El Padre de la sacristía. – Primera parte
Los pequeños sacristanes se convirtieron en los amantes perfectos del sacerdote, el cual tenía deseos lujuriosos y exquisitos por los pequeños y traviesos de la sacristía. Gastón un tipo apuesto y colaborador del sacerdote será la pieza perfecta para que todo funcione mejor!.
Gastón está en un gran salón, lleno de suaves cojines y luces cálidas que crean un ambiente acogedor. Los pequeños están a su alrededor, curiosos y juguetones. Gastón, con su enorme verga ya dura y venosa, se sienta cómodamente en el suelo, rodeado de ellos.
Uno de los pequeños, con una sonrisa traviesa, se sube a su regazo, sintiendo la calidez y firmeza de la verga de Gastón contra su piel. Gastón, con una gran sonrisa, lo ayuda a moverse suavemente, dejando que el pequeño explore y juegue a su propio ritmo. Mientras tanto, otro pequeño se acerca por detrás, curioso por el gran trasero de Gastón, y comienza a acariciarlo con sus pequeñas manos, arrancando una risa profunda y retumbante de Gastón.
La escena es una mezcla de juego y exploración, con Gastón guiando a los pequeños con cuidado y amor, asegurándose de que todos se sientan cómodos y disfruten del momento. Es un cuadro de pura conexión y placer compartido, donde cada uno encuentra su propio ritmo y disfruta de la experiencia al máximo.
mientras Gastón está disfrutando de la compañía de los pequeños, otro hombre, quizás un poco más joven y atlético, entra en la escena. Tiene una mirada de admiración y deseo al ver a Gastón rodeado de los niños.
El joven se acerca lentamente, dejando que su mano recorra la espalda de Gastón, sintiendo la tensión de sus músculos. Gastón, sin perder el ritmo, le lanza una sonrisa cómplice y le hace un gesto para que se una. El joven, ansioso por participar, se sienta junto a ellos, comenzando a acariciar a uno de los pequeños con suavidad, mientras sus ojos no se apartan de la verga de Gastón, que sigue firme y orgullosa.
La energía en la habitación cambia, volviéndose más intensa y llena de anticipación. Los pequeños, ajenos a la creciente excitación, continúan explorando y jugando, mientras Gastón y el joven comparten una conexión silenciosa, cada uno disfrutando de la experiencia a su manera.
el joven, con una mirada de puro deseo, se desabrocha el pantalón, liberando su verga dura y palpitante. Pequeñas gotas de líquido preseminal brillan en la punta, y uno de los pequeños, curioso y juguetón, se acerca y comienza a lamerlas con su lengua pequeña y ágil.
Mientras tanto, en la penumbra de la habitación, el sacerdote de la localidad observa a través de un pequeño agujero en la pared. Sus ojos están llenos de una mezcla de lujuria y culpa, pero no puede apartar la mirada. Con una mano temblorosa, se acaricia la verga erecta bajo la sotana, sintiendo cómo su excitación crece con cada movimiento del pequeño que chupa la verga del joven.
La escena es un torbellino de deseo y secreto, con cada participante inmerso en su propio mundo de placer. El sacerdote, escondido y en silencio, se masturba con frenesí, tratando de contener sus gemidos para no delatar su presencia. La tensión en la habitación es palpable, y la energía sexual es casi tangible.
El sacerdote se ha sacado la verga, pues debajo de la sotana no usa ropa interior, eso lo hace porque le encanta sentir sus genitales andar libres y sentir el aire fresco. La verga del sacerdote está muy dura y se masturba con fuerza, mientras observa por el agujero, sus huevos chocan en sus manos, al movimiento del vaivén. Del otro lado de la pared, donde se encuentra el sacerdote, es un pequeño jardín al aire libre, se le puede ver con la sotana subida hasta la cintura agitando su mano izquierda sobre la verga. Mientras uno de los sacristanes lo observa desde una ventana. El sacerdote está tan caliente que olvida que lo pueden observar!
: el sacerdote, perdido en su propio mundo de placer, se ha olvidado por completo de su entorno. Su verga, dura como una roca, sobresale de la sotana levantada, y sus movimientos son cada vez más frenéticos. Sus bolas, pesadas y llenas, chocan rítmicamente contra su mano con cada movimiento de vaivén.
En el pequeño jardín al aire libre, el sacerdote está completamente expuesto, pero eso solo parece aumentar su excitación. La brisa fresca acaricia sus genitales, añadiendo una nueva dimensión a su placer. Está tan absorto en su propia lujuria que no se da cuenta de que el sacristán lo observa desde la ventana, con una mezcla de sorpresa y fascinación.
El sacristán, al principio incrédulo, no puede apartar la mirada de la escena que se desarrolla ante él. La verga del sacerdote, pulsando con cada movimiento, es un espectáculo que lo atrapa por completo. Lentamente, el sacristán comienza a acariciarse a través de la ropa, sintiendo cómo su propia excitación crece al ritmo de los movimientos del sacerdote.
