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Fantasías / Parodias, Fetichismo, Incestos en Familia

Mis hijas gemelas

..

Lo primero que le aclare a Fernando cuando nos conocimos es que tengo dos hijas… gemelas. No todos los hombres están dispuestos a ser el padre de hijos que no son de ellos y menos de dos nenas de cinco años. Pero Fer se amoldó a ellas como si fuese su propio padre.

Introducirlo en casa, y en la convivencia con ellas fue lento pero efectivo. Al principio era el amigo de mamá, luego el tío Fer, y, por último, papi Fer.

Ya para el momento en el que ellas lo llamaban papi, Fer y yo decidimos mudarnos juntos en mi casa. Es más grande que el departamento de él y tiene todas las cosas de las nenas. Funciono de lujo.

Nuestras familias también compenetraron enseguida. Así que fue fácil ser una familia ensamblada.

Con lo que respeta al cuidado de las nenas, yo era la que trabajaba fuera de casa mientras que Fer hace home office por lo que él es el que las cuida.

El día en que todo pasó… o que yo me di cuenta de lo que pasaba, fue cuando volví antes de la hora en la que siempre vuelvo del laburo.

La casa estaba silenciosa, todo ordenado y limpio porque hoy la chica que nos ayuda vino. Pero desde arriba, escuchaba risas y los chillidos de las nenas. Eso me hizo sonreír. Seguro que estaban jugando las dos con su papi. Amaba verlos interactuar. Fer es muy bueno con los niños, moría por tener uno propio de él, pero por ahora no se nos daba que yo quede embarazada.

Él decía que con las gemelas era más que suficiente. Las ama como suyas.

Subo las escaleras en silencio para que no se den cuenta de que llegue y sorprenderlos. Cuando voy hasta el cuarto de las gemelas, no las encuentro. Así que voy directo al nuestro.

En este, esta Fer acostado en la cama mientras que Mila esta sobre sus caderas, cabalgando como si estuviera montando un caballo, y Mia esta sobre su cara, restregándose. Las dos ríen a carcajadas mientras que mi novio gruñe y con sus manos intenta quitar a Mia de su cara, pero tampoco poniendo mucho esfuerzo.

Mila que cabalga con fuerza, ríe y grita “Vamos caballo, vamos”. Están jugando al jinete. Juego que les encanta porque les encanta estar sobre Fer en cualquier lugar y momento. Por su parte, Mia segundea el juego de su hermana “Si, si caballito, arre”

Mi novio es musculoso y grandote, y puede con el peso de las dos nenas que tampoco es que sean muy pesadas. Mia y Mila tienen cinco años y son muy petisas y flaquitas para su edad. Las dos con el pelo castaño lacio hasta el culito porque me gusta mantenérselos largo y sano; con un flequillo delicado que cubren sus frentes. Tienen los ojos verdes heredados de su progenitor que al enterarse de mi embarazo me dio plata para el aborto y se fugó, y su cuerpecito petite, heredado de mí.

-Bueno, bueno. Lo entretenidos que están que ni se dan cuenta de que mamá esta acá.

Las nenas al escuchar mi voz chillan y saltan de la cama para correr hacia mí. Me abrazan y me besuquean. Mila que tiene la costumbre ahora de darle besos a todos en la boca, lo hace conmigo y yo la miro seria, pero ella se ríe tierna y no puedo evitar seguirle el jueguito. Le acepto el beso en la boca, pero tengo que volver hablar seriamente con ella sobre eso.

Mi novio se levanta de la cama también y viene a saludarme. En el camino que llega hasta mí, noto como una gran erección se marca en sus pantalones y una mancha húmeda. Lo miro curiosa, pero no digo nada. Él me saluda con un beso y me aprieta el culo sin que las nenas se den cuenta.

-Hola, mi amor. -me dice.

-Hola, gordo. ¿Estás bien?

-Sisi, ¿por?

-No, por nada. -no menciono lo de la erección, pero definitivamente llama mi atención.

