A los trece me desvirgaron
Con el juego del doctor, termine siendo la hembra de pascual y su hermano..
A mis trece me follaron por el culo.
Siempre he mantenido en mis recuerdos, la primera vez que experimente el sexo, posiblemente fue de una manera atípica, pero más que nada, de enterarse alguien, podría afectarme para el resto de mi vida. Puede ser que, a pesar de los temores, el tabú, mi adolescencia y juventud, tuvo lo suyo, no me arrepiento de lo que hice.
Mi nombre es Darío, en esa época mediría 1,65, pesaba 48 kgs, recién había cumplido los trece, piel muy blanca, rubio, de ojos celestes, vivía con mis padres en el Puerto de Mar del Plata, un barrio de aquella época, habitado por muchas familias de emigrantes italianos, y algunos turcos, buena gente, en su gran mayoría eran del sur de Italia, contaba de varios amigos, que, al frecuentar en sus casas, podía comprobar como de alguna manera habían traído gran parte de sus costumbres.
Desde, tener una quinta, preparar, conservas, y un sinfín de cosas, que me llamaban mucho la atención, a raíz que no se preparaban en mi casa, directamente lo adquirían en el almacén.
Pero lo que más me subyugaba era en la casa de Pascual, un chico más gordito, pesaba más de 60, de mi edad con dos hermanos más, mayores, Jorge (19) y Mario (23).
Al hacer su casa en un terreno bastante desnivelado, aprovecharon, en construir como un cobertizo, bajo la vivienda, con unas paredes de piedra, una puerta enrejada, que podíamos entrar, gracias que la madre de mi amigo nos abría, hasta la hora que llegaba su padre.
Me daba la sensación que era como una mazmorra o algo similar, muy rustico, donde nos divertíamos, y a veces en la compañía de su hermano mayor Jorge, aunque Mario trabajaba y estaba en otra cosa.
No recuerdo bien como todo se inició, pero si como se fue desarrollando, estábamos despertando ante el sexo, que, si bien carecíamos de una información, íbamos aprendiendo de una manera desordenada, pasando de boca en boca, lo que conocíamos.
Pero un día, habíamos llegado a un punto, que después de una charla previa, con Pascual, comenzamos a quitarnos la ropa, estaba en calzoncillos, algo temeroso de desnudarme, cuando llegó su hermano, que me incitaba a quitarme todo, cuando oí los gritos de mi madre, para ir a comer, vistiéndome rápidamente, corriendo hacia mi casa, suspirando y aliviado de salir de ese mal momento.
Creo que todo se inició, cuando comenzamos a jugar al doctor, que, si bien éramos algo grandes para ese juego, inconscientemente tratábamos de descubrir el sexo, fue como el inicio de algo imprevisto, donde sobre una mesa de madera, la utilizamos de camilla. Por sorteo o no sé, nos turnábamos en ser el paciente qué fue, hice de paciente, que, si bien ya lo habíamos hecho en otra oportunidad, esta vez debía de desnudarme, a lo que sentía cierto recelo y hasta vergüenza. Cuando me acosté sobre esa “camilla” en calzoncillos, que Pascual intento retirarlos, sin lograrlo, donde con algo de mala gana, me reviso, tocando mi cuerpo, preguntando si me dolía en alguna parte, en donde mis glúteos eran el lugar “especial y atrayente”, si bien no llego a tocar mi ano, ese contacto comenzó a producirme una sensación de placer y excitación, poniéndose bastante erecta mi verga.
