Le hice el amor a los pies de mi papa
Mi historia con los pies de mi papá .
Tengo 26 años y aún el día de hoy me excitan los pies de mi papá. Se como se ve y se que algo debía estar mal en mi cabeza cuándo empezó pero solo sucedió, y si bien hoy en día ya no pienso tanto en eso y me obligo a no hacerlo, no puedo decir lo mismo de cuando era niño. Esta es mi historia.
No recuerdo la fecha exacta pero tendría unos 10 u 11 años, el primer recuerdo que tengo es tomar a escondidas los huaraches de mi papá y olerlos. Eran como de cuero, color café, y por dentro tenían dibujada la forma de un pie, con todo y los deditos. Los tomaba cuando el no estaba y me escondía en el clóset a olerlos. Nada mas. De pie en el clóset me ponía un huarache la vez en la cara colgado de la nariz y luego cambiaba porque si olía mucho solo uno, perdía intensidad el olor. Dentro de mi sabía que era raro y estaba mal, y eso me gustaba de forma excitante. Me gustaba el olor del cuero luego de que tuviera los huaraches puestos todo el día. Ese olor me excitaba demasiado y yo solo quería mas y mas. Fue durante esos años que aprendi a masturbarme, pero no lo hacía como los demás con la mano, yo me acostaba boca abajo en la cama o en el piso, ponía mis dos manos en mi entrepierna y me frotaba, a un lado y a otro hasta llegar al orgasmo. Así que, el siguiente escalón de muchos en mi pequeña perversión fue tomar los huaraches y olerlos mientras me masturbaba, acostado en la cama de mi papá. Mucho más arriesgado y por lo tanto más excitante. Lo hice así muchas veces, luego comencé a besarlos. Pensaba en que su planta estuvo ahí pisando esas suelas y más me excitaba, los besaba con ansia y pasión, usaba la lengua incluso. Cuando terminaba los limpiaba y los ponía en su lugar. Como si nada. Pero me descubrieron una vez, no usando los huaraches, solo masturbandome, por suerte, así que deje de hacerlo un tiempo.
Luego de unos años en los que cuando me ganaba el deseo, repetía mis fechorías a mi mente llego un pensamiento un día de verano en el que mi papá estaba dormido con los pies descubiertos luego de haber trabajado todo el día. Si el olor me gustaba tanto en los huaraches tenía que intentar olerlo de la fuente, aquellos grandes pies. Así que lo hice, me asegure que que estuviera bien dormido, estaba roncando boca arriba y con la cara tapada con una almohada, perfecto. Así que me agache y gateando me acerque a los pies de la cama por donde se asomaban aquellos olorosos pies. Y entonces pasó algo inesperado. El olor no era tan rico como el olor del cuero de los huaraches, olían a pies nada más, así que me decepcionó un poco pero entonces descubrí un gusto aún más grande y excitante que me revolvía el estómago y hacía que me sudaran las manos. Hasta ese día todo se había tratado del olor, pero ahí agazapado como un delincuente y tan duro que casi reventaba el short que traía puesto me quede fascinado por esos pies, en específico la planta. Los pies de mi papa eran grandes y carnosos, gordos se podría decir aunque el no lo era. Tenía dedos pequeños y gorditos y la planta amplia y suave, tanto que pequeñas arrugas se le hacían ahí donde la piel era más delgada, en el arco, que casi nunca tocaba el piso, y debido al tamaño y peso de los pies en los talones se formaban arrugas más grandes que me volvían loco. Sentía que estaba viendo algo prohibido y muy íntimo. Así que los contemplé, los examiné de arriba abajo, conociendo su aroma y su forma desde cada ángulo, me agachaba cada que el se movía o dejaba de roncar, el peligro era demasiado pero mi perversión podía más. Estaba en extasis, queria más!! Así que por mi mente paso tocarlos, lamerlos, chuparlos y poner mi cara en ellos y besarlos como lo había hecho antes con sus huaraches y cuando pensé en eso, me corri, sin tocarme, tal vez ayudo la fricción del short y mi ropa interior pero me asuste y me fui de ahí enseguida. Dure más de una semana pensando en eso. Me masturbaba varias veces al día recordando lo que había pasado, y pensando que me iría al infierno. Pero había destapado algo en mi que no podría contener. Simplemente no pude.