Esa noche, después de cenar, las nenas piden ver Intensamente en la tele. Como están de vacaciones no se duermen tan temprano así que se lo permitimos.

Nos acomodamos todos en el gran sillón frente a la tele con pochoclos y chocolates en mano y ponemos la peli.

Minutos después, la intensa de Mila quiere que Fer le haga upa y este lo hace. Por otro lado, Mia se sienta más cerca de él, abre sus piernas y pone el brazo de Fer entre ellas. Así que quedo yo sola en el sillón. Pongo los ojos en blanco.

Son tan nenas de papá.

La película me entretiene, hasta que escucho una risita y susurros. Cuando miro a mi lado, veo como Mila está dándole besos por toda la cara a Fer y luego se detiene en sus labios los cuales besa y saca la lengua, chupándolos.

Estoy a punto de decir algo, retarla, gritarle que eso no se hace cuando veo como Fer solo le sonríe, pero la aleja. Ella entiende y vuelve a prestar atención a la película.

Yo giro rápido la cabeza para que no se den cuenta de lo que vi, pero ya no estoy interesada en ver la película. Ahora mi cabeza gira en torno a lo que acabo de presenciar. ¿Realmente es lo que vi?

Pasan unos minutos, y ahora es a Mia a la que escucho susurrar. Cuando volteo a mirar, disimuladamente, veo como ella tiene más abiertas sus piernitas y la mano de Fer está abarcando toda su conchita por sobre el pantalón del pijama. Cualquiera que lo ve de lejos parece que le está haciendo cerrar las piernas, pero yo puedo ver como con sus dedos, disimuladamente, le roza la concha a la nena.

Eso me pone en alerta y sin pensarlo mucho me levanto, apago la tele y mando a todos a dormir. Las nenas se quejan, pero me hacen caso. Fer es el que las lleva a la cama.

No digo nada de lo que vi y ni siquiera subo con él para acostarlas, pero si puedo escuchar cómo se ríen y susurran.

El corazón me late a mil. ¿Dios mío, será…? No sé qué pensar ni que decir.

Cuando Fer y yo nos encerramos en nuestro cuarto, no puedo decirle nada. Las palabras no me salen de la boca. Él me cuenta sobre algo de su trabajo y después sobre el viaje a Disney que le quiere regalar a las nenas, pero yo no escucho nada, en mi cabeza solo está la imagen de mi novio besando y manoseando a mis hijas de cinco años.

Y por alguna razón tengo la tanga empapada.

Esa noche cogemos como desaforados. Es tanto, que dejo que me haga el orto. Nunca había estado tan caliente.

El sábado estamos todos en casa. Es día de pile así que mientras Fer hace el asado, las nenas y yo nadamos y jugamos en el agua. Después de comer, ellas se duermen una siesta y mi novio y yo nos metemos en la pile. Nadamos, jugamos como niños y cogemos. Nos encanta coger en el patio de casa y varias veces lo hemos hecho en la pile.

Cuando me la está metiendo con fuerza, mientras me tira del pelo, me ahorca y me dice que soy suya, escucho la dulce voz de una de mis hijas.

– ¿Mami?

Mila se levantó de su siesta y nos ve a Fer y a mí, completamente desnudos en la pileta.

– ¡Mi vida! ¿Ya te levantaste mi amor?

-Si, mami. Quiero meterme en la pile. ¿Qué hacen?

-Nada bebé, papi y yo jugábamos nada más. Vení, metete.

-Pero me tengo que poner el traje de baño.

-Sí, anda a… -y una idea (una que ninguna madre debería de tener) pasa rápido por mi cabeza. -No, no, mi amor. Sacate el pijama y vení a meterte así. Desnudita. Como papi y mami.

Fer me mira rápido. Sus ojos abiertos con sorpresa. – ¿Qué haces?

– ¿Que?

– ¿Por qué la metes desnuda? Estamos en bolas, Milena.

– ¿Y? No pasa nada. ¿O te molesta?

-Y vos sabes como son los nenes, hablan todo.

