Viper y Andres
La caida de un sumiso pay pig .
Viper y Andrés – De Pay Pig a Perrito Marchito
Capítulo 1: El Comienzo – LockTober Eterno
Era octubre de 2025, y Andrés ya llevaba semanas temblando cada vez que abría la app del banco. Su cumpleaños había caído en plena LockTober, y Viper lo había convertido en un ritual sagrado: jaula rosa con candado, llave perdida en el fondo de su escote negro, y un strap-on enorme que brillaba bajo la luz tenue de la habitación.
Viper era una reina imponente. Piel oscura como la medianoche, curvas que desafiaban la gravedad, tetas enormes que desbordaban el corsé de cuero negro con tachas plateadas. Sus labios pintados de rojo sangre se curvaban en una sonrisa cruel mientras se paseaba por la habitación, tacones clavándose en la alfombra como puñales. En su cadera derecha, el monstruo de silicona de 25 cm se balanceaba con cada paso, lubricado y listo.
—Arrodíllate, pay pig —ordenó con voz grave y autoritaria—. Hoy es 17 de enero de 2026, pero para ti la LockTober nunca termina. Muéstrame esa jaulita patética.
Andrés obedeció al instante, rodillas al suelo, manos detrás de la espalda. El candado rosa brillaba bajo la luz, la nota escrita a mano aún pegada: «Cumpleaños LockTober para mi Diosa Viper – 10-15-25». Su polla intentaba endurecerse dentro de la jaula, pero solo lograba un dolor sordo y delicioso.
Viper se acercó, se agachó ligeramente para que sus tetas casi rozaran su cara. El olor a cuero y perfume caro lo mareó.
—Mírame, cerdo. ¿Cuánto enviaste hoy? —preguntó, agarrándole la barbilla con uñas largas y rojas.
—Quinientos dólares, Diosa… como ordenaste —susurró Andrés, voz temblorosa.
Ella soltó una carcajada ronca.
—Patético. Quinientos no alcanzan ni para que te mire a los ojos. Abre la boca.
Andrés obedeció. Viper escupió directo en su lengua, un hilo grueso y caliente que él tragó sin dudar.
—Buen chico. Ahora vas a ganarte que te quite un cero de la deuda. Date la vuelta, culo arriba.
Andrés se puso en cuatro, temblando. Viper se posicionó detrás, el strap-on rozando sus nalgas. Con una mano le abrió, con la otra guió la punta gruesa contra su agujero ya preparado con plugs durante semanas.
—Esto es lo que pasa cuando un sissy rico se enamora de su ruina —murmuró ella, empujando despacio—. Sientes cómo entra, ¿verdad? Centímetro a centímetro, mientras tu cuenta se vacía para mí.
El primer empujón fue profundo. Andrés gimió alto, mezcla de dolor y placer. Viper agarró sus caderas, embistiendo con ritmo cruel, sus tetas rebotando con cada golpe.
—Cada embestida cuesta cien dólares más, pig. Mándalos ahora o paro y te dejo goteando sin alivio.
Andrés, con manos temblorosas, sacó el teléfono. Mientras ella lo follaba sin piedad, él transfirió: 100… 200… 300… El sonido de las notificaciones de pago lo hacía gemir más fuerte.
Viper aceleró, sudando, riendo.
—Mira cómo te rompo, sissy. Tu dinero es mío, tu culo es mío, tu orgasmo… nunca llegará. LockTober eterno, ¿recuerdas? Vas a correrte solo cuando yo venda la llave en subasta.
Ella se inclinó sobre su espalda, tetas aplastadas contra él, mordiéndole la oreja.
—Envía mil más y tal vez te deje lamer mis botas después. O envía dos mil y te dejo grabar cómo te follo mientras cuentas billetes para mí.
Andrés sollozaba de placer y vergüenza, dedos volando en la pantalla. Transferencia tras transferencia. Viper empujaba más fuerte, el strap-on entrando hasta la base, golpeando su próstata sin piedad.
—Buen cerdo… vacíate para tu Diosa. Todo lo que tienes es mío. Tu vida, tu polla encerrada, tu futuro… todo.
Cuando terminó, lo dejó tirado en el suelo, culo rojo y abierto, jaula goteando precum, teléfono lleno de confirmaciones de pagos. Viper se limpió el strap-on en su cara, luego se sentó en su pecho, pesada y dominante.
—Mañana más, pay pig. Y recuerda: si dejas de enviar, la llave se pierde para siempre.
Andrés solo pudo susurrar, exhausto y roto:
—Gracias, Diosa Viper…
Ella sonrió, apagando la luz.
—Buenas noches, cerdo. Sueña con tu próxima ruina.



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