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Fetichismo, Lesbiana, Sexo con Madur@s

Las anfitrionas

Una pareja lésbica en Portland, reciben a Miguel, un niño estudiante mexicano, en su hogar a través de un programa de intercambio. Una noche de alcohol revela deseos ocultos de las mujeres creando una perversa felicidad.
Miguel no podía creerlo… estaba volando en avión! Sonó la señal del cinturón de seguridad y al chico morenito de apenas 13 años se le encogió el estómago, aunque el avión ya estaba nivelado. Apoyó la frente contra el plástico frío y vibrante de la ventanilla, mirando hacia abajo, hacia las nubes que parecían montículos de delicioso merengue… Hace unos días, era solo Miguel, el niño que dibujaba en los márgenes de sus cuadernos y ayudaba a su madre a amasar la masa de pan antes de ir a la escuela. Al siguiente, era el becario de un programa de intercambios internacionales

 

Todo el proceso le había parecido un sueño: los exámenes, la entrevista donde una mujer de traje lo evaluó, su frenético equipaje. Ahora, con el zumbido de los motores en los oídos, el sueño se sentía aterradoramente real… Tenía las manos húmedas. No sabía qué esperar de Portland, Oregón, ni de las dos mujeres, Eleanor y Jenna, cuya foto de ellas guardaba en su teléfono… Una familia anfitriona conformada de dos mujeres aprobadas por ambos gobiernos

Él simplemente sabía que estaba muy, muy lejos de casa

 

Las horas se disolvieron en el zumbido del aire acondicionado… Siempre había preferido las canciones inglesas, estadounidenses sobre todo, la letra no siempre tenía sentido, pero la pronunciaba de todos modos, practicando su lenguaje. Su profesor de inglés lo había llamado «avanzado para su nivel», así que podía mantener una charla sin congelarse con un nativo inglés…

 

Entonces llegó al destino… Ya en el aeropuerto, siguió el flujo de gente a través de la aduana hasta la sala de llegadas, con las correas de la mochila clavándose en los hombros. Observó los rostros con carteles, con el corazón latiendo nerviosamente contra sus costillas… Entonces la vio. Una mujer de pelo corto y oscuro, con un corte preciso y definido, tenía un gafete en el pecho con letras bien legibles que decía «Miguel»… Llevaba una chaqueta color carbón sobre una camisa blanca impecable, el tipo de ropa que solo había visto en ejecutivos en las películas. No sonreía, pero su mirada estaba fija… Cuando sus miradas se cruzaron, asintió brevemente

 

-¿Miguel?- preguntó con voz clara y directa

 

-Soy Jenna, el vuelo estuvo bien? Vamos al coche- Tomó su maleta con ruedas sin esperar respuesta

 

Miguel rápidamente notó que no era fría, era eficiente, de charlas sin muchos detalles, el respondió con respuestas básicas, no se atrevió a devolverle las preguntas

 

El chico la siguió, el coche era una elegante camioneta oscura, reluciente. Parecía caro, Jenna cargó su maleta en la parte trasera. Era alta, quizá de un metro setenta y algo, y su postura era erguida, casi rígida. Era guapa, con un aire delicado, pómulos altos, mandíbula firme, maquillaje sutil, parecía una mujer con mucho que hacer.

El viaje fue tranquilo… Jenna condujo por la autopista y después de unos veinte minutos, habló sin apartar la vista de la carretera:

 

-Ellie, Eleanor, está en casa preparando la cena. Ha estado emocionada toda la semana. Espero que te guste la casa. No es la gran cosa, pero es cómoda… Tu habitación está lista por si lo primero que quieres hacer es descansar-

 

-ooh… Entiendo, está bien!- Miguel simplemente asintió, mirando los suburbios verdes y empapados por la lluvia pasar borrosos ante la ventana

 

-Ya llegamos, Miguel-Jenna estacionó el auto en una casa de un exuberante jardín

 

No apagó el motor, salió y ayudó a Miguel con sus maletas, el niño la siguió por un corto sendero de piedra hasta la puerta. En cuanto Jenna la abrió, una ráfaga de aire cálido, con un ligero olor a ajo asado y algo dulce lo envolvió

 

Una mujer apareció, secándose las manos con un paño de cocina metido en el delantal. Era más sencilla y mayor que Jenna, su cabello era una mezcla de oscuro y plateado, estaba recogido hacia atrás, su rostro era más redondo, con líneas de expresión alrededor de los ojos, su cuerpo era más rellenito y curvilíneo, se veía bajo un sencillo vestido verde. Tenía un rostro amable, y un busto grande y acogedor, era naturalmente hermosa… Eleanor de 52 años