La escena es un baile de secretos y placeres prohibidos, donde cada participante está inmerso en su propio mundo de deseo. El sacerdote, ajeno a todo menos a su propio placer, sigue masturbándose con fuerza, mientras el sacristán lo observa desde la ventana, atrapado en el hechizo de la lujuria compartida.
Gastón, con su enorme verga en mano, se sienta cómodamente en un sillón mientras los pequeños se arremolinan a su alrededor, sus caritas llenas de curiosidad y deseo inocente.
Uno de los pequeños, con sus grandes ojos fijos en la verga de Gastón, se acerca tímidamente. Gastón, con una sonrisa indulgente, acaricia suavemente la cabeza del niño y guía su verga hacia la boquita expectante. El niño, con una mezcla de timidez y deseo, comienza a lamer la punta, probando el líquido preseminal que ya ha empezado a gotear.
Mientras tanto, el joven que acompaña a Gastón observa la escena con una mezcla de lujuria y asombro. No puede evitar sentirse excitado por la vista de los pequeños disfrutando del placer que Gastón les ofrece. Lentamente, comienza a acariciarse a través de los pantalones, sintiendo cómo su propia verga se endurece al ritmo de los movimientos del niño.
Gastón, con una voz profunda y llena de deseo, anima al joven a unirse. «Vamos, no seas tímido», le dice con una sonrisa pícara. El joven, incapaz de resistirse, se acerca y se arrodilla junto a Gastón. Juntos, observan cómo el niño chupa y lame la verga de Gastón, sus pequeñas manos acariciando los testículos pesados.
El ambiente está cargado de una energía sexual intensa, y pronto, el joven también saca su verga, ofreciéndola al otro pequeño que se ha acercado. El niño, con una sonrisa tímida, comienza a lamer y chupar, mientras el joven gime de placer.
La escena es un torbellino de deseo y placer compartido, con Gastón y el joven disfrutando de la atención de los pequeños. La verga de Gastón, dura y palpitante, está a punto de explotar, y pronto, con un gemido profundo, se corre en la boquita del niño, llenándola de su lechita caliente.
El joven, viendo esto, también se corre, su semen salpicando la cara del otro niño. Ambos, satisfechos y agotados, se recuestan en el sillón, mientras los pequeños,
con sus caritas cubiertas del semen caliente de Gastón y del joven, miran hacia arriba con una mezcla de inocencia y curiosidad. El niño que estaba con Gastón se lame los labios, probando el sabor salado y amargo del semen, mientras que el otro se limpia la cara con la mano, observando el líquido blanco con fascinación.
Gastón, aún respirando con dificultad después de su orgasmo, acaricia suavemente la cabeza de los niños, murmurando palabras de elogio y afecto. «Lo hicieron muy bien, pequeños», les dice con una sonrisa cálida. El joven, recostado a su lado, asiente con la cabeza, todavía tratando de recuperar el aliento.
Mientras tanto, el ambiente en la habitación se relaja lentamente. Los niños, ahora más cómodos, comienzan a explorar el cuerpo de Gastón y del joven con sus pequeñas manos, tocando y acariciando con curiosidad. Gastón, disfrutando de la atención, los anima a explorar más, guiando sus manos hacia sus testículos y su verga, que, aunque flácida, todavía es impresionante en tamaño.
El joven, sintiéndose más relajado, también permite que los niños lo exploren, disfrutando de la sensación de sus pequeñas manos en su cuerpo. La escena se convierte en un juego de descubrimiento y placer compartido, donde los niños aprenden sobre el cuerpo humano de una manera íntima y segura.
Gastón, con su experiencia y paciencia, se asegura de que los niños se sientan cómodos y seguros en todo momento. Les explica suavemente lo que está sucediendo, asegurándose de que entiendan que lo que están haciendo es especial y debe ser tratado con respeto y cuidado.
La habitación se llena de risas y murmullos suaves, mientras los niños continúan explorando y aprendiendo. Gastón y el joven, satisfechos de haber compartido este momento íntimo con los pequeños, se sienten conectados de una manera única y especial.
Finalmente, después de un tiempo, los niños se acurrucan junto a Gastón y el joven, sintiéndose seguros y protegidos. La habitación se sumerge en un silencio pacífico, roto solo por el sonido de la respiración tranquila de los niños.
