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Fetichismo, Incestos en Familia, Masturbacion Femenina

Mi primera experiencia sexual con mi hermana II

SEGUNDA PARTE de https://sexosintabues30.com/relatos-eroticos/fetichismo/mi-primera-experiencia-sexual-con-mi-hermana/.
Pasó la noche, el despertador sonó, y en cuanto nos despejamos y antes de que viniera mi madre, ella me dijo
– Tengo pipí ¿lo quieres?
– Sí, claro
– Pues corre, que me meo mucho

Me levanté raudo de mi cama, mientras ella se tendía en el borde de la suya y se quitaba su perfumado pantalón de pijama para poder abrir bien las piernas.
Yo apliqué mis labios a su coño de aroma almizcleño e inmediatemente un acre chorro de fuerte sabor me asaltó el paladar. Su sabor era mucho más fuerte que el de la noche anterior, con un punto amargo que desconocía, y yo no había probado aún una meada tan intensa; además fue bastante abundante, me costó tragarme los últimos chorros, pero para no dejar rastro en el suelo -porque mi madre no tardaría en venir- me esforcé y me bebí la meada entera.
Mi hermana vio mi cara cuando acabó de mear y me dijo:

-¿Por qué pones esa cara, no te gusta mi pipí?

– Estaba muy fuerte.

– Pues cuando meo por la mañana siempre me sale muy amarillo y huele mucho, pero será mejor que te acostumbres porque va a ser tu desayuno a partir de hoy. Si te bebes el de tu amiga de clase, ahora te beberás el mío todas las veces que yo tenga ganas, que soy tu hermana y estoy antes que esa amiga tuya.

Yo ya estaba notando el regusto de su meado y me parecía delicioso, así que le dije:

– Que sí, me encanta, si está muy bueno tu pipí, pero es que no me esperaba que mearas tanto.

– A veces me despierto de noche a mear y por la mañana meo menos, pero esta noche me lo he aguantado para dártelo todo a ti.

– No te preocupes, me lo beberé todo, me encanta beberme tus meados.

– Vale, pero yo igual no te aviso, cuando tenga ganas me levantaré y me sentaré encima tuyo, así que cuando veas que vengo te pones donde quieras, en la cama o en el suelo, pero que yo esté cómoda para mear a gusto.

– No te preocupes, tú me dices «pipí» y yo ya lo sabré.

– Vale.

Yo la tenía durísima -y sin duda ella también estaba cachonda- pero no nos daba tiempo de nada, en breves mi madre vendría para decirnos que el desayuno estaba hecho y si no estábamos lavándonos la cara nos metería prisa, así que yo me vestí, ella también -por una vez, se puso bragas limpias- y fuimos a lavarnos la cara. Cuando terminamos bajamos al piso inferior donde nuestra madre nos preparaba el desayuno, y le dimos los buenos días con nuestra más convincente cara de ángeles. Y luego nos fuimos al colegio. Yo no pude concentrarme mucho ese día porque mi pija era como un palo de madera durísima que no había manera de ablandar, y hasta me dolía -obviamente, no podía masturbarme en clase- y por el estado de las bragas de mi hermana cuando llegamos a casa -parecía que hubiera encerrado en ellas una docena de babosas- deduje que a ella le había pasado algo parecido.
Saludamos a nuestra madre, le dijimos que teníamos deberes, subimos a nuestra habitación y empezamos la fiesta.

– Túmbate en el suelo que te vas a enterar.

Yo obedecí, y ella se bajó las bragas y se acuclilló poniendo su coño en mi boca. Estaba húmeda y olía a almizcle, y yo empecé inmediatamente a lamérselo.

– Oye, que no puedo hacer pis si me lames, espera a que haya meado.

No le hice caso y seguí lamiendo aquella raja húmeda y sabrosa, saboreando todos los fluidos que había ido segregando su vagina y que llevaban horas madurando entre los pliegues de su vulva. Ella empezó a gemir, a retorcer sus caderas y a mover su flor sobre mi cara, y al poco tiempo sus gemidos y sus movimientos se intensificaron, y supe que empezaba a correrse. Aún yo no lo sabía, pero mi hermana es multiorgásmica, se corre enseguida y puede encadenar hasta cinco o seis orgasmos seguidos.

– Me meo, no aguanto más.

Y antes de que acabara de decirlo, un fuerte chorro de meados brotó, y yo me sentí en el paraíso mientras me lo bebía. Era la tercera meada que saboreaba de mi hermana, y esta vez tenía un sabor afrutado, que recordaba el melocotón, pero sin dulzor. Cuando terminaba, junto con los últimos chorros se mezcló un líquido de sabor ácido. Yo no lo sabía aún, pero era su flujo vaginal, ese que todas las chicas segregan en mayor o menor cantidad, que ayuda a mantener sus genitales sanos, que forma parte de la mezcla de secreciones que dan a los coños de las chicas su sabor peculiar… y que es la causa de que todas las bragas acaben desteñidas en la zona donde se humedecen con él, debido a su acidez.
Cuando terminó de mear, yo seguí lamiendo y ella encadenó tres orgasmos con sus respectivas dosis de flujos. Me sentía en el paraíso, pero tenía algo que amenazaba con estallar.

– Por favor, ahora házmelo tú a mí.

– ¿Qué? No querrás que te la chupe.

– Va, por favor…

– Que no. Me voy a hacer los deberes.

– Eres una borde, yo te lo he comido.

– Que tú seas un guarro bebemeados y lamebragas no quiere decir que yo sea una guarra comepollas. Tengo siete años, soy una niña. Coge mis bragas y te haces una paja si quieres.

– No te importa que me la haga delante tuyo…

– Haz lo que quieras, pero yo no te voy a mirar.

Y como no me quedó más remedio, cogí sus bragas, que como ya he dicho estaban cubiertas de flujo en la parte que tapaba su vulva, y las chupé mientras me masturbaba delante de ella sin ninguna vergüenza. Me dirigió un par de miradas haciéndose la despistada, pero yo no tardé nada en correrme. Me corrí como hacía tiempo que no me corría, y tuve que taparme la boca para no gritar de gusto.

CONTINUARÁ

57 Lecturas/23 marzo, 2026/0 Comentarios/por Follacabras
Etiquetas: amiga, colegio, hermana, madre, mayor, menor, pija, vagina
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