A partir de ese momento nuestra libido se debe haber encendido bastante, llegando a proponerme de masturbándonos juntos, algo que recién habíamos descubierto, sin llegar a aceptarlo, reiterando el juego del “doctor”, sintiendo una cierta atracción al ser revisado por Pascual, que, si bien me insistía en desnudarme, terminaba diciéndole:
“La próxima vez, te prometo Pascual”
Así lo fui dilatando, hasta que un día, ante su insistencia, termine haciéndolo, estaba algo avergonzado, mostrar mi desnudez, pero me agradaba cuando comenzó a acariciar mi piel, sentir su mano pasarla por mis glúteos y llegando a separarlos, cuando me gira y descubre que estoy al “palo”, intentando taparme, pero me detiene, diciendo:
“Estas caliente, yo también. ¿Nos pajeamos juntos?”, cuando se baja los pantalones, viendo su verga un par de dedos más que la mía, sentí una cierta atracción, sin saber bien, porque, no tenía tendencias de homosexual. Pero había algo en ese momento, que me motivo, ambos desnudos, con la verga erecta, dando inicio a un posible acto sexual, iniciando una agitación manual de nuestros miembros, quedando alterado, al ver eyacular la leche blanca de mi amigo.
Por supuesto que esto comenzó a hacerse más reiterado, desnudándonos, y hasta intercambiando esa masturbación de una manera simultánea. Realmente me agradaba, y a Pascual también, donde comenzamos a incorporar cosas, desde atarnos, acariciarnos, pero de una manera gradual, a veces me ataba boca abajo, acariciando mi cuerpo.
Hasta que una vez intento introducir algo por mi ano, que, si bien lo impedí, al día siguiente, dejé que me metiese su dedo, sintiendo algo muy placentero.
Hasta que un día trajo un cepillo de dientes viejo, que después de una previa discusión, termine nuevamente de paciente, donde termino enjabonándolo, hasta que comenzó a introducirlo por mi abertura, percibiendo esa penetración donde su desplazamiento a través de mi conducto, que no pude contener una fuerte erección.
Diciéndome que era muy sensual, ver solo la cerda del cepillo asomando de mi ano, sintiéndome algo ridículo por esa experiencia, pero estaba descubriendo nuevas sensaciones, que me estaban estimulando bastante, mientras me acariciaba, u oprimía el cepillo, para luego extraerlo volviendo a introducir, diciendo:
“Seria lindo meter otra cosa” Que no conteste, ni quise imaginarme que cosa.
Por supuesto que eso no fue el final, sino el principio de algo más, creo que deseaba que pasase algo más, pero en parte mi educación cristiana, me frenaba en esa intención, no estando demasiado seguro, pero, seguía entregándome como “paciente”, hasta que, un día me montó, a pesar de mis negaciones, que volvió a convencerme, permitiendo meter su verga entre mis piernitas, sumado a su peso y algo transpirado, me causó una sensación como de estar sometido.
Que termine aceptando, diciéndole:
“Está bien, pero solo eso” Cuando sin pérdida de tiempo, sentí, su cálido miembro entre ellas, sin poder llegar a negar mi placer, que, por temor, miedo o no sé qué, impedí la penetración, donde la fricción entre mis nalgas apretadas, lo llevaron rápidamente a tener una eyaculación entre ellas.
Me levante limpiándome con un trapo, mientras observo la verga de Pascual aun erguida y totalmente mojada por sus propios jugos, algo que me atrajo de una manera casi incontenible.
Me regrese rápidamente a mi casa, metiéndome en el baño, para masturbarme y aplacar mi calentura, aunque algo distinto me estaba sucediendo.
Por supuesto que esto lo volvimos a repetir una vez más, cuando la curiosidad, el ir más allá, fue dando calce para un nuevo progreso, cuando una tarde algo lluviosa y fresca estábamos hablando, cuando me dice:
“Podríamos desnudarnos, ¿te parece?”
“Pero esta algo fresco, Pascual” Le contesto
“Si, lo sé, pero nos podemos calentar entre ambos” Me sonreí, diciéndole:
“Bueno está bien” Y me quité algo la ropa, que me dio un poco de frio, abrazándome Pascual, intentando calentar mi cuerpo, mientras me terminaba de desnudar, tocando mi miembro que estaba bastante erecto.
No sé qué me pasó, pero sus roces me fueron transportando a un estado de éxtasis, algo extraño, que me fui entregando a sus caricias, hasta que me acuesta sobre esa mesa boca abajo, montándome, sintiendo su miembro entre mis glúteos, separando mis piernas, hasta que su glande es depositado en mí acceso renal, diciéndole:
“No, Pascual, por favor. “
Pero su juego continuo, con total habilidad y sutileza me fue llevando a un estado de éxtasis, cuando comenzó a jugar con su verga entre la separación de mis glúteos, golpeándolos con ella, hasta transportarlo al lugar prohibido, relajándome, elevando inconscientemente mi traste.
