Regalo de cumpleaños
Mi hermana me regala algo que nunca me imaginé: a mi sobrino .
Siempre he tenido alguna fijación extraña por los niños. Al principio creí que era el instinto materno del que todos hablan, pero luego me di cuenta de que iba más allá de eso. Me gustan los niños porque me producen morbo, deseo, me calientan. Y mientras más chiquitos, mejor.
Pero eso, hasta cierto momento, era un secreto. Nadie lo sabía… hasta aquella noche que se lo conté a mi hermana.
La noche en la que terminé de mudarme de la casa de mis padres, ella estaba ayudándome con la mudanza, las dos emborrachándonos con mucho vino blanco y hablando de nuestras cosas, salió mi secreto más oculto a la luz.
– ¿Cuál es el secreto más grande que tenés que nunca me dijiste? -me preguntó Rocío, mi hermana.
Yo, que era más vino blanco en sangre que persona, la mire confundida.
-Ni idea… no tengo secretos con vos.
-Dale tarada, todos tenemos secretos.
-No, yo no. Sos mi mejor amiga, te cuento todo.
-Pero debe haber algo que no le hayas contado a nadie, Camila, dale. No te hagas la santa.
Me quede pensando. Tenía un secreto, pero no podía ir por ahí diciéndoselo a cualquier persona y menos a ella… no lo entendería.
-No sé… ¿vos tenés?
Me mira y me sonríe, picara. -Prometeme que lo que sea que digamos acá, se queda acá.
-Sí.
– ¡Prometelo, Camila!
– ¡Te lo prometo!
Inhaló profundo y soltó muy rápido su secreto. -Me estoy cogiendo al papá de Adrián. Listo, lo dije.
Al principio sus palabras no tenían sentido para mí, pero cuando mi cerebro borracho pudo ordenarlas, estalle en una carcajada y la mire sorprendida.
– ¡¿Qué?!
-No te rías, tarada.
– ¿Me estás jodiendo, Rocío?
-No…
– ¡¿Te estas garchando a tu suegro?!
-Shh, basta, no grites.
Seguí riéndome y luego la miré, maravillada. Mi hermana se estaba cogiendo a su suegro, al papá de su marido, el abuelo de su hijo.
-Omg, Ro. Que loco… ¿y qué onda?
– ¿Qué onda qué?
-Y si boluda, ¿cómo se dio?
Se encoge de hombros. -Ni idea, un día nos quedamos solos en la casa y empezamos a ratonearnos. Yo le apoyaba el orto en la pija cuando le pasaba por al lado o salía del baño en tetas para que él me vea. Básicamente nos empezamos a calentar como locos hasta que un día, cuando Adrián se fue a jugar con los amigos, mi suegro me la metió. Riquísimo, Cami. Una locura lo que coge ese viejo. Me deja llenita de leche.
– ¡¿Qué?! ¿Te acaba adentro?
-Obvio. Es lo que más me gusta, que me llene de leche y después venga el hijo a la noche y me coja con la leche de su papá dentro mío.
Recuerdo que los ojos le brillaban al decir esto, y yo no podía creer lo que me estaba contando mi hermana esa noche. Y sé que tenía el valor para confesarlo por la cantidad de alcohol que estuvimos consumiendo.
-No lo puedo creer. ¿Y si te embaraza? -le dije, todavía sorprendida y un poco caliente con su confesión.
-Naa, tomo pastillas. En fin, acordate que nada de lo que decimos sale de acá, eh.
-Te lo juro.
-Bueno, ahora vos contame.
– ¿El que?
– ¡Camila! Deja de hacerte la boluda, dale, decime.
No podía decirle, pero a la vez era mi hermana, mi mejor amiga y sabía todos mis secretos. Además, después de lo que acabo de contarme, tal vez… yo podía sincerarme con alguien alguna vez. Sacar esto que llevo dentro hace mucho tiempo.
-Yo… Dios, Ro, jurame por tu vida que no se lo vas a decir a nadie y que no me vas a juzgar. ¡Jurámelo!
-Ay nena, ¿qué te pasa, mataste a alguien o qué?
-En serio te digo, Ro. Juralo por Tadeo.
-Ah la mierda… ¿tan grave es?
-No es grave… va, no sé… es que nunca se lo he dicho a nadie y… me da un poco de vergüenza.
– ¿Sos lesbiana?
La miré con fastidio. – ¿Cómo voy a ser lesbiana si tengo novio? Tarada.
