia el norte de la ciudad, una casa de planta baja y alta, muy linda. Nos bajamos y entramos, salvo a esos chicos amigos de Hernán, no conocía nadie más, ni a los muchachos ni a las chicas. Todas estaban vestidas muy eróticamente y se movían del mismo modo, ya algunas un poco alegre por lo que habían bebido. Consumido, verdaderamente no lo sé.

Después de haber estado, creo, un par de horas, Hernán se fue hasta una mesa a buscar una copa de champagne, mientras estuve sola se arrimaron dos chicas y un muchacho, una de ellas me abrazó y me puso una mano en el culo, la miré asombrada, la otra me dijo que le gustaba y que tenía ganas de lamerme toda, el joven me dijo que su nombre es Daniel y que tenía la verga lista para mí.

Me arrodillé, saqué la pija dura de Daniel y comencé a chupársela, me puse de pie, empuje a las chicas contra la pared, me arrodillé de nuevo, les subí la falda y le lamí la argolla un rato a cada una. Luego dejé que hicieran conmigo lo que quisieran, Hernán estaba ya bebiendo de su copa y miraba atentamente lo que ocurría conmigo. Lo miré a los ojos y le regalé una sonrisa cómplice.

P.D. Este es un cuento escrito por mi amiga Paulina, es su historia.

 

 

36 Lecturas/23 marzo, 2026/0 Comentarios/por holograma
Etiquetas: amigos, anal, colegio, madre, maduros, mayor, padre, sexo
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