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Fantasías / Parodias

Sangre en el bosque parte 4

Los sobrevivientes de un siniestrado vuelo se darán cuenta que, para su pesar, no están solos y que las antiguas leyendas, son muy reales. .
5

El cansancio vencía la fuerza de Svetlana, al igual que sus padres que había caminado horas sin llegar a ningún lado.

 

  • Ya no creo que fuera buena idea salir del campamento —reprochó Ljubica.

 

Su esposo no respondió, no quería dar su brazo a torcer. El cielo se oscurecía con una velocidad nefasta, presagiando una noche negra y peligrosa.

Jaka Hribar procuró que su familia descansara una hora, intentado distraerles de lo que a él le preocupaba.

Ya estaba anocheciendo. Los árboles de un extraño color cenizo se perdían en las alturas y las ramas, nudosas y afiladas, emulaban garras de bestias mágicas y aterradoras.

  • ¿Que hacemos ahora? —preguntó preocupada Ljubica.
  • Seguimos adelante —respondió su esposo—, no podemos regresar, no por que no quiera, no sé cual es el camino.

 

La mujer contuvo una lágrima, estaban perdidos y no podían hacer otra cosa que caminar, seguir adelante entre los retorcidos árboles que parecían observarles malignamente, entre los lobos que le acechaban y la negrura que intentaba arrebatarles el haz de luz de la linterna que precariamente les alumbraba.

Fue entonces que a lo lejos, en medio de aquel bosque primitivo un tenue brillo relució como un faro en la desesperanza.

Ni lo cuestionaron, como guiados por la providencia se encaminaron con dirección a aquella luz de salvación.

 

 

 

«Es aquí querido lector que he de advertirles de continuar, si has leído otro de mis

relatos, sabes hacia donde va. Has quedado advertido».

 

 

 

 

 

***

 

       Antes que yo no hubo nada creado, a excepción de lo eterno, y yo permanezco eternamente. ¡Oh vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza!   

                                                   

                                                                                            ****

 

CUATRO

 

 

1

 

 

Bilyana somnolienta abrió los ojos, no podía entender que ocurría, ráfagas de viento golpeaban su rostro y su cuerpo se sentía liviano, como si flotara, como si volara entre las nubes. El peso de su hermano la reconfortó, aún desorientada recordaba que se hallaba sentada junto a Petar al lado de la fogata, protegidos por Olga, esa mujer regordeta y amable que hablaba con un acento gracioso. Y volvió a dormir.

 

Bilyana Stoyanova era una chica de diez años, delgada, de cabello rubio y piel lechosa, su hermano Petar, de ocho años, revoltoso, con una energía que nunca parecía acabar la  enloquecía cada vez que correteaba por la casa.

 

2

 

 

 

Nauseabundos hedores envolvieron a la niña, una mezcla de carne podrida, sudor rancio y tierra húmeda le produjeron arcadas, con esa sensación de nauseas abrió los ojos. Ya sin la confusión que anteriormente le nublaba comenzó a mirar alrededor, estaba retenida en una habitación penumbrosa. Completamente desnuda y sentada a una larga mesa, sobre ella una enorme cazuela de barro rodeada por seis bandejas de plata con todo tipo de frutas y cortes de carne: manzanas, peras, albaricoques y uvas se mezclaban con muslos de pollo y chuletas de cordero. Todas podridas, de los trozos descompuestos emergían gusanos gordos y amarillos. La niña asqueada volteo la cabeza encontrándose con su hermano sentado a su lado, algo más confuso y somnoliento. Unos candeleros de innumerables velas y llamas anormales alumbraban tenuemente las esquinas de aquel extraño cuarto.

En la oscura habitación una sonriente figura se le acercó, la aterrorizada niña se le quedó mirando mientras la habitación se iluminaba con un desagradable fulgor, revelando que en realidad se encontraban ante un fastuoso y amplio comedor.

Los celestes ojos de Bilyana se clavaron sobre la anciana que se encontraba de pie frente a ella. Entre jirones de telas que fueron blancas hace muchos años, se vislumbraba una piel plomiza y reseca en partes, en otras partes emergían placas fúngicas que cubrían amplias zonas del cuerpo, el rostro por otro lado, era completamente deforme y en descomposición: sus ojos, dos esferas hundidas y amarillentas acompañaban a dos orificios en lugar de nariz, una boca carente de labios y dientes de hierro oxidado, mechones de cabellos canos y grasosos cubrían una frente prominente.

La vieja se le acercó arrastrando una pierna de hueso color tiza la cual, en parte, estaba cubierta por trazos de la misma tela. Pasando los dedos puntiagudos por las mejillas de la niña acercó su horrendo rostro al cuerpo desnudo olfateando su piel para luego hacer lo mismo con su hermano, sonrió.

 

  • Sangre de inocente, carne de inocente —carcajeo—, ven a cenar conmigo, ven, coman —dijo la vieja sirviéndole un cucharón de caldo espeso y negro—, come antes que se enfrié.