-Bueno, que sé yo… ¿qué es? Le pusiste los cuernos a Brian.
-Eso lo sabes.
Ella sabía todos los cuernos que le había puesto a Brian en los cinco años de relación. Creo que hasta Brian sabia eso.
-Si es verdad. ¡Bueno, decime! Me muero de la intriga.
– ¡Pero no me dejas hablar!
-Perdón, dale.
Tomé aire y decidí que lo iba a decir. Era el momento, iba a hacerlo.
-Me gustan los nenes.
Ella se me quedó mirando por un momento sin entender, luego hizo una mueca y se rio.
– ¿Qué? ¿Esa poronga me ibas a decir, Camila? ¿Ese es tu secreto? Dios, que pelotuda. Si ya sé que te gustan, querés ser mamá, lo decís todo el tiempo. Además, al Tadeo lo amas como a tu hijo y…
-No me estás entendiendo, Ro… me gustan los niños en sentido… sexual. Fantaseo con nenes de una forma morbosa. Me calientan. Me calienta mucho verlos jugar en las plazas o cuando paso por algún jardín no puedo evitar mirarlos imaginando cosas sexuales con ellos. Hoy vi a una nena en el colectivo y no pude evitar imaginarme a mí cogiéndomela. Haciéndole todas las cosas asquerosas que te imagines. Me encantan los nenes desde que soy chica y no sé por qué mierda me pasa eso. Nunca hice nada con ninguno, pero las ganas de hacerlo que tengo son demasiadas.
El silencio que siguió después era hasta ruidoso. Mi hermana estaba mirándome seria. Por su cabeza no parecía haber ningún pensamiento y su cara no me decía nada.
Hasta que rompió el silencio. -Bueno, yo tenía un ex que también era así, le gustaban las pendejitas. Es más, lo dejé porque le encontré videos porno de nenas. -Al escucharla, sentí que iba a vomitar. No debí contarle por Dios, me va a odiar. -Pero si vos decís que es solo una fantasía, entonces está bien… qué sé yo, todos tenemos fantasías y fetiches.
– ¿Vos decís?
-Si, no sé… o sea es raro, pero no te juzgo, lo juro. Sos mi hermana, nunca lo haría. Solo que posta no se lo tenés que contar a nadie. -se ríe. -Tipo, no te hagas la cabeza con eso, Cami. Mientras sea solo una fantasía y no pase de ahí, no creo que haya nada malo… por qué nunca paso de ahí, ¿no?
– ¡No! Te lo juro. -aunque me encantaría.
– ¿Y a Tadeo nunca le hiciste nada no?
– ¿Qué? Ay, Rocío, la puta madre, ¿ves por qué no te quería contar? No quería que pienses que soy una pedófila animal que va por ahí abusando de nenes.
Ella se rio a carcajadas. -Te estoy jodiendo, sé que no le harías daño a Tadeo. Y tranquila, tu secreto está a salvo conmigo.
– ¿Me lo juras?
-Te lo juro, hermana.
Desde ese día, pasaron dos meses y nunca volvimos hablar del tema. Me costó mirarla a los ojos las próximas veces que nos cruzamos, pero con el tiempo se fue disipando la incomodidad. Es como si ni siquiera hubiésemos tocado del tema.
Ella y Adrián seguían con su relación normal, aunque yo me daba cuenta de las miradas que se daba con su suegro cuando almorzábamos todos juntos en familia. Y, por otro lado, Brian y yo nos mudamos juntos. Pero ni siquiera nos veíamos mucho, ya que él es policía, por lo que tiene turnos que hacía que no coincidiéramos tanto.
Yo por otro lado trabajo en una corporación en Puerto Madero por lo que a las seis de la tarde ya estaba en casa y podía tener toda la noche libre.
No me hacía falta pasar tiempo con Brian. Siento que en los cinco años de relación los dos nos hemos aburrido y que solo estamos juntos por costumbre y porque nuestras familias se quieren. Lo mismo que tal vez le pasa a mi hermana con Adrián.
Es por eso por lo que muchas veces yo salgo con amigos o me veo con algún chongo cuando sé que él no va a volver durante la noche.
Era el plan que tenía para el día de mi cumpleaños. Hoy. Me levanté y encontré flores, una carta y el desayuno hecho regalo de Brian. Le agradecí con un mensajito y me fui al trabajo en donde me esperaban mis amigas y compañeras con una torta, flores, globos y cantándome el feliz cumpleaños. Ese mismo mediodía como regalo de todos, fuimos a comer sushi durante el almuerzo. Yo, feliz.
