Historias del amor prohibido: Salvó al pequeño Ángel y el a mi.
…Tras unos minutos de insistente esfuerzo Ángel finalmente logró culminar con mi depresión en el mas fuerte orgasmo que jamás había tenido….
La depresión es como un agujero oscuro sin salida. Es más que simplemente un estado de tristeza perpetua, es una existencia insípida. Se siente como si todo lo que hace que la vida valga la pena desapareciera de repente. Incluso el simple hecho de sentir felicidad provoca un horrible sentimiento de culpa. Así era el mundo en el que vivía hace años. Me encontraba en un camino terrible, en un tobogán directo hacia el suicidio, y solo esperaba reunir el valor necesario para llevarlo a cabo.
Recuerdo el momento en que encontré una salida a todo aquello. Era tarde por la noche, quizás ya de madrugada. Era una de esas noches en las que creía que podría lograrlo, simplemente dejar este mundo. Fui a la licorería, compré una botella y caminé hasta el puente peatonal más cercano. Creo que pasé al menos media hora allí tratando de reunir el valor para lanzarme. Miraba una y otra vez la carta que había escrito. Finalmente, la botella se vació a la mitad y mis neuronas entumecidas decidieron huir sin rumbo. Me sentía aterrorizado por mi propia situación.
Caminé y caminé por las calles vacías, pero el cansancio y el alcohol me impedían seguir adelante. Finalmente, me recosté en la fachada de un edificio. Hacía un frío infernal, pero por alguna extraña razón sentía calor. Mis dientes castañeteaban y podía ver el vapor que salía de mi boca al respirar.
Estaba sumido en mis pensamientos, los cuales eran producidos por mi cerebro inundado de alcohol, cuando de pronto escuché un grito. Aunque era tenue, la soledad de las calles me permitía escuchar a la distancia. Era un grito agudo, así que me levanté y corrí a toda prisa hasta llegar al callejón de donde provenían los gritos.
Me acerqué con precaución al fondo del callejón y los gritos parecían haber sido sofocados por una mano pesada. Finalmente, cuando estuve lo suficientemente cerca, pude ver la situación en particular.
Se trataba de un hombre corpulento y descuidado, con un aspecto peligroso. Era imposible determinar su edad, ya que parecía que el tiempo y la vida se habían ensañado con él. Los gritos provenían de una figura más pequeña, a la que el hombre intentaba forzar. Se trataba de un niño de piel aceitunada, cuerpo delgado y estatura algo baja.
-¡SUÉLTAME! ¡POR FAVOR NO! ¡YAAAAaaa! ¡SUÉLTAME!- Gritaba el más pequeño.
Sinceramente, no sé de dónde saqué las fuerzas, pero en cuanto entendí las intenciones de esa figura horrible, mi cuerpo actuó automáticamente. Me abalancé con fuerza y lo derribé. Recibí algunos golpes en respuesta, pero mi nivel de alcohol en sangre entumeció mis nervios, y a pesar de la diferencia de tamaño, pude dominar a mi oponente hasta dejarlo noqueado en el suelo del sucio callejón.
Me erguí triunfante por mi victoria contra el hombre corpulento que acababa de noquear, un tanto mareado por la adrenalina y los golpes que empezaban a hormiguear en mi rostro. Miré al niño, que estaba atónito por la situación.
-¿Estás bien?- le pregunté lo más amablemente posible, aunque no podía evitar jadear por la emoción residual de la lucha. -Sí, muchas gracias- respondió el niño tímidamente, tratando de mirar al suelo.
Al ver que el niño se encontraba bien, me tranquilicé bastante. Me recargué en un contenedor de basura y tomé un poco de aire. El frío comenzó a calarme de nuevo y el efecto del alcohol perdió fuerza, pero seguía un poco mareado. Me apoyé bien y comencé a tomar aire para tratar de entender mejor la situación, que para mi borracho cerebro no estaba del todo clara.
Una vez que mi mente estuvo más clara, decidí romper el silencio. Obviamente, no podía abandonar al niño ahí. Debía asegurarme de que regresara a su hogar. Quién sabe por el calvario que estarían pasando sus padres.
-Bien, puedo acompañarte a casa para que llegues seguro. ¿Dónde vives, niño? -dije de modo que sonara amigable. No quería que se asustara o algo.-Aquí es. estoy por mi cuenta- dijo el niño tratando de contener sus lágrimas.