Si hablaran todo me contarían lo que haces con ellas. No lo digo, pero lo pienso.

-No pasa nada, Fer. Solo vamos a jugar en la pile.

Mila se saca el pijama y totalmente desnuda se acerca al borde de la pileta.

Nunca le había prestado atención de otra forma como ahora, al cuerpo de mi hija. Es tan chiquita y limpiecita. Ni una imperfección, ni un pelo, marca, nada. Un ángel.

Yo la tomo en brazos y la meto de una. Ella chilla y se ríe. La sostengo contra mi pecho y mis tetas se restriegan a las suyas inexistentes. Mis pezones se ponen muy duro, mi concha vuelve a mojarse.

Me gusta esto, y espero que a Fer le guste lo que tengo preparado para él.

Mila sabe nadar así que la dejo jugar en el agua con sus inflables. Juego con ella un rato y noto como Fer no le saca la mirada de encima, pero se queda parado en un costado de la pile.

– ¿Qué te pasa? La nena quiere jugar con vos.

-Ahora no, Mila. -le dice cuanto esta lo llama.

– ¿Por qué no? -le pregunto yo.

-Porque no, Milena.

Está serio, y yo me acerco a él. – ¿Qué te pasa, Fer? Estabas re bien hace un rato.

Por un momento se queda en silencio mirándome fijamente. -Pasa que no me parece que la nena esté desnuda con nosotros. Que nos vea.

– ¿Por qué no?

– ¡Porque no, Milena! Es una nena.

-Bueno, pero no decís lo mismo cuando ella te da besos en la boca, te chupa los labios. O cuando le pasas la mano por la conchita a Mia. O cuando haces que las dos salten arriba de tu verga haciendo como que jugás a los caballos con ella. Que después veo como tenés la pija re gomosa. -sus ojos se abren de par en par. No sabe que decir y se pone rojo. -Lo sé, y lo vi todo, Fer. Sé cómo se te pone la verga al mirar a mis hijas. ¿Te gustan las nenitas en general o solo mis hijas? Sos pedo, Fer? -bajo la mano y le agarro la verga. Para sorpresa de nadie la tiene durísima. Más de lo que se la he sentido jamás. -Porque te juro que anoche cuando me di cuenta de que tocas a mis hijas, me calenté mucho. Me moja la tanga saber que su papi las toca, las morbosea, que se las quiere coger. Que un tipo de tu tamaño este con una nenita como Mila, es mi fantasía. Quiero verte romperle la conchita, abusarla.

Nuestras respiraciones son rápidas, la tensión se corta fácil. Sé que estamos los dos en un estado de morbo que no tiene vuelta atrás.

– ¿Me lo decís en serio, Mile?

Asiento. -Muy.

– ¿Me jurás que esto queda acá?

-Te lo juro, mi amor.

Nos besamos con amor, pasión y mucho morbo. Morbo enfermo.

-Siempre me gustaron las nenas, y una de las razones por las que empecé a salir con vos es por las gemelas. Me pone la verga dura verlas, Mile. Me tienen loco. Fantaseo con tus nenas desde que las conozco.

-Ah sí? – escucharlo me pone loca. -¿Qué pasa si ahora te las entrego? ¿Lo vas a hacer? ¿Te las vas a coger?

-Si me dejas, sí.

-Bueno, quiero verte hacerlo. ¡Mila, vení!

Mi hijita de cinco años nada hasta donde estamos. Cuando está cerca, la tomo en brazo y le doy besos por toda la cara y cuello. Le hago upa agarrándola del orto y abriéndoselo, poniéndola de espaldas para que Fer veo su ano y conchita abiertas.

Mila se ríe y me devuelve los besos. Cuando la beso en la boca, metiéndole mi lengua hasta la garganta, se queda quieta, pero no se aleja. Su lengua se mueve tímida, pero responde, le gusta.

-Mila, querés jugar un juego con mami y papi? -le pregunto cuando me alejo. Ella asiente.

– ¡Si, si! ¿Qué juego, mami?