Durante todo el día, en el grupo familiar mi mamá estuvo organizándome una cena de cumpleaños en su casa con solo la familia. Lo que quería decir mil “familiares” con los que ni me llevaba, pero tenía que ir. Todos confirmamos que estaríamos a las ocho de la noche. Hasta Brian que ese día se pidió la noche en el trabajo.
Pero mi sorpresa de cumpleaños más grande es el mensaje de mi hermana cuando yo estaba volviendo a mi casa.
Ro: Te dejé tu regalo de cumpleaños en tu casa.
Ro: Espero que te guste mucho y lo disfrutes.
Ro: No seas muy mala.
Ro: Y más tarde llevalo a casa de mamá.
Ro: Te amoooooo.
No pude contestarle nada porque ya había llegado a mi parada en el colectivo. Baje y arranque a caminar hasta mi edificio el cual está a solo dos cuadras. En mi cabeza pensando en que podría ser el regalo que me dejó mi hermana.
Ella tiene la llave de mi casa así que es fácil que entre por más que no estemos ni Brian ni yo, pero no se me ocurre que me pudo haber regalado que yo tenga que llevar después a casa de mamá.
Me apresuro a llegar porque la ansiedad me está ganando. Entro al ascensor, subo hasta mi piso y llego a mi departamento. Al entrar, no encuentro nada fuera de lo normal, todo está en orden. Reviso en la cocina, el baño de visitas y nada raro. Estoy a punto de mandarle un mensaje a mi hermana cuando se me da por ir hasta mi habitación. La anticipación me está causando ansiedad y el corazón me late a mil.
Y lo veo. Mi sorpresa… o esa creía.
En el medio de mi cama, dormido boca arriba, esta mi sobrino de cuatro años, Tadeo.
Todo el cuerpo se me pone caliente y siento el rojo cubriendo mi cara. La piel de gallina y me empezaron a temblar las manos.
¿Qué mierda?
Agarro rápido mi celular y busco el contacto de mi hermana. No voy a mandarle un mensaje, voy a llamarla.
– ¿Qué?
– ¿Qué carajos, Ro? ¿Qué hace Tadeo en mi casa?
– ¿No leíste lo que te mande?
-Si, de un regalo. ¿Pero qué tiene que ver Tadeo?
-No te hagas la boluda, Tadeo es tu regalo.
– ¿Qué?
-Así es, disfrútalo mucho, hermanita.
– ¿Me estás hablando en serio, Rocío?
-Bue, ¿lo querés o no?
-Yo… es que… no sé… ¿y se lo dice a alguien?
-No lo va a hacer.
– ¿Cómo sabes?
-Porque lo sé, Camila. Ahora, por hoy, disfruta de tu fantasía. Déjate llevar, ya vas a tener tiempo de lamentarte.
Y me corta la llamada.
La idea de disfrutar de mi fantasía más prohibida hace que se me moje la tanga. Pero la idea de disfrutar de mi fantasía más prohibida con mi sobrino de cuatro años hace que además de tener la tanga mojada, se me endurezcan los pezones y el clítoris.
En cuestión de segundos estoy caliente, deseosa con ganas de hacer de todo con el nene. Por mi cabeza solo pasan ideas más y más retorcidas, pero tengo que recordar que es mi sobrino y que más allá de mis morbos, tengo que cuidarlo.
Tadeo duerme plácidamente, no quiero cogérmelo así. Así que, para dejarlo dormir un rato más, y relajarme además de tranquilizar mi cuerpo y mi cabeza, decido darme una ducha caliente.
Estoy un largo rato en la duda y por más que intento pensar en otras cosas, no puedo.
Me voy a coger a un nene. Lo que tanto quise se va a hacer realidad.
Salgo del baño completamente desnuda, con el pelo oscuro y largo, húmedo de la ducha y el cuerpo encremado. Me siento sexy acercándome a la cama donde mi sobrino me espera.
Mi cuerpo totalmente depilado, mis tetas no tan grandes, pero adornadas con piercing en mis pezones, mi culo parado y gordo junto con mis muslos, genética que heredamos de mi mamá y mi abuela. Me gusta mi cuerpo y siempre me siento sexy, pero hoy más.
Me acerqué al gordito en la cama. Estaba vestido con un pantalón largo de jean y una chomba. Su mamá le había sacado las medias y las zapas. Está hermoso mi gordo.