No quise preguntar más, pues las respuestas eran obvias. Incomodar no era mi objetivo, así que era mejor no seguir interrogándolo al respecto. Miré alrededor y noté el aspecto descuidado del niño; la cama de periódicos y telas viejas en el suelo.-Supongo que no puedes quedarte aquí. Ese tipo despertará en cualquier momento y no estará feliz. ¿Por qué no pasas la noche en mi departamento y en la mañana vemos qué hacer?- dije sin pensar.
La verdad es que de niño pasé mucha hambre, pero nunca estuve solo. Mi mamá me protegió de todo el mal, así que no podía dejar a este niño por su cuenta. Tal vez por eso hablé sin pensar, casi instintivamente.
El niño se sintió incómodo frente a la proposición. Claramente yo no era confiable, estaba un poco sucio, ebrio, golpeado y básicamente no sabía nada de mí, por lo que desistí en mi ofrecimiento, pero era mi meta dejarlo a salvo. -Bueno, ¿qué tal si te llevo a alguna comisaría? La policía te ayudará a encontrar un hogar- sugerí tratando de buscar una solución, pero esto asustó más al pequeño, quien se apresuró a responder: -¡NOOOO! ¡Eso no, por favor!- gritó desesperado. -¿Pero por qué no? No te puedo dejar por tu cuenta. Está helando y este sujeto es muy peligroso. Apenas le pude hacer frente- dije preocupado. -Está bien, iré contigo- dijo entre dientes, yo lo miré sorprendido. Hacía mucho frío y él no tenía ropa de abrigo, así que no insistí más. Le di mi abrigo, lo tomé de la mano y nos fuimos caminando.
Pasamos todo el camino mudos. No se me ocurría nada que decir para romper el silencio, así que caminamos con la cabeza agachada. Una vez que avistamos mi edificio, le señalé con el dedo para que supiera a dónde íbamos. Sin mucha demora, llegamos. Subimos hasta el tercer piso, entramos al departamento y encendí la calefacción. Jamás creí que volvería a ver ese lugar. Me asomé al refrigerador, pero justo como recordé, estaba vacío. Había estado subsistiendo a base de café y hierba durante días, por lo que no había tenido la voluntad de hacer compras.
Tomé mis llaves y me dirigí a la puerta -¿Ah, dónde vas?- preguntó el niño. -Voy a hacer la despensa, no tengo nada para comer. Espérame aquí, ¿ok?- respondí sonriendo. -Está bien, no demores- añadió él. Asentí y le acaricié el cabello antes de salir rumbo a la tienda.
En la tienda había algo de fila, pese a la hora y el cajero no parecía tener prisa, estaba algo intranquilo, pero tuve que esperar. Una vez que me atendió, salí con prisa de vuelta a casa. Desde la calle noté que la puerta estaba abierta y pensé que tal vez el niño se había ido.
Pero para mi sorpresa, él seguía en el edificio, sentado en las escaleras del vestíbulo con lágrimas en los ojos. «¿Qué sucede? ¿Paso algo?» pregunté angustiado. «No, es solo que pensé que no volverías», dijo sollozando. «Mi hermano también se fue a buscar comida una noche y nunca volvió», añadió con tristeza. «No te preocupes, ya estoy aquí. Vamos al departamento», le dije para tranquilizarlo.
Una vez que volvimos al departamento, comencé a preparar la cena. Hice unos molletes con mermelada y leche. La verdad es que llevaba días sin probar bocado sólido, y creo que este pequeño también, porque ambos devoramos las piezas de pan enseguida. Al parecer, compartir un pequeño y simple momento de la vida alivió, al menos por un momento, la miseria del alma.
Una vez que terminamos de comer, recogí los trastes. -Bueno, ya tenemos la panza llena. ¿Qué te parece si te bañas antes de dormir?- le sugerí. -Sí- respondió tímidamente con la mirada gacha. -Por cierto, me doy cuenta de que ni siquiera me has dicho tu nombre. ¿Cómo te llamas?- le pregunté. -Mi hermano me decía Ángel, él se llamaba Alex. ¿Y tú cómo te llamas?- preguntó él. -Me llamo Rogelio. ¿Qué dices si te metes a bañar mientras yo lavo los trastes?», sugerí.