 

-Tú debes ser Miguel! Qué alegría conocerte por fin en persona!- dijo con una voz cálida y gentil

 

Su suave mano se posó en el hombro de Miguel, ligera y brevemente, no quería incomodarlo

 

-Debes estar cansado… Tú habitación está en el piso de arriba, pusimls un escritorio porqué Jenna dijo que te gustabmencionar… puedes acomodar tus cosas y en un momento bajar para comer-

 

-Gracias… Por invitarme, quiero decir. Y por el escritorio-

 

-Vaya, Miguel… Tu inglés es muy bueno-

 

Justo entonces, Jenna se acercó, se había quitado la chaqueta, dejando al descubierto el elegante corte de su camisa.

 

-Bien, cariño, tengo que volver a la oficina, el proyecto está casi por finalizar- dijo Jenna, suavizando un poco el tono al mirar a Ellie

 

-¿Segura que no puedes quedarte a comer?- preguntó Ellie con expresión esperanzada

 

-No puedo. Compraré algo de camino… Te veo esta noche, amor… Tú también, Miguel- Jenna se inclinó y le dió a Ellie un beso rápido y firme en los labios

 

Los ojos de Miguel se abrieron apenas un poco. Bajó la vista rápidamente hacia sus zapatos. Había visto la foto de ellas, claro, Pero verlo… un beso así, tan normal y casual, el sabía de parejas del mismo sexo, por supuesto. Pero ver a dos mujeres mayores,. era diferente ahora saberlo, no eran amigas, no eran hermanas, no eran «comadres», eran pareja! Sintió una extraña mezcla de curiosidad sin saber qué pensar

 

En su ciudad en México, un beso así entre dos mujeres no se daría en una puerta a pleno día… Había oído chistes de chicos mayores o homofobia de parte de los aún más mayores, sabía lo que significaría en su pueblo una relación así… Las miradas, los chismes que acabarían en algo más cruel. Los riesgos que correrían simplemente por tomarse de la mano en el zócalo. Pero aquí, en aquella casa tranquila con aquel gran jardín, era solo… una despedida. Normal. Se preguntó si alguna vez habrían tenido problemas por ello, si alguien les habría tratado mal. Mirando la paz de la calle, lo dudaba, allí parecían seguras. Más que libres….

 

La primera semana transcurrió… Las clases de Miguel eran en línea, sus sesiones en la mañana de video en vivo con sus maestros y clases de inglés pregrabadas del programa… Pasaba las mañanas en el nuevo escritorio de su habitación, con la ventana mirando hacia la tranquila y verde calle. Sus días rápidamente adquirieron el ritmo que dictaban las dos mujeres. Ellie era su compañera constante. Le traía un platito de fruta a media mañana y le preguntaba por sus clases, almorzaban juntos, cosas sencillas como sándwiches y sopa, y Ellie le preguntaba sobre su familia, sus dibujos, cómo eran los árboles en Oaxaca. Era fácil hablar con ella… Su presencia era tranquila, y siempre parecía saber cuándo necesitaba un poco de espacio.

 

Jenna era más distinta. Salía temprano y llegaba tarde, generalmente con la mochila de su portátil colgada del hombro. Sus interacciones eran breves pero centradas.

«¿Qué tal la escuela, Miguel?», «¿Terminaste el módulo de historia?». Era directa, pero no cruel. Aprendió que era ella quien mantenía el jardín tan perfecto, y a veces la veía afuera los fines de semana, arrancando maleza con concentración

 

 

 

Era jueves por la tarde. Miguel estaba terminando su última tarea del día cuando Ellie lo llamó desde abajo

 

-Miguel, preparé té… baja si quieres!-

 

Bajó y la encontró en la mesa de la cocina, con una taza humeante delante y un plato de galletas

 

-Siéntate, siéntate- dijo ella, acercándole el plato -Dime, ¿qué tal el día?- Hablaron un rato de sus clases, y luego Ellie preguntó:

 

-Y tu madre… ¿dijiste que tiene una pastelería?-

 

-Sí, se llama La Dulce Esperanza. Hace de todo, conchas, empanadas, pasteles de tres leches… Suelo ayudarla- Los ojos de Miguel se iluminaron al hablar

 