Empecé a darle besos por toda la cara de forma tierna y suave. Le acaricie el pelo oscuro y baje con mis besos hasta su cuello. Él no se movía. Con cuidado, le saqué el pantalón y vi que tenía puesto un pequeño bóxer. Morí de ternura. El año pasado había dejado el pañal, ya era un niño grande. Luego le saqué la chombita y con manos temblorosas, volví a bajar para sacarle el mini bóxer. Me moría por verlo, pero necesitaba tranquilizarme.
Me acosté sobre mis almohadas, tomé el cuerpecito de mi sobrino y lo puse sobre mí. Mis tetas contra su pecho se sentían hermoso. Mis pezones dolían de excitación, y sentía como jugo se filtraba de mi concha hasta la cama. Nunca me había sentido así.
Tadeo abrió sus ojitos y lo primero que hizo fue mirar directo a los míos y luego sonreírme.
– ¡Tía!
-Hola, mi amor, ¿cómo estás, bebé? ¿Dormiste bien?
-Si, tía. ¿Y mamá?
-Mamá tiene que hacer unas cosas y te dejó conmigo, ¿está bien? -él asintió.
Me dio un beso en el cachete que me hizo morir de amor y luego miró nuestros cuerpos desnudos.
– ¿Ropa?
-Te la saque porque hace calor. ¿Vos no tenés calor? -negó y asintió a la vez, pero se rio con fuerza y se subió más sobre mí, abrazándome por el cuello.
Tan inocente.
-Tía tené calor.
-Si mi amor, vos también seguro, porque tenés el bóxer.
– ¿Bóxer?
-Si, eso. -le señalé su bóxer y él lo miro curioso. Me miro a mí y sonrío.
– ¿Me saco bóxer, tía?
Mi corazón volvió a latir con fuerza. Dios, tranquilízate Camila.
Solo pude asentir porque no me salían las palabras.
Él mismo, se paró sobre la cama y se bajó el bóxer hasta las rodillas. Luego, se apoyó sobre mis hombres con sus manitas, para terminar de sacárselo por sus piernas y pies. Después lo tiró al piso.
Y ante mí, está el cuerpo desnudito de mi sobrino de cuatro años. Es chiquito, pero fuerte, se nota que será alto como el padre y culoncito como nosotras. Su pene, tan chiquito, pero gordito para su edad, me seca la garganta.
Es la primera vez que lo miro con estos ojos, con estas ganas.
-Ya eta, tía.
-Si bebé… ¿vos querés a la tía?
– ¡Muchísimo! -gritó con entusiasmo mientras vuelve abrazarme por el cuello. Sigue parado sobre la cama y yo sentada, ahora a la altura de su pancita. Si bajo un poco la cabeza, puedo hacer lo que tanto deseo.
– ¿Y vos sabías que hoy es el cumple de la tía?
– ¡Si! Mami me dijo.
-Bueno, entonces, quiero que me des un regalo.
– ¿Un regalo?
-Si mi amor, de regalo quiero que vos y yo nos demos muchos, muchos besos. ¿Qué te parece?
– ¡Si! Me guta… muchos besos por tu cumple, tía.
-Así es. A ver, dame besos.
Sus besos eran tan inocentes y puros que por un momento me replantee lo que haría, pero cuando en vez de seguir besándome en toda la cara como venía haciendo, me beso en la boca, me termine de convencer.
Realmente voy a hacer realidad esta fantasía.
Le agarré la carita y empecé a darle piquitos que luego se transformaron en besos más profundos hasta que mi lengua se hunde en su boca para saborear la de él. Se siente como la gloria. Lo beso como si besara a un hombre de mi edad. Nuestros dientes chocan, su lengua se mueve buscando la mía. Parece entender lo que pasa, aunque está quieto dejándome hacer todo a mí.
Bajo mi mano por todo su cuerpo mientras sigo besándolo. Lo acaricio desde el cuello hasta las piernas y vuelvo a subir, obviando las partes que más quiero tocar.
– ¿Teo?
– ¿Qué?
