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Fetichismo, Gays, Masturbacion Masculina

Verde militar: el desconocido

Primera parte: https://sexosintabues30.com/relatos-eroticos/masturbacion-masculina/verde-militar-i-el-chaqueteadero/.
Mario y yo terminamos de vestirnos y salimos de la letrina. Caía una leve llovizna, acompañada de un viento frío que sentí especialmente en mis mejillas aún encendidas por el reciente orgasmo. La escoba estaba colocada en su lugar, junto a una pequeña montaña de basura.

 

-¿Y ese wey?- Mario escudriñaba los árboles desde la pequeña ventana.

El desconocido se había largado. Ahora había que decidir si dar parte, salir a buscarlo o esperar, aún no había transcurrido mucho tiempo. Si para el cambio de guardia no volvía; seguramente nos harían correr o hacer lagartijas bajó ese clima.

-lo espantaste wey, con tus gemidos de vieja creyó que te estaba bombeando, se fue antes de que le tocará a él-

-Yo te voy a bombear a tí cabrón.

Me encantaba la personalidad de Mario, la mirada entre desafiante y juguetona. Estaba a punto de contestarle cuando escuchamos pasos y vimos al desconocido acercarse. De su cabello chino escurrían gotas de agua.

-Qué pedo wey, avisa por lo menos. Si venía el Peralta a dar rondín te torcía.

-Nos torcía cabrón- enfatice.

-estaban muy ocupados y yo quería privacidad.

-Ora que privacidad… si ni sé tú nombre y diario te veo los huevos….

El desconocido se veía incómodo detrás de sus lentes, a diferencia de nosotros, ahora relajados, él permanecía firme como si un rango superior estuviera presente. Tenía los pálidos, esbeltos y velludos brazos atrás de la espalda.

-pues toda tuya- le señale la letrina con un ademán igual de estirado que los suyos.

Se quedó quieto.

Mario puso los ojos en blanco.-¿Ora que?¿No te la vas a jalar?-

-Planeaba hacerlo en el monte pero empezó a llover. Ya será para otro día.

-Oyelo. Si en las regaderas la traías dura. Si no los sacas aquí, vas a amanecer con el bikini mequeado.¿Quieres problemas con los de lavandería? –

El desconocido hundió la cabeza sin saber qué decir. Intenté relajar el ambiente.

-¿Andas muy fijado en su riata no? Has de querer sacarselos tú.

-Es que no mames. Yo me la acabo de jalar y ya tengo ganas otra vez. Y este wey que desaprovecha el chaqueteadero…

-¿Cómo te llamas? Me dejé caer en el piso. No quería que se notará que mi verga estaba despertando nuevamente.

-Gabriel

-¿No tienes un cigarro? –

Mario se quedó en un rincón viendo su teléfono.

-No fumo.

-Te vendría bien para el frío ¿Eres muy serio, no? puedes estar tranquilo. Yo no soy el que te la quiere comer.

Mario me la mentó con la mano sin despegar la mirada de la pantalla.

El desconocido, Gabriel, empezó a bajar la guardia conmigo.Durante la siguiente hora me enteré de que había crecido en un pueblo relativamente cercano. Su padre era campesino,su madre pastora de la iglesia dónde él aprendió a tocar música. Todos sus familiares masculinos habían pasado por el cuartel. Eso explicaba su personalidad. Constantemente se acomodaba los lentes sobre su nariz aguileña.

El frío aumentaba y decidimos sentarnos alrededor del fogón para calentarnos. Gabriel extendió sus manos huesudas de músico para terminar de secarse.

-¿Y ésto para qué lo escondías? ¿Lo trajiste del bosque?

Mario sostenía una especie de calabaza alargada del tamaño de un balón de americano. Gabriel dió un respingo pues no sé dió cuenta en qué momento Mario había revisado la casaca que había puesto a secar. Estaba más sonrojado que cuando le preguntó si no iba a pajearse en la letrina.

-No es nada.

Mario la arrojó y Gabriel, ágil como una gacela, brincó para atraparla.

-¿No que nada?

-Yo estiré la mano y Gabriel me la cedió. Tenía una textura suave, de haber caído se hubiera roto… con el rabillo del ojo noté que el pantalón de Gabriel estaba abultado. Mario también se daba cuenta y sonreía maliciosamente.

– ¿Con qué querías funda, eh? Mira nada más, si no es pendejo…

Al principio no entendí. De golpe recordé un vídeo donde un brasileño recostado en una silla de playa masacraba una sandía con su enorme verga. Con cada embestida el jugo se esparcía por su torso y piernas, en una escena salvaje, primitiva. Mi chile, que no había perdido del todo su hinchazón, se erecto rápidamente.

