• Registrate
  • Entrar
ATENCION: Contenido para adultos (+18), si eres menor de edad abandona este sitio.
Sexo Sin Tabues 3.0
  • Inicio
  • Últimos Relatos
  • Publicar Relatos
  • Relatos Eróticos
    • Categorías de relatos
    • Buscar relatos
    • Relatos mas leidos
    • Relatos mas votados
    • Relatos favoritos
    • Mis relatos
    • Cómo escribir un relato erótico
  • Menú Menú
1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (4 votos)
Cargando...
Fetichismo, Gays, Infidelidad

Mi mejor amigo me convirtió en su mujer

Tengo 21 años y voy a contarles la vez que mi mejor amigo me hizo su mujer estando los dos muy ebrios. Fue una de esas noches que empiezan inocentes, con risas y tragos, y terminan con él clavándome como si yo siempre hubiera sido suya..
Físicamente mis rasgos más llamativos son: delgado, piel suave, caderas que se marcan un poquito cuando camino y un culote, físicamente es lo que más ven las personas en la calle y ni como negarlo tengo un buen culo.Me gusta vestirme ajustado, mostrar pierna o un poco de cintura, y esa noche llevaba unos shorts cortitos que apenas cubrían nada y una camiseta holgada que se me subía cada vez que me movía. Él siempre me decía que me veía «demasiado rico» para ser solo su amigo, yo sabía que solo bromeaba y no lo decía enserio, sin embargo esa ocasión me dí cuenta que no era tanta broma.

Todo empezó un viernes por la tarde, saliendo de la universidad. Yo ya estaba agotado, con ganas de llegar a casa, tirarme en la cama y ver alguna serie sin mover un dedo. Pero él, mi mejor amigo —llamémoslo Alex por ahora—, me agarró del brazo en la salida y me miró con esa sonrisa ladina que siempre usa cuando quiere salirse con la suya.

Yo negué con la cabeza al principio, pero él siempre actúa tan sugerente conmigo… me roza el brazo, me guiña el ojo, me dice cosas como «mírate, pareces puta con esos shorts» en tono de broma, pero con una voz que se me mete directo en el estómago. Tal vez por eso me dejé llevar. O tal vez porque, en el fondo, me gustaba que me mirara así.

Llegamos y, desde el primer segundo, él no paraba de verme. Nunca ha sido muy discreto, pero esa noche era descarado total. Me seguía con la mirada mientras pedía tragos, mientras bailaba un poco con los demás, mientras me sentaba en el sillón de la esquina. Yo sentía sus ojos clavados en mi cuerpo, especialmente en mi culote, que esa noche se marcaba brutal con los shorts negros ajustaditos. Cada vez que me movía para cruzar las piernas o para levantarme por otro trago, notaba cómo su vista bajaba directo ahí. Entre shot y shot empecé a excitarme. El alcohol me soltaba, el calor del lugar, y sobre todo él. Lo veía duro bajo los jeans, intentando disimular, pero fallando miserablemente. Su mirada se intensificaba con cada trago: más oscura, más hambrienta. Y sus palabras… ay, sus palabras ya no eran solo bromas.

En un momento, ya con varios tragos encima, me acerqué a la barra para pedir agua (o eso dije yo, en realidad quería un segundo para respirar porque ya me estaba poniendo demasiado caliente). Él me siguió, se pegó atrás de mí como si nada, y me susurró al oído mientras ponía una mano en mi cintura:

-Mira cómo rebota cuando caminas, cabrón. Si no tuviera novia, te lo estaría comiendo entero aquí mismo.

Me reí nervioso, girándome un poco para verlo a los ojos. ¿Lo estaba diciendo enserio? No sé porque pero la idea de cogermelo ahorita me estaba tentando demasiado.

—¿Otra vez con lo mismo? —le dije, fingiendo molestia pero con la voz temblorosa—. Siempre bromeando con mi culote.

Él sonrió más ancho, se acercó hasta que sentí su aliento en mi cuello.

