CÓMO EL RECUERDO ERÓTICO SE MEZCLA CON EL PRESENTE. Por JuanaLoca
Soy su anfitrión narrador de historias reales mezcladas con ficción. No porque la realidad sea diferente, sino porque adornada, suavizada y propuesta con la maestría de un chef, se sirve fría o caliente, según convenga. Y en eso soy eximio..
Estaba hoy en la previa a la ducha matutina preparando mis diseños exclusivos de ropa erótico-porno de travesti y solo de verla e imaginarla puesta junto con la imagen que me devolvió el espejo se me produjo una erección que dirigió voluptuosas contracciones a la entrada de mi ano que siempre se asocia a la erección de mi instrumento viril. Siguió su tránsito a través del canal anal y noté que la auto-dilatación se iniciaba con su consiguiente deseo que se instala en mi mente de ser usado como…YEGUA. Fue la figura que se me presentó. Una hembra que suele ser compartida con la verga de dos machos: un potro que la monta con la intención de dejar su carga seminal lo más rápido posible; y la del asno violador de la identidad de especie y ensarta a la yegua con su enorme verga que maneja eficazmente y con la energía de un rijoso macho. La yegua siente que la larga y enorme verga se abre paso en su vagina y le provoca el placer negado por su congénere.
Me sentí yegua y de ese solo pensamiento se me produjo el deseo irrefrenable de usar mi culo como la vagina de esa hembra.
-¡Soy yegua! Me siento hembra equina y dispuesta aprobar la abertura y dilatación máxima que puedo alcanzar.
Empecé por el dildo grueso negro que me abre el culo y lo dilata a tal punto que lo deja sin resistencia y abierto como la gran caverna sexual que es.
Pero no me sentía conforme porque después de varios sentones, la dilatación ya se ha abierto y el grueso seudo pene entra y sale con la mínima dificultad.
Quería extenderlo al máximo en que el dolor llega a un nivel muy alto.
Buscaba entre mis juguetes y utensilios usados en mis trabajos anales y de pronto me topo con una talla artesanal adquirida en una de esas tantas ferias veraniegas de artesanos y vendedores:
Ahí estaba esa réplica de un artefacto usado en las danzas ceremoniales. La tomé y la medí. Nueve centímetros de ancho y unos 70 centímetros de alto. Seis centímetros de perfil…
La tomé y la lubriqué lo suficiente para el efecto y después de los sentones con el negro dildo, dilatada mi caverna del pecado, inicié la faena.
En un principio difícilmente se abrió paso una pequeña parte inicial para luego ir abriendo cada centímetros de avance con bastante dolor -soportable- pero eso era lo que buscaba,
Otro empujón. De paso hay que recordar que el ano se abre cuando pujamos y en ese momento se mete un poco más aprovechando esa abertura.
Poco a poco hasta que logré insertar unos 20 a 25 centímetros.
Relajé el culo y esperé. Luego inicié un lento mete-saca. Me costaba en realidad.
Estaba al límite de la calentura.
De pronto pude hacer un mete-saca y luego otro… Acompañaba cada movimiento con la masturbación de mi pene…
Recordé cuando el cura me llevaba a su pieza y me sentaba en sus rodillas mientras sus manos recorrían mis muslos y mis nalgas, marcando, pellizcando, sobajeando… en ese instante me dejé llevar y volví a sentir los deseos de ser enculado, cogido, culiado…
Pero el cura solo acariciaba la entrada en un zigzagueo de sus dedos y mi culo pujaba por ser invadido…
Un dedo cumplió por fin ese afán y se introdujo con la plena aceptación de mi excitado esfínter que quería algo más grueso y contundente. Pero solo después de varios apretones de mi ano ingresó otro y luego otro…
-Ya, mijo. Estoy muy ardiente así que ahora tendrás de aguantar mi verga por este agujero pecaminoso que quiere más.
En pocas palabras, me puso de bruces en la cama y me abrió las nalgas y su lengua empezó un trabajo delicioso en que mis sentidos se concentraron en el lugar en que la humedad de las aliva y la suavidad de la lengua hacían su tarea.
-Ahora sentirás lo que es ser sodomizado- dijo el cura.
Apoyó su verga en la entrada de mi poto infantil y dio el primer empujón. Con la dilatación y el deseo solo pegué un suspiro cuando la cabeza del miembro abrió la entrada.
Me giró y quedé encima de él.
-Clávate tu solo.
Un pequeño esfuerzo y mi culo recibió la mitad de esa amada verga. Gemidos, suspiros y el dolor presente se disipaba para seguir en ese acto impuro pero tan anhelado…
El cura me cogió de los hombros y me metió el resto de su miembro y con fuerza me clavó hasta sentir su vello púbico rozar mi culo…
Hubo varios movimientos más que solo concluyeron cuando sentí chorros de algo caliente que me invadía…
Volví a la realidad y la talla se había metido varios centímetros más y ahora entraba y salía con cada sentón…
Soy Juana, la loca y mis relatos buscan revivir esos momentos de exaltación del deseo sexual y su eventual consumación que, como toda adicción, nunca cesa de pedir más..y más..
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