Ángel asintió y se fue al baño. -Ve bañándote y ahora que termine, te llevaré algo de ropa para que duermas cómodo- le grité desde la cocina. Después me puse a lavar los trastes. Una vez que los trastes estaban limpios, fui a buscar algo de ropa para Ángel, pero al llegar al pasillo, me di cuenta de que no se había metido a bañar. Estaba sentado junto a la puerta. -¿Qué sucede?- le pregunté.
-Me da miedo entrar solo al baño- respondió Ángel. Lo miré extrañado, la verdad es que pocas veces había interactuado con un niño y nunca había tenido que cuidar a alguno, así que esto me sorprendió bastante. Pero yo no sabía cuánto tiempo llevaba Ángel solo y creo que tenía miedo a estar solo ahora que yo estaba con él. -Está bien, si quieres deja la puerta del baño abierta si te hace sentir seguro- le dije.
Él me miró unos segundos pensando y finalmente negó con la cabeza. -¿Entonces?- dije con un tono de voz comprensivo -la verdad, creo que sería más cómodo si te bañas- No quería que él sintiera que era mi intención humillarlo o hacerlo sentir mal.
-Está bien, me voy a bañar, pero quédate conmigo- dijo Ángel con seriedad.
-¿YO?- exclamé sorprendido, y él solo asintió con la cabeza.
-Bueno, si estás cómodo con ello, te acompañaré- respondí algo sorprendido. A mis 22 años, no pensaba que compartiría el baño con un chico de aproximadamente 7 años, un niño básicamente.
-Gracias, Rogelio- dijo Ángel y se metió a bañar en la regadera.
Ángel se desnudó frente a mí sin pena alguna. Su cuerpo juvenil se mostró completo ante mis ojos. Su trasero era abultado pese a tener un aspecto cadavérico, y su piel de aceituna estaba llena de manchas, ya fuera de suciedad, así como hematomas. Además, su cabello ondulado estaba grasoso.
Sin querer, mi mirada cayó cautiva del aspecto de Ángel. El agua caía sobre su cuerpo y se hacía camino en su piel. El jabón comenzó a recorrer su cuerpo, y en un principio, con dificultad, hizo espuma. Pero poco a poco la mugre fue cayendo y el jabón comenzó a hacer su respectiva espuma. Poco a poco, las manchas de mugre desaparecieron y los hematomas se volvieron más evidentes. Su piel, ahora más limpia, hacía que resaltaran más.
Cuando finalmente Ángel terminó su aseo, me indicó que necesitaba una toalla y me sacó de mi trance mental. Me sentía confundido, ¿qué eran estas emociones? Tomé una toalla del cajón de toallas limpias. Estaban algo empolvadas, pues hacía meses que no las cambiaba, pero estaban limpias. Le ayudé a secarse y fue una experiencia extraña; su cuerpo se sentía frágil. Cuando vi su boca, noté las múltiples caries que no eran producto solo de la mala higiene de vivir en las calles, sino que eran producto de la mala nutrición a la que Ángel se había enfrentado allá afuera.
Tomé un cepillo dental nuevo que tenía por ahí y lo ayudé a cepillarse la boca. No quería que la mala condición de sus dientes le causara molestias, así que le di un analgésico por si acaso. Parecía que habían pasado años sin que alguien cuidara de esta pobre alma.
Después, nos dirigimos a mi habitación y encontré algunos cambios de ropa infantil que tenía de mis sobrinos. Algunas veces, mis hermanos solían pasar los fines de semana aquí y dejaban algo de ropa sucia olvidada, y yo se la entregaba limpia. Para mala suerte de Ángel, la única prenda de su talla era una blusa de mi sobrina que decía «Bad Girl» en el frente. -Disculpa la ropa, es la única que tengo de tu talla. Si quieres, para dormir, puedes utilizar una mía- dije para que no se sintiera apenado o molesto. -Está bien, solo la usaré para dormir- respondió Ángel con ternura, tomando la ropa en sus manos y dispuesto a ponérsela.
Una vez que Ángel tomó la ropa, dejó caer la toalla y, de nuevo sin pena alguna, se mostró desnudo frente a mí. Una vez más, yo me quedé absorto viendo su cuerpo, esta vez dándome la espalda. Noté que aquel hombre del que lo salvé había dejado algunas marcas en sus costados, pero lo más extraño era lo atractivo que Ángel era para mí. No sé cómo mi mente podía concebir una idea tan extraña, nunca había tenido este tipo de deseos. ¿Por qué ahora? ¿Por qué él? ¿Era su hermosa figura? ¿Sus ojos negros y profundos como el abismo? ¿La ternura de su persona? ¿O lo dócil que era ante mí? ¿Era eso o algo más?