—No es broma, wey. Es que es enorme, redondo, perfecto… me dan ganas de agarrártelo y no soltarte nunca. Imagínate si te inclinas un poquito más, cómo se te marca todo. ¿Quieres que te diga qué haría si estuviéramos solos?

Tragué saliva, el corazón latiéndome en la garganta. Sentía el calor subiendo por mi cara y… más abajo.

—¿Qué harías? —pregunté, casi en un susurro, aunque sabía que estaba jugando con fuego.

—Primero te lo sobaría así… —y mientras lo decía, deslizó la mano por mi cadera hasta rozar apenas el borde de mi culo, un toque rápido pero intencional—. Luego te pondría de espaldas contra la pared y te lo abriría despacito para ver lo rico que se ve. Y después… te follaría hasta que pidieras más.

Me quedé congelado un segundo, riéndome para disimular lo mojado que me estaba poniendo solo de oírlo. Pero él no se apartó. Siguió mirándome fijo, con esa intensidad que ya no era de amigos.

Ya muy ebrios los dos, con la cabeza dando vueltas y el cuerpo ardiendo, se inclinó más cerca y me dijo bajito, casi como orden:

—Ven, acompáñame al baño un segundo…

No pude resistirme. Seguramente fue por todo lo que había pasado antes: las miradas, los roces, sus palabras directas sobre mi culo, el alcohol quemándome las venas… pero cuando me dijo “ven, acompáñame al baño un segundo”, mis piernas se movieron solas. Lo seguí tambaleándome un poco, el corazón latiéndome en la garganta y ya sintiendo cómo se me mojaba todo abajo.

Entramos al baño del club —por suerte estaba vacío, solo un par de mingitorios y un cubículo al fondo—. Cerró la puerta con llave y, sin decir nada más, me empujó contra la pared fría. Sus labios chocaron contra los míos en un beso brutal, hambriento, con lengua desde el primer segundo. Mientras me devoraba la boca, sus manos grandes bajaron directo a mis nalgotas. Las agarró con fuerza, las apretó, las separó un poco por encima de los shorts como si ya estuviera midiendo cómo iba a abrirme. Gemí en su boca, sintiendo cómo mis cachetes se hundían bajo sus dedos.

Yo no me quedé atrás. Metí la mano por la cintura de sus jeans, bajé la cremallera torpemente y agarré su verga dura como piedra. Estaba caliente, palpitando, ya mojada en la punta. La empuñé fuerte, subiendo y bajando mientras él me mordía el labio inferior.

—Cógetelo ya… por favor —le rogué entre besos, con voz temblorosa y puta—. Aquí mismo, métemela, no aguanto más.

Él se rio bajito contra mi cuello, mordisqueándome la piel.

—No, putito… mejor en mi depa. Quiero tenerte toda la noche para romperte bien ese culote.

Salimos del baño como pudimos, riéndonos nerviosos pero con el cuerpo en llamas. Subimos a su coche y durante todo el trayecto —como 15 minutos que se sintieron eternos— no dejé de jalarle la verga. La saqué por completo, la masturbé lento y luego rápido, sintiendo cómo se ponía más gruesa en mi mano. Él manejaba con una mano en el volante y la otra apretándome el muslo, subiendo hasta rozar mi culo cada semáforo en rojo. Yo gemía bajito, ya empapado, moviendo las caderas contra el asiento.

Llegamos a su departamento y ni bien cerró la puerta principal, me cargó en putiza como si pesara nada. Me llevó directo a su cuarto, me tiró en la cama boca abajo y se subió encima. Volvió a besarme, pero esta vez más salvaje: lengua profunda, mordidas en el cuello, manos por todos lados. Empezó a darme nalgadas fuertes, una tras otra, haciendo que mis nalgotas rebotaran con cada golpe. El sonido era obsceno: plap, plap, plap… y yo arqueaba la espalda pidiendo más.

—Culote de puta… —gruñía entre nalgadas—. Tenía ganas de comerme estas nalgotas desde hace meses. Mira cómo rebotan, cabrón… tienes mejor culo que mi vieja, te lo juro.

Yo estaba temblando de excitación, la cara hundida en la almohada.