-Qué maravilla, Miguel… Es toda una habilidad saber trabajar con la masa. Es como química y arte a la vez. Me encanta hornear, pero soy más cocinera que pastelera jeje… Quizás puedas enseñarme algo mientras estás aquí- Ellie sonrió con cariño

 

La conversación derivó, y Miguel le preguntó sobre su vida…Ellie explicó que había pasado veinte años como profesora de historia en una universidad, casada con un hombre llamado David, con quien había criado a una hija.. David había fallecido repentinamente hacía 8 años, un infarto, sin previo aviso… El dolor la había vaciado. Se había tomado una licencia de la docencia, incapaz de estar frente a aulas llenas de jóvenes cuyo futuro se extendía infinitamente por delante… Entonces quiso rediseñar el jardín, algo vivo que pudiera cuidar sin recuerdos amargos… Jenna había sido recomendada por un colega. Llegó a su casa con botas de trabajo y una camisa bien planchada, una cinta métrica sujeta al cinturón, haciendo preguntas prácticas sobre el drenaje y la exposición a la luz solar… Ellie se encontró solicitando reuniones que excedían las que requería el proyecto… Simplemente Jenna la hizo reír de nuevo. Le hizo desear cosas… Pasaron 3 meses de consultas semanales antes de que alguna de las dos reconociera lo que estaba sucediendo…

 

Ellie mencionó que Jenna nunca había ocultado sus preferencias, había sido abierta sobre sus relaciones pasadas con mujeres desde sus primeros encuentros… Para Ellie, la comprensión llegó más lentamente, desarrollándose a lo largo de los días de café compartido y planes para el jardín… Había amado a David, lo había lamentado sinceramente. Esto era diferente, no un reemplazo, sino una expansión, una puerta que no sabía que estaba cerrada hasta que Jenna la abrió… Su hija se sorprendió, pero la apoyó. Ellie se jubiló anticipadamente, eligiendo esta vida en lugar de aquella… Se mudaron juntas hace tres años y compraron esta casa con su amplio terreno para que Jenna la remodelara..

 

-Algunos piensan que cambié… No es así. Simplemente finalmente me vi con claridad- dijo la mayor, removiendo su té

 

Miguel asintió, procesando la situación…

 

-¿Quizás… podríamos hacer un pastel para cuando Jenna llegue a casa? Digo, que tal disfrutar lo bonito que la han pasado comiendo un rico postre-

 

-Ay, Miguel, qué idea tan bonita! ¿Qué tipo de pastel hacemos?- El rostro de Ellie se iluminó al instante

 

-Mmm… Bueno, mi favorito es el pastel envinado, es el qué más rico me sale- dijo, con el nombre en español ya que no sabía como pronunciarlo

 

-¿Un pastel en vino? Suena delicioso. Seguro que a Jenna le encantaría después de un largo día de trabajo… Y no creo que un poco de alcohol destilado le haga daño a un niño en crecimiento. Vamos. ¿Tienes la receta?-

 

La tarde transcurrió entre el aroma dulce de la harina, el azúcar y el fuerte perfume del Ron que Miguel había vertido en la mezcla. La cocina se convirtió en un desastre sin preocupaciones, harinas espolvoreadas sobre las narices, huevos rotos con torpeza y risas constantes. Ellie, lejos de ser una instructora rígida, resultó ser una juguetona. Mientras batían la masa, Miguel guiaba las manos de Ellie, corrigiendo suavemente su técnica pero animando cada paso con dulzura enseñandole sus conocimiento en la repostería

 

Cuando el pastel salió del horno, dorado y esponjoso, Ellie tuvo una idea… Sabía perfectamente que a Jenna le encantaba terminar sus días tensos con una copa de vino tinto robusto, y vió la oportunidad perfecta para fusionar ese gusto de alcohol con el postre, Mientras el bizcocho aún estaba tibio, tomó una botella de Ron que tenían guardada

 

-Miguel, cariño… A Jenna le va a fascinar esto, un poquito más de espíritu no le hará mal a nadie, jeje-

 

Dijo Ellie con un guiño pícaro, vertiendo un generoso chorro de alcohol sobre la superficie del pastel hasta que este comenzó a absorberlo como una esponja.Miguel la miró y alzó las cejas

 

-¿No es mucho?- preguntó, dudoso

 

-Nah… Confía en mí, así le gusta- Miguel se encogió de hombros. Si ella lo decía… Al final era su pareja, ella sabría. Además, no iba a contradecir a la dueña de la casa

 

