Dánika, de noveno grado y su culi apretadito.
El dulce ano de una colegiala jovencita 🍑 ❤️.
Profe Christian | Obsesión Anal | Anilingüis | Colegialas | Tabú
El profe Christian estaba solo en sala de profesores, la misma en la que tanta acción había tenido lugar, tanto placer, tanto calor y tantos fluidos de amor se habían regado. Pasaba las páginas de un infinitamente aburrido folder AZ donde debía poner alguna anotación, aunque fuera inventada, a cada estudiante del colegio al que le daba clase. Pero había un atenuante a su aburrimiento: Tenía dos horas disponibles en que nadie lo molestaría, ya que a cada docente le daban esas dos horas únicas para hacer ese tedioso oficio.
Cuando llevaba ciento dos anotaciones, se desesperó y tiró el esfero y cerró con rabia el folder. Sacó su celular y buscó a quién mandarle un mensaje para hacerla presentarse y desestresarse con aquello que más amaba en el mundo: El dulce ano de una colegiala jovencita. Arrastrando los dedos sobre el hidro-gel, se dijo:
—¿Micaela? No… cambie de menú, Christian. ¿Susana? ¡Agh! Pero hoy está en sudadera y no me prende tanto… ¡Uhy ya sé! ¡Dánika! ¡Esta mañana estaba de rechupete, mamasita!
Y procedió Christian a digitar un mensajito:
Ven Dánika, que te necesito urgente 🍆 💦 en sala de profesores. Estoy solo y te conviene 💵 💵 .
Christian se puso de pie, se refregó lo ojos y se palmeó las mejillas. Entró al baño privado de los docentes y se vio al espejo cómo se limpiaba los dientes con la lengua. Por último se sacó las yucas¹. Volvió a la pequeña sala y miró por la ventana. Vió todo el ganado, decenas y decenas de minitas de entre 12 y 16 años, en su descanso escolar. Había varias a las que ya les había probado su delicioso agujero de cagar, otras a las que moría por probárselos, otras pocas cuyo ojete no le interesaba y otras más cuyos ortos eran un manjar que nunca jamás probaría, porque eran niñas demasiado finas y nunca le darían nada a un simple profesor.

Vista paradisiaca que tenía el profe Christian
Vio a Ángela, de 15 años, cuyo hoyo había sido el último en merendarse. Ah, qué bonita le parecía Ángela. El nombre le iba de perlas, pues era rubia, ojiclara y cari-bonita. «Esas», pensaba Christian, «tienen el ojete más clarito de todos, a veces hasta rosadito». Se preguntó si acaso se había precipitado en llamar a Dánika y si no debió haber llamado a Ángela para repetir hoyo. Se sobó el pantalón, pero fue cuando una dulce vocecita rompió el silencio:
_____
¹ “Sacarse las yucas” Col. Tronar los dedos.
¯¯¯¯¯
—¿Profe Christian?
Era Dánika. Él volvió a ver y las dudas se le desvanecieron. Claro que era una mamasita. Por la mañana la había visto con su uniforme que parecía o estaba nuevo. Ahora estaba sin suéter. Tenía los pliegues del tableado de la falda intactos y estaba tan en perfecto estado que parecía que fuera de material más grueso que las otras. Pero solo era eso, era una jardinera nueva, y se la había comprado bien alta. Al verla ahí paradita en la entrada, la próstata le palpitó a Christian, pues era justo lo que quería comerse: Esa morra de 14 años de cuerpo de patinadora, piel blanca como la yuca, cabello negro muy abundante y ojitos coquetos. Claro que su ojito trasero era más que coqueto.

—¿Me mandó a llamar, profe Christian?
—Sí, mi amor, entra y cierra la puerta, y ponle seguro.
De cara a la petición de cerrar con pasador, Dánika tiró los ojos para atrás.
—¿Qué pasa? —preguntó Christian.
—¿Te gustó mi uniforme nuevo, cierto? —escupió ella.
Luego cerró con pasador y se acercó a Christian, dando adorables pasitos a manos unidas por delante.
—No… ¿es nuevo? Ni si quiera me había fijado.
—Ni si quiera me había fijado —lo arremedó ella—. El profesor que se para bajo las escaleras a mirarle el culo a todas, no se había fijado.
—¡Dánika!
—¡No disimule, profe! O… ¿por qué me mandó a llamar? ¿Por qué las berenjenas?