—Si tanto te gusta mi culo… demuéstralo —le dije, mirándolo por encima del hombro con ojos de zorra—. Haz algo con él de una vez.

No tardó ni dos segundos. Me bajó los shorts y el calzón de un tirón, dejándome expuesto. Sentí el aire fresco en mis nalgas y luego… su cara entre ellas. Separó mis cachetes con las manos y empezó a comerme el culo como si fuera lo último que iba a probar en la vida. Primero lamió despacio alrededor del agujero, círculos húmedos y calientes que me hicieron gemir fuerte. Luego metió la lengua adentro, empujando profundo, follándome con ella mientras sus dedos se clavaban en mi carne. Chupaba, lamía, mordisqueaba suave los bordes, hacía ruiditos cochinos de saliva y gemidos ahogados contra mi piel. Yo solo podía agarrarme de una de sus almohadas, apretarla con fuerza mientras arqueaba más la espalda y empujaba mi culo contra su boca.

—Ahhh… sí… así… cómetelo todo… —gemía sin control, las piernas temblando.

No paró hasta que sentí su dedo índice empujando contra mi entrada. Entró despacio al principio, lubricado por su saliva, y luego empezó a dedearme con ritmo: dentro y fuera, curvando el dedo para rozar ese punto que me hacía ver estrellas. Metió un segundo dedo, abriéndome más, mientras seguía lamiendo alrededor.

—Putito… te voy a hacer mía esta noche —gruñía contra mi culo, la voz ronca—. Este culo va a tener dueño de una puta vez. Mírate, cómo te abres para mí… estás empapado, zorra en celo.

Yo solo podía gemir como perra en celo, empujando hacia atrás contra sus dedos, rogando en silencio que no parara nunca. El placer era tan intenso que me dolía de lo rico, las lágrimas de puro éxtasis rodándome por las mejillas.

No tardé mucho en romperme del todo. Con sus dedos todavía adentro, abriéndome y rozando ese punto que me hacía arquear la espalda como loca, el culo me picaba desde lo más profundo. Era un vacío ardiente, un hormigueo insoportable que gritaba por ser llenado. Necesitaba su verga ya, no aguantaba más el teasing.

—Dámela… por favor… métemela ya —le supliqué, la voz entrecortada, casi lloriqueando—. Quiero esa verga dentro, Alex… rómpeme el culo.

Él se rio bajito, esa risa ronca y triunfante que me ponía más puta. Sacó los dedos despacio, dejándome un hueco vacío que dolía de ganas, y se puso de rodillas frente a mí en la cama. Se bajó los pantalones del todo y sacó su polla tiesa, goteando precum, venosa y gruesa. La agarró por la base y me la acercó a la cara.

—Primero chúpamela bien, putito. Muéstrame cuánto la quieres.

Yo pensé que me la iba a clavar de una, pero no… me hizo arrodillarme en la cama, cara a cara con esa verga que ya me había masturbado en el coche. El olor a sexo, sudor y su esencia me golpeó directo, y mi boca se hizo agua. La agarré con las dos manos al principio, la lamí desde la base hasta la punta, saboreando el precum salado. Luego escupí encima, una y otra vez, haciendo que brillara con mi saliva espesa. Escupí fuerte, el sonido húmedo rebotando en el cuarto, y empecé a chuparla con ganas brutales.

Me la metí hasta donde pude, sintiendo cómo me llenaba la boca, cómo la cabeza empujaba contra mi garganta. Intenté tragármela entera, ahogándome un poco, las lágrimas rodándome por las mejillas mientras empujaba más profundo. Gag, gag… el sonido era obsceno, saliva chorreando por mi barbilla y cayendo en gotas sobre mis tetas. Le lamía los huevos mientras tanto —ay, esos huevos tan llenos, pesados, redondos y calientes—. Los metí uno por uno en mi boca, chupándolos suave al principio y luego más fuerte, sintiendo cómo se contraían contra mi lengua. Eran lo más rico de toda esa verga: grandes, suaves por fuera pero firmes, con ese olor masculino que me volvía loco.