Ángel comenzó a vestir su desnudez y tomó la ropa interior de mi sobrina para ponérsela. Pensé en detenerlo, pues no la necesitaba para dormir y era innecesariamente femenina, pero al verla puesta en su hermosa colita y lo bien que le apretaba, simplemente no pude decir nada y él continuó. Se puso la dichosa blusa que le quedó algo floja, pero excelente para dormir. Finalmente, se puso el pantalón y me percaté de que tenía unas letras en el trasero que decían «SEXY», algo que me hizo reír un poco. Pensé que lo molestaría, así que callé una vez más por el bien de nuestra convivencia. Una vez que se puso las pantuflas, noté que el sucio mendigo que había traído a mi casa se había convertido en un apuesto niño que provocaba un cosquilleo extraño en mi interior, uno prohibido.
Tuve que controlar mis emociones. No quería espantar a mi invitado, mucho menos hacer algo inapropiado, así que calmé mi libido. Ahora, Ángel estaba listo para dormir y era mi turno. Tenía un par de días sin bañarme, por lo que necesitaba un baño urgente. Tomé un pijama de mi armario y preparé mis cosas para el baño.
«Muy bien, Ángel. Ya estás listo para dormir. Puedes dormir aquí, y yo estaré en la sala. Si deseas, deja la luz encendida», sugerí, suponiendo que sería más cómodo así y evitaríamos situaciones innecesarias.
-¡¡¡NOOOO!!! Por favor, duerme aquí. Todavía estoy muy asustado- respondió él, lo que no me agradó mucho, ya que comenzaba a sentirme incómodo. Era comprensible que estuviera asustado, después de todo aún era un niño, pero realmente quería evitar esa tentación.
-No te preocupes, estaré al final del pasillo si sucede algo. No estarás solo- repliqué, y él simplemente cruzó los brazos, frunció el ceño y negó con la cabeza mientras hacía pucheros.
-Está bien- dije resignándome. -Solo me daré un baño y dormiré aquí, ¿está bien?-. Él simplemente asintió sonriendo.
Caminé hasta el baño y me metí en la regadera. Cuando el agua tibia comenzó a caer, sentí un estímulo en mi entrepierna. Decidí que tal vez lo mejor para calmar todo esto era simplemente masturbarme para sacar esto de mi sistema. Sin querer, comencé a pensar en Ángel de manera inapropiada, pero después de esto quedaría fuera de mi sistema al menos por hoy. Pero justo cuando comencé, miré fuera de la regadera y vi a Ángel sentado en el retrete mirándome fijo. Esto me pegó un susto de muerte y mi cuerpo se heló casi al instante, pegué un grito tremendo -¡¡¡AAAAH!!!-
-Hola- dijo Ángel, ignorando el susto que me había dado hace un instante.
-¿Qué haces ahí?- pregunté, mientras trataba de calmar mi corazón que latía a mil por hora.
-No quería quedarme solo, así que vine a esperar a que salieras del baño- respondió Ángel.
-¿De verdad no puedes dejarme bañarme solo?- pregunté suplicante.
-Tengo miedo- respondió él.
-Bien, bien, ¡BIEN!- exclamé. -Puedes quedarte, pero no me mires tanto, me siento nervioso- añadí.
-Pero tú me miraste todo el tiempo- replicó Ángel, poniéndome tan rojo que no podía ni hablar. -¿Qué hacías con tu pito?- preguntó antes de que pudiera decir algo siquiera.
-Me limpiaba- conteste rápidamente.
-Tienes un pito grande- dijo él.
-Por favor, deja que me bañe en silencio. Yo no dije nada durante tu baño- supliqué.
-Está bien, ya no diré nada- dijo Ángel sonriendo aun.
Mi plan fue frustrado, pero por suerte, el susto me había quitado las ganas de cualquier cosa. Así que continué con el baño, sin embargo, noté la mirada perdida de Ángel en mi cuerpo.
-¡¡¡OYE!!! te dije que no me veas tanto- le recrimine.
-No se vale, tú me viste todo el tiempo- me recriminó él de vuelta.
-Ok, como sea- dije. Cerré los ojos y traté de olvidarlo, pero por alguna razón, saber que tenía esa mirada posada en mí me excitó demasiado y mi pene comenzó a delatarme. Para evitar más problemas, abrí el agua fría y seguí bañándome. Era un sufrimiento, pero eso ayudó a bajar la calentura.