-¿Apoco no es pecado?- Mario se acercó a mi y tomó la fruta de mi mano, acariciándola morbosamente- salió muy lujurioso el hijo del pastor.- al ver mi erección me guiño un ojo. Con la mano libre comenzó a desabrocharse la hebilla.

-Oye, me costó un chingo encontrarla- Gabriel se había plantado frente al chaparro de un salto. Ya ninguno de los 3 disimulabamos la casa de campaña.

-No seas envidioso- Mario tenía los pantalones en las rodillas. En su muslo de ébano se distinguía claramente la mancha de mi leche, más arriba, en el bulto del slip, se marcaba con progresiva nitidez la línea que dividía el glande del grueso cuerpo de su pene.

-te puede hacer daño. El látex que suelta le provocó ronchas a mi primo.

– ¿Ya oíste? Si el hermanito resultó muy mira chiles…

Gabriel ya no se cohibió: explicó que en su pueblo era muy sabido el uso de plantas para la masturbación, pero esa era la más adecuada y escasa.

-no me quieras dar clase. Yo me la enderece bombeando tallos de plátano.

Era extraño y excitante escuchar anécdotas de fleshlights vegetales. Cómo citadino nunca se me hubiera ocurrido que fuera algo tan amplio y común.

 

-Pues ve por uno. Esa calabaza es mía.

Ambos dieron un paso adelante, sus bultos se rozaban. Decidí intervenir.

-Podemos probar todos. Si están de acuerdo.

-no va a aguantar. La tiene muy gruesa.

Orgulloso, Mario dejó caer el bikini y su verga olorosa de la paja reciente nos saludó, mirando hacia arriba.

-Pues que sea el último.

– y cómo la tienes flaca, quieres ser el primero no?

– depende cómo la tenga Gabriel.

Ambos volteamos a verlo. Una especie de electricidad circuló entre nuestras miradas y sin más dejó caer el pantalón. Su verga también apuntaba arriba y era la más larga de los 3, tanto que elevaba la trusa hasta dejar sus huevos blancos visibles.

 

-Ira, lo tiene bien largo -Mario palmeó el hombro de Gabriel en gesto de admiración-. Pero no estoy seguro quien de ustedes está más grueso.

 

Esa fue mi marca y dejé caer mis pantalones junto con mi calzón, que quedó conectado a mi glande con un hilo de precum. Hubo una breve pausa en la que ninguno disimuló estar analizando el par de fierros ajenos. Las respiraciones intensas y el fuego crepitando eran los únicos sonidos perceptibles. Mi chile chueco estaba enmarcado a la derecha por el negro ébano de Mario, macizo y corto, a la izquierda por el liso y de un delicado tono rosa de Gabriel. Sin previo aviso, Mario acercó la mano libre y rodeo con delicadeza mi tronco, provocandome un espasmo al agitarlo levemente como sopesando. Después hizo lo mismo con Gabriel, que a pesar de seguir teniéndolo cubierto por la tela, soltó un jadeo y tallo sus muslos entre ellos.

 

-Gabo es más delgado. –

 

Con una navaja hizo un pequeño orificio en un extremo de la fruta. Sin dar tiempo a nada saco el pito de Gabo por un lado de la trusa. Este quiso tomar la calabaza pero Mario no lo permitió. Hizo que yo la tomará, posó la mano izquierda en su espalda baja y comenzó a balancearla de adelante hacia atrás, guiando la cadera del hijo del pastor. Yo entendí que debía poner en contacto la pequeña oradacion con el glande de fresa de Gabo, quien jadeaba al abrirse paso por la pulpa algodonosa. Ver y escuchar esa verga larga entrar y salir del fruto me tenía hipnotizado. Podía sentir como su cadera se estampaba y ver el latex blanco que emanaba la fruta escurriendo por sus muslos del corredor hasta alcanzar la verga que Mario frotaba contra ellos. Comencé a mover la calabaza al ritmo de sus embestidas. Mi verga palpitaba y no dejaba de escurrir. Lo mire a los ojos a a través de sus empañados lentes.

-¿te gusta ? Para eso tenemos chile, para gozar cabrón.

Mis palabras detonaron su orgasmo. arqueo la espalda y dio una profunda, última embestida, junto con un grito animal. Atrás

había quedado su seriedad de mojigato.

 

 

29 Lecturas/22 enero, 2026/0 Comentarios/por Briefs
Etiquetas: hermanito, hijo, madre, masturbacion, militar, montaña, padre, playa
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