Después de eso seguí observándolos cuando dormía en el día y a veces también en la noche, cuando veía la televisión en su cuarto. Una noche mientras dormía me metí en su cuarto cuando estaba dormido, ya era tarde así que dormía profundamente. Esta vez estaba dormido boca abajo, cuando lo hacía así, sus pies se acomodaban de una forma que me gustaba aún más. Esa vez igual de mareado por la lujuria que sentía cada vez que me acercaba a esos grandes pies, pensando que estaba muy dormido y era menos probable que me descubriera di un paso más. Luego de olerlos y observarlos en la tenue luz de la televisión no me pude contener más y los toque, muy tímido al principio pero logré poner toda mi mano en su planta, estuve a punto de correrme pero me detuve, quería más, así que viendo lo suave que era su planta y lo mucho que deseaba besarlos me acerqué hasta que la toque con mi cara y sin detenerme puse toda mi cara entre sus pies. Entonces me toque rápidamente, entonces ya conocía la manera tradicional de masturbarse así que lo hice, me corri 2 veces en esa pocision, el miedo y la lujuria eran tantos que me mareé. Deseaba tanto besarlos. Hacerles el amor.
Eso que paso la ultima vez se siguió repitiendo varias veces a lo largo de los años, a veces solo los miraba, otras me atrevía a tocarlos un poco pero el miedo era mucho. Empecé a notar que cada vez que me acercaba el se medio despertaba, un día ya pasada la media noche yo no podía dormir pensando en sus pies así que cuando ya estaba a los pies de su cama me lleve el susto de mi vida cuando se despertó y se levanto para ir al baño, yo me escabullí a gatas y me escondí pero ya hoy en día pienso que lo más probable era que me haya visto. Quien sabe, también llegue a pensar que hubiera pasado si en realidad el si sabía lo que yo hacía y se dejaba o no decía nada. Como sea, después de esa vez, mi actividad disminuyó bastante.
Hasta que un día, yo ya tendría unos 13 o 14 años, trabajamos juntos todo el día, llegamos a casa ya noche lo cual era raro para el, así que el se ducho y luego se durmió, yo sabía que estaba muy cansado por todo el trabajo que hicimos, así que planeé muy bien mi noche. Pasaban de las 10 y el estaba profundamente dormido, parecía muerto. Estaba boca arriba, rayos, no aguantaba mas así que tendría que ser de ese modo. Entre en su cuarto como siempre, a gatas hasta los pies de su cama. Había luna llena así que los veía muy bien, tan grandes y limpios porque se había duchado y el olor del jabón lejos de bajarme la calentura me excito aún más. Pensé, siempre quise besarlos pero me daba algo de asco la suciedad aunque así olían mejor, pero esta vez estaban limpios, preparados solo para mi. Le toque los dedos, no hubo reacción, seguía dormido, lo moví un poco, nada. Era ahora o nunca. Con mi camiseta me seque la lengua, tenía miedo que sintiera la baba y se despertara. Así que lentamente puse toda mi lengua en su arco de la planta. Quería terminar ahí pero sabía que no tendría otra oportunidad así de buena, seguí lamiéndolos con la lengua seca, la pasé por sus dedos, uno a uno, los diez, la metí un poco entre cada dedo, no podía más. Luego baje por toda la planta hasta sus talones que tanto me excitaban, y cuando estuve ahí lo decidí, con las dos manos tome su pie, perdí el miedo tal vez por la adrenalina, ya pensaría en una excusa, pero no se despertó. El tacto de su empeine grueso y venoso en mis manos me volvió loco y lleno de lujuria me lance y lo bese, no me importo la baba esta vez, le di besos en los dedos y en los talones y cuando ya no podía más metí la lengua, le lamí toda la planta de arriba a abajo, con toda la boca y como si estuviera besando a alguien de la manera más guarra y sexual, le comí los pies en un frenesí desquiciado, primero uno y luego el otro, y volví a terminar sin haberme tocado, luego me la saqué y me masturbe mientras ponía mi cara en toda su planta, hubiera deseado poder moverle la pierna para poner su planta en toda mi cara como si me estuviera pisando, ese pensamiento me hizo tener el orgasmo más intenso de mi vida, sin mentir vi las estrellas, y cuando sentía que me corria me levante y termine en sus pies, estaba tan asustado y tan caliente que no lo pude evitar, me salí completamente te de control, pero quería más, ver mi esperma a lo largo y ancho de aquellos brillosos pies me volvió un animal, a la luz de la luna brillaban como si estuvieran lubricados o llenos de aceite y encima mi toque especial, entonces pensé que debía limpiar, de alguna manera, tal vez con mi camisa, pero no, no satisfecho con todo lo que les había hecho a esos pies, me agaché de nuevo y se los limpié con la lengua y la boca, limpie cada gota blanca y mientras lo hacía me masturbaba, no recuerdo cuantas veces termine mientras les hacía el amor a los pies de mi
Que buen relato, me pasaba igual con los pies de mi padrastro era toda una droga