—Pues porque…
Hubo varios segundos de incómodo silencio.
—¿Quieres que te ayude —dijo ella— a poner notas en el observador?
—¡Sí, eso es! ¡Ven!
Dánika, con cara “ni tú mismo te lo crees”, se acercó más y haló una silla. De manera intencional, la ninth-grader se sentó metiendo bien la cola en el fondo del asiento y luego arrastrándose hacia adelante, para que la falda se le subiera. Mostró la pierna derecha hasta arriba, hasta donde la curva vuelve a ceder después de la cadera. Su profe cayó en la trampa y abrió los ojos de par en par.
—¿Quiere que le eche gotas en los ojos, profe Christian?
—¿Por qué no traes lycra? —preguntó él, con un hilo de voz.
Ella desistió de ubicarse ante la mesa y se giró hacia él. Le respondió:
—No le veo chiste a estrenar una falda tan alta si no es para lucir también unas bonitas bragas nuevas —súbitamente subió el tono al de un sentido reclamo—. ¿Cómo, no me habías visto por debajo hoy? ¿En qué planeta estás, profe?
Christian, vencido y humillado, no pudo más sino ser honesto:
—No, Dánika, a tí no había podido verte por debajo hoy. Estaba muerto de ganas. Y sí, había notado tu uniforme nuevo y esa falda tan alta. Pero no pude verte desde abajo —agachó la cabeza—. Perdóname.
—Tranquilo —subió un hombro desdeñosamente—, debe ser que te estás haciendo viejo.
—Te juro que mañana te espío temprano y te hago un comentario lindo sobre tu ropa interior. Te lo juro por Dios.
Dánika seguía ahí sentada, viendo a su profesor con displicencia, pero mostrándole toda su larga pierna derecha, encima de la otra y ondeando el pie. A lo largo del muslo le intermitía una línea que revelaba sus músculos.
—Dime algo lindo ahora —exigió Dánika.
«Quiero desayunar, almorzar y cenar en tu rosado ano» pensó Christian. Pero lo que dijo, tras pensar por dos segundos, fue:
—Si tú fueras mi hija, me casaría contigo.
El tierno piropo hizo que Dánika dimitiera de su papel de arrogante. Se puso de pie y abrazó al profe, declaŕandole su amor:
—Ay, profe ¡Yo te amo, TE AMO!
Y es que Christian sabía a dónde apuntar y disparar. Una mañana de sábado, después de un polvito matutino, Dánika y Christian tuvieron una charla de almohada en la que ella le confesó que su papá se la cogía muy rico pero que no era tierno. Que a veces ella pensaba que no la quería sino para eyacularle encima. La respuesta de Christian fue algo así como que el padre de ella debería estar pasando una etapa de aceptar que tenía una hija tan mamasita. Que seguro cuando quemara fiebre, le empezaría a hacer caricias y a decir piropos.
—¡Mira! —dijo ella, dando dos pasos lejos de él y alzándose la falda hasta casi el pecho—, con confianza, mira de cerca. ¿Te gustan mis bragas nuevas?
Un par de giros de ella aventaron el aire cargado de su perfume, la tela nueva de su uniforme y el calor de su piel sobre la cara de Christian.
—Mamasita rica.
—Tomaré eso como un “sí, me gustan tus bragas nuevas”.
Se trataba de un panty blanco en V con los lados transparentes.
—¿Por qué a ustedes —preguntó ella, dejando caer la falda– les gusta tanto el blanco? Si dos nenas le hacen upskirts al profesor, él prefiere a la que tenga cucos blancos. ¿Por qué?
Christian dejó el modo ‘profesor’ y entró en modo ‘animal’. Tomó a Dánika de la mano y gentilmente la hizo girar y ponerse de frente a la mesa. La dobló sobre esta. Subió la falda de la mina y la dejó toda recogida sobre su espalda. Ella dejó salir un gemidito y declaró, como si estuviera a punto de dormirse:
—Me encanta cuando entras en acción.
Chrsitian, el profe más feliz del mundo, metió la cara ente los redondos glúteos de Dánika. Daba frenéticas chupadas y extrafuertes olfateadas a su panty, a la altura de su ano. También daba mordeduras de fuerza moderada a sus glúteos. Ella seguía adormecieńdose, de pecho en la mesa, dando apenas audibles gemiditos consentidos.