Guardaron el pastel y limpiaron la cocina entre los dos. Después se sentaron en la sala, Ellie con otro té y Miguel con un vaso de leche. Hablaron de cosas sin importancia, ella le preguntó sobre los mercados de su ciudad, él le describió los colores, los puestos de chapulines, las señoras vendiendo mole negro en cubetas enormes. Ellie escuchaba con genuina fascinación, haciendo preguntas de vez en cuando…

 

El reloj marcó las siete, después las ocho. Miguel empezó a bostezar. Ellie revisó su teléfono un par de veces

 

-Ya no tarda- dijo tranquilamente

 

 

 

A las ocho y cuarto se oyó el sonido de unas llaves en la puerta y el ruido seco de una mochila cayendo sobre el recibidor

 

-Ya llegué- la voz de Jenna sonó cansada desde la entrada

Ellie le sonrió a Miguel

 

La mayor se levantó rápidamente y fue hacia la entrada. Jenna estaba soltándose los botones superiores de la camisa, con el cabello ligeramente desarreglado por primera vez desde que Miguel la conoció…

Ellie se acercó y Jenna la tomó por la cintura, inclinándose para besarla, no fue un beso rápido , fue uno más profundo, con lengua, sus manos apretando suavemente la cadera de Ellie

 

-Mmm… qué día tan largo- murmuró Jenna contra sus labios

Ellie se apartó apenas unos centímetros, susurrando

 

-Amor… Miguel está en la sala- Jenna parpadeó. Soltó un suspiro corto por la nariz soltandola

 

-Claro- dijo en voz baja, pasándose una mano por el cabello para recomponerse

 

El tipo de tensión acumulada después de un día agotador que solo quería descargarse en privado con Ellie. Pero Miguel estaba sentado en su sofá…

Se enderezó, recompuso su expresión y caminó hacia la sala con paso firme

 

-Miguel, Que tal el día?- le dijo

 

-Bien, solo hice mis tareas y ayudé a Ellie en la cocina- respondió Miguel con naturalidad, sin dejar traslucir que había visto el beso anterior…

 

-Siéntate, amor, que te tenemos una sorpresa. Miguel hizo un pastel especial para ti- anunció la mayor con orgullo, señalando el pastel en un plato sobre la mesita de la sala

 

Jenna arqueó una ceja y una pequeña sonrisa, genuina pero contenida, curvó sus labios. Se quitó el saco y lo dejó sobre el respaldo del sofá antes de tomar asiento

 

-¿En serio? Gracias, Miguel. Huele increíble- dijo, tomando un tenedor

 

El chico las observó de nuevo. La tensión inicial de Jenna se disipó al probar el primer bocado empapado en alcohol, cerrando los ojos un segundo por el sabor intenso. Eran tan distintas: una responsable y trabajadora, la otra cálida y hogareña, pero encajaban perfectamente… A pesar de lo extraño que seguía siendo para él ver a dos mujeres mayores actuando como matrimonio, no pudo evitar sentirse cómodo. Nadie le juzgaba, nadie le pedía explicaciones; solo estaban ahí, compartiendo un pastel por la noche, era bonito

 

Jenna tomó otro bocado, masticó despacio y sus ojos se movieron brevemente hacia Ellie… El ron estaba ahí. Ellie sostuvo su mirada con una sonrisa inocente, removiendo su té. Jenna no dijo nada, simplemente tomó otro bocado más grande.

 

Ellie cortó una porción para Miguel y otra para ella misma, acomodándose en el sofá con el plato sobre las rodillas

 

-Está muy bueno, Miguel, en serio- dijo Jenna, esta vez con más calor en la voz

 

-Es la receta de mi mamá, casi siempre lo hacemos para las fiestas en casa- respondió el chico

 

-¿Y ella te enseñó todo esto?- preguntó Jenna

 

-Sí, desde chico. A veces me quedaba dormido en la pastelería esperándola terminar jaja- dijo Miguel riendo levemente

 

Ellie soltó una risa suave y Jenna esbozó otra sonrisa pequeña. Siguieron conversando sin prisa, con el televisor apagado y solo el sonido de los tenedores contra los platos llenando la sala tranquila

 

La conversación fluía con naturalidad, hasta que Jenna, limpiándose una migaja de la comisura de los labios, cambió el tono sin previo aviso. Sus ojos oscuros se clavaron en Miguel con esa intensidad analítica que usaba para evaluar terrenos difíciles.

 

-Oye, Miguel… siendo tan joven y estando lejos de casa por primera vez… ¿ya tienes novia allá en Oaxaca? ¿O quizás alguna chica aquí te haya llamado la atención?-

 

La pregunta cayó pesada en la sala, directa y sin filtros.