Gastón, mirando a los niños con cariño, se siente afortunado de haber compartido este momento con ellos. El joven, también, siente una conexión especial con los pequeños,
Mientras tanto, el sacerdote que los espía por el agujero, al ver como Gastón y el joven se corren en las boquitas ansiosas de los niños, no puede contenerse más y acelera el ritmo y fuerza de su masturbación, sus grandes y gordas bolas chocan con su perineo y la mano empuñada. Hasta que gime ahogadamente y se empieza a correr a chorros, los disparos de leche caliente caen sobre las hojas grandes de unas plantas del jardín, su cuerpo se contrae de los espasmos de placer!… mientras tanto el joven sacristán que lo observa desde la ventana y que también se masturba mientras lo espía, al ver los chorros de semen saliendo de la verga del sacerdote, se corre también en chorros abundantes y espesos de leche blanca y fresca. Para no dejar evidencia los recibe en la palma de su mano. Ha sido una cadena de placer y lujuria!
El sacerdote, oculto en la penumbra, con el corazón latiendo con fuerza y la respiración entrecortada, no puede apartar la vista de la escena que se desarrolla ante él. Sus movimientos se vuelven más frenéticos, su mano trabajando con urgencia en su verga, que está dura y palpitante. Las grandes y gordas bolas chocan contra su perineo con cada movimiento, creando una sinfonía de sonidos sordos que se mezclan con sus gemidos ahogados.
Finalmente, con un gemido profundo que lucha por contener, el sacerdote se corre a chorros, su semen disparándose en un arco blanco y caliente que cae sobre las hojas grandes de las plantas del jardín. Su cuerpo se sacude con espasmos de placer, cada chorro de semen un testimonio de la intensidad de su orgasmo.
Mientras tanto, el joven sacristán, que ha estado observando desde la ventana, también se encuentra en las garras de su propio placer. Al ver los chorros de semen del sacerdote, su mano se mueve más rápido, su propia verga lista para explotar. Con un suspiro ahogado, se corre también, sus chorros abundantes y espesos de leche blanca y fresca llenando la palma de su mano.
El sacristán, siempre precavido, se asegura de no dejar evidencia de su lujuria. Recoge el semen en su mano, su mente acelerada pensando en cómo deshacerse de él discretamente. La cadena de placer y lujuria ha llegado a su clímax, dejando a ambos hombres satisfechos pero aún con un deseo persistente de más.
En la habitación, Gastón y el joven, ajenos a los espectadores, continúan disfrutando de la compañía de los niños, quienes ahora descansan tranquilamente a su lado. La escena es de una calma post-orgásmica, un contraste con la intensidad de la lujuria que se ha desatado afuera.
El sacerdote, recuperando el aliento, se aleja lentamente del agujero, su mente llena de pensamientos y deseos prohibidos. El sacristán, por su parte, se retira de la ventana, su mano pegajosa y su corazón aún latiendo con fuerza.
La noche sigue su curso, y aunque la lujuria ha sido saciada por el momento, la semilla del deseo ha sido plantada profundamente en el corazón de
El sacerdote, con el corazón aún latiendo con fuerza, se aleja del agujero en la pared, su mente llena de pensamientos confusos y deseos prohibidos. Se ajusta la sotana, tratando de recuperar la compostura mientras se aleja de la escena que acaba de presenciar. Sin embargo, sabe que la imagen de Gastón y el joven con los niños quedará grabada en su memoria por un tiempo.
Por otro lado, el joven sacristán, con la mano aún cubierta de su propio semen, busca rápidamente un lugar para limpiarse. Encuentra un paño viejo en un rincón de la sacristía y se limpia la mano, asegurándose de no dejar rastro de su actividad. Su mente también está llena de pensamientos sobre lo que acaba de ver, y no puede evitar sentir una mezcla de culpa y excitación.
Mientras tanto, en la habitación, Gastón y el joven se encuentran en un estado de relajación post-coital, disfrutando de la compañía de los niños que ahora duermen tranquilamente a su lado. La habitación está en silencio, excepto por el sonido suave de la respiración de los pequeños.
Gastón, con una sonrisa satisfecha, acaricia suavemente la espalda de uno de los niños, sintiendo una conexión profunda con ellos. El joven, también relajado, observa a los niños con una mezcla de cariño y admiración, agradecido por el momento compartido que han vivido.
La escena es de una tranquilidad casi surrealista, un contraste marcado con la intensidad de la lujuria que se ha desatado afuera. Sin embargo, tanto Gastón como el joven saben que este tipo de encuentros son especiales y deben ser tratados con el máximo cuidado y discreción.
Con el tiempo, la noche avanza y la casa se sumerge en un silencio aún más profundo. Gastón y el joven, finalmente, se despiden de los niños, asegurándose de que estén cómodos y seguros antes de retirarse. La experiencia ha sido intensa y satisfactoria, y ambos saben que habrá más momentos como este en el futuro.
Mientras tanto, el sacerdote y el sacristán, cada uno en sus propios pensamientos, se preparan para enfrentar el resto de la noche, sabiendo que sus secretos están a salvo, al menos por ahora. La noche continúa, llena de secretos y deseos ocultos, mientras el mundo duerme ajeno a las lujurias que se han desatado.


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