Cuando él le bajó el panty y le mandó la lengua erecta dentro de su cavidad anal, ella dió un brinquito, despertó y aclaró:
—Profe, yo no soy Luisa². Si mi papá se entera de que me comes el culo, él no te invita a que se emborrachen, él sí te asesina.
Christian sacó su lengua del glorioso agujero y dijo:
—¿Y es que tú le vas a contar?
—Es que yo tengo mis gastos…
—Ay, claro que sí, mi vida, claro que sí…
Christian sacó dos billetes de veinte y se los pasó. El “gracias” de ella superó en dulzura a sus gemiditos.
—Dale, hazme todo el alfabeto —dijo ella.
Cuando la pinche afortunada lengua de Christian iba en la letra H, él notó algo, por su bastísima experiencia en anatomía anal de chicas adolescentes.
—Tu papi no te hace mucho el anal ¿cierto?
—Sí, mi papá me encula a diario…
—mmm… entonces es que la tiene pequeñita ¿cierto?
—Ah, sí, eso sí. Mi papá no es nada vergón. ¿Por qué sabes?
—Porque tu hoyito devuelve mi lengua. O sea, el esfínter es para eso, para que lo que haya en él, se resbale hacia afuera.
—Pero tu lengua no es mierda, y la quiero adentro… —volvió a adormilarse Dánika.
Se abrió el culo a dos manos y le restregó su jugoso ano en la boca al profe.
Minutos después, cuando iba en la letra S, Christian dijo, casi sin que se le entendiera, porque no desocupó bien la lengua:
—¿Quegues que de do agande?
—¿Qué? Ay, profe, sácame la lengua de entre el culo si quieres hablarme.
Sonó el descorche de botella y luego la voz de Christian:
—¿Quieres que te lo agrande?
Para Dánika la propuesta era trascendental, por lo que se enderezó y giró. Quedó sentada en la mesa, viendo fijamente a su profesor.
—Pero —detractó Dánika—… mi papá se daría cuenta.
—Pues cuando estés con él, lo aprietas. Pero ya tienes catorce años, tienes que ser más puta. A los quince ya deberás poder atender hasta a tres señores, con todos tus agujeros.
—Uhy, sí, rico —admitió ella, apretándose toda la panocha con la mano, dejándose en la falda una graciosa forma de mariposa—. Como mi prima Adelaida, que no es más puta porque no tiene más huecos. ¿Tú has estado con mi prima Adelaida³, cierto profe?
—Eh… nap. Pero, sí, más o menos como ella.
________
²Luisa, el primer amor de Christian. Relato disponible pronto aquí en SST.
³Relato sobre Adelaida disponible aquí.
¯¯¯¯¯¯¯¯
Chrsitian quitó la mano de Dánika con la que se apretaba la vagina y le estampó sobre esta, por encima de la jardinera, un ruidoso beso de amor. Luego preguntó:
—¿Qué dices, te agrando ese culo tan rico? ¿Me das permiso?
Le dijo y estampó un segundo beso, del doble de duración.
—Pues sí, pero…
—Pero ¿qué?
Ella subió un hombro, pero no con displicencia, como antes, sino con pena.
—¿Quieres más plata?
—Sí.
—¿Cuánto vale el permiso para agrandarte ese delicioso culo, mi niña?
—Es que tú lo tienes grandísimo, profe. Tú fuiste el que me agrandó la vagina.
Hubo un tercer beso, aún más duradero y ruidoso, sobre aquél tesoro celestial. El profe se mandó la mano al dril.
—¿Te parecen veinte?
Ante el silencio, subió la oferta:
—¿Cuarenta?
Ella se volteó y puso el pecho sobre la mesa.
—Hecho —dijo la mina.
Christian se irguió y desenfundó, cosa que Dánika notó y retorció el cuello para volver la mirada y saborearse viendo el falo de su profe favorito.
—Despacio, profe Christian, no me lo vayas a romper.
—Te lo voy a agrandar hasta que quepa una bola de billar, pero no voy a romper algo tan rico, no soy un idiota —entonces vio su reloj—: Mierda, me quedan como diez minutos. Van a empezar a venir a joder a golpear la puerta o a llamar.
—Agrándamelo todo lo que puedas ahorita y después seguimos, no te preocupes. Pero eso sí, déjame pudiendo caminar.
Chrsitian escupió en el ano de Dánika.
