JUEGOS ANALES CON RECUERDOS MEZCLADOS. Por Juana La Loca
De verdad es difícil contar lo que se experimenta cuando pasa un largo tiempo de abstinencia sexual. Después de haber sentido el enorme placer que se siente cuando se usa el culo .
De verdad es difícil contar lo que se experimenta cuando pasa un largo tiempo de abstinencia sexual. Después de haber sentido el enorme placer que se siente cuando se usa el culo que, no solo sirve de excretor de materias fecales, sino que, limpio y debidamente lubricado se ha dilatado con una disposición tal que puede recibir todo lo que se desee introducir para experimenta esa deliciosa sensación de ser enculado.
¿Dije enculado? pues bien estamos en un país en que el acto sexual se define como culiar. Nada más. Y no es el siútico culear (que solo es mover el culo como mover la cola, colear) sino el criollo culiar. A secas. Después estudiar la lengua y costumbres originarias supe qué se define como cachar. No el de observar atentamente algo y ‘cachar’ de qué se trata. Sino el acto sexual entre varones que se dan alegremente por el culo, o poto. Cosa que por razones culturales se esconde, pero que existe y ha existido la homosexualidad entre los originarios así como la zoofilia. Si ustedes observan la fotografía de una llama, se darán cuenta de lo femenina que es su mirada y lo adorablemente tierna y acogedora que debe ser su vagina.
Pues bien. Vamos al fondo de nuestra narración después de esas disquisiciones seudo filosóficas de la homosexualidad. Me encanta ser culiado, como ya he dicho repetidas veces en mis textos.
Sin embargo, para dar una idea precisa para los lectores y de paso para alguien que pueda sentirse identificado con los ´síntomas´y despejar dudas y asumir de una vez por todas que les gusta el pico y lo más delicioso aún: el pico metido dentro del culo usado como receptáculo del semen y de la lujuria del homosexual activo o de algún hetero que ha sido rechazado por su mujer el ansiado paso por la puerta trasera o camino de tierra, como llaman en los lares populares.
Pues bien, la temprana afición por usar el potito me vino desde muy pequeño cuando por razones de estreñimiento o de aprensiones de mi madre primeriza se me empezó a administrar calitas, supositorios o derechamente enemas. Al principio, con bastante rechazo de mi parte, pero no porque fuera reacio a ello, sino porque era extraño realizar el camino inverso a la evacuación. Algo de dolor inicial que fue disminuyendo cada vez hasta esperar con cierto indisimulado interés la aplicación de la medicina.
Era algo muy sencillo realizar la evacuación después de cada forma de estimulación anal.
Poco después empecé a practicar dicha maniobra por mi cuenta y para el efecto utilizaba todo tipo de objetos para meterlos en mi esfínter que los recibía con dilataciones que me eran muy excitantes. En paralelo sentí que mi pene infantil iniciaba erecciones que fueron indicando el grado de participación en el acto de provocarme placer masturbatorio.
La masturbación propiamente tal ocurrió con el ingreso a la escuela ocurrido a edad temprana junto a compañeros de mayorcitos y por supuesto conocedores de experiencias sexuales que nos compartieron muy generosamente. Aunque también los primeros manoseos de las partes pudendas con regocijo compartido del hechor y su víctima.
Enaldo nos instruyó de todo aquello que debíamos saber de las relaciones entre hombres y mujeres. Supimos de la erección que se provoca en los varones y la jugosa repuesta de las vaginas femeninas que se preparaban de esa manera para recibir en plenitud y con abierta disposición la instrumento varonil del macho.
Solo algunos de nosotros habían presenciado la cópula entre animales. Por supuesto era yo uno de ellos porque en mi veraneos al sur había presenciado canes y bóvidos en acción. Otros compañeros nos contaban las hazañas del burro, animal típico de la región. En las veranadas, ocurría ver con frecuencia chivatos cogiendo cabras… Surgió la primera mención de la zoofilia, ya que en esas incursiones veraniegas no faltaba sorprender a algún rijoso varón cogiendo a la yegua o potranca que iba junto a los rebaños.
Dicho conocimiento nos motivó a intentar tener esa experiencia, pero con poca suerte además, porque cuando teníamos a una oveja en posición para ser cogida por nuestros cómplices, apareció el padre de uno de ellos y con voz estentórea nos impidió llevar a cabo dicho deleznable acto: ¡Suelten a ese animal, chiquillos degenerado! ¡Ya sabrán sus padres y verán como los castigan por atrevidos!
CONTINUARÁ
Soy Juana, la loca y he aquí mis historias llenas de eróticos saltos hacia el pasado. Se vienen los dos episodios que me han marcado: como fui seducido por un cura y como inicié a mi primito.
En una próxima entrega les daré pormenores con lujo de detalles y en fin con todo aquello que el recuerdo me señale el camino.
Dejen su valoración acá y si lo desean sus comentarios y opiniones.



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