“Un poquito, no más” Me dice
“Está bien, pero solo eso”
de, una nueva sensación extraña, pero excitante, hizo que me quedase quieto, esperando algo más, las caricias de mi amigo, y su intención de penetrarme, comenzaron a concretarse, cuando su cabeza, ya taponaba mi cavidad, sintiendo una cierta molestia, que, ante un leve quejido, mi amigo dice:
“Te gusta” Contestándole:
“No sé, realmente”
“Quieres que siga?” Estaba intrigado, pero bastante excitado, sin saber si obraba bien o mal, creo que eso me impedía decidirme, pero al sentir la punta de su cabeza en mi ano, un escalofrío cubrió mi cuerpo, imaginándome con excitación, introducir su verga en mi culo.
“Si te agrada, sigue” Como entregándome a esa penetración, donde un empellón introduzco gran parte de su tronco, ante una exclamación de molestia ante ese cuerpo ajeno.
Otro nuevo empujón, hizo que la totalidad de su miembro, quedase depositado en mí recto, ante un nuevo quejido de mi lado, sintiendo una extraña sensación, aparte de apreciar una mezcla entre molestia y exaltación. Relajándome ante esa nueva y acogedora estremecimiento, oprimiendo mis manos en los bordes de la mesa, y contrayendo los dedos de los pies.
Al dar el segundo empellón, aparte de sentir como ganas de defecar, parecía que me partía y oprimía mis órganos, hasta que, inicio un lento y continuo bombeo, disfrutando de mi estrecha cavidad, amoldándose a mi interior.
Cada vez que salía me succionaba las entrañas y cuando entraba me empujaba todos mis órganos internos. Dándome la sensación, que era como una sanguijuela, adherida a mi cuerpo, intentando adueñarse de él, pareciendo transformarse en un ser diabólico y opresor.
Me sentí dominado y hasta en parte humillado, algo que parecía que a mí “macho” le sucedía todo lo contrario, aumentando su ego, posesionándose de mí, como convirtiéndose en mi dueño, por su peso y mi penetración.
Que, sin haberlo tenido en cuenta, a partir de ese momento, se convirtió en mi dominador o pretendió serlo, hasta que lo logró, terminando aceptando, transformándome en su sumiso “cautivo”, por un tiempo. Cuando sus embestidas pronto se volvieron más fuertes, más violentas, percibiendo la fricción de su verga en mi membrana intestinal, que después de una serie de envites rápidos y penetrantes supuse que estaba cerca de eyacular, y así fue… su verga tocó fondo en mí y sentí claramente cómo sus tibios jugos, iban segregando mi interior, sintiendo como una necesidad de defecar.
Cayó sobre mi espalda, algo transpirada, como temblando, oprimiendo mis pechos, pellizcando mis pezones, pesar del fresco de la tarde, abrazándome, quedándonos quietos reponiéndonos a pesar de no haber acabado.
Nos vestimos en silencio, como si hubiésemos hecho algo indebido, que no tengo dudas, que lo era, pero ese placer no tenía precio, era algo atrapante, a pesar de haber cambiado los roles un par de veces, creo que optábamos por ser el pasivo y Pascual el activo. Llevábamos casi un mes con nuestra relación, creo que en parte era algo rutinaria, posiblemente deseaba algo más, sin saber bien que, Una tarde aprovechando que mi madre había salido lo hicimos en mi habitación, pensando que podríamos efectuar alguna variante, traté una vez de besarlo, pero no quiso.
Habíamos conseguido una colchoneta vieja, que utilizábamos frecuentemente, pero creo que nos confiamos demasiado, hasta que una tarde nos descubre Jorge su hermano, en el momento preciso que Pascual me la había metido, no sabía qué hacer, me tapaba, tratando de decirle:
“Estábamos jugando, Jorge”
“Lindo juego, quiero participar, cuando se entere tu mamá, se va a enojar”” me contesta.
