RAPSODIA MARIC-ONA ARDIENTE. Putonísima. Cuarta estación
La estructura de la rapsodia, con su libertad para integrarse en sucesivos movimientos que parten en mi caso, desde la atención sobre el deseo lujurioso de ser sodomizado (forma elegante de decir: ‘ culiar con el poto’ hasta los primeros escarceos con toqueteos y tocaciones que culmina cuando una ve.
La estructura de la rapsodia, con su libertad para integrarse en sucesivos movimientos que parten en mi caso, desde la atención sobre el deseo lujurioso de ser sodomizado (forma elegante de decir: ‘ culiar con el poto’ hasta los primeros escarceos con toqueteos y tocaciones que culmina cuando una verga erguida, larga y gruesa, abate mi débil defensa y por fin se introduce hasta tocar mis nalgas con su vello púbico.
Primer movimiento: Amazona incipiente.
Vuelve mi vista retro a encender la pantalla de los recuerdos y las manos del cura Sernino que acarician mis nalgas y logran convertirme en putita, su noviecita oculta, a la que acaricia con ternura pero también sádicamente dando rienda suelta a su pedofilia disfrazada que logra seducirme y abrir en mi mente el deseo de ser suya, y lo digo en femenino porque jamás seré un hombre 100 por cien. Convivirán en mí esas dos fases:
una varonil en que doy paso a mi galanesca actividad seduciendo niñas, muchachas, mujeres a quienes cumplo con sodomizar, vulgo meterles mi pene por su ojete con plena aceptación de ellas y con la certeza mía de que esa es la más deliciosa forma de practicar el coito con agrado y lascivia.
El cura me había convencido de prestarme para ser sodomizado después de caricias iniciales y luego de un acucioso y gozado anulingüis, el impulso fue aceptado y me vi a lo perrito recibiendo la gorda verga del fraile…pero eso es ya historia conocida, lo nuevo es que mientras me tiene ensartado me abraza y sin sacar su pene me deja encima de él y solito empiezo a gozar de ese caballito que me da tanto goce.
Segundo movimiento: Cabalgando verga
Mi segunda experiencia de amazona en ciernes fue real porque fue cabalgando desnudo y enculado por Arturo «Zorro» después de que el perro «Negro» me lamiera el culo y me limpiara de mecos y sangre de la violación -disfrutada, sin embargo- que el mocetón me diera en represalia por haberme adelantado a culiarme a Carlitos, mi primito, que él quería ser su iniciador, como había hecho con mis otros primos.
Otro silbido y apareció «Azabache», el potro suyo. Me subió en pelo y se montó de un salto.
-Ahora afírmate de las crines.
Asentí y me agarré de las crines del potro.
-Ahora me aseguraré de que no te vayái a caer, cabro.
Acto seguido me introdujo su dura y erecta verga por mi adolorido culito. Nos dirigimos a la playa y nos fuimos cabalgando por la orilla del mar, sorteando las olas que llegaban a la orilla.
Cada salto era replicado con una arremetida y otra metida de su pico hasta el fondo.
Hallé la forma de atenuarlas moviéndome al compás de la cabalgata que le imprimía el potro. Sin quererlo iba cabalgando con el pene metido a fondo. El dolor de mi poto malherido dejó paso a un ardor inicial que se convirtió en ansiedad placentera y el deseo de que la galopada no terminara cuando el Zorro eyaculó en mi interior.
No se le bajó la verga, sino que de inmediato cada impulso fue bien recibido por un lubricado y complaciente agujero en el que no paraba de gozar. Fue mi graduación como cabalgadora de chutos que no se detendrá…nunca más.
Tercer movimiento: Putísima cabalgata orgásmica.
Ricky me llevó hasta su casa en la población de casas pareadas en que vivía. Me advirtió que no debía bramar cuando me culiara porque se escuchaba todo en la casa habitación contigua. Prometí hacerme la muda pero le pedí que me dejara montarme en su larga pichula que me sacaba suspiros, gemidos y a veces aullidos de placer maraco.
Me culiaba muy rico desde esa primera vez que lo recibí en mi cabaña de la playa. Cuando llegó le abrí la puerta y subí las escaleras delante de él. Llevaba una minifalda tan corta que mis cachetes se veian a cada paso. Llevaba el tercer escalón cuando su mano me dio el primer agarrón.
-¡Pesado. ¿No puedes esperar? Igual te daré mi poto para que hagas lo que desees…
-Es que tai tan rica de raja que no pude aguantar…
Llegamos al dormitorio y nos besamos con ansias. Había consumido antes de que llegara y estaba muy puesto. Cada vez que eso pasa mi raja se abre y lo único que la calma es una verga entrando y saliendo hasta dejar su grumosa carga dentro.
Me lo puso en cuatro esa vez. Mirábamos las olas reventar mientras me llenaba de engrudo mi paila anal…
Ahora quería ser yo quien se enterrara su chuto mientras me convertía en Lady Godiva y lo montaba desnuda.
Ricky estaba tendido en el amplio sofá de cuero negro y yo me sentaba en su herramienta. Subía mi culo y luego lo bajaba. Así hasta que de pronto se desató la tormenta de deseos y la cabalgata se transformó en un carrusel encendido.
Sentí un apretón y luego mi chuto escupió en el más repentino orgasmo.
La verdad es que ese orgasmo de putita ensartada en un pico se volvió a repetir la vez que el vidriero me llevó a su habitación y cogimos a horcajadas en un sillón en el que repliqué lo ocurrido con Ricky…
Mi costumbre ahora es adoptar la posición de jinete mientras obtengo el ansiado orgasmo anal en las ricas culiadas en que soy la artífice de ese desenlace.
CONTINUARÁ.
Soya JuanaLoca y esa es mi historia de orgasmos jineteando machos.
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Atentos a las nuevas estaciones cada vez más calientes…


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