 

Sirvió un cucharón, un trozo de lo que parecía ser carne cayó al plato salpicando la mesa, acercó sendos platos a los niños alentando a que coman.

 

  • Vamos, come niño, eso… come.

 

Petar, titubeante alzó la cuchara ocre y se la metió a la boca, la bruja entonces puso atención en Bilyana quien se rehusaba a comer.

 

  • Come pequeña, come tu también —insistía—, come como tu hermano.

 

El chico, como hipnotizado se saboreaba a cada bocado, como devorando un delicioso manjar. Bilyana, al ver lo a gusto que comía su hermano, tomó la cucharilla y se la llevó a la boca, de algún modo la tragó y consiguió no poner cara de asco.

La vieja lanzó una atronadora carcajada al tiempo que las luces iban perdiendo brillo.

 

 

CINCO

 

 

1

 

 

 

Jaka y su familia corrían por la negra espesura en dirección a aquella luz, luz que se iba convirtiendo en una cabaña de intrincadas proporciones entre más se acercaban. Ya  junto a ella, la estructura se mostró en todo su esplendor, o en toda su tenebrosa magnificencia. La cabaña, de tres pisos retorcidos y chuecos se combaban como a la espera de una leve ventolera para colapsar sobre si misma. Construidos con una madera resaca y ruinosa, daba la impresión que llevaba abandonada trescientos años, sin embargo, desde su interior emergía esa luz que ya de cerca, parecía no brillar con tanto fulgor.

 

  • ¿Habrá alguien? —preguntó Jaka.
  • Toca y probamos —respondió Svetlana.
  • No sé —acotó su madre—, no me inspira confianza, mejor…

 

No terminó la frase cuando su esposo golpeo el añejo entablado. Un hueco tronar retumbó en el interior y los tres visitantes desaparecieron del porche.

La casa comenzó sacudirse con violencia, alzándose sobre dos descomunales patas de pollo y tambaleándose en rítmica marcha, se adentro en bosque.

 

 

 

2

 

 

 

Jaka Hribar se halló en medio de un salón abarrotado de telas colgando del techo, candelabros con decenas de velas y paredes decoradas con intrincados patrones arcanos. Miró al rededor buscando su familia cuando, una silueta se elevo del piso con movimientos espasmódicos, como una marioneta con articulaciones rotas.

 

  • A ti no te necesito —susurro la bruja.

 

El hombre se dejó caer apretando su cabeza con las manos mientras gritaba a todo pulmón. Sus hueso crujían y sus articulaciones se dislocaban retorciéndose de maneras antinaturales, hasta quedar tendido en el suelo.

La bruja se le acercó haciendo que Jaka se incorporara.

 

  • Así está mejor —dijo la bruja arrancándole la camisa de un tirón.

 

 

Deslizó los nudosos dedos por los abdominales y cuando llegó a la pretina del pantalón, los arrancó hecho jirones. La vieja se inclinó junto a la entrepierna del hombre y abriendo la boca, engulló el ablandado miembro. Por entre los oxidados dientes la bruja alargó una desproporcionada lengua tumorosa, con la cual envolvía el pene que ya cobraba fuerza acariciando los testículos al mismo tiempo. La polla de Jaka se ensanchaba y alargaba más allá de su tamaño normal. Gruesas venas envolvían el tallo enmarcando un glande de enormes proporciones.

 

  • Sígueme, cachorrito —dijo la bruja haciendo que un Jaka sin emociones la siguiera.

 

 

 

 

3

 

 

 

Ljubica abrió los ojos encontrándose en una enorme cama de sabanas se satín blancas. Perezosa se arrebujo entre las sabanas creyendo que todo había sido un sueño. Unas manos comenzaron a recorrer sus hombros y bajar por la espalda.

 

  • Ya, déjate —dijo.

 

Pero las manos no se detuvieron, la mujer se giró viendo el rostro de su esposo intentando desnudarla.

 

  • Que te pasa? —Preguntó— estas tan excitado que no te puedes aguantar? Sabes que no tengo ganas —las manos llegaron a su trasero acariciando e intentado adentrarse entre sus pliegues—, no aceptaras un no, cierto? Está bien.

 

Ljubica abrazó a su esposo y le besó con pasión, notando como el hombre se comportaba de una manera más brusca que de costumbre.

Jaka se acomodó sobre su esposa, abriéndole las piernas y rozando el glande contra la vulva palpitante. Ljubica se estremeció, posicionado las caderas esperando la penetración que no tardó en llegar.

Un grito sordo retumbó en el cuarto cuando el enorme trozo de carne deforme le penetró el coño hasta golpear la cervix.

Ljubica intentó quitarse a su esposo forcejeando inútilmente, rasguñándole la espalda y arrancando trozos de carne sanguinolenta. La mujer, al borde de la histeria gritó y se retorció cuando vio los ojos blancos de Jaka, soportando las brutales acometidas que ensanchaban las paredes de su coño desafiando los límites de la elasticidad.