– ¿Me dejas darte un besito acá? -le toco el cuello, él se ríe y asiente. Le doy besos en el cuello y luego le paso la lengua, lamiéndolo y chupándolo. – ¿Y acá? -señalo su pecho. Él asiente con una sonrisa. Parece que mis besos le dan cosquillas. Lo hago, le beso el pecho, se lo lamo, y juego con sus pequeñas tetillas. Las lamo, las mordisqueo. Cuando hago esto, es cuando él me agarra el pelo y me lo aprieta. Gimo. – ¿Y acá, Teo? -le señalo la panza. Asiente ya riéndose. Le doy besos en la panza, le hago cosquillas con los dientes, le mordisqueo el ombligo y le hago sonidos que lo hacen reír a carcajadas. – ¿Puedo darte un beso acá? -le toco la pelvis. Él asiente. Me dedico a lamérsela, más que darle besos. Suavemente, chuponeándolo. Miro su verga de nene. Chiquita pero gorda. Parece estar endureciéndose más. – ¿Teo? ¿La tía puede darte un beso acá? -le agarro con delicadeza la pija, él me mira por unos segundos, pero asiente. Ya no se ríe, pero no parece estar molesto.
No lo beso ni lo lamo de una. Simplemente le agarro la verga y la paso por toda mi cara, sintiendo ese olor a bebé, limpio, inocencia. Le doy besitos tiernos, y lo lamo de la base a la punta. Siento su cuerpecito temblar y como la piel se le pone de gallinas. Lo miro, él mira mi mano alrededor de su pija. La cubría toda, es tan tierno y delicioso a la vez.
Cuando me la meto a la boca, siento que voy a explotar en un orgasmo. Lo lamo, lo chupo y lo lleno de saliva. Tadeo no dice nada, pero sus manitas sosteniéndome del pelo y apretándomelo cada tanto, me dicen todo lo que tengo que saber, le gusta.
Como le están temblando las piernitas, lo tomo y lo acuesto de espaldas a la cama. Le doy un beso suave en los labios y vuelvo a chuparla la verga. No quiero parar. Me la meto hasta el fondo de la garganta, me gusta sentir que me ahoga. Me entra toda en la boca. Mi sobrino deja salir quejidos, pero no llora ni se aleja. Sus manos sosteniéndome del pelo como si no quisiera que yo me alejara.
Bajo hasta sus huevitos. Están duros, me los meto en la boca y los lleno de baba. Juego con ellos en mi boca, le paso la lengua hasta el perineo. Vuelvo a subir, metiéndome toda la verga en la boca.
-Por Dios, Teo, tu verga me está volviendo loca.
No quiero dejar de sentir su verga en la boca, es la más rica que he probado en mi vida.
Me dan ganas de chuparle el culo, cosa que no había hecho con ningún hombre antes. Le tomo las piernitas, se las abro y se las tiro para atrás dejando su ano expuesto a mí.
El primer lengüetazo que le doy lo hace reír, yo me rio con él. El segundo solo le saca un quejido y a mí me excita. Por eso con mi lengua, empiezo a lamerle la raya del culo y a jugar con la entrada de su anito. No quiero meterle nada, solo disfrutar de lo delicioso que es el culo de un bebé.
-Que hermoso que sos, Teo.
-Tía…
-Si mi amor, decime.
-Me guta, tía.
Escucharlo decir que le gusta que le chupe el culo, hace que se me nuble la mente.
-Uf, mi amor.
Se lo chupo con más ganas. Juego entre su pequeña verga, su culito y viceversa. Su verga está dura. Demasiado para su edad. La idea de sentirlo dentro mío hace que deje de chuparlo.
-Tadeo, ¿querés ahora vos darle besitos a la tía?
– ¿Cómo tía? -se sienta enfrente mío, sus ojitos brillosos y su cara roja. – ¿Así? -me agarra la cara y me besa en el cachete y luego un piquito en los labios.
Yo me rio por su inocencia. -Eso besos me gustan mi amor, pero a la tía también le gustan los besos en otro lugar. ¿Querés ver dónde?
-Si, tía.
Me acuesto y abro las piernas, dejando mi concha abierta para que él pueda verla. Estoy muy mojada.
-Acá mi amor. -me empiezo a acariciar. -A la tía le gusta que la besen por acá. Con tu boquita y tu lengua. ¿Querés?
-Bueno.
Es increíble lo dócil y perfecto que es para esto. Acepta todo sin quejarse de una manera tan sumisa, que ojalá, mi hermana me deje tenerlo de amante por mucho tiempo.
Mi sobrino se mete entre mis piernas y se agacha hasta mi concha en donde mete su carita y empieza a besarme como él cree que me gusta. Me da besitos tiernos que al principio me hacen reír. Es demasiado inocente y lo amo más por eso.