Finalmente, a pesar de lo incómodo que fue bañarme a la vista de Ángel, terminé de asearme y me arregle para dormir. «Vamos a la habitación, ¿de acuerdo?», le dije a Ángel, quien me siguió con una sonrisa en el rostro. Parecía que cualquier temor que él tenía hacia mí había desaparecido, porque apenas me recosté en la cama, se pegó a mi cuerpo. Naturalmente, me aparté un poco, pero mi instinto me pedía lo contrario. Sin embargo, decidí ignorarlo debido al poco grado de conciencia que aún tenía.
Ya no mediamos palabra alguna. Creo que Ángel ya estaba cansado, pues se durmió enseguida. Por otro lado, yo tuve más dificultad, pues el baño frío había ahuyentado mis ganas de dormir. Sin embargo, el alcohol y las noches que llevaba en vela lograron noquearme.
De pronto, aparecí en aquel sucio callejón donde tuve el primer encuentro con Ángel. Claro que estaba soñando, no se trataba de algo lúcido, así que no podía controlar nada. Miré alrededor y vi a Ángel recostado en su pila de periódicos, mirándome fijamente con picardía. Mi yo de ensueño no reaccionó ante la mirada de Ángel, pero entonces él se quitó los periódicos y trapos que lo cubrían. Ahí noté que tenía puestas las bragas que le había dado, Entonces Ángel se las bajó invitándome a entrar en él y mi yo de ensueño se le abalanzó, pero antes de que pudiera hacer algo más, desperté de golpe.
Al abrir los ojos, me percaté de que Ángel se encontraba sobre mí, acariciándome, algo que por supuesto me sobresaltó. Naturalmente, aparté su cuerpo, pero él continuó tocando mi zona íntima, aunque decidí apartarlo. Él simplemente me miró a los ojos confundido, como si no entendiera lo que me había incomodado.
Nos miramos a los ojos. No sabía cómo reaccionar ante la insistente mano de Ángel que intentaba tocarme nuevamente. Lo aparté con determinación, pero él solo sonrió, como si fuera un juego. -¡No! -exclamé, expresando mi negativa a Ángel.
La verdad es que la excitación y los sentimientos volvieron a mí. De algún modo, ese sueño y la insistencia de Ángel despertaban el deseo de poseerlo y hacerlo mío. Sin embargo, una parte interna sabía que eso no estaba bien. -¿Por qué no? -preguntó Ángel, visiblemente confundido.
-Pues simplemente no -respondí sin estar seguro de mi respuesta.
-Una vez, cuando mi hermano y yo estábamos en las calles, me enfermé gravemente. Un hombre se ofreció a pagar mis medicinas y dejarnos vivir en su casa hasta que me recuperara. Sin embargo, mi hermano le hacía cosas por las noches, como forma de pago. Déjame pagarte- contestó el.
Lo miré con ternura, la inocencia de su relato y la nobleza de su corazón conmovieron mi ser. La intensidad del momento me hizo entrar en calor y sudar. Mi boca quedó en silencio y mi cuerpo se llenó de una energía sexual que no tardé en liberar. La liberé con un gesto de afecto en sus labios, unos labios pequeños e ingenuos que intentaban seguir el ritmo. Comenzamos a acariciarnos y gradualmente las cosas fueron avanzando.
El paro en seco, pero yo no sentía que pudiera contener lo que había despertado en mi interior. Sin embargo, no era mi intención llevarlo a hacer algo con lo que no estuviera cómodo, así que pregunté -¿Qué sucede? ¿Estás bien?-
-No es nada, solo que esto me hace sentir extraño en mi interior, y creo que tengo miedo- dijo tímidamente.
-No te preocupes, mi amor. Esa sensación en tu interior es deseo, y te prometo que esto será algo inusual pero hermoso. No hay nada que temer; te protegeré de todo mal, como lo hice con aquel hombre- dije con confianza. No era una mentira, aunque tal vez dije palabras que nunca antes había pronunciado.
-¿Lo prometes?- preguntó entusiasmado.
-Sí- respondí mientras volvía a besarlo.