Mi cabeza daba vueltas por el alcohol, todo borroso y delicioso, el mundo reducido a esa polla en mi boca y el ardor en mi culo. Gemía alrededor de ella, vibraciones que lo hacían gruñir y agarrarme del pelo. Me follaba la cara despacio al principio, luego más rápido, empujando hasta que mi nariz tocaba su pubis. Yo solo podía babear más, escupir de nuevo y seguir chupando como si mi vida dependiera de eso.

Estuve un buen rato así —minutos eternos de garganta profunda, lamidas a los huevos, saliva por todos lados— hasta que no pude más. Saqué su verga de mi boca con un pop húmedo, jadeando, la cara toda mojada y roja.

—Alex… por favor… ya no aguanto —le rogué, mirándolo con ojos de perra en celo—. Cógeteme ya… métemela en el culo, hazme tuya de una puta vez. Mi culo te necesita… está picando por dentro, vacío sin ti.

Él sonrió, esa sonrisa de depredador, y me empujó boca abajo otra vez, separándome las nalgotas con fuerza.

Su verga ya estaba empapada de mi saliva, brillante y palpitante, y mi ano resbalaba por toda la saliva que él había dejado al comerme el culo. Me metió un dedo más, profundo, curvándolo para rozar ese punto que me hacía temblar, mientras me besaba con furia. El sabor era una mezcla brutal y deliciosa: mi propia saliva en su lengua, el regusto salado de su verga que todavía tenía en la boca, y su aliento caliente mezclado con alcohol y deseo. Fue lo más rico y sucio que he probado en mi vida; gemí contra sus labios, chupándole la lengua como si quisiera tragármelo entero.

Cuando terminó el beso, me giró sin delicadeza y me puso en cuatro sobre la cama. Arqueé la espalda instintivamente, ofreciéndole todo. Sentí sus ojos clavados en mí, devorándome con la mirada. Era obvio que se estaba deleitando: mi culote redondo, firme, todavía rojo por las nalgadas anteriores, abierto y brillando de saliva y lubricación natural. Meneé las caderas despacio, haciendo que mis nalgotas rebotaran un poco, y le supliqué casi en un gemido ronco:

—Hazme tu mujer, Alex… por favor… métemela ya, no aguanto más.

La punta de su verga rozó mi entrada, caliente y gruesa. La empujó lento, con cuidado al principio, abriéndome centímetro a centímetro. Solté un gemido ahogado, largo y tembloroso, cuando sentí mi interior estirarse y moldearse alrededor de su pedazo de carne. Era enorme, llenándome de una forma que dolía rico, que me hacía sentir completamente suyo. Entró hasta la mitad y se quedó quieto un segundo, dejándome adaptarme, pero yo ya empujaba hacia atrás, desesperado por tenerlo todo.

Empezó a moverse lento, sacándola casi por completo y volviéndola a meter con un empujón controlado. Cada embestida venía acompañada de una nalgada fuerte: plap… plap… el sonido de su mano contra mi carne rebotando en el cuarto. Poco a poco fue aumentando el ritmo, las caderas chocando más rápido, las nalgadas más duras, dejando marcas rojas en mis cachetes. Yo gemía cada vez más fuerte, sin control, la voz quebrada de placer puro.

—Eres mi mujer ahora, putito… este culo es mío —gruñía él, agarrándome de las caderas con fuerza.

—Sí… sí… soy tuya… —respondía yo entre jadeos—. Más duro… por favor… ¡más duro!

No tardó en obedecer. Me embestía con todo, profundo y salvaje, su pelvis chocando contra mis nalgotas haciendo un ruido obsceno: clap-clap-clap. Cada golpe me sacaba un grito ahogado, el placer subiendo en oleadas que me nublaban la vista.