Mis jugos se les pegan a los labios y puedo ver cómo se los lame y no parece disgustarle. Sonrío.
-Ahora, Teo, podés darme besos con tu lengua acá. -le señalo mi concha. -Pasame la lengua como si fueras un perrito. ¿Viste el perro de la abuela como te da besos con la lengua? Buena así.
El nene suelta una carcajada porque le divierte lo que le digo, y me hace caso. Me lame la concha así tal cual como un perrito. Su lengüita corta y chiquita solo puede lamer poco, pero se queda en mi clítoris y eso me hace cerrar los ojos y gemir.
-Diosss.
– ¿Qué pasa, tía?
-Nada mi amor, vos seguí.
Le agarro la manita y la uso para pasármela por la concha mientras su lengua sigue pegada a mi clítoris. Y cuando succiona con su boquita, es cuando más gimo. Su manito es tan chica que podría metérmela en la concha sin problemas, pero no quiero asustarlo. Solo agarro dos de sus dedos, y me los meto ansiando porque sea su pija.
-Vení mi amor, ahora vamos a hacer otra cosa.
Lo acuesto boca arriba, y con cuidado de no lastimarlo, me coloco sobre sus caderas, a la altura de su verga que sigue muy dura. Increíble. La agarro con una de mis manos y me la llevo hasta la entrada de mi concha. Me pone la piel de gallina saber que me estoy por coger a un pendejo y quiero tomarme todo mi tiempo, pero es lo que no tengo. Si mi novio llega en cualquier momento, me caga mi regalo de cumpleaños.
Sentir la verga chiquita de un nene de cinco años para una mujer adulta es raro. No es que no lo sentís, lo sentís porque esta duro, pero no es a lo que estás acostumbrada. Sin embargo, cuando se trata de sentir la verga de un nene para una mujer pedófila como yo, entonces es otro tipo de sensación.
Me la meto despacio, centímetro por centímetro, disfrutando y sintiendo la piel contra piel. Él se queja, pero no dice nada más ni se aleja. Nos miramos fijamente mientras yo lo cabalgo con cuidado, pero deseosa. Me siento tan enferma y eso me encanta. Su cuerpo tan chiquito debajo del mío me hace temblar. Mi culo rebota contra sus piernas, eso me excita más. Su cuerpo completo no es suficiente para mí, yo tengo poder sobre mi sobrino.
– ¿Te gusta, Teo? ¿Te gusta estar dentro de la tía?
-Si, tía.
Lo amo, él no entiende nada, pero me dice que si a todo. Mi pequeño niño, mío para usar.
-Si mi amor, a mí también me encanta sentir tu verga dentro mío. La tenés tan dura, pendejo. ¿Cómo un nene de tu edad puede tener la pija así? Te la voy a llenar de juguito, estoy tan caliente. Nunca estuve así. Te amo, Tadeo.
-Te amo, tía.
Nos miramos a los ojos, los dos sonriéndonos. Yo en un nivel de excitación tan fuerte que no podía contener el orgasmo. Él simplemente amando lo que sea que su tía le hace.
Cuando me vengo sobre su pija, exploto en líquidos que salpican por todos lados y sobre él. Me rio, es la primera vez que tengo un squirt y me lo provoca mi sobrino de cuatro años. Que loco.
– ¿Te hiciste pichi, tía?
– ¡Dios Tadeo, te morfo!
No podía ser tan inocente.
A pesar de que somos una asquerosidad de líquidos y sudor, lo tomo en mis brazos y me lo como a besos además de hacerle mimos y cosquillas. Él solo se ríe y me cuenta cosas random al azar.
Eso me deja un poco tranquila de que esto no va a salir de acá porque para él fue solo un juego. Antes de irnos a la casa de mi mamá por mi cumpleaños, nos acomodamos para dormirnos una siesta abrazada, desnudos, él pegado a mis tetas y chupándome un pezón.
Capturo el momento en una foto que le mando a mi hermana.
Yo: Gracias por el regalo, lo disfruté mucho.
Ro: De nada hermanita, me alegro.
Ro: Tu cara de satisfacción me dice que la pasaste muy bien.
Ro: Tendré que probarlo, capaz me estoy perdiendo de algo muy divertido.
Yo: Deberías, lo vas a amar.
Con una sonrisa dejo el celular y cierro los ojos, acurrucándome más con mi adorable sobrino.


(8 votos)
Dejar un comentario
¿Quieres unirte a la conversación?Siéntete libre de contribuir!