-Bueno, vamos a jugar al doctor. Papá va a ser el doctor, yo voy a ser la enfermera y vos sos la paciente que viene por un dolor. ¿Te parece?

-Pero no me gusta el doctor, mami. ¿Me va a doler?

-No, no. Es un juego. Papi solo te va a dar amor porque lo que te duele es chiquito. Y yo voy a mirar todo.

-Bueno, mami… ¿y Mia? ¿No juega?

-Obvio que sí, ahora la voy a buscar.

Pero no hace falta que lo haga, mi otra hija gemela aparece refregándose los ojos llorosos. Es más sensible que Mila y es en lo único que se diferencian porque después en lo físico da miedo lo parecidas que son.

Yo salgo, le saco el pijama para dejarla también desnuda, y la tomo en brazos mientras que le doy órdenes a Fer que solo me mira como un cachorro sediento.

-Bueno, empecemos el juego. ¿Doctor, porque no sienta a su paciente en el borde y se fija que es lo que tiene entre sus piernitas? Creo que le dolía ahí.

Mila ya empieza a reírse cuando Fer la toma en brazos y la sienta en el borde de la pileta, besándola y haciéndole cosquillas. Le abre las piernitas y ante nosotros queda la conchita rosada, lampiña y pequeña de nuestra hija. Una delicia.

Fer parece un perro hambriento ante un pedazo de carne. Yo sonrío extasiada. Estoy tan caliente.

– ¿Doctor, se fija que tiene la señorita?

-Si doctor, ¿qué tengo? -Mila sigue el juego y eso me gusta más.

-Bueno, a ver que tiene esta señorita tan linda.

Fer abre más las piernitas de mi hija y se zambulle en su concha. Mi hija abre los ojos grandes y luego veo como estos se ponen vidriosos, su cuerpo relajándose, echándose más para atrás, abriéndose para que su papi disfrute de ella.

Veo desde mi posición dentro de la pileta, con Mia en mis brazos, como Fer pasa lentamente su lengua por la concha de la nena. La lame, la saborea, se detiene en su clítoris que chiquito que ni se ve, pero esta durito. Él le da toquecitos. Con dos de sus dedos, le abre los labios de la concha y lame más profundo, tratando de entrar en su agujerito.

Mila cierra los ojos y echa la cabeza para atrás. Una de sus manos agarra del pelo a Fer con fuerzas. -Papi…

Escuchar a mi hija de cinco años gemir me da un estado de excitación tan fuerte, que siento como un latigazo me recorre todo el cuerpo y se detiene en mi clítoris. Es una sensación inexplicable.

Mia mira todo con curiosidad.

-Mami, ¿qué está haciendo papi?

-Papi es el doctor mi amor, está revisando que tu hermanita esté bien ahí entre sus piernitas.

-Ah… ¡yo también quiero!

Al escuchar eso, Fer saca la cabeza de la concha de Mila y nos mira. Le sonríe a Mia.

-Entonces venga para acá, señorita. A usted también la voy a revisar.

Las niñas se ríen cómplices. Les gusta el juego y eso me gusta a mí.

Fer las sienta una al lado de la otra sobre el borde de la pileta. Las dos desnuditas, y a las dos les abre las piernitas dejándolas totalmente a su merced. Veo como prueba por primera vez a Mia. Le tiembla todo el cuerpo al chuparla. La niña tiene la misma reacción que su hermana que mira con los ojos brillosos lo que le hace su papá a su hermanita. Mi novio mientras le come la conchita a Mia, le acaricia la concha a Mila. No desatiende a ninguna de las dos y yo no lo desatiendo a él porque me acerco y comienzo a jugar con su verga. La tiene tan dura que hasta parece dolorosa. Está llena de venas gruesas y la cabeza larga líquido viscoso.

Tendremos que cambiar el agua de la pileta. Lo pienso y me rio.

-Es el mejor día de mi vida, Milena. Gracias.

-Te amo. Disfruta.