—¡Uhy, qué rico! —gritó ella.
—¡Chito! —exigió él.
A continuación empezó a hacer diminutos círculos con la punta de su glande sobre el ano de su bella alumna. Con poco esfuerzo, entró la punta.
—Uff, estás calientita por dentro.
—Yo siempre, profe —respondió ella, en tono ultra-mimado.
El precioso ano empezó a ceder, no sin los quejidos de impresión de la mina.
—Cuando entre el cabezón, ya entra todo lo demás… —comentó él.
—Despacio profe…
—Estoy muy ansioso y tú estás muy rica….
—Gracias profe, tan divino.
—Te lo meto y no voy a durar mucho, estoy que no me controlo.
—Dale…. ¡aaaauuuuucchhh!
Y así, compenetrados, cayeron en la silla. Ella bien sentadita y bien enculada. Christian, le masajeó los pequeños senos y le besó la nuca. No pudo contenerse de mandarle la mano adelante y sentir su tibia raja alternándose entre sus dedos. Jadeaba como loco.
—¡Me duele…! (pero no lo saques).
«Siempre dicen lo mismo» pensó Christian.
—Dánika, dame culo.
—¡Pero si ahí lo tienes, todo para tí!
—¡No! Quiero decir que te muevas. Dame culo, Dánika, dame culo!
Con algo de esfuerzo, por el dolor de la primera vez con él, Dánika hizo movimiento armónico con la cadera. Adelante , atrás, adelante, atrás, todo aderezado con los excitantes gemidos que eran de dolor, pero de dolor que a ella le gustaba. Cosas de mujeres.
Christian, que tenía hambre desde hacía rato, le dijo:
—¡Dame culo que me voy a venir! ¡Estás apretadísima!
Y sí, Christian sentía que la piel del miembro se había quedado atorada en el pequeño ano de Dánika y su verga pelada había entrado en ese tibio recto de colegiala. La venida era inminente.
—¡No, pares Dánika!
—¡PROFE! ¡Profe no te me vengas adentro!
—Por el culo no pasa nada, mi amor.
—¡Yo sé! ¡Pero es que me lo quiero comer!
Christian gritó como una animal. Además, tocaron fuerte a la puerta. Pero Christian estaba en otro mundo, al que viajó en una pequeña nave de carne: El estrecho ano da Dánika.
—¡Me estoy viniendo!
Dánika usó la fuerza para soltarse y se dio la vuelta con agilidad felina para mamárselo a su profe favorito. Él, que apenas empezaba a terminar, tuvo que agarrarla fuerte de la cabeza para perrearle la venida en al boca. Ambos gimieron y gritaron. Tocaron a la puerta más fuerte aún, incluso gritaron algo.
La joven colegiala de grado octavo, terminó de sorberse todo el semen que pudo y presa de la conmoción, logró articular:
—Hijueputa, qué semen tan rico.
—No digas groserías, Dánika, mi vida.
—Ay, profe, me acabo de atragantar con tus mecos calientes, creo que tengo derecho a decir una o dos groserías —se defendió Dánika, y procedió a hacer la típica limpieza al falo a punta de lengua que hacen todas las colegialas. Cuando lo vió brillando de limpio, le dio un beso sonoro en la punta y lo guardó en el pantalón del profe, que estaba casi dormido. Afuera, parecían querer tumbar la puerta y proferían amenazas.
—Yo creo que sí me lo agrandaste harto —se puso de pie y gritó de dolor, tocándose entre las nalgas. Entonces se subió los cucos—. Afuera está la directora, ahora te toca darle verga a ella par que no te metas en problemas.
Dánika besó a su profe en la boca y corrió, quejándose a cada paso, hasta tirarse por la ventana. Al brincar, se le vio todo el culo en su panty nuevo. Christian pensó «Bueno, tanta bendición tenía que tener un precio. Ahora me toca encular a la gorda de la directora».

Fin
Stregoika ©2026
Besos a las colegialas que haya leyendo, allá en su hoyuelo rico entre sus nalgas. ¡Dichosa su mierda, mamasitas!
Más sobre el profe Christian:
De mi enfermiza obsesión por el ano de mis alumnas 2 – Salomé
Profe: ¿Se puede embarazar una si hay semen en el agua de la piscina?



Dejar un comentario
¿Quieres unirte a la conversación?Siéntete libre de contribuir!