Ellie casi se atraganta, tosiendo suavemente mientras miraba a su pareja con reproche

 

-Jenna! Qué manera de preguntar… No creo que un jovencito como él debería de tener novia- murmuró la mayor sonrojada…. Negó con la cabeza

 

-No, no… soy muy chico para eso todavía creo. Y además, apenas conozco gente aquí- respondió con una voz serena evitando mirarlas a los ojos directamente. Jenna asintió lentamente, aceptando la respuesta pero dejando una sonrisa que sugería que no terminaba de creérselo del todo..

 

El alcohol comenzó a hacer efecto con sorprendente rapidez… Ellie sintió primero un calor agradable en las mejillas, seguido de una ligera pesadez en los párpados que la hizo recostarse más contra los cojines del sofá, soltando una risa más alta y despreocupada de lo habitual ante un comentario de Jenna sobre rocas que parecían genitales… Miguel notó cómo la habitación daba vueltas suavemente si giraba la cabeza muy rápido, dejó el tenedor a un lado, decidiendo prudentemente no comer más, aunque el pastel era tentador

 

Jenna, sin embargo, pareció florecer con el alcohol. La rigidez de sus hombros desapareció por completo. Se quitó los zapatos y recogió las piernas bajo su cuerpo en el sofá, adoptando una postura que jamás hubiera permitido frente a un invitado sobria… Su voz se volvió más grave y arrastrada, y sus ojos, normalmente escrutadores, brillaban con una diversión relajada mientras observaba a Ellie

 

-Creo que subestimé la potencia de este pastelito, está delicioso…-murmuró Jenna, estirando un brazo para acariciar distraídamente la rodilla de Ellie, un gesto posesivo y público que antes habría evitado

 

-¿Vas a dejar eso? Se va a desperdiciar- Jenna señaló con el tenedor la porción en el plato de Miguel…

Ellie negó suavemente, poniendo una mano sobre el brazo de su pareja.

 

-Amor, creo que ya comiste suficiente- intervino con tono maternal

 

-No pasa nada, un poco más no me hará daño- insistió Jenna, encogiéndose de hombros con despreocupación tomando el pastel de Miguel para comérselo

 

Miguel miró el pastel y luego a las dos mujeres. El ambiente era cálido, demasiado cálido. Aprovechando la confianza que el alcohol había generado en la sala, decidió preguntar lo que le daba curiosidad desde hacía días

 

-Oigan… ¿siempre han vivido así? Quiero decir… ¿nunca ha sido difícil para ustedes estar juntas, siendo dos mujeres? En mi pueblo la gente podría pensar distinto…-

 

-Es solo amor, Miguel. Lo demás no importa cuando tienes a la persona correcta al lado.. y no, no hemos vivido alguna mala experiencia juntas- respondió Ellie con ternura, acariciando el dorso de la mano de Jenna sobre su rodilla

 

Jenna soltó una risa ronca y negó con la cabeza, dando otro bocado al pastel empapado en ron

 

-Bueno, no siempre fue tan idílico. Recuerdo a un tipo idiota en una fiesta de bodas… Se nos acercó tambaleándose, nos miró de arriba abajo como si fuéramos un plato del menú y nos preguntó descaradamente si necesitábamos un «hombre de verdad» para completar el trío- contó Jenna con sarcasmo, imitando la voz grave del desconocido

 

-Dijo que éramos un desperdicio sin él- Ellie puso los ojos en blanco, aunque sonreía

 

-Fue ridículo. Le dijimos que se largara antes de que le tirara encima mi copa de vino. La gente a veces piensa que nuestra relación es un espectáculo o una fantasía para ellos, no algo real… Pero tú ya sabes la verdad, ¿verdad, Migel? Que esto es solo nosotras dos, sin necesidad del deseo de nadie más…-

 

Ellie se cubrió la boca con la mano, mirando a Miguel con los ojos abiertos…

 

-Dios mío, Jenna… hay un niño de 13 años sentado ahí mismo!- exclamó, con las mejillas completamente rojas ante la vergüenza

-Tiene 13, no es un bebé- respondió Jenna con una sonrisa, sin el menor arrepentimiento

 

Miguel simp

8 Lecturas/12 marzo, 2026/0 Comentarios/por VenusDeee
Etiquetas: anal, hija, madre, mayor, mayores, recuerdos, sexo, viaje
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