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Fantasías / Parodias, Fetichismo, Voyeur / Exhibicionismo

RAPSODIA MARIC-ONA ARDIENTE. Primera estación

Quiero seguir la estructura de la rapsodia para dar rienda suelta a mi interior desde las instancias en que pude unir lo interno con lo externo. Un pene ingresando en mí con el claroscuro de la realidad en las luces de mis sueños eróticos.
.Quiero seguir la estructura de la rapsodia para dar rienda suelta a mi interior desde las instancias en que pude unir lo interno con lo externo. Un pene ingresando en mí con el claroscuro de la realidad en las luces de mis sueños eróticos en que siempre era sodomizado con cierta reticencia inicial y cierto miedo al dolor. Pero con el deseo de cumplir esa fantasía que me llevaba a entregarme con las piernas abiertas y el ano palpitante…

¿Cómo partir esta estación inicial sin que se produzca el tedio del lector o la desmotivación del que escribe?

-CONFESOR: Dime todos tus pecados, hijo mío.

-MI: Son muchos, padre y todos son de deseos… sexuales.

Primer movimiento: Palpitaciones

Esa escena me ronda muy a menudo y me abre la puerta a saber la verdad de lo ocurrido en el dormitorio del cura que me llevaba a él y cerraba la puerta asegurándose de que nadie nos interrumpiría. Me hace sentar en su falda. Siento en mis piernas desnudas el roce de la tela tosca de su sotana. Es franciscano. Belga. Alto, de ojos azules. Usa gafas de marco negro y gruesos cristales.Siento sus manos… esas manos con las que sueño cada noche húmeda de deseos eróticos. Me acarician los muslos y se dirigen con parsimonia y sin prisa hacia mis nalgas. Sus caricias me hacen elevar la temperatura de mis deseos y el corazón golpea con fuerza… Una y otra vez sus manos pasan de mis muslos a mis nalgas y de mis nalgas hacia mi culito, pero sin llegar aún acariciarlo.Así pasa una y otra vez. Su caricia se va convirtiendo en un suplicio y una tortura. ¿Cuándo pondrá su dedo en el centro de mi hoyito abierto y sediento? Hasta ahora solo ha pasado levemente por mi rajita sin tocar el centro de mi deseo más ardiente.

Segundo movimiento: Seducción.

Hoy, después de una noche de pesadilla en que corría huyendo de una banda de malhechores que asaltaban y violaban a sus víctimas con el miedo a la violencia, pero  acuciado por el deseo de ser cogido con fuerza y por cada uno de mis perseguidores… Caigo de bruces al tropezar con un obstáculo de ese camino rural; cada vez más cerca mis perseguidores y yo tendido y semi aturdido no puedo ponerme de pie.

De pronto: ¡Acá está! Siento que me rodean y una bota me empuja para darme vuelta…En ese momento y cuando espero que inicien lo esperado, despierto… Mi frustración me impulsa a tomar una decisión irrevocable. Si el cura no sigue adelante, seré yo quien lo provoque…

Me dispuse a seducirlo mediante la provocación usando mis nalgas. Sé, por la reacción de mis compañeros de escuela, que tengo un trasero en que destacan mis nalgas redonditas, blancas y amplias. Usaba como todos en ese época pantalones cortos. No faltaban los toqueteos, o simplemente agarrones acompañados de una exclamación: «¡Mijita rica!» Lejos de enfadarme y con un cierto agrado no demostrado usaba el desdén y dejaba pasar la agresión porque de otra manera debería haberme trenzado a golpes para reivindicar mi hombría. No era para tanto. Tampoco lo era que uno de los más grandes se pusieron detrás de mí en la fila y me hiciera sentir su erecta masculinidad entre mis atractivas nalguitas. Sentir ese abrazo y el susurro en la oreja, me hacía sentir deseado y por supuesto me calentaba a full.

Esa tarde cuando el cura me llevó a su dormitorio y me sentó en sus rodillas deslizó sus manos por mis muslos y dirigió sus caricias hacia mis apetitosas nalguitas, no le costó nada porque me había puesto unos pantaloncitos de los que se usaban en educación física. Sus manos abarcaron mis nalgas y rápidamente se encontró con que iba sin ropa interior. Su sorpresa fue bastante porque sus dedos llegaron a tocas mi hoyito. Un suspiro y un gemido salió casi enseguida.

El cura se sorprendió e intentó bajarme, pero yo me resistí y empecé a moverme sobre sus rodillas. Sin más mi mano se dirigió a su bulto que estaba en erección. Me apoyé con la otra mano y sin soltar su paquete, me desprendí del pantaloncito  y quedé con el poto al aire. Sentí sus manos agarrar mis cachetes y abrirlos. Uno de sus dedos me entró hasta la mitad y luego otro y otro. Desesperadamente empujaba y los abría para conseguir la dilatación necesaria para introducir ese miembro que me hacía alucinar y la fuente de mis pesadillas nocturnas en que era sometido al sexo anal rudo.

Tercer movimiento: Cabalgata desenfrenada.

Sin embargo, la enculada no fue inmediata. me alzó en vilo y me depositó boca abajo en la cama. Abrió mis nalgas y probó el sabor de mi botoncito rosa con ribetes oscuros. Su lengua lamía y sus labios sorbía con ansias la saliva que inundaba mi potito que iba a dejar de ser virgen y pasaría a ser avenida de ardientes transeúntes del sexo homo.

No dejaba de gemir de lo caliente que me hallaba. Un poco después de esa lamida hizo ensalivar su verga que intenté engullir, pero que solo pude lamer su cabeza…

Me puso en cuatro y levanté mi grupa sintiéndome hembra animal. Sentí su verga empujar en mi culito convenientemente dilatado y húmedo. De pronto mi puerta cede y es violentamente abatida y ya están las tres cuartas parte de su chuto en mi canal de lujuria. Un grito salió del fondo de mí. La mano del cura me cerró la boca y de un empujón ingresó hasta el final del recorrido… Su verga gruesa, larga, estaba alojada íntegra en mi ano. El vello público del cura me acariciaba las nalgas…

Recuperé las fuerzas en el momento en que el cura se quedó quieto un momento. Y me monté a horcajadas y lo cabalgué con todo el ardor y el deseo que pedía más y más…

(Continuará) Próxima estación.

No olviden valorar esta narración que entrelaza ficción y hechos reales. Si desean comentar puede hacerlo acá o a mi email actual  [email protected]

 

3 Lecturas/26 marzo, 2026/0 Comentarios/por JuanaLoca
Etiquetas: anal, culito, culo, escuela, hijo, padre, sexo, virgen
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