 

 

  • Suéltame por favor, que me estas haciendo daño —gritaba Ljubica—, ya basta no lo soporto.

 

 

 

El poseído Jaka continuaba taladrando el dilatado coño de su mujer, aferrándose a su cuerpo la giró haciendo que montara su polla. El hombre, flexionado las piernas la posicionó de manera de poder seguir follándola.

 

 

  • Que buena mascota —retumbo una risa tras la pareja.

 

La vieja bruja se acercó al culo en pompas de la mujer, moviendo los dedos crispados lanzó un sortilegio. Odiosos chillidos surgieron de las sombras al tiempo que insectos emergían de entre las sabanas andrajosas que una vez fueron blancas de satín. Los insectos, parecidos a ninfas de plecopteras de cuarenta centímetros se movían gracias a seis puntiagudas patas arrastrando una cola bifida. Avanzaban controladas por la bruja moviendo las enormes antenas adosadas a una pequeña cabeza de poderosas mandíbulas cortadoras.

Los insectos treparon sobre los glúteos temblorosos, acercándose a la raja que la bruja abrió a disposición, entonces, el insecto líder pugnó la entra del ano insertando la cabeza. El grito de Ljubica tronó en los oídos de la bruja cuando las espinosas patas del insecto forzaban los anillos obligándolos a ensancharse a su paso.

 

  • Sácalo, sácalo, por favor sácalo —gritaba Ljubica mientras el bicho se perdía en las apretadas carnes de la mujer.

 

Ya con el bicho profundo en el culo le dejo el lugar a un segundo que, sin el esfuerzo de su colega entró con facilidad.

Ljubica creía desfallecer, el enorme cipote de jaka continuaba entrando y saliendo del coño mientras los insectos revoloteaban en sus intestinos. Un tercer bicho avanzó a la pareja pero esta vez con dirección a Jaka. Las patas batallaron contra el esfínter del hombre hasta adentrarse profundo en sus entrañas.

Chillidos, bufidos, suplicas y gritos de dolor regocijaban a la bruja y más aun cuando, de los costados de la pareja emergieron seis patas insectoides entre sangre y jirones de carne, y en una vista repugnante, las monstruosas patas se abrazaron continuando con la demencial follada.

 

 

 

 

4

 

 

 

 

Svetlana se encontraba en medio de un cuarto vació y pobremente iluminado, un espectral frió bañaba el lugar provocando que la piel se erizara, intentó frotarse los brazos para entrar en calor y fue cuando se dio cuenta que estaba completamente desnuda.

Algo tocó el hombro de la chica sobresaltándola. Miró en todas direcciones sin encontrar nada.

 

  • ¿Mamá? ¿Papá?
  • Tus padres están ocupados, pequeña —dijo una voz en la penumbra.

 

Svetlana tembló al ver como, incorporándose de entre las sombras, Baba Yaga emergía frente a su rostro. La desfigurada bruja se acercó olfateando su cuerpo.

 

  • Has sido muy traviesa —susurró la vieja—, tengo algo muy especial para ti.

 

 

La bruja, con una grotesca mueca asemejando una sonrisa, le apretó las muñecas con una mano por sobre la cabeza y alargó el dedo índice hasta que su filosa uña rozara la piel de la chica.

 

  • Que estas haciendo? —sollozó.

 

Svetlana sintió pánico, pero se obligó a mirar lo que le estaba haciendo, tenía siete manchas en la ingle, siete rayas sangrantes que se entrecruzaban desde el pubis hasta el ombligo, de una cadera a la otra, desde el pubis hasta cada cadera y de la cadera al ombligo formando un pentagrama arcano, entonces la soltó.

La chica cayó de rodilla sujetándose el abdomen, llorando.

Sentía los dedos fríos y la boca seca y pastosa, de pronto, su estomago comenzó a moverse, violentos golpes le levantaban el vientre como algo intentado salir, y gritó.

Una profunda punzada le hizo retorcer del dolor, se giró, abrió las piernas y con ambas manos se separó los labios vaginales todo lo que pudo y pujó. Desde el interior del coño la cabeza una serpiente blanca como la leche y del tamaño de una manzana emergió reptando. Chillidos de terror y dolor soltó a cada centímetro que el reptil surgía de sus entrañas. La serpiente envolvió el delgado cuerpo de Svetlana ascendiendo hasta llegar a su boca y tras forzar la mandíbula, ingresó deslizándose por la garganta, reptando, bajando más allá de los límites biológicamente posibles y bajó. El cuerpo de la chica se convulsionó, los dedos se crisparon aforrándose a la serpiente, intentado evitar que siguiera avanzado pero, lo hizo, la demoníaca serpiente volvió a salir del cuerpo de la chica. Esta vez por su culo.

30 Lecturas/3 febrero, 2026/0 Comentarios/por v1rgilio
Etiquetas: chica, culo, follada, hermano, leche, madre, metro, polla
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