La pasión continuo, era una sensación única y un poder animal se apoderó de mí, estaba sobre él como una bestia saboreando el miedo de su presa, sin embargo en el no estaba el miedo de una presa, sino un deseo, el deseo a la promesa que le hice, mi pene ya erecto, resguardado por mi pijama se posó en su vientre ya desnudo y mis bolas acariciaban su penecito resguardado por los pantalones de mi sobrina.
le retire este pants y pude apreciar la belleza de su cuerpo cubierto solo por las bragas rosas que le había dado antes, el tal vez se sintió un poco apenado y trato de cubrirse, así que decidí darle un poco más de confianza desnudando mi cuerpo también, me deshice de mi camiseta y le mostré mi torso, si bien mi cuerpo ya no era la máquina imponente que fue cuando estaba en prepa aun conservaba vestigios de belleza en el, me quite el pijama quedando solo en bóxer, a lo que Ángel se sonrojo, pero aun con la pena no se resistió en tocar mi pecho, tal vez fue su curiosidad infantil, pero sus pequeñas manos en mi cuerpo se sintieron mejor que cualquier tipo de relación sexual que yo hubiera tenido antes.
Las caricias sobre mi cuerpo se sentían bien, pero no podía resistir las ganas de acercarme a su zona íntima, sentí ese delicioso olor al jabón de mi baño, pero me di cuenta que había olvidado lavar las braguitas, tenían el olor de los suaves fluidos de mi pequeña sofi, nunca la había visto de una manera así, sin embargo sus olores y su ropa interior lucían delicioso sobre mi pequeño aperitivo nocturno, no pude evitarlo y comencé a chupar el pene de Ángel sobre las bragas, al ser pequeño era fácil darle placer de esta manera, y sin ningún problema podía degustar los fluidos de mi sobrinita.
La respiración de Ángel se volvió pesada y profunda, en la habitación solo se escuchaba su respirar y mis sonidos comiendole la verga, por la forma en que lo hacía y al hacerlo sobre la tela parecía como si estuviera comiendo un pequeño coñito, Sin querer, Ángel se estaba convirtiendo en una especie de niña malcriada mía.
finalmente sentí el sabor de las bragas disminuir y opte por despojarlo de ellas, ahora si tenía frente mi a un varoncito, uno que estaba por convertirse en mi hembra, en mi niña mala. lo tomé por la espalda baja, levante un poco su trasero y comencé a comerle el culo, era delicioso, un sabor único e inigualable, lamí y lamí, no es por presumir, pero soy un experto en el oral, comencé a ayudarme con mis dedos, poco a poco el pequeño anito se comenzó a expandir, me invitaba a pasar, pero prometí no lastimarlo, así que continúe con mis dedos, saqué una botellita de lubricante de mi buro, me llene los dedos y comencé a llenar su esfínter, mientras mis dedos actuaban decidí ocupar mi boca en el pipi de Ángel quien ya comenzaba a gritar de la excitación, comenzó a jalar mi larga cabellera, era un pequeño mandón pues gritaba por más, entonces comenzó a retorcerse y su pene se movía en mi boca.
Soltó unos chorritos de precum y orina, lo escupí por que no se trataba de leche, y continúe comiéndole el pitillo, se retorcía como loco mientras se aferraba a mi cabellera, aunque me dolía un poco se sentía bien, continúe la faena y después de un rato su pene volvió tener un orgasmo «seco» que lejos de estar seco venía acompañado de orina y líquido preseminal, con el segundo orgasmo el pequeño caprichoso se relajo bastante y su ano se abrió bastante, así que aproveché para lubricar mi pene sin despegar la boca de su entrepierna, una vez bien engrasada mi espada me erguí y antes que él se diera cuenta empuje mi verga a su interior, mi buen trabajo lubricando me abrió buen camino en su culo, el lanzo un fuerte gemido cuando mi pene toco una parte más estrecha de sus tripas -gyaaaaaahh- gimió fuerte mientras se estremecía empalado por mi bien dotado pito.