“Por favor no le cuentes nada”
“A cambio de qué?”
“Me tengo que ir” Dije vistiéndome, corriendo a mi casa, suponiendo que ya se resolvía todo, pasaron tres o cuatro días, cuando suena el timbre, voy a ver y me encuentro con Jorge, que por poco me orino encima del susto, que a pesar que me llevaba casi una cabeza, en ese momento parecía más alto aún. Cuando me dice:
“¿Esta tu mamá, lindo?” tocándome la cara
“No por favor, no le digas nada” Respondo todo asustado. Cuando aparece mi madre y le dice:
“Como estas Jorgito, tan tiempo”
“Venía a buscar a Darío”
“Que bien, si, llévatelo, hace varios días que no sale, ¿tu familia bien?”
“Si, todos bien, señora, gracias” Mientras me agarraba del hombro, sintiendo como si mi madre me entregaba al lobo. Y salgo con Jorge que me lleva al depósito de su padre, me hace entrar trabando la puerta, diciéndole:
“Por favor Jorge, perdóname”
“No tengo de que perdonarte, solo me pagas un favor, por cerrar la boca”
“Pero yo..,” Sin saber que decir o hacer, me hace desnudar a pesar de resistirme, pero, tuve que hacerlo, suponiendo cual sería el final.
“Que rico que eres, tan blanquito, el otro día no pude apreciarte demasiado. Acércate” Así lo hice, bastante tembloroso, comenzando a tocar mis glúteos.
“Hermoso culito, ¿te gusta que te coja mi hermanito?” Oprimiendo mis tetillas, tocando mi miembro, que ante ese contacto tendió a erguirse.
“Vaya, se te está parando, eso me gusta” Cuando se baja los pantalones y el calzoncillo, dejando ver una gran verga negra, algo curva y bien parada, haciéndomela tocar, hasta hacerme arrodillar para que se la mame.
“No por favor, nunca hice esto”
“Siempre hay una primera vez para todo” Tomándome de los pelos de la cabeza, haciéndome hincar, obligándome a chupársela, que, a pesar de la situación, ese contacto, creo que me excito, esa manera de tratarme, o más que nada ver ese gran tamaño. Fui lentamente cediendo, ante su ímpetu, comenzando a transportarme a un estado de embelesamiento, al punto de comenzar a mamar su verga de una manera incontenible, como que me atrapaba, lamiendo hasta sus testículos.
Cuando sorpresivamente, me deposita sobre esa mesa, chupa mis tetillas, oprimiendo mis genitales, para luego chuparlos, mientras introduce sus dedos en mi ano, comenzando a sentir unas leves convulsiones en mi cuerpo, acompañada de unos gemidos incontenibles.
“Te gusta, mi chiquita” Traté de contenerme, no deseaba demostrar mi estado, aunque ya me había delatado, cuando me sienta, me quita las zapatillas y medias, levantando mis piernas, separando mis muslos, tocando mi esfínter, diciendo:
“Que rosadito que es, una real belleza” Mientras su glande lo apoya en mi abertura, sintiendo como se va desplazando, pareciendo abrirme en dos, aunque aguante, hasta que lo deposito totalmente, inclinándose para besarme en los labios, que acepté algo cohibido.
“¿Te gusta, putita?” no dije nada, mientras me bombeaba con suma delicadeza, expresando mi rostro un momento de placer, eso lo llevó a acelerar el ritmo, hasta hacerme gemir, volviéndome a besar con más pasión.
“Eres una ricura, mi hembrita” No dije nada, pero sentía algo distinto, entregándome sin ningún tipo de disimulos, mientras que sus acelerados bombeos, movían mi verga de un lado al otro. Para quitarla y volverla a meter una y otra vez, transportándome a un estado de total exaltación.
Hasta que me bajó, flexionándome sobre esa mesa separando bien mis piernitas para volver a penetrarme, pero esta vez, con mayor empeño, mientras que su desnudo cuerpo se adosaba tenazmente al mío mientras su miembro no dejaba de bombear mi interior, diciendo:
“Hace más de quince días que no cojo, contigo será una delicia”.