Luego cambió de posición. Me subió encima de él, sentándome a horcajadas. Me agarró las caderas y me hizo bajar despacio hasta que su verga entró completa otra vez. Empecé a darle sentones, subiendo y bajando con fuerza, sintiendo cómo me llegaba hasta el fondo con cada bajada. Mis nalgotas rebotaban contra su pelvis, el sonido húmedo y rítmico llenando todo: plap-plap-plap-plap… mezclado con mis gemidos de puta en celo, altos y desesperados. Su cara de placer era lo más excitante: ojos entrecerrados, boca abierta, gruñendo cada vez que me hundía entero.

En cierto punto ya no aguantó más el control pasivo. Me tomó de las caderas con fuerza bruta, clavando los dedos en mi carne, y empezó a embestirme desde abajo con desesperación animal. Me follaba como si quisiera romperme, subiendo las caderas con violencia, metiéndomela hasta las bolas una y otra vez. Yo solo podía agarrarme de su pecho, arañándolo, gritando:

—Adentro… quiero todo adentro… lléname, por favor…

Él jadeó contra mi oído, la voz rota de placer:

—Te voy a preñar, zorra… te voy a llenar hasta que chorrees… este culo va a quedar marcado con mi leche.

No tardó mucho. Sus embestidas se volvieron erráticas, más profundas, más cortas. Gruñó fuerte, se tensó entero y se vino dentro de mí con un último empujón brutal. Sentí los chorros calientes golpeando mis paredes, llenándome por completo, espeso y abundante. Gemí largo y tembloroso mientras me inundaba, el calor extendiéndose por mi interior.

Cuando acabó, me quedé encima un segundo, jadeando, sintiendo cómo su verga todavía palpitaba dentro. Me bajé poco a poco, con cuidado, y en cuanto salió un chorro grueso de semen blanco empezó a escurrir de mi culo, bajando por mis muslos, goteando sobre las sábanas. Me temblaban las piernas, el culo abierto y sensible, todavía contrayéndose alrededor de la nada. Me dejé caer a su lado, exhausto, con una sonrisa idiota y el cuerpo ardiendo.

Esa noche mi mejor amigo me hizo suya de verdad… y yo no quería que fuera de ninguna otra forma.

Estaba indeciso de subir esto, ya que ciertamente la anécdota tiene bastante tiempo, sin embargo tengo muchas más que me encantaría contar.

Si gustan conocerme más les dejo mi cuenta de X

https://x.com/Ocupo2thettas

37 Lecturas/4 marzo, 2026/0 Comentarios/por Amezquita_22
Etiquetas: amigos, baño, culo, follar, puta, semen, sexo, universidad
Compartir esta entrada
  • Compartir en Facebook
  • Compartir en X
  • Share on X
  • Compartir en WhatsApp
  • Compartir por correo
Quizás te interese
Mis inicios en el sexo a los 5 añitos p2
EL ABUELO
Mi primera y unica vez.
Lo que sea para que no me roben
Abro la puerta y mi tío siendo penetrado…inicio de incesto
seguimos cogiendo a mis 11 años
0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir!

Deja una respuesta Cancelar la respuesta

Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.

Buscar relatos

Search Search

Categorías

  • Bisexual (1.393)
  • Dominación Hombres (4.263)
  • Dominación Mujeres (3.135)
  • Fantasías / Parodias (3.437)
  • Fetichismo (2.822)
  • Gays (22.455)
  • Heterosexual (8.507)
  • Incestos en Familia (18.685)
  • Infidelidad (4.592)
  • Intercambios / Trios (3.202)
  • Lesbiana (1.177)
  • Masturbacion Femenina (1.035)
  • Masturbacion Masculina (1.984)
  • Orgias (2.126)
  • Sado Bondage Hombre (463)
  • Sado Bondage Mujer (193)
  • Sexo con Madur@s (4.477)
  • Sexo Virtual (272)
  • Travestis / Transexuales (2.480)
  • Voyeur / Exhibicionismo (2.600)
  • Zoofilia Hombre (2.256)
  • Zoofilia Mujer (1.684)
© Copyright - Sexo Sin Tabues 3.0
  • Aviso Legal
  • Política de privacidad
  • Normas de la Comunidad
  • Contáctanos
Desplazarse hacia arriba Desplazarse hacia arriba Desplazarse hacia arriba