Ámbar, La Nínfula
Capítulo II, Qué otra cosa ansiar o desear, si no es el cuidado, la ternura y la compasión por personitas especialmente, hermosas y genuinas para nosotros..
Ámbar, La Nínfula
Qué otra cosa más que ansiar o desear, si no es el cuidado, la ternura y la compasión por personitas especialmente hermosas y genuinas para nosotros.
Capítulo II
Mis ojos se posan en sus diminutos y frágiles piececitos, con el tono rosáceo tan distintivo de ellos
Decido entrar a la habitación dónde descansa, me siento a la orilla de la cama, extiendo mi brazo y activo la lámpara amarilla que detalla y armoniza los objetos y más aún, las mejillas levemente rojizas de mi Nínfula, que al sentirme, entreabrió los ojos lentamente.
Me acerco a su mejilla y le doy un beso en la comisura de los labios.
Esboza una sonrisa inocente, fulminante de ternura y aceptación.
Se incorpora a medias en la cama y la colcha deja al descubierto medio torso semidesnudo, con un mini brasier blanco con detalles de florecitas púrpuras, un abdomen marcadito por un pequeño rollito.
Hago contacto visual con ella –Durmió bastante mi pequeña creo –
No responde inmediatamente, baja la mirada levemente y sonríe a medias.
Me abalanzo sobre ella y con mis dedos le genero cosquillas que intenta rechazar los primeros instantes, pero rápidamente su risa y carcajada y la resistencia se vuelve contra ella y termina arqueando su espalda por la risa incontenible y mis labios que invaden su nuca suave y un aroma dulzón con matices florales (y sí, sabemos exactamente percibir esas notas), sus cabellos me cubren parcialmente el rostro, sujetándola, doy media vuelta y queda encima mío con la blajquería de la cama cubriendo sus nalgas gelatinosas, con una redondez en desarrollo. Me mira fijamente, ideando una venganza después de las cosquillas e intenta mordisquear mis lóbulos, dejo que cumpla con su cometido, pero la envuelvo entre mis brazos y la apoyo contra mi, el roce de su piel tibia y tersa, me acelera el corazón y la respiración.
Mis manos empiezan a recorrer delicadamente sus hombros y espalda baja con un vaivén lento, que deja en un limbo de pensamientos y experiencias nuevas en la niña, que erizan su piel y dibuja una mueca de confusión, extrañeza y gusto.
Le respondo con una sonrisa, me corresponde y acaricio su mentón con el dedo pulgar e índice, contorneando sus labios rosados pálidos y con el brillo característico de su edad.
La acomodo encima mío con suaves movimientos de cadera, que hacen rozar nuestras pelvis, me incorporo en un movimiento para terminar en el cabezal de la cama, flexiono mis rodillas y su cuerpecito termina a escasos centímetros de mí.
Dejando pasar un brazo por la espalda baja detrás de Ámbar, y el otro, en su mejilla, acerco mis labios a los suyos y con un pequeño desliz, voy desde sus labios inferiores a ambos, que ella acepta dudosa, pero cede.
Mis manos empiezan su recorrido por el costado de su tórax, van hasta la espalda, por debajo de su mini y suavemente desprendo sus sujeciones. Nuestros besos ya no son de roces, sino de pasión, húmedos, con la temperatura infernal de las mujercitas, con algunas mordidas suaves en los labios de ella, y sus pequeñas protuberancias de senos, que puedo rodear con mis manos, su aureola más oscura qué su piel y pezones rosados, como pequeñas pasas de fruta que rozo por instantes.
Ella responde con pequeños espasmos involuntarios, su calor corporal aumenta bajo la colcha y su respiración se vuelve más densa, relajada, con un rubor en sus mejillas y sus ojitos cerrados, lentamente, descubriendo nuevas sensaciones en toda su delicadeza…


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