Donde esa penetración me iba alterando segundo a segundo, friccionando mi membrana interior, donde mis gemidos delataban mi estado, acelerando sus movimientos al unísono de mis exclamaciones, hasta que casi después de 10 minutos, de frenéticos movimientos sus flujos bañaron mi interior, que, al quitar su miembro, llevo mi cara a su rostro, que sin oponerme se la chupe, percibiendo ese sabor amargo pero a su vez seductor, de su secreción, termino llevándome a masturbándome, mientras mi boca limpiaba ese húmedo recubrimiento.
Intente despegarme de este inesperado idilio, o como se llame, tuve un par de veces con Pascual, sin contarle mi relación con su hermano. Cuando días después, estaba solo en mi casa, me había acabado de bañar, preparado para ver a Pascual, cuando tocan el timbre, me tapo con la toalla y voy a atender, era Jorge, donde un sudor frio recorrió mi cuerpo, que, sin pensarlo demasiado, le digo:
“Estoy solo” Algo temeroso.
“Ya lo sé”
“En cualquier momento viene mi mamá” Contesto, intentando disuadirlo.
“Difícil, la vi, entrando en la peluquería”.
“Pero…”
“Te echo dos polvitos y me voy contento. Mira como estoy” Mientras agarra mi mano llevándola a su bulto, que toco levemente.
Entrando y cerrando la puerta con llave, quitándome mi atuendo, quedando desnudo ante Jorge, su rápido manoseo me produce una erección, cuando me besa en los labios, le digo:
“No Jorge” Mientras se baja los pantalones, me alza, rodeándolo con mis piernitas, mientras me ensarte rápidamente, ante mis exclamaciones de placer y sorpresa, subo y bajo, ante ese pistón rígido, a la vez que nuestros labios se fusionan, sin detener los movimientos, hasta que su leche fluye inundando mi intimidad.
Para terminar arrodillado mamando su miembro aun erecto, humedecido por su propio semen. Hasta que me toma de la mano, llevándome a mi habitación, termina de desnudarse, acostándose en mi cama, invitándome a que lo haga a su lado, haciendo colocar mi rostro entre sus genitales, que no dudo en lamer y chupar, hasta que nos adormecemos un rato.
Sin saber bien, cuanto tiempo había pasado, jugueteamos un rato, hasta que me coloca en cuatro para volver a penetrarme, para sacarla y meterla nuevamente varias veces. Cambiando de posición, llevándome a un estado de total arrobamiento, disfrutando esas salvajes envestidas, hasta que volvió a evacuar su semen en mi recto.
Quise masturbarme, pero lo impidió, diciéndome:
“Te está esperando mi hermanito” Lo miré sorprendido, mientras se vestía, apenas se fue, me lavé, perfume y corrí a ver a Pascual, que estaba bastante mal humorado por mi tardanza.
Traté de compensar esa espera, preguntándole:
“Que quieres que te haga?”
“No sé”
“Quieres que te la mame?”
“En serio?”
“Si”
Se desnudó rápidamente, yo también, me arrodillé, como en una ceremonia pagana, con total sutileza lamí su tenso miembro, hasta correr su prepucio, dejando su glande expuesto a los toques de la punta de mi lengua, que lo alteraban terriblemente. Hasta comenzar a chupársela una y otra vez, notando como su cuerpo conmovía, antes sus gemidos de placer, mientras mi índice lo introduzco en su esfínter.
Que, ante mis succiones, introducía mas su tronco en mi cavidad bucal, cuando me toma la cabeza con sus manos como acelerando los movimientos hasta que su esperma, la descarga en mi boca, detectando un sabor como de almendras, pero muy atractivo, por primera vez trague parte de ese flujo.
“Gracias, eres un buen amigo” Me dice besándome en la boca



(29 votos)
Buen relato, muy bueno, mi telegram @sit_down90
Delicioso relato como sigue 🤤💦