Pasa de una conchita a la otra. Lame a una y a la otra la acaricia y así sucesivamente. Se besa con ellas, hace un beso de tres en donde ellas se pasan la lengua entre hermanas y él se las chupa después. Les acaricia todo el cuerpo, deteniéndose en sus conchas. Está loco por ellas. Mordisquea sus pezones que se ponen duros.

– ¿Las señoritas están bien, doctor?

Le pregunto. Mi novio se aleja de mis hijas, respira con fuerza. Está rojo y con los ojos totalmente idos. Le acabo de hacer probar la mejor droga de su vida.

-Las señoritas están excelente.

-Muy bien, entonces ahora me gustaría que las señoritas se atendieran entre ellas. A ver… hagan como les estaba haciendo papá, pero entre ustedes.

Mia no entiende lo que les pido, pero Mila sí. Siempre lo supe, va a ser tan trola. Deberé tener cuidado con ella.

Mila hace que su hermanita se acueste sobre una toalla que Fer les pone, y se entierra de una entre sus piernas. A Mia le da más cosquillas que placer porque empieza a reírse como desquiciada, pero Mila da todo de sí, restregando toda su cara en la conchita de su hermana.

Fer y yo las miramos “jugar”. Él se coloca detrás de mí cuando se vuelve a meter en la pileta, y me mete la pija en el orto. Empieza a penetrarme despacio mientras me acaricia el clítoris.

– ¡Mami, Mia solo se ríe!

-Vos seguí hija, le gusta. ¿O no Mia?

-Me gusta más como lo hace papi.

Fer y yo nos reímos. -Bueno, papi te lo va a hacer siempre… ah. -gimo con fuerza ante la embestida fuerte que me da Fer.

-Dios, Mile. Me explota la pija.

– ¿Sí? ¿Me vas a llenar el culo de leche?

-Me volvés loco, Mile. Te amo.

-Quería que te cojas a las nenas.

-No creo que aguante. No puedo más. No tenés idea lo que fue sentir el sabor de sus conchitas en la boca. El paraíso, Mile. Nunca había probado algo así. Creo que no me vine en ese momento porque estaba en un trance.

-Imagínate cuando le metas la pija en sus conchitas de nena. Cuando te deje cogértelas como quieras y puedas hacerlo todo el tiempo. Hasta cuando sean adolescentes y les crezcan las tetas y estén tan abiertas por tu verga. Cuando puedas preñarlas y sean solo tuyas. Tus hijas y tus mujeres.

– ¡Por Dios!

Las nenas siguen jugando, pero esta vez Mia se sube sobre Mila y la cabalga como a un caballo. Ellas no se dan cuenta o tal vez no les provoca el mismo placer, pero Fer y yo podemos ver como sus conchitas se rozan.

Cierro los ojos con fuerza ante un explosivo orgasmo. Fer me tapa la boca para que no grite cuando se da cuenta de que me vine y así no asustar a las nenas. Él, por su parte, sin apartar los ojos de sus hijas, me llena el orto de leche calentita que me hubiese encantado que esté en lo profundo de las gemelas.

Cuando podemos calmarnos, él sale de mí y la leche se filtra, ensuciando la pileta.

Definitivamente hay que cambiar el agua.

Nos abrazamos con amor y nos besamos de la misma forma, mirándonos a los ojos y sabiendo que esto no termina acá. A Mila y a Mia las interrumpimos de sus juegos y también las abrazamos, explicándoles que el juego que habíamos jugado no termina acá, pero que es un secreto solo de ellas, de papi y de mami.

Después de eso, las mimamos todo lo que resta de la tarde, le damos tanto helado como pueden comer, vemos una película y las llevamos a dormir como si no hubiese pasado nada.

Pero pasó, y esa noche me juré que volvería a pasar, porque me gustaría ver a mi novio cogerse a mis hijas gemelas.

Tiene parte 2 🤭

77 Lecturas/19 enero, 2026/0 Comentarios/por queenxdoll
Etiquetas: baño, hermana, hermanita, hija, madre, padre, vacaciones, viaje
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