Negraza
Lujuria desatada..
La negra era un HEMBRÓN, así en mayúsculas. Se notaba que quizás tuvo un bisabuelo blanco, lo justo para suavizarle los rasgos. Era grande, que no gorda, tetona y culona. Prieta, porque era de carnes duras y tersas. Pero también prieta como se dice en portugués, porque era oscura como una noche sin luna. Negra zaina y hermosa.
Negraza y orgullosa; de risa fácil y lujuria desbordante. De una sexualidad natural, sin más complicaciones que quien bebe agua cuando tiene sed; Así elegía ella a sus amantes. Pero era mucho arroz para tan poco pollo, mucha carne para tan poco perro, mucha mujer para hombres que no podían con ella y siempre la dejaban insatisfecha.
La negra exprimía a los hombres, los devoraba en secciones de sexo interminables donde ella hacía y deshacía más allá de las fantasías y deseos de los hombres que se creían conquistadores y se veían desbordados por tanta abundancia de curvas y de lascivia. La negra rogaba, suplicaba, pedía, exigía e insultaba para que los pobres tipos le dieran placer, pero daba igual cuantos orgasmos tuviera, no había hombre capaz de domarla ni polla que la llenara por completo.
Así que solo en las tremendas pajas que se hacía en soledad se desataba por completo. Se violaba a si misma con soberbios consoladores, y ni boca, coño o culo respetaba. Se frotaba y se pegaba en el coño rosado, abierto como una flor exótica entre la negritud de sus muslos. No perdonaba la pipa del coño, un clítoris del tamaño de un garbanzo que más crecía y se endurecía cuanto más lo maltrataba. Hasta que, empapada, se metía de un solo golpe tremenda polla de goma hasta el fondo, hasta que le chocaba con la cérvix del útero y aun así seguía empujando a la vez que en el culo tenía clavado un vibrador a máxima potencia. Las vibraciones compartidas al coño a través de la fina capa de carne que separa ano y vagina.
Chupaba y babeaba otro consolador, anatómicamente perfecto, pero de tamaño colosal, deseando que fuera una verga de verdad, un biberón de carne que la alimentara con una buena cantidad de leche de macho. Solo se lo sacaba de la boca, para bramar y soltar obscenidades que hacía que se calentara aun más.
La negraza se masturbaba hasta perder la noción del tiempo, pasaba horas dándose placer. Tenía que tener la botella de agua a mano porque se deshidrataba a base de soltar fluido por todos lados. Se le saltaban las lágrimas. Babeaba y se refregaba la saliva espesa por la cara. Sudaba hasta que su hermosa piel oscura quedaba empapada como si acabara de salir de la bañera. Se corría a chorro, cataratas de flujo que salían de su coño. Se meaba de gusto sin que le importara, no iba a parar hasta que estuviera saciada.
Solo entonces, después de un ratito para recobrar la respiración, volvía a la normalidad y le tocaba pasar la fregona para limpiar el suelo que era un charco de su esencia.
Agotada se dejaba dormir, desnuda y sin molestarse en limpiarse. Oliendo a hembra en celo. Soñaba con el macho que nunca encuentra. Pues siendo ella un hembrón, necesita un macho de verdad, al que entregarse por completo, serle fiel y complacerlo como está segura que él la completaría a ella. Ser su amante y su puta, orgullosa de serlo. Ese macho pollón que nunca llega…


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