-shhh shhh shhh, calma, calma, bebe, todo estará bien, aquí estoy- le dije para calmarlo, pero el apretó su ano, permanecí quieto para no lastimarlo y comencé a masajear su pene con una mano y con la otra acariciaba su cuerpo -respira hondo, inhala y exhala, calma, calma- le decía para calmarlo, el comenzó a respirar y conforme se fue calmando mi pene entraba lentamente hasta que finalmente absorbió todo mi pito, tome su cara con mi mano libre y metí mi pulgar en su boca -chúpalo, vamos- él obedeció de inmediato y comenzó a lamerlo, esto lo distrajo un momento, a lo que aproveché para comenzar a bombear ese ano, él comenzó gemir fuerte, pero ya se había acostumbrado a mi verga, por lo que no sentía nada de dolor.
la posición era muy incomoda para el bombeo así que decidí voltearlo y lo puse en cuatro para facilitar las cosas, ya con su ano en posición retrocedí y lo embestí lentamente para que no se tensara, una vez que hice varias repeticiones sin problemas comencé a subir el ritmo, primero un poco y cuando menos me lo espere ya estaba siendo bastante salvaje con el ano de Ángel, el mete y saca era tan fuerte que el sonido de aplausos solo era opacado por nuestros gemidos,
Gemíamos y gemíamos, entraba y salía, mis huevos sudados chocaban y salpicaba con los pequeños huevos kínder® de Ángel llenándolos de fluidos, el vapor salía de nuestros cuerpos empapados de sudor, creo que nunca había sudado tanto durante el sexo, llegamos a un punto en el que nuestros gemidos y gritos se reducían a jadeos por parte de Ángel y pujidos de mi parte. Finalmente, como una descarga que nunca antes había sentido, alcancé el clímax más intenso de mi vida. El semen salía a chorros con una fuerza incontenible. Esperé a que mi pene se pusiera blando, luego lo saqué de aquel culito y se escuchó un pequeño sonido «pop», como cuando descorchas una botella de champán o cuando abres un anito pequeño y virginal.
Caí rendido en la cama junto a Ángel, quien me miraba con una sonrisa en su rostro. Lo acaricié con cariño y cerró sus ojos. Su respiración se volvió profunda y, antes de darme cuenta, también caí dormido. Esa sesión fue intensa y nos dejó agotados a ambos, tanto que dormimos hasta la tarde del día siguiente.
Al despertar, vi que Ángel seguía dormido. Me levanté algo adolorido, me vestí y comencé a cocinar. Estaba en medio de la preparación cuando escuché un golpe seco proveniente de la habitación. Corrí de inmediato y encontré a Ángel tirado en el suelo, arrastrándose hacia la cama. Reí un poco y mientras le ayudaba a subir, le pregunté -¿Qué sucedió aquí?-
-Mis piernas están súper adoloridas, no puedo ni caminar- respondió mientras se sobaba la zona donde se golpeó.
-Suele pasar cuando no estás acostumbrado, no te preocupes. Te traeré el desayuno y te sentirás mejor después- le dije mientras acariciaba su cabeza y lo acurrucaba en mi pecho.
Me devolví a la cocina y terminé el desayuno. Una vez listo, desayuné con Ángel en la cama. Era un chico hermoso, no sé cómo pudo terminar en las calles, pero supe que debía cuidarlo hoy y por siempre.
-Oye, Ángel, ¿quieres quedarte aquí conmigo? -pregunté.
-¿Por siempre? -preguntó él.
-Sí, solo si tú quieres, claro -respondí.
-Está bien, quiero hacerte feliz. Como anoche me hiciste feliz -dijo él, dibujando una enorme sonrisa en su rostro.
-¿Lo de anoche estuvo bien? -pregunté intrigado.
-Sí, fue genial, aunque ahora me duelen las piernas y bueno, casi todo, pero estoy bien-respondió Ángel.
-Bien, me alegro de que estés bien. Estaba algo preocupado por ello, jejeje -reí nervioso. Una parte de mí estaba feliz de poder vivir bien con Ángel, y otra parte de mí comenzó a pensar en todas las cosas que haríamos juntos, lo cual dibujó una sonrisa en mi rostro.
El desayuno fue terminado con tranquilidad y, mientras Ángel descansaba, limpié la casa. Hacía tanto tiempo que no le ponía cuidado que estaba muy polvorosa. A pesar de ser un departamento pequeño, había espacios que no utilizaba desde hace meses. Después de unas horas, Ángel despertó y comenzó a llamarme: -¡ROGELIO!-. Fui corriendo a su llamado.
-¿Qué sucede, Ángel? -pregunté amablemente.
-Quería comprobar que seguías aquí -respondió él.
-No te preocupes más, yo seguiré aquí, lo prometo -dije mientras lo tomaba por el hombro.
-Lo sé -dijo él, sonriendo como el niño más feliz del mundo.
Nos miramos fijamente y nuestra respiración se sincronizó. Cuando menos lo esperé, mi pantalón estaba abajo. Ángel sacó mi verga y comenzó a meterla en su boca, como yo habia hecho con el durante la noche. Poco a poco fue lamiendo la punta, al principio lo hacía torpemente, pero tenía cuidado de no lastimarme con sus dientes. Con mi mano comencé a guiarlo, más que nada para marcar el ritmo. Él me siguió, procuraba no ser muy brusco con el. De verdad quería que aprendiera bien, ya que él sería quien lo haría de ahora en adelante. Eres muy bueno. -¿a que viene esto?, le pregunte.
-tu lo hiciste el otro día, quería saber que se sentía hacerlo- dijo el.
-Me gusta como lo haces, eres genial, ¿te importaría hacérmelo de vez en cuando?- pregunte mientras acariciaba el rostro de Ángel.
-si, prometo hacerlo siempre que lo desees, si me amas por siempre- respondió Ángel.
-Te amaré por siempre, sin importar lo que hagas- dije dulcemente mientras acariciaba su cabello.
-Entonces lo haré siempre- añadió Ángel con una sonrisa, antes de continuar con la faena que tenía entre labios.
Su boca era suave, no tenía mucha experiencia al respecto pero nunca había sentido algo así, sus dientes rozaban un poco al principio, pero poco a poco fue corrigiendo esto. el trabajo de Ángel era bueno sin duda, me estaba haciendo gemir, a pesar que mi pito apenas cabía a la mitad en su boca era suficiente para hacerme sentir en la gloria, parece que aprendió bien mis movimientos pues poco a poco fue probando mas y mas, chupaba mi pito sí, pero también lamia mis ingles, las besaba y repetía con mis huevos, yo podía hacerlo de un bocado en el, pero debido a mis proporciones el se veía en la necesidad de comer por secciones, pero no importaba, porque eso también me hacía disfrutar.
Si bien el mayor placer venía a mi cuando lamia mi glande cual cono de helado el cosquilleo en mis ingles cuando sus labios se posaban en ellas era inigualable y la extraña sensación de relajación que sentía cuando succionaba mis huevos era de lo más hermoso. Me encantaba ver su rostro cuando chupaba, era mil veces más hermoso que cualquier cosa que hubiera visto antes, una parte de mi llego a pensar que había muerto en el frío de la noche y había sido llevado al cielo de la mano de un hermoso Ángel, de la mano del hermoso «Ángel»
Eso ultimo tal vez no era cierto, pero este momento, esta noche y cualquier minuto con Ángel era un regalo de dios, no había otra explicación.
Tras unos minutos de insistente esfuerzo Ángel finalmente logró culminar con mi depresión en el mas fuerte orgasmo que jamás había tenido, cientos de litros de endorfinas parecían recorrer mi sistema y un poderoso cosquilleo calambrozo recorrió mi cuerpo, apreté bien fuerte mis dientes y junto con un grito ahogado de mi cuerpo salió disparado la mayor cantidad de semen que jamás había soltado en mi vida 1, 2, 3 , 4 disparos, el primero y segundo fueron directo a la garganta de Ángel sin avisar dándole una sensación de ahogo, el resto cayó en su cara, cabelló y el ultimo y mas triste de ellos en su desnudo torso.
El ahogo de Ángel desapareció tras unos segundos. Nos miramos a los ojos, lo vi bañado en líquido. No sé por qué, pero esa extraña apariencia inocente, como si no supiera lo que había pasado, me impulsó más. Sin previo aviso, lo tomé fuerte en mis brazos y nos unimos en un tierno y apasionado beso, compartiendo saliva y algo más. Nos amamos como nunca antes. Mi trabajo en casa nos permitió estar juntos casi siempre, y mientras fuéramos discretos, nuestra rara historia de salvación mutua y amor sería eterna. Es curioso cómo el destino juega; dos almas, uno que se sintió abandonado por Dios y otro que fue abandonado por Dios, se encontraron para salvarse el uno al otro de las garras de la muerte.
Qué pequeño es el mundo y qué grande es el amor que florece incluso en los lugares más prohibidos y tabúes de la sociedad.
Hermoso relato , sigue contando por favor, es hermoso
Hermoso Relato x2 10 de 10 bro porfavor siguenos compartiendo más historias así
10 de 10 muy bonita historia bro porfavor siguenos compartiendo más así
Me facino ojala ubieras contados sus días de escuela o algún viaje un poco más, estuvo super bien saludos